Profesionalizar el magisterio Por Armando González Escoto armando.gon@univa.mx

Los profesores y los policías deberían ser los servidores públicos mejor pagados en nuestra sociedad, ya que su tarea es de enorme trascendencia para el desarrollo y el crecimiento de un país.

El sector magisterial contribuye junto con la familia y el conglomerado social a la transformación de la creatura humana en ciudadano de un mundo civilizado, capacitado para seguir generando conocimiento, hábil para aplicar la teoría a favor del progreso, y satisfacer la común aspiración por un estilo de vida cada vez más digno, con abundancia de oportunidades para todas las personas, y garantías de eficiencia en el difícil arte de vivir en comunidad.

La UNESCO hace algunos años establecía los cuatro elementos que todo egresado de un proceso educativo debería mostrar: conocimientos teóricos pertinentes a su grado, habilidades prácticas para poner en ejecución dichos conocimientos, actitudes que sostuvieran el esfuerzo profesional, y valores que garantizaran la honestidad del servicio prestado por un profesional. Cabe suponer que estos frutos que se exigen de un egresado, se exigen en primer y principal lugar de los propios profesores, pues el magisterio se ejerce no solamente desde la cátedra, sino sobre todo desde el propio estilo de vida, éste, más que cualquier otra cosa, demuestra que la enseñanza que se ofrece ha dado fruto en quien la imparte, por la calidad humana del profesor, por su espíritu de servicio, pero también por el éxito profesional que ha tenido y los valores que lo acompañan.

Este nivel de vocación educativa, este concepto actual y global del magisterio es algo que algunos normalistas y profesores no acaban de entender, su lucha es por las plazas automáticas y las hereditarias, por la impunidad frente al fracaso profesional, y el solapamiento de la mediocridad pedagógica y la falta de educación continua; la toma de casetas y autopistas no es para exigir una mejor preparación, ni para abogar por exámenes de promoción honestos y objetivos, no les preocupa crecer como personas ni como profesionistas, sus miras suelen ubicarse por debajo de lo horizontal. Algunos de estos “profesores”, por fortuna muy pocos y muy focalizados en los estados más rezagados del país, preferirían más bien cursos de capacitación en guerrilla urbana, en el uso de instrumentos contundentes o punzo cortantes, técnicas actuales para el asalto de edificios públicos y privados, estrategias para enfrentar cordones policiacos, montaje rápido de bloqueos carreteros, destrucción efectiva del mobiliario urbano y desde luego, un cursillo breve y fácil de entender para seguir medrando en la impunidad.

En los tiempos que corren la competencia se juega en el campo de la calidad y la eficiencia, acompañada de actitudes y valores, es una competencia global, integral, de la que ninguna persona ni institución puede hoy día excluirse a riesgo de quedar justamente excluida de la vida real en el mundo real. El magisterio mexicano debe recorren un camino todavía muy largo para advertir en primer lugar que la anterior mitificación del profesor, que lo hizo tan respetable como inamovible, se ha ya desvanecido de la percepción social, que hoy día nadie puede seguir siendo alguien por el simple hecho de haberlo sido en el pasado.

Armando González Escoto
MAY 19

Tecalitlán Por Armando González Escoto armando.gon@univa.mx

Ubicado en el sureste de Jalisco, municipio y cabecera municipal, de conocida fama por la tradición que les atribuye ser una de las cunas lo mismo del mariachi que de sus sones. Tierra de la Provincia de Avalos por muchos años discutida entre la Audiencia de México y la de Guadalajara, hoy es objeto de nuevas discusiones entre los nuevos poderes que asolan esa vasta región.

No es asunto reciente. Desde los tiempos de “Arriba y adelante” fue una zona de economía dinámica gracias a las grandes “lavanderías” que la industria del narcotráfico estableció lo mismo en los pueblos que en los campos de aquellos lugares, asunto que desde luego implicaba los municipios colindantes, sobre todo los más arrejolados, como Jilotlán y Pihuamo. Pero esos días felices experimentaron cambios difíciles en los últimos años, cuando el poder del narco prácticamente sucumbió ante el poder invasivo y brutal de los sicarios; se conserva en la memoria el recuerdo de la masacre ocurrida hace tres años en plenas fiestas patronales, cuando un numeroso contingente de feligreses se vio de pronto en medio  de una balacera. Las armas que ahí se mostraron nadie las había visto antes, mucho menos la Policía. A la estampida de pánico en que la gente buscaba desesperada casas donde meterse, vino luego la recogida de cadáveres por parte de las propias bandas, en la calle sólo quedaron los muertos del vecindario, acaso los únicos que fueron contados.

Detonado el “terror” el territorio cayó en manos de los cárteles michoacanos, estado colindante con Tecalitlán, y en consecuencia la larga lista de secuestros, chantajes, extorsiones, levas obligadas, asesinatos, huída de la gente a Ciudad Guzmán, a Guadalajara, o a donde fuera. El Gobierno se volvió virtual, el estado de derecho una ficción, la fuerza pública una corporación instruida en su deber de mantener la paz y la seguridad exclusivamente entre los vecinos pacíficos, y capacitada para, por lo menos, mantenerse a distancia de las bandas delincuenciales; todavía los retenes los hacen éstas.

Quienes pensaron que había que tolerar la producción de enervantes, porque era más rentable para los campesinos y porque finalmente los consume el que gusta y quiere, no advertían que una organización delictiva siempre llama a otra, y que ésta será cada vez peor.

Con poca publicidad y tal vez gracias a eso, en meses pasados mucha gente de aquellos rumbos, reventada por la impotencia del Gobierno municipal, estatal y federal, y la prepotencia de los sicarios, decidió hacer uso del derecho constitucional de la legítima defensa, para poner límites a esa escalada de violencia y atropellamiento a sus vidas y a sus bienes, y al parecer de los testigos, las cosas han mejorado ¿habrán aprendido la lección? Pero también: ¿por cuánto tiempo los pueblos seguirán pagando servicios que no reciben, y pagando a su vez para dárselos a sí mismos?

armando.gon@univa.mx
 

Armando González Escoto
MAY 12

Testigos protegidos Por Armando González Escoto armando.gon@univa.mx

El programa gubernamental de “testigos protegidos” en parte copiado del existente en el país de los güeros, ha mostrado, en más de algún caso, su enorme capacidad para encarcelar al inocente, liberar al culpable, satisfacer todo tipo de venganzas y provocar resentimientos crónicos.

El programa se basa nada menos que en la buena fe del testigo que, por lo general involucrado en el delito, puede aminorar la pena delatando a sus cómplices. Pero también se basa en la todavía más buena fe de la autoridad que ha de creer con total certeza, anotar minuciosamente, y proceder de inmediato contra cuanta persona sea delatada. Que el testigo protegido aproveche el aventón para vengarse de culpables y de inocentes es algo que, al parecer, no fue suficientemente considerado.
¿Y en qué radica la “protección”? en condiciones abominables que en la historia humana han generado infinidad de atropellos e injusticias: en primer lugar en el anonimato, que confiere al delator toda suerte de garantías lo mismo para denunciar al que sí está implicado que sobre todo al que no. Le sigue la posibilidad de afirmar sin tener que demostrar, o demostrar orquestando escenarios, sobornando testigos, montando trampas, o hasta haciendo fotomontajes de los que hemos conocido ya tantos, sabedor el delator de que las pruebas que aporte jamás serán mostrados a las personas inculpadas. Y como un ciego está guiando a otro se sigue que ambos se asocien para cometer injusticias.

En tiempos de las monarquías absolutas que fueron también los tiempos aciagos de la inquisición, este programa ya existía, innumerables personas fueron entonces acusadas, juzgadas y ejecutadas sin haber jamás sabido el origen de su acusación, ni mucho menos conocer los nombres de los acusadores, ya que éstos o eran “testigos protegidos”, o “cómodamente” anónimos, por lo que ni la Corona ni el “santo” Tribunal sabían quién había sido el delator, interesados como estaban los inquisidores, morbosamente, en perseguir al delincuente, o al antipático, o al oponente o al competidor, con el pretexto que fuera. El aislamiento y la tortura hacían el resto, la misma familia del reo quedaba infamada por tres generaciones, y por supuesto, los bienes del inculpado eran confiscados. Que los monarcas llamaran a eso justicia no sorprende, porque el pretendido y amañado supuesto origen divino de su autoridad todo lo justificaba, pero ¿puede el programa de testigos protegidos del presente ampararse en la legalidad constitucional?

En cuanto a la denuncia anónima, sería viable si va seguida de una honesta, profesional y acuciosa averiguación, sin la cual de ninguna manera se podría proceder; pero que un testigo conocido por la autoridad tenga el privilegio de acusar sin ser careado con su acusado es inadmisible, significa una regresión jurídica de 200 años, y un atropello contra la dignidad humana avalado por la propia autoridad.

Por supuesto, a ninguna institución, ni pública ni privada, secular o religiosa, se le debe permitir el ejercicio de esta forma criminal de “justicia”, pues sería tanto como admitir que dentro de un estado de derecho puedan existir otros “poderes” que pisotean el derecho y por ese ilegal camino destruyan las vidas y los bienes de sus víctimas. ¿Y qué hacer con los falsos testigos?, bueno, 800 años antes de Moisés, el código de Hamurabi ya penaba el falso testimonio con la misma pena que hubiese recibido el falsamente acusado, en México andamos algo retrasados.
 

Armando González Escoto
MAY 5

Cruzada contra el hambre Por Armando González Escoto armando.gon@univa.mx

Descubrir que en México hay hambre no le dará el premio Nobel a nadie. Advertir que en otros países también hay hambre corre la misma suerte, no así interesarse por lo que naciones como Brasil han hecho para erradicarla. Pero se nos escapa que el hambre en México está bastante diversificada, a tal punto que a la hora de repartir pocos habría que se negaran a recibir; basta pronunciar la palabra “gratis” para provocar tumultos y motines en sociedades como la nuestra; aún si lo que se da no sirve para nada, al fin y al cabo, es gratis.

Y es que México ha recorrido un largo trayecto desde la desnutrición hasta  el consumo indispensable, en ese largo lapso de tiempo se ha generado toda una cultura y un lenguaje propio donde la palabra “muerto de hambre” no significa estar a punto de perecer por falta de alimento, sino dos cosas contrastantes: ser un avaro o provenir de una extracción social económicamente muy limitada. Probablemente el muerto de hambre por marginado genera con el tiempo al muerto de hambre por avaro, salir de la miseria fue tan difícil, costó tanto sacrificio, que una vez alcanzada la riqueza se cuida hasta medio centavo; lo cierto es que la percepción real y sobre todo imaginaria de que podemos en cualquier fatídico momento caer o recaer en la miseria, también fortalece la avidez.

En esta misma línea de análisis, el término “comer como pelón de hospicio” habla de que en los hospicios se come poco y por lo mismo sus ocupantes se avorazan en cuanto los ponen ante cualquier vianda; ese avorazamiento acaba por generar estilos de vida, formas de ser, actitudes frente al dinero, la comida, las posesiones. Sin duda que la cruzada contra el hambre podría anular, si prospera, un condicionante que produce conductas de “miserable”, otro término para decir lo mismo.

Pero estamos en México, un país donde todo lo que toca la política se pudre, también los programas en contra de la desnutrición infantil y de subsidios alimentarios, razón por la cual las dignas personas encargadas de la dicha cruzada han debido establecer límites a su campaña, si coincide con procesos electorales, dicho de otra forma: lo sentimos, se quedarán sin apoyos alimenticios hasta que pasen las elecciones, mientras tanto hagan lo de siempre, aguantarse o seguir aprendiendo a no comer. Todo debido a que los comicios también son otro tipo de campaña contra el hambre, que lejos de aplacarla la despiertan volviéndola incontrolable; es la increíble, inaudita, añorada y ambicionada oportunidad de dejar de padecer hambre de por vida y por varias generaciones si éste o aquél logra el triunfo, y por consecuencia hace efectiva la cruzada contra el hambre comenzando por sus más inmediatos promotores electorales. Y saciar el hambre no se refiere simplemente a poder comer por fin tres veces al día, que mal que bien, la enorme mayoría de la clase política lo hace, sino a dar el salto cualitativo y cuantitativo que convierte al pobre en millonario. Entonces habría que entender que la cruzada contra el hambre se desató desde los tiempos de Miguel Hidalgo, y ha tenido su especial campo de realización exitosa en el medio político, sobre todo si se logra el siempre esperado milagro de hacerse rico sin tener que trabajar.

armando.gon@univa.mx
 

Armando González Escoto
ABR 28

Estados emblemáticos Por Armando González Escoto armando.gon@univa.mx

En el México postrevolucionario la figura del profesor fue permanentemente mitificada, sobre todo la del profesor rural, que, dejando las comodidades de la ciudad se lanza a los pueblos y rancherías para llevar la luz de la educación y sacar del retraso histórico a la población mexicana que vive en el campo. El cine no fue ajeno a este proyecto, películas como “Simitrio” o “El Profe”, de manera directa, pero muchas otras más de manera indirecta, abonarán al tema de la educación.

La importancia estratégica e ideológica dada por el estado mexicano a la educación explica también el nacimiento de la “Escuela Normal”, institución especializada en la capacitación de quienes aspiran a la tarea educativa. Este compromiso constitucional trajo sin embargo consecuencias tal vez imprevistas. El estado, que ya era el mayor empleador de la nación, creció enormemente su carácter patronal gracias al rubro “educación pública”, con la secuela de burocracia administrativa, sindicato, infraestructura, capacitación, régimen salarial, prestaciones y presupuestos; un conjunto de extraordinario poderío que llevó a la politización del magisterio; inevitablemente la tarea educativa, factor detonante del proceso, pasará al último plano en innumerables y repetidas ocasiones, junto con los padres de familia, verdaderos aportadores económicos de la llamada educación “gratuita”.

Pese a la complejidad del tema, en la mayor parte del país se ha dado una notable apertura del magisterio al planteamiento de nuevos escenarios, a la autocrítica, a la evaluación de resultados globales en la tarea educativa, a una profesionalización del magisterio que garantice su eficacia, sin descuidar un asunto bastante sensible, la adecuada retribución para quienes cumplen con una labor tan exigente y tan difícil.

Pero hay excepciones. Los medios de comunicación nos las presentan día y noche; cualquier distraído que comience a ver, sin audio, lo que ocurre en el estado de Guerrero o lo que ha ocurrido en el de Oaxaca, pensaría sin mayor problema que un conjunto enorme de facinerosos, armados con piedras, palos y tubos, los rostros cubiertos para mostrar su cobardía y garantizarse la impunidad, han tomado por asalto carreteras y edificios públicos, destruyendo lo que a todos los mexicanos les ha costado construir, y ocasionando afectaciones a miles de personas que sí trabajan y lo hacen todos los días. Ya con el audio se enterarán de que estos pandilleros se autodenominan “guerrilleros” porque son de Guerrero, así lo gritan; lo que será muy difícil de entender y aceptar es que esa turba violenta y exaltada esté conformada por los educadores de la sociedad mexicana, por lo menos, de la guerrerense, uno de los estados del país con el mayor índice de retraso en todos los campos, con los municipios más pobres de México, y por ende, exportadores de mano de obra barata para todos los rumbos.

Si la función magisterial fue mitificada, la educación en sí misma no es un mito, sino condición indispensable para la transmisión del conocimiento, garante de la civilización y del progreso tanto individual como social. Prueba de esta realidad es el papel que la educación ha tenido en el desarrollo de las grandes potencias de la era industrial y cuyo beneficio no se ve solamente en la prosperidad económica, sino en el estilo mismo de ser ciudadanía, en el cuidado del medio ambiente, del mobiliario urbano, de la responsabilidad cívica, en la sensibilidad y corresponsabilidad política, en los altos índices de seguridad, en la salud y la higiene, en el trato y en la forma de afrontar y resolver sus problemas.

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Armando González Escoto
ABR 21

Tiempo de Chapala Por Armando González Escoto armando.gon@univa.mx

Cada año por esta época se habla de Chapala, y casi siempre en el mismo tenor: el nivel del lago a la baja por el estío. Es como un ritual cíclico, se hacen reportajes, se entrevista a los pescadores, a los responsables de CONAGUA, a los restauranteros, al alcalde, se despliegan las estadísticas, los porcentajes históricos, se hacen pronósticos, llegan las lluvias, se olvida el tema, y de algún modo todo sigue igual.

El Lago de Chapala, a quien los primeros europeos que lo vieron llamaron “mar chapálico” por su gran extensión y volumen, ha tenido desde la década de los cincuenta del siglo pasado cuatro problemas fundamentales: la sobre explotación, la retención de su principal afluente, el río Lerma, en las presas del Estado de Guanajuato, el azolvamiento, y la contaminación. Ninguno de esos problemas ha sido cabalmente resuelto por ninguna administración ni federal ni estatal. Otras cuestiones como la evaporación forman parte de su ciclo natural.

La sobre explotación proviene principalmente de la ciudad de Guadalajara, que ante la promisoria abundancia de Chapala, cuyas aguas tenía al parecer aseguradas de por vida, se olvidó de buscarla en otros lados, pese a que en el subsuelo de nuestra ciudad corren ríos y se mantienen manantiales una y otra vez descubiertos cuando se hacen pasos a desnivel y una y otra vez entubados y conectados al desagüe.

El principal afluente de Chapala ha sido históricamente el Río Lerma, pero desde hace años este río se volvió de temporada, y por lo tanto, de excedentes, ya que su afluente cotidiano es retenido por diversas presas que para favorecer la insaciable industria agrícola del Estado de Guanajuato se fueron construyendo, y como seguramente el Río Lerma ya no les basta, ahora tendrán las aguas del Río Verde, gracias a la generosidad de las autoridades jaliscienses.

El azolvamiento es un problema serio frecuentemente denunciado pero ante el cual no se ha hecho nada, con la consecuencia de que los manantiales que posee el propio lago se hallan bloqueados, impidiéndole su beneficio.

La contaminación se produce tanto por la entrada temporal del río Lerma, que arrastra en sus primeros envíos todo tipo de desechos, como por las poblaciones rivereñas, cuyas numerosas plantas de tratamiento de aguas residuales apenas habrán servido el día en que fueron inauguradas.

En contraparte no existe en Guadalajara un programa permanente que forme a la población sobre el uso y cuidado del agua; la que aportan las lluvias, en su mayoría, va a parar a los colectores y de ahí a la barranca, ya que las pocas bocas de tormenta que tenemos no almacenan el agua que cae, solamente sirven para alimentar el subsuelo. Ni qué decir del pésimo estado de las redes de distribución, sino que tal vez se mantiene así para contribuir también en ese noble fin de alimentar los lechos freáticos. En cuanto a los proyectos antiguos, como la presa el Purgatorio, ahí siguen, olvidados y recordados más a tenor de las pugnas políticas que de las verdaderas soluciones.

armando.gon@univa.mx
 

Armando González Escoto
ABR 14

¿Y la legítima defensa? Por Armando González Escoto armando.gon@univa.mx

Quienes habitan en ese sinnúmero de pequeños poblados de la geografía nacional, advierten hoy más que nunca lo que significa la exposición y el desamparo. Sus pueblos carecen de murallas, barreras o cercos protectores, en aquellos que son delegaciones o rancherías, ni siquiera hay policía. En las pequeñas y medianas cabeceras municipales, de haberla, es improvisada, actúa de buena voluntad, carece de armamento, de formación, de estrategias y capacitación continua, porque tampoco suele haber recursos.

La gente de campo, aparte de una postergación cada vez mayor, es gente de trabajo, generosa, abierta, acostumbrada a la confianza, y a valores positivos que incluso acaban haciéndola más vulnerable. De pronto se han visto sitiados e invadidos por poderosas bandas criminales que traen consigo gentes reclutadas de todas partes y dispuestas a lo que sea, para seguir construyendo la industria de la delincuencia como una fuente de recursos constantes y seguros.

El camino habitual es la tributación, ese impuesto con el cual se asegura una relativa protección y sin el cual se corre el riesgo real de ser agredidos en sus personas y en sus bienes. Si en las ciudades que han caído bajo el yugo de la mafia la contribución puede ser onerosa, a tenor de la ganancia presupuesta, en el medio rural, con menos recursos, con mayor inestabilidad económica, este chantaje es todavía peor. Sin duda habrá negocios turbios que requieren de protecciones turbias, pero en la mayoría de los casos, sean urbanos que rurales, se trata de personas que trabajan con esfuerzo y sacrificio, todos los días, para poder progresar o por lo menos sobrevivir, y de pronto, en medio de sus diarias fatigas se encuentran con que encima deban mantener a estos ejércitos de parásitos asesinos.

No obstante todo mundo sigue pagando por lo menos el IVA, el predial y muchos el ISR, para que por otros medios esos recursos sean igualmente robados por los delincuentes de dentro, como se ha visto en Jalisco, y así la hacienda pública se dilapide todos los días sin beneficio para la comunidad.

Pese a los alardes, a las caravanas del Ejército, a los rondines policiacos, y a los mil discursos y programas como “Juárez somos todos”, “Guerrero seguro”, “Jalisco se cuece aparte” y cosas por el estilo, el Estado en sus tres niveles nomás no ha podido restablecer la seguridad y la paz, ni en el medio rural ni en el urbano.

El resultado es que muchos pueblos se han prácticamente levantado en armas, que los mismos cárteles han aprovechado esta situación para confundirse y mezclarse entre esa misma gente indignada, que el Gobierno se ha alarmado porque en términos legales, y desde luego, teóricos, se está fracturando el estado de derecho, si es que alguna vez lo ha habido en este país, y mientras los legisladores discuten y los gobernantes declaran sobre si la gente debe o no debe defenderse por su cuenta, son las comunidades las que sufren las consecuencias. Las autoridades en cambio blindan sus poderosos vehículos, gastan una fortuna en guardias personales, tienen vigilantes apostados en sus residencias, y gozan de todo tipo de seguridades, pero en lo que mira a la seguridad de la ciudadanía, ni hacen ni dejan hacer, como si de pronto el principio constitucional de la “legítima defensa” hubiese desaparecido de nuestra carta magna.

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Armando González Escoto
ABR 7

Los verbos de la Pascua Por Armando González Escoto armando.gon@univa.mx

Al margen de su significado etimológico, en la cultura cristiana Pascua se convirtió en sinónimo de renovación, transformación, cambio, reingeniería, es decir, todo un conjunto de verbos dinámicos que alientan la expectativa humana de la superación personal, y que además contienen la fuerza, desde la creencia, de que se puede hacer, cualquiera sea la situación en que se encuentren.

Si los poderes maquiavélicos de la época de Cristo, mandaron poner guardias ante el sepulcro donde habían depositado su cuerpo, no fue tanto por temor a que sus discípulos se lo llevaran para montar una escena, sino porque les preocupaba en serio que de verdad resucitara. Esa precaución fue realmente de una perversidad exquisita y muestra otra serie de términos cuyos sinónimos van en la línea de la maldad más profunda, del odio más acerbo, del terror que produce en una mente criminal la posibilidad de que el bien triunfe, de que el descarriado se corrija, de que se arrepienta de sus acciones quién era acosado por no hacerlo.

Los relatos de la pasión, muerte y resurrección de Cristo revelan de manera radical la oposición brutal entre el bien y el mal con todas sus gradualidades; por la parte de Jesús la generosidad, la veracidad, la solidaridad, el perdón, la compasión, la discreción, el profetismo, la valentía, la fortaleza, el sacrificio, la honestidad. Por la parte de sus oponentes la envidia, la traición, la calumnia, el odio, el rencor, la difamación, el soborno, la corrupción, el chantaje y el asesinato. Para un mal hombre habría bastado con la ejecución en la cruz, pero entre los enemigos de Cristo había personas patológicas que gustosamente habrían destrozado su cuerpo para dárselo a los perros, pero era viernes, víspera de la fiesta religiosa de mayor importancia para muchos de ellos, de momento se contentaron con hacer que el procurador pusiera guardias en la tumba, no por miedo a la muerte, sino por terror a la vida.

Este año la Pascua es presidida por un nuevo líder de la cristiandad que ha elegido llamarse Francisco; en días pasados tuvo ya su “Domingo de ramos” que evocaba aquella entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Ha tomado posesión de su sede y tal vez la encontró igualmente custodiada por soldados, por emisarios de aquellos a quienes les aterra que desde lo profundo de esa milenaria institución vuelva a resurgir la vida con un ímpetu aún mayor. Y desde luego que va a ocurrir independientemente de quién sea el líder de la Iglesia, pero tanto éste como cualquier otro ser humano de buena voluntad saben que no hay Pascua sin Viernes santo, y que el drama del Viernes santo histórico radicó en una trágica confusión de roles, porque quienes parecían ser garantes de la justicia se dejaron chantajear, quienes representaban la santidad de Dios abogaron por el crimen, la opinión pública cambió del domingo al viernes, y quien era portavoz de la redención, fue tenido por criminal. Pero al final, resucitó, y ese triunfo verídico es el que celebra hoy la cristiandad.

armando.gon@univa.mx
 

Armando González Escoto
MAR 31

Barriendo la calle Por Armando González Escoto armando.gon@univa.mx

Muy loable la toma de medidas que el ayuntamiento tapatío ha anunciado para motivar a los vecinos a mantener limpia por lo menos la banqueta de su casa. Lo que tal vez no sepan las autoridades es que hoy día, incluso salir a barrer la calle, puede acarrear un alto riesgo.

En efecto, por diversos rumbos de la ciudad ocurre que los malandrines amagan a las hacendosas amas de casa o a sus empeladas mientras barren la calle. Qué mejor manera de meterse a robar que con la llave misma que portan las personas mientras asean la banqueta. Esta situación cada vez más generalizada exigiría que antes de que puedan los habitantes de una casa salir a barrer la basura, deberían las autoridades salir a barrer a los ladrones.

Esta problemática es desde luego de mayores alcances, hay zonas de la ciudad donde los bandidos merodean y atracan sin mayor problema, hablo por ejemplo de la Avenida Hidalgo, entre López Mateos y Díaz de León, avenida por la cual empleados, estudiantes, profesores o quién sea debe cuidarse de los motoladrones, siempre al alba, lo mismo que por la Avenida Chapultepec, o en el mismo Centro Histórico donde los ladrones arrebatan cámaras a los turistas, celulares a los transeúntes, o cadenas, artes o prendedores a las incautas personas que todavía se atreven a portar joyas a la vista.

En los barrios de Santa Teresita o de la Capilla de Jesús, los bandidos han centrado su atención en las personas que viven solas, sobre todo, las de edad avanzada, a las cuales sorprenden o cuyas casas allanan; pero lo mismo ocurre en la colonia Atlas, donde ya ni siquiera es seguro acercarse al templo, sea temprano o ya en la noche, pues casos ha habido en que los asistentes a capillas de adoración son ahí mismo desvalijados de cuanto traen.

La Vía RecreActiva se ha vuelto asimismo un gran imán para esta plaga de parásitos, nadie se puede permitir ahí dejar por un segundo la bicicleta mientras compra agua, pues eso y aún menos basta para que un acechador se la lleve, junto con cualquier otra clase de objetos vendibles en tianguis o montepíos de todo tipo.

Ni hablar de los bandidos que llevan aparatos para botar las chapas de las casas, rastrear electrónicos en los automóviles, clonar tarjetas de crédito en más de algún negocio de las elegantes plazas comerciales, despojar a los devotos del cajero electrónico, o a quienes retiran de los bancos enormes sumas, hecho que por arte de magia adivinan los ladrones apostados en su cercanía.

Tenemos un serio problema que no se va a resolver ni ampliando las cárceles, ni el número de policías, ni siquiera multiplicando el empleo, porque el problema básico es de valores, y el afán de los bandidos es tener mucho dinero, de manera rápida, y sin trabajar; los medios de comunicación por su parte siguen alentado las ambiciones y erradicado los principios, mientras el Gobierno ni quiere que el ciudadano se defienda por su cuenta, ni tiene recursos, porque todo se le va en nómina, ni eficacia para defenderlo, porque sigue privando la improvisación y la impunidad. ¿Qué hacemos?
 

Armando González Escoto
MAR 17

Izquierda y derecha Por Armando González Escoto armando.gon@univa.mx

Izquierda y derecha son los nombres actuales de tendencias humanas ancestrales. La derecha privilegia lo conocido, lo conquistado, la herencia, la certeza aquilatada por la larga duración, apuesta por la estabilidad y por el patrimonio recibido en todos los sentidos. La izquierda busca lo desconocido, lo que se puede conquistar, la herencia por hacer, el vértigo de lo inestable, la innovación, le apuesta a la creatividad, a la duda que despierta el deseo de saber más. La derecha y la izquierda son además tendencias sociales promotoras de valores, por encima de intereses.

Pero ambas llevan consigo la tensión de los extremos, de la radicalidad y la dictadura como recurso para que el bien, la verdad y la justicia triunfen. Los extremos por naturaleza no se detienen ante los medios, por el contrario, éstos están justificados por la “altura” de sus miras, lo mismo da entonces la “razón de estado”, la “seguridad nacional”, “la salvaguarda de las instituciones”, o la “dictadura del proletariado”, revolución que destruye una “seguridad” para imponer otra. Bajo ese amplio abanico de gradualidades militan personas altruistas cuya acción se va limitando en la medida que se extreman las posturas.

En los radicalismos también suelen militar sujetos mancos, que buscan en las formas fuertes lo que no poseen en su propia personalidad. El poderío exhibido en un desfile nazi o soviético, la coreografía deslumbrante, el atractivo de los uniformes, de las apariencias demasiado cuidadas, del vestuario homogéneo, lo mismo si es el estilo Mao, o el de los altos alzacuellos, ajustados, rígidos. La norma debe ser entonces absoluta, radical, exigente, estos tipos se sujetan a ella y gozan luego de sujetar también a los demás.

Hasta el presente solamente la democracia ha podido, relativamente, conjurar las tendencias mencionadas con un éxito mayor al de las monarquías, reconociendo el derecho que tienen a existir pero limitando su inclinación a los extremos. Esto no ha impedido que los radicalismos usen la casa de la democracia como una puerta de acceso a sus fines, para luego incendiarla con todo y las instituciones.

A nivel mundial las tendencias de izquierda y derecha con sus respectivos extremos, siguen presentes en todas las organizaciones sociales y en sus instituciones, sean monárquicas, jerárquicas, o democráticas; en el caso específico de la Iglesia esta tensión ha sido una constante de 20 siglos, la mayor parte del tiempo mantenida en equilibrio, pero con breves espacios de apertura a la izquierda y otros tantos de inclinación peligrosa a la derecha de la extrema derecha.

En ese espacio la lucha permanente del Espíritu ha sido alentar liderazgos que, sin desconocer las naturales tendencias humanas, eviten los extremismos que lo mismo desbocan que paralizan, dañando seriamente a los organismos y a las personas. En tiempos como los actuales, la expectativa de la comunidad católica es que la elección de los cardenales recaiga sobre un cristiano con extraordinaria capacidad de comprensión, creatividad, apertura y transformación, que capacite a la Iglesia para seguir contribuyendo positivamente en la construcción de un mundo mejor. Lo veremos en el próximo cónclave.
 

Armando González Escoto
MAR 10