Guerrero ocupado Por Rubén Martín rubenmartinmartin@gmail.com

Guerrero está ocupado no sólo por el crimen organizado, como mostró la terrible masacre de Iguala del pasado 26 de septiembre, Guerrero ahora está ocupado también por el Gobierno federal.

La crisis nacional que reveló el asesinato y desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, se ha manifestado de un modo especial en Guerrero, pues por un lado la masacre de Iguala mostró la descomposición de los distintos niveles de Gobierno, el contubernio y alianza entre políticos-gobernantes con el crimen organizado y de otro lado, produjo una intensa movilización social de exigencia de encontrar con vida a los normalistas.

Desde muy pronto, tanto los familiares de desaparecidos como los normalistas de Ayotzinapa, reclamaron la destitución no sólo del presidente municipal de Iguala, sino también del gobernador de Guerrero.

Y vimos cómo de manera cínica el alcalde de Iguala, José Luis Abarca, todavía daba entrevistas a cuatro días de ocurrida la masacre, y cómo de manera cómplice el Gobierno del Estado lo dejó irse de la alcaldía sin detenerlo.

Posteriormente vimos cómo el gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre Rivero, pretendió negociar su permanencia en el puesto y como chantajeó con ello a la dirigencia nacional del PRD, hasta que la dimensión de la crisis y de la protesta social lo echó del cargo. A Ángel Aguirre parece que se le dieron vacaciones, pues no hay ninguna noticia de que esté siendo investigado.

La crisis provocada por la masacre de Iguala ha sido tomado como pretexto por el Gobierno federal para intervenir por completo en Guerrero. En ese Estado no hay una colaboración del Gobierno federal con la autoridad local, sino una subordinación vergonzosa de los poderes locales ante el Gobierno de Peña Nieto.

El gobernador interino, Rogelio Ortega Martínez, parece más bien un delegado de la Federación que el titular del Ejecutivo. Además son las secretarías federales quienes están manejando los diversos programas en esa Entidad.

Esta intervención y virtual ocupación de Guerrero de parte del Gobierno federal, no es ingenua. La intervención federal está encaminada no a atender la demandas de los padres de los normalistas desaparecidos para encontrar a sus hijos con vida y cientos de desaparecidos que hay en ese Estado; tampoco es una intervención para brindar seguridad en la población, por ejemplo en Acapulco, donde hay 200 escuelas que se fueron de vacaciones navideñas anticipadas por las amenazas del crimen organizado en contra de maestros y padres de familia.

La intervención del Gobierno federal está encaminada a detener el amplio movimiento social que se ha generado en Guerrero encabezados por los padres de los normalistas de Ayotzinapa y para proteger a los negocios turísticos de Acapulco, como bien ha explicado Juan Angulo, director del diario El Sur.

Esa es la intención del Gobierno de Peña Nieto, el despliegue de fuerzas federales y dependencias de su Gobierno no para resolver las demandas nuevas y añejas que plantea el pueblo de Guerrero, sino ocupar posiciones y enviar personal para tratar de contener al movimiento social guerrerense.

Rubén Martín
DIC 13

Del “Ya me cansé” al “No puedo respirar” Por Rubén Martín rubenmartinmartin@gmail.com

La violencia policial esta atizando la indignación y la protesta social por todo el mundo. Fueron policías los que reprimieron, asesinaron y desaparecieron a normalistas de Ayotzinapa en México, policías son los que han asesinado al menos a 16 afroamericanos en Estados Unidos de julio a la fecha, policías son quienes generalizaron la protesta social en Brasil y Estambul en 2013 y Madrid, Nueva York, El Cairo en 2011. La generalización de este fenómeno no puede ser una casualidad.

En México, la participación directa de policías municipales de Iguala y Cocula, Guerrero, en  el asesinato y desaparición de estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa, ha desatado la mayor oleada de protesta social en el México contemporáneo. La respuesta del Gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto es la desaparición de más de 2,457 cuerpos de policía municipal para centralizarlos en 32 cuerpos estatales; plantea además la desaparición de los gobiernos municipales cuando estén infiltrados por el crimen organizado. Estas dos propuestas implican la admisión de que el orden liberal de distribución de poderes, protección de la soberanía y monopolio de la violencia que pregona la teoría liberal, se han despedazado y convertido en añicos. La amplia movilización social en México en solidaridad con los normalistas de Ayotzinapa, identificada en redes sociales, en pintas callejeras y mensajes impresos en folletos, volantes y carteles de “Ya me cansé”, expresa el hartazgo no sólo por lo ocurrido en Iguala, sino que condensa el dolor y la rabia de muchos agravios ocurridos en distintas geografías de México.

Algo muy semejante está ocurriendo en Estados Unidos ante la muerte de personas afroamericanas a manos de la policía de varias ciudades. Dos de esos asesinatos han resultado emblemáticos: el asesinato de Michael Brown de 18 años a manos del policía blanco Darren Wilson el pasado 9 de agosto en Ferguson, Missouri; y la muerte de Eric Garner, en State Island, Nueva York el pasado 17 de julio a manos (literalmente) del policía Daniel Pantaleo.

En el primer caso, el policía blanco disparó y mató a Michael Brown sólo por ser sospechoso; en el segundo caso el policía blanco mató a Eric Garner por oponerse a ser arrestado por vender cigarrillos en la banqueta. En ambos casos los jueces exoneraron a los policías. El suceso en que perdió la vida Erice Garner ha conmovido sobremanera pues hay un video donde se escucha con claridad que les dice a sus captores “no puedo respirar, no puedo respirar…”, mientras era ahorcado con el brazo del policía Pantaleo.

Ahora miles de activistas retoman la frase de Garner, “no puedo respirar” como lema de dolor y rabia ante lo que le ocurrió, y ese lema se une al “ya me cansé” que se grita en México.

Esta violencia policial revela a su vez la crisis profunda que atraviesa el orden liberal y sus fuerzas de seguridad que en lugar de proteger a los pobladores de un territorio, se convierten en sus verdugos.

Rubén Martín
DIC 6

Más Estado de excepción Por Rubén Martín rubenmartinmartin@gmail.com

Las 10 medidas anunciadas por el Presidente Enrique Peña Nieto el pasado 27 de noviembre son el intento más reciente y amplio que hace el Estado mexicano para retomar el control político del país, control puesto en crisis por el amplio movimiento de insubordinación que se ha manifestado tras los hechos contra los normalistas de Ayotzinapa.

Las medidas anunciadas contemplan desde leyes nuevas hasta la conformación de mecanismos para la identificación y búsqueda de personas desaparecidas, pasando por un único número nacional de urgencias, así como la propuesta de la cédula única de identificación.

Un primer comentario es que las reacciones al discurso del Presidente en turno, se consume, se lee y se cuestiona de modo instantáneo. Ya no ocurre como en tiempos anteriores que el mensaje desde el poder tenía un amplio margen de socialización y promoción antes de que los distintos sujetos sociales lo consumieran y se posicionaran ante él. Ya no ocurre así. Ahora la producción del discurso, su consumo e interpretación es prácticamente instantáneo. La República de las redes sociales no son todos los mexicanos, pero es representativa y significativa.

Me atrevería a afirmar que Peña Nieto y el Estado perdieron la batalla de la credibilidad sobre el nuevo plan para enfrentar la crisis desde el mismo día que se lanzó el mensaje. Las críticas a la propuesta presidencial fueron devastadoras; es cierto que un meme no es un análisis riguroso o una propuesta acabada, pero de igual modo es un mensaje que produce sentido y muchas veces un meme resume una percepción o estado de ánimo más colectivo.

No sé si el Presidente y sus asesores esperaban ganar esa batalla, pero fracasaron rotundamente. Si ya daban perdida de antemano esta batalla, entonces el mensaje presidencial iba dirigido a sectores sociales que habitualmente son cercanos al poder: círculos empresariales, medianos y pequeños empresarios, clases medias acomodadas, profesionistas, burócratas, clase política profesional. Pero si es así, también pierde, la mayoría compra el discurso presidencial en automático, el problema es que muchos sujetos de estos sectores sociales se han sensibilizado como pocas veces en muchos años, al reclamo que viene de las calles, como se muestra en manifestaciones de solidaridad con Ayotzinapa de deportistas profesionales, artistas del espectáculo y profesionistas, etcétera. La batalla por el convencimiento y la credibilidad, necesaria para aplicar con éxito las medidas anunciadas, ya la perdió Peña Nieto.
Otra fuerte crítica la han hecho los padres de los desaparecidos pues el Mandatario jamás se refirió a una intensificación de la búsqueda de sus hijos.

Pero si miramos en conjunto, las medidas planteadas por Peña Nieto tienden hacia una centralización y concentración del mando en la Presidencia de la República y mayores facultades de control de los ciudadanos. En resumen, la propuesta planteada por Peña Nieto para tratar de resolver la crisis social derivada de Ayotzinapa consiste en más Estado de excepción como de facto viene existiendo desde hace años. Justo en contra de lo que millones de mexicanos nos hemos movilizado en años anteriores y meses recientes.

Rubén Martín
NOV 29

Convertir el odio en rabia digna Por Rubén Martín rubenmartinmartin@gmail.com

La indignación nacional y mundial por la represión, asesinato y desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, no cesa. Al contrario, crece conforme pasan las semanas, aunque esa indignación no sea televisada.

En medio de la ola creciente de indignación, rabia e incluso odio en contra de los responsables de ese desastre nacional, hay un Gobierno confundido que no sabe cómo resolver este hondo reclamo contra la violencia y por la justicia.

Toda la clase política profesional, desde el Presidente Enrique Peña Nieto hasta la oposición domesticada del PRD, quieren ya que todas esta movilizaciones cesen para dar vuelta a la página y seguir así festinando las “reformas estructurales”. Las prioridades de Peña Nieto y su Gobierno, de los grandes empresarios y medios de comunicación fueron marcadas con el viaje a China y Australia. En lugar de quedarse a atender y resolver el problema, Peña Nieto se va a hacer negocios, a seguir promoviendo las reformas y seguir ofertando el país a las grandes inversiones capitalistas.

Ellos quieren que ya nos olvidemos de los normalistas desaparecidos y de los otros más de 26 mil desaparecidos que hay en el país. Pero millones de mexicanos no quieren olvidar; millones siguen reclamando “vivos los llevaron, vivos los queremos” y exigiendo justicia.

Pero lamentablemente el reclamo que se hace desde la calle, las aulas y las redes sociales, no tendrá eco ni respuesta de parte de la clase gobernante. Si decimos que “Fue el Estado”, no podemos esperar que quienes están al mando de esa institución, cesen la violencia e impartan justicia. No lo harán porque el grupo gobernante y toda la clase política profesional es corresponsable de esta época de barbarie en la que estamos sumidos en México, una barbarie con cerca de 300 mil muertos y desaparecidos, y casi dos millones de desplazados por violencia y despojos.

De arriba no vendrán las soluciones, pero en este momento de abajo tampoco se están encontrando los caminos adecuados para salir de esta barbarie.

Es una situación nacional de extrema gravedad es necesario tener claridad de qué hacer. Por eso es necesario escuchar a las mentes más lúcidas. Es el caso de Gustavo Esteva (México DF, 1936), un intelectual “desprofesionalizado” que vive en Oaxaca y que es uno de los pensadores que mejor entienden los proceso de degradación y cambio social que vienen ocurriendo en México y América Latina.

A Esteva le preocupa la idea de que desde el Gobierno se quiera acallar la movilización por Ayotzinapa con otro Tlatelolco, pero también le preocupa el odio con el que muchos expresan su dolor.

Aunque la coyuntura es compleja, Esteva dice que el “camino estratégico” es simple: hacer como hicieron los zapatistas con su dolor y rabia: convertirla en rebeldía.

“Hemos aprendido con los zapatistas la forma de transformar el dolor en rabia, una rabia digna y cómo esta digna rabia se convierte en una rebeldía clara y esa rebeldía es el camino de la libertad”. Esa es una sugerencia de Esteva que debemos tener presentes en las circunstancias actuales.
 

Rubén Martín
NOV 15

Los padres de Ayotzinapa Por Rubén Martín rubenmartinmartin@gmail.com

“Ya me cansé”, se le salió a Jesús Murillo Karam, como en un lapsus, antes de dar por terminada la conferencia de prensa donde presentó la versión sobre los hechos de Iguala donde se asesinó a seis personas y se desapareció a 43 normalistas.

No pasaron diez minutos cuando la frase del procurador de la República empezó a circular profusamente por redes sociales. La interpretación social fue casi unánime: tú te cansas de dar una rueda de prensa de 70 minutos, pero la población está cansada de muchas cosas más.

La crisis social y política del país revelada por la masacre de Iguala ha sacado a flote los distintos cansancios que hay en el país.

México está cansado, en primer lugar, de la violencia, los asesinatos, las desapariciones y de actos de barbarie como en Iguala, pero también masacres como en el poblado de Allende, Coahuila en marzo de 2011 donde un comando de zetas asesinó y desapareció a 300 pobladores, o las cientos de masacres que han ocurrido en el país en ocho años infames de guerra contra el crimen organizado.

México está cansado de esta guerra no contra el crimen organizado, sino contra la población en general y en particular contra sus jóvenes. El tamaño de la violencia que existe sólo es comparable al de un conflicto armado. Los índices de muertos y desaparecidos en México superan a los que han ocurrido en la invasión de Estados Unidos a Irak. De marzo de 2003 a la fecha han muerto 202 mil personas, de las cuales 148 mil son civiles y el resto combatientes (consultar en: https://www.iraqbodycount.org/). En México de 2007 a la fecha, cuando Felipe Calderón lanzó su estúpida guerra contra las drogas, han muerto cerca de 160 mil sujetos mientras que se han desaparecido entre 26 mil a 40 mil personas.

México está cansado de la persecución, terror y violencia que se siembra sobre miles de pueblos y comunidades. Del 2000 a la fecha (especialmente con Calderón) se concesionó más de una cuarta parte del territorio del país a empresas mineras. No hay una sola explotación minera que no cree un conflicto social y en muchos casos violencia contra la población. Lo mismo ocurre con la privatización de facto de las playas del país (del 2000 al 2012 se entregaron 48,559 fideicomisos a extranjeros para ocupar playas) y lo mismo ocurre con los mega-proyectos del gobierno, sean carreteras o presas. Éstas últimas han desplazado a 170 mil personas.

México está cansado de esta violencia, que genera terror y que permite el control del territorio, curiosamente, en aquellas zonas más rentables para los negocios (minas, playas, agua, petróleo, bosques, tierras fértiles, etc.). Debido a la violencia, un millón 648 mil mexicanos fueron orillados a desplazarse (según Parametría).

De esto está cansado México y de una clase política corrupta y cínica que se cansa de dar respuesta a la exigencia de los padres de los desaparecidos.

Los distintos cansancios y hartazgos se están juntando. Es un enorme “Ya basta”, un masivo grito de que estamos hasta la madre…

Rubén Martín
NOV 8

Ayotzinapa, la gota que colmó Por Rubén Martín rubenmartinmartin@gmail.com

Algo hondo y profundo se movió en millones de mexicanos por la desaparición de normalistas de Ayotzinapa. Sólo así se puede explicar que pasadas cinco semanas desde que la maquinaria político-criminal que controlaba el territorio de Iguala reprimió, asesinó y desapareció estudiantes de esta normal rural, millones de mexicanos y de otras partes del mundo se han movilizado días tras día con las misma demandas: presentación con vida de los normalistas, justicia para los agredidos y castigo a los culpables de una de las grandes masacres del país.

Millones de mexicanos han desplegado una solidaridad genuina, no instrumental, que nace de la compasión, del dolor y de la rabia de saber que con una insultante impunidad, policías municipales agreden de forma salvaje a jóvenes estudiantes, los desaparecen, los entregan al crimen organizado y los torturan de modo bestial hasta dejar desollado a uno de ellos.

A la cabeza de esas movilizaciones está Guerrero donde se lleva a cabo una verdadera revuelta popular por la represión a los normalistas. En decenas de ciudades se llevan a cabo acciones de solidaridad con los normalistas de Ayotzinapa con un amplio repertorio de formas de hacer política, que van desde las ilustraciones con los rostros de los 43 desaparecidos, hasta la toma de radios universitarias.

Pero debemos preguntarnos exactamente qué se ha movido por Ayotzinapa, pues tristemente no es la primera ocasión que ocurren en México casos así.

Si miramos el patrón de relación del Estado con los movimientos sociales, vemos que la represión y masacres no son la excepción, sino la constante.

Si se hubiera castigado las agresiones que defensores de territorios y activistas han sufrido en Guerrero en los últimos años, tal vez la masacre de Iguala no hubiera ocurrido. Pero ocurrió porque existe impunidad y tolerancia para la actuación represora de las fuerzas públicas.

En el posible mar de motivos de esta amplia movilización veo dos potentes razones: el tema de los desaparecidos es tan grave en el país que ahora millones de mexicanos saben que no es algo ajeno, y que le puede pasar a cualquiera. Moverse por Ayotzinapa es también una movilización de prevención y autocuidado: quiero vivos a los normalistas de Ayotzinapa porque no quiero que algo así le pase a mis hijos, a mis familiares.

La otra razón, es que los abusos del poder político y de sus fuerzas de seguridad ya hartaron a los mexicanos.

Basta un clavado en redes sociales para ver cientos de videos de policías de todos los municipios de todos los estados extorsionando, o deteniendo de forma prepotente a las personas, violando todas las garantías.

Los jóvenes y los estudiantes son las primeras víctimas de esta agresión sistemática y estructural de las policías.

Ayotzinapa es la gota que colmó el plato porque los abusos del poder público, de sus policías violadoras y abusadoras y de la decadencia de una maquinaria político-criminal que impone la violencia, el terror, las desapariciones y las masacres para mantener un modelo de acumulación por despojo.

Al moverse por Ayotzinapa, millones de mexicanos están diciendo basta a este estado de cosas.

Rubén Martín
NOV 1

Ayotzinapa: fue el Estado Por Rubén Martín rubenmartinmartin@gmail.com

“Fue el Estado”. Con la escritura de esta consigna, en grandes letras blancas en una esquina del Zócalo, terminó la movilización del 22 de octubre en la Ciudad de México en solidaridad con los normalistas de Ayotzinapa. Es una denuncia contra el gobierno de Enrique Peña Nieto, del gobierno de Guerrero y de los partidos del Pacto por México (PAN, PRI y PRD) quienes tratan de minimizar y encubrir lo que ocurrió en Iguala.

Justo el mismo día que se llevó a cabo la mayor jornada de movilizaciones políticas más grande en la historia reciente del país, el procurador general de la República (PGR), Jesús Murillo Karam, ofreció una rueda de prensa para informar de los “avances” en la investigación sobre la represión a los normalistas de Ayotzinapa.

La mayor parte de la información ya había sido dada a conocer; lo más relevante fue que el procurador aseveró que sólo se seguía una línea de investigación: que el asesinato y desaparición de los normalistas ocurrió por la infiltración de “Guerreros Unidos”, al mando de Sidronio Casarrubias, en complicidad con el presidente de Iguala, José Luis Abarca y de su esposa María de los Ángeles Pineda Villa.

Según Murillo Karam, la esposa del alcalde era “la principal operadora de actividades delictivas desde la presidencia municipal”, y habría pedido agredir a los normalistas para que no le echaran a perder su fiesta en ocasión de su segundo informe al frente del DIF.

Ahora resulta que una de las grandes masacres de la historia contemporánea del país que ha derivado en la mayor movilización social en al menos dos décadas y que ha producido un cuestionamiento a la legitimidad del actual Gobierno federal, fue responsabilidad de una presidenta del DIF.

Las implicaciones de lo dicho por el procurador son graves: esta línea de investigación exculpa al gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre; al gobierno de Peña Nieto, jefe de las Fuerzas Armadas, y exculpa a los partidos que han gobernado este país donde se ha producido la alianza entre clase política y criminales.

La versión de Murillo Karam es semejante a la versión del asesino solitario en el caso del asesinato de Luis Donaldo Colosio, tratando de ocultar un crimen político.

No es posible creer que en Guerrero decenas de ayuntamientos estén bajo control del crimen organizado y el gobernador no supiera; no es posible creer que cientos de gobiernos municipales del país exista este mismo control y el Gobierno federal no sepa. Lo saben y se encubren. El narcotráfico es uno de los grandes negocios de México y no funciona sin la protección que brinda el poder político.

A su vez, las bandas del narcotráfico se han convertido en piezas fundamentales para infligir temor y terror en poblaciones cuyos territorios se quiere despojar; los sicarios del narco son extensiones del Estado en muchos lugares. Son piezas de la maquinaria de la acumulación por despojo que se impone en el país.

A los desaparecidos de Ayotzinapa no los desapareció una presidenta del DIF, fue el Estado.

Rubén Martín
OCT 25

Estampas de la barbarie en México Por Rubén Martín rubenmartinmartin@gmail.com

La agresión, asesinato y desaparición de estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa ha sido tan grave y atroz que ha impactado no sólo en México, sino en el mundo.

La campaña de propaganda del Gobierno de Enrique Peña Nieto tratando de vender la imagen de un país reformador, moderno y abierto al capital, se ha desmoronado en tres semanas con las noticias de los estudiantes masacrados y desaparecidos, con los hallazgos de 19 fosas, y con las intensas movilizaciones en el país y en el extranjero.

Ahora la imagen de México no es la de la propaganda peñista, sino la imagen con los retratos de los 43 normalistas desaparecidos y la imagen de las fosas y las cintas amarillas de los forenses tratando de identificar los cuerpos encontrados. Son imágenes de la barbarie que impera en México.

Pero lamentablemente los maquinaria estatal-delincuencial que produce estos hechos bárbaros no se detiene. Cada día se producen más.

Mientras continúa la búsqueda de los 43 normalistas de Ayotzinapa, en Tamaulipas la doctora María del Rosario Fuentes Rubio, quien colaboraba en su cuenta de tuiter con Valor por Tamaulipas, fue secuestrada y asesinada, aparentemente por la delincuencia organizada. Valor por Tamaulipas, es una cuenta que usa las redes sociales para ofrecer información que no aparece en los medios comerciales o que esconden o ignoran las autoridades. Ofrecer información para protegerse ella y su comunidad le costó la vida a María del Rosario Fuentes.

Mientras continúa la búsqueda de los 43 normalistas de Ayotzinapa, en la Ciudad de México, una madre en busca de su hijo convirtió su funeral en un acto político. Margarita Santizo Martínez, perdió hace cinco años a su hijo Esteban Morales Santizo, un policía federal desaparecido en Lázaro Cárdenas en abril de 2009. La señora Margarita Santizo falleció el 16 de octubre de cáncer de hígado y pidió a sus familiares que su funeral fuera ante la Secretaría de Gobernación en reclamo porque las autoridades no hicieron lo suficiente para encontrar a su hijo.

Mientras continúa la búsqueda de los 43 normalistas de Ayotzinapa, siguen desapareciendo personas en México. Ayer las autoridades de la comunidad indígena huichol de San Andrés Cohamiata, en Mezquitic, Jalisco, denunciaron que Fernando de la Cruz Carrillo, habitante de la aldea Tierra Blanca del Chalate, fue levantado un día atrás por un comando de siete hombres armados. Fernando de la Cruz, como parte de las autoridades de su comunidad, está al frente del reclamo de sus tierras, invadidas, entre otros, por ganaderos nayaritas.

Y mientras continúa la búsqueda de los 43 normalistas de Ayotzinapa, los corruptos están a punto de salir de la cárcel y a los defensores comunitarios se les confirma en la cárcel. Ayer se anunció que Elba Esther Gordillo podría dejar en breve la cárcel por sus problemas de salud y que le sea concedida la prisión domiciliaria (¿prisionera en su departamento de lujo?). En tanto Néstora Salgado, de la policía comunitaria de Guerrero sigue recluida en un penal de máxima seguridad.

Estas son apenas estampas de la barbarie que habita México.
 

Rubén Martín
OCT 18

¿Cómo detenemos la barbarie? Por Rubén Martín rubenmartinmartin@gmail.com

Decenas de miles de mexicanos, y personas solidarias en otras partes del mundo, salimos a las calles el pasado 8 de octubre para repudiar el asesinato de normalistas de Ayotzinapa y la desaparición de 43 de ellos. El dolor y la rabia ante esta nueva agresión de los gobiernos se centró en el reclamo para que las autoridades presenten con vida a los estudiantes normalistas. “Vivos los llevaron, vivos los queremos” no es una lema más sino una consigna política central en la actual coyuntura mexicana.

Miles salimos en más de 50 ciudades del país y del extranjero a las calles tocados por el dolor y movidos por la rabia al conocerse los detalles de la masacre de Iguala: la violencia desmedida y la saña sanguinaria con la que se atacó, persiguió, torturó y desapareció a los normalistas.

Entre los asistentes a la manifestación en Guadalajara había rabia, mucha rabia por saber que en este tiempo siguen ocurriendo represiones y masacres semejantes a la de 1968 o de la llamada guerra sucia de la década de 1970.

Rabia en contra de los gobiernos que siguen agrediendo a los movimientos sociales y sujetos en resistencia, como son los estudiantes de las normales rurales del país.

Rabia en contra la abierta complicidad de policías con el crimen organizado; rabia en contra de una clase política corrupta que permite estas asociaciones; rabia contra el Partido de la Revolución Democrática (PRD) que nació de un movimiento popular por la democratización del país y que ahora se ha convertido en una maquinaria que busca ganar elecciones a costa de lo que sea, incluso al precio de postular a un candidato ligado al crimen organizado; rabia por la agresión artera contra los normalistas y rabia con el método cruel y sanguinario con el que presumiblemente se les mato.

La rabia nos hizo salir por miles a las calles, pero presiento que en esta manifestación no ocurrió lo que pasa en otras movilizaciones: que el acto de conjuntar miles de voluntades genera cierta euforia y entusiasmo. No, esta vez junto a la rabia prevalecía un ánimo colectivo movido por la desesperanza y la impotencia.

Escuché varias veces: ya salimos miles a las calles, pero ¿esto basta para detener hechos como los Iguala? ¿estas manifestaciones públicas pueden parar la barbarie que se ha instalado en el país? La respuesta es que no, y de ahí la desesperanza. Hay claridad de que no basta salir a las calles para detener esta maquinaria de asesinatos, desapariciones, ejecuciones selectivas y masivas que ahora impone su lógica por todo el territorio.

¿Cómo paramos esta barbarie? Una cosa es clara, de la pirámide del poder ya no podemos esperar soluciones. Ellos son parte del problema. La respuesta vendrá de abajo y en colectivo. Nadie tendrá una respuesta única o definitiva, pero así como en otros momentos aciagos de la historia mexicana, la respuesta se irá construyendo en colectivo, a tientas, combinado resistencias y respuestas; produciendo resonancias, tejiendo solidaridades no instrumentales, como las que se tejieron el miércoles 8 de octubre por todo el país.

Rubén Martín
OCT 11

Álvarez Garín y la vigencia del 68 Por Rubén Martín rubenmartinmartin@gmail.com

Los motivos y adversarios por los que lucharon los estudiantes hace 46 años en el movimiento de 1968, siguen vigentes en el país. Basta releer los seis punto del pliego petitorio enarbolado por el Comité Nacional de Huelga (CNH) para constatarlo.

Los estudiantes de la UNAM, IPN, la Iberoamericana, y las decenas de universidades del país que se sumaron a la huelga en demanda del pliego petitorio, exigían: la libertad de los presos políticos, la derogación de artículos del Código Penal Federal que criminalizaban la protesta social, la desaparición de del cuerpo de granaderos, la destitución de los jefes policiacos que ordenaron la represión, la indemnización a familiares de los muertos y heridos durante el conflicto y el castigo a los responsables de la violencia contra los estudiantes.

Aunque no estaba expresamente incluido en el pliego petitorio, hay un consenso entre los participantes acerca de que el movimiento estudiantil de 1968 exigía también democracia y apertura al sistema autoritario priista.

A la distancia de 46 años, se puede apreciar la semejanza notable que existe entre el México de 1968 y del de 2014. Ahora como entonces existen presos políticos (Néstora Salgado, José Manuel Mireles, Mario Luna y cientos más) para quienes se exige su liberación, ahora como entonces se exige la derogación de leyes que atentan contra las libertades políticas y contra los cuerpos represivos. Ahora como en 1968 el Estado mexicano sigue criminalizando, persiguiendo, asesinando y desapareciendo a quienes considera disidentes, a quienes hacen política fuera de los canales de la política profesional.

A la larga lista de casos de represión en contra de movimientos sociales y represión, se suma ahora el grave caso de la agresión, asesinato y desaparición de estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa, el pasado 26 de septiembre.

Para algunos el tratamiento que el Gobierno federal está dando al movimiento de Politécnicos les lleve a pensar que las cosas han cambiado. No es así, pues el funcionario que salió a atender a los estudiantes forma parte del mismo Gobierno que ha reprimido movimientos y encarcelado disidentes.

Pero del lado de los movimientos hay, también otras semejanzas con 1968 y estas son esperanzadoras. Se trata de las formas de hacer política democráticas, abiertas, horizontales y no vanguardistas que está desplegando el movimiento estudiantil del Politécnico.

Varias de estas formas de hacer política que ahora se despliegan en el Poli, se construyeron en 1968. Por eso también es importante recordar a dirigentes del 68 como Raúl Álvarez Garín, quien fue uno de los más tenaces defensores de un movimiento estudiantil independiente y autónomo de los partidos y grupos de poder. 1968 está vigente en México no sólo en las formas antidemocráticas y represivas que sigue manteniendo el Estado mexicano, sino también en las formas políticas que emergen en ese año y que siguen siendo patrimonio de un conjunto diverso y heterogéneo de movimientos sociales de todo el país. Formas políticas democráticas e independientes que de manera congruente y comprometida contribuyeron a crear personas como Álvarez Garín, fallecido hace una semana.

Rubén Martín
OCT 4