Vicente Leñero Por María Palomar opinion@informador.com.mx

El tapatío Vicente Leñero cumplió el domingo pasado 80 años y hay mucho que celebrar en su larga vida. Pocos de nuestros escritores han cubierto, y con honores, tantos campos: el periodismo, la novela, la crónica, la dramaturgia; también ha dirigido publicaciones (Revista de Revistas, Proceso) y es un cronista atento y agudo de los afanes y los días de los mexicanos desde hace más de cinco décadas. Como bien dijo en días recientes Juan Villoro, “es un maestro en todo lo que cultiva”.

Vicente Leñero es ingeniero (igual que Gabriel Zaid, Abel Quezada y Carlos Prieto: excelsos en otros campos, pero cuyas cualidades de equilibrio, armonía, simetría y proporción no pueden ser del todo ajenas a la formación ingenieril). Luego aprendió a ser periodista en la Carlos Septién. Ha llegado venturosamente a sus 80 años leyendo, escribiendo, fumando y dirigiendo su taller de los jueves en la SOGEM, donde —como Juan José Arreola, uno de sus maestros— ha beneficiado a generaciones de aspirantes a escritores.

Entre sus decenas de obras, allá por 1997 Leñero el memorioso publicó Gente así, una colección de perfiles, anécdotas y narraciones en los cuales los linderos de la realidad y la ficción se desdibujan de modo desconcertante; sin embargo, surgen en muchos de ellos figuras perfectamente reconocibles (y además con nombres y apellidos) con las cuales el autor va, parsimonioso, ajustando cuentas. Ahora, para celebrar sus 80, acaba de publicar Más gente así. Son 15 textos variopintos, algunos de primerísima calidad, compuestos de recuerdos y fantasías en proporciones indeterminadas. Abre con un tan divertido cuanto amargoso recuento de sus encuentros y desencuentros con la mítica agente literaria Carmen Balcells, “Las uvas estaban verdes” (“Era entradita en carnes, pelicorta, sonriente porque se sentía importante y enfiestada”, comienza). Más adelante narra con cariño la historia de su familia inmediata (“Madre sólo hay una”); luego pone en escena a un airado Hércules Poirot en plan de revancha contra su creadora (“¿Quién mató a Agatha Christie?”); recuerda una estancia madrileña donde de pronto Larra y Zorrilla se convierten en personajes de su vida (“Plagio”); rememora amistades antiguas y luego de años se cobra el hurto por Hero Rodríguez Toro de unos grabados de Federico Cantú (“A pie de página”) y, sobre todo, entrega una espléndida entrevista (no se alcanza a saber si real o ficticia) con uno de sus autores más venerados (“Una visita a Graham Greene”). Es una pena que ese McDonald’s de la edición que es Alfaguara desprecie a  tal grado a sus autores y los libros en general: mucho habría ganado éste no digamos con un trabajo profesional de edición, simplemente con una lectura atenta y una tarea elemental de corrección.

Discreto y reticente, entregado a su trabajo sin preocuparse de las grillas ni la fama (pero de implacable memoria y “zongo”, como se dice aquí), hombre de fe auténtica y profunda, Leñero es un regalo: una más de esas eminencias solitarias, excéntricas y únicas que Jalisco ha sabido dar a la cultura nacional.
 

María Palomar
JUN 16

Tres Patines Por María Palomar opinion@informador.com.mx

La Tremenda Corte, un programa que nació en una estación de radio de La Habana a principios de la década de 1940, es un fenómeno curiosísimo y digno de atención (aparte de muy divertido). Por lo pronto, tal parece que es el único caso de una serie radiofónica que luego de más de setenta años sigue difundiéndose con éxito en distintos países de lengua española (incluyendo, claro los EU). Quién sabe si alguien lo haya estudiado en plan sistemático, pero algo querrá decir que en Youtube una primera búsqueda de Tres Patines dé más de 17 mil resultados.

La Tremenda Corte es una muy afortunada combinación de un formato sencillísimo, siempre el mismo y sin ningún efecto especial, cuatro actores excepcionales y el mejor guionista cómico de la historia del radio en Hispanoamérica.

Cada programa dura alrededor de 20 o 25 minutos, la acción sucede siempre en el juzgado; comienza con la campana que toca el secretario y termina con una sentencia rimada que pronuncia el juez, casi invariablemente condenando al desdichado pícaro Tres Patines a pagar multas y pasar temporadas de cárcel. El Juez y Tres Patines son inamovibles, y muy rara vez dejan de estar presentes Rudesindo y Nananina; en contadas ocasiones intervienen algunos otros personajes. Según los conocedores, el linaje de La Tremenda Corte viene del teatro popular cubano de principios del siglo XX, con sus personajes de cajón: el chino, la mulata, el pícaro. Pero aunque los guiones se refieren siempre a la vida cotidiana de la gente común habanera de la época, no es difícil adivinar detrás de ellos a un escritor culto y avezado que no por casualidad recuerda a veces el humorismo de un Jardiel Poncela.

Cástor Vispo, nacido en La Coruña y trasplantado a Cuba, fue el talentoso periodista y guionista que escribió los miles de cuartillas de diálogos, retruécanos, rimas, canciones, borucas y disparates que hacen que, en sus mejores momentos, el humor de Tres Patines roce un surrealismo regocijante y enrevesado que lo emparenta, ya buscándole tres pies al gato, con Quevedo o Monty Python.

Leopoldo Fernández (Tres Patines), Aníbal de Mar (el Juez), Mimí Cal (Nananina) y Adolfo Otero (Rudesindo Caldeiro y Escobiña), actores de teatro y luego también de cine y televisión, representan personajes absolutamente redondos e inmediatamente reconocibles. Y la gran figura que nunca aparece pero que siempre está presente, como eminencia gris y cómplice de las fechorías de Tres Patines, es su insuperable Mamita, capaz de cualquier felonía imaginable.

En Guadalajara y en México, las beneméritas estaciones XEDK y Radio Red todavía pasan diario La Tremenda Corte, y la segunda ha recibido vociferantes quejas por haberla suprimido de la programación dominical. Se dice que hay alrededor de 350 grabaciones del programa que salieron de Cuba antes y justo después del desastre, pero que probablemente queden todavía en la isla algunas más, que no habían circulado por otros países y quizás estén empolvadas en los archivos de la CMQ de La Habana, que desde 1961 fue expropiada y censuró el programa.
 

María Palomar
JUN 9

La digitalización de libros Por María Palomar opinion@informador.com.mx

La Biblioteca Nacional de Francia, respaldada por el Ministerio de Cultura, emprendió hace poco una tarea gigantesca y a marchas forzadas: digitalizar cerca de medio millón de libros del siglo XX que no están disponibles ya en los circuitos comerciales. La fase operativa comenzó en marzo de este año, con la publicación de una primera lista del registro conocido como ReLire, que incluye 60 mil obras.*

Los libros que se digitalizarán son los publicados en Francia antes del 1º de enero de 2001 que no estén siendo comercializados en forma impresa (en ediciones nuevas) ni electrónica. La digitalización no tendrá ningún efecto sobe la obligación de “explotación permanente y continua” del libro por parte del editor, lo cual tranquiliza a los autores; pero también se estipula que la presencia de un libro en el listado no prejuzga respecto de su agotamiento, pues el autor, como de costumbre, tendrá que probar que su obra está agotada para recuperar sus derechos sobre ella (se considera agotada cuando el editor no ha satisfecho dos peticiones de entrega en un plazo de tres meses).

En un país donde cada año se publican decenas de miles de títulos nuevos, es normal que la mayoría de ellos caigan pronto en el olvido. Hay otros casos en que luego de un éxito inicial, las editoriales retiran la obra de circulación. También suele ocurrir que ciertos libros indispensables para estudiar a fondo algún tema, para escribir una tesis o para saciar alguna curiosidad personal sólo se hallan en unas cuantas bibliotecas. Pero en el listado de la BNF están también muchos libros de autores aún vivos, incluso entre los más populares (Quignard, d’Ormesson, Tahar Ben Jelloun…). Entre los escritores, el programa, desde el principio, suscitó tanto esperanzas como resquemores.

La Sociedad de Autores de Francia, que firmó un acuerdo con la BNF y con el Sindicato Nacional de la Edición, afirma que se trata de un proyecto de índole sobre todo patrimonial. La Sociedad planteó a sus miembros si no sería mejor, en lugar de tener que hacer medio millón de contratos detallados, confiar en ella como instancia de gestión colectiva capaz de garantizar el respeto al derecho de autor. La mayoría parece estar de acuerdo, aunque hay un buen número de opositores que hablan de “robo”, de “piratería oficial”, y afirman que el proyecto no sólo contraviene el derecho de autor francés y la Convención de Berna para la protección de obras literarias y artísticas, sino que hasta el sistema para ser excluido voluntariamente de la digitalización es incoherente y excesivamente complicado. El proyecto está siendo criticado porque aún está pendiente su formulación definitiva y quedan por contestar muchas preguntas. Los autores inconformes se centran sobre todo en la remuneración: ¿cuándo, cuánto, cómo? Parecería ser que las respuestas todavía no han sido elaboradas en detalle por las instancias oficiales.

    Pero es un gran proyecto al cual valdría la pena que en México se diera seguimiento.

*http://relire.bnf.fr/
 

María Palomar
JUN 2

¿Qué come la gente? (II) Por María Palomar opinion@informador.com.mx

En las fotografías de Peter Menzel, publicadas por el Daily Mail,* donde 24 familias de 23 países posan con el mandado semanal, lo impactante no es sólo la gran diferencia de los presupuestos dedicados a la comida (entre 60 y seis mil pesos), sino la composición de la dieta: en este sentido, la disparidad más notable no es tanto la que hay entre países ricos y pobres, sino entre los distintos énfasis que responden tanto a la disponibilidad de ciertos alimentos como a la tradición cultural.

Por supuesto que en los niveles de miseria (que aquí sólo aparecen en países africanos: Malí, Chad, quizás en Ecuador) lo único que hay son granos, y a veces ni siquiera en buena cantidad. Pero de ahí hacia arriba hay variaciones y constantes muy ilustrativas del tipo de sociedad en que viven esas familias que, en términos muy generales, podrían designarse como clase media o media baja.

En la India, Turquía y Egipto hay abundancia de fruta y verdura, un buen equilibrio con el resto de la comida y no demasiadas cosas envasadas. En Japón, donde el gasto es de tres mil 800 pesos para cuatro personas, domina el pescado, mientras que la carne, la fruta y la verdura son más bien pocos, y probablemente carísimos por la escasez de tierras para fines agropecuarios y la necesaria importación. En Kuwait, los seis de familia más sus dos criadas filipinas posan muy serios en la cocina detrás de una mesa donde todo, o cuando menos el 90%, es importado. Declaran un gasto semanal de dos mil 600 pesos: esto significa que la riqueza petrolera por lo menos les sirve para que haya un fuerte subsidio a la comida. En Guatemala y México se ve buena cantidad de fruta, verdura y legumbres, pero la gran diferencia está en que los guatemaltecos no se atiborran de cocacolas. Los ecuatorianos andinos, en cambio, están en un nivel de subsistencia, pues sólo tienen para comer 375 pesos semanales: no hay carne, ni lácteos, ni huevos, ni nada envasado salvo quizás el aceite; pero tienen maíz, arroz y verduras varias, aunque sólo plátanos y limones de fruta.

Entre las grandes constantes está la presencia universal de grasa para cocinar, que puede ser aceite o algún tipo de manteca. Y, por supuesto, también en todos los casos están los granos, según las regiones culturales determinadas por el maíz, el arroz o el trigo, a veces el sorgo, los verdaderos pilares de la alimentación desde los albores de la humanidad. Los huevos y los lácteos, aunque muy frecuentes, no están en la dieta de todos los pueblos: no se ven ni en Ecuador ni en Bután, por ejemplo.

Las frutas más universales son los cítricos, y entre las verduras siempre están presentes el jitomate, la papa y la cebolla. ¿Qué habrán comido los europeos, asiáticos y africanos antes de que llegaran de América el jitomate y la papa, verdaderos protagonistas a escala mundial?

*http://www.dailymail.co.uk/news/article-2319825/The-great-global-food-gap-Families-world-photographed-weekly-shopping-reveal-cost-ranges-3-20-320.html
 

María Palomar
MAY 26

¿Qué come la gente? Por María Palomar opinion@informador.com.mx

GUADALAJARA, JALISCO (19/MAY/2013).- A últimas fechas, un periódico inglés publicó algunas de las excelentes fotografías de Peter Menzel, de su libro que se llama Hungry Planet. What the World Eats.* Son veinticuatro imágenes de otras tantas familias (y países, menos EU que está dos veces) que posan con la compra de comida de una semana. De veras que vale la pena verlas con detenimiento, porque se pueden sacar muchas conclusiones y aprender muchas cosas.

Según el periódico, el gasto semanal de esas familias de entre cuatro y dieciséis miembros va de unos 60 a unos seis mil pesos semanales. Entre los que menos gastan per capita están los egipcios (ochocientos pesos ¡y son doce personas!), pero eso parece apuntar claramente a que hay un fuerte subsidio, ya que es un país con una superficie arable mínima y una sobrepoblación tremenda. Quién sabe cómo les esté yendo ahora con el atroz régimen mahometano… Por comparación, en Malí una familia de quince se gasta 300 pesos, pero unos pobres refugiados de Darfur que viven en Chad son seis y gastan alrededor de 700 pesos en un volumen bastante menor de comida, donde lo único fresco son cinco limones, pues el resto (un mínimo de carne seca, unos costalitos de granos, alguna verdura también disecada) es apenas lo indispensable para no morir de hambre. Y el agua de beber (y de todo: como 350 litros) la reparten las ONG filantrópicas que se ocupan de los refugiados…    

Los europeos occidentales compran muchísimo y los alemanes son los campeones: una familia de cuatro se gasta unos seis mil pesos en el mandado. Todo bastante sano, y de bebida cerveza, vino, jugos de fruta y agua mineral. Por el estilo luxemburgueses, franceses e italianos.  Los ingleses, en cambio, están a media tabla con tres mil pesos y consumen grandes cantidades de chatarra, montones de dulces y puros platos congelados o precocinados, mucha leche, muy poca verdura y fruta. Además alimentan a perros y gatos, y pueden beber tranquilamente el agua de la llave, pero compran embotellada por gusto. Contraste grande con los Polacos: una familia de cinco (más perro) come con mil 850 pesos; buen equilibrio y poca chatarra.

Por supuesto que los campeones del cochinero son los gringos: cuatro mulatos de Carolina del Sur se gastan unos cuatro mil 200 pesos en casi pura comida precocinada, empacada o pedida a cadenas de hamburguesas y pizzas, harta fritura y botana y casi cero fruta y verdura.

De Hispanoamérica hay tres familias. Los ecuatorianos (nueve personas y 375 pesos) y los guatemaltecos (siete personas, 900 pesos), que son campesinos, tienen una dieta bastante equilibrada: granos, verdura y fruta abundantes, prácticamente nada envasado o empaquetado. Pero los mexicanos… un desastre: la comida semanal de una familia de Cuernavaca cuesta cerca de mil 250 pesos. Son cinco gorditos sonrientes y probablemente diabéticos que muestran orgullosos una docena de botellas de dos litros de cocacola contra siete litros de leche, y eso que hay tres niños. (Sigue)

*http://www.dailymail.co.uk/news/article-2319825/The-great-global-food-gap-Families-world-photographed-weekly-shopping-reveal-cost-ranges-3-20-320.html

María Palomar
MAY 19

Concierto del día mundial del órgano Por María Palomar opinion@informador.com.mx

El lunes 6 hubo en catedral un estupendo concierto que se sumó a cientos de celebraciones musicales en todo el mundo en el marco del jubileo por los 850 años de Notre Dame de París. En México sólo participaron las catedrales de Mazatlán y Guadalajara. El único requisito era incluir en el programa algo de la música compuesta por los organistas de Notre Dame, lo que se cumplió con la interpretación del Allegro vivace de la Primera Sinfonía de Louis Vierne (1870-1937). También se incluyeron obras de otros dos franceses de la misma época, Dubois y Widor. El Coro de Infantes dirigido por el maestro Martínez Corona abrió el concierto con mucho lucimiento con la brillantísima Entrada de la Misa de la Liberación de Théodore Dubois (1837-1924, maestro de capilla de la Magdalena de París), y luego en la segunda parte el organista titular de la catedral, Héctor Salcedo Becerra, tocó el Ofertorio. Interpretó también la Toccata de la Sinfonía Núm. 5 de Charles-Marie Widor (1844-1937), organista de San Sulpicio y que por cierto inauguró en 1868 el órgano Cavaillé-Coll de la catedral de Notre Dame.

La iniciativa del Día Internacional del Órgano se debe a la asociación francesa Orgue en France, que busca recuperar y difundir la gran cultura musical asociada con ese instrumento, prácticamente desconocido del gran público a pesar de su papel indispensable en el paisaje musical, litúrgico y patrimonial. El órgano ocupa el espacio como ningún otro instrumento, y es indisociable del lugar que lo alberga: magnifica el espacio y forma parte integral del edificio. Lo cual lleva a la conclusión de que en un inmueble tan devastado por la ignorancia y la incuria como la catedral tapatía, no resulta raro el casi completo abandono de su órgano, que ojalá sea reversible y no irremediable como las desastrosas modificaciones que han ido dejando cual bodega el interior catedralicio.

Los restantes jueves de mayo, a las 20:00 horas, habrá en la iglesia de San Juan de Dios tres conciertos gratuitos de órgano: el 16 con el maestro italiano Sossio Capasso, el 23 con el maestro Jesús Salcido y el 30 con el maestro Clemente Quezada, organista titular del templo. Con ellos se está reinaugurando el órgano Merklin de la iglesia, que originalmente estuvo instalado en el coro del otrora ilustre cabildo de la catedral.

Hay que agradecer a las actuales autoridades de la Arquidiócesis que con iniciativas como ésta comiencen a reparar décadas de auténtica degradación litúrgica y cultural infligida a su grey con armonios gangosos, guitarritas setenteras, letras de secundaria, y tonadas inanes cuando no atroces. ¿Dónde está la gran tradición de la extraordinaria Escuela de Música Sacra de Guadalajara? ¿Para qué se forman ahí buenos músicos? Quizá sólo falta que la jerarquía entienda que la gran música religiosa, patrimonio de la Iglesia y de la cultura universal, es sobre todo para las ceremonias litúrgicas y no nada más para conciertos.

 

María Palomar
MAY 12

Un policía cubano Por María Palomar opinion@informador.com.mx

La obra de Leonardo Padura (La Habana, 1955) ha tenido mucha difusión desde que publicó en 2009 El hombre que amaba a los perros, una novela sobre el caso del asesinato de Trotsky. Pero ya desde la década de los noventa Padura había empezado a recibir premios importantes por sus novelas policiacas, la primera de las cuales salió en 1991.

El protagonista de esas novelas, siete a la fecha, es el teniente Mario Conde, un habanero nacido el mismo año que el autor y que siempre soñó con escribir, pero acabó siendo policía. Conde es inteligente, leído y escéptico. Pertenece a esa generación que nació antes de la dictadura, creció entre el adoctrinamiento y el optimismo de la utopía comunista y vive su edad madura en el desaliento de una vida cotidiana de continuas privaciones y arideces. Pero el entorno habanero, perfectamente reconocible para quien haya viajado a Cuba y haya visto más allá de los recorridos turísticos (o de los anteojos de la trasnochada beatería castrista), no lo es todo: en las novelas de Padura están también presentes, y también en primer plano, las cosas que hacen que todavía sea vivible esa vida: la música, la bella ciudad decadente frente al mar, la simpatía cubana, el beisbol y el ron y, sobre todo, las amistades de toda la vida que alumbran las páginas a veces lóbregas de las aventuras de Mario Conde.

Padura dio con la misma fórmula que Márkaris, Le Carré, Vázquez Montalbán o Camilleri: cada quien tiene que vivir donde le toca, y así es la vida; pero su crítica de los poderes políticos, feroz y descarnada, permea toda la escritura aunque se mantenga como un trasfondo de facto que no da pie ni a diatribas ni a consideraciones políticas explícitas. Simplemente se deja ver a cada paso: cuando el teniente Conde recuerda a su maestra favorita que, tras intentar que los alumnos pudieran escribir una revista escolar, es sujeta a un juicio estalinista y despedida por fomentar una literatura tan reaccionaria que no canta las loas del marxismo. O cada vez que visita (casi diario) a su mejor amigo, el Flaco, al que una bala en Angola dejó paralítico de por vida. O cuando nota en las casas de los aparatchiks el montón de bienes de consumo fuera del alcance del cubano de la calle…

La historia se entreteje con las novelas; por ejemplo en la segunda, Vientos de cuaresma (Tusquets), que ocurre a principios 1989, el muro de Berlín está al caer y el caso que resuelve Conde apunta directamente al infame juicio y la ejecución en el verano de ese año del otrora héroe revolucionario general Arnaldo Ochoa, acusado de narcotráfico.

Curiosamente (aunque en la isla de Trespatines todo es posible) Padura recibió el  Premio Nacional de Literatura de Cuba 2012. Aunque los medios de comunicación de la isla informaron del hecho, su discurso para la ocasión* fue prácticamente ignorado.
*http://www.youtube.com/watch?v=660TBZ2xDUo

María Palomar
MAY 5

Cincuenta años de la NYRB Por María Palomar opinion@informador.com.mx

A lo largo de 2013 se están celebrando los 50 años de existencia de la publicación literaria más importante en lengua inglesa: The New York Review of Books. En 1963 hubo una huelga de periódicos en Nueva York durante varias semanas y entonces, cenando un día juntos, un grupo de amigos (Elizabeth Hardwick, su marido Robert Lowell, y Barbra y Jason Epstein, el vicepresidente de Random House) decidió sacar una nueva publicación que se ocupara específicamente del mundo de los libros. El primer número salió en febrero y tuvo un tiraje de cien mil ejemplares (la cifra actual de circulación es de 140 mil). En el único editorial que ha publicado la NYRB en sus 50 años, Robert Silvers y Barbra Epstein prometían que la revista se ocuparía de los libros más importantes e interesantes que se fueran publicando, que no habría lugar para los más triviales, pero que también de vez en cuando se denunciarían los fraudes literarios. Y que la calidad de la escritura estaba por sobre todas las cosas.

No solamente la ausencia temporal de la prensa neoyorkina impulsó la fundación de la revista: también existía una preocupación por el bajo nivel de la crítica literaria en los Estados Unidos, que Elizabeth Hardwick había fustigado desde años atrás: “llueven los elogios empalagosos y sin rigor; reina doquier un conformismo universal, un tanto cuanto lobotomizado (…) El libro nace en un charco de melcocha; la salmuera de la crítica hostil no es ya más que un recuerdo” (quizás en el ámbito de las letras en español no suenen del todo extrañas tales observaciones).

A sus más de 80 años, Silvers sigue al frente de la revista, como lo estuvo su coeditora Epstein hasta su muerte en 2006. David Levine la ilustró con sus peculiares, inconfundibles caricaturas durante 45 años. Y el dueño de la empresa es desde 1984 Rea Hereman, de familia de editores y que prometió jamás interferir con la política editorial y dedicarse a hacer dinero “para que Bob Silvers y Barbra Epstein dispusieran de más recursos para sus escritores”.

The New York Review of Books es un ejemplo de coherencia y continuidad: un auténtico tributo a la visión original de sus fundadores y a la serena conducción financiera de Hederman. Publica 20 números anuales y cada uno de los cerca de 20 artículos por número es una reseña completa, inteligente y por lo general estupendamente bien escrita del tema que se trate.

La pléyade de autores que han escrito y han sido entrevistados en la revista no tiene rival en todo el mundo, y aunque necesariamente anglocéntrica, la NYRB se mantiene atenta a lo que se publica en el mundo entero, y no hay tema que escape a su interés. Cuando nos entra lo antigringo y nos hartamos de la cultura chatarra que produce el elefantiásico vecino del norte, no está de más acordarnos que un país que tiene una revista así todavía mantiene en alto los valores de la inteligencia y la ilustración.

María Palomar
ABR 28

Jaritos, otra vez Por María Palomar opinion@informador.com.mx

Liquidación final se llama la segunda novela de una trilogía de Petros Márkaris (Estambul, 1937) que publica en español la editorial Tusquets. El comisario Jaritos busca esta vez a un asesino que se firma “el recaudador nacional” y que empieza a matar gente que debe impuestos al fisco: primero les manda cartas diciendo exactamente cuánto deben y les pone un ultimátum para ir y pagar. Después de dos sonados casos, los que reciben las cartas se asustan y van y pagan: de repente Hacienda empieza a recibir voluntariamente un dineral. Como la crisis de Grecia obedece en gran medida a que el fisco no funciona y por lo tanto el erario está quebrado, eso de que haya alguien que esté obligando a pagar a los ricachones que adeudan mucho hace que surja gran simpatía por “el recaudador”, y hasta los policías no están muy seguros de quererlo encontrar.

Además, el asesino parece ser alguien muy especial, porque mata a sus víctimas con cicuta (el veneno con que Sócrates puso fin a su vida) y le da por dejarlas en lugares arqueológicos, y en los recados que cuelga en Internet usa citas de los clásicos. Jaritos y los funcionarios a su alrededor no tienen idea de por dónde empezar a buscar a un criminal que evidentemente se mueve solo y tiene acceso a las bases de datos oficiales. Pero al mismo tiempo, el comisario tiene problemas en su casa, porque su hija Katerina, ante la falta de salidas profesionales por el estancamiento de la economía, discurre que se va a ir a trabajar al extranjero: tragedia general. Adrianí, la mujer de Jaritos, se lanza cual Antígona al drama total, cosa que se les da muy bien a los griegos.

El gran mérito de Petros Márkaris es que con sus últimas novelas está dando una crónica prácticamente “en tiempo real” de la crisis de Grecia, pero sin darle por su lado a los que la pintan como una conspiración de la malvada Unión Europea. No deja de señalar la responsabilidad de los funcionarios corruptos de los dos partidos que han gobernado en las últimas décadas y de la inmensa mayoría de los ciudadanos de todos los niveles que durante los mismos años han practicado el máximo deporte nacional: no pagar impuestos. Ahora esa mayoría está pagando. Sus ingresos y su nivel de vida han caído en picada, después de la larga euforia consumista que empezó desde que Grecia entró a la CEE y se acentuó con el euro. Y, como siempre, hay víctimas inocentes. Por eso “el recaudador” se convierte en héroe popular. Pero la policía tiene la obligación de dar con él, y Jaritos peina Atenas para encontrarlo. Sus recorridos por el espantoso tráfico ateniense, sus reflexiones y sus peripecias domésticas son, como ya lo suponen los lectores de Márkaris, una puesta al día tanto de una catastrófica crisis como de la vida cotidiana de un personaje entrañable.

El gran mérito de Petros Márkaris es que con sus últimas novelas está dando una crónica prácticamente “en tiempo real” de la crisis de Grecia, pero sin darle por su lado a los que la pintan como una conspiración de la malvada Unión Europea

Su esposo había contraído en el curso de esa gira un horror santo por el Nuevo Continente y despotricaba sin el menor embarazo contra “los mexicanos”, en los que, me pareció englobaba a todos los latinoamericanos sin excepción

Uno de los más dolorosos reveses de su vida –era demasiado orgullosa para hacerlo notar- debió ser la negativa de su Universidad, Oxford, de darle el Honoris Causa, como acostumbraba hacerlo con todos los gobernantes egresados de ese centro de estudios

 

María Palomar
ABR 21

Nace otro gigante editorial Por María Palomar opinion@informador.com.mx

Según parece, se mantiene la tendencia de las últimas décadas al gigantismo de las casas editoriales. Las autoridades antimonopolios de la Unión Europea y de Estados Unidos ya dieron luz verde al proyecto que se planteó desde el año pasado para la unión de dos enormes compañías, Penguin y Random House.

Random House pertenece a la compañía alemana Bertelsmann, la cual será dueña del 53% de la nueva firma. Penguin es una división del grupo multimedios británico Pearson. Tanto Random House como Penguin están entre las seis editoriales más fuertes en Estados Unidos, y esta fusión se interpreta como un esfuerzo por contrarrestar el poder de Amazon, que tiene muy preocupados a los editores por sus políticas de abatir precios de los libros electrónicos y otros productos. Las ventas por internet han causado en los últimos años una revolución en el mundo del libro, y los editores tradicionales han debido revisar sus planes de negocios para reajustar su producción digitalizada y abordar grandes mercados emergentes como China e India.

La nueva compañía abarcará todas las unidades editoriales de ambos sellos en Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda, India y Sudáfrica. También se incluirán en la fusión las operaciones de Penguin en China y las editoriales de Random House en España e Hispanoamérica. Con eso, según los analistas financieros, el nuevo monstruo controlará más de una cuarta parte (el 26%) del mercado editorial del mundo, y aventajará a la firma francesa Lagardère, que actualmente tiene el 17 por ciento.

Markus Dohle, el actual director ejecutivo de Random House, encabezará como presidente y director general la nueva compañía, mientras que John Makinson, director de Penguin, será el presidente del consejo, en el cual Random tendrá cinco consejeros y Penguin cinco.

En la década de 1930, Penguin fue la casa pionera en la producción de libros de bolsillo baratos y de alta calidad, y sigue siendo una de las editoriales más innovadoras hoy en día en cuanto a productos digitales. La fusión busca permitir que ambas compañías puedan compartir costos, invertir mayores caudales y mantenerse en la vanguardia de los avances tecnológicos del mundo del libro. Los grandes descuentos ofrecidos por los negocios que venden en línea y por cadenas de supermercados y tiendas que tradicionalmente no ofrecían libros amenazan la existencia de las librerías, tanto las cadenas como las independientes, con lo cual los editores tienen cada vez menos puntos de venta para sus productos. Y por otra parte, la rápida aceptación de los libros electrónicos ha abatido aún más los precios, mientras que crece la competencia por parte de autores que se autopublican y de quienes hacen ediciones piratas.

 

María Palomar
ABR 14