Por Luis Miguel González (lmgonzalez@eleconomista.com.mx)
El número de internautas en México creció 11% en 2012. Esto es más del doble que la tasa de crecimiento económico, pero no es suficiente porque más de la mitad de la población sigue al margen de la red. Somos 45.1 millones de internautas, de acuerdo con la Asociación Mexicana de Internet (Amipci). Somos sólo 38% de una población que ya supera los 117 millones en 2013. Si dejamos de lado los bebés, son más de 60 millones los que están desconectados.
Once por ciento es bueno, si pensamos que hay pocas cosas buenas en México que crecen a ese ritmo. Es apenas regular o malo si consideramos que a ese paso necesitaríamos 15 años para alcanzar los niveles de penetración que ahora tienen los países de la OCDE.
Internet es el presente y el futuro. Lo malo es que el futuro es uno de los bienes peor distribuidos. Alexis Milo, que es uno de los comisionados de la Cofetel, hizo un cálculo sobre la tasa de crecimiento de la penetración de internet en los hogares entre 2002 y 2010. En el décimo decil, que tiene el mayor poder adquisitivo, la penetración de internet creció casi 40% en ese periodo. En el primer decil, creció menos de 1%. Los cinco primeros deciles que incluyen a la mitad de la población más pobre tuvieron un crecimiento menor a 10% en la penetración de internet en los hogares.
El futuro está mal repartido, pero también el presente. Acceder a internet abre la puerta para ser parte de la vida moderna. Permite comunicarse, acceder a información, hacer trámites y utilizar herramientas educativas de última generación.
El informe que presentó este jueves la Amipci nos ofrece una fotografía llena de datos para ubicar dónde estamos y qué hacemos con internet. El tiempo promedio diario de conexión es de cinco horas 10 minutos. La principal actividad en línea es el envío y recepción de correos electrónicos, seguida por la búsqueda de información y el acceso a redes sociales. La PC sigue siendo el dispositivo de mayor uso para conectarse, seguido por las laptops, aunque el mayor crecimiento corresponde a los dispositivos móviles, como tabletas y teléfonos.
La Amipci no pretende explicar en su informe anual por qué estamos así, ni tampoco ofrecer un conjunto de recetas para dar el salto cualitativo. Para explicar el porqué de nuestra situación abundan los diagnósticos. En términos generales, la mayor parte de las explicaciones caben en dos argumentos que son complementarios. El mercado no funciona porque falta competencia y la política pública no ha sido la que el país necesita: ha fallado la promoción efectiva de la competencia y el acceso a internet de aquellos grupos a los que se tendría que atender como parte de una política social.
Las insuficiencias en política digital nos agravian como consumidores y como ciudadanos. Como consumidores, los mexicanos pagamos más por la banda ancha que los estadounidenses, franceses, alemanes, japoneses, coreanos, brasileños, colombianos y un largo etcétera. Como ciudadanos, participamos en la construcción de un muro que separa a aquellos que participan de los beneficios de la red y los que están marginados. Internet está mal repartido. Si eso no se corrige, llevaremos a una nueva dimensión esa inequidad que tanto nos cuesta. Dejaremos aún más atrás a 50% de nosotros que carece de casi todo.