Desde hace más de dos décadas he sostenido que a México de nada —o de muy poco— le sirve contar con una gran riqueza natural y cultural (materia prima de la actividad y del fenómeno turísticos), si sus ciudadanos no cuentan con la oportunidad de poder disfrutarlos, pues ni siquiera se puede decir que fortalece el sentido de pertenencia de quienes hemos nacido en estas tierras, y ahí están las publicaciones que hemos hecho en éste y otros espacios,
Así, de acuerdo con el léxico que está en boga, hablar de una política nacional de turismo es lo correcto, sobre todo si se parte de la base de que la administración gubernamental requiere hoy en día de políticas públicas, y no sólo planes y programas que vaya usted a saber cómo, cuándo y dónde podrían aplicarse.
En ese tenor, si la letra de la presentación de la política nacional de turismo se lleva a cabo, Enrique Peña Nieto se convertirá en un Presidente que en principio muestra una visión importante en un tema de salud pública indispensable para todos los mexicanos, y que sus antecesores solamente manosearon y utilizaron como tema de campaña y posteriormente para favorecer a sus amigos y gente adinerada.
Ejemplos sobran, pero baste con mencionar que Vicente Fox prácticamente regaló Mexicana de Aviación a uno de sus patrocinadores de campaña: Gastón Azcárraga; además de dilapidar millonadas en dólares para el proyecto de la “Escalera Náutica” hoy desaparecido y malbaratado, y para cerrar con broche de oro, cuasi regalo importantes espacios en Cancún, con todo y los manglares que tanto benefician al medio ambiente.
Por su parte, Felipe Calderón, alias el presidente del turismo, del empleo, de la infraestructura y otras chuladas que se le presentaron en el camino, fue el único candidato que abordó el tema en el debate con sus contrincantes, además, firmó la Nueva Ley Federal de Turismo, en Puerto Vallarta, para mayor puntualidad, sólo para que unos meses después propusiera la iniciativa que desaparecería a la Secretaría de Turismo federal, y sin que a la fecha exista un ordenamiento que haga posible su aplicación.
El mismo Felipito puso la primera piedra de lo que sería un espectacular desarrollo turístico en Sinaloa, el cual serviría para crear miles de fuentes de empleo y sería la palanca de desarrollo regional más importante de la historia de esa zona del país (se quedó en la primera piedra). Y por si eso no hubiera sido suficiente para acabar con la actividad turística —afortunadamente no lo logró—, declaró la guerra al narcotráfico de una manera tan, tan, tan… que nada más dejó 70 mil muertos por todo el territorio nacional.
En ese contexto, cuando Peña Nieto dice buscar que el turismo sea “una fuente de bienestar social, y me comprometo a impulsar acciones que hagan más accesible la recreación turística de todos los mexicanos, para que puedan conocer nuestro país”, lo aplaudo, pues pareciera que el sueño está a punto de ser realidad.