La justicia mexicana Por Armando González Escoto armando.gon@univa.mx

Una indefinible cantidad de mexicanos considera que delinquir es posible y aún deseable, sobre todo en materia de robo. Las cantidades a las que se aspira dependen del grupo social de pertenencia, privando la norma de que a mayor nivel mayores aspiraciones. La mayoría de estos aspirantes conviene en que lo grave no es robar, sino que te agarren en la movida, como lo declarara muy recientemente un conocido político sureño.

Dado que el ejemplo en esta materia lo ha puesto siempre la esfera política desde tiempos inmemoriales, y es justamente la esfera política la que luego parece, pretende o finge averiguar, identificar y castigar a los bandidos, sin jamás hacerlo a no ser por razones totalmente ajenas al ejercicio correcto de la justicia, la honesta ciudadanía aprende que la clave del robo feliz es apostarle a la impunidad perpetua, lo cual incluye tomar precauciones ya que si te agarran no será por ladrón, sino por falta de cabildeo.

Este arte de cabildear tiene su fuerza y genera no pocas sospechas. ¿Los problemas legales que tiene el exgobernador panista de Aguascalientes están vinculados con los que tiene el exgobernador priista de Tabasco, o fue una equivalencia fortuita? ¿Los procesos electorales en 14 Estados del país, tienen que ver con estas jugosas noticias? ¿El asunto del exdirector del Siapa en Jalisco está relacionado con la cascada de denuncias que legisladores panistas han vertido sobre el Congreso estatal? Qué tanto podemos creer en el destierro de la impunidad en el Congreso si los responsables de innumerables abusos cometidos en las legislaturas anteriores permanecen usufructuando sus nuevas funciones, y lo que es peor, la humareda que generan para sacar a los “aviadores” de ayer, no deja ver a los “aviadores” que están llegando hoy.

La mercadotecnia puede sin duda mejorar la percepción que la sociedad tiene de los gobernantes y en muy alta medida, siempre y cuando el ambiente de serenidad recuperado sea de inmediato sostenido por resultados muy concretos y verificables más allá de los discursos y las declaraciones. En este afán mercadológico, los medios de comunicación tienen una singular importancia, un caso hoy emblemático lo constituye la Ciudad de México, que en los tres sexenios anteriores era ya casi el paraíso terrenal, pese a lo que la ciudadanía vivía en el día con día, pero es que los medios hablaban de los malandros de Tamaulipas, Nuevo León, Chihuahua, Sinaloa, Coahuila, Michoacán, del crimen organizado que sólo operaba en esos y otros Estados, pero bajo ningún concepto en el Distrito Federal, cuyas autoridades hoy se empeñan en atribuir al crimen desorganizado los muy bien organizados actos delictivos que por allá se cometen, tan sorprendentes que hasta los gurús de la noticia en México dedicaron parte de su conocido programa al asunto de los 12 desaparecidos del bar “Cielo” (traducción libre del autor), olvidándose de que en la misma Ciudad de México y en el resto del país el número de personas desaparecidas llega a cifras verdaderamente alarmantes. La cuestión de la justicia en nuestro país es un asunto que sigue pendiente, que exfuncionarios públicos de alto nivel sean sometido a ella pudiera ser una buena señal, pero hay todavía que esperar a conocer bien la trama.

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Armando González Escoto
JUN 16

El águila y el dragón Por Armando González Escoto armando.gon@univa.mx

El 15 de mayo de 1911, 303 chinos fueron asesinados en Torreón por las tropas maderistas de Benjamín Argumedo única y exclusivamente por odio racial y despojo. Se fortalecía una campaña en contra de los chinos que no terminará sino hasta 1934, año en que el presidente Lázaro Cárdenas abrogó las disposiciones legales que contra ellos había establecido el presidente Obregón en su momento, más por humanidad que por atención a un antiguo imperio que se resquebrajaba.

Luego de un largo proceso que inició definitivamente en 1949, China ha vuelto a ser el imperio respetable que siempre había sido, sin dejar por ello de mantener las mismas contradicciones que han acompañado su plurisecular historia, sobre todo la más lastimosa: un estado poderoso montado sobre una sociedad crónicamente pobre, numerosa, muy trabajadora, generadora de productos de incomparable calidad cuando y con quien quiere, lo mismo que de infinidad de chatarra nueva.

México había ya iniciado un nuevo acercamiento al dragón asiático durante el Gobierno de Luis Echeverría. Posteriormente se dio un impase ridículamente roto por la visita de la pareja presidencial formada por Vicente y Martita, quienes confundieron el mausoleo del emperador Qin con una versión oriental de Disneylandia. Por supuesto que de esa visita no se obtuvieron sino fotos y hermosos recuerdos turísticos.

No obstante el comercio chino venía haciendo estragos en México, no solamente en la industria textil, también en el mercado del plástico, del latón, de los juguetes, del calzado, y de una infinita gama de herramientas entre otras cosas. China no es solamente un increíble mercado de más de mil 200 millones de habitantes, es también una increíble fábrica de cuanto sea posible imaginar, con un estado tan poderoso que pudo en el pasado reciente construir ciudades verticales que competían con el enclave inglés de Hong Kong mucho antes de que éste volviera a dominio chino. La clave de esta prosperidad hay que buscarla en una fórmula infalible: mantener con absoluta firmeza la ideología comunista y en la práctica no hacerle el menor caso.

La pasada visita del líder Chino a nuestro país, resultado de la visita que el mandatario mexicano hizo a China en meses pasados parece que va por mejor camino que ninguna otra, si nos atenemos a la agenda explícita, a los compromisos firmados y filmados, a las frases seguramente inquietantes para otros vecinos que hablan de una alianza estratégica, y desde luego a nuestra vecindad con otro objetivo comercial del insaciable dragón; pero como siempre el fruto de toda esta escenografía ha de verse en los hechos no en los discursos.

Fiel a la política de no intervención, al Estado mexicano no le interesa la represión y control interno que vive la población china, que la ciudadanía se otorgue solamente al primogénito, que la propiedad de un inmueble comprado prescriba a los setenta años, tampoco las condiciones salariales en que labora la mayoría de la gente, ante las cuales el anterior presidente, Hu Jintao, afirmó que mejorarían en un 100%  dentro de 10 años. Tampoco le interesa el asunto del Tíbet, y tal vez el Dalai Lama no tenga con Peña Nieto una segunda oportunidad. De momento el águila y el dragón parecen convenir.

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Armando González Escoto
JUN 9

Los Eméritos Por Armando González Escoto armando.gon@univa.mx

La administración pública no debe estar en manos de los partidos ya que su turbulencia crónica perjudica seriamente su buen funcionamiento. México es uno de los peores ejemplos de lo que ocurre cuando el servicio público se partidiza, ya que la eficiencia, rapidez, y continuidad de procesos, se paraliza cada tres o seis años; capaces e incapaces deben irse porque los capaces y los incapaces del triunfador vienen por todo con el peor de los propósitos: comenzar todo otra vez.

Encima sucede que los que llegan están urgidos de llegar y los que deben salir se quisieran todavía quedar. El resultado de este estira y afloja es un caos administrativo que repercute, como siempre, en la economía de los contribuyentes, porque siguen ganando lo mismo los recién llegados que los que ya estaban, pero también porque sus conflictos laborales obstruyen el funcionamiento de las instituciones.

Adicionalmente el Gobierno mexicano ha venido arrastrando por incontables sexenios el hecho repetitivo de los llamados “aviadores”, personas que reciben un salario nominal pero no un empleo. Los legisladores deben promulgar leyes que tipifiquen este fenómeno equiparable al fraude, de tal forma que quienes incurran en él no solamente pierdan sus pretendidos derechos laborales, sino que sean obligados a devolver el salario recibido y pagar la sanción correspondiente.

Los detentores de los grandes cargos cantan en un tono diverso; debemos destacar que de un tiempo a esta parte los ex presidentes del país renunciaron a esa vieja práctica, corrupta y enturbiadora, de seguir metiendo su cuchara en asuntos que ya no les competen por el simple hecho de haber dejado de ser lo que eran. Los más inteligentes se fueron hasta del país, por lo menos en tres casos célebres. En cuanto a nuestro Estado tenemos que reconocer que Emilio González, en primer lugar, no se haya quedado con la Casa Jalisco, haya dejado de dar declaraciones, y viva su condición de Gobernador “emérito” con dignidad, es decir, en silencio y lejanía.

Antes las cosas eran distintas, presidentes y gobernadores salientes se sentían con la obligación “moral” de conservar espacios de poder, mantener su protagonismo así fuera tras bambalinas, entrometerse sin escrúpulos en cuanto les viniera en gana, y por lo mismo arruinarle el trabajo al gobernante en turno. Para ello mantenían su clientela sumisa y cooperante, pues había que pagar los favores recibidos. Todo esto era parte de la corrupción típica de personajes políticos, megalómanos y obsesionados por seguir siendo aunque en realidad nunca hubiesen sido, lo cual lo demostraban tratando de perpetuar el poder del que disponían con evidente falta de honestidad; fue tan común esta desdichada práctica que hasta recibió el nombre de “maximato”, allá en los tiempos de María Conesa.

Con frecuencia el síndrome de los eméritos es pensar que solamente ellos gobernaron bien, que sus elegidos eran los mejores, sus decisiones infalibles y su actuación fuera de toda discusión, en tanto sus sucesores no hacen sino equivocarse. Lo paradójico es que este tipo de autocomplacencia en los eméritos inconsolables muestra que las cosas fueron del todo contrarias a lo que ellos creen.

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Armando González Escoto
JUN 2

El lobo y el cordero Por Armando González Escoto armando.gon@univa.mx

En la cúpula panista la humareda es invisible pero igualmente nociva. El fuego azul se venía atizando desde hacía meses porque Cordero se había vuelto un coordinador incómodo para los intereses del presidente del partido y, al parecer, para los del partido mismo. Cordero debió entonces invocar los principios, como suele ocurrir a quienes tienen los intereses en aprietos.

Pero para satisfacción del inmortal Maquiavelo, los discípulos superan al maestro; la maquinaria se echó a andar: si no puedes deshacerte de un colega, margínalo, ignora sus funciones, conviértelo en glorieta para que todo mundo lo evada, dale a otros las tareas que le corresponden a él, toma decisiones y acuerdos a sus espaldas, y vete a comer con todos menos con él, y claro que todos irán, no hay fidelidad más permanente que la fidelidad a la nómina; en tanto ve tejiendo la telaraña para asestar el golpe final; para estos entes, los principios son la forma y la perversidad el verdadero fondo.

Y es que Cordero venía de atrás, Calderón lo habría querido presidente, pero quedó en líder de la bancada panista en el Senado, pero ya sin protección. Madero se tomó su tiempo, un tiempo cada vez más presionado por los compromisos del pacto “por México” de los que Cordero parecía desentendido; el objetivo final era destituirlo, y el elogio que de él hizo el líder perredista fue semejante a colocarlo justo en el paredón. La comisión azul se reunió, no para destrabar el problema sino para redactar el acta de defunción de Calderón y su pupilo sin faltas de ortografía, y dar el espaldarazo al elegido de Madero, el nuevo delfín.

El martes por la tarde se convocó a los medios para hacerlos voceros de la decisión final: sobre una tarima abarrotada, por pequeña, de senadores panistas se ofrecieron los tres rostros del momento, los que sonreían pese a la tensión de la musculatura facial, un señor corpulento que no tenía humor para fingir, y el impasible Madero, firme, contundente, tajante, autócrata, siempre apelando a sus facultades. Enseguida pronunció el nombre esperado, y como brotado a presión de entre sus colegas, el señor corpulento enfrentó a los medios para explicar con transparencia las tres razones por las cuales el cordero había sido sacrificado, por lo menos las razones oficiales, que de las de fondo, ya todo mundo estaba enterado.

La prensa se amotinaba porque no siempre se puede asistir a un espectáculo de este tipo, y como sucede a los mejores actores, a Madero se le salió de control la mente y soltó el tema de un empate, es decir, los panistas involucrados empataron sus simpatías entre no sabemos quienes, pero el presidente del partido, de nuevo haciendo uso de sus facultades, desempató la justa y dejó el cargo a quien ya tenía nombrado.

La ignominia final fue el catálogo de cualidades y aciertos que el entrante reconoce al saliente, pues hasta el más despistado se preguntaría, ¿y si tan excelente era, por qué lo despiden? Cordero adujo en el entretanto que la medida era imprudente, ya que en este año hay elecciones en 14 estados del país, mismas que se podrían ver perjudicadas por este tipo de situaciones, bueno, los corderos suelen ser así, ya que tal vez sea justamente por eso que lo han desbancado.

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Armando González Escoto
MAY 26

Profesionalizar el magisterio Por Armando González Escoto armando.gon@univa.mx

Los profesores y los policías deberían ser los servidores públicos mejor pagados en nuestra sociedad, ya que su tarea es de enorme trascendencia para el desarrollo y el crecimiento de un país.

El sector magisterial contribuye junto con la familia y el conglomerado social a la transformación de la creatura humana en ciudadano de un mundo civilizado, capacitado para seguir generando conocimiento, hábil para aplicar la teoría a favor del progreso, y satisfacer la común aspiración por un estilo de vida cada vez más digno, con abundancia de oportunidades para todas las personas, y garantías de eficiencia en el difícil arte de vivir en comunidad.

La UNESCO hace algunos años establecía los cuatro elementos que todo egresado de un proceso educativo debería mostrar: conocimientos teóricos pertinentes a su grado, habilidades prácticas para poner en ejecución dichos conocimientos, actitudes que sostuvieran el esfuerzo profesional, y valores que garantizaran la honestidad del servicio prestado por un profesional. Cabe suponer que estos frutos que se exigen de un egresado, se exigen en primer y principal lugar de los propios profesores, pues el magisterio se ejerce no solamente desde la cátedra, sino sobre todo desde el propio estilo de vida, éste, más que cualquier otra cosa, demuestra que la enseñanza que se ofrece ha dado fruto en quien la imparte, por la calidad humana del profesor, por su espíritu de servicio, pero también por el éxito profesional que ha tenido y los valores que lo acompañan.

Este nivel de vocación educativa, este concepto actual y global del magisterio es algo que algunos normalistas y profesores no acaban de entender, su lucha es por las plazas automáticas y las hereditarias, por la impunidad frente al fracaso profesional, y el solapamiento de la mediocridad pedagógica y la falta de educación continua; la toma de casetas y autopistas no es para exigir una mejor preparación, ni para abogar por exámenes de promoción honestos y objetivos, no les preocupa crecer como personas ni como profesionistas, sus miras suelen ubicarse por debajo de lo horizontal. Algunos de estos “profesores”, por fortuna muy pocos y muy focalizados en los estados más rezagados del país, preferirían más bien cursos de capacitación en guerrilla urbana, en el uso de instrumentos contundentes o punzo cortantes, técnicas actuales para el asalto de edificios públicos y privados, estrategias para enfrentar cordones policiacos, montaje rápido de bloqueos carreteros, destrucción efectiva del mobiliario urbano y desde luego, un cursillo breve y fácil de entender para seguir medrando en la impunidad.

En los tiempos que corren la competencia se juega en el campo de la calidad y la eficiencia, acompañada de actitudes y valores, es una competencia global, integral, de la que ninguna persona ni institución puede hoy día excluirse a riesgo de quedar justamente excluida de la vida real en el mundo real. El magisterio mexicano debe recorren un camino todavía muy largo para advertir en primer lugar que la anterior mitificación del profesor, que lo hizo tan respetable como inamovible, se ha ya desvanecido de la percepción social, que hoy día nadie puede seguir siendo alguien por el simple hecho de haberlo sido en el pasado.

Armando González Escoto
MAY 19

Tecalitlán Por Armando González Escoto armando.gon@univa.mx

Ubicado en el sureste de Jalisco, municipio y cabecera municipal, de conocida fama por la tradición que les atribuye ser una de las cunas lo mismo del mariachi que de sus sones. Tierra de la Provincia de Avalos por muchos años discutida entre la Audiencia de México y la de Guadalajara, hoy es objeto de nuevas discusiones entre los nuevos poderes que asolan esa vasta región.

No es asunto reciente. Desde los tiempos de “Arriba y adelante” fue una zona de economía dinámica gracias a las grandes “lavanderías” que la industria del narcotráfico estableció lo mismo en los pueblos que en los campos de aquellos lugares, asunto que desde luego implicaba los municipios colindantes, sobre todo los más arrejolados, como Jilotlán y Pihuamo. Pero esos días felices experimentaron cambios difíciles en los últimos años, cuando el poder del narco prácticamente sucumbió ante el poder invasivo y brutal de los sicarios; se conserva en la memoria el recuerdo de la masacre ocurrida hace tres años en plenas fiestas patronales, cuando un numeroso contingente de feligreses se vio de pronto en medio  de una balacera. Las armas que ahí se mostraron nadie las había visto antes, mucho menos la Policía. A la estampida de pánico en que la gente buscaba desesperada casas donde meterse, vino luego la recogida de cadáveres por parte de las propias bandas, en la calle sólo quedaron los muertos del vecindario, acaso los únicos que fueron contados.

Detonado el “terror” el territorio cayó en manos de los cárteles michoacanos, estado colindante con Tecalitlán, y en consecuencia la larga lista de secuestros, chantajes, extorsiones, levas obligadas, asesinatos, huída de la gente a Ciudad Guzmán, a Guadalajara, o a donde fuera. El Gobierno se volvió virtual, el estado de derecho una ficción, la fuerza pública una corporación instruida en su deber de mantener la paz y la seguridad exclusivamente entre los vecinos pacíficos, y capacitada para, por lo menos, mantenerse a distancia de las bandas delincuenciales; todavía los retenes los hacen éstas.

Quienes pensaron que había que tolerar la producción de enervantes, porque era más rentable para los campesinos y porque finalmente los consume el que gusta y quiere, no advertían que una organización delictiva siempre llama a otra, y que ésta será cada vez peor.

Con poca publicidad y tal vez gracias a eso, en meses pasados mucha gente de aquellos rumbos, reventada por la impotencia del Gobierno municipal, estatal y federal, y la prepotencia de los sicarios, decidió hacer uso del derecho constitucional de la legítima defensa, para poner límites a esa escalada de violencia y atropellamiento a sus vidas y a sus bienes, y al parecer de los testigos, las cosas han mejorado ¿habrán aprendido la lección? Pero también: ¿por cuánto tiempo los pueblos seguirán pagando servicios que no reciben, y pagando a su vez para dárselos a sí mismos?

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Armando González Escoto
MAY 12

Testigos protegidos Por Armando González Escoto armando.gon@univa.mx

El programa gubernamental de “testigos protegidos” en parte copiado del existente en el país de los güeros, ha mostrado, en más de algún caso, su enorme capacidad para encarcelar al inocente, liberar al culpable, satisfacer todo tipo de venganzas y provocar resentimientos crónicos.

El programa se basa nada menos que en la buena fe del testigo que, por lo general involucrado en el delito, puede aminorar la pena delatando a sus cómplices. Pero también se basa en la todavía más buena fe de la autoridad que ha de creer con total certeza, anotar minuciosamente, y proceder de inmediato contra cuanta persona sea delatada. Que el testigo protegido aproveche el aventón para vengarse de culpables y de inocentes es algo que, al parecer, no fue suficientemente considerado.
¿Y en qué radica la “protección”? en condiciones abominables que en la historia humana han generado infinidad de atropellos e injusticias: en primer lugar en el anonimato, que confiere al delator toda suerte de garantías lo mismo para denunciar al que sí está implicado que sobre todo al que no. Le sigue la posibilidad de afirmar sin tener que demostrar, o demostrar orquestando escenarios, sobornando testigos, montando trampas, o hasta haciendo fotomontajes de los que hemos conocido ya tantos, sabedor el delator de que las pruebas que aporte jamás serán mostrados a las personas inculpadas. Y como un ciego está guiando a otro se sigue que ambos se asocien para cometer injusticias.

En tiempos de las monarquías absolutas que fueron también los tiempos aciagos de la inquisición, este programa ya existía, innumerables personas fueron entonces acusadas, juzgadas y ejecutadas sin haber jamás sabido el origen de su acusación, ni mucho menos conocer los nombres de los acusadores, ya que éstos o eran “testigos protegidos”, o “cómodamente” anónimos, por lo que ni la Corona ni el “santo” Tribunal sabían quién había sido el delator, interesados como estaban los inquisidores, morbosamente, en perseguir al delincuente, o al antipático, o al oponente o al competidor, con el pretexto que fuera. El aislamiento y la tortura hacían el resto, la misma familia del reo quedaba infamada por tres generaciones, y por supuesto, los bienes del inculpado eran confiscados. Que los monarcas llamaran a eso justicia no sorprende, porque el pretendido y amañado supuesto origen divino de su autoridad todo lo justificaba, pero ¿puede el programa de testigos protegidos del presente ampararse en la legalidad constitucional?

En cuanto a la denuncia anónima, sería viable si va seguida de una honesta, profesional y acuciosa averiguación, sin la cual de ninguna manera se podría proceder; pero que un testigo conocido por la autoridad tenga el privilegio de acusar sin ser careado con su acusado es inadmisible, significa una regresión jurídica de 200 años, y un atropello contra la dignidad humana avalado por la propia autoridad.

Por supuesto, a ninguna institución, ni pública ni privada, secular o religiosa, se le debe permitir el ejercicio de esta forma criminal de “justicia”, pues sería tanto como admitir que dentro de un estado de derecho puedan existir otros “poderes” que pisotean el derecho y por ese ilegal camino destruyan las vidas y los bienes de sus víctimas. ¿Y qué hacer con los falsos testigos?, bueno, 800 años antes de Moisés, el código de Hamurabi ya penaba el falso testimonio con la misma pena que hubiese recibido el falsamente acusado, en México andamos algo retrasados.
 

Armando González Escoto
MAY 5

Cruzada contra el hambre Por Armando González Escoto armando.gon@univa.mx

Descubrir que en México hay hambre no le dará el premio Nobel a nadie. Advertir que en otros países también hay hambre corre la misma suerte, no así interesarse por lo que naciones como Brasil han hecho para erradicarla. Pero se nos escapa que el hambre en México está bastante diversificada, a tal punto que a la hora de repartir pocos habría que se negaran a recibir; basta pronunciar la palabra “gratis” para provocar tumultos y motines en sociedades como la nuestra; aún si lo que se da no sirve para nada, al fin y al cabo, es gratis.

Y es que México ha recorrido un largo trayecto desde la desnutrición hasta  el consumo indispensable, en ese largo lapso de tiempo se ha generado toda una cultura y un lenguaje propio donde la palabra “muerto de hambre” no significa estar a punto de perecer por falta de alimento, sino dos cosas contrastantes: ser un avaro o provenir de una extracción social económicamente muy limitada. Probablemente el muerto de hambre por marginado genera con el tiempo al muerto de hambre por avaro, salir de la miseria fue tan difícil, costó tanto sacrificio, que una vez alcanzada la riqueza se cuida hasta medio centavo; lo cierto es que la percepción real y sobre todo imaginaria de que podemos en cualquier fatídico momento caer o recaer en la miseria, también fortalece la avidez.

En esta misma línea de análisis, el término “comer como pelón de hospicio” habla de que en los hospicios se come poco y por lo mismo sus ocupantes se avorazan en cuanto los ponen ante cualquier vianda; ese avorazamiento acaba por generar estilos de vida, formas de ser, actitudes frente al dinero, la comida, las posesiones. Sin duda que la cruzada contra el hambre podría anular, si prospera, un condicionante que produce conductas de “miserable”, otro término para decir lo mismo.

Pero estamos en México, un país donde todo lo que toca la política se pudre, también los programas en contra de la desnutrición infantil y de subsidios alimentarios, razón por la cual las dignas personas encargadas de la dicha cruzada han debido establecer límites a su campaña, si coincide con procesos electorales, dicho de otra forma: lo sentimos, se quedarán sin apoyos alimenticios hasta que pasen las elecciones, mientras tanto hagan lo de siempre, aguantarse o seguir aprendiendo a no comer. Todo debido a que los comicios también son otro tipo de campaña contra el hambre, que lejos de aplacarla la despiertan volviéndola incontrolable; es la increíble, inaudita, añorada y ambicionada oportunidad de dejar de padecer hambre de por vida y por varias generaciones si éste o aquél logra el triunfo, y por consecuencia hace efectiva la cruzada contra el hambre comenzando por sus más inmediatos promotores electorales. Y saciar el hambre no se refiere simplemente a poder comer por fin tres veces al día, que mal que bien, la enorme mayoría de la clase política lo hace, sino a dar el salto cualitativo y cuantitativo que convierte al pobre en millonario. Entonces habría que entender que la cruzada contra el hambre se desató desde los tiempos de Miguel Hidalgo, y ha tenido su especial campo de realización exitosa en el medio político, sobre todo si se logra el siempre esperado milagro de hacerse rico sin tener que trabajar.

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Armando González Escoto
ABR 28

Estados emblemáticos Por Armando González Escoto armando.gon@univa.mx

En el México postrevolucionario la figura del profesor fue permanentemente mitificada, sobre todo la del profesor rural, que, dejando las comodidades de la ciudad se lanza a los pueblos y rancherías para llevar la luz de la educación y sacar del retraso histórico a la población mexicana que vive en el campo. El cine no fue ajeno a este proyecto, películas como “Simitrio” o “El Profe”, de manera directa, pero muchas otras más de manera indirecta, abonarán al tema de la educación.

La importancia estratégica e ideológica dada por el estado mexicano a la educación explica también el nacimiento de la “Escuela Normal”, institución especializada en la capacitación de quienes aspiran a la tarea educativa. Este compromiso constitucional trajo sin embargo consecuencias tal vez imprevistas. El estado, que ya era el mayor empleador de la nación, creció enormemente su carácter patronal gracias al rubro “educación pública”, con la secuela de burocracia administrativa, sindicato, infraestructura, capacitación, régimen salarial, prestaciones y presupuestos; un conjunto de extraordinario poderío que llevó a la politización del magisterio; inevitablemente la tarea educativa, factor detonante del proceso, pasará al último plano en innumerables y repetidas ocasiones, junto con los padres de familia, verdaderos aportadores económicos de la llamada educación “gratuita”.

Pese a la complejidad del tema, en la mayor parte del país se ha dado una notable apertura del magisterio al planteamiento de nuevos escenarios, a la autocrítica, a la evaluación de resultados globales en la tarea educativa, a una profesionalización del magisterio que garantice su eficacia, sin descuidar un asunto bastante sensible, la adecuada retribución para quienes cumplen con una labor tan exigente y tan difícil.

Pero hay excepciones. Los medios de comunicación nos las presentan día y noche; cualquier distraído que comience a ver, sin audio, lo que ocurre en el estado de Guerrero o lo que ha ocurrido en el de Oaxaca, pensaría sin mayor problema que un conjunto enorme de facinerosos, armados con piedras, palos y tubos, los rostros cubiertos para mostrar su cobardía y garantizarse la impunidad, han tomado por asalto carreteras y edificios públicos, destruyendo lo que a todos los mexicanos les ha costado construir, y ocasionando afectaciones a miles de personas que sí trabajan y lo hacen todos los días. Ya con el audio se enterarán de que estos pandilleros se autodenominan “guerrilleros” porque son de Guerrero, así lo gritan; lo que será muy difícil de entender y aceptar es que esa turba violenta y exaltada esté conformada por los educadores de la sociedad mexicana, por lo menos, de la guerrerense, uno de los estados del país con el mayor índice de retraso en todos los campos, con los municipios más pobres de México, y por ende, exportadores de mano de obra barata para todos los rumbos.

Si la función magisterial fue mitificada, la educación en sí misma no es un mito, sino condición indispensable para la transmisión del conocimiento, garante de la civilización y del progreso tanto individual como social. Prueba de esta realidad es el papel que la educación ha tenido en el desarrollo de las grandes potencias de la era industrial y cuyo beneficio no se ve solamente en la prosperidad económica, sino en el estilo mismo de ser ciudadanía, en el cuidado del medio ambiente, del mobiliario urbano, de la responsabilidad cívica, en la sensibilidad y corresponsabilidad política, en los altos índices de seguridad, en la salud y la higiene, en el trato y en la forma de afrontar y resolver sus problemas.

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Armando González Escoto
ABR 21

Tiempo de Chapala Por Armando González Escoto armando.gon@univa.mx

Cada año por esta época se habla de Chapala, y casi siempre en el mismo tenor: el nivel del lago a la baja por el estío. Es como un ritual cíclico, se hacen reportajes, se entrevista a los pescadores, a los responsables de CONAGUA, a los restauranteros, al alcalde, se despliegan las estadísticas, los porcentajes históricos, se hacen pronósticos, llegan las lluvias, se olvida el tema, y de algún modo todo sigue igual.

El Lago de Chapala, a quien los primeros europeos que lo vieron llamaron “mar chapálico” por su gran extensión y volumen, ha tenido desde la década de los cincuenta del siglo pasado cuatro problemas fundamentales: la sobre explotación, la retención de su principal afluente, el río Lerma, en las presas del Estado de Guanajuato, el azolvamiento, y la contaminación. Ninguno de esos problemas ha sido cabalmente resuelto por ninguna administración ni federal ni estatal. Otras cuestiones como la evaporación forman parte de su ciclo natural.

La sobre explotación proviene principalmente de la ciudad de Guadalajara, que ante la promisoria abundancia de Chapala, cuyas aguas tenía al parecer aseguradas de por vida, se olvidó de buscarla en otros lados, pese a que en el subsuelo de nuestra ciudad corren ríos y se mantienen manantiales una y otra vez descubiertos cuando se hacen pasos a desnivel y una y otra vez entubados y conectados al desagüe.

El principal afluente de Chapala ha sido históricamente el Río Lerma, pero desde hace años este río se volvió de temporada, y por lo tanto, de excedentes, ya que su afluente cotidiano es retenido por diversas presas que para favorecer la insaciable industria agrícola del Estado de Guanajuato se fueron construyendo, y como seguramente el Río Lerma ya no les basta, ahora tendrán las aguas del Río Verde, gracias a la generosidad de las autoridades jaliscienses.

El azolvamiento es un problema serio frecuentemente denunciado pero ante el cual no se ha hecho nada, con la consecuencia de que los manantiales que posee el propio lago se hallan bloqueados, impidiéndole su beneficio.

La contaminación se produce tanto por la entrada temporal del río Lerma, que arrastra en sus primeros envíos todo tipo de desechos, como por las poblaciones rivereñas, cuyas numerosas plantas de tratamiento de aguas residuales apenas habrán servido el día en que fueron inauguradas.

En contraparte no existe en Guadalajara un programa permanente que forme a la población sobre el uso y cuidado del agua; la que aportan las lluvias, en su mayoría, va a parar a los colectores y de ahí a la barranca, ya que las pocas bocas de tormenta que tenemos no almacenan el agua que cae, solamente sirven para alimentar el subsuelo. Ni qué decir del pésimo estado de las redes de distribución, sino que tal vez se mantiene así para contribuir también en ese noble fin de alimentar los lechos freáticos. En cuanto a los proyectos antiguos, como la presa el Purgatorio, ahí siguen, olvidados y recordados más a tenor de las pugnas políticas que de las verdaderas soluciones.

armando.gon@univa.mx
 

Armando González Escoto
ABR 14