Triste coincidencia Sábado, 15 Septiembre 2012 por Lourdes Bueno

Al entrañable Ernesto de la Peña

Conocí a Ernesto de la Peña en casa de mi hermano Miguel Bueno, filósofo y entonces director del INBA; amigos desde la infancia, compañeros en la universidad, compartían un afecto más allá del tiempo y un inacabable gusto por la música, especialmente la ópera; en las comidas cotidianas la cultura y el conocimiento, gratas charlas donde la sabiduría era y los aprendizajes se daban; tardes en las que el tiempo resultaba sólo un referente para saber que la sinfonía escuchada iniciaba su tercer movimiento.

Ahí, entré a las tormentas de Mahler y a las playas de sus adagios; aprendí la enorme diferencia entre una Madama Butterfly cantada por la Callas y una por la Tebaldi, matices de voz sin comparación. Con ellos conocí la Bachianas Brasileira 5, de Villa-Lobos, en la delicada y dulce voz de Victoria de los Ángeles y, en ese juego de melómanos, el contraste creado con la interpretación de Joan Baez, desgarramiento latino, grito de un pueblo.

Y fue ahí también, en casa de mi hermano, donde recibimos la noticia de la errática pretensión que empujó a México a entrar al club de los países ricos. La opinión de los presentes fue devastadora: tratar a México como país desarrollado, con la desigualdad existente, basándose sólo en 10% más rico de su población, pasando por encima de 90% restante: una aberración. Se pagará caro, señalaron ambos, y tuvieron razón. Estatus para el lucimiento que logró, además del espejismo, que se perdieran apoyos financieros que el Banco Mundial ofrece a los países emergentes con intereses muy blandos.

Dos noticias, la muerte del querido Ernesto y la entrega de la OCDE de un paquete de “sugerencias” a Peña Nieto. Otra vez este organismo suponiendo que la lógica de inversión, desarrollo y crecimiento de los países ricos, es la misma que la de los emergentes; aberración antes, disparate hoy.

Se olvida que para llegar a ser desarrollado, se debe avanzar de formas distintas a como avanza un país ya rico. Porque la OCDE, si bien parámetro, resulta un organismo económico que tiene entre sus objetivos contribuir al desarrollo de la economía mundial, una circunscrita a pocos, y donde México es sólo el país con más bajas puntuaciones en casi todas las áreas.

Porque si en los años ochenta entrar a la OCDE resultó complejo, recibir hoy sus directrices, resulta de poco respeto cuando se espera que Peña Nieto procure un desarrollo menos inequitativo a partir de las necesidades internas del país, como prometió en campaña. Porque Brasil, potencia que rebasó a México en los últimos 30 años, sabe que orientaciones internacionales sí, pero a la manera de brasileña…

Así, hoy se extrañan a quienes miran más allá de las coyunturas de un país que quiere avanzar, pero que no lo dejan…se abre paso a la nostalgia de una independencia que se evapora; se ve a un ex colaborador de Zedillo, queriendo ser el Pepe Grillo del plan nacional...Y se siente la añoranza de hombres como Ernesto de la Peña. Al final, un grito: demasiadas pérdidas.