Darle cohesión e identidad a esta Patria no ha sido fácil. Nuestra historia está plagada de sacrificios, abusos, explotación, sometimiento, manipulación, traiciones, cientos de miles de muertos, grandes hombres y leyes para presumir, aspiraciones y esperanzas, decisiones trascendentales y omisiones descomunales.
Hoy es la ceremonia del Grito de la Independencia, un ritual que de manera puntual desde hace décadas se repite en cada presidencia municipal y en cada palacio de gobierno, sólo para recordar a los “héroes que nos dieron Patria” y lanzar vivas enjundiosas a nuestro México.
Pero desde hace tiempo la cita de septiembre va perdiendo fuerza y sentido si la convocatoria la hacen los ilustres gobernantes miembros de la clase política mexicana que década tras década, aniversario tras aniversario, han ido agotando el fervor patrio y el orgullo nacional...
Estamos en plena transición y pronto tomarán posesión otras autoridades para hacerse cargo de la Presidencia de la República, y de varios gobiernos estatales y municipales a lo largo y ancho del país, sin embargo, en una percepción personal, creo que el entusiasmo y las expectativas de cada sexenio y/o trienio porque ahora sí las cosas cambien, también se han ido agotando.
Con frecuencia se escuchan quejas que enfocan sus objetivos en México; con palabras altisonantes y groserías burdas se critica al país cuando algo no funciona, cuando alguna oficina burocrática hace gala de corrupción; cuando fallan los servicios de todo tipo; cuando se aumentan los impuestos o la gasolina; cuando los maestros faltan a dar clases o cuando hay marchas y manifestaciones; con los embotellamientos y caos viales; y el país está en las malas palabras y los corajes cotidianos en las instalaciones del Seguro Social, en los mercados, en las escuelas, en las calles y en los bancos… Todos los días.
Y hay un descontento generalizado y hay desazón y desaliento; desesperanza y cansancio, enojo y resentimiento; también tristeza.
Algo no funciona, pero no es el país. El país somos los mexicanos, las mayorías trabajadoras que pagamos puntualmente nuestros impuestos y aspiramos a mejorar nuestras condiciones de vida, la calidad de nuestra existencia; los mexicanos que sí amamos a la Patria y nos inflama el orgullo y la alegría cuando gritamos “¡Viva México!”, los que no necesitamos ir a ninguna plaza para sentirnos mexicanos y refrendar los lazos que nos unen y nos identifican; los que nos empleamos a fondo porque se superen carencias, diferencias, por ser ciudadanos cumplidos y ejemplares; los que no hallamos en el catálogo de valores ni la traición, ni el odio, ni la corrupción; los que vamos a votar y creemos, una vez más, creemos; los que confiamos.
No es el país, es la clase política, los partidos y las estructuras burocráticas.
El festejo de la Independencia tiene que incluir vivas por todos y cada uno de los habitantes de este maravilloso, generoso y grandioso país.