Llamarada de petate Domingo, 9 Septiembre 2012 por Carlos Corvera Gibsone

Qué es lo que sigue ahora que oficialmente, para bien o para mal, tenemos  nuevo presidente. Se acabaron los miles de indignados en las rede sociales, el movimiento #YoSoy132, se descuajó reduciéndose a un desorganizado montón de desconcertados activistas.

En fin, lo que importa de hoy en adelante, es qué vamos a hacer con todo lo que se ganó; porque se ganó, y mucho. Pero, todo esto puede  reducirse a “nada”, si  caemos en típica actitud de “llamarada de petate” tan común en nuestra idiosincrasia.

Tenemos como primer paso, exigir lo que tanto gritamos en las redes sociales; que la indignación expresada en mil formas, no quede en simples repeticiones de pensamientos.

Las elecciones simplemente no fueron limpias, pero esto no sólo  incluyó a un partido, a través de la historia ha sido lo mismo. Y esto incluye al mundo en general. Lo que sí puedo asegurar es que dimos un paso muy importante democráticamente hablando. Nadie, ni los partidos ni los candidatos esperaban una confrontación tan nutrida de cuestionamiento a su pedido y a sus propuestas.

Por esto insisto. En que la continuidad, el cuestionamiento,  las manifestaciones que no afecten a terceros, son fundamentales para hacerles saber a nuestros representantes, en que estamos de acuerdo y manifestarles qué es lo que queremos como país.

En cuestiones de corrupción y acordándonos de que los funcionarios públicos trabajan por y para nosotros, no debemos permitir que nadie siga lucrando con nuestro dinero; es una descarada burla que se sigan protegiendo entre ellos mismos y frente a nuestras narices, tomándonos como s ignorantes que olvidamos con el tempo, o peor que eso: nos acostumbramos a ello, como es el caso de los líderes sindicales (Elba Esther, Romero Deschamps, Napoleón Gómez Urrutia). O gobernadores que endeudan a su Estado sin el menor recato, y hasta Presidente de la República llegan.

El camino, como toda evolución, será lento. Lo importante es que ya se dio un gran paso: es una responsabilidad de todos nosotros dar continuidad, no con palabras sino con “acciones”, como diría mi abuelita: “Hechos, no palabras”.

Que todo este esfuerzo no sea al final “una llamarada de petate”.