El Museo de la Ciudad es una institución de la que por varias razones podemos sentirnos orgullosos los tapatíos. Gracias a una gestión atinada y entusiasta y al apoyo que ha sabido ganar de los ayuntamientos a lo largo de los últimos años, el museo ha podido mantener una buena agenda de exposiciones, cursos y actividades diversas. Además, se ha logrado recuperar otra sección del convento de las Capuchinas que ahora añade al edificio original nuevas salas, bodegas y biblioteca.
Las dos salas recién terminadas para exposiciones temporales en la planta alta se inauguraron en días pasados con la muestra titulada Bajo tu amparo nos acogemos... Patronos jurados de Guadalajara, que estará hasta septiembre. Es una exposición pequeña que sin embargo recoge siglos de historia, a partir de la errante Guadalajara de la conquista, cuando se juró como primer patrono a San Miguel luego de que en vísperas de su fiesta los aterrados vecinos de Tlacotán lograron repeler un feroz ataque. Y así como Guadalajara se mudaba de emplazamiento llevando a cuestas escudo y títulos concedidos por el César Carlos, así también anduvo hasta su asentamiento definitivo cargando con el compromiso que su Ayuntamiento contrajo con San Miguel y que seguiría cumpliendo hasta la consumación de la Independencia.
Y es que en esta exposición no se trata de explorar devociones populares o alentadas por la Corona o el clero, sino de los patronazgos que la corporación civil, el Ayuntamiento, buscó y formalizó por su cuenta con las potencias del Cielo. El bienestar de los vecinos y la atenta gestión de la cosa pública implicaban la defensa contra riesgos y catástrofes: ataques armados contra la población, rayos y tormentas, inundaciones y plagas, epidemias y otros azotes fueron los motivos para que la célula básica de la organización política, el Cabildo de la ciudad, estableciera contratos con distintos santos capaces de interceder para la protección de Guadalajara. Así, a finales del siglo XVI se elige a San Clemente Romano, Papa (contra los temblores, los animales ponzoñosos y los rayos), en el siglo XVII se juran los patronazgos de San Martín de Tours (contra las plagas de hormigas y alacranes) y de San Sebastián (contra la peste y las epidemias en general), mientras que en el XVIII se designó a Nuestra Señora de la Soledad como abogada contra los temblores y a la Virgen de Zapopan como protectora contra las tempestades y sus secuelas de inundaciones y enfermedades.
La exposición vale la pena no solamente como repaso histórico, sino también y en primerísimo lugar porque las piezas expuestas, que datan desde el siglo XVII hasta el XX, son una maravilla y hay que aprovechar la oportunidad de verlas, ya que por lo general no están expuestas al público pues en su mayoría pertenecen a colecciones privadas.
Gracias al Ayuntamiento, al Museo de la Ciudad y a su directora.