Narcobloqueos y descomposición social Sábado, 10 Marzo 2012 por Rubén Martín

Guadalajara vivió ayer la peor jornada de violencia e inseguridad de su historia reciente. Por más que el Gobierno de Emilio González Márquez pretendió minimizar los hechos hablando sólo de dos “bloqueos” y 25 vehículos incendiados, fuentes de la propia Secretaría de Seguridad Pública estatal confirmaron más de 20 puntos de bloqueo en todo el Estado; además de la Zona Metropolitana de Guadalajara, hubo incidentes en los municipios de Ocotlán, Sayula, Techaluta, Valle de Guadalupe y Mazamitla.

La jornada de ayer confirmó que el poder de violencia desatado por organizaciones del crimen organizado es superior a lo que nos imaginábamos, y para nuestra desgracia, peor de lo que las propias autoridades creían.

Apenas hace unos días el procurador de Justicia de Jalisco, Tomás Coronado Olmos, atribuyó la “percepción” de inseguridad que se vivía en el Estado al “Pacorro”, Francisco Daniel Yeme Gómez, quien con su célula es responsable de 57 muertos violentos ocurridas en la zona metropolitana.

Los hechos de ayer desmienten al procurador y desmienten al gobernador y a sus funcionarios, quienes desde el inicio de la administración han minimizado la violencia e inseguridad que se vive en Jalisco y recurren a la salida fácil de decir que el Estado está mejor que otras entidades.

Pero no es así. Se puede afirmar, lastimosamente, que la “paz social” que se percibe en la Entidad existe hasta que  el crimen organizado quiere. Hay varios elementos para considerarlo así. El primero tiene que ver con la parte más visible del fenómeno: en Jalisco existen 23,612 policías estatales y municipales [http://www.informador.com.mx/jalisco/2012/354487/6/infimo-avance-en-certificacion-de-policias-en-jalisco.htm], que fueron incapaces ayer de someter a menos de 20 células del crimen organizado que actuaron en la zona metropolitana y en otra media docena de poblaciones. Lo menos que puede decirse de la fuerza pública estatal y municipal es que es incompetente. La incompetencia deriva de la falta de coordinación entre las policías (a un año de los anteriores narcobloqueos no se tiene un protocolo de cómo actuar en estos casos), de su falta de entrenamiento y de la corrupción. Es sabido que el narco tiene comprados o amenazados a varios alcaldes. ¿Cómo enfrentar a la delincuencia organizada, si el enemigo está adentro también?

Aún siendo grave la incapacidad de la fuerza pública para responder, y siendo grave la debilidad y corrupción de las instituciones, lo más grave es el contexto que permite que estos hechos ocurran.

La violencia surge, obviamente, donde hay condiciones para ello. Y en nuestra sociedad están presentes todos los elementos que conforman este cóctel explosivo: pobreza, falta de trabajo o trabajo precario y muy mal pagado; falta de oportunidades de educación, en resumen, cientos de miles de jóvenes sin futuro.

En el fondo estamos ante una crisis general, una crisis civilizatoria. El proyecto de futuro (de vida) que el narco ofrece a los jóvenes es más atractivo que el que ofrecen el Estado y el mercado capitalista.

Esta es la triste realidad y más nos vale aceptarla para actuar en consecuencia. Ya son muchos años que la clase política se hace tonta ignorando o minimizando el problema. Necesitamos cambios radicales, urgen, antes de que todo termine descomponiéndose.