Lectores y políticos… Domingo, 22 Enero 2012 por Francisco Baruqui

 

Las mujeres embarazadas o lo están o no lo están…  No cabe el “parece que…”
 
En estos tiempos que ya padecemos, —porque en los de elecciones el ciudadano tan corriente como común padece—, hay un tema que por su importancia y trascendencia, en su esencia, en su forma y en su fondo, para mí encierra un todo de algo que, fundamentalmente  se ha ido perdiendo y se conoce como confianza…  Algo que aunque brilla con mucho por su ausencia, todavía, —aunque poco, muy poco, poquísimo en el sector político—, existe en la gente de bien y que se conoce como HONESTIDAD…
 
Y comento sobre el tema porque como principio recibido en la formación familiar, escolar y universitaria,  la honradez es siempre digna de elogio, aún cuando no reporte utilidad, ni provecho ni recompensa, como era la fundamentación filosófica desde los tiempos de la antigua Grecia, que integraba la norma de conducta de aquellos en quienes se podía confiar.
 
En el hoy…  En el hoy vale reflexionar cuestionando, sobre cuánta dignidad debe tener el hombre honesto y, a la vez, cuánta honestidad la que tenga el hombre digno…
 
Es cuestión de principios toda vez que se medita que la dignidad no consiste en nuestros honores sino en el reconocimiento de merecer lo que de una u otra forma tenemos.  Esto, no se dude, vale el pensar al tiempo en el que con la descomunal oferta política para México en un circo-mercado de protagonistas que buscan y se valen de todo para provechos y beneficios personales y partidistas, “despojándose” del esencial motivo digno y honesto que es el de ver por la ciudadanía y con ella por el país, la trascendencia que encierra la reflexión sobre el ejercicio del sufragio, reviste la importancia, —haciendo memoria—, de por quienes votar.
 
Y hago esta referencia porque el recordar lo que ha sido y ha sucedido, quiéranlo reconocer o no los que medran del presupuesto y se enriquecen como se han enriquecido, permite valorar en las justas dimensiones, a la gente que busca proyectarse como servidores públicos, señalándolo con toda claridad desde el más modesto de los burócratas hasta el mismo presidente de la nación.
 
Trato esto porque, al margen de la preparación y las capacidades que los pre candidatos, o candidatos, ya van exhibiendo, —carencias y miserias incluidas—, vale recordar que los pueblos sin memoria viven condenados a cometer los mismos errores que los han hundido.  Y los que la buscan, que contemplen, si en algo les importa y valoran, el sentido de otro principio esencialmente importante que deberían ostentar y ejercer de ser favorecidos con los puestos por los que van, que no es otro que…  Que el de la VERGÜENZA…
 
La vergüenza, sí, que se entrelaza con el de la honestidad y la dignidad, porque el hombre que es honesto…  Que es digno…  Que tiene vergüenza, puedo y debo escribir que es un hombre de HONOR…
 
Y…  PENSÁNDOLO BIEN.
 
Y…  PENSÁNDOLO BIEN, así lo he creído siempre, que el honor y la vergüenza por naturaleza misma surgen sin condiciones; todo consiste en ocupar y desempeñar bien el puesto para que se alcance la honra.
 
Cosa, pues, para mis lectores y…  Y consejo, pues, para políticos…