De los cinco que teníamos, ¿ya nomás nos queda ni uno? Sábado, 21 Enero 2012 por Martín Casillas de Alba

El “actor en campaña” se rodea de los reporteros de la fuente para sonreírles lo mejor que puede. Sabe, como cualquier villano que se respete, que bien puede estar clavándole una daga a su enemigo y, al mismo tiempo sonreírle. Pero él les confiesa abiertamente que “no es actor” y lo dice después de haber ensayado para que la queja salga lo más naturalito que pueda.

Un buen actor se transforma en escena y deja de ser aquel que era, para ser otro: ése que espera la gente represente y sea creíble que es el verdadero, el único capaz de hacer que sus vidas cambien… siempre y cuando, voten por él en julio 2012.

“Probablemente ninguna otra experiencia artística tenga un efecto tan poderoso sobre el ánimo y la conciencia del ser humano como una buena obra de teatro —escribió Vargas Llosa después de haber visto a Vanessa Redgrave en El año del pensamiento mágico—, porque ése es el mejor simulacro que existe de la vida” y con este argumento y lo que aseguraba el nostálgico Jacques de que “todo el mundo era un teatro y todos los hombres y las mujeres simples actores que tienen su entradas y salidas”, no podemos aceptar que un político en campaña no esté actuando, como todo mundo lo hacemos.

Los reporteros conocen de su capacidad actoral desde hace más que una década y conocen sus intentos a principios de año para desearle a la gente “paz y amor”, tratando ahora de transformarse en el escenario y dejar de ser quien era, anunciando que sólo él puede hablar del futuro promisorio.

Cuando se sube al escenario disfruta mucho de su público que sabe está “ávido” de mejorar su vida mágicamente, sin esfuerzo. Y ya estando en el escenario señala los errores de los otros, nunca los propios, y les dice que ya deben estar cansados de esa mafia en el poder, pues él es el único que puede corregir eso y acabar con ellos. Al mismo tiempo, dice haberlos perdonado ofreciendo el “nuevo cambio”, como el que desean si es que llega a Los Pinos.

Se queja de las fotos que le publica la prensa y les dice que siempre lo sacan serio o enojado, con el ceño fruncido, cuando, en realidad, él casi siempre sonríe. Pero justo en ese momento frunce el ceño y siente los flashes de las cámaras que le apuntan y como buen actor les dice que cómo puede sonreír si está viendo “la miseria de esos pueblos por los que anda en campaña.”

En fin, uno de los cinco que teníamos que se han subido al escenario en este año bisiesto y tal parece que ya no nos queda ni uno.