Cuarta de forros Domingo, 8 Mayo 2011 por María Palomar

La cuarta de forros (contraportada) de los libros suele ofrecer al cliente de las librerías el primer contacto con una obra, lo cual quiere decir que empieza a leerla por el revés y que muchas veces lo que ahí dice determina si la compra o no. Antes del siglo XX no existían esos textos liminares que se imprimen en la cuarta de forros y que comenzaron luego a usarse, allá por 1920, como instrumento de publicidad. La cuarta de forros tiene un valor estratégico indiscutible como zona indecisa entre el “adentro” y el “afuera”, una especie de zaguán del libro que invita a entrar en él. Redactar esos reclamos no es asunto fácil. El editor tiene que hacerse muchas preguntas: ¿Qué lugar dar al texto, qué extensión debe tener para despertar el interés sin aburrir? ¿Quién debe escribirlo? ¿Puede el autor decidir el contenido de la cuarta de forros y, con ello, influir en el aspecto comercial de su obra? Lo más frecuente es que los editores convenzan a los escritores de que, si bien ellos hicieron la joya, a la casa editorial le corresponde hacer el estuche... Pero hay autores que se empeñan en escribir ellos mismos esos textos, a lo cual acceden algunas editoriales en el caso de gente muy, muy reconocida e influyente. A veces incluso hay quienes se dedican específicamente a esa tarea: Roberto Calasso la desempeñó durante años en la editorial Adelphi de Milán, y más tarde publicó algunos de esos breves textos en Cien cartas a un desconocido. En las editoriales serias (especie en vías de extinción), quien se ocupa del tema ya leyó el libro y se basa además en las notas de lectura del editor o el traductor. A veces se proponen los borradores para la cuarta de forros a los autores, que pueden sugerir correcciones o cambios. Hay sellos y colecciones que establecen una extensión determinada. Todo esto indicaría que no existen reglas fijas y en cada caso los editores determinan qué se hace con la contraportada. ¿Cómo invitar a la lectura sin caer en el discurso del marketing? La cuarta debe idealmente evitar la sequedad del informe y la melcocha laudatoria, y eso requiere de cierto oficio. El texto también tiene que ser claro y útil, para que el lector potencial se dé una buena idea del contenido (aunque por supuesto que la editorial nunca va a imprimir ningún comentario que pueda dañar sus ventas). La cuarta de forros es el agujero de la cerradura por el que se vislumbra el libro. Por eso no puede aspirar a concentrar toda la información, sino más bien a señalar, en su brevedad y con sus lagunas, el valor de la obra. Porque si un centenar de páginas pudieran resumirse en unos cuantos renglones, se estaría negando el interés del libro.