MADRID, España.- Se piensa que un rey en los tiempos modernos que se viven, puede resultar figura anacrónica, antigua, pasada; personaje de tiempos históricos idos de país resistente a cambios y transformaciones, en también tiempos mismos que obligan a transformaciones y cambios que implica la democracia del hoy.
La monarquía española no, no atraviesa por sus mejores momentos… La imagen de la Casa Real afronta un deterioro patente derivado en el distanciamiento entre sus propios miembros, con el divorcio de una de las infantas, Elena, y la conducta deshonesta, imperdonable para gran parte de los españoles, del yerno del monarca Iñaki Urdangarín, —apodado “Urdanga” por la pícara ironía popular—, involucrando a su esposa la otra infanta, Cristina, en los sucios manejos financieros que le han significado pingues beneficios explotando su papel de privilegio, como tantos políticos corruptos, en una posiblemente deleznable impunidad.
Por cuanto al rey Juan Carlos, basta el que haya tenido que pedir un perdón público por errores de sobra conocidos y comentados en diferentes medios sociales censurándole con acritud.
De la Reina Doña Sofía, ha sabido con la categoría y dignidad de su linaje, mantener el tipo gozando de respeto y admiración, apoyando al príncipe Felipe que empieza a tomar timón alistándose para cuando la ocasión lo requiera. Así…
Así, sorteando la monarquía española variedad de conflictos cuando el país enfrenta tiempos harto difíciles, se enfoca el rey a tomar conciencia de la gravedad de los sacrificios y padecimientos de una población fuertemente golpeada, hundida en un tenor de desánimo, de desencanto, y en los sectores más vulnerables, de desesperación.
¿Cuál es pues su papel…? Conociendo su trayectoria desde el exilio familiar en Portugal, la preparación militar, política y diplomática a la que fue sometido por Franco para ponerlo en poder, afrontando una problemática gravemente peligrosa que llegaría hasta un intento fallido de golpe de Estado, su función probada ha ido, —y creo que debe ir—, en acción moderadora, de arbitrio, que la misma Constitución le encomienda en la aplicación funcional no tan solo en imagen de ornato, sino como en el esencial compromiso de la Corona española.
El estímulo que lleva la proposición apartidista del monarca, toma muestra reuniendo, por separado y en total privacía, a los tres ex presidentes de Gobierno, González, Aznar y Zapatero y posteriormente con Pérez Rubalcaba dirigente del PSOE, al tiempo que los cuatro en la misma forma, lo han hecho con el actual, Mariano Rajoy.
¿Temas…? Indudablemente la grave, muy grave situación económica y política, ante la cual la función de Don Juan Carlos, enfilada a la unión al margen de intereses partidistas y gremiales como obligación fundamental, para con ACUERDOS, buscar soluciones en la toma de medidas determinantes.
Corresponde pues al rey como Jefe del Estado ir por la suma de voluntades con la conciliación y el buen juicio, la concordia en el empujar parejo, cuando el deseo de los ciudadanos, cansados del mal circo político, se refleja en encuestas de opinión por cómo perciben a muchos de sus tan desprestigiados representantes. Y… PENSÁNDOLO BIEN.
Y… PENSÁNDOLO BIEN, lo aseguro, nada se logrará si no se reinstitucionaliza la actividad política de España.
Vale pues que Don Juan Carlos sea, de una vez por todas, un rey en servicio…