Trabajo de inteligencia Por Gabriela Aguilar puntociego@mail.com

¿Se acuerda del nombre de “Félix Beltrán León”? Fue capturado y presumido por las autoridades de México y Estados Unidos como el presunto hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán el pasado mes de junio. Ha transcurrido casi un año de aquella noticia en la que se anunció que, debido al “trabajo de inteligencia” de ambas naciones, se había logrado el objetivo y hasta ya daban por hecho el fuerte golpe a la organización criminal del capo. Días más tarde, la información fue desmentida por la propia Marisela Morales quien era titular de la Procuraduría General de la República y que escribía las primeras señales contundentes de su débil y engañosa forma de operar. Aquel muchacho cachetón que fue presentado a los medios, al cual defendieron familiares y abogados con fotografías, fue parte de esas “tácticas estratégicas” para combatir el crimen.

¿Cómo confías en autoridades que dicen trabajar por el bien común cuando los resultados son como lo ocurrido con este joven del que ahora nadie se acuerda y sabe en dónde quedó?

El 20 de mayo el alcalde de Zapopan, Héctor Robles, aseguraba en la colonia Santa Margarita, que fue por los trabajos de inteligencia que se había capturado al presunto responsable de la muerte del ciclista ocurrida un día antes en el bosque El Centinela. ¿Qué pasó después? Que siempre no, no fue.

El domingo pasado se repitió la historia: fue anunciada la pesquisa, en menos de 24 horas, de uno de los responsables de la terrible y lamentable agresión de los campistas en la zona de El Diente y luego, cuando capturaron a los que sí eran, resultó que no, que el primero anunciado sólo vio y se fue del lugar, claro, ayudó a que el “trabajo de inteligencia” diera con los autores materiales, aún sabiendo que esa zona ya había sido uno de los focos de alarma que estaban prendidos desde hace tiempo por la falta de vigilancia y por los grupos de maleantes que ahí se reúnen.

Este martes el ahora fiscal general Luis Carlos Nájera trajo de nueva cuenta las palabras mágicas: “Trabajo de inteligencia” para referirse a la captura de sujetos involucrados también en hechos delictivos.  Sólo que dieron con dos de ellos más que por la estrategia aplicada, porque amenazaron con pistola en mano a un automovilista el 14 de marzo en el centro tapatío, es decir lo que se conoce como una “chiripada”.

¿Y entonces? Que la vida nos libre de cruzarnos en el camino del equipo de inteligencia de estos gobiernos porque podemos ser también culpables, aunque sea por un par de horas, en lo que “atarantan” al pueblo con la captura… ¿de los malos?
 

Gabriela Aguilar
MAY 16

¿Estado? Escéptico Por Gabriela Aguilar puntociego@mail.com

Está comprobado que ser testigo directo o indirecto de hechos violentos genera reacciones en el cuerpo como miedo, ansiedad, parálisis o pérdida de sensibilidad en una parte del cuerpo, histeria, convulsiones o amnesia; lo advirtieron los psicólogos al inicio del sexenio federal anterior. Ahora la tendencia que los expertos en salud mental destacan es el desarrollo del escepticismo y la falta de asombro. Es tanta la violencia y las formas en que se ha desbordado, que la cifra de muertos de hoy se olvida mañana.

Compartí en este espacio mi experiencia con el robo y secuestro, me llamó la atención que más de alguno me recordó a mi madre por el “cuento chino y de vaqueros” que relaté. De la catarsis expresada resultó muy buena la aportación de algunos lectores que compartieron experiencias similares y aunque a muchos les suceda al grado de ser inverosímiles, créanmelo, son reales.

Una de ellas tuvo que ver con don Toño, un  invidente de 45 años que conocí en octubre  en una entrevista donde me compartió la experiencia de su “nueva discapacidad”, que consiguió en 2004 por un fuerte golpe en la cabeza resultado de la volcadura de su auto al manejar con exceso de velocidad y alcoholizado.

Hoy no tiene trabajo, pero sí una esposa y cuatro hijos que lo ayudan a salir adelante. No hay foro o actividad relacionada con la discapacidad a la que asista auxiliado de su hijo David, de 15 años. El joven lo dirige a todos lados, renegando a veces de ser un lazarillo en lugar de disfrutar su fugaz adolescencia.

El sábado, en uno de esos eventos, ahí estaban ellos. Al saludarlos me llamó la atención el brazo vendado de don Toño y las gasas en la mano de su hijo.  El pasado 13 de marzo el adolescente, iniciándose en el manejo de una carcachita que sirve para olvidar los trayectos en camión de ambos, no alcanzó a frenar y se impactó levemente contra una camioneta en la colonia Oblatos. Don Toño, a su lado de copiloto, le dijo que se bajara, hablara con el conductor del otro auto y llamara al seguro. Con lo que nunca contaron fue que se bajó enfurecido con un arma en la mano gritándoles, amenazándolos hasta disparar un tiro que rozó a uno y destrozó un dedo de la mano derecha de don Toño. Como pudo David dio marcha atrás, ensangrentados, perseguidos por los balazos que se escuchaban tras su huida.

El exceso de confianza de unos es la debilidad mejor aprovechada por quienes delinquen y para los que ahora forman parte de esta nueva modalidad: descargar su frustración y enojo a través de un arma sin importar la vida de nadie.

Hasta hace un tiempo se creía que la inseguridad en Jalisco era un asunto de percepción,
que nos guste o no, ya rebasó la realidad con historias como la que compartí hoy.
 

Gabriela Aguilar
MAY 9

Nada Por Gabriela Aguilar puntociego@mail.com

Afuera del motel las reglas habían cambiado. La idea era ingresar y esperar ahí hasta las 12 de la noche para sacar más dinero de las tarjetas de crédito. “Si te portas bien te van a dejar en el cuarto, si intentas hacer algo, lo mejor que te pueden hacer es amarrarte y meterte al baño, lo peor… tú imagínatelo”.

Esas fueron las últimas palabras del hombre que, a punta de pistola, abordó mi vehículo e hizo que recorriera con él las calles de Guadalajara mientras obtenía dinero de los plásticos. Si intentaba mirar a otro lugar que no fuera el piso el resultado eran jaloneos y golpes, sobretodo en los brazos y piernas que quedaron marcados durante casi 15 días recordándome que el pánico y el miedo son el principal objetivo que deben infundirte para controlarte.

El hombre bajó del carro. Advirtió que llegarían por mí sujetos más agresivos. Pasaron 15 o 20 minutos quizá. De pronto, se escuchó que alguien abrió la puerta, subió y prendió el motor, arrancó rápido, pasaba topes, baches. Manejaba como si alguien lo persiguiera.

Recorrió calles por otro cuarto de hora hasta que se detuvo otra vez. “Aquí te vas a quedar, te voy a dar las llaves de tu carro, me voy a bajar, cuentas hasta diez y activas la alarma, luego cuentas hasta mil y te largas como puedas, si intentas hacer algo antes, te estamos viendo y te vamos a fregar”.

Seguí sus indicaciones hasta el número 50 porque entonces llegó la desesperación. Todo era silencio y oscuridad, no podía alcanzar la manija de la puerta, estaba boca abajo encima de mis brazos entrelazados. Los huesos de las rodillas calaban. Nadie iría a abrirme, excepto que ellos regresaran. El terror que me provocaba tan solo pensar en eso, hizo que me moviera lo más rápido que pude hasta zafarme y brincar al asiento del conductor. Me dejaron cerca de un baldío, manejé y manejé sin dejar de hacerlo hasta llegar a una avenida, luego al primer hospital que encontré. Era una autómata al volante. Quería sentir lo que, entendí después, había perdido: seguridad.

Dos días después acudí a la extinta Procuraduría de Justicia. Ingresé a unas oficinas llenas de carpetas. Las ventanas estaban cerradas, hacía calor: “Es la testosterona acumulada”, me dijo uno de los hombres ahí reunidos para tomar mi declaración. Después de otras dos horas, me llevaron a otra oficina donde alguien me dio una plática sobre el modus operandi de quienes roban: “Usted, no se preocupe, siga haciendo su vida”. Cuando pudo, un perito se acercó y sigilosamente me dijo, “lo tuyo no es nada, aquí es el día a día, hay cosas peores y esto… es un desorden”.
 

Gabriela Aguilar
MAY 2

Secuestro Express 2 Por Gabriela Aguilar puntociego@mail.com

El trato del ladrón-secuestrador fue que sacaría de las dos tarjetas de crédito el efectivo, después me dejaría ir con mi carro en el que dábamos vueltas por la ciudad, él al volante, yo a su lado con la mirada en el piso y sin voltear a verlo como lo había ordenado. No le interesaba el vehículo, porque me contó que sólo le daban tres mil pesos. De los plásticos podía obtener más.

“Tranquila, nada más hacemos eso y te dejo ir”. Era un secuestro express. “No te quiero hacer daño, así que si me dices mentiras y no son los números, te voy a lastimar”. Hacer entender a ese hombre, quien mantenía la pistola en la mano, que le estaba diciendo la verdad y efectivamente sí eran los cuatro números, fue conocer la antesala de la psicología que manejan para mostrar su poder, el control sobre ti. “¿Segura que no me estás diciendo mentiras?” —preguntaba insistente— “te voy a decir que pasará: le voy a hablar a mi socio le daré los números y si no son (otra vez la amenaza) te voy a fregar”.

Habló por el celular, dio instrucciones, seguíamos dando vueltas por no sé que rumbo de Guadalajara, detuvo el carro y se bajó, no sin antes decirme que si intentaba hacer algo… Yo era una estatua, miraba el piso, pensaba en el famoso valor de la vida ¿10 mil pesos? ¿12 mil? y en la ironía de todas las veces que piensas en el futuro, sin imaginar que unos desconocidos pueden terminar con él en unos minutos.

Se sube el hombre de nuevo al carro, lo prende y ahí vamos otra vez. “Te tengo una mala noticia, ¿qué crees? No son los números”.

El juego mental que utilizan ya estaba avanzado y comprendí que el trato inicial, ése que pudo darme alguna tranquilidad de que la pesadilla terminaría pronto, no existía.

“Te voy a dar una oportunidad más”. Y así los siguientes minutos, detenía el carro, bajaba, subía y como podía yo le preguntaba cuándo me dejarían ir. “Pronto… ¿ves que sí me cuidan?” respondió, en tres ocasiones observé a través de las ventanas de mi carro el reflejo de las luces de “vehículos de emergencia”. La última vez que vi esas luces rojas y azules fue cuando me dijo que me colocara en la parte trasera del carro. Estábamos afuera de un motel, necesitaba más dinero porque lo que tenía ya en sus manos, no era suficiente. Ingresaríamos a ese lugar a esperar que dieran las 12 de la noche. “Aquí termina mi trabajo, ahora te quedas en manos de los otros, esos sí son agresivos para que sigas portándote bien”.

Yo era un bulto inmóvil, apretujada por los asientos que recorrieron hasta atrás junto con el sillón trasero. “Oye, no quedamos en esto, tú dijiste que me ibas a dejar ir”, le reclamé.

Bajó del carro otra vez, un portazo fue la respuesta inmediata y yo no podía creer lo que estaba sucediendo. La conclusión de esta historia en siete días.
 

Gabriela Aguilar
ABR 25

Secuestro express Por Gabriela Aguilar puntociego@mail.com

Tocó la ventana con la punta de la pistola que traía en la mano.  Abrió la puerta izquierda del carro y apuntó. Su instrucción inicial fue que si intentaba hacer algo, tomar un celular o salir corriendo, iba a disparar: “Y no me voltees a ver”. Lo más lógico era que aquel hombre quisiera llevarse el automóvil, la respuesta inmediata ante su orden fue: “Llévatelo”. El motor estaba encendido, sólo era cuestión de descender del coche para que se lo llevara. En escasos minutos el incidente pasaría e ingresaría a las estadísticas del robo de vehículos a mano armada, también sería una noticia como las que presento en la televisión o en la radio todos los días.

Nunca me imaginé que aquella noche de miércoles 13 de febrero la pesadilla apenas iniciaba. “Te quedas y te vas a cambiar de asiento, yo voy a tomar el volante y te repito que si intentas hacer algo, aquí mismo quedas”.

Existen cierto tipos de inyecciones que cuando se aplican provocan frío, del que cala hasta en los huesos. Lo mismo sentí en todo mi cuerpo, ese frío que recorría cada parte de mí. Eran nervios. Me encontraba en el estado más parecido al que describimos al dar a conocer estas noticias: el de indefensión.  

De un momento a otro, mi vida pasó a manos de un desconocido que manejaba el carro nervioso, con una pistola en las manos, un cubre bocas que lo ayudaba a esconder su identidad y con el poder de ordenarme lo que quisiera.

La inercia de verlo cuando me hacía preguntas sobre mi identidad,  provocaba más amenazas, jaloneos, apretones de brazos. Lo estaba haciendo enojar. Seguía circulando por las calles de Guadalajara y su desesperación fue evidente: “Con una… te estás pasando de lista”.

Me pidió que le diera todo lo que tuviera de valor, reloj, aretes. No traía nada. Empecé a negociar con mis teléfonos celulares. “No me interesan. Tu monedero, ábrelo y dame las tarjetas de crédito”. Eran dos los plásticos. Seguía manejando y vino una explicación que a continuación comparto: “Estuve en la cárcel unos meses, tengo que hacer esto para mantener a mi familia, allá dentro tuve que pagar para que no me hicieran nada, pero tengo que seguir pagándoles, por eso la Policía me protege para hacerlo, tengo una cuota que cubrir todas las noches, tú eres una de ellas, así que dame el número secreto de las tarjetas, saco el dinero y te dejo ir”.

Hizo una llamada, habló con alguien más, se puso de acuerdo para darle las tarjetas.

Vinieron más amenazas sobre la veracidad en los cuatro números secretos, una y otra vez me dijo que si estaba jugando con él, me iba a matar. Entonces observé algo que aún con la mirada hacia abajo era inevitable ver: luces potentes y cercanas se reflejaban en los vidrios. ¿Eran las patrullas? ¿Las que lo cuidaban a él, cuando debían cuidarme a mí?

Sigo con la historia el próximo jueves.

 

Gabriela Aguilar
ABR 18

El hoy compite con el mañana Por Gabriela Aguilar puntociego@mail.com

“Hoy compite con mañana” es una las reglas clave para la transformación del Ejército de Estados Unidos, que llevaron a cabo el general Gordon R. Sullivan, quien fue jefe del Estado Mayor, y el coronel Michael V. Harper, que operó la planeación estratégica de la transformación de la milicia tras la invasión a Panamá en 1989 y la Guerra del Golfo en 1990.

Estos tipos pensaron que ciertas formas de conducción ya eran obsoletas y habría que replantearse acciones al interior y proyectarlas al exterior con la finalidad de decirle al mundo quiénes eran y el alcance que tenían sus tropas.

La idea que plasmaron con esta regla “del mañana” es: si tienes claro lo que quieres en el futuro enfócate en las necesidades actuales, aprovecha las oportunidades, determina recursos y conságrate como un líder… desde hoy.

Esta introducción sirve para ejemplificar lo que ocurre con nuestros flamantes políticos que intentan ser estrategas a costa de quien se deje voluntaria e involuntariamente: la ciudadanía.

El gobernador de Estado, Aristóteles Sandoval, decía que no se podía ya interponer ningún recurso jurídico que aplazara el aumento a siete pesos de la tarifa del transporte público.

Llegó Enrique Alfaro, presidente del Movimiento Alianza Ciudadana con un revés que ni el mandatario priista ni su gabinete, al parecer, veía venir y le anotan el gol: que siempre sí se puede y consigue una suspensión ampliada por parte de la Quinta Sala del Tribunal de lo Administrativo.

¿Ganaron los usuarios y la no afectación a su economía? En parte. Es un respiro que se ofrece de nuevo y que puede durar semanas o meses, pero aquí viene lo más interesante.

No olvidemos que la bandera que utilizan los actores políticos y que sigue presente como una moda es: “El poder de la ciudadanía” y del significado del término a la realidad en Jalisco, de los movimientos que se han gestado en otras naciones bajo esta premisa a nuestro escenario, existe estimado lector una realidad abismal.

El que gana, sin importar el partido, es el que aplica la regla de Sullivan y Harper, el que se enfoca en la necesidad y aprovecha la oportunidad para planchar el terreno rumbo a las próximas elecciones para afianzar su persona o su propuesta política con la retórica de escuchar “la voz del ciudadano”.

Mantenerse en la memoria colectiva como paladines de las causas difíciles es el reto.

¿O entonces por qué están ahora como políticos de la actual administración estatal los que se decían defensores ciudadanos hasta hace unos meses?, ¿por qué buscan pequeños personajes de la vida pública espacios en los medios de comunicación ostentándose como defensores —aquí vamos otra vez— de la causa ciudadana? Porque buscan mantenerse vigentes para conseguir sus fines políticos.

Así como dicta la regla de los militares, quienes también aportaron algo que me parece debemos atender: “Los líderes observan, miran hacia dentro y fuera, y estiman fortalezas y debilidades”.  

Nosotros, la ciudadanía debemos actuar como verdaderos líderes y no ellos que —los políticos— que intentan serlo.
 

Gabriela Aguilar
ABR 4

Consulta ¿obligada? Por Gabriela Aguilar puntociego@mail.com

Cuando usted disfrutaba de sus años maravillosos de la infancia o la adolescencia ¿fue de las mujeres que “tenían que recoger el plato en el que acababa de comer su papá o hermano”? o ¿fue de los hombres que disfrutaban las órdenes que daba su mamá a su hermana para atenderlo, así como lo dije, levantando el plato de la mesa, pidiéndole permiso como si fuera el jefe de la casa para ir algún lugar?

¿Cuántas veces le preguntan qué opina para tomar una decisión?, la que sea y dónde sea, en el trabajo o la casa.

A lo mejor es un@ afortunad@ y hace de la democracia una práctica elemental en su vida diaria.

Estos cuestionamientos tienen qué ver con los datos que dio a conocer la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) como parte del Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018.

Se trata de una encuesta aplicada a mujeres en condiciones de pobreza, en la cual los resultados apuntan a que las decisiones que son clave en su vida, tienen que ser consultadas y sometidas a la opinión de los hombres con los que viven, maridos o pareja.

De las mujeres que participaron en esta medición, resaltó que 65% pide permiso al marido para trabajar, 50% para ahorrar o abrir una cuenta bancaria, participar en alguna organización y la quinta parte de las mujeres más pobres de México que se consultaron para este ejercicio, dijeron que le preguntan a su esposo por cuál partido votar.

La dependencia federal citó que poco más de 18 millones de mujeres formaban parte de la población ocupada del país.

En suma, con los datos de mujeres pobres y ocupadas, la realidad de México es que aún con un estrato social bajo, las tradiciones, por así llamarlo si ése fuera el argumento, como seguir pidiendo permiso al marido, pasan a ser leyes y viceversa e impiden un crecimiento  individual, como seres humanos que somos.

Esa es una parte de la situación que —le puedo apostar— no tiene nada qué ver con pobres, también se traslada a otros niveles, como el de la política.

Ahí, aún sin cifras, el mensaje es igual de lacerante que lo informado por Sedesol y su titular Rosario Robles: una marcada desigualdad y ausencia de políticas que ayuden a trabajar en conjunto, mujeres y hombres, lo más equitativo posible.

¿De qué se admiran las autoridades que dieron a conocer este escenario? Si lo que vemos en las administraciones públicas, locales y federales, es el más claro ejemplo de la pobreza mental que sigue existiendo: el estigma antes que cualquier otra razón que ayude a equilibrar la lucha para ser tomado en cuenta, más aún si se es mujer.

¿De qué se admiran?

Si sólo es cuestión de ver la (no) participación de las mujeres que están al lado de los que gobiernan.

Si ése es el reflejo de la mujer en la política del país, seguramente hasta los resultados de la consulta de Sedesol ya sabemos quién los contestó.

Gabriela Aguilar
MAR 28

92 mil razones Por Gabriela Aguilar puntociego@mail.com

¿Confiaría el cuidado de sus hijos o le daría las llaves de su casa a uno de los flamantes diputados de Jalisco? Yo creo que por más que se trate de alguien que ocupe un cargo público, depositarle esa confianza es casi imposible. Así de radical me parece la analogía cuando ellos piden ahora que les demos un voto de confianza para dar resultados con los recién aprobados 92 mil pesos mensuales para sostener sus “casas de enlace”.

Usted que haría con esa suma de dinero al mes? Ya sé que algunos dirán, “por eso son diputados y cuentan con esos privilegios… perdón, ¡prestaciones!” y entonces si quieren un voto de confianza ¿por qué no destinan esos recursos a otro rubro que, a la vista de todos, sea más benéfico al ciudadano? ¡Ah! Pero es que eso forma parte de las labores legislativas… ¿sabe qué? ¡Retórica pura y barata! Todo forma parte del mismo cochambre que se ha heredado de legislaturas, partidos y todo aquello que huela a falta de voluntad por querer trabajar de la manera más lineal sin caer en intereses individuales y de grupo.

Y a nivel federal sucede lo mismo. Ahora que el Presidente Enrique Peña Nieto anda activo con su Plan Nacional de Desarrollo, los senadores y diputados panistas piden un “voto de confianza” para impulsar una comisión de evaluación que se encargue de analizar y decidir en su momento cuáles programas de política social funcionan en la nación y en cada una de las entidades.

¿Por qué cuando gobernó el Partido Acción Nacional durante 12 años no impulsaron esta iniciativa? ¿Tiene idea —estimado lector— las cantidades de dinero que se destinan para estas acciones de “desarrollo social? ¿Quién las mide y cómo operan? Ahora para ponerle un candado —previsión que quizá no esté mal— a lo que pretende hacer el actual Gobierno federal, llegan los panistas, cual paladines de la justicia, a velar por los intereses de los mexicanos cuando ellos mismos hicieron uso indiscriminado de los recursos, precisamente, durante poco más de una década a través de estos programas, que la misma fracción albiazul en el Senado, contabiliza en 400 a los cuales les faltan indicadores de medición.

Estos programas fueron creados para ayudar en problemas relacionados con la alimentación, educación, salud, medio ambiente sano, discriminación, vivienda y seguridad social. Fue el mismo Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), el que confirmó lo que de todos modos es la cruel realidad que padece México: los índices de pobreza no han disminuido.

Millones de pesos en muchas manos sin un método efectivo de fiscalización. Póngale el nombre que sea, mientras se trate de dinero manejado por servidores públicos, políticos, cualquiera que sea el puesto, al final, la confianza es la misma, cada vez más inexistente.

Y ellos, los que están en esos puestos privilegiados como los diputados de Jalisco, tienen 92 mil pesos para casas de enlace, 105 mil para contratar personal, 107 mil de sueldo… miles de razones para seguir llevando “agua para su molino”.
 

Gabriela Aguilar
MAR 21

Perdidos en la transición Por Gabriela Aguilar puntociego@mail.com

Cinco mujeres atacadas a balazos en menos de 72 horas. Otra más agredida con arma blanca en 23 ocasiones cuando evitó que su hija de 15 años fuera raptada por un sujeto que las acababa de asaltar en la colonia San Eugenio de Guadalajara, el atacante huyó. En la misma jornada un hombre fue detenido por robar a cuatro mujeres en el tiempo récord de 60 minutos. En Tonalá tres jóvenes fueron sorprendidos al asaltar con una pistola de plástico a camiones de pasajeros. Horas más tarde en Zapopan el propietario de una tienda de abarrotes moría en el intento de defender con un bate de beisbol su negocio: su atacante respondió con una pistola.

Todas estas acciones ocurren diariamente en la ciudad y nos alejan, cada vez más, de la tranquilidad que “aparentemente” prevalece en Jalisco, pero en la práctica, ocurre todo lo contrario.

Mientras las nuevas autoridades acomodan su organigrama en materia de seguridad y encuentran su mando único, los que toman ventaja de esta transición son los que hacen de la delincuencia nuestra cruel realidad

Unificar las fuerzas para combatir al crimen se convierte peligrosamente en una idea utópica, quizá buena, pero sin señales de una línea que marque el límite de una vez por todas a los responsables de los hechos delictivos que —les guste o no reconocer— nos están rebasando.

Los servidores públicos encargados de dirigir los rumbos de Jalisco se concentran más en los nudos administrativos y presupuestales, pero no presentan una solución real a la ciudadanía.

El sábado pasado EL INFORMADOR publicó una historia desgarradora sobre una familia, originaria de Ciudad Juárez, que venía a la ciudad para llevar a uno de sus hijos con parálisis cerebral a una terapia con delfines al zoológico Guadalajara, su trayecto se interrumpió en el municipio de Encarnación de Díaz donde fueron despojados con violencia de su vehículo y pertenencias por individuos que viajaban en dos camionetas. Llegaron a la Perla Tapatía porque les dieron “aventón” en un tráiler, pasaron su primera noche “de vacaciones” en el Jardín San Francisco en el Centro. No tenían ni un solo peso ¿se imagina cómo se pudieron sentir?

La violencia en todas sus expresiones, se manifiesta de la forma más lamentable en nuestra ciudad. Los 11 robos a bancos registrados en lo que va del año son un ejemplo, también el incremento de los atracos a casas-habitación donde interceptan al dueño y lo someten el tiempo necesario para vaciar el inmueble, así ocurre en las colonias Providencia y Chapalita. La situación es insostenible y nadie parece hacer nada. Termino con una frase que me enviaron ayer, que ejemplifica el problema de inseguridad que no ha sido atendido por las autoridades:

“Puesto que cada acción que hacemos produce un cambio de alguna clase u otra. Incluso la acción de limitarnos simplemente a observar algo, nos modifica a nosotros lo que observamos, por ello el control es un mito”.
 

Gabriela Aguilar
MAR 14

Política pública Por Gabriela Aguilar puntociego@mail.com

El Presidente de México, Enrique Peña Nieto, subió al estrado, saludó con un fuerte apretón de mano a todos los hombres ahí presentes, luego de manera inexplicable, dejó con la mano extendida a la alcaldesa de Boca del Río, Veracruz —única mujer presente— y el primer Mandatario de la nación se limitó a darle una “palmadita” en el antebrazo.

Lo anterior ocurrió el pasado 6 de enero durante la celebración de la promulgación de la Ley Agraria en aquel Estado del país.

Semanas después en otro evento, un secretario del gabinete federal se refirió con sarcasmo a lo que es un peligro y del que todos deberían cuidarse: el contenido de la bolsa de una mujer.

Hoy se conmemora el Día Internacional de la Mujer, el sector que representa 52% de la población mundial y que por distintas razones sigue padeciendo la falta de respeto e igualdad, de la que este viernes todos empezarán a hablar, defender y exigir, porque pareciera que de eso se trata nada más: colgarse del festejo y quedar bien.

Desde hace meses hay voces que me han puesto en alerta respecto a que con el regreso al poder de conocidos partidos, llegan también las formas y modos en que estos políticos ven a la mujer. Basta con observar a las damas que estos personajes públicos —que hacen política— tienen cerca de su vida, para descifrar lo que podemos esperar el resto de las gobernadas.

Hombres en cargos trascendentes que aprovechan su momento e influencia para proyectar la natural forma que significa para ellos una mujer y que difícilmente pueden ocultar. Políticos que necesitan sentirse más importantes, inflar su ego, teniendo cerca a jóvenes preferentemente guapas, veinteañeras, de cabello largo, ropa entallada, presentándose como asistentes personales o asesoras, que llamen la atención para que valgan la pena los miles de pesos que justifican en sueldos de estos nuevos ornamentos que desfilan en oficinas de gobierno. ¿A poco cree que contratan a señoras de 50 años? Todo lo contrario. La competencia por traer a “la más buena”, parece en ocasiones lo importante.

Lo aquí descrito es un aspecto de la realidad detrás del “festejo” que nos harán creer este día muchos personajes.

La base de datos integrada en el pensamiento de algunos hombres es y será difícil de modificar, no hay más, existen escenarios claros y definidos de la mujer frente a la política: el primero en el que se cree que no pueden, pero si lo consiguen hay que atacarlas y el segundo, como accesorios que se usan cada vez que se necesitan.

Termino con la definición de un abogado colombiano, Carlos Salazar Vargas, sobre lo que es política pública: “El conjunto de sucesivas respuestas del Estado frente a situaciones consideradas socialmente como problemáticas”.

Es decir, el trato desigual que se practica de manera cotidiana se convierte en una visión de Estado con base en la repetición. Y esto apenas inicia…no hemos visto nada.
 

Gabriela Aguilar
MAR 8