La niña tendría dos años; comía sin equivocar el rumbo de su mano a la boca. Ningún grano de frijol caía al suelo. Era el aprendizaje del hambre: cada frijol cuenta. Esto fue hace 15 años en un albergue de jornaleros indígenas en Sayula. Meses antes se había incendiado otro albergue. En cuartos de nueve metros cuadrados, separados por un muro de cartón, agujereado, vivía cada familia, con braseros en el corredor, que tuvieron que sacar de los cuartos tras el incendio. De ahí la Recomendación 15/98 de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco (CEDHJ) que firmé, por múltiples violaciones de derechos humanos.
Tiempo después entré a cada uno de los 24 excusados portátiles (de los que usan en ferias, peregrinaciones) de otro albergue, Chajoma, de una empresa de Sinaloa. Habían espolvoreado algo, en asomo de limpieza, porque había avisado de mi visita. Pero no pude evitar amagos de vómito en cada uno. Manuel Ahumada, valeroso director de Orientación y Quejas de la CEDHJ, me acompañaba. La empresa fue multada con dos millones de pesos, por la Dirección de Trabajo y Previsión Social del Estado, por tener a 600 migrantes temporaleros en ex chiqueros, sin cumplir promesas laborales ofrecidas al engancharlos.
Hacia 2002, María Teresa Medina, ex visitadora general de la CEDHJ, otra valiente, documentaba situación parecida en el Valle de San Quintín, en Baja California, donde ejercía como subprocuradora de Derechos Humanos de Baja California, con Raúl Ramírez Bahena como jefe. En estos 15 años no hemos callado, ese digno equipo (te incluye, Juan Diego Castillo), y muchas personas más, del ITESO, de otras instituciones, incluso del Gobierno de Jalisco en tiempo de Alberto Cárdenas, para volver visible la migración interna: el río de dolor que sube por la franja del Pacífico, y planta jitomates, brócolis, pimiento morrón, todos calidad exportación, en empresas esquizofrénicas, pues mientras empacan con certificaciones de primer mundo, esconden la crueldad con que disfrazan de trabajo lo que es delito de trata de personas para explotación laboral.
Desde la Fiscalía para los Delitos de Violencia contra las Mujeres y Trata de Personas (Fevimtra), iniciamos investigaciones que obtuvieron luego sentencias condenatorias contra finqueros de Tapachula por ese motivo. En el Norte, San Luis Río Colorado, no logramos sentencia, pero sí rescate de ciudadanos chinos.
Yo vi los rostros del hambre, de la enfermedad y de lo que ningún cristiano debe hacerle a ningún semejante, en mi tierra, dizque católica. Recordé a la niña ayer, al saber el rescate de 275 jornaleros de San Gabriel/Tolimán. La empresa: Bioparques de Occidente. Atender a sus víctimas no debe limitarse a despacharlas en camión de regreso. Desde 2012 hay ley contra la trata de personas en Jalisco. No me vengan con que “nos han dado la tierra” para esquilmar semejantes.