México versus México Por Jacobo Zabludovsky opinion@informador.com.mx

Malo registrar dos crímenes incalificables en México en una sola semana. Peor, no ubicarlos en los encabezados principales de primera plana en ningún periódico de la República.

Relegar las dos noticias a un par de columnas y en páginas interiores no fue culpa de la prensa sino de una realidad dramática: la frecuencia sin precedentes (esta dos palabras se han usado en las notas rojas recientes con más frecuencia que en ninguna otra época de nuestra historia) de delitos incalificables por su crueldad y el alto número de víctimas.

El 25 de enero, en Sabinas Hidalgo, Nuevo León, son secuestrados y asesinados los 18 músicos y técnicos de la orquesta Kombo Colombia, después de actuar en una fiesta privada. El único sobreviviente, salvado quien sabe cómo, dirige a la Policía hacia el pozo donde arrojaron los cuerpos. El rescate fue difícil por lo angosto del hoyo; los cadáveres mostraban orificios de bala en la cabeza. Hasta el momento de escribir esta columna nada se ha sabido de los asesinos y menos de sus motivos. Toda una orquesta masacrada. Para Ripley. O para algún autor de novelas de terror, aunque nadie les creería.

Unos días después, el 4 de febrero en Acapulco, 13 turistas españoles y una mexicana son asaltados por cinco individuos que penetran al bungalow, amarran a los seis hombres, perdonan a la mexicana y violan a las seis muchachas españolas, aterrorizándolas con cuchillos y pistolas que no dispararon. La agresión sádica y cobarde duró más de tres horas y los criminales huyeron llevándose computadoras, celulares, tarjetas de crédito y otras cosas, sin dejar más huellas que algunas botellas vacías de mezcal. Comenzó una cacería implacable de los canallas en medio del escándalo y la indignación mundiales. El caso fue resuelto con estilo distinto al del sexenio pasado: el procurador de la República y el gobernador de Guerrero anunciaron austeramente la captura de los culpables confesos y poseedores de los objetos robados.

Hay un México siniestro que no sólo agravia, ultraja y mata a personas sin temor de ser capturados ni limitación alguna a sus conductas perversas, sino un México víctima, un México inerme y pasmado que exige eficacia en la investigación y castigo ejemplar de los responsables.

Ocurren estos dos hechos ejemplares en medio del trauma causado como ningún otro en la sociedad mexicana desde el temblor de 1985, por la explosión en la Torre de Pemex.

La oportuna presencia del presidente Enrique Peña Nieto al frente de un grupo de sus colaboradores apresuró el rescate de heridos y cuerpos, la ayuda a los deudos y la búsqueda de las causas de la explosión, dando a conocer por todos los medios el resultado de las pesquisas. Todo este proceso no impidió que un incalculable porcentaje de ciudadanos expresara sus dudas y con razón. Al escepticismo natural y lógico se unieron a declaraciones de funcionarios como Alfonso Navarrete Prida, secretario del Trabajo, quien dijo: “En ese lugar no había habido inspecciones por lo menos en los últimos dos años”. El dictamen preliminar, pero oficial que atribuyó la tragedia a una fuga de gas, deja muchas preguntas sin respuesta, con el consiguiente aumento de los rumores, al grado de que una voz con credibilidad, la del doctor José Narro, rector de la UNAM, tuvo que salir al quite: “Los expertos de la universidad han tenido acceso a toda la información, a las instalaciones, a los estudios y resultados… y han participado en todo momento cerca del procurador y de los peritos… Y no tienen ninguna discrepancia con el informe de la PGR”.

El origen no intencional de la explosión de Pemex aliviana las angustias de una comunidad golpeada por la delincuencia organizada o desorganizada, pero no contribuye a la tranquilidad de un país estremecido por seis años de una guerra que dejó el espantoso saldo de muertos, heridos, desaparecidos y secuestrados.

No es únicamente la torre de Santa Julia la que necesita reconstrucción. Es todo eso que los sabios llaman la urdimbre social, el tejido de la coexistencia, problemas planteados en el plan de prevención de la delincuencia dado a conocer mientras crece la avalancha diaria de una nueva generación de notas rojas de magnitud no conocida hasta hoy, tan generalizadas en el país y tan diversas en sus procedimientos, que se han colocado por encima de la pobreza y educación, en el desafío de atención más urgente.

Es muy temprano para aventurar un pronóstico sobre la bondad de los procedimientos anunciados por este gobierno. De todas maneras, no hay soluciones mágicas. Pero…

Si de los fracasos se aprende, hemos aprendido mucho.
 

Jacobo Zabludovsky
FEB 18

Impunidad y cinismo Por Jacobo Zabludovsky opinion@informador.com.mx

Olga Sánchez Cordero y sus colegas ministros de la Corte cumplieron porque el amparo nos protege a usted y a mí de la violación de nuestros derechos cometida por una autoridad.

“Perseguido por un ejército feroz, un hombre loco de pánico corre hacia un castillo, cruza el foso sobre el puente que se eleva tras de él y pasa la puerta cerrada a su espalda, a salvo del peligro. Ese es el amparo”, clamaba con emoción el maestro Vicente Peniche López al iniciar el curso de Garantías y Amparo en la Vieja Facultad de San Ildefonso y Argentina.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación otorgó el miércoles un amparo “liso y llano” a la ciudadana francesa Florence Cassez, que cumplía una sentencia de 60 años de cárcel por secuestro, delincuencia organizada y portación de armas. Figura decisiva en la polémica para llegar a ese fallo fue la ministra Olga Sánchez Cordero, con quien hablé cuando tranquila y segura salía de la sala donde surgió la noticia que estremeció a México y a Francia.

“Cuando llegué a la sesión era una votación muy incierta”, me dijo la ministra. “Yo no sabía realmente cómo iban a votar algunos ministros; si iban a cambiar de posición, si Arturo Zaldívar se iba adherir a mi proyecto o si José Ramón iba acercar su postura, o si el ministro Gutiérrez Ortiz Mena iba a votar en favor de mi proyecto, en favor de la postura del ministro Cosío o en favor de la postura del Ministro Zaldívar; entonces para mí fue una situación en materia de votación bastante incierta, pero cuando empezaron las intervenciones de los señores ministros, el ministro Zaldívar sostuvo su proyecto con el que yo estuve de acuerdo desde marzo del año pasado, el ministro Cosío también sostenía su posición que había manifestado en marzo pasado y desde luego el que se acercó más fue el ministro Pardo Rebolledo, el ministro presidente, pero cuando el ministro Gutiérrez Ortiz Mena se decide por el proyecto del ministro Zaldívar en términos muy generales, entonces yo retomo mi posición original de marzo pasado y por supuesto estaba de acuerdo con el ministro Zaldívar y por supuesto propuse retomar las consideraciones de ministro Zaldívar y proponer como hacía en aquella ocasión, la inmediata libertad de Florence Cassez”.

“No es un cambio de opinión mío. Yo lo manifesté desde marzo pasado, esto fue para tratar de sumar votos y acercar posiciones. Yo creo que es obligación del estado el respeto a los derechos fundamentales de todas las personas, incluyendo por supuesto los extranjeros que se encuentran en nuestro país y sujetos a un proceso penal.

A Florence Cassez se le habían violado gravemente sus derechos a la presunción de inocencia, a la puesta a disposición inmediata al ministerio público y su derecho a la defensa, así como el derecho que tiene a la asistencia consular; por lo tanto en esta violación grave de sus derechos, aunada y agravada también por la recreación del acto televisado, no había más que respetar esos derechos, es obligación de un estado democrático y constitucional”.

Le pregunté si el montaje televisivo pesó en el dictamen de la Suprema Corte: “Definitivamente, así es, porque influyó en primer lugar en la violación a su derecho de puesta a disposición inmediata, a su derecho de presunción y de asistencia consular”.

¿Hubo presión por parte del Gobierno de Francia sobre los ministros de la Suprema Corte? “Ninguna, absolutamente ninguna y lo puedo decir categóricamente”. Hubo en cambio una fuerte corriente de opinión en contra de tu postura: “Mira, nosotros los jueces constitucionales no decidimos por la corriente de opiniones”. ¿Estás satisfecha? “Hice lo correcto”.

Así se cierra un capítulo vergonzoso de la investigación criminal manipulada y el proceso jurídico torcido, conductas practicadas con impunidad y cinismo en el sexenio pasado, como prueban varios Bucarelis, entre ellos el titulado “Hora de irse, don Genaro” (26 de marzo 2012) referido a García Luna, autor y encubridor de la tele pantomima causante del estrepitoso enredo y el desprestigio internacional, por lo que deben responder él y los miembros de su staff. Los denuncié cuando los abusivos eran poderosos, no en esta hora de traidores. La soberbia es madre de constantes delitos y la falta de castigo alienta la reincidencia y la emulación.

Olga Sánchez Cordero y sus colegas cumplieron porque el amparo nos protege a usted y a mí de la violación de nuestros derechos cometida por una autoridad. Si por eso una presunta delincuente quedó libre la culpa no es de los jueces sino de los imaginativos y vanidosos investigadores, más preocupados del espectáculo que de los intereses nacionales puestos a su cuidado.

Es comprensible el descontento de una sociedad agraviada por la delincuencia y su deseo legítimo de justicia.

Nomás no nos equivoquemos de culpables.
 

Jacobo Zabludovsky
ENE 28

¡Bingo! Por Jacobo Zabludovsky opinion@informador.com.mx

Casinos y nazismo van del brazo y por la calle. Dos trabajos periodísticos simultáneos aunque separados descubren a personajes que, en público, eran funcionarios del más alto nivel en el sexenio de Felipe Calderón mientras, en privado, actuaban con el fanatismo propio de nazis activos.

“Fascistas en el Covián”, cabecea Reforma el miércoles al revelar que Juan Iván Peña Neder, coordinador de asesores de Abraham González, subsecretario de Gobernación, y Carlos Villar Erives, ex funcionario de la Secretaría de la Función Pública, fundaron en 2010 la organización clandestina “México Despierta”, con el propósito de implantar en México un régimen nazi a imagen y semejanza del creado por Adolfo Hitler y lograr la aniquilación de los judíos, los masones, los indígenas, los mestizos y cuantos se opongan la supremacía de la raza aria.

Reclutados a los 15 años de edad en su nativa Chihuahua, sustituyeron los símbolos hitlerianos por la Cruz Celta, que algo tiene de ruleta y de swástica, en medio de un círculo blanco en campo rojo a la usanza del nacional socialismo. Contrataron una casa en la colonia Juárez junto a Gobernación y otra en Anzures donde celebraban reuniones y almacenaban uniformes, banderas, brazaletes, folletos, audios y videos. Se saludaban como fascistas, con el brazo derecho en alto, cantaban el “Cara al sol” falangista y adoctrinaban nuevos adeptos, preparándose para el asalto al poder.

Los sueños se truncaron el 8 de septiembre de 2011 cuando Peña Neder fue encarcelado en un penal de alta seguridad en Matamoros, no por nazi ni subversivo, sino por presunta violación tumultuaria de su ex cónyuge Talía Vázquez Alatorre, quien lo acusó también de encabezar una mafia que traficaba con permisos falsos de garitos, como si Fox y Calderón no hubieran repartido suficientes para tapizar las ratoneras donde la clase media asciende a pobre. El periódico Reporte índigo cita como involucrados a un senador, ex secretario particular de Calderón, quien negó el cargo e interpuso demanda por daño moral. La denuncia de este periódico ayudó a que la Comisión Permanente del Congreso aprobara por unanimidad instalar una comisión bicameral para investigar el lodazal de los permisos.

Uno de los grandes beneficiados fue Peña Neder. Funcionario clave de alto nivel, coleccionista de cuantos ilícitos se atravesaran en su camino era al mismo tiempo líder en ciernes de una conjura nazi. Difícil aceptar que Gobernación, la Secretaría a cuyo cargo están la política interior, los sistemas de inteligencia, la seguridad contra la violencia social y tareas similares, ignorara la actividad a la que su empleado dedicaba los ratos que violaciones, falsificaciones y tramitaciones sucias le dejaban libres.

La experiencia histórica obliga a no descartar por insignificante una amenaza de genocidio. Hitler fue calificado de fanático destinado a fracasar en un país culto como Alemania. Así empezaron otros déspotas en el siglo XX y en este XXI. Lo grave en el caso, aparte de la corrupción monda y lironda que en la antigüedad era noticia, es la posible complicidad de funcionarios públicos en una operación tan peligrosa como cínica.

Tampoco se olvida el pasado siniestro del yunque y el sinarquismo en el PAN. En diciembre de 2008 tuve que refutar a Germán Martínez, presidente del partido en el poder, por haber publicado un artículo inaceptable sobre los judíos en torno a la estafa de Madoff. Martínez se disculpó diciendo: “Ante diversas malinterpretaciones (sic)… no fue mi intención…refrendo mi respeto a ese pueblo noble”. Disculpa corta para cubrir larga vocación de antisemitismo histórico del pensamiento medieval.

Omar Barona González, secretario particular nada menos que del Subsecretario de Asuntos Jurídicos y ¡Derechos Humanos! en Gobernación, divulgaba en redes sociales su foto haciendo el saludo fascista y lo que denominó los “11 Principios del Partido Nazi”, además de expresar en público insultos racistas. ¿Nadie sabía esto en el Gobierno pasado? No dieron señales de saberlo varios secretarios de Gobernación, entre ellos Carlos Abascal, de la derecha del PAN, que ya es decir. Ni el señor Calderón, tan enterado de todo. La lista de nazis infiltrados en oficinas públicas destinadas a combatir a individuos peligrosos como ellos no cabría en estas páginas. Muchos siguen en sus cargos, como Carlos Roger Priego Huesca, asesor de la Cámara de Diputados encargado del local de la colonia Juárez, ufano de uniforme y Cruz Celta en su página de Facebook. Muestras al azar de una larga lista.

No se puede tolerar en un Gobierno democrático a entusiastas de soluciones finales.
 

Jacobo Zabludovsky
ENE 21

Telehistoria Por Jacobo Zabludovsky opinion@informador.com.mx

Las leyes de nuestra televisión no corren a la velocidad de anuncios cobrados por segundo.

De acuerdo con la agenda legislativa dada a conocer el miércoles, el uso de nuevas posibilidades técnicas en materia de comunicación electrónica empezará a discutirse entre 55 iniciativas que ocuparán a senadores y diputados durante todo este año, sin garantía de lograr aprobarlas a tiempo. Temas como el acceso a la banda ancha, la ley de competencia en radio, televisión, servicio de datos, telefonía e internet, están pendientes de un marco jurídico adecuado a una industria cuyo desarrollo es tan rápido que si los legisladores no se ponen las pilas las leyes serán obsoletas cuando entren en vigor. Expertos calculan posible 2018 como el año en que se lograrían estas leyes. Vendrían a ser la segunda noticia más importante en la historia de la televisión en México.

La primera se publicó el domingo 30 de noviembre de 1952 en el periódico “El Redondel” bajo un encabezado sorprendente: “Don Emilio Azcárraga y don Rómulo O´Farrill llegaron ya a un acuerdo”. La frase ocupaba la primera plana de la sección de espectáculos con todos los detalles: “Se unen los dos grupos de radio. Cesará la competencia, y, al mismo tiempo, la pérdida de millones”.

Don Rómulo, dueño del diario “Novedades”, de la radiodifusora XEX y del Canal 4, primer canal de televisión en México desde 1950, desafiaba el imperio del señor Azcárraga Vidaurreta, fincado en la todopoderosa XEW radio fundada en 1930, en XEQ y en el canal 2 recién inaugurado. La competencia obligaba a repartirse el pastel publicitario y a invertir más en talento y equipos técnicos. La revelación del acuerdo, que en su primer paso tocaba sólo radio, fue como una bomba.

“XEX y XEQ serán encabezadas por una sola empresa de la cual don Rómulo tiene un 50% de las acciones y el grupo Azcárraga el otro 50%. De XEX quedarán sólo cuatro locutores, tres operadores… el resto del personal será reacomodado hasta donde sea posible en XHTV, XEWTV y XEW radio… la nueva empresa tendrá como gerente general a Emilio Ballí… los estudios de XEX en Córdoba 48 serán cerrados… XEX cancela todos sus programas sin patrocinio”.

La información de “El Redondel” daba a conocer todos los detalles hasta entonces confidenciales: “El acuerdo para formar la nueva empresa entra en vigor inmediatamente. El martes próximo XEX y XEQ empezarán su nuevo sistema de transmisiones. Como consecuencia del acuerdo en radio vendrá el acuerdo en televisión.

Es casi seguro que de un momento a otro se anuncie el arrendamiento de la mitad de Televicentro para instalar los estudios de XHTV”, mudándolos del piso 13 del edificio de la Lotería Nacional.

La nota de “El Redondel” se cerraba con párrafos de comentarios y antecedentes: “El convenio entre O´Farrill y Azcárraga es la noticia más importante del año en el mundo radiofónico de México. XEX tiene cinco años de vida cumplidos. Fue inaugurada el 30 de octubre de 1947 por Alonso Sordo Noriega… su muerte poco después fue el más duro golpe para esa emisora, la más potente del mundo entre las privadas…fue financiada por Petróleos Mexicanos hasta que la compró don Rómulo. Al firmarse esta semana el convenio para crear la nueva empresa, queda prácticamente suprimida la competencia entre las dos grandes compañías radio televisoras de México”.

Luego vendrían reacomodos y modalidades que poco alterarían el mecanismo concebido por don Emilio y don Rómulo. Una incursión del capital regiomontano y el canal que la familia Aguirre, creadora de Radio Centro, hubo de entregar al Gobierno. Y, desde luego, la presencia de Ricardo Salinas con Televisión Azteca. Esos y otros acontecimientos no alteraron en lo fundamental el esquema trazado por los dos legendarios magnates.

Con el siglo XXI llegaron inesperados inventos transformadores de las comunicaciones al poner la información y las opiniones a disposición de todo mundo, de manera gratuita y sin posibilidades de censura, excepto en los países gobernados por dictaduras, instrumentos que alteraron el estado de cosas imperante durante décadas y exigen un cuerpo de leyes acorde con la realidad que, una vez más, supera a la imaginación.

En vísperas de la discusión de estas nuevas leyes que regirán el uso de las telecomunicaciones, resulta oportuno recordar cómo nació, creció y se reprodujo la red electrónica o cibernética que funciona en nuestro país.

Mucha agua ha pasado bajo los puentes desde aquella exclusiva de “El Redondel”. El reportero que la firmó hace 60 años, un mes y 14 días, es el mismo que firma este Bucareli.

 

Jacobo Zabludovsky
ENE 14

1943 Por Jacobo Zabludovsky opinion@informador.com.mx

Hace 60 años cambió mi vida. La vida de un hombre puede cambiar una o mil veces, según las circunstancias, la suerte, los astros o la disciplina, el estudio, el trabajo, o todo junto más una migaja de esa especie de magia conocida con el nombre de casualidad. Puede ser un maestro, un amigo, un libro, un viaje o un sueño. El cambio se da a veces sin entender la causa, sin que uno lo perciba. Otras es buscado y nunca llega.

En 1943 entré a la Universidad Nacional Autónoma de México por una de las dos puertas de la Escuela Nacional Preparatoria sobre San Ildefonso, la más cercana a la calle de Carmen. Muerto de miedo ignoraba entonces la magnitud del cambio: más allá de los tres patios del bicentenario edificio se ocultaba un porvenir sorprendente.

Hace 70 años el bachillerato de humanidades me abrió las puertas al conocimiento de mundos jamás imaginados. Algunos fueron productos del pensamiento, otros de la realidad material. Conocí la habilidad del maestro que modela tu inteligencia como si fuera arcilla. Eduardo García Máynez hizo fácil diferenciar el valor de una conducta según la intención, orientándonos, como a niños en un parque, del diálogo socrático al universo kantiano. Joaquín Ramírez Cabañas fundamentó en la ley y no en la voluntad de Juárez el proceso, sentencia y ejecución de Maximiliano. Manuel García Pérez nos descubrió la raíz de nuestro idioma en los difíciles vericuetos del griego y el latín. Julio Torri nos presentó a Cecilia, la frutera del Volador, y a Crisanto Lamparilla, el abogado de Los bandidos de Río Frío, cuando nos llevó del México de Manuel Payno al París de Honorato de Balzac y nos hizo leer en voz alta la vida triste del padre Goriot.

El maestro Larroyo logró hacernos entender la lógica de los silogismos.

Don Juvencio López Vázquez nos hizo amar, aun sin hablarlo, el francés fascinante. Erasmo Castellanos Quinto, el viejo barbón de tenis y cachucha, nos montó sobre Rocinante para atestiguar gloriosas batallas perdidas y recorrer los campos de La Mancha nutriéndonos del diálogo del hidalgo con su amigo, un campesino rústico y analfabeto y sin embargo sabio.

De la mano de Salvador Azuela llegamos a la Piazza de la Signoría cuando quemaban a Savonarola sobre las cenizas todavía tibias de los libros que condenó a la hoguera.

Todas las luces del conocimiento eran encendidas por maestros dignos de llevar ese nombre, al pie de los murales de Rivera y Orozco, junto al salón del Generalito amueblado con los sillones, esculturas en madera, rescatados de San Agustín. La educación superior, gratuita, laica y popular nos abría las puertas a un nivel superior del entendimiento y, por tanto, de la concordia y la tolerancia.

Ese año, hace 70, inicié mi oficio jamás abandonado al publicar en el Grupo A-14 de la Prepa El contra ataque y El humorista técnico, periódicos manuscritos que conservo. Sábados y domingos a El Nacional para ayudar en la corrección de pruebas a Luis Felipe Ureña Uribe, vecino de San Jerónimo 124. En ese periódico la revisión de artículos de grandes colaboradores fortaleció mi vicio por la lectura y fomentó mi deseo de hacer de los placeres de leer y escribir una manera de ganarme la vida.

Traté de ingresar ese año, hace 70, a las redacciones de noticieros radiofónicos. “Eres un chamaco”, me decían: no había cumplido 15 años. Me colé en Cadena Radio Continental y ayudé a don José Castellot, padre de Gonzalo, a redactar noticias. Empecé a tramitar mi permiso de locutor para leerlas yo. Inicié ese 1943 el proceso que entre la burocracia y la necesidad de pagar “los derechos” se llevó casi 18 meses. Mi permiso de locutor está fechado el primer día hábil, 3 de enero, de 1945, legitimado por los timbres fiscales del pago. La de radio es la especialidad periodística más rica y placentera, según opinión de este veterano que ha sido de todo, desde director de un diario hasta proveedor de flashes para marquesinas de foquitos que corren de izquierda a derecha, pasando por la dirección de un noticiero de cine, las columnas impresas y la dirección de noticieros en la más importante empresa de televisión en el mundo hispano.

Se cumplen 70 años. No olvidé decir, pues lo dejo intencionalmente para finalizar este recuerdo, que fue en la breve calle, una sola cuadra, de San Ildefonso donde el estudiante de la Facultad de Derecho y la alumna de la Preparatoria se encontraron un día, decidieron suprimir la separación de las dos aceras y caminar juntos por la misma para el resto de sus vidas. En eso estamos desde entonces.

El principio de un nuevo año propicia nostalgias, despierta ilusiones frescas y una constante curiosidad a pesar de 70 años de tarea ininterrumpida.

Este año, vivo o muerto, cumpliré 85.

Jacobo Zabludovsky
ENE 7

Ramos y Chuayffet Por Jacobo Zabludovsky opinion@informador.com.mx

En 1934 comencé los seis años de primaria en la Escuela República del Perú, M-2-4-24 (nunca supe que significaba tanto signo), San Jerónimo 112 bis, cuando nos hicieron memorizar el Himno Nacional, la Marsellesa en español y francés (apenas la entendíamos en español), la Internacional y un artículo tercero a la medida de la época: “La educación que imparta el Estado será socialista y tenderá a dar una idea racional y exacta del universo”. A seis cuadras por Pino Suárez, Lázaro Cárdenas iniciaba en Palacio Nacional su propio sexenio. Y a 10 por Correo Mayor, en el viejo barrio universitario, Samuel Ramos publicaba el libro que habría de iniciar el estudio filosófico del mexicano: El perfil del hombre y la cultura en México, que “…vino a abrir un nuevo campo a la investigación y al pensamiento, que, por lo general, había sido poco explorado”, según prologó el autor su primera edición en ese mismo 1934.

La última persona a la que oí mencionar a Ramos fue Emilio Chuayffet, quien lo juzgó fuente indispensable para planear la educación en México y con justos elogios describió la obra del maestro. Al escuchar la referencia del actual secretario de Educación Pública busqué el viejo libro de Ramos para completar lo que sus páginas habían dejado en mi interior después de casi siete décadas de la primera lectura. No lo encontré; a veces mis libros desobedecen órdenes de no moverse de su lugar. Lo conseguí nuevo por 90 pesos en la cuarta librería donde lo busqué.

Me alegró la inesperada mención del señor Chuayffet, porque estoy convencido de la necesidad de fortalecer, mejorar y extender los sistemas educativos y, en los propósitos del nuevo secretario encontré coincidencias alentadoras. El libro mantiene su frescura y vigencia a pesar de los cambios experimentados por México. Dice: “La idea del libro germinó en la mente del autor por un deseo vehemente de encontrar una teoría que explicara las modalidades originales del hombre mexicano y su cultura… cuyo conocimiento me parece indispensable como punto de partida para emprender seriamente una reforma espiritual de México”.

Ramos analiza las raíces que hacen del mexicano lo que es, desde las huellas históricas, las influencias de las culturas española y francesa, el “pelado”, el citadino, el burgués mexicano, el abandono de la cultura, la cultura criolla, la educación y el sentimiento de inferioridad.

Atribuye a José Vasconcelos el cambio radical en el destino de nuestra educación cuando en 1919 la hizo popular y la elemental extensiva con un sentido de justicia social que nadie hasta entonces había agitado.

En la búsqueda fallida de mi libro encontré otro junto al cual debió estar el fugitivo: Nuestro Samuel Ramos, editado en 1960, poco después de su muerte, con opiniones de amigos, colegas y discípulos recopilados por Adela Palacios. De Octavio Paz se toma una frase de su Laberinto de la Soledad (investigación del mexicano siguiendo la huella de Ramos): “Su libro continúa siendo el único punto de partida que tenemos para conocernos”.

El sentido humanístico de la obra de Ramos asoma en las argumentaciones del Presidente Enrique Peña Nieto para pedir la aprobación de su plan: “Esta reforma constitucional reafirma la rectoría del Estado mexicano sobre la política educativa nacional”. El miércoles en Tijuana ofreció “… la democratización de la cultura… se trata de un derecho social de los mexicanos y el gobierno debe garantizar su materialización plena…”. Y fue más allá porque el problema de la delincuencia y el narcotráfico no tenían, en la época de Ramos, la dimensión de hoy: “Crearemos espacios para la cultura y las bellas artes, para evitar que los jóvenes sean víctimas y secuestrados por el crimen organizado.”

El texto de la iniciativa y los comentarios del Presidente y el secretario reflejan una preocupación profunda por el futuro de la cultura y la educación en México que supera la anécdota de la rivalidad gobierno-sindicato, convertida por editorialistas banales en tema principal de la información. Lo fundamental se logrará mediante el procedimiento escogido: partir del pensamiento de Samuel Ramos porque según Paz: “La mayor parte de sus observaciones son todavía válidas y la idea central que lo inspira sigue siendo verdadera: el mexicano es un ser que cuando se expresa se oculta, sus palabras y gestos son siempre máscaras”.

Podría subrayar la esperanza que el proyecto transformador impulsa, reproduciendo una frase más de don Samuel, maestro de San Ildefonso: “Hasta ahora los mexicanos sólo han sabido morir; pero ya es necesario adquirir la sabiduría de la vida”.
 

Jacobo Zabludovsky
DIC 17

¿Y el Centro Histórico? Por Jacobo Zabludovsky opinion@informador.com.mx

Del Centro Histórico ni una palabra. En ninguno de los dos proyectos de gobierno presentados la semana pasada, el federal y el capitalino, se habló del jirón de tierra más rico en historia, leyenda y tradiciones del mundo con el que tropezó Cristóbal Colón.

Podía haber sido objeto de una mención en el plan de 13 puntos del señor Enrique Peña Nieto, habida cuenta de que el jefe del Poder Ejecutivo tiene su casa chica en un lugar llamado Los Pinos, pero en el Palacio Nacional, centro del Centro Histórico, está desde hace siete siglos el trono del tlatoani y sucesores, llamados hoy presidentes, pasando por virreyes, obispos, emperadores y la infinita variedad de sacrificados, mártires y caudillos. ¡Poca cosa! No se hubiera tomado como inoportuno un llamado a la conservación del sitio, aunque, claro, sea más asunto del jefe de Gobierno del Distrito Federal. El caso es que el doctor Miguel Ángel Mancera tampoco tocó tal tema y este arriba firmante, oriundo, vecino y nostálgico vitalicio de esos callejones, eleva su respetuosa y enérgica protesta.

Y el Centro Histórico eleva la suya. Como si quisiera demostrar que las ciudades son seres vivos y, por tanto, sujetas a reacciones propias de los individuos, nuestro centro reaccionó al ninguneo en forma inesperada, aplastante, sorpresiva y dramática. Devino una vez más en escenario de la historia, por encima de cualquier otro de los acontecimientos propios del debut de nuevos funcionarios públicos. Hoy se cumplen 10 días de una desafortunada sucesión de errores e imprevisiones que hacen de ésta la segunda decena trágica del Zócalo, primera de la cibernética.

Diez días previos al cambio del Poder Ejecutivo se convirtió al Centro Histórico en lugar sitiado. Se corrigió a medias el abuso de poder reduciendo el perímetro de rejas, sin reparar el daño que esta armadura paranoica causa a los empobrecidos pequeños comerciantes y modestos profesionistas de Corregidora, Correo Mayor, Soledad, Moneda, Jesús María, Alhóndiga, Talavera, Roldán y decenas de calles nunca pisadas por los políticos: Louis Vuiton no ha puesto ahí sucursales. Les partieron la madre, pero se desquitaron mentándoles la suya a los rich and famous invitados a las inauguraciones.

Los astutos manifestantes sorprendieron al equipo policiaco como al Tigre de Santa Julia, en el embrollado cambio de guardia de quienes se iban y quienes se quedaban. Lo primero que falló es lo que hoy llaman inteligencia y que en épocas del blanco y negro era espionaje.

Los vigilantes ignoraban por donde llegarían los protestantes y cuando se dieron cuenta los tenían, por un lado, a la sombra del Palacio Legislativo y, por el otro, grafiteando la avenida Juárez y demostrando que el respeto al derecho ajeno se lo pasan por el monumento a la Revolución. Fue cuando el jefe de los policías dijo “ah, chin…”, y fue todo lo que dijo.

Acto seguido, los guardias cercaron a quien pudieron y agarraron parejo hombres y mujeres, niños y ancianos, prietos y rubios, los metieron a las julias y a la voz de enciérrenlos en caliente jalaron con rumbo no tan desconocido, porque todo mundo sabe dónde están los reclusorios. El desaseo de la autoridad desvirtuó la defensa de ciudadanos inermes y no evitó el destrozo de tiendas y bancos. En un exceso lamentable se puso en la cárcel a posibles culpables junto a personas cuya inocencia, según cualquier código penal señala, debe presumirse mientras no se demuestre su culpa. La mayoría permaneció en los calabozos hasta ayer, domingo por la tarde, día y hora en que un proceso indagatorio lento y burocrático, perdone la redundancia, desesperante para detenidos y sus familiares, decidiría el futuro de los levantados.

Este tipo de fenómenos sociales, provocados o no, justificables o no, como el de los indignados en los países árabes, los ocupas en España, Argentina o Wall Street, se sabe cómo empiezan, nunca como terminan. Lamentable para la imagen de los dos gobiernos que la mayoría de los ciudadanos hemos recibido con esperanza, con la confianza de quien aspira a un México en que la justicia y los beneficios del progreso material alcancen no sólo a los privilegiados.

La investigación de esta segunda decena trágica no debe detenerse en la superficie, sino en la búsqueda de las causas profundas del descontento que agobia no sólo a participantes de la violenta manifestación callejera, síntoma merecedor de un diagnóstico sereno, sino a un porcentaje importante de los mexicanos.

Ambos gobernantes despachan en este Centro Histórico que una vez más es el ágora nacional, plaza pública donde se debe poder hablar en libertad, donde impere la razón, el orden y el respeto a la ley.

 

Jacobo Zabludovsky
DIC 10

La nueva guerra Por Jacobo Zabludovsky opinion@informador.com.mx

Nuevo gobierno, nueva guerra. Con la Docena Pánica terminó también la guerra contra el narcotráfico y la delincuencia organizada, con una lista de 100 mil bajas entre muertos, heridos y desaparecidos. En el duelo de la derrota y el esfuerzo por disfrazarla de triunfo, la Tumba del Civil Desconocido no se le ocurrió a nadie. Lástima, porque como negocio hubiera sido más productivo que la Estela de Luz, pero la tirolesa, las entrevistas a los noticieros del carrusel, la agonía del adiós y el presuroso clímax del auto bombo no permitieron distracciones. Cadáveres no hubieran faltado para escoger uno a la medida. No se puede todo. Se hizo lo que se pudo, justo es reconocerlo.

La guerra contra la corrupción debe centrar el esfuerzo del nuevo gobierno. Nada hay más importante. La corrupción es la causa principal de la pobreza, la ignorancia, la mortalidad temprana, la inseguridad ante los criminales, la angustia frente al futuro. Ninguna obra pública puede cumplir su propósito de mejorar la vida de los ciudadanos si se es encomendada a estafadores y ladrones.

No hay en México una investigación que permita calcular los daños causados por la corrupción. La extendida complicidad oscurece este tipo de delitos. Cálculos de gobiernos y compañías trasnacionales que presupuestan sobornos cuando invierten en México hacen saber, con base en informes fáciles de consultar, que nuestro país se coloca entre los más corruptos del mundo. Desde la mordida al agente de tránsito hasta los premios de literatura a plagiarios, pasando por el tráfico y explotación de personas en las fronteras, la riqueza insolente de líderes de obreros traicionados, la importación con permisos oficiales de alimentos nocivos, los cambios de uso de suelo en perjuicio de vecinos, la protección a grandes minoristas, el robo de medicinas a los pobres, la entrega de concesiones y permisos sin licitación y la impunidad de los culpables son el pan nuestro de cada día.

No es casual que los países con mejor calidad de vida tengan menor nivel de corrupción: Noruega, Suiza, Singapur; mientras los lugares corruptos albergan a los más miserables como México, Nigeria o Haití. Sería una estupidez adjudicar a una sola causa la pobreza de la mayoría de las naciones. Cada una tiene su catálogo de motivos de acuerdo a su lugar en la geografía, la historia, la economía, la educación. Y si usted quiere échele la culpa a Dios o a la suerte, pero advierta que en ellos existe un factor compartido, un denominador común: la corrupción.

Es signo alentador del sexenio recién nacido es la creación de un organismo especial de combate a la corrupción. Desaparecieron dependencias creadas para encubrir delitos de funcionarios y proteger a criminales incrustados en la administración pública. Esa actitud refleja preocupación por romper un esquema de vida de la sociedad mexicana, tan antiguo que parece inconmovible. Su combate es desafío complicado porque ha penetrado los organismos públicos y privados de todos los niveles. Se intercambian favores y comparten los beneficios mal habidos. El nuevo Presidente no va a carecer de materia prima al iniciar su labor inaplazable de limpieza. Los culpables ahí están. Si la basura se barre de arriba hacia abajo, no tendrá que ir lejos para iniciar la tarea.

La guerra contra la corrupción es una buena bandera. La semana pasada se puso broche de oro al sexenio con el destape de otro posible robo: los cuatro consejeros profesionales de Pemex, compañía más productora de pus que de gasolina, denuncian en carta detallada que el costo del gasoducto de Los Ramones, 3 mil millones de dólares, está “inflado” 60%. El procedimiento de este despojo al pueblo es similar al de los barcos que por un dedazo reciente se contrataron con astilleros gallegos. El blindaje absoluto que protegió al trinquete naval, el negocio más turbio hasta entonces en la historia de México, alentó este nuevo atentado contra los dineros públicos. Es un ejemplo cualquiera: ni el mayor ni el más raro.

Señor Enrique Peña Nieto: hace 50 años vi caer al presidente Adolfo López Mateos en el Congreso de Brasil. Accidente embarazoso, ridículo, casi grotesco. Sin sacudirse el polvo subió a la tribuna y principió: “Habrán observado que tropecé al entrar. Les aseguro que es el único tropiezo que he sufrido en el terreno de la ley”. Los legisladores, pasmados poco antes, aplaudieron de pie hasta cansarse. Yo también. Y me sentí orgulloso.

Llegué al taller de los legisladores según la enseñanza de su ilustre paisano doble. Ningún primer paso mejor dado que el de cumplir y hacer cumplir la norma jurídica. Usted lo juró hace unas horas.

 

Jacobo Zabludovsky
DIC 3

Hola y adiós Por Jacobo Zabludovsky opinion@informador.com.mx

Enrique Peña Nieto definirá el próximo sábado el destino de su sexenio. Después de la Docena Pánica su partido, que gobernó algo así como siete décadas, recobra el poder ejecutivo con el compromiso de no tropezar en los errores que causaron su caída. Después de una campaña intensa obtuvo el triunfo que lo obliga a justificar su presencia, responder a los reclamos de quienes votaron en su favor y en su contra, escuchar la voz de quienes más necesitan, definir con claridad su plan de trabajo, lograr sus metas sin concesiones a los intereses opuestos al bien común. Es la oportunidad de hacer que los mexicanos reencontremos fórmulas de equidad social ignoradas por ineptitud, ignorancia o corrupción.

El discurso de su toma de posesión el próximo sábado es, sin duda, el más importante de su vida. En él deben estar planes concretos de ejecución inmediata y omitirse cualquier devaneo demagógico; debe usarse el lenguaje común de la gente y rechazar los conceptos vagos o incomprensibles. De que le entendamos y nos convenza depende que cuente con el mayor apoyo posible en el sexenio que no se muestra fácil ni confortable, míresele por donde se le mire.

El fondo debe ser una declaración de principios y un plan de acción adecuado a nuestras circunstancias. La forma ha de corresponder a ese fondo; que se entienda con claridad para prescindir de la necesidad de un intérprete. Y no prometer más de lo posible, frenando los sueños faraónicos y sujetando la ambición de crecer a nuestra realidad.

Caemos placenteros en el lugar común de tomar del Quijote los consejos a su escudero cuando Sancho aceptó, “…por el deseo que tengo de probar a qué sabe ser gobernador…”, gobernar la ínsula ofrecida por el duque. “Has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo… haz gala de la humildad de tu linaje… hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia que las alegaciones del rico… si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino de la misericordia… si mal gobernares, tuya será la culpa…”, le dijo don Quijote entre otras recomendaciones recibidas con humildad por Sancho, consciente de su carencia de letras pero no de astucia y buenas intenciones.

El encargo de Sancho duró diez días, tiempo de resumir su experiencia: “He ganado el haber conocido que no soy bueno para gobernar, si no es un hato de ganado, y que las riquezas que se ganan en los tales gobiernos son a costa de perder el descanso y el sueño, y aun el sustento, porque en las ínsulas deben comer poco los gobernadores…”. Tal resumen, muestra de claro juicio hizo Sancho al terminar su desempeño.

Lástima que su vida no sirva de ejemplo a quienes en estas épocas y en estos campos terminan de gobernar sin asomo de autocrítica, sumergidos en un pantano de alabanzas delirantes, bajo arcos triunfales de papel de china y frases huecas.

Llega un presidente, hola, y se va otro, adiós. El recién llegado no gobernará Barataria, producto de la imaginación, sino un país con 60% de miserables, seis millones de analfabetas, generaciones enteras de jóvenes sin acceso a la educación superior, 100 mil muertos y desaparecidos en una guerra perdida contra narcotraficantes y delincuentes comunes cuyo poder se ha multiplicado en seis años, una corrupción penetrante como las humedades en todas las actividades públicas, el más grotesco contraste entre el puñado de ricos cada vez más ricos y el universo de pobres en vía de paupérrimos. El nuevo gobernante habrá de requerir algo más que los consejos cervantinos.

Restan cinco días a este sexenio despedido con cantos de corridos mariacheros, portadas y reportajes monegascos en el papel cuché de la vanidad bonita, atmósfera de beneficio y despedida de toda la compañía en el fin de fiesta sainetero y trágico de un país que se achicó en todo hasta en su nombre.

Démosle al nuevo presidente el beneficio de la esperanza. Pertenece al mito político mexicano una experiencia sin excepciones: conocemos al nuevo presidente el día que se sienta en la silla. La Silla. Cambia, se transforma, aparece o se difuma; si era mudo empieza a hablar sin nadie que lo calle y si era gris se viste de lentejuelas, de verde, de azul o de estadista. Todo puede pasar. Todo ha pasado. No ganamos (¡lo que nos han costado!) para sorpresas.

Los mexicanos de mi edad, que somos pocos ya, hemos visto mucho. Los que nunca pertenecimos ni pertenecemos a partido político alguno confiamos (hablo por mí) en el cambio hacia la madurez, la prudencia y la verdad.

A Enrique Peña Nieto, buena suerte. La va a necesitar. Buena suerte a México.
 

Jacobo Zabludovsky
NOV 26

Nombres, nombres, nombres Por Jacobo Zabludovsky opinion@informador.com.mx

La sombra de Agatha Christie inspira cada sexenio la publicación del gabinete presidencial. La clásica escritora inglesa acomoda los personajes de sus tramas misteriosas a la manera característica de su estilo: 10 o 12 hombres y mujeres van llegando a un lugar recóndito que puede ser una isla, un castillo o un ático, sin saber por qué fueron invitados, sin vínculo aparente entre ellos que justifique su reunión. Se conocen, saludan, cenan, duermen y fallecen uno por uno. A veces cada muerte acompaña la desaparición de un indiecito de barro hasta que indiecitos e invitados se agotan. “Nadie sabe, nadie supo”, diría el monje loco, hasta que se explica el secreto para tranquilidad de lectores insomnes y curiosos en general.

El método la convirtió en mujer riquísima, le dio fama universal y dejó discípulos, entre ellos los políticos mexicanos, consumidores adictos de su receta que cada seis años nos tienen en vilo, agobiados, al borde de un ataque de nervios, en espera de la revelación de último minuto con los nombres de los miembros del gabinete; lista sorpresiva, clímax casi erótico, evocador, nada menos, que el de Fu Manchú, el mago que empezaba a sacar papel de sus orejas y sacaba y sacaba mientras decía papel, papel, papel, hasta llenar el inolvidable teatro Arbeu, desde el altar ahí conservado de San Felipe de Jesús al foso acústico de agua bajo el escenario, donde otro taumaturgo de peinado afro, Blakamán, había olvidado un cocodrilo.

Teatro al fin y al cabo. Entramos hoy a la escena final, culminante. De un momento a otro lo trivio dejará espacio a lo trascendente, porque durante seis años los convocados regirán de una manera u otra nuestras vidas, aunque algunos sean reemplazados a lo largo del camino. El próximo presidente de México descansa en ellos la responsabilidad de llevar a la práctica sus proyectos.

Como en todo enredo policíaco respetable, asoman personajes a quienes los expertos asignan destinos concretos y promisorios. Enrique Peña Nieto entregó el miércoles a los grupos parlamentarios del PRI en el Congreso sus iniciativas para modificar el Gobierno federal: borra del mapa las secretarías de la Función Pública, de la Reforma Agraria y de la Seguridad Pública; crea la de Desarrollo Agrario y la Comisión Nacional Anticorrupción y atribuye nuevas áreas a las Secretarías de Gobernación y Desarrollo Social y establece un nuevo régimen de control gubernamental.

Los cambios son complejos, producto sin duda de una reflexión minuciosa para corregir errores y adecuar las leyes a una realidad en constante cambio.

Miembros del equipo de transición del presidente electo son lógicos ocupantes de los puestos principales de la nueva administración. Para Gobernación y Hacienda los augures ya hablaron; los lambiscones empiezan a alinearse; los ladrones de la palabra “intelectual” ajustan las tarifas de sus revistas, servicios de asesoría, fabricación de encuestas y certificados de transparencia; los empresarios no quieren ‘chichi’, sólo que los pongan cerca; los precios de entrevistas disfrazadas de noticias de radio, televisión y prensa habrán de elevarse como cada principio de sexenio. Todo se acomoda. Si se trata de combatir la corrupción, el nuevo presidente se va a jactar, como el piloto aquel de Iberia obligado a tomar tierra.

Me interesan, en estas vísperas, los nombres de los secretarios de Desarrollo Social y Educación. El primero debe ayudar a solucionar el problema fundamental de México: el de la pobreza extrema de más de la mitad de los habitantes. Debe dedicar atención urgente, cueste lo que cueste, a la mejoría de vida de los miserables, privados de casa y salud, de empleos y esperanza. Y del segundo depende la juventud de hoy y el México de mañana. Tenemos seis millones de analfabetas y varias generaciones de muchachos sin escolaridad superior. Es vital abrir las aulas a las carreras prácticas pero también a las disciplinas humanísticas, tan despreciadas por tantos gerentes de maquiladoras trepados al poder público. Ahí están los casilleros de cada secretaría en espera de palabras.

No comamos ansias: los nombres los sabemos. Nos pasa, tal vez, algo similar a lo fraguado por Edgar Alan Poe en su obra maestra: La carta robada. Ella contenía la clave. La buscaron en los rincones olvidados, los roperos antiguos, las cajas chamagosas y las paredes falsas. La carta, como los próximos ministros, evadía a los interesados.

Estaba a la vista. Todos habían pasado 100 veces delante de ella. Su contenido con ciertos nombres actuales está frente a nosotros. En la repisa de la chimenea.
 

Jacobo Zabludovsky
NOV 19