Hace 15 años la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco (CEDHJ), con Guadalupe Morfín como presidenta, denunció las infrahumanas condiciones de vida y laborales que padecían alrededor de dos mil 700 jornaleros que recolectaban jitomates en empresas agrícolas de Sayula. Familias enteras de migrantes indígenas sobrevivían en duras jornadas cotidianas, mal pagadas, en situaciones insalubres y atentatorias de elementales derechos humanos. El infierno de los pobres trabajadores se hallaba a una hora de distancia de Guadalajara. Ese año, 1998, el organismo estatal emitió una recomendación donde, puntualmente, pidió la intervención de numerosas autoridades.
Lástima que la recomendación 15/98 la hayan eliminado del sitio web de la CEDHJ. La sólida investigación que generó el documento recomendatorio es un hito histórico en la defensa de los derechos humanos en Jalisco. Se trata de un modelo con metodología, claridad en el análisis y excelente argumentación jurídica, que repercutió a favor de los jornaleros y sus albergues, mediante diversos convenios, entre ellos con el DIF Jalisco. Lo que hizo la CEDHJ fue también un llamado ético-humanista, un alerta no sólo por lo que sucedía en Sayula, sino en otras zonas del Estado.
Lo que de nuevo está ocurriendo en la Región Sur de Jalisco es indignante. Otro grupo de jornaleros migrantes, 275 de acuerdo con autoridades, trabajaba en condiciones precarias en un invernadero de jitomate, que unos ubican en San Gabriel y otros en Tolimán. Lo cierto es que los testimonios recogidos informan que fueron trasladados desde San Luis Potosí, Hidalgo y Veracruz, que hacinados en pequeños cuartos, dormían en el suelo en bolsas de plástico y mantas, comían sólo arroz y tortillas, con un sueldo a la mitad de lo que se les prometió, ruines sanitarios, drenaje en mal estado, vigilados y golpeados por capataces, con sistema de pago de las tiendas de raya porfiristas, sin atención médica, con niños desnutridos y jornadas extenuantes. Gracias a la denuncia de un jornalero que pudo escapar, los liberó la Fiscalía General.
Además de la recomendación de la CEDHJ en 1998, otras investigaciones alertaban sobre lo que ocurre en esa región. En 2006, por ejemplo, el estudioso universitario Alejandro Macías Macías, en su detallado trabajo Estrategias laborales de los empresarios hortícolas en México. El caso de Sayula, Jalisco, da cuentas de la producción agroindustrial y las penalidades de los jornaleros agrícolas, que enfrentan una relación laboral que “en mucho se asemeja a los mercados de esclavos de los siglos inmediatos posteriores al descubrimiento de América”, pues el flujo migratorio es controlado por las propias empresas, que cuentan con una red de “enganchadores” para solicitar la cantidad de jornaleros que ocuparán. Es un mercado laboral controlado de manera férrea en los propios pueblos de origen de los indígenas.
No sólo en el Sur de Jalisco los indígenas padecen explotación jornalera. También en regiones, como la Costa, por ejemplo. Lo hecho por dependencias como Sedesol, con un programa para trabajadores migrantes, o Secretaría del Trabajo, ha sido insuficiente. El esclavismo moderno prosigue.