Las razones de la obstrucción reformista Por Sergio Aguirre sergio@aguirre-consultores.com.mx / @seraguirre

El cable WikiLeaks MEXICO 00000083 –liberado mucho antes del inicio del proceso electoral–, sentenciaba: “Con una estrategia mejor descrita como pragmatismo político, los propios priistas señalan que es poco probable que el partido apoye cualquier esfuerzo reformador en los próximos años –no importa cuán necesaria sea– y que pudiera causar controversias en el público”.

Esas motivaciones (de persecución del poder en demérito de lo necesario para el país), contrastan radicalmente con las razones aducidas recientemente por los priistas y su candidato Enrique Peña Nieto en el debate, para justificar su posición de bloqueo respecto de reformas sustanciales, las cuales ahora dicho candidato priista de manera contradictoria impulsa decididamente en su propuesta. En este sentido aducen en primer lugar que su fuerza en el Congreso era insuficiente para aprobar las reformas. Sobre esta afirmación vale recordarles la promesa incumplida del PRI consistente en avocarse a la aprobación de las reformas de carácter económico, una vez logrado con sus aliados el poder suficiente en el Legislativo, tal como ocurrió. Por ello, dicha afirmación carece de sustento: junto con sus aliados tenían la fuerza suficiente para acompañar al PAN en todas las reformas fundamentales, no solo en las económicas. No obstante, no lo hicieron, confirmando al menos en mi criterio, la falta de consecuencia de dicha institución partidista entre lo que promete y hace.

En segundo lugar, dicen en descargo de sus obstrucciones, que dada la coyuntura de las alianzas del PAN con el PRD para las elecciones locales de varios estados de la República, alianzas a las que a su decir, el Presidente Calderón se había comprometido a evitar, su reacción (justificada según eso) consistió en dejar a un lado toda negociación y en consecuencia bloquear cualquier intento reformista. Este alegato, que quizá pudiera tener alguna lógica en el plano meramente de lucha política, no la tiene en absoluto; dado que el compromiso de legislar correctamente no lo es con el Presidente de la República, sino con el elector, con el ciudadano. Por ello, aún en el caso de que dicho pacto entre el PRI y el Presidente de la República hubiere efectivamente ocurrido y también se hubiere incumplido, esa supuesta razón justificada denota el lugar que para la ciudadanía nos tiene reservado el probable retorno del régimen priista: un lugar muy secundario, donde lo único realmente valioso a observar y escuchar endogámicamente, es a la llamada clase política.

En efecto, se trata de un aviso sobre las maneras de gobernar que probablemente arribarán, basadas en el desprecio al ciudadano: prepotencia, arbitrariedad, miedo, violencia selectiva del gobierno, control de la prensa, mezquindad de derechos y un largo, larguísimo etcétera.

Sergio Aguirre
MAY 11

La propuesta y el liderazgo Por Sergio Aguirre sergio@aguirre-consultores.com.mx / @seraguirre

La propuesta del candidato sólo es una parte de lo considerable para tomar la decisión de por quién votar. Otras son su partido –que en teoría indica más o menos cómo piensa– (no tan relevante a mi parecer en estas elecciones) y su liderazgo. La propuesta sirve en primer lugar, para contrastar su historia, su pasado con las ideas que pretende materializar. Sería contradictorio encontrar por ejemplo, a un candidato señalando en su propuesta, ideas a las que previamente se opuso él mismo o su partido guardando él silencio cómplice tal como ocurre con la propuesta de reforma laboral del candidato priista a la Presidencia.

Por otro lado, la propuesta resulta ser una guía de las acciones que probablemente realizará en la consecución de un vínculo de identificación de valores con el elector. Y digo probablemente porque siempre me ha parecido algo ridículo tanto el prometer cosas cuya implementación dependen de la circunstancia, la fortuna o de plano de otros poderes o niveles de gobierno ajenos al control del candidato, como también la exigencia de cumplimientos literalistas o fariseos de promesas de campaña.

Para estos casos podemos citar al candidato priista (la firma ante notario de compromisos para efectos prácticos y jurídicos da igual si se hace en papel higiénico) y a la candidata panista y su partido, con su spot negativo para demostrar que dicho candidato no cumple con lo que promete. Efectivamente, en ocasiones cumplir a rajatabla con lo que se promete sólo por la necedad de cumplir, puede ser hasta contraproducente en el caso de que la circunstancia dicte otro tipo de prioridades.

Ahora bien, la propuesta dado el descrédito de la política, tampoco es de fiar (parece que hay que darles un trato análogo a los de clientes mala paga: cobrarles por adelantado, exigirles las reformas por adelantado, por ejemplo). Es por ello que el liderazgo tomará a mi parecer, un papel más relevante que de costumbre. Pero cuidado, no hay que confundir el sentido del concepto. En democracia no significa mandar imponiendo, ni mucho menos el demagógico mandar obedeciendo, sino el mandar guiando. Ya será tarea del lector buscar dicha característica en las opciones que tendrá para cada boleta en julio.

Lo que es la verosimilitud para el científico, lo es la credibilidad para el político. La suma de su liderazgo, partido, y propuesta la conforman.

¿Usted a quien le cree más?

Sergio Aguirre
MAY 4

Guadalajara de negro Por Sergio Aguirre sergio@aguirre-consultores.com.mx / @seraguirre

La metrópoli de Guadalajara es un pueblo de almas enlutadas. Dado su desparramado, desordenado e ilegal crecimiento, se encuentra seccionada políticamente en seis municipios conurbados y colinda con el Bosque de La Primavera. Ubicado al Poniente de la ciudad, dicho polígono es su pulmón más importante y en días pasados ha quedado devastado por un incendio, lo cual representa una verdadera tragedia para todos sus habitantes, independientemente del municipio en el que residan.

Ya sea que hubiere ocurrido por dolo, negligencia, indolencia o lentitud, o todas las razones anteriores; la pérdida de una tercera parte de su superficie no debe de quedar impune. Lo anterior sin crear chivos expiatorios, figura tan socorrida y corriente en nuestro sistema. Imputar falsamente sólo sirve para ocultar a los culpables.

Por ello, además de la reforestación planteada por organizaciones cívicas creadas espontáneamente en redes sociales como “Reforestación de La Primavera 2012”, también será necesario vigilar por parte de la ciudadanía las actuaciones de la autoridad en la persecución de responsabilidades.

El bosque ha resistido y sufre diversos ataques a su integridad. Narcolaboratorios, invasiones a la brava y con justificaciones legales ridículas, incendios provocados y accidentales, desidia –cuando no complicidad– gubernamental sobre el tema (el presupuesto destinado al bosque es casi inexistente, razón por la cual los encargados de su cuidado–muy competentes– no pueden con su chamba), son sólo algunos. Por ello, toca –para no variar– a los ciudadanos guiar en la actualización funcional del bosque. Lo anterior se confirma de la experiencia de estos días. La comunicación efectiva no la dio el gobierno sino las redes. Asimismo, la ayuda focalizada de emergencia tampoco, sino la ciudadanía organizada de manera –insisto, espontánea–. Pero sobre todo, hay que reconocer a los verdaderos héroes: los brigadistas que se entregaron de manera ejemplar para rescatar al bosque.

Se vale soñar: Quizá no sea solo el momento de arreglar de una buena vez y para siempre el problema estructural del bosque y su reforestación, sino además, el inicio de una tendencia irresistible de trasformación de nuestra amada megalópolis: Unidad jurisdiccional de la metrópoli conurbada (con reelección inmediata consecutiva), regreso al centro, nuevo urbanismo, movilidad no motorizada, preferencia al peatón y al trasporte público seguro y limpio, programas para fomentar el uso de la bicicleta, presupuestos participativos, mecanismos de coparticipación en la toma de decisiones, terminar con las mafias inmobiliarias y ordenar el desarrollo urbano delimitando con claridad los límites territoriales de la ciudad.

Se vale soñar, pero también hay que actuar.

Para mayores informes sobre “Reforestación de La Primavera 2012” https://www.facebook.com/groups/372695756104829/

Sergio Aguirre
ABR 27

Todos son el nuevo PRI Por Sergio Aguirre sergio@aguirre-consultores.com.mx / @seraguirre

Para poder decidir qué voy a hacer con cada una de las boletas en las elecciones de julio, me he propuesto desplegar un ejercicio que ruego al lector siga, aun cuando le parezca injusto que ponga a todos los partidos políticos en el mismo corral. La simbiosis entre los partidos mexicanos es fácil de apreciar –el afirmar la pertenencia a alguno ya no da luz sobre su forma de ver la política, ni mucho menos sobre su probidad–. La ultraendogamia a la que mucho me he referido y su irresponsabilidad (no hay norma que les exija rendir cuentas) parecen ser las culpables: una, no permite el acceso a nuevos jugadores y por consiguiente, no hay aires nuevos y exclusión. La otra, simplemente corrompe: “En caja abierta, hasta el justo peca”, reza el refrán. Luego, todos se encuentran contagiados por las malas prácticas de todos, de tal suerte que no es aventurado afirmar que todos los partidos conforman al “nuevo PRI” a manera de sus nuevos “sectores”. No obstante, hay que reconocer que, hasta en ese “nuevo PRI”, hay gente valiosa de entre tanta podredumbre.

Es por ello que, lo más racional en estas elecciones es diferenciar el voto: votar por las personas y su historia, no por el partido; y en su caso anular la boleta. Desgraciadamente a veces –como es el caso–, lo más racional es lo más complicado. Esta forma de votar, debe su sofisticación al necesario conocimiento de los conceptos de voto nulo, voto afín, voto de castigo y voto útil además de una labor previa de investigación. En el voto útil, se sacrifica al voto afín (por el que uno quiere votar por cualquier tipo de identificación) por el voto a un candidato no afín, pero con mayores posibilidades de ganar, a cambio de que no gane determinado candidato. El voto de castigo va dirigido a una agrupación política con cuyo desempeño en el gobierno no se está de acuerdo. ¿Pero qué ocurre cuando no se está de acuerdo con todo el “nuevo” PRI? ¿A quién se castiga cuando todos los partidos son culpables (mucho más que la sociedad) de la situación actual de las cosas? El voto de castigo implica un voto de premio. ¿Hay algún partido que considere el lector merezca premios por su conducta?

Anular la boleta es una forma de protestar contra el régimen político vigente. Es igual de permitido, tanto jurídica (no hay norma que lo impida así como para nuestra desgracia, tampoco hay norma que le dé valor a dicho voto) como éticamente que el voto afín, de castigo y el útil.

De ahí lo poco productiva de la controversia actual, entre aquellos que exigen fanáticamente el voto en tal o cual sentido, contra los que pretenden anular todas sus boletas o solamente algunas. Yo en lo personal, –a diferencia de 2009, donde anulé todas las boletas–, espero votar afín, útil y nulo según corresponda. No votaré para castigar a algún partido determinado porque no tiene sentido y por lo menos anularé una boleta.

Es en este sentido que me parece cristalino, que tanto para los que piensan votar “efectivo”, como para los que quieren anular, su verdadero adversario a vencer, se encuentra en la abstención. No desconozco que el gobierno –en todos sus ámbitos y poderes– se ha encargado de alejar el interés ciudadano por las cosas públicas sin embargo, toca a los interesados en votar de cualquier forma, cerrar filas y llamar a vencer a la abstención, sin perder el tiempo en peleas que no llevan a ningún lado.

Sergio Aguirre
ABR 20

Cambio de rumbo Por Sergio Aguirre sergio@aguirre-consultores.com.mx / @seraguirre

Sólo he adquirido y leído —hojeado varios— un libro de memorias de un ex presidente mexicano. En 2004, Miguel de la Madrid con la colaboración de Alejandra Lajous, publicó las suyas en el Fondo de Cultura Económica, titulándolas con el nombre de este artículo. Bien redactado y parco, combina los sentires personales con información muy útil para conocer aquellos terribles tiempos, pero a mi parecer quizá su mayor virtud, sea su destreza y arte para matizar.

Gobernó en medio de calamidades. Para empezar, recibió la economía con una estocada mortal. (Amén del crac bursátil mundial que haría aparición en el 1987) El modelo de sustitución de importaciones había dejado de ser viable y conveniente para el país desde hacía dos sexenios, pero había sido mantenido de manera artificial mediante deuda y especulación al precio del petróleo, en conjunto a una política de gasto irresponsable para adquirir activos improductivos. Los precios cayeron y los intereses subieron (aún hoy sigue siendo absurdo apostarle a los mercados financiero y energético para financiar el gasto del gobierno, pero hay todavía quienes insisten en ello) y López Portillo, decidió aún en contra del presidente electo de la Madrid, utilizar a los bancos como chivos expiatorios de sus temerarias y fracasadas políticas económicas, tomando el control gubernamental de la banca mexicana, acertando con ello la estocada de la que hablaba antes, al desencadenar un proceso de hiperinflación y devaluación de muy triste memoria nacional.

Le tocó por ello lidiar con el empresariado justamente enfurecido e implementar medidas económicas draconianas en forma de terapia intensiva importándole poco su popularidad (situándose a años luz de tomar una decisión por encuestas) logrando acuerdos entre todos los “sectores” productivos. También, enfrentar el terremoto de 1985 con aparatos burocráticos anticuados. Dicha tragedia y mal manejo, provocó el nacimiento de movimientos sociales (que desgraciadamente a la larga se corporativizaron) que aunados a un ala inconforme del PRI por la sucesión presidencial, —entonces por “dedazo”— y pequeños partidos de izquierda luego configuraron el movimiento cardenista, antecedente del PRD, además de avivar de nuevo el ímpetu democrático.

Al cambio de rumbo que dio al país, al iniciar la apertura comercial mediante la suscripción del GATT (antecedente de la actual Organización Mundial de Comercio) y la reconducción responsable de las finanzas públicas (tarea desde entonces aplazada en su cabalidad) le faltó acompañarse por un cambio de rumbo democrático, exigido y atorado desde 1968, hasta la Presidencia zedillista, para luego dar un retroceso —pasajero espero yo— por la contra reforma electoral de 2007 y cuyos efectos nos tienen hastiados: la “espotdemocracia” que no facilita la discusión y definición de los grandes problemas nacionales. Asimismo, la renovación moral que pregonó como lema de campaña no ocurrió, quizá porque no pudo ocuparse de ello.

Al día de hoy, México sigue siendo mediocre en cuanto a su competitividad internacional. Lejos estamos de políticas económicas medianamente actualizadas y a años luz de un modelo neoliberal (el cual entiendo como aquel que no contempla a la cooperación, sino sólo a la competencia como principio económico). Por ello, creo que al final del día aquellos que vociferan en contra de la iniciativa privada, el supuesto neoliberalismo mexicano y que sólo entienden a la cooperación como principio económico, han logrado imponer su agenda y mantener así al país en los ochenta. ¿Hacia dónde va México? No lo sé, pero creo que a la respuesta sólo la obtendremos de una modificación política fundamental que permita que los intereses políticos se emparejen al bien común propiciada desde la ciudadanía (no veo cómo, con ganas de equivocarme, lo haría sólo la partidocracia), o esperar a que el país se encuentre en situaciones análogas a las que enfrentó de la Madrid para cambiar, esto es: esperar hasta que ocurra el desastre.
 

Sergio Aguirre
ABR 13

Menos leyes, más orden Por Sergio Aguirre sergio@aguirre-consultores.com.mx / @seraguirre

Los mexicanos no sabemos o no queremos regularnos bien. No es exagerado afirmar que todos los ámbitos de actividad humana se encuentran legislados de manera deficiente; ya sea con textos demasiado ambiguos o con situaciones reguladas de más o de menos. La ambigüedad provoca inseguridad jurídica; la sobre regulación, mercados negros y la infra regulación, abusos del poderoso.

No en balde pasamos por momentos donde es práctica habitual también, hacer nugatorios derechos humanos mediante leyes tramposas y excesivas, y donde los incentivos los colocan al revés. Una manera de paliar tanto problema es una actualización o renovación jurídica de casi todo. Para que una sociedad de masas y de recursos limitados pueda ser viable, requiere ser legislada eficientemente, dejando a los particulares mayor capacidad de decisión, con pocas y nítidas normas.

Para ello, entre otras cosas se deben ubicar las conductas que más perjudican a la sociedad —haciéndole caso a la ciencia y adelantos tecnológicos más que a prejuicios—, de tal manera que pocas sean las conductas sancionadas penalmente, y dentro de éstas, las menos que impliquen cárcel durante el proceso, además de un replanteamiento sobre la duración de las sanciones corporales (las altas penas en nuestro país no van en sintonía con la idea de la prisión como rehabilitante). En este sentido, muchos caemos regularmente en la trampa de identificar lo sancionable con lo penal. No es cierto. Existen además de las sanciones penales, las administrativas y las civiles (éstas últimas más propias de los contratos entre particulares).

No obstante, por alguna razón que desconozco, el mundo de la sanción administrativa está  abandonado en demérito de lo criminal. Lo penal es demasiado caro y en tanto no rehabilite, puede resultar hasta contraproducente para la sociedad.

Además de barato, lo administrativo es mucho más amplio y dúctil de lo que se puede imaginar, además de tener a su disposición una amplia gama de sanciones, como multas, arrestos breves, amonestaciones, etcétera. Lo administrativo que excluye lo penal (malamente en nuestro país no necesariamente son excluyentes, de tal manera que puede ser sancionado por las dos vías) es una solución a la que nuestros políticos no se han acercado con seriedad sino al contrario, a la menor provocación híper regulan, tal como en el colmo del absurdo lo hicieron (con la agravante de que esa norma era para ellos) con la reforma electoral de 2007.

Paradójicamente ahora los políticos se encuentran en una situación análoga o parecida a la que nos tienen acostumbrados a los particulares.

Por ejemplo, se supone que legalmente apenas comienza la campaña presidencial… Los vemos haciendo malabares para hacer su chamba sin pegarle mucho a la ley, paranoicos de violentar la norma por error y, en general, muy incómodos por la inseguridad jurídica en la que se encuentran. Amén de simulaciones, abusos y fraudes a la ley, incumplimientos llanos, y demandas al adversario al por mayor y por cualquier motivo, para tratar con ello –pienso yo– de justificar o compensar sus propios e inevitables incumplimientos y simulaciones.

Estimados lectores, tomaré vacaciones de esta columna durante dos semanas. Nos veremos de nuevo el viernes 13 de abril.

 

Sergio Aguirre
MAR 23

Juárez Por Sergio Aguirre sergio@aguirre-consultores.com.mx / @seraguirre

Se pregunta José Manuel Villalpando (Juárez, Editorial Planeta) en el inicio de su prólogo: “¿Cuál es la visión de Benito Juárez que debemos tener los mexicanos de hoy?”. A lo cual el mismo se responde de manera contundente: “La del primer gobernante verdaderamente modernizador de la nación”.

Figura de contrastes: amado irracionalmente por unos y odiado igualmente por otros (la visión del héroe adorado —como si de un santo laico se tratara— de los textos oficiales de la época de hegemonía revolucionaria, contrasta con la del villano destructor de la nación, de los textos usados en esos tiempos en los colegios católicos), al generador de la primera modernización mexicana; se le imputan notorias falsedades, así como se le atribuyen cualidades e ideas que simplemente no tenía o no le importaban.

Su entendimiento del momento histórico —la necesidad urgente de modernización so pena de comprometer la existencia del país (México fue centro de luchas mundiales en tiempos del imperialismo y estaba muy debilitado por su falta de identidad nacional) —, su habilidad política y notable inteligencia, su humildad, sobriedad, congruencia, pero sobretodo su perseverancia y tenacidad fueron características indiscutibles del oaxaqueño.

Sus grandes ideas y legado: igualdad ante la ley (desaparición de corporaciones y estamentos que legalizaban la desigualdad), el impulso a la clase media mexicana mediante el acceso a la compra de bienes inmuebles (prácticamente no había transacciones inmobiliarias en virtud de que ni la Iglesia ni las comunidades indígenas los comerciaban), libertad de prensa, el respeto de México en el mundo y con ello el inicio de la consolidación de nuestra identidad nacional, la gran importancia que le dio a la educación, como arma para salir de la ignorancia y la pobreza.  Paradójicamente, Juárez comprometió muy seriamente la existencia del país con tal de encaramarse al poder e imponer su visión (al igual que sus adversarios de guerra buscó la asistencia extranjera y para lograr el favor de Estados Unidos firmó el aberrante tratado Mac Lane–Ocampo, mediante el cual prácticamente se entregaba la soberanía nacional, mismo que no fue aprobado milagrosamente por el Gobierno norteamericano por cuestiones de política interior) y cometió errores que derivaron a su vez en problemas dramáticos como la intervención. (El gobierno francés pretextó la moratoria de pagos para incursionar y luego tomar arteramente casi todo el territorio) Juárez pertenecía a los liberales puros o radicales, los cuales a diferencia de los moderados, no creían ni en el gradualismo ni en la reconciliación con el adversario (aún con el país destrozado no llamó a la unidad de los antiguos bandos).

Lastimó demasiado y le faltó magnanimidad a la victoria, llegando a la crueldad en muchas ocasiones. En términos actuales, se le podría catalogar como un vil revanchista, con lo que pospuso la pacificación del país cuando urgía más. También, su adicción al poder fue legendaria y no le interesaba el tema democrático: llegó incluso a cometer fraude electoral y se mantuvo en el poder por más de 14 años, los cuales hubieran sido más, sino es por su muerte.

El inicio de la expulsión del gobierno de los religiosos, si bien es algo loable y muy positivo, la forma de realizarlo polarizó terriblemente a los mexicanos: expulsó del país a obispos y derrumbó templos, entre otras dagas. En el sentido económico, sus ideas hoy podrían tacharse por la izquierda anacrónica, como las más neoliberales. No atacó (ni pudo hacerlo) directamente a la pobreza, sino que confiaba en que el sistema económico liberal luego se encargara de solucionarla. En este sentido, se le podría catalogar como un capitalista irredento.

En los albores de la revolución de la información y la globalidad económica, hoy México se encuentra paralizado. La modernidad está en crisis, cuando aquí ni siquiera la hemos degustado. Ello, de alguna manera se puede trasformar en fortaleza, si bien no siempre estará ahí la oportunidad de levantar miras y dar ese deseable golpe de timón, que sofistique y amaestre la modernidad, en lugar de destruirla. Ya no son tiempos de caudillos como lo fue el Benemérito, sino de ciudadanos modernizadores libres y activos, que entiendan no sólo la necesidad de modificarnos, sino el enorme valor de la democracia y la reconciliación para ello.

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Hoy cumplo cuatro décadas de vida. Julia, la niña más bella del mundo (que hoy también cumple años), Juan Pablo y Sergio, mis amigos más queridos y divertidos. Ustedes son mi motor.
 

Sergio Aguirre
MAR 16

Los congresos eran la clave Por Sergio Aguirre sergio@aguirre-consultores.com.mx / @seraguirre

Ya no me cabe duda: todos los partidos se han arraigado más en sus defectos que en sus virtudes, y gracias a su endogamia han entremezclado y compartido sus vicios.

Las malas prácticas panistas perredistas y priistas las vemos ahora en todos los partidos. Las listas plurinominales lo confirman: difícil encontrar en ellas (y principalmente en sus primeros lugares) posiciones técnicas o figuras democráticas de primer orden, pero muy sencillo el apreciar nombres de truhanes, bandidos y amigotes de los jefazos.

Hace algunos meses (EL INFORMADOR 9/12/2011 “Los congresos son la clave”) este escribidor alertaba sobre la importancia del Congreso federal y los locales en las elecciones de 2012: al no ser tan relevante la elección presidencial (al contrario de cómo era antes) ya que el próximo presidente o presidenta muy poco podrá hacer sin reformas; y estas últimas dependen de los legisladores.

Además señalaba que votaría por los candidatos a legisladores del PAN o PRD que fueren independientes y de calidad. Ahora otros analistas y estudiosos llaman la atención sobre el mismo tema, pero simultánea y paradójicamente los partidos se encargan de quitarle relevancia al Legislativo, al colocar en sus listas personajes que más que aportar, parecen más bien necesitados urgentemente de fuero.

¿Qué hacer? Por un lado es inevitable que dichos sujetos sean hacedores de leyes. Por otro lado, al encontrarse prohibidas por la Constitución las candidaturas independientes o ciudadanas, se cierra la oferta política a la partidocracia.

Asimismo, la conformación de nuevos partidos políticos es prácticamente imposible —los requisitos establecidos en ley están diseñados para no admitir competencia política—.

Por su parte, no existe mucha esperanza para que los legisladores actúen en favor de sus electores, ya que sus incentivos están en otra parte, al no ser responsables ante su electorado por no existir la reelección consecutiva. Tampoco tenemos rutas eficaces de iniciativa de ley ciudadana ni de consulta popular.

Parece que desde el interior de las instituciones no se puede hacer gran cosa. También que nuestro voto ha perdido parte de su utilidad: el sistema no permite que sirva para su propio cambio. Ante esta situación sólo dejan abierta la posibilidad del reclamo y la presión ciudadana mediante medidas de desobediencia civil.

Y es en este contexto donde surge una idea es muy sugerente y atractiva. Consiste en la creación de un parlamento ciudadano alterno. Una especie de símil al gabinete de sombra que después de la elección de 1988 hiciera el PAN, cuya finalidad sea entre otras, el presentar como ciudadanos sin intereses partidistas y con ideologías contrapuestas, pueden ponerse de acuerdo a diferencia de los “políticos profesionales”.
 

Sergio Aguirre
MAR 9

Para articularnos Por Sergio Aguirre sergio@aguirre-consultores.com.mx / @seraguirre

Hablaba en la anterior entrega sobre la necesidad de articular a la sociedad sin las contradicciones propias de la clase política y tomando en cuenta las agendas locales y nacionales. El reto es complicado, pero posible. Y lo es porque si bien el sector político está sumamente cohesionado en virtud de las reglas actuales —si no, véase el fenómeno de la llamada partidocracia—, no es así con las organizaciones ciudadanas. La política mexicana se ha encargado de mantener segmentado o dividido sin razón y en ocasiones también ha enfrentado entre sí a dicho sector. También el gobierno y los partidos han intentado, con o sin éxito, tomar el control de algunas de dichas organizaciones (tal como lo intentó sin éxito el gobierno del presidente López Portillo con la Barra Mexicana, Colegio de Abogados). La atomización de la sociedad civil contrasta con la concentración del poder político.

No desconozco que algunas organizaciones ciudadanas o de la sociedad civil no son tales. Algunas funcionan como apéndices de grupos políticos o de partidos; otras son de mero membrete y sirven sólo de autopromoción; otras se utilizan para evadir impuestos, “lavar” dinero e incluso, se llegan a usar para defender criminales y encubrir actividades delictivas en ocasiones hasta con protección de las autoridades.

Lo anterior plantea un reto adicional: para poder articular a la sociedad en la consecución del bien común (finalidad que supuestamente le corresponde perseguir al gobierno) hay que hacer una selección de aquellas organizaciones ciudadanas que sí lo son. Pero, ¿qué criterio hay que tomar para poder hacer esta selección? La respuesta está en el camino del dinero. Las organizaciones de la sociedad civil generalmente obtienen sus recursos básicos, ya sea por mecanismos de autofinanciamiento o por vía filantrópica.

Además nunca les sobra el dinero. En otras palabras: si no se sabe de dónde sale el dinero con el que operan y no cobran cuotas a sus miembros y gastan a manos llenas, por lo menos hay que considerarlas sospechosas. Asimismo, dichas organizaciones normalmente no se interesan en temas de importancia real, sino sólo en temas coyunturales que sirvan a sus intereses (cualesquiera que sean).

No obstante estas problemáticas, los ciudadanos contamos con aceleradores tecnológicos o plataformas, que aunadas al poder de las llamadas redes sociales, pueden remontar fácilmente la atomización antes descrita. La página electrónica democracia.mx —creada por algunos líderes del grupo de trabajo por objetivo llamada “#ReformaPoliticaYA”—, tiene por objeto servir de punto de contacto entre organizaciones ciudadanas y mexicanos interesados en cambiar la “súper estructura” del país o lograr un nuevo pacto social. Es momento de articularnos.

Sergio Aguirre
MAR 2

Crisis estructural Por Sergio Aguirre sergio@aguirre-consultores.com.mx / @seraguirre

 

Decir que México está en crisis es ya más que un lugar común. Complicaciones muy serias en casi todos ámbitos de vida diaria del mexicano de a pie, en materias tales como la policíaca y de seguridad (física y jurídica), energética, ecológica, económica, fiscal, laboral, de telecomunicaciones, trasporte público, cohesión social; pero sobre todo en la cuestión política (origen de todos los demás atrasos) han distinguido nuestro devenir en los últimos tiempos.
 
Una Policía confiable; sistemas legales sólidos que permitan convivir en libertad —al gestionar con rapidez y eficacia los flujos de los daños causados por los particulares y gobierno y al no permitir la impunidad—; una empresa energética pública que permita a los particulares participar en el juego y lidere adecuadamente la transición energética, que sea trasparente y rendidora de cuentas, respeto al medio ambiente, una verdadera economía de mercado —no capitalismo de cuates– que facilite la vida al emprendedor y no lo obstruya; un sistema tributario cuyo costo de la formalidad no espante a los nuevos participantes y no maltrate a los registrados, fiscalización adecuada de los recursos públicos y corresponsabilidad en el ingreso y en el gasto; relaciones modernas entre patrones y empleados; telecomunicaciones enfocadas al consumidor; sistemas urbanos que integren y no desintegren; una cultura de respeto, educación seria y un sistema democrático funcional, con candidaturas independientes; reducciones en los gastos de los partidos, con reelección (que implica dotarles de responsabilidad a los políticos); consulta e iniciativa popular; elementos de corte parlamentario; redistribuciones de responsabilidades entre la Federación, entidades federativas y municipios; regímenes especiales para las megalópolis son algunas de las cuestiones que se requieren modificar con urgencia.
 
No es difícil relacionar casi cualquier problemática con el estancamiento. Por ejemplo, después de años de impunidad con relación a los cientos de accidentes ocasionados por el poco respeto que se le tiene al peatón, –en particular por parte de los camineros de nuestra metrópoli– y las inútiles acciones gubernamentales para solucionar el problema, aunadas al régimen cuasimafioso de los sindicatos de trasportistas, un grupo de “justicieros” han asesinado arteramente a algunos conductores del trasporte público y han amenazado con asesinar a tres de ellos por cada víctima que generen. No por obvio hay que dejar de señalar que así no se arreglan las cosas. Este tipo de acciones son igual de injustificables que los recientes linchamientos ocurridos en la Ciudad de México y no se pueden permitir, aun cuando –me incluyo– algunos sentimos cierto alivio (muy torcido por cierto) al saber que por lo menos esta semana los conductores de camiones serán un poco más cuidadosos que de costumbre. Sin embargo, repito, no son modos. No son los caminos del Derecho y esas conductas contrario a servir para solucionar el problema lo agravan. La violencia no proveniente del Estado –y también la mal usada por éste–, más bien abre nuevos problemas.
 
Por lo anterior, ahora más que nunca, las agendas locales y nacionales están más imbricadas que nunca. Ya no es posible entender soluciones más o menos sólidas a los problemas locales sin modificaciones en toda la estructura, y conforme va pasando el tiempo, dicho entrevero se va haciendo más fuerte y peligroso. 
 
Es por ello que la división entre la ciudadanía que pugna por las causas locales y aquella que ve por las cuestiones nacionales, ya no tiene ningún sentido: ambas se nutren recíprocamente. Es difícil activar a la ciudadanía dormida cuando ve tanta contradicción entre los políticos. Las organizaciones ciudadanas no se pueden dar ese lujo. Su discurso tiene que ser sumamente articulado y claro, ya que de la participación ciudadana depende detonar la transición política, tarea que, por lo visto, le ha quedado muy, pero muy grande a la clase política.
Sergio Aguirre
FEB 24
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