El cable WikiLeaks MEXICO 00000083 –liberado mucho antes del inicio del proceso electoral–, sentenciaba: “Con una estrategia mejor descrita como pragmatismo político, los propios priistas señalan que es poco probable que el partido apoye cualquier esfuerzo reformador en los próximos años –no importa cuán necesaria sea– y que pudiera causar controversias en el público”.
Esas motivaciones (de persecución del poder en demérito de lo necesario para el país), contrastan radicalmente con las razones aducidas recientemente por los priistas y su candidato Enrique Peña Nieto en el debate, para justificar su posición de bloqueo respecto de reformas sustanciales, las cuales ahora dicho candidato priista de manera contradictoria impulsa decididamente en su propuesta. En este sentido aducen en primer lugar que su fuerza en el Congreso era insuficiente para aprobar las reformas. Sobre esta afirmación vale recordarles la promesa incumplida del PRI consistente en avocarse a la aprobación de las reformas de carácter económico, una vez logrado con sus aliados el poder suficiente en el Legislativo, tal como ocurrió. Por ello, dicha afirmación carece de sustento: junto con sus aliados tenían la fuerza suficiente para acompañar al PAN en todas las reformas fundamentales, no solo en las económicas. No obstante, no lo hicieron, confirmando al menos en mi criterio, la falta de consecuencia de dicha institución partidista entre lo que promete y hace.
En segundo lugar, dicen en descargo de sus obstrucciones, que dada la coyuntura de las alianzas del PAN con el PRD para las elecciones locales de varios estados de la República, alianzas a las que a su decir, el Presidente Calderón se había comprometido a evitar, su reacción (justificada según eso) consistió en dejar a un lado toda negociación y en consecuencia bloquear cualquier intento reformista. Este alegato, que quizá pudiera tener alguna lógica en el plano meramente de lucha política, no la tiene en absoluto; dado que el compromiso de legislar correctamente no lo es con el Presidente de la República, sino con el elector, con el ciudadano. Por ello, aún en el caso de que dicho pacto entre el PRI y el Presidente de la República hubiere efectivamente ocurrido y también se hubiere incumplido, esa supuesta razón justificada denota el lugar que para la ciudadanía nos tiene reservado el probable retorno del régimen priista: un lugar muy secundario, donde lo único realmente valioso a observar y escuchar endogámicamente, es a la llamada clase política.
En efecto, se trata de un aviso sobre las maneras de gobernar que probablemente arribarán, basadas en el desprecio al ciudadano: prepotencia, arbitrariedad, miedo, violencia selectiva del gobierno, control de la prensa, mezquindad de derechos y un largo, larguísimo etcétera.