“Profes”, prietitos del arroz Por José M. Murià jm@pgc-sa.com

Para Leticia, aquella gran maestra de la que nadie hablará

Se ha puesto de moda denostar al magisterio. Seguramente quienes quedaron atorados durante horas en la Autopista del Sol encapsulados por el calor de Chilpancingo les han de haber dedicado rudos pensamientos a los árboles genealógicos de los bloqueadores.

Podemos imaginar escenas casi dantescas de criaturas llorando, abuelitos sedientos y haciendo sus necesidades en aquellos terrenos que tanto distan de ser un vergel. Ríos de sudor por doquier y, sobre todo, un coraje reprimido, mientras los mentores utilizaban su mejor recurso para que sus inconformidades fueran conocidas.

El dilema de siempre: unos tienen derecho a protestar, pero otros tienen derecho a circular.

Lo malo es la generalización y, sobre todo, perder de vista que no debería de arremeterse contra el indio, sino contra quien lo hace compadre.

Se han oído comentarios de gran dureza contra los mentores: que  son irresponsables, que  son unos vándalos y unos vagos, que  son todos unos delincuentes, etcétera. Uno de ellos no tiene desperdicio: habría que correrlos a todos y darles el dinero a las monjitas y a los padrecitos, para que ellos se hagan cargo de la educación.

Mi respuesta a tan insensato comentario fue tal que resultó exagerada, mas fue lo primero que me vino a la cabeza y no está errada del todo: La mayor parte de los maestros rebeldes son católicos. ¿Querrá decir que habría que prescindir de todos los maestros católicos?

No puedo dejar de pensar, ante asertos de esta tesitura, en los centenares de maestros jaliscienses que conozco personalmente o de los muchos que tengo buenas noticias fidedignas, que constituyen un ejemplo de probidad y de entrega a la profesión de soportar y desasnar a nuestros hijos, la mayor parte de las veces en condiciones poco propicias, por no decir inicuas.

Pienso en el maestro que debe trabajar dos turnos y más, para allegar a los suyos lo mínimo necesario. Pienso en el maestro imaginativo que se las ingenia para inventarse recursos didácticos, con los escasos elementos que le proporciona la miseria de su derredor.

No puedo dejar de pensar en los miles de maestros entregados cabalmente a su apostolado que, si nuestra sociedad los atendiera como es debido y les concediera un mejor status, tal vez ni se les ocurrirían tales agresiones a sus semejantes y no darían motivos de queja.

¡Qué mal andamos cuando quienes trabajan para la integración de los futuros ciudadanos se vuelven proclives a secundar los deseos de “prietitos en el arroz”! Pero no caigamos en la trampa de juzgar a todos por igual y busquemos la verdadera raíz de la discordia…

José M. Murià
MAY 17

Mi recuerdo de Leobardo Larios Por José M. Murià jm@pgc-sa.com

A Rafael Castellanos, quien es de su misma madera

Hace 18 años que el señor licenciado Leobardo Larios Guzmán murió asesinado en la puerta de su casa. Hasta hacía poco que todavía era procurador de Justicia de Jalisco y, ¡claro!, llevaba una mínima protección humana. Nada comparado con los cinturones humanos dentro del cual se hallan ahora funcionarios públicos de menor relieve.

Había desempeñado su cargo a las órdenes de dos gobernadores y, claro, había pisado varios callos y algunos malandrines se la tenían jurada. Lógico es que un personaje así conserve la escolta durante un cierto tiempo, máxime que seguiría viviendo en su modesta casa de siempre y seguiría desempeñando sus funciones docentes en la Universidad de Guadalajara, también como siempre.

No era, pues, difícil de cazar. No habían pasado dos meses y medio desde su retirada del cargo, por obra y gracia del cambio de Gobierno y la entronización del joven gobernador Alberto Cárdenas Jiménez (a)  “Bebeto”.

Al saber más detalles y sobreponernos al pasmo que produjo el crimen, tuvimos noticia de que Leobardo Larios iba ese día totalmente solo, en virtud de que el titular del Ejecutivo había dispuesto que se le retirara la escolta. Más fácil aun resultó la macabra tarea para los criminales…

Independientemente de su prestigio como abogado, de su espléndida gestión como procurador y de su impecable gestión como maestro, para el suscrito, Leobardo Larios tenía un significado adicional. Lo recuerdo, ¡claro!, cuando fue mi alumno en la preparatoria: callado, atento, puntual y oportuno. Era de los alumnos que se hacen respetar y querer.

Su muerte fue motivo de duelo en mi domicilio, nos laceró.

Recuerdo claramente el día que le dije: “Leobardo, mi hijo te respeta y te admira ”, a lo que él contestó rápidamente con esa mirada tan afable que ponía a veces: “No tanto como yo a usted”.

Cada vez que me acuerdo de la escena, mi orgullo se hincha, pero mi corazón  se encoge. No tiene nada de raro. Como tampoco lo es que, al recordarlo,  piense también en el tal “Bebeto” y le recuerde el 10 de mayo, precisamente de aquel año 1995,  cuando Leobardo Larios Guzmán, hombre bien,  murió asesinado por habérsele negado la protección a la que tenía todo el derecho.

¿En qué pensará el ingeniero Alberto Cárdenas Jiménez, modesto regidor del municipio de Guadalajara, después de su fallido intento de ser presidente del mismo, cuando ahora se desplaza bien protegido?
 

José M. Murià
MAY 10

Homenaje a un canciller español: Fernández Ordóñez Por José M. Murià jm@pgc-sa.com

Se dice que el triste panorama que prevalece en España se debe, en buena medida, las grietas de un contexto internacional corroído por el  neoliberalismo descarnado. Sin embargo, al decir de los observadores locales que seguimos y de acuerdo con experiencias empíricas de quienes, por una razón o por otra, vamos con frecuencia a ese país.

Puede asegurarse que determinantes sectores muy influyentes en la realidad española también han contribuido sobremanera a que el tan presumido “estado de bienestar”, que habían alcanzado desde hace algunos lustros, acabara siendo a la postre una época de innecesario despilfarro.

Ello resulta lamentable porque un aprovechamiento más racional de la cauda de dineros que se desparramaron por la Península Ibérica, desde que se incorporó plenamente a la Unión Europea, pudieron haber dado lugar, además de chiquear a toda la población, a poseer unas reservas que, en vez de agarrar a los españoles fuera de base, los hubiera encontrado más protegidos para enfrentar la crisis actual.

Ello me hace recordar a Francisco Fernández Ordóñez, a quien tuve la oportunidad de tratar con motivo de su última chamba,  desde 1985 hasta su muerte por cáncer en 1992, la de ministro de Asuntos Exteriores español.

Quiero decir que, junto a lo que hoy ocurre, la figura de Francisco se eleva de manera inconmensurable. Queda claro que no ha habido canciller mejor en ese país. No hay espacio para hablar de sus éxitos en diferentes frentes, pero sí de asegurar que, frente a “Nuestra América”,  su gestión fue impecable. Pero el hombre también sabía de números y pesetas. No en balde había sido ministro de Hacienda durante casi dos años difíciles: de 1977 a 1979.

Me consta que el despilfarro que se vislumbraba era motivo de su preocupación y, mientras conspirábamos con discreción para evitar que los representantes de Estados Unidos ingresaran con pleno derecho a la organización que se gestó de cara a la Conmemoración del  Quinto Centenario del Encuentro de dos Mundos, que acaecería en 1992,  varias veces comentó que la fortaleza del pueblo español estaba en su sentido del ahorro y repudio al dispendio innecesario.

Cuando nos despedimos en 1991, frente al Teatro Degollado, ambos sabíamos que era para siempre. Al abrazarlo toqué ya demasiados huesos y, habiéndolo él notado, me dijo: “Murià, ya ve que siempre hay que ahorrar energías. Gracias a ello hemos llegado hasta aquí. Le doy las gracias” Era la Primera Cumbre Iberoamericana, de la que fue el verdadero forjador.

¿No creen ustedes que Francisco Fernández Ordóñez le ha hecho  mucha falta a su país?

José M. Murià
MAY 3

La autodeterminación de los pueblos Por José M. Murià jm@pgc-sa.com

Hay una gran fotografía en la embajada de México en La Habana, desgraciadamente con mala definición, que debería tenerse muy presente no sólo en toda Cuba, para que tuvieran sus habitantes más en cuenta la solidaridad mexicana en momentos  difíciles para ellos, sino muchos países cuya voz pesa en el panorama internacional.

Se trata de una reunión de todos los delegados de la Organización de Estados Americanos que tuvo lugar en el bello balneario uruguayo de Punta del Este. Era el mes de enero de 1962. Los delegados tienen el brazo levantado en actitud de votar. Era el resultado de varios meses de exitosas gestiones de la diplomacia de Estados Unidos para que Cuba fuera expulsada de la Organización en virtud de que, el primero de mayo anterior, el comandante Fidel Castro Ruz había proclamado el carácter socialista de su régimen. Era su respuesta al intento bélico de someter al Gobierno de la isla por parte de los exiliados en Miami, mediante el desembarco —fallido a la postre— que se había producido 13 días antes en Bahía de Cochinos.

El cometido norteamericano se cumplió y Cuba quedó fuera, tal como sigue hasta la fecha. Pero hubo un prieto en el arroz: no todos los brazos están levantados. Con la cabeza gacha y tensa, y los dos puños apretados sobre la mesa, puede verse al embajador de México, Vicente Sánchez Gavito, que a nombre de su país, se abstenía de unirse a la cargada. Al Tío Sam le fallaba su plan de que la expulsión de Cuba fuese por unanimidad.

Cuando se le atosigó después indagando el porqué de su voto diferente al de todos los demás, Sánchez Gavito, palabras más palabras menos, les contestó que México creía, sostenía y avalaba “el derecho a la autodeterminación de los pueblos”, tal como lo había demostrado y lo demostraría después en diversas y dramáticas ocasiones. Así fue en relación al franquismo español, impuesto por los totalitarismos de Hitler y Mussolini, y numerosas arbitrariedades intervencionistas de las Barras y las Estrellas en América Latina, por no referir más.

Cada pueblo tiene derecho a elegir el camino que le parezca.

En muy buena medida, dicho aserto, viene a ser una proyección internacional del precepto juarista de que “el respeto al derecho ajeno es la paz”, y fue una norma ineludible durante los tantos años de dignidad y sólidos principios de la política exterior mexicana, en contra de tantos resabios colonialistas que sobreviven alrededor del mundo y esgrimen países poderosos y remedos de los poderosos que conservan entre sus garras   territorios, gobiernos y pueblos que tienen todo el derecho a ser ajenos si así lo manifiestan ellos mismos con toda libertad.  
 

José M. Murià
ABR 26

Barbaridades sobre Tequila Por José M. Murià jm@pgc-sa.com

No obstante que son accesibles algunos textos sobre el aguardiente llamado  tequila y la población de Tequila hechos con seriedad, llama la atención que circulen textos plagados de verdaderas impudicias…

Tal es el caso del que ofrece el Boletín Informativo que se ha distribuido para los visitantes que hemos tenido desde el pasado 17 para intercambiar ideas sobre “el futuro que queremos en América Latina y el Caribe”.

Queda claro que no tiene la culpa el indio, “sino el que lo hace compadre”. No son los organizadores de la reunión sino los jaliscienses a quienes les han pedido apoyo para la empresa.

La actividad cultural sugerida para mañana es una “Visita al pueblo de Tequila”, mismo que adquirió la categoría de ciudad desde la segunda mitad del siglo XIX. Se trata de ver el paisaje agavero, del que encontrarán muy poco en este momento los visitantes, y las antiguas instalaciones. Aquí se les tomará el pelo pues lo que se hallará será pura construcción a imagen y semejanza de lo que se destruyó hace décadas.  

Pontifica también el referido texto que “tequila” significa  “lugar en que se corta” o “lugar de tributo”: otra soberana mentira. Los topónimos se refieren a condiciones del paisaje, no a actividades humanas. Es más fácil de creer a los que sí saben: “Lugar de hierbas silvestres o entre las piedras”. Te-tl (piedra) quili-tl (hierba o quelite) y lan (lugar).

Curioso es también que se diga que “fue fundada por Cristóbal de Oñate en 1530” No es de creerse que al visitante le interese mayor cosa quien lo fundó, pero en todo caso no fue Oñate. Primero, porque existía desde mucho antes de la conquista. De otra manera le habrían puesto nombre de Santo. Segundo, porque lo que sabemos es que Oñate pasó por ahí en 1530 en un regreso que hizo a Etzatlán en busca de auxilio y refuerzos para el gran contingente encabezado por su jefe Nuño de Guzmán, que estaba más al norte y quería seguir más allá. Así sucedió de hecho y llegó hasta Culiacán, donde fundó San Miguel porque ya pensaba en consolidar lo conquistado. Oñate no traía ni atribuciones ni ganas ni razones para andar fundando nada…

Se agrega que Tequila fue declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO “reconociéndose la producción artesanal de esta bebida” ¿Dónde está dicha producción artesanal? Son fábricas, chiquitas, pero fábricas.

Finalmente: “El municipio de Tequila cuenta alberga [sic] a más de 14 compañías productoras…mundialmente reconocidas” Creo que si encuentra cinco reconocidas fuera de Jalisco, son muchas.

A veces los ignorantes con iniciativa pueden cometer muchas barbaridades.   
 

José M. Murià
ABR 19

¡Arriba Zapata! Por José M. Murià jm@pgc-sa.com

Con los años la figura egregia de Emiliano, quien fue sacrificado en  Anenecuilco, Morelia el 10 de abril de 1919, se ha ido opacando por obra y gracia del proceso de “bronceado” —llenado de bronce— de que ha sido víctima.

Bien se dice que, en el ánimo popular basta que el Gobierno enaltezca un personaje para que salgan los recelos. Tal es la razón, aseguran los psicólogos de la sociedad, de que Francisco Villa y precisamente Emiliano Zapata hayan desempeñado un mejor papel en el imaginario colectivo de nuestro país: fueron los últimos —y con muchos recelos— en ser admitidos en el gran altar de la Revolución Mexicana.

No han sido pocos los equilibrios que tuvieron que hacer los acomodadores del Panteón Nacional para explicar la convivencia armónica en muros con letras de oro y monumentos de todo tipo de personajes que en su tiempo fueron antagónicos y, aun a la fecha, si se hallaran frente a frente, sonarían los balazos o, al menos, los peores improperios.

El que más se sale del huacal es justamente Zapata. Prueba de ello que, aun sin haberlo siquiera conocido y que el propio Zapata hubiera pisado tierras fronterizas de Chiapas con Guatemala, fue su nombre el que se utilizó para darle carácter al último brote más o menos revolucionario que ha surgido en nuestro país con un carácter relativamente bien organizado y merecedor de un cierto respeto y conocimiento general.

Quizá, desde Jalisco, nos cueste más trabajo entender el porqué se convirtió, al menos de nombre, en “zapatista” el movimiento que “subcomando” el tal “Marcos”, pero viajando por el Sur puede notarse que muchos planteamientos de Zapata siguen siendo válidos y, algo muy importante: de todos los líderes revolucionarios es el que despertó rencores durante más tiempo.

Cuando era más joven, de lo que no hace tanto, recuerdo la noticia de un caporal de una hacienda cercana a Oaxaca que enseñaba a su hijo los rudimentos de la equitación ranchera. El joven se esmeraba, pero como era un poco gordito, ciertos movimientos no le salían con facilidad. En un momento dado le gritó fuerte al vástago: “Arriba esa pata”, lo cual le ganó una serie de disparos que el patrón le quiso atinar. Azorado el agredido en cuanto apenas se alcanzó a esconder tras una cerca, mientras, pistola en mano, el agresor se le acercaba echando fuego por los ojos.

Todo se tranquilizó cuando quienes intercedieron cayeron en la cuenta de que el patrón, algo sordo, había entendido que el caporal de marras había gritado “¡Arriba Zapata!” lo cual le resultó intolerable.
 

José M. Murià
ABR 12

“El soldadito del pomo” Por José M. Murià jm@pgc-sa.com

Cada vez que me quejaba de las dagas del Gobierno anterior, mi compadre, hombre de rancho, me replicaba: Todo lo que “empieza chueco acaba torcido”…

Él juraba y perjuraba que Felipe Calderón (FECAL) no había ganado a la buena las elecciones de 2006 y que su intranquilidad de conciencia lo hizo asumir el rol de quien da un golpe de Estado: fortalecer enormemente a la milicia.

De ahí que le haya encomendado a las Fuerzas Armadas mexicanas tareas de espionaje, de Policía y hasta de revisores de equipaje, que no le correspondían. Fue un modo de sacarlas a la calle y de que estuvieran bien dispuestas para arremeter contra cualquier respuesta airada de la población en respuesta al artero fraude electoral.

De ahí que, a lo largo de seis años, hayan recibido la partida presupuestal dedicada a éstas un salvaje incremento cercano a 900 por ciento. ¡No! No hay error: casi 900%, lo cual da por resultado una cifra estratosférica. La diferencia primordial con los “malos gobiernos” que antecedieron a los buenos de Calderón y de Fox,  es que éstos se preocuparon mayormente por incrementar los presupuestos para la educación en todos los niveles, con los cual se coadyuvó sobremanera a mejorar el nivel de vida de muchos mexicanos.

Resulta evidente que no es gastando en armas y soldados mucho más de la cuenta como se fomenta el desarrollo de una sociedad. De manera que esta mala distribución del dinero fue una de las causas del deterioro nacional, lo que hizo del Gobierno de Calderón uno de los peores de todos los tiempos.

Gracias a él hubo más muertes violentas en México en seis años que los causados en los años setenta por todas las dictaduras sudamericanas juntas…

Para fortalecer su imagen castrense le dio por vestirse,  o más bien por disfrazarse, de militar. Pero de modo tal que más bien le repateaba a los militares con pundonor, máxime que, como no encontraron gorras y casacas de su medida o él mismo las prefería de una talla mayor para parecer más grande, recordaba más bien a ese enano de Blanca Nieves cuyos ropajes le arrastraban. La imagen quedó indeleble. De esta manera, cuando supimos de su vocación etílica y su consuetudinario hábito de empinar el codo, no tiene nada de raro que mi compadre y otros muchos mexicanos le hayan endilgado el sobrenombre de “el soldadito del pomo”.

Supongo que ello devino en parte de la acertada parodia, del mismo título, debida ni más ni menos que al ingenio de Brozo, el “payaso tenebroso”, que tanto nos hace reír con su proverbial agudeza  y deliciosa mala fe.

José M. Murià
ABR 5

¡Ya se fueron los “decentes”! Por José M. Murià jm@pgc-sa.com

Gracias a mi antigüedad en la vida, recuerdo como si fuera ahora cuando César Coll tomó posesión como presidente municipal de Guadalajara, allá por 1995.

–“Ya llegamos los decentes” fue una frase que se oyó profusamente en mi entorno de “gente bien”. En su defecto, se oía denostar a los priistas por corruptos, pillos, rateros y demás. El cambio se saludaba con la seguridad de que los malos se iban y los buenos tomaban un lugar que les correspondía por derecho providencial del que ya no saldrían nunca más.

El discurso de Coll fue en realidad una diatriba contra todo lo anterior con amenazas casi explícitas de que serían muchos los que irían a dar con sus huesos a la cárcel.

También recuerdo que el nuevo alcalde, entusiasmado por el mariachi que entonaba Ay Jalisco no te rajes, emitió estruendosos comentarios en el sentido de que su nueva meta era ni más ni menos que Jalisco entero: “Ahora vamos por él”, decía…

No tardó en hallarse la primera corruptela: dos millones de pesos se habían erogado para comprar no sé cuántos metros cuadrados de asfalto que nunca se llegaron a embarrar por las calles. El estruendo verbal no se hizo esperar y el anuncio de un pronto castigo resonó por doquier. Pero hete aquí que pronto se averiguó que el cheque del Ayuntamiento se había hecho contra una factura expedida por un honrado empresario panista quien tuvo a bien cobrar el documento expedido a su nombre y, seguramente, después se procedió al reparto que resultó premonitorio de la creciente rebatinga que vino después hasta llegar a los increíbles excesos del sexenio que acaba de terminar. La decencia, si la hubo, cada vez se fue adelgazando más.

Como es de suponerse, del mentado asfalto no se volvió a hablar una sola palabra más.

Aparte de lo que ya se sabía bien, como el latrocinio cometido en el SIAPA por un tal señor Ocampo, o lo que se robó antes y después de los Juegos Panamericanos, desde que tomó posesión el nuevo Gobierno, el pasado 1° de marzo, la podredumbre que ha salido de becas no entregadas, de atención médica popular falsa, de una enorme cantidad de plazas inútiles de funcionarios con pingües salarios, de obras inconclusas porque su costo se incrementó estratosféricamente, de uso indebido de fondos en la Secretaría de Cultura y en la Comisión del Deporte en obras caras y también inútiles, de limosnas y aportaciones ilegales, etceeeeeeeeeeeétera,  falta todavía lo que encontrará la mano pesada del contralor Juan José Bañuelos, afamada por incorruptible, austera y leal, en la secretaría de Desarrollo Humano y en  varias otras.

No cabe duda que aun hay mucha mugre por exhumar, ahora que ya se fueron los “decentes”.    
 

José M. Murià
MAR 22

Una porra a nuestro zoológico Por José M. Murià jm@pgc-sa.com

A veces, Guadalajara es como aquella sección del infierno que no tenía guardianes, a pesar de que en ella se padecían los peores sufrimientos. Era el caso de que estaba poblado mayormente por jaliscienses y que, cuando alguno intentaba salirse, todos los demás se encargaban de mandarlo hasta el fondo.    ¡Cuántas cosas se dijeron en contra del Zoológico de Guadalajara antes de reconocer que es el mejor de México y, tal vez, de toda América Latina! Así somos.

Recientemente, en función de la condición de abuelo en la que tengo apenas poco más de un sexenio de experiencia, he recorrido varias instituciones de esta naturaleza, guiado por la mano sabia y muy exigente  de Diego López Murià.     

No detallaré mi currículum en la materia para no establecer comparaciones odiosas que podrían herir sentimientos, sólo diré que los antecedentes zoologísticos de Diego López abarcan tres continentes y varios países en cada uno de ellos. Yo no llego a tanto, pero sí tengo un mérito especial: a mí se debe que haya conocido el que más le gustó.     

Hace más de 52 viernes que decidí emprenderla por el Periférico Gómez Morín y, al llegar a la Calzada Independencia, emproar hacia el Norte hasta dar con el Zoológico Guadalajara.     

El pavoneo del abuelo contrastaba con los movimientos de ardilla del nieto que iba y venía de un lado a otro viendo, preguntando y opinando a más no poder.

Vale decir que el padre de la criatura no es, afortunadamente, un hombre de letras, sino más bien abocado a conocer la madre naturaleza. Quiero decir que Diego tiene más entrenamiento que yo en la materia, pues este servidor no pasa de ser un vulgar experto en flores de asfalto.    

El descenso hasta la ceja de la barranca comoquiera fue afrontado por mi atlética condición, pero el regreso me trajo resoplando como caballo lechero. Pero no hubo modo de hacer trampa y recurrir a la ayuda de algún vehículo fuese cual fuese la tracción.

Diego no quería perderse nada y no me resultó fácil, cual si hubiese coronado el Everest o de perdida el Citlaltépetl, alcanzar a desparramarme en aquella  de una refresquería en la cumbre.

Diego también se bebió su refresco sin decir gran cosa, pero  cuando íbamos saliendo miró para atrás, a manera de despedida, y luego, con esos ojos brillantes que pone cuando está contento, me dio un abrazo al tiempo que me decía: éste es el que más me ha gustado.    

En todo eso pensé cuando el pasado mes de febrero Eugenio Ruiz Orozco nos dio una conferencia sobre el dicho zoológico, a manera de celebración de los primeros 25 años de vida de dicha noble institución.
 

José M. Murià
MAR 15

Resurrección de Buelna Por José M. Murià jm@pgc-sa.com

A Marimar Vega, et. al.

Fue un gozo asistir a la premiere de la película de Felipe Cazals, titulada Ciudadano Buelna. Que sin duda contribuirá a que se recupere la noción de la existencia de este personaje tan importante para la historia del Occidente de México y, especialmente, de Jalisco.

En casi todas las intervenciones que tuve, con motivo del centenario de la Revolución, hice alguna referencia a este personaje y poca gente tenías noticias de él. Hubo más confusiones con su tío Eustaquio, gobernador de Sinaloa y poeta y periodista de renombre, que noticias  precisas de este joven —reconocido como el “Granito de Oro” por el color de su piel— que fue una pieza clave en la marcha hacia el Sur y la toma de Guadalajara de los constitucionalistas encabezados por Álvaro Obregón.

Rafael Buelna Tenorio, el revolucionario que alcanzó más joven el grado de coronel, conocía bien el terreno por haber vivido en Guadalajara cuando el huertismo lo obligó a salir de Sinaloa, y sus ideas fueron sumamente importantes para diseñar la buena estrategia para ganar nuestra ciudad. Empezando por la batalla de Orendain y terminando con la del Castillo.

Como revolucionario de verdad, acabó mal y murió durante la rebelión delahuertista (no confundir a De la Huerta con Huerta) lo mismo que le ocurrió Manuel M. Diéguez, quien a mi parecer debió aparecer en la película pues, habiendo sido nombrado gobernador de Jalisco por Obregón,  también jugó un papel importante en la toma de Guadalajara. Por cierto que fue Diéguez quien evitó que, en un momento dado, Buelna fusilara a Obregón.

En México las películas con tema histórico y la aparición de personajes relevantes tienen pésimos antecedentes, pues si a éstos la historiografía tiene la tendencia a presentarlos acartonados y lanzados para la posteridad “puras frases célebres”, la mayor parte de estas películas hacen lo mismo.

Hay excepciones, claro está, y Ciudadano Buelna es una de ellas. Dicho de otra manera: es el tipo de historia que debería haber en los libros escolares o de divulgación. En consecuencia, me permito sugerir, de la manera más atenta, que aunada a alguna de las películas sobre Villa y sobre Zapata, después, claro está, de la clásica Memorias de un mexicano de Toscano, se hiciera un paquete en el que estuviera, por supuesto, Ciudadano Buelna, para presentarse en todas las escuelas secundarias del país. Tal sería un buen modo de celebrar el centenario de la Revolución y no muchas de las pamplinas que se han estado haciendo.

Es un modo de paliar, como lo dijo Cazals, lo poco que se lee en México y coadyuvar a la necesaria forja de una mejor conciencia histórica.

José M. Murià
MAR 8