Puertas al campo Por Jacobo Zabludovsky opinion@informador.com.mx

¿Qué tienen en común el debate de los candidatos a la Presidencia y Paul McCartney?

Ubicadas en una misma semana la reunión de los cuatro (de los cinco gracias a la edecán) y la función del Beatle, revelaron una nueva realidad en la transmisión de informaciones políticas o espectáculos frívolos en México. Su enorme repercusión superior a la esperada, a pesar del ninguneo y a no ser televisado el del Zócalo, avisa de la existencia de herramientas cuya eficacia está muy por encima de la valuación que suele dárseles. Ahora existen e influyen rutas de comunicación en poder de los ciudadanos de a pie que se contraponen a la indudable fuerza que hasta hoy han tenido los medios tradicionales.

Algo cambió sin darnos cuenta, pero sus efectos no dejan indiferente a nadie. Ante la rigidez de los cauces conocidos las aguas buscan su camino y no hay posibilidad de contenerlas. El internet al alcance de todos, inmediato, masivo, gratuito y libre, ha desbordado los diques, inunda los vacíos de opinión y establece un contrapeso a sistemas que empiezan a parecer anacrónicos. No sería esta la primera vez en la historia en que un invento transforma una manera de vivir y, en cierta forma, modifica el juego de fuerzas característico de las democracias.

Recuerdo un caso con cierta similitud al actual. En la década de los cuarenta del siglo pasado XEW era la estación con el mayor auditorio que ha tenido cualquier radiodifusora mexicana. Don Emilio Azcárraga Vidaurreta (lo evoco con gratitud) logró satisfacer y estimular los gustos de una gran parte de los habitantes del país. Sus programas musicales, radionovelas, series infantiles, transmisiones deportivas o taurinas, todo lo interesante tenía lugar en sus emisiones. De los tres botones del receptor (el de encendido y volumen, el de búsqueda de estación y el del tono) sólo se usaba el primero

De pronto, con la sutileza de un murmullo, algo empezó a cambiar. Los discos grabados en 78 revoluciones con grandes deficiencias, fueron desplazados por un invento llamado alta fidelidad. Las radiodifusoras “chicas” pusieron la calidad de sus equipos de transmisión a la altura de la nueva técnica. Saturaron sus programas con lo mejor de la W con gran ventaja: la música grabada se oía mejor que la viva siempre sujeta a errores: desde un mal momento del cantante hasta un acompañamiento desafinado o mala colocación de un micrófono.

Además ya no había que esperar los jueves a las nueve de la noche para oír dos canciones a Agustín Lara, porque en las “chicas” Agustín estaba a todas horas, con las demás estrellas de la época, y si usted telefoneaba le ponían su preferida.

Algo más, decisivo: saturar de anuncios centenares de estaciones con miles de spots costaba menos que un anuncio de 30 segundos en W. Los publicistas retozaron como locos y compañías como 123, productora de aceites y jabones, hicieron temblar a Colgate y Procter y a toda una forma de convocar al público. Vísperas de la irrupción de la TV, cuando la radio fue sustituida como chimenea de las ilusiones, según locutor de la época. Tal vez algo parecido está ocurriendo: el ingenio humano avanza sin barreras y la creación de posibilidades en el mundo de las telecomunicaciones ha sido tan rápida como los versos de Machado: la primavera ha venido, nadie sabe cómo ha sido.

La intención de ignorar el progreso es un desatino tan desmesurado como ponerle puertas al campo. Actitudes arrogantes pueden causar desastres. Pregúntenle a Lucifer, enviado al infierno no por rebelar a los ángeles sino por soberbio, torpeza frecuente en los poderosos.

La ley es un instrumento del orden social que aparece para regular conductas existentes. En otras palabras: se dan los hechos y luego se reglamentan esos fenómenos con objeto de establecer formas de equilibrio en la convivencia humana. Al impulso innato del hombre de fabricar instrumentos de ayuda, protección y defensa, suelen oponerse fuerzas económicas para impedir cambios y evitar un porvenir amenazador a sus intereses.

La cualidad del sabio es no estorbar el adelanto, sino adaptarlo a sus fines, valerse de él. Lo están haciendo millones de tuiteros anónimos, indignados como en Wall Street y la Plaza Mayor, en los países árabes y en las faldas de la Acrópolis; hombres y mujeres jóvenes en su actitud mental, los mismos que convirtieron el debate político en noticia polémica y el Zócalo en una plaza que abarcó nuestra geografía.

Colofón: la radio “chica” con su aparición gigantesca le dio una sorpresa más a la cátedra antigua y aún a la televisión cuando Francisco Aguirre, en febrero de 1964, presentó en México por Radio Centro a unos muchachos llamados Los Beatles. Y todo cambió.

Jacobo Zabludovsky
MAY 14

Paz, tv y debate Por Jacobo Zabludovsky opinion@informador.com.mx

¿Quién es el dueño de la televisión?

Esa es la pregunta de inaplazable respuesta y no la mañosa discusión sobre si el debate de candidatos presidenciales podía o no ser televisado al mismo tiempo que un partido de futbol, exagerada hasta el escándalo y lo grotesco para distraer a los mexicanos del verdadero problema: ¿quien es dueño de la televisión en México? La respuesta evadida para no abordar un tema fundamental de la democracia mexicana, es que el dueño de la televisión, como el de la radio, el de un periódico o cualquier otro medio de información, es quien tiene el poder de ordenar su contenido, autorizar, rechazar o modificar el mensaje a transmitirse o imprimirse. En este caso los dueños de la televisión abierta nacional ejercieron el derecho que les garantiza la ley vigente, redactada por políticos serviciales, complacientes y temerosos de caer en ese limbo sádico de no aparecer en las pantallas, los mismos que hoy se rasgan las vestiduras ayudados por plañideras y bufones, socios o paniaguados de los propietarios a quienes protegen mediante un ataque aparente para ocultar el problema de fondo: la entrega a intereses mercantiles de un derecho exclusivo e inajenable del pueblo, tomado el concepto “pueblo”, tan manoseado, como unidad titular de la soberanía y elemento constitutivo del Estado: el derecho a la información plena, oportuna y objetiva.

“El mercado lo mueve el lucro y así es fuente de injusticias y desigualdades… la antigua esclavitud fue hija del mercado y hoy lo son también la pobreza y el desempleo”, afirmó Octavio Paz (Miscelánea III, Obras Completas, pág. 369). En el mismo texto explica Paz cómo llegó a la televisión “…en el noticiero de Zabludovsky, con un comentario semanal sobre asuntos de actualidad. En aquellos años, aunque parezca increíble, se había vuelto difícil para mí publicar en la prensa diaria. Colaboré en ese programa como antes y después lo he hecho en periódicos y revistas. Gocé de libertad plena y no reniego de una sola palabra de lo que dije. Varios de esos comentarios han sido recogidos en mis ensayos”. Octavio Paz, obra citada.

Es válido pensar si en estos tiempos democráticos a ese hombre, una de las inteligencias más luminosas del Siglo XX, poeta inspirado y profundo, analista universal, merecedor por mucho de su Premio Nobel, se le abrirían las puertas de la televisión, quiero decir, por supuesto, de la televisión actual mexicana, como entonces se abrieron sin condiciones a su pensamiento disidente. En un ejercicio de objetividad, el testimonio agradecido de Octavio obliga a revaluar los conceptos de censura y, a la sombra del sainete de la semana pasada, repensar a quien pertenece el dominio de los contenidos en la televisión, medio de influencia masiva, herramienta política de fuerza incomparable.

Durante siete décadas el poder hegemónico de un partido político decidía qué se publicaba y qué no, pero aun así Octavio Paz encontraba un lugar donde decir su verdad. Cambiaron las leyes y cuando las oscuras golondrinas volvieron sus nidos a colgar venían tejidos con otras varitas, para bien o para mal. El poder político sintetizado en la frase “soy soldado del PRI”, haya sido dicha o no, ha cambiado por: “sólo soy soldado de mis caprichos y lo único que no me paso por el arco del triunfo es el rating”. Viva la democracia.

El marco jurídico de la propaganda política en la televisión (en general todo el sistema informativo puesto al servicio de los accionistas y de la ley de la oferta y la demanda) adolece de fallas que el dueño del Canal Azteca hizo palpables, estilo personal aparte.

Se ha dicho que la política es asunto tan importante que no puede dejarse en manos de los políticos. De acuerdo. Sólo falta aclarar si está mejor en manos traviesas, ávidas e insaciables, movidas por fuerzas distintas a las requeridas para la solución de los grandes problemas de México, como la corrupción, la ignorancia y la contrastante desigualdad económica.

Termino con otra cita de Paz tomada del mismo libro: “Es indispensable fortalecer a la sociedad civil: solo la crítica pública y libre puede frenar a los faraones tecnocráticos… sin democracia, ningún experimento social, en la época moderna, puede ser válido… respeto a la voluntad de las mayorías y también respeto a la autonomía de las minorías y la libertad de los individuos… “.

Otra, que no está de más: “La función del escritor consiste en limpiar la atmósfera, abrir las ventanas, barrer las telarañas intelectuales y tratar de pensar con modestia y con verdad”.

Está claro quienes son los dueños de la televisión. Y que quien les hacen la ley les preparan la trampa.

Jacobo Zabludovsky
MAY 7

Corrupción nacional Por Jacobo Zabludovsky opinion@informador.com.mx

Donde aprietes sale pus, decía José Pagés Llergo.

En un país donde la mordida es parte de su historia, la corrupción nunca había sido tan a la vista, tan evidente, tan extendida y profunda como ahora, gracias no a la providencia a la que tanto le debemos los mexicanos, sino a la denuncia publicada por el New York Times.

“El caso Wal-Mart me tiene muy indignado”, dijo el Presidente Felipe Calderón cuando se dio cuenta, después de un intento de arrojar culpas a autoridades locales, de que su gobierno está metido hasta las manitas en la mugre y se apresuró a que la Secretaría de la Función Pública demostrara su existencia ordenándole investigar el asunto.

Ya se lo investigaron, don Felipe. El jueves en la primera página de El Universal, la reportera Lila Saúl publica: “El Gobierno federal favoreció en seis años a Wal-Mart con más de 200 permisos, concesiones, licencias y autorizaciones, así como con dos mil contratos. En 2009, la delegación de la Semarnat en Quintana Roo autorizó el cambio de uso de suelo en terrenos forestales de Playa del Carmen, para la construcción de una tienda de la cadena de supermercados. Por la apertura de la sucursal se eliminaron 30 mil metros cuadrados de selva media. De la Comisión Reguladora de Energía, Wal-Mart también ha recibido permisos para poder generar energía eléctrica… ha recibido 206 permisos, licencias y autorizaciones… dos mil dependencias federales le compran desde objetos de oficina hasta alimentos para empleados… Respecto al Banco Wal-Mart, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores se ha negado a dar información… así como del acta constitutiva de Suburbia, Vips y El Portón”. Servido don Felipe.

Pero no es eso todo. Este columnista se convierte en el Marqués de Comillas y usted, don Felipe, ahorra tiempo y dinero si corre a sus detectives, miembros de su equipo, y delega el trabajo en periodistas. Juan Carlos Fonseca, reportero de Unomásuno, publica el jueves una entrevista con el doctor Enrique Bonilla, fundador del, nada menos, Frente Nacional contra Wal-Mart, quien explica cómo además de no pagar sueldo a 27 mil empacadores, 17 mil acomodadores y franeleros pagan 50 pesos diarios de sus propinas y 22 mil lavadores de autos pagan 300 pesos diarios por el derecho a trabajar 11 horas diarias. Wal-Mart ha crecido 84% en este sexenio en que la tasa anual de crecimiento ha sido del 2%. Las autoridades laborales permiten estas prácticas… pagan los salarios más bajos del mundo a sus 240 mil trabajadores, el 30% no percibe sueldo ni prestaciones, no está en el Seguro Social como obliga la Ley Federal del Trabajo… no se pagan horas extras y tiene 60 mil “esclavos”, según el doctor Bonilla.

El gancho de los precios bajos desvía la atención de los procedimientos para lograrlos: “A los proveedores les exigen que la primera entrega sea gratuita… no pagan los impuestos que deben sino los que quieren… en Alemania el gobierno obligó a la tienda a respetar la normatividad y la tienda se retiró del país porque no alcanzó las ganancias que esperaba”.

¿Se sabía eso en México? Seguramente, pero los medios de difusión, impresos o electrónicos, están advertidos por Wal-Mart: cualquier ataque significará la pérdida de la publicidad de uno de los más grandes anunciantes del país.

La corrupción tiene una semejanza con el narcotráfico: ha crecido en los dos últimos gobiernos. Y una diferencia: mientras la guerra contra el narcotráfico fue declarada por el señor Calderón, la lucha contra la corrupción ha sido la basura que se barre debajo del tapete. En ambos casos las consecuencias son catastróficas. Más de cien mil bajas, entre muertos, desaparecidos, heridos y desplazados en el derrotado combate a la delincuencia, mientras que la apatía frente a sobornos, complicidades y tráfico de influencias ha producido fortunas fantásticas cuyos dueños y magnitud empiezan a salir a la luz.

En los siete meses de vida del actual gobierno poco se puede esperar en cuanto a la contención de esos graves males. Pero en las campañas electorales el compromiso, no solo la promesa, sino el compromiso garantizado de poner fin a una guerra perdida y a una delincuencia que involucra a los poderes públicos, será un argumento decisivo para orientar el voto. Ninguno en favor de quien continúe por el mismo camino o pague apoyo con impunidad.

La lucha contra la corrupción es el tema puesto sobre la mesa por la denuncia del periódico neoyorquino. Cualquier candidato que rehúya o soslaye el asunto, primero que debe ser encarado categóricamente y sin ambigüedades, se hace sospechoso y no merece nuestra confianza. En cualquier programa de gobierno debe ser el propósito inicial.

Jacobo Zabludovsky
ABR 30

Fiesta para llorar Por Jacobo Zabludovsky opinion@informador.com.mx

La legislación laboral mexicana fue durante décadas motivo de orgullo y ejemplo mundial. Ya no. El 1 de mayo ha perdido su contenido.

1 de mayo. Día de los derechos del trabajador.

La muerte de algunos obreros que indignados por las injusticias protestaban en las calles de Chicago detonó la lucha iniciada cuando la revolución industrial transformó la relación entre el empleado y su empleador.

El 1 de enero es el día dedicado a rendir homenaje a los caídos y a celebrar la conversión de sus peticiones en una nueva rama del derecho, un derecho tutelar del trabajador con el fin de disminuir su debilidad frente al poder del patrón para lograr un pacto entre iguales: nuevas leyes garantizaban la sindicalización y el respeto a sus representantes, el derecho de huelga, los contratos colectivos, el salario mínimo, la jornada máxima, la prohibición del trabajo infantil, las vacaciones pagadas, los permisos por enfermedad, la seguridad en el taller, el retiro por vejez.

La Revolución Mexicana fue la primera en el mundo, antes de la soviética, en elevar el derecho de los trabajadores a rango constitucional. En el artículo 123 se detallaron principios como el de la protección a la mujer, el salario igual a trabajo igual, la participación en las utilidades. Y la Ley Federal del Trabajo vendría a detallar y fortalecer la intención del constituyente, uniendo a las causas agrarias iniciales de la lucha armada los problemas derivados de la nueva maquinaria, de manera notable en las industrias minera y textil. La legislación laboral mexicana fue durante décadas motivo de orgullo y ejemplo mundial. Ya no.

El 1 de mayo ha perdido su contenido. En otras épocas los días previos servían para preparar la gran manifestación obrera, con participación de jornaleros de todas las ramas de la actividad humana, desde la más modesta hasta la de mayor sofisticación técnica o científica. El Zócalo se tapizaba de grandes mantas en apoyo a lo alcanzado y de exigencias de lograr lo faltante, actualizar el marco jurídico para adaptarlo a una realidad en constante cambio.

Los medios de información de hoy, a una semana de la ex fiesta, prueban en qué medida los gobiernos panistas han logrado revertir en dos décadas lo logrado en las anteriores ocho. Tomo al azar los periódicos nacionales y recojo testimonios sobre a qué grado este gobierno cumplió su promesa de ser el del empleo. “En lo que va del sexenio de Felipe Calderón el salario real de los trabajadores mexicanos ha registrado una pérdida de poder adquisitivo de 42%, revela un estudio del Centro de Análisis del CAM de la UNAM. Al principio de la actual administración un trabajador podía comprar más de siete kilos de tortillas con un salario mínimo, mientras que ahora solo le alcanza para cinco kilos 600 gramos”.

La misma fuente sostiene que “el número real de desempleados en México es de 8.7 millones de personas y no los 2.4 millones que el INEGI sumaba al cierre de 2011”. Cifras frescas: “La OCDE informa que la tasa de desempleo en febrero fue de 5.2%, la más elevada de los últimos seis meses”.

Otro: “Juan Sherwell, especialista del Tec de Monterrey, anota que los trabajadores han perdido 3% del poder adquisitivo cada año en lo que va de este gobierno”. Uno más: “La inflación promedio ha sido de 4% en estos cinco años, mientras el costo de los alimentos ha subido entre 7% y 10%”. Lea: “Se han gastado el dinero de los trabajadores… secan a Pemex… los pasivos laborales crecen 12.7% respecto a 2011… la empresa tendrá que hacerse de recursos para pagar las pensiones”. El mismo diario: “El Senado baja de 25 a 15 salarios mínimos la exención de impuestos a jubilados y pensionados”.

Todas las medidas agravan la pobreza de los asalariados. Ninguna traiciona la vocación empresarial del gobierno, protector del capital y de la concentración de la riqueza en unas cuantas manos, aberración que nos ha dado espantosa fama mundial. Un encabezado también del jueves: “Subieron 33% las utilidades de la banca en México en el primer bimestre: CNBV”. A lo sufrido por todos los trabajadores agregue usted los agravios contra ciertos grupos: el de la Compañía de Luz y Fuerza, el de Mexicana de Aviación, el de las viudas y huérfanos de Pasta de Conchos, los de la mina de Cananea, los maestros de Oaxaca, los padres de los 100 niños quemados (49 muertos) en una guardería para empleados públicos. El denominador común de las carencias y tragedias es el de afectar a los más miserables. Qué casualidad.

No hay razón para el júbilo. Estamos en las vísperas de la ira, no de vestirnos para una fiesta fallecida.

No es hora de lanzar cohetes, sino de impedir la continuación de una política contraria a los intereses de la enorme mayoría de los mexicanos.

Recobrar el 1 de mayo.

Jacobo Zabludovsky
ABR 23

El año de Londres Por Jacobo Zabludovsky opinion@informador.com.mx

Nunca en la vida de esta antigua ciudad tantos hechos importantes habían coincidido como si este 2012 fuera un reflejo del Támesis: tan corto de recorrido, tan largo de historia. Durante el siglo 21 fue la metrópoli mundial y hace cien años tenía los mismos siete  millones de habitantes que tiene hoy. En 1960 su río era el más contaminado de Europa; hoy es uno de los más limpios del mundo.

Ha sabido crecer en la cultura, en la política, en la economía.

Se celebra el bicentenario del nacimiento de Charles Dickens, el cronista de la escena londinense, de sus niños, ancianos, mujeres, casas, fiestas, periódicos y teatros. Coloso de la literatura universal ubicó en la navidad su propia comedia humana, monumento inquebrantable al genio de la creación. Su tumba, en la Abadía de Westminster, huele siempre a flores frescas colocadas con gratitud por Oliver Twist y David Copperfield.

Está por cumplir 150 años el primer metro del mundo, llamado por sus viajeros el Underground o the tube, el tubo, el transporte subterráneo urbano más antiguo del planeta, donde la mezclilla aceitosa se frota con franelas de Saville Row al transportar tres millones de pasajeros diarios por la red más grande del Viejo Continente. Sus estaciones fueron refugios antiaéreos durante la blitz nazi en 1940. En julio de 2005 cuatro bombas terroristas causaron 56 muertos y 700 heridos. Desde hace tres años los conductores leen por el sistema sonoro frases de autores famosos.

En diciembre de este año cumplirá 80 el servicio mundial de la BBC inaugurado por el rey Jorge V, quien leyó su primer mensaje redactado por Rudyard Kipling con “éxito espectacular en todo el mundo”, según un cronista. En 1940 Edward Murrow hacía la primera transmisión en vivo del bombardeo de una ciudad en la historia. El general Charles de Gaulle encabezó la Francia Libre desde sus micrófonos, hablando cada noche cinco  minutos durante cuatro años. Fui contratado en 1964 por la BBC para narrar en español el funeral de Winston Churchill; entre 200 periodistas de 50 idiomas, cuatro horas de la más impactante lección de periodismo radiofónico que he recibido.

El 6 de febrero, la reina Isabel II cumplió 60 años en el trono. Su bisabuela, la reina Victoria, ha sido la única monarca británica que ha gobernado más de seis décadas la Mancomunidad de Naciones integrada hoy por 16 estados soberanos. Es foco de la unidad nacional de los británicos, su papel político abarca grandes áreas, tiene funciones constitucionales significativas y representa a su nación ante el mundo. Su jubileo será celebrado en junio.

De la reina se hizo una película biográfica premiada y el Oscar de este año a la mejor actuación femenina lo obtuvo Meryl Streep en el papel de Margaret Thatcher. Caso insólito de una jefa de Estado y otra de Gobierno, la reina y la primera ministra, cuyas vidas fueron llevadas al cine en vida de ambas, mujeres de valor y fuerza de voluntad ejemplares, destinatarias de la admiración y gratitud de sus compatriotas.

Y este año Londres será la primera ciudad donde se celebrarán Juegos Olímpicos por tercera vez, del 27 de julio al 12 de agosto. En 1908 algunos problemas, entre ellos la erupción del Vesubio, impidieron a Roma ser anfitriona deportiva y Londres aceptó la responsabilidad de organizarlos. Debido a la Segunda Guerra Mundial se cancelaron los juegos de 1940 y 1944. En 1948 Londres tomó la iniciativa en condiciones tan precarias que cada delegación llevó su propia comida y las medallas fueron de hojalata. Por primera vez se televisó en blanco y negro la ceremonia de inauguración. La fiesta deportiva de este año superará todo lo visto.

La concepción del complejo olímpico no conoce límites: l6 mil atletas, entrenadores y comitivas vivirán ahí todo el tiempo. En un tiradero de basura entre bodegas abandonadas donde la delincuencia florecía, se elevan ahora estadios desarmables, símbolos como el coloso de Strafford, del doble de altura que nuestro monumento a la Revolución, diseñado por Anish Kapoor y Cecil Balmond, y el Estadio Olímpico concebido por Zaha Hadid, Premio Pritzker, considerado el Nobel de arquitectura.

Ningún anfitrión más adecuado que el pueblo londinense, eslabón de una cultura que se pasea entre las piedras misteriosas de Stonehenge y asoma su vocación demócrata en la Carta Magna de 1215. En sus bibliotecas se guardan piedras y pergaminos en que el hombre aprendió a leer y en sus galerías el testimonio imperecedero del genio artístico. Junto a esos tesoros el mundo, siempre convulso y angustiado, disfrutará el espectáculo de la juventud y la paz.

La tregua de la alegría en el mejor lugar posible.

Jacobo Zabludovsky
ABR 16

Forever London Por Jacobo Zabludovsky opinion@informador.com.mx

El año de Londres.

Nunca en la vida de esta antigua ciudad tantos hechos importantes habían coincidido como si este 2012 fuera un reflejo del Támesis: tan corto de recorrido, tan largo de historia. Durante el siglo XIX fue la metrópoli mundial y hace 100 años tenía los mismos siete millones de habitantes que tiene hoy. En 1960 su río era el más contaminado de Europa; hoy es uno de los más limpios del mundo. Ha sabido crecer en la cultura, en la política, en la economía.

Se celebra el bicentenario del nacimiento de Charles Dickens, el cronista de la escena londinense, de sus niños, ancianos, mujeres, casas, fiestas, periódicos y teatros. Coloso de la literatura universal ubicó en la Navidad su propia comedia humana, monumento inquebrantable al genio de la creación. Su tumba, en la Abadía de Westminster, huele siempre a flores frescas colocadas con gratitud por Oliver Twist y David Copperfield.

Está por cumplir 150 años el primer metro del mundo, llamado por sus viajeros el Underground o The Tube, el tubo, el transporte subterráneo urbano más antiguo del planeta, donde la mezclilla aceitosa se frota con franelas de Saville Row al transportar tres millones de pasajeros diarios por la red más grande del viejo continente. Sus estaciones fueron refugios antiaéreos durante la blitz nazi en 1940. En julio de 2005 cuatro bombas terroristas causaron 56 muertos y 700 heridos. Desde hace tres años los conductores leen por el sistema sonoro frases de autores famosos.

En diciembre de este año cumplirá 80 el servicio mundial de la BBC inaugurado por el rey Jorge V, quien leyó su primer mensaje redactado por Rudyard Kipling con “éxito espectacular en todo el mundo”, según un cronista. En 1940 Edward Murrow hacía la primera transmisión en vivo del bombardeo de una ciudad en la historia. El general Charles de Gaulle encabezó la Francia Libre desde sus micrófonos, hablando cada noche cinco minutos durante cuatro años. Fui contratado en 1964 por la BBC para narrar en español el funeral de Winston Churchill; entre 200 periodistas de 50 idiomas, cuatro horas de la más impactante lección de periodismo radiofónico que he recibido.

El 6 de febrero, la reina Isabel II cumplió 60 años en el trono. Su bisabuela, la reina Victoria, ha sido la única monarca británica que ha gobernado más de seis décadas la Mancomunidad de Naciones integrada hoy por 16 estados soberanos. Es foco de la unidad nacional de los británicos, su papel político abarca grandes áreas, tiene funciones constitucionales significativas y representa a su nación ante el mundo. Su jubileo será celebrado en junio.

En toda reunión entre connacionales que viven en México o en el extranjero pasea como ave de mal agüero el proceso electoral. Poco a poco encontramos que la mayoría, a su pesar, siente cierta responsabilidad de votar aunque tenga plena conciencia de las atrocidades que se perpetran desde el poder. La crisis en México ha producido un efecto paradójico: la gente está harta de la política e incluso deprimida, sin embargo mantiene una suerte de esperanza sobre el futuro y considera que las elecciones son parte de la débil democracia y hay que fortalecerla votando. En ese contexto, además de los miembros de partidos convencidos, nos encontramos con varios tipos de votantes potenciales que en seguida describo:

La y el votante convenenciero: no le importa el futuro del país sino el de su círculo inmediato. Si le prometen que habrá huesos, chambitas, servicios públicos en su colonia o limosnas de algún tipo, amarra su voto.

La votante telenovelera: las mujeres de entre 18 y 50 años que viven sus vidas a través del culebrón mexicano. Consumidoras de la telebasura, las hijas de Televisa que se compraron la historia creada por la televisora y el PRI para vender al galán en turno. Ellas votarán por él y su esposa no porque  les consideren inteligentes, sino porque en el fondo prefieren a los hombres de ficción que a los reales. Harán de su voto parte de un reality show, de un romance empaquetado como producto de consumo; les espera un melodrama de decepciones e infidelidades.

La y el votante hijo-resentido: votará por otro partido diferente al que siempre eligió por la simple razón de que el otro no le cumplió sus promesas. Estas personas no están necesariamente politizadas y su relación con las elecciones y los políticos es digna de diván. El gobierno ha sido una especie de padre ausente y maltratador a quien se someten y de quien esperan más de lo que les puede o quiere dar. No creen en la democracia sino en el Estado paternalista en el que ellos obedecen y unos cuantos mandan y son culpables de todo. El padre en turno puede ser AMLO o Peña.

La y el promotor del voto duro: viven con la convicción de que el acarreo es un acto cívico. Asumen con dignidad la compra-venta del voto. Son comerciantes de la voluntad del pueblo, lo mismo hoy acarrean a su familia, a su sindicato o a sus fieles religiosos para el PAN que mañana para el PRI o el PRD y los otros. Son una especie de promotores de la  anti-democracia en venta por catálogo de casa en casa. Quien más votos amarra y manipula más dinero recibe y más estatus comunitario adquiere en la escala del poder local.

La y el votante culposo-deprimido: Estas personas están convencidas de que deben hacer algo por el país. Votarán no necesariamente por sus convicciones sino por el sentido de culpa de no ser partícipes de un proceso democrático que les necesita. Se debaten entre el desgano y la decepción.

Jacobo Zabludovsky
ABR 9

Jorge Carpizo Por Jacobo Zabludovsky opinion@informador.com.mx

En el México actual, tan carente de valores auténticos, la de Jorge Carpizo es una ausencia irreparable.

No hay disciplina del más alto nivel intelectual en donde no se encuentre alguna muestra de su sentido crítico, su disciplina en la investigación, su valor al apartarse de la corriente cómoda o lucrativa, su congruencia entre los puestos desempeñados y sus convicciones personales.

Acérrimo defensor de las mejores causas de México, se enfrentó a los enemigos de los principios que sustentan al Estado moderno, combatió contra los emboscados enemigos del laicismo, defendió los derechos humanos y la cultura basada en el producto de la inteligencia y no de la superchería. Aportó lo mejor de sí mismo al engrandecimiento de las instituciones que han dado grandeza a México y fortalecen las auténticas libertades, las que defienden los principios de la coexistencia en una sociedad moderna. Luchó abiertamente contra el rechazo a las ideas renovadoras y desafió con valor los intereses que florecen en la opresión del pensamiento y prosperan a base de fomentar la ignorancia.

Ayer hubiera venido a casa a la reunión dominical de mediodía y le hubiéramos preguntado sobre las recientes reformas a la Constitución, que conocía como pocos al grado de que su tesis doctoral sobre el presidencialismo mexicano se tradujo a varios idiomas y es fuente clásica de la ciencia política. A la hora en que estoy escribiendo estos deshilachados y tristes recuerdos, estaríamos disfrutando su presencia y aprendiendo de sus palabras.

Fue el primero en felicitarme cuando el gobierno de Francia, encabezado entonces por el presidente Chirac, me otorgó la Legión de Honor en grado de Caballero, porque sabía, mucho antes de ser embajador en París, que Napoleón Bonaparte la creó en 1802 para sustituir las condecoraciones religiosas dedicadas a santos o milagros, adecuada al código conocido por el nombre del emperador, donde se instituyó el registro civil de nacimientos, matrimonios y defunciones y sirvió de modelo a códigos civiles de numerosos países, incluido México.

A él le entregué en la Rectoría de Ciudad Universitaria la dotación económica del premio de periodismo Rey de España para destinarla a becas de buenos estudiantes en malas condiciones económicas. Agradezco su generosidad al corresponder el donativo con una comida de amigos en la Rectoría de Ciudad Universitaria, que él ocupaba en esa época.

Dirigir la Universidad, el mayor amor de su vida, fue obsesión y entrega de tiempo completo. También recuerdo su presencia en el Patio de Bachilleres de San Ildefonso la noche de la entrega del premio anual de la Fundación UNAM, siendo rector Juan Ramón de la Fuente.

Su entusiasmo por nuestra Universidad era contagioso y evocaba, con frecuencia, la visión de Benito Juárez al fundar, cuando el cadáver de Maximiliano no terminaba de secarse, la Escuela Nacional Preparatoria, laica, gratuita, popular y abierta a las doctrinas del positivismo que iluminaron las aulas de estudiantes deslumbrados por las nuevas posibilidades del entendimiento.

No lo olvidaré en múltiples encuentros académicos o sociales. Era un compañero divertido y ocurrente en un estilo de crítica sutil, humorismo refinado y observación profunda, siempre fresco, alejado de lugares comunes, distante por completo del menor asomo de vulgaridad o del chiste en boga. Lector constante, probaba cuánto le debe al libro, todavía, la cultura personal.

Hace un mes me llamó: “¿Me puedes entrevistar en tu programa?”. La respuesta era obvia. Me preguntó cuándo lo podría recibir. Hoy, le dije. “¿De cuánto tiempo dispongo?”. “El que quieras”. Llegó puntual a la cabina de radio, se defendió con prestancia de injurias recientes, habló sonriente de sus enemigos, aludió a temas polémicos de la política nacional y dio una muestra más de su capacidad de síntesis, cualidad de las mentes disciplinadas y superiores. Nos despedimos con un hasta pronto que debió ser ayer y ya no será.

Mezclo el perjuicio que su muerte es para la inteligencia de México con la tristeza de quien pierde a un amigo. Ambas circunstancias van tan juntas que me cuesta trabajo separarlas. Su conducta hacía difícil apartar su labor profesional de su vocación a la amistad. En su caminar rindió siempre homenaje a la lealtad: lealtad a sus principios, a sus compromisos, a sus ideas. Su biografía será una sucesión de relatos para entender sus luchas contra el riesgo de perder lo que ha hecho de la humanidad una humanidad mejor. No fue un personaje menor del México contemporáneo. Todo lo contrario: si alguien quiere comprender nuestra realidad tendrá que acudir a sus libros, tesis, conferencias, entrevistas. A las fuentes que desde hoy son de la historia de México.

Gracias, Señor Rector. Gracias, Jorge.

 

Jacobo Zabludovsky
ABR 2

Hora de irse, don Genaro Por Jacobo Zabludovsky opinion@informador.com.mx

La televisión actualizó pantomimas inolvidables de la literatura universal. La persecución de presuntos delincuentes y la impartición de presunta justicia aparecen en las obras de escritores geniales, antecesores de quienes, seguramente por modestia, evaden la gloria de haber creado la telecomedia más rutilante en la historia del derecho procesal mexicano.

No es nuestra intención poner en duda el talento de los creadores aborígenes capaces de voltear de cabeza la balanza de la ley, ni mucho menos desperdiciar esta ocasión excepcional de exhibir ante el mundo la imaginación de nuestros compatriotas, colocándolos sin menoscabo entre los genios famosos a los que la fama califica de inmortales.

La telenovela de Florence Cassez no tiene desperdicio, es una pieza perfecta, digna de compararse sin desdoro y aún con ventaja a intentos de aficionados como Sheakespeare, para no malbaratar espacio en autores de segunda, no venidos al caso. Las trampas en los juicios de la literatura son tan numerosas como las maneras de concebirlas

Encuentro en ella la perfección del entramado donde Shylock halló la humillación y probó la amargura del artificio modelado por los poderosos. El creador de nuestra farsa electrónica coincide con El Mercader de Venecia en múltiples actos de falsedad como el ensayo, impostura, simulación y adaptación de una puesta en escena para engañar a los jueces y de paso al respetable público.

Cuando Shylock exige el pago de la deuda, Porcia se disfraza de sabio doctor en leyes de Padua y tan bien están su maquillaje y su alegato de abogado, que el Dux condena al prestamista a perder parte de su fortuna a favor de Antonio, el mercader avalador que da nombre al drama. La víctima, y no el culpable, recibe el castigo.

Una mentira teatral desvía el procedimiento jurídico. ¿Le dice eso algo nuevo?

En la histórica sesión del jueves, la primera sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación dejó en suspenso la resolución de amparo a Florence Cassez al no lograr mayoría el proyecto, a mi juicio impecable, del ministro Arturo Zaldívar. Se pospone la solución del problema y se echa tierra a la culpa de quienes lo crearon: los inventores de la función televisada de una captura, una liberación de secuestrados, un “éxito” de los noticieros y una demostración estelar de eficiencia policíaca.

Ésa, es la consecuencia inmediata de la sesión: la prolongación temporal de la impunidad de quienes han puesto a la justicia mexicana en la lona y al prestigio de México en el ridículo mundial.

Se asignó el caso a la confiable ministra Olga Sánchez Cordero para elaborar un nuevo proyecto de dictamen.

El tiempo que corre favorece los propósitos de quienes tarde o temprano deberán responder por parir este enredo desastroso.

El Presidente Felipe Calderón trató, la víspera, de orientar la sesión a ignorar la maquinación televisada, tema fundamental de la litis, que en el lenguaje clásico forense define el asunto en controversia, como sabe, por poco que sepa, cualquier abogado. Poco tardó en escuchar, en vivo y en directo el magistral regaño en forma de cátedra de Derecho Constitucional pronunciado por el ministro Juan Silva Meza, presidente de la SCJN, en la ceremonia por los 206 años del nacimiento de Benito Juárez.

Se exige que el nuestro, dijo el ministro Silva, “sea un país en el que imperen la justicia y la igualdad, no la arbitrariedad, justicia basada en instituciones y procesos que hagan que sea justicia de verdad”. Los jueces, dijo, debemos corregir “las desviaciones y los abusos del poder”.

“Los jueces sólo deben sumisión a la Constitución, respetemos la división de poderes”, sentenció el ministro Silva Mesa. La lección terminó: “Lo civilizado y lo correcto es construir un Estado ético, limpio y justo, que no viole los derechos humanos de nadie”.

Persiste la duda sobre la culpabilidad de Cassez, pero no sobre la autoría de un engaño a millones de mexicanos, cometido por funcionarios federales en cadena nacional de televisión.

La falta de probidad, ¿no es causa suficiente para que un empleado oficial deje de serlo, a reserva de la obligada llamada a cuentas ante una autoridad superior? Las consecuencias de su conducta han sido catastróficas, no puede fingir indiferencia.

La causa sospechosa del engendro está por averiguarse, pero es inaplazable la decisión de retirar de sus funciones a quien, encargado de la seguridad ciudadana en un país convulso y ensangrentado, ha perdido su credibilidad y nuestra confianza.

Renato inolvidable: “Sabia virtud de conocer el tiempo, a tiempo amar y retirarse a tiempo”.

Es hora de irse, don Genaro García Luna.
 

Jacobo Zabludovsky
MAR 26

De Bucareli a Piccadilly Por Jacobo Zabludovsky opinion@informador.com.mx

El jueves recibí el honor de ser Consejero Permanente de EL UNIVERSAL.

El primer periódico que leí en mi vida fue El Universal Gráfico. De las párvulas letras mañaneras en el Poco a Poco y otros libros de la escuela primaria República del Perú salté a las noticias del tabloide, entregado a mi papá en su cajón de retazos de la Merced. Más tardaba el voceador en cobrar sus cinco centavos que nosotros en abrir las páginas olorosas a tinta. Era presidente Lázaro Cárdenas. Era principio de la guerra española que combatimos sobre un mapa donde chinches rojas marcaban posiciones de los leales y blancas las de los alzados. Ese mapa nos duró hasta la derrota. Nunca una hoja de periódico había enterrado tantos muertos ni recorrido tantos caminos de angustia. Entré a esta casa de noticias más como miliciano que como lector.

Félix F. Palavicini fundó EL UNIVERSAL hace casi 100 años. Lo traté en 1948, recién inaugurada XEX, donde llegó a leer un comentario nocturno y el redactor de los noticieros, estudiante de Derecho, veía en él una figura mítica, legendaria fuente de lecciones históricas, en las que se podía aprender el oficio de vivir. No dejé de esperarlo una sola vez durante los meses de su aplicación a mi fuente de trabajo. Discreto en sus victorias cotidianas, luchador esperanzado en las caídas; de todo hubo en su memoria.

Muchos años después, hace 12, cuando salí de Televisa, Juan Francisco Ealy Ortiz, fue el primero en decir aquí estoy, vente a trabajar, qué quieres ser, qué quieres hacer, lo que quieras, ésta es tu casa. Un mensaje de optimismo en el instante de dejar una querencia de más de medio siglo, cuando una cornada dolorosa castigaba el cuerpo y el espíritu sus palabras fueron balsa oportuna en medio de la borrasca. Espérame, le dije, no estoy preparado. Insistió hasta convencerme de escribir esta columna. Ahora, al cumplir cinco años de Bucarelis, ingreso al Consejo de Administración y pienso que Félix F. Palavicini nos está viendo.

Dicen que las malas noticias nunca llegan solas. Tampoco las buenas. Esta misma semana se anuncia mi vuelta a la televisión para una tarea específica: participar en las transmisiones de ESPN desde Londres durante los juegos olímpicos. Representantes de esa empresa, la más importante del mundo en producción de contenidos para televisión, me sorprendieron con una oferta seductora: 20 días de contar lo que vea y oiga en las riberas del Támesis, al lado de José Ramón Fernández, responsable de todo lo deportivo, cronista apasionado y polémico de las batallas por la medalla de oro. A él podría dársele una; se la ha ganado a pulso con su labor que lo distingue, dueño de una personalidad respetable y envidiada.

Estaremos en Londres. José Ramón a la hora de los himnos. Yo a la hora del té. Cada quien en lo suyo, en lo esperado siempre distinto y nuevo. No hay edad para la ilusión. Lo compruebo a unos días de cumplir 84 años. Los nervios de la primera vez ante un micrófono, ante una cámara, ante la hoja en blanco, vuelven hoy, inevitables y estimulantes, para descubrir secretos con la llave de la experiencia y la curiosidad del principiante.

Disfrutaremos de esa tregua en el sitio donde se genera, un lapso de frescura y alivio para la humanidad agobiada en su carencia de buenas noticias y en su excesiva cauda de adversidades. Para cuando se encienda el pebetero ya sabremos quien será nuestro próximo presidente. O presidenta, habida cuenta de que México es un país donde los milagros son tan de todos los días que no merecen ocho columnas. Época de olvidar el fango en que se refocila nuestra clase política, capaz de decirle majadero a un presidente sin que este se altere, apta para que un felón llame meretrices a todas las mujeres hermosas y no sea expulsado del recinto legislativo, tolerante y encubridora de todas las corrupciones y abusos de poder sin temor al castigo.

Capacidad de asombro es más que una frase manida: es la suerte de algunos afortunados que aún disfrutan alegrías infantiles, las que producen las ceremonias de inauguración y clausura de los juegos donde se percibe, como en Barcelona, el genio de Gaudí, Dalí, Miró y Tapies. Y de Disney y la magia del zapato el Día de Reyes.

De esos afortunados es el redactor de esta columna cuya finalidad en Londres será la de contagiarle a usted la emoción de un agasajo único, el de cada cuatro años, obra de un hechicero que hace atractivos los deportes incluso a quienes durante toda su vida se han mantenido distantes de ellos.

Más trabajo estimulante en el Consejo de EL UNIVERSAL. Más diversión en los 20 días de Londres. Venga conmigo.

Jacobo Zabludovsky
MAR 19

Cherchez la femme, Philippe Por Jacobo Zabludovsky opinion@informador.com.mx

No se trata de hablar francés, sino de rescatar lo que le queda a México del ridículo en que lo han puesto.

Como escogido a propósito, en medio del escándalo mundial el acontecimiento sobresaliente de la agenda del Presidente de México es la inauguración de un búnker omnipresente, omnisapiente, y a juzgar por la experiencia, omnisuperfluo, homenaje a su constructor, el actual secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, quien, al mismo tiempo, es próximo a la mayor trampa en que ha caído la justicia mexicana en toda su historia.

Justicia: cuantos crímenes se cometen en tu nombre, nombre de mujer, como el de Florence Cassez. En nombre de la primera, la segunda tendrá que ser puesta en libertad el 21 de este mes, cuando cinco magistrados de la Suprema Corte de Justicia voten sobre el proyecto de resolución de uno de ellos, Arturo Zaldívar, en el que no se juzga la culpabilidad o inocencia de la señora Cassez sino el quebranto de tres derechos que protegen, supuestamente, a cualquier persona en México: asistencia consular si es extranjera, ser puesta de inmediato a la disposición de un agente del Ministerio Público y presunción de inocencia. Los tres se violaron y causaron una distorsión grotesca desde el inicio de la investigación y el proceso pseudo jurídico.

En diciembre de 2005, agentes de la Agencia Federal de Investigación (AFI), a cargo de García Luna, simularon una detención en flagrancia, en vivo, en directo y a todo color, para colgarse medallas de policías eficientes y subir el rating de la televisión. Todos ganamos. Una mentira descubierta tres meses después pero que no le costó el puesto a don Genaro sino un premio: el señor Fox lo ratificó y se lo heredó al señor Calderón quien lo ascendió a secretario de Estado y la Cassez fue condenada a 60 años de prisión. Y el viernes fue la gran fiesta de la credibilidad, la seguridad y la ley bajo la avenida llamada, ironías de la vida, Constituyentes.

Espero que la Suprema Corte avale la resolución porque, dice: “…las pruebas contra Cassez carecen de fiabilidad, ya que los testimonios… producto de una deformación de la realidad provocada por la AFI… produjeron una indefensión total de FC”. El dictamen del magistrado Zaldívar, que no juzga la culpa de Florence sino la colosal falta de respeto a la verdad, tiende a defendernos, a usted y a mí, de los abusos del poder. No se puede partir de una mentira para encontrar fundamentos ciertos en asunto tan grave como un proceso penal.

Quien fraguó, avaló o consintió el engaño tiene en sus manos nuestra seguridad y en gran medida nuestro destino como ciudadanos. Debió haberse ido a su casa bajo el mandato de Fox. En ese momento era el venadito aquel que salió una mañana al bosque sin darse cuenta de que estaba muerto.

En otras épocas y lugares, el respeto a la ley era un principio inviolable. Recuérdese que Sócrates rechazó el consejo de sus amigos que le habían preparado una fuga, porque la ley vigente lo condenaba y congruente con los principios éticos de su vida bebió la cicuta. Se necesita ser Sócrates y ser Atenas. Y recuérdese también que en otro país el presidente más poderoso del mundo hubo de renunciar a su cargo por mentir. Pero se necesita haber sido Nixon en un sistema jurídico en el que fraguar una mentira obscena “como un efecto corruptor en el proceso penal que vició la evidencia incriminatoria”, según el magistrado Zaldívar, debía no solo ser causa inmediata de una renuncia, o mejor un cese, si no de un proceso culposo.

En un afán febril de tapar el hoyo, autoridades implicadas lo ahondan, agrandan y plantean la solución al problema como si cubrir errores fuera misión sagrada. Doña Marisela Morales, nada menos que procuradora General de la República, encargada por ley de procurar justicia y aconsejar al Presidente, dijo que la pantomima no puede llevar a la absolución de la sentenciada, “sino en todo caso a ¡reponer el procedimiento!”. ¡Pácatelas: a juzgarla otra vez por lo mismo! Nada de autocrítica, nada de hacer responder a los implicados, nada de pensar en México. Nada de nada. Gracias por procurarnos protección, licenciada.

Escribo estas líneas el viernes en simultaneidad con la ceremonia inaugural de la División de Investigación de la SSPF. En este fin de semana pudo registrarse alguna decisión sobre lo descrito arriba. De cualquier manera sólo sería un remedio casero al daño sufrido por el prestigio de México. La medida decisiva será tomada el día 21 por jueces que, si no se alejan del espíritu del derecho, estarán defendiendo a sus compatriotas. Y recetando un tratamiento drástico.

La imagen de los países es como la mujer del César: no basta que sea honrada; debe parecer honrada.
 

Jacobo Zabludovsky
MAR 12
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