Guadalajara, Jalisco

Domingo, 23 de Abril de 2017

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Vientos de febrero Por Guadalupe Morfín guadalupemorfinotero@gmail.com / @guadalupemorfin

En el rancho grande tenemos dos buenas nuevas: una, que se abre camino el respeto en el aula a la decisión de la maestra de la Secundaria Mixta 4, Andrea Carolina González Márquez, nacida con sexo masculino, de asumirse y mostrarse con la identidad de mujer que desde niña ha sido la suya. Aún no existe en Jalisco un Consejo Estatal contra la Discriminación, que nos alumbre en el cumplimiento del artículo primero de la Constitución, artículo reformado y ampliado para cubrir, como gran paraguas de garantías, a todas y todos en esta amplia república. Nadie debe ser discriminado por ninguna causa.

La segunda nueva es que hay, al menos, una candidatura independiente: Pedro Kumamoto requiere firmas para su registro como candidato a una diputación local por el Distrito 10. Se hace realidad un viejo anhelo ciudadano: arrancar, por ahora, algunas mordiditas al enorme pastel que se reparten, sin decoro, los partidos. Por aquí y por allá podrá haber candidatos presentables, con “ángel” incluso, pero cuando vemos el signo del partido que los soporta, decimos “lástima-Mar-ga-rito”. O aparecen los rostros de otros que serán postulados por un mismo partido junto a los decorosos y una se pregunta: “¿Y ese de dónde sacó su fortuna?”. Y de mal pensamiento en mal pensamiento se nos van cayendo las ganas de votar por aquellos que parecen mejores pero que tendrán que convivir con tremendas sombras y lastres. Pedro Kumamoto es una opción no sólo fresca sino inteligente, con sentido de equipo y raíces ciudadanas. Yo ya firmé por él, con mi credencial del IFE/INE. Entre sus acompañantes cercanos hay quienes abrevaron del estupendo humanismo de un tipo respetado y bien querido (en Jalisco se quiere a la buena), que nos ha hecho falta en la bocabajeada política local: Felipe Vicencio, tempranamente fallecido.

En el ámbito nacional hay dos buenas noticias, si se les ve con ojos de esperanza: una es la recuperación de la autonomía del Ombudsman, que tan dañada se vio por muchos años, porque no se ejerció ni se asumió. En reunión aparte, independiente, Luis Raúl González Pérez, presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), presentó en Ginebra un duro informe ante el Comité sobre Desapariciones Forzadas de la ONU esta semana, e hizo convenientes propuestas para crear la legislación que falta, contar con un registro nacional de personas desaparecidas confiable y fortalecer la atención a las víctimas (http://goo.gl/Tg25RU).

En torno al mismo tema, hubo una baja en la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas por la renuncia de un valioso comisionado, Carlos Ríos Espinosa, quien prefirió así subrayar que dicha institución requiere autonomía y no acudir como parte de la Delegación Oficial a rendir cuentas. Su gesto, si se aprovecha, nutre. Habrá que tomar el guante lanzado y fortalecer estructuralmente dicha Comisión, fruto de la insistencia del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad.

Guadalupe Morfín
FEB 6

Epidemia de cesáreas Por Guadalupe Morfín guadalupemorfinotero@gmail.com / @guadalupemorfin

Parir, dar a luz, es un arte natural que tiene sus requisitos para hacer el proceso exitoso. Caminar una vez iniciado el trabajo de parto, trabajar con la respiración para mantener el relajamiento que hace soportable el dolor; hacerse acompañar por el esposo, o la pareja, y por una “Dougla” u operadora experta, o por una mujer que haya vivido con gozo la experiencia de traer un hijo al mundo por vía vaginal. De esto habla el libro de un prestigioso ginecólogo nacido en Sinaloa, radicado desde hace muchos años en Guadalajara, el doctor Arnoldo Guzmán Sánchez, escrito con varios colegas suyos: ¿Cómo reducir la epidemia de cesáreas? Tenemos la respuesta.

Por supuesto que hay cesáreas necesarias, y son justificadas. Pero el libro fue escrito dado el alarmante incremento de cesáreas innecesarias, a las que se acude bajo la falsa creencia de que los niños nacen mejor así, por lo que cada vez hay más parturientas que exigen “ser operadas” como si fuera condición de salud. El texto cita cifras de cesáreas en México que van de 19.4% a 54.5 % (datos de 1997), que se han agravado drásticamente los últimos años, al grado que hoy es casi excepción el parto natural incluso cuando el embarazo es sin complicaciones. Por conveniencia de ginecólogos en agendas y honorarios, por ignorancia o miedo al dolor de las gestantes, se confunde cesárea con símbolo de estatus, un error grave con consecuencias en la salud de madres y bebés.

En el Seguro Popular, en Jalisco, se practica hasta 90% de cesáreas, reconoce el Dr. Guzmán. Son niveles ya epidémicos, y reflejan el desconocimiento en hospitales públicos y privados de la Norma Oficial Mexicana para la Atención de Embarazo, Parto, y Puerperio, que establece que no debe hacerse más del 15 y 20 % de cesáreas en gestantes de riesgo normal y alto, respectivamente. Si un médico o un hospital practican más de una cesárea o parto abdominal por cada cinco casos, están recurriendo innecesariamente a la cesárea. Un bebé que nace por vía abdominal tiene más posibilidades de problemas respiratorios, y la mamá riesgos resultantes de transfusiones de sangre.

El libro es fruto de veinticinco años de trabajo del Dr. Guzmán en el Antiguo Hospital Civil de Guadalajara, desde donde ha emprendido una campaña para disminuir las cesáreas innecesarias, cuyo porcentaje logró bajar ahí de 28 a 13% gracias a un programa iniciado en 1993. Introdujo en el currículo de la carrera de Medicina de la Universidad de Guadalajara dicha Norma Oficial, y ha divulgado las ventajas del parto por vía vaginal a través de programas de radio y material impreso, y de convenios con otros hospitales públicos y privados.

Tres veces di a luz en parto natural y fue un excepcional regalo de la vida. Requiere entrenamiento, compañía y sabiduría. Una bendición haber contado con ello y poder agradecerlo y compartir que vale la pena.

Guadalupe Morfín
ENE 30

Elijamos elegir de otra manera Por Guadalupe Morfín guadalupemorfinotero@gmail.com / @guadalupemorfin

Un país encandilado en la estrategia trienal o sexenal de ganar elecciones es un país paralizado. El IFE en tiempos de José Woldenberg costaba caro, pero el árbitro era confiable, los partidos ofrecían algo de decoro en sus candidaturas y había una aceptable paz. Enorme dispendio electoral merma hoy las arcas de México. Sueldos y aguinaldos de burócratas se retrasan inexplicablemente en esta época; no digamos los destinados a concretar políticas públicas que convenía ya tener operando. Hay sospecha de desvíos a campañas idiotizantes. Y eso, es parálisis pública; es el juego del “engarróteseme ahí” mientras los líderes de los partidos, y los que a través de ellos maniobran para sus intereses —sus invisibles dueños—, siguen con su danza cínica de ignorar el interés general, de negar el derecho de niños y jóvenes, ancianos, mujeres e indígenas, empobrecidos o discriminados, a vivir un presente digno, a labrarse un futuro esperanzador.

Díganme si les suena familiar esto: “Policías corruptos son socios del creciente narcomenudeo que intoxica las calles. (…) Años de cultura clientelar y mercenaria, de sobornos para financiar la política y de paso para enriquecer a la familia; de chantajes políticos, de relativización moral, de impunidad pactada, de maneras feudales y de divisiones alimentadas con dinero y operaciones de copamiento, han pervertido la política. La han atravesado por códigos netamente mafiosos.” ¿Reconoce usted, amable lector/lectora, a México? Pues son palabras de Jorge Fernández Díaz, periodista y escritor argentino, referidas a su país, publicadas este miércoles en El País (http://goo.gl/kWwm9c).

Crisis argentina agravada por la muerte violenta del fiscal Alberto Nisman, que denunciaba a la misma presidenta de haber encubierto a terroristas. Crisis la nuestra, mexicana, que asoma su punta de iceberg con Tlatlaya y Ayotzinapa, y con la sucesión de casas, blancas, verdes o saladas, cuya compra por parte de políticos poderosos va asociada a jugosos contratos de obras públicas en los gobiernos locales o federales de los que son parte, a favor de las personas o empresas que se las vendieron o facilitaron. Crisis que esconde, porque no son visibles, los agravios contra tantos, como los que recibió en un albergue del Sistema DIF, en Guadalajara, una niña tzotzil (http://goo.gl/nAdLh3), cuyos padres son sometidos en Chiapas a una mortificación innecesaria ante su justificada petición de ayuda. Crisis que aflora en Jalisco como los mantos acuíferos, purísimos, extraídos y desperdiciados porque el Tribunal Administrativo del Estado autoriza la construcción de una torre elevada en Pablo Neruda, Providencia, en Guadalajara, para facilitar la voracidad inmobiliaria (http://goo.gl/wrxHwN ).

¡Negocio, negocio!, parece ser el lema que rige a muchos con responsabilidades públicas. Así, prosperan casinos y gasolineras y no parques, hospitales, bibliotecas o escuelas. Corrupción y no justicia. Así, minamos nuestra fuerza espiritual y nos despeñamos, en vez de fundar un territorio común donde todos tengamos cabida. Elijamos otras maneras de elegir en la política, otras reglas, no este desperdicio que marea.

Guadalupe Morfín
ENE 23

La alegría de vivir Por Guadalupe Morfín guadalupemorfinotero@gmail.com / @guadalupemorfin

Jan Patoçka, filósofo checoslovaco muerto por los interrogatorios con tortura tras promover la Carta 77, es decir, derechos humanos económicos, sociales y culturales, escribió en Platón y Europa (Península, Barcelona, 1993) sobre el sentimiento general de nuestra época, donde vivimos como si algo nos arrastrara: “Ya no hay obra de arte creada en la alegría…”.

Entendía la filosofía como la reflexión capaz de ayudarnos en nuestro desamparo; para los filósofos griegos, la libertad equivalía a cuidar el alma, capaz de conocer la verdad y de pensar con claridad. El cuidado del alma, afirmaba, “constituye el tema central alrededor del cual cristaliza el proyecto de vida de Europa.”

En otras palabras, el proyecto civilizado que hace posibles las libertades, fundamenta la idea de Europa a partir del pensamiento helenístico. Por eso la fenomenal marcha europea en defensa de la libertad de expresión, así sea una expresión que pueda chocar, molestar, enojar (si no chocara ni irritara ni siquiera necesitaría ser defendida).

Pero detengámonos en la idea de una época donde la alegría de vivir no se manifiesta tan fácilmente.Y no me refiero a la que cierto spot del PRI promueve cada tres minutos, donde nos ofrece, como si fuera una tarta de manzana a repartir los 365 días del año, la felicidad en todos nuestros proyectos. Ni tampoco a las promesas de cualquier otro partido político en esta era mareada por los spots y el gandallismo político. Pensemos en las conversaciones de las que somos parte; en las lecturas de la prensa diaria; en la prisa asesina con que en nuestras ciudades se rinde tributo a la diosa velocidad desde camiones y carros; en las tribulaciones de un país lastimado por desigualdades y abusos, que no encuentra cómo apuntalar su esperanza, en medio de una brutal crisis de credibilidad en los partidos y prácticas electorales.

Jan Patoçka acierta: no sólo cuesta encontrar obras creadas en la alegría, sino vivir la vida, que es luz y sombra, con dicha y entusiasmo, con una idea de futuro capaz de poner a bailar el cuerpo y el alma (que son corazón y piel habitados por el Espíritu) en el presente.

Salir a cenar, con amigos o familiares, tacos o sushis, pescados o lasagnas, hamburguesas o tamales, es muestra de antojo por la vida. Por eso duele tanto que maten a un ciudadano como Rolando Castro Jordán, como sucedió el 9 de enero, hacia las 9:30 pm, en un restaurante del que era comensal en Jardines Universidad, Zapopan.

Los asaltos están a la orden en un menú no escrito por la zona de Chapultepec (Guadalajara), desde hace años, y en Chapalita (Zapopan), más recientemente.

En nuestras turbias urbes tapatías, los focos no iluminan: reparten el espanto y la oscuridad. Exijamos luz de la buena; en el alumbrado y en la conciencia de alcaldes y policías. No nos dejemos expropiar la alegría de vivir en libertad.

 

Guadalupe Morfín
ENE 16

Escalar la paz Por Guadalupe Morfín guadalupemorfinotero@gmail.com / @guadalupemorfin

Las conmemoraciones de Navidad y Año Nuevo nos permitieron un asidero en acontecimientos que suceden más a largo plazo que los tiempos de la política sexenal o trienal. Ante la visión del portal de Belén, o del árbol iluminado, recordamos a las mamás y papás de Ayotzinapa, y los abrazamos a la distancia en su dolor, así como a aquellos que en otras partes buscan el regreso de sus hijos. Otros, por ventura, pudimos nutrirnos en familia y celebrar los afectos y agradecerlos, y desear para todos la armonía que se edifica en las cosas pequeñas. Pero las vacaciones van pasando y la esperanza de aterrizar la convivencia democrática en la vida cotidiana, en el país, y la que se vive en el ámbito internacional (Medio Oriente, migración centroamericana, etc.), se difumina a ratos cual sol de invierno, salvo contados procesos, como el de la paz en Colombia.

Ya se fueron los Reyes Magos; extrañamos esa mirada niña que hace del mundo un juguetón dilema a interpretar (seguir una estrella, disponernos a cambiar), y que nos salva en el día a día al emprender cosas solemnes o tareas, digamos, serias, con la disposición que tienen los niños para el juego. Por eso lastima tanto el ataque en París al periódico humorístico Charlie-Hebdo. El humor, aunque pueda ser una expresión de matices duros, incluso corrosivos, aleja las guerras. Hace estallar las batallas en el papel y la tinta, y no en las trincheras, o contra población civil, y nos recuerda lo importante de reírnos también de nosotros mismos. De la mano de buenas plumas del periodismo nos acercamos al debate de qué tanto conviene reírnos de ciertos símbolos religiosos, de la cultura que sean. En lo que hay pleno acuerdo, es en la condena al atentado.

En México, Michoacán sigue dando alaridos, y el comisionado Castillo se juega su credibilidad mientras otros pierden hijos y libertad. ¿A quién creerle? Por lo pronto el Papa Francisco da un toque púrpura a Morelia con el ascenso a cardenal de Alberto Suárez Inda. Con esto nos dice que la paz en la región es uno de sus afanes.

En el juego electoral, llegar al poder con legitimidad supone entrar con buen ánimo a las contiendas, sin zancadillas; son esas trampas las que distancian a las y los ciudadanos de sus gobernantes y de los partidos: el dispendio, la corrupción, el irrespeto a lo establecido por la ley. Supone celebrar que los árbitros realmente lo sean y pongan orden con quienes se han adelantado al campanazo electoral de salida con espectaculares donde declaran amar a su ciudad (entendemos que a presidir su cabildo) desde una notaría, o videos que los pintan como los únicos capaces de traernos prosperidad y paz.

Posdata. Julio Scherer nos enseñó a interpretar a México desde un periodismo valiente y apasionado, y mucho hay que agradecerle por eso. Se le extrañará.

Guadalupe Morfín
ENE 9

Cielos con mascotas Por Guadalupe Morfín guadalupemorfinotero@gmail.com / @guadalupemorfin

Ignoro la causa, pero estos días ha habido varios artículos sobre el cuidado de los animales como una característica propia de la calidad humana. El escritor colombiano Héctor Abad Faciolince lo hace en su entrega semanal en El Espectador con el artículo “El cielo de los perros” (http://t.co/hfeauZoA6n). Narra ahí cómo el Papa Francisco encontró en una epístola de San Pablo una cita que nos hace pensar en que nuestras mascotas queridas podrán participar con nosotros del cielo: “Todo ha sido creado por la mente y el corazón de Dios y por tanto todo será partícipe de su gloria final”. Y –sigue Héctor Abad– añadió el Papa: “El Paraíso está abierto a todas las criaturas”. Es decir, que lo que ha creado Dios (y todo lo existente ha sido creado en la mente de Dios), seguirá para siempre.

En El País del 17 de diciembre, una nota relativa a México, “Un infierno animal”, de Elena Reina, se refiere a un rastro de extrema crueldad que opera en Almoloya, Estado de México, cerca del mercado de San Bernabé, sin que autoridad alguna de ningún orden de gobierno haga algo por evitar el innecesario sufrimiento de caballos, reses, borregos y demás criaturas destinadas al consumo humano, vendidas como chatarra, enfermas o maltratadas. Puede leerse en este link si usted, estimado lector/lectora, aguanta las duras descripciones: http://goo.gl/O9iNXn. Y el 18 de diciembre, Isidro Cisneros titula su columna semanal en el diario La Crónica: http://goo.gl/ZcrCa7 “Holocausto animal”. Dice ahí este defensor de derechos humanos que los animales son portadores del interés por vivir y que hablar de derechos de los animales es trabajar por un mundo más justo y con menos sufrimiento para todos. Ya J. M. Coetzee, en Las vidas de los animales, publicada en 1999, invita a una reflexión sobre el trato que los humanos les damos. Pone ahí en boca de Elizabeth Costello, protagonista, estas palabras: “El corazón es sede de una facultad, la empatía, que nos permite compartir en ciertas ocasiones el ser del otro.”

Aclaro que no simpatizo nada con el partido verde que en México está a favor de la pena de muerte, y que pongo en duda si prohibir los circos con animales, en vez de supervisar bien su operación, hubiera sido la mejor medida para evitarles sufrimiento. En casa, fuera de un burro de plástico que Valdor el bulldog inglés quiso expropiar del Nacimiento, y de un borrego ensalivado que iba por el mismo camino, las cosas transcurren en bienvenida paz, y los loros siguen ladrando (literalmente) en sus jaulas cuando sale el Sol. Me despido hasta el 9 de enero de 2015 y les deseo unas fiestas que nos vuelvan agradecidos con esa mula y ese buey que calentaron un pesebre, y que aún si no somos vegetarianos, aboguemos por no maltratar a quienes nos acompañan en la aventura de vivir. Y manténganse en paz, que eso quita arrugas.
 

Guadalupe Morfín
DIC 19

La feria, el arcoíris de Arreola (fragmentos de ensayo leído en la FIL) Por Guadalupe Morfín guadalupemorfinotero@gmail.com / @guadalupemorfin

Continúo mi entrega anterior (http://t.co/yIgnHn2XIc). Juan José Arreola, el de Zapotlán el Grande, vivió en los tiempos de Rulfo, y supo de las penurias humanas. Nos guiña un ojo con su recopilación de voces que describen los preparativos de una fiesta de pueblo, pero que es mucho más. Cuenta la historia de su pueblo en La feria, un texto de murmullos de quienes dan calor a una geografía. La anécdota hilarante, la irreverencia de Arreola, bañada de ternura, el detalle chusco, el ingenio, el gusto por el chiste, van poniendo carne en los huesos humanos. Prefigura la historia matria que luego escribiría Luis González y González en su Pueblo en vilo.

En medio de la tragedia de las tierras arrebatadas a los pobladores originarios, de la narración de idas y venidas para recuperarlas, de Zapotlán a Guadalajara y a la capital del país, y de las trapacerías de un usurero poderoso que extrae energía de los pobres, irrumpe la confesión de alguien que hizo travesuras con la prima, jugó a las malas palabras en la escuela o utilizó la imprenta para corregir la ortografía de una ofensa a los jesuitas. Y de repente, como no queriendo, entre secretos de alcoba, de confesionario o de notaría, aparece la poesía pura de la nostalgia de la niñez, y se reconoce la voz del niño Juan José con el relato de su recuerdo más hondo, el del encuentro con la blanca flor de San Juan.

Somos un pueblo alegre pero nos han querido expropiar la conciencia. Para recuperarla necesitamos la mirada aguda de Juan Rulfo, y, para no perder la alegría, la voz múltiple de Juan José Arreola, que nos permite la pausa de la broma, el alivio de la inocencia, nos arrulla de vez en cuando, y, compadecido de la catástrofe humana, nos hace oler los cohetes del castillo de luces, la tierra escardada, la lluvia mansa. Abre nuestros sentidos para que siga siempre bien instalado el corazón. Rulfo y Arreola desentrañan una manera de mirar y de nombrar esta patria herida, quemada, arrasada. “El rayo y el arcoíris”, pudiera resumirse su diferencia de prosas.

Hoy, sigue tronando la pregunta de Rulfo: “¿En qué país estamos, Agripina?” “¿Qué país es este, Agripina?” Este donde se desaparece, asesina y entierra clandestinamente a jóvenes. Este de un despeñadero moral que arrasa hasta el abismo a todos los partidos políticos y grupos de poder. No tenemos una respuesta fácil. Ninguna lo es.

La literatura nos permite volver a mirar el fuego en comunidad y relatar eso que nos hace fraternos. El país atraviesa por zonas de neblina, por tinieblas. Pero la sabiduría de los autores de “Luvina” y La feria, entraña una amorosa valentía, la de saber decir lo que nos duele, para no olvidar por dónde puede llegarnos la luz.

 

Guadalupe Morfín
DIC 12

En qué país estamos (fragmento de ensayo leído en FIL) Por Guadalupe Morfín guadalupemorfinotero@gmail.com / @guadalupemorfin

A la memoria de Vicente Leñero

Dos clamores recorren el cuento “Luvina”, de El llano en llamas, de Juan Rulfo: “¿En qué país estamos, Agripina?” “¿Qué país es éste, Agripina?”, grita a su esposa el viajero que recién llega, y relata al que va a viajar ahí, quizá como maestro rural. Preguntas válidas si queremos interpretar nuestro tiempo, especialmente doloroso para los maestros rurales en formación.

Luvina es un sitio de rechinar de dientes. Allí, “Ya no hay ni quien le ladre al silencio.” Metáfora de nuestra patria, el único papel que le toca al gobierno en el relato, es el de quien persigue, atrapa y castiga. Imposible dejar de pensar en Iguala, Guerrero, y los parajes yermos donde el desenterramiento de huesos sucede más como tarea ciudadana que deber público.

Rulfo no conoció la masacre de más de 70 migrantes en San Fernando, Tamaulipas, ni las fosas con cientos de cadáveres en Coahuila —sólo en Allende desaparecieron 300 personas—, o los sitios donde en Jalisco se han encontrado restos humanos —26 cuerpos bajo los Arcos del Milenio, en Guadalajara, hace dos años; 18 en Ixtlahuacán de los Membrillos (mayo de 2012), secuestrados días antes por la ribera de Chapala; 75 hallados en fosas en La Barca; ocho en Encarnación de Díaz; igual cifra en Lagos de Moreno; 17 en Zapopan; otros tantos en Tonalá y El Salto, otros más en Tlajomulco—. Tampoco supo de los más de 35 cuerpos arrojados sobre un bulevar en Veracruz. Nada supo de los jóvenes ejecutados en Tlatlaya, Estado de México, por un batallón del Ejército mexicano, este año; nada de Iguala, sus muertos, sus heridos y los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos, buscados en las ya más de 50 fosas en el municipio.

Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en México (FUNDEM) sigue exigiendo un Registro Nacional de Personas Desaparecidas y un banco de datos genéticos, reclamos de los que finalmente, parece hacerse eco el Presidente Peña Nieto.

Rulfo no vivió esto, pero sí los enfrentamientos entre federales y cristeros en Jalisco, Colima, Michoacán; las ejecuciones sumarias, los asesinatos a sangre fría, entre ellos el de su propio padre; la entrega de tierras secas, como costras de polvo, a empobrecidos ejidatarios condenados a vivir y a calmar en ellas su sed; los implacables cacicazgos rurales; las enfermedades que ni yendo en peregrinación a Talpa se curan; los padres que cargan sobre sus hombros los cuerpos de sus hijos; los hijos que en vano intentan frenar la ejecución de sus padres y más bien asisten impotentes a sus últimas imploraciones.

Luvina tiene la claridad de una visión descarnada. Quiera esa claridad impulsar nuestra forma de leer e interpretar esta realidad para muchos inhumana, y animarnos a poblarla de esperanza con nuestros pasos y voces, nuestra decisión firme y pacífica de ser comunidad.
 

Guadalupe Morfín
DIC 5

El paradigma ético del cuidado Por Guadalupe Morfín guadalupemorfinotero@gmail.com / @guadalupemorfin

Este miércoles escuché en la Ciudad de México a Bernardo Toro, filósofo colombiano, educador, matemático, que expuso el paradigma ético del cuidado en el Club de Industriales, invitado por Proyecto Síntesis. Algo necesario para nuestro tiempo, en México y en todo el mundo.

Poco antes de escribir esto, escuché la parte central del mensaje del Presidente Peña Nieto para enfrentar la crisis política donde la sociedad civil ha salido a la calle, harta de fosas, desaparecidos y del manejo mafioso de la política.

Dice Bernardo Toro que ética es el arte de elegir lo que conviene a la vida digna de todos. Que el cuidado es central en el nuevo paradigma de civilización que trata de emerger en todo el mundo; que previene daños futuros y regenera los pasados; que se hace cargo de los cercanos y de los lejanos; que promueve la equidad y protege a los otros solidariamente; que hace vínculos emocionales; que promueve una conciencia ecológica planetaria.

La autonomía que la ética del cuidado produce en las personas significa: autorregulación en libertad; aceptación de los errores y de los aciertos; asunción de responsabilidades; aprendizaje continuo, apertura al cambio. Todo eso es verdadero cuidado del espíritu, donde el orden viene desde dentro; no es impuesto desde fuera, pues requiere entrenamiento en el silencio para escuchar la propia voz interior. No se aprende por tanto por culpa ni por castigo.

La renuncia al lado guerrero de la inteligencia (en esto Toro sigue a Jaime Parra (La educación desde la ética del cuidado y la compasión, Universidad Javeriana, Bogotá) supone dejar de verla como una propiedad personal, privada e interna, basada en una competencia que resulta excluyente, para pasar a ser: aceptación de la debilidad y de la cooperatividad humana; capacidad de plantearse ¿quién soy yo?; ¿cuál es mi tiempo? ¿quién me acompaña?; sabiduría para pedir ayuda; búsqueda de beneficios para sí y para los demás; desarrollo de una responsabilidad política, social y cultural de la inteligencia, entendida como un regalo social, público e incluyente.

Bernardo Toro está convencido de que los derechos humanos son a la civilización actual lo que las bienaventuranzas son al Evangelio. Lo ha dicho a los obispos de Colombia. El cuidado produce bondad, consuelo, comprensión, solidaridad.

Oía todo esto como trasfondo del mensaje presidencial tan aplaudido por gobernadores presentes, por el gabinete y por todos los invitados de pie. ¿Por qué sonará más genuina la caravana cuando algunos se quedan sentados, sin aplaudir? Se vale. Se necesita. Nos hacen falta esos que pongan en duda lo dicho, que lo pongan a prueba, que se esperen a digerirlo, que se cuestionen si será bueno para el federalismo y si son malhechores temibles los jóvenes enviados a cárceles lejanas. Más autonomía nos hace falta para pensar en una idea de nación como futuro compartido; más ética, más filosofía del cuidado, menos teatro y cálculo político.

Guadalupe Morfín
NOV 28

Las nubes de la política Por Guadalupe Morfín guadalupemorfinotero@gmail.com / @guadalupemorfin

La esperanza es el sentimiento de que la vida
y el trabajo tienen significado.

Václav Havel

Escribo vestida para la marcha en solidaridad con las familias de Ayotzinapa y en protesta por los desaparecidos en todo México. Estos días cocino con alegría un pavo para la Navidad anticipada que celebraremos con mi mamá sus trece vástagos y nuestras respectivas familias. En medio de la lluvia íntima es un gozo echar viajes al mercado de Santa Tere y alrededores para completar los ingredientes y concluir pasos culinarios, desde la salsa de mandarinas y chile guajillo, hasta el pastel de plátanos machos. Valdor, bulldog inglés de esta casa, se transmuta en guardián del guajolote.

Apenas así conjuro las nubes que cruzan el cielo de mi país y no anuncian buen temporal. Esta semana hubo noticias que sobresaltaron. Ninguna lo hizo tanto como ver a un Presidente de la República furioso, amenazante. Ni siquiera fue tan fuerte el video de su esposa, invitada a una actuación propia de su anterior profesión, por la que fue generosamente pagada con una mansión que ha sido cuestionada porque implica conflictos de interés. El aún propietario de la llamada casa blanca fue uno de los principales contratistas cuando Enrique Peña Nieto gobernaba el Estado de México. Y era parte del grupo que había ganado la licitación para la línea del tren México–Querétaro, cancelada por el cálculo de riesgo político debido a la falta de transparencia. Angélica Rivera, esposa de Peña Nieto, lucía más guapa y maquillada que nunca, pero también enfadada, como haciéndonos el favor de informarnos de cosas que “no debemos saber”.

Frente a los mareos del poder, y las posibles amenazas, cocinar una receta de la chef Patricia Quintana es buen subterfugio, pero ni aún así tranquiliza saber que una testigo vio la mañana de este jueves, por la calle Medrano y la 72, en Guadalajara, un camión del Ayuntamiento repleto de paquetes de ropa mientras un tipo se ponía un saco militar y su sombrero. En el DF circulan fotos de muchos militares vestidos de civil. ¿Nos cuidarán o nos reprimirán?

Hay que extraer lecciones de Ayotzinapa y la crisis política del país. Nunca más candidatos impresentables en ningún partido. Ni árbitros timoratos en sancionar campañas con fondos de procedencia dudosa. Los procesos de la “parapolítica” en Colombia encarcelaron a varios diputados por haberse plegado a los designios y dineros de los capos durante sus campañas. Se dice fácil, pero para que haya políticos íntegros se requiere de ciudadanas y ciudadanos íntegros. ¿Cómo preservamos la integridad de nuestros jóvenes si les cerramos las puertas de acceso a una idea de nación, de futuro compartido (José Bernardo Toro dixit), con educación, empleo, cultura para la vida? Adoradores de becerros de oro —poder, dinero, fama— nuestra generación debe enmendarse y enderezarse. Marchando, dialogando, creando, exigiendo, siendo justa, construyendo fraternidad todos los días.
 

Guadalupe Morfín
NOV 21