Portación de foto prohibida Por Carlos Loret de Mola carlosloret@yahoo.com.mx

Parece que el Congreso debe apurarse para tipificar un nuevo delito en el Código Penal mexicano.

Si uno se mete a Twitter o a Facebook, se leen muy fuertes en sus condenas. Así que tendrían rápido que legislar la pena que amerita el delito de portación de fotografía prohibida, en sus modalidades de aparición, solicitud, selfie o captada por terceros; con los agravantes de sonrisa, abrazo, saludo y otras muestras varias de simpatía.

Los fanáticos de las redes sociales y los robots financiados por los intereses políticos están de nuevo extraviados. Ahora han centrado sus críticas en Andrés Manuel López Obrador por lo que es casi una trivialidad: que aparece en una foto con la parejita prófuga Abarca-Pineda, presuntos responsables de la desaparición de estudiantes.

Todo se debe a que el domingo, en su mitin del Zócalo del DF, el ¿ex? candidato presidencial declaró: “No conozco al ex presidente municipal prófugo y miren que no es asunto sencillo, porque yo estoy constantemente recorriendo el país… y siempre estoy en plazas públicas y saludo a todos y me tomo la foto con todos”.

A las pocas horas circularon en redes sociales fotografías en las que aparece el tabasqueño con José Luis Abarca y su esposa María de Los Ángeles Pineda “#LadyIguala”.

¡Pum! ¡Ahí está el delito! ¡Ahí está la prueba!, retumbó el tonto coro de las redes sociales. López Obrador contestó que él se toma fotos con quien se las pide y que quizá también con Abarca. Arreció la tormenta.

Es claro que como figura pública, el dirigente de Morena se saca fotos con miles de personas a quienes no conoce ni identifica. Quizás por ello exageró cuando en el Zócalo proclamó tajante que Abarca ni se le había acercado en tantos actos; tal vez sea dudoso que si está en un mitin en Iguala y se le acerca el candidato de su coalición o, después, el ya presidente municipal, no lo reconozca ni se lo presenten: el alcalde no es cualquier asistente al acto.

Quizás, quizás, quizás.

Pero ese no es el punto. Le hacen un favor a AMLO quienes lo acusan de “portación de foto prohibida” porque desvían la atención de las acusaciones centrales:

López Obrador fue alertado de las actividades ilícitas de Abarca y aún así decidió apoyarlo como candidato. Luego se benefició de su operación política. ¿También del dinero que le metieron a la campaña? López Obrador ungió personalmente como candidato de Morena al gobierno de Guerrero al padrino político y financiero de la parejita de Iguala, Lázaro Mazón. ¿No tiene una responsabilidad política por haber promovido y apoyado al grupo político que ordenó el peor acto represivo contra estudiantes en los últimos 40 años?

López Obrador ha de estar feliz con el debate sobre su foto. Le sirve como cortina de humo, como fantástico distractor.

SACIAMORBOS

Me recuerdan a los fanáticos y robotitos pro-AMLO (los hay en todos los bandos políticos) que se dedican a criticar al Presidente Peña Nieto porque no lee, porque su esposa fue actriz, por su acento al hablar inglés y no le dedican sus “agudos misiles” al nulo crecimiento económico, el aumento vertiginoso de los secuestros, etc.

Carlos Loret de Mola
OCT 30

De “milagritos” Por Carlos Loret de Mola carlosloret@yahoo.com.mx

Para mi inolvidable Gabriel Guerrero Traspaderne, q.e.p.d, un hombre de momentos clave.

No goleó ni hizo “jogo bonito” y tuvo que irse hasta los penales, pero al final ganó y aseguró cuatro años más a un proyecto político cuyo futuro era puesto en duda hace apenas cuatro meses.

Pese a escándalos de corrupción y fracasos mundialistas, Dilma Rousseff, la ex guerrillera de 66 años, superó los obstáculos y obtuvo este fin de semana, su reelección como presidenta de Brasil.

Ayudada por la aceitada maquinaria electoral que es el Partido de los Trabajadores (PT), derrotó por tres puntos, en segunda vuelta, a Aecio Neves, del Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB).

La Copa del Mundo Brasil 2014 motivó pronósticos de todo tipo lo mismo entre quienes lo veían como el clímax de un gran trabajo de relaciones públicas internacionales de su gobierno que entre los que esperaban que fuera el Waterloo del milagro económico de la dupla Dilma-Lula.

Antes del torneo, el gran tema era el descontento social por el gasto exagerado. Al final, lo eran los efectos políticos que tendría el fracaso futbolero.

Al comenzar la Copa, muchos dibujaban un inevitable destino común de las aspiraciones de Dilma y las del equipo nacional. En estas Historias de Reportero publicamos: “Los Mundiales ni ponen ni quitan gobiernos”. Es un mito que los electores esperan el resultado de un partido de futbol para decidir por quién votan para presidente.

En la recta final del campeonato, ya con la Verde-amarela vapuleada, abundaban los análisis que daban por hecho la derrota de Rousseff. En estas Historias de Reportero apuntamos: “…El daño (a Dilma) es menor, al menos en lo que se refiere a sus posibilidades de reelegirse en los comicios de octubre próximo”. Protestas, escándalos y golizas no bastaron para descarrilarla.

Lo que sí parecía claro era que los reflectores del Mundial dejaban saldos negativos. Tras la Copa del Mundo, Brasil tenía peor imagen internacional y el milagro brasileño parecía sólo un espejismo.

En esa rivalidad siempre presente entre México y Brasil, el panorama para nuestro país se veía más despejado hace cuatro meses.

Ahora, los estadios a medio terminar, los servicios deficientes y la infraestructura precaria de Brasil no son más que un juego de niños comparados con el desastre de imagen que enfrenta México tras las atrocidades de Iguala y Tlatlaya. El milagro brasileño aún respira. El mexicano no ha alcanzado a nacer.

SACIAMORBOS

“Es un privilegio servirle a México. “Es un honor servirle a mi patria”. Con frases así —engolada la voz, erguida la figura, explotando el tórax— marinos y soldados contestaron al Presidente cuando les entregó reconocimientos por su trabajo contra el crimen organizado. En el templete varios funcionarios del Gobierno federal se emocionaron intensamente. “Ojalá todos supieran que nuestras vidas y nuestras familias están defendidas por gente del pueblo con esta mística”, dijo, palabras más, palabras menos, uno de ellos.
 

Carlos Loret de Mola
OCT 29

Represión… de izquierda Por Carlos Loret de Mola carlosloret@yahoo.com.mx

A partir de las matanzas de 1968 y 1971, la izquierda levantó en sus marchas y discursos la bandera del alto a la represión del Estado.

El grito de “¡vivos se los llevaron, vivos los queremos!” se volvió emblema por las denuncias de desapariciones forzadas.

Pero en años recientes, esas consignas históricas se deformaron en la caricaturización del movimiento social victimizado por la brutalidad de la fuerza pública: los manifestantes golpeaban a granaderos quienes, resistiendo el embate, escuchaban que ellos eran los representantes del “Estado violento”.

Con presidentes muy acotados por las nuevas reglas democráticas, el discurso de la izquierda seguía instalado en la dinámica setentera de la “guerra sucia”: mientras desde el gobierno hay pánico de usar la fuerza contra un movimiento social —por violento que éste se torne— en las manifestaciones izquierdistas el discurso no se ha suavizado un ápice: “ahí viene otra matanza como en el 68” es la advertencia permanente.

Y entonces llegó el 26 de septiembre de 2014.

El peor acto de represión estudiantil de los últimos cuarenta años lo cometió… la izquierda en el poder.

La desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa representa el más atroz delito orquestado por un gobierno contra civiles que pacíficamente ejercían su derecho a la libre manifestación.

No fue el PRI con sus “inconfesables vínculos con su pasado represor”. No fue el PAN, la “ultraderecha en el poder”. Fue un gobierno de izquierda. De las dos izquierdas, la radical y la moderada.

Porque en la postulación de José Luis Abarca como presidente municipal de Iguala convergieron los deseos del PRD y Morena: supieron de la podredumbre que los rodeaba y voltearon a otro lado porque convenía a sus intereses electorales.

“Los Chuchos” del PRD lo apoyaron aun cuando René Bejarano les notificó que estaba metido en el crimen.

López Obrador de Morena le dio su bendición para ser candidato a pesar de que su compañero de partido, el hoy diputado Oscar Díaz Bello, le señaló que era narcotraficante. Este domingo en el Zócalo del DF, López Obrador negó conocer a Abarca.

En 13 páginas de discurso, López Obrador no le dedicó un renglón al hombre clave en esta trama: Lázaro Mazón, a quien él mismo ungió como candidato de Morena al gobierno de Guerrero hace unos meses y hoy desnudado como padrino político y financiero de Abarca y su clan.

López Obrador buscó colocarse por encima de todos como impoluto y lucrar con la indignación por las víctimas cuando fue su favorito quien apadrinó al represor.

Andrés Manuel es deshonesto si pretende meter todo eso debajo de la alfombra y salir con pretendida superioridad moral a exigir renuncias y denunciar a un sistema podrido, porque es beneficiario y parte de él.

Ayotzinapa marca la derrota cultural y moral de la izquierda partidista mexicana y la culminación de su tránsito de vigorosa denunciante de la represión del Estado a practicante de la brutalidad para preservar prebendas y proteger intereses hasta criminales.

Es desde hace 25 años parte de una élite de poder que goza, protege y promueve un régimen de privilegios desde el Congreso, gubernaturas, presidencias municipales, legislaturas locales y dirigencias partidistas.

Sus discursos contra “los poderosos” son vacíos y hasta desvergonzados porque ellos son parte integral de la clase mandante y hoy les salpica la responsabilidad de uno de los peores actos represivos que se recuerde en México.
 

Carlos Loret de Mola
OCT 28

Y ahora, ¿quién podrá defenderlo? Por Carlos Loret de Mola carlosloret@yahoo.com.mx

Amado Yáñez Osuna, dueño de Oceanografía, se había vuelto un símbolo de impunidad. El suyo era un proceso VIP: acusado por un presunto fraude de 600 millones de dólares, seguía su proceso en comodísima libertad, primero en Miami, luego en el Distrito Federal y hasta en Acapulco.

Parecía que sus tentáculos políticos le habían rendido grandes frutos. Amado Yáñez, directamente o a través de sus socios —Martín Díaz, Oliver Fernández, entre otros en esa lista— había logrado meterse en el ánimo de políticos de diversos partidos usando la cartera: les prestaba sus aviones privados, los apoyaba con dinero para sus campañas, les pagaba viajes tan discretos como exclusivos. Los tenía entre seducidos y comprados.

Oceanografía estaba bajo sospecha pública desde el sexenio de Vicente Fox Quesada. Se habló mucho de que los hijos de su esposa, los hermanos Bribiesca Sahagún, eran los traficantes de influencias a favor del consorcio. En una reciente entrevista el folclórico ex presidente lo negó y hasta rechazó que sus hijos políticos hayan pasado de usar taxis a aviones privados.

Nunca sucedió nada relevante en Oceanografía. Incluso fueron inconsecuentes las investigaciones de las comisiones legislativas especiales.

La bomba estalló dos presidencias después: se volvió el escándalo político-financiero más importante en la gestión de Enrique Peña Nieto.

De qué tamaño habrán sido las alianzas, de qué tamaño los favores que cuando el presunto fraude ocupó las primeras planas, el PAN amagó al gobierno priista con no votar a favor de la reforma energética si seguía hurgando.

Inmejorable escenario para Amado Yáñez: estaba en libertad, en comodísima libertad, aunque con la empresa congelada, y su casi-banco y su equipo de futbol perdidos.

Pero cambió el escenario.

Quizá necesitado de una señal en medio de la peor crisis que ha enfrentado por la desaparición de los 43 estudiantes, el Gobierno federal detuvo a Amado Yáñez Osuna, en un golpe que luce alineado con el que dio a otro símbolo de la impunidad en su momento: la maestra Elba Esther Gordillo, ex dirigente vitalicia del sindicato de maestros, quien lleva año y medio en prisión.

Ojalá la detención de Amado Yáñez no sea sólo una fuerte señal, sino que resulte en Justicia, así, con mayúsculas: que pague sus responsabilidades —desde el fraude hasta el lavado de dinero, sin encontrar argucias legales para evitarlo— y que empape a los socios con los que se coludió y a los políticos a que corrompió, sean del partido que sean.

No caería mal una depuradita entre contratistas de Pemex, banqueros cómplices y políticos vendidos.

SACIAMORBOS

Tamaulipas antier. Tres enfrentamientos. 19 muertos. Todos presuntos delincuentes. Eso dice el boletín oficial del Grupo de Coordinación Tamaulipas. Un párrafo por enfrentamiento. Sin más explicación, mayores detalles ni narrativa alguna. Cuando Tlatlaya fueron también cuatro parrafitos.
 

Carlos Loret de Mola
OCT 23

La huida del equipo de Peña Nieto Por Carlos Loret de Mola carlosloret@yahoo.com.mx

Los más cercanos al Presidente Peña Nieto tuvieron que salir huyendo. La anécdota casi no se conoce. Esta es la historia:

Cuando el Presidente de México tiene programado en su agenda realizar un viaje, funcionarios encargados de su seguridad y logística llegan unos días antes al destino.

En el argot se les conoce como “la avanzada”: verifican los hoteles, recorren las rutas, calculan los tiempos de traslado, revisan los salones para mítines y actos, se coordinan con los gobiernos estatales y municipales.

Hace unos meses, los integrantes de la avanzada del Presidente llegaron a Tamaulipas. Después de realizar su habitual trabajo se dirigieron a su hotel. Fueron interceptados por integrantes del crimen organizado, quienes los amenazaron para que se fueran de ahí.

Se comunicaron con sus superiores en Los Pinos y éstos no quisieron correr riesgos: los subieron al primer avión disponible de regreso al DF. Tuvieron que salir huyendo.

La anécdota es una radiografía de Tamaulipas.

Poco tiempo después de ese episodio, el Gobierno federal lanzó su plan para rescatar a esa Entidad.

A cinco meses de ese anuncio, ¿cómo están las cosas en Tamaulipas?

El diagnóstico oficial es mucho mejor que el de sociedad. En el Gobierno federal evalúan que la estrategia va “muy bien, mucho mejor de lo que parecería”, me dice una fuente del más alto nivel.

Entrevisté a periodistas, líderes sociales y empresariales para esta columna. La realidad se puede dividir geográficamente:

En el Norte del Estado —Reynosa es el emblema, pero también Nuevo Laredo— la sociedad siente que todo sigue igual: secuestros, extorsiones, reinado del crimen organizado y una ciudadanía que ya no se espanta, que ha tenido que “acostumbrarse” a callar, a pagar cuota a los narcos, a recolectar rescates, a no denunciar en los medios de comunicación, menos a las autoridades, presuntamente al servicio de los capos.

Han caído dirigentes criminales, pero esto no les ha resultado en una mejora en la confianza al Estado ni en una transformación de su brutal cotidianeidad.

En el Sur del Estado —Tampico, Madero, Altamira— han bajado las balaceras y secuestros de alto impacto, pero todavía son insostenibles los niveles de extorsión y cobro de derecho de piso. Los secuestros exprés y de bajo monto de rescate se mantienen cada vez más altos.

“Cobran hasta por cabeza de ganado vendida en el rastro”, me confía un empresario que pide guardar el anonimato. Los ganaderos pagan y callan. Si no, no venden. ¿Resultado? Al menudeo el precio del kilo de carne se ha duplicado y ha llegado a los ¡cien pesos! Lo mismo les pasa a los barcos camaroneros.

Según reportes de inteligencia, los criminales dejaron las ciudades de Tamaulipas y se han refugiado en las zonas rurales y la región Norte de Veracruz.

Toda la atención la tienen Guerrero y Michoacán. Pero no hay que dejar de ver al Norte.

SACIAMORBOS

Si no se deslindó de Bejarano en diez años… menos de Lázaro Mazón en diez días.
 

Carlos Loret de Mola
OCT 22

¿A dónde va el Presidente? Por Carlos Loret de Mola carlosloret@yahoo.com.mx

La manera en que se difundió la noticia logró que se diluyera su gravedad. En Los Pinos aceptan sus dimensiones reales, pero obviamente no quieren hacer aspavientos.

“Fuerzas federales tomaron las funciones de la policía en 12 municipios de Guerrero y uno del Estado de México”, palabras más, palabras menos, depende del medio de comunicación en el que haya visto la noticia que surgió el fin de semana.

Fueron enlistados, sin detenerse en cada uno: Apaxtla, Arcelia, Buenavista de Cuéllar, Coyuca de Catalán, General Canuto Neri, Ixcateopan de Cuauhtémoc, Pilcaya, Pungarabato, San Miguel Totolapan, Taxco de Alarcón, Teloloapan y Tlapehuala, en Guerrero, e Ixtapan de la Sal, en el Estado de México; este último, municipio colindante con los anteriores.

El asunto es en realidad mucho más grave que una boletinera enumeración:

Ixtapan de la Sal es el lugar donde desde hace casi diez años el Presidente Enrique Peña Nieto pasa la mayoría de sus sábados y domingos.

Desde que era gobernador del Estado de México llevaba esa rutina para “desconectarse” el fin de semana, disfrutar el Sol, correr, jugar golf… en una localidad cuya policía municipal está bajo sospecha de ser brazo armado del crimen organizado.

Los 80 policías municipales —y sus jefes— del sitio donde el Presidente Peña Nieto pasa el 30% de su tiempo en una semana promedio fueron separados de sus cargos, enviados a las instalaciones militares de Tlaxcala, donde se supone que los policías malos se convierten en policías buenos, o son reprobados y despedidos, y sus funciones, llevadas a cabo por soldados, marinos y gendarmes.

No es la primera vez que Ixtapan de la Sal es noticia relacionada con el crimen organizado: en 2008, su presidente municipal, el priista Salvador Vergara Cruz, fue ejecutado. Y se han difundido balaceras y ejecuciones, salpicadas en el calendario. Ahora el que está bajo sospecha es el perredista Ignacio Ávila Navarrete.

Pero tras la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, el Gobierno federal está haciendo una limpia en los municipios donde considera que manda “Guerreros Unidos”, el cártel presunto responsable de la peor crisis que ha tenido que enfrentar el Presidente en sus casi dos años de gestión.

Es obvio que Peña Nieto llega a Ixtapan de la Sal rodeado de los mejores elementos del Estado Mayor Presidencial, que se transporta en helicóptero y en vehículos blindados, sin embargo, en un sitio cuya policía podría estar bajo control del narco —según sus propios informes de inteligencia, que condujeron a recluir a todos sus agentes en el cuartel militar— el primer mandatario corre mayores riesgos, sin contar el brutal simbolismo del dato, la metáfora inclemente de la realidad.

Ixtapan de la Sal. Allá suele ir el Presidente. Veremos si sigue yendo.

SACIAMORBOS

Por Ayotzinapa hay muchos más funcionarios cuyas carreras están en riesgo. Y son de más jerarquía que el obvio. Quizá alguien espera el momento de máxima irritación social para que el rodar de las cabezas sirva para despresurizar.
 

Carlos Loret de Mola
OCT 21

Un testimonio clave Por Carlos Loret de Mola carlosloret@yahoo.com.mx

El caso Guerrero se enreda y se vuelve aún más truculento. Son desgarradores los testimonios de los padres de jóvenes desaparecidos que han recogido los medios de comunicación en las últimas semanas. Sufren por no saber qué ocurrió con sus hijos, porque las autoridades poco o nada les informan y narran cómo en su vida de pobreza la esperanza de un avance era que ellos estudiaran para ser maestros y aspirar a una vida mejor.

Por si fuera poco, denuncian algunos de ellos cómo “el Comité” de la Normal Rural de Ayotzinapa abusaba de los jóvenes de nuevo ingreso. Todos los desaparecidos están en ese grupo de los recién inscritos.

El testimonio de María, madre de uno de ellos, recogido por la reportera Ana Lucía Hernández para Contraportada de Radio Fórmula, es contundente:

Como parte de los méritos para poder quedarse en la matrícula de la normal, los estudiantes son obligados por “el Comité” a salir de Ayotzinapa hacia donde les indiquen a pedir dinero para “la causa”.

Se les prohíbe en esa tarea obligatoria usar zapatos tenis. Tienen que usar huarache cruzado —se infiere— para motivar a la donación de recursos con su aspecto pobre.

La tarde del 26 de septiembre, su hijo le avisó a María que no iba a regresar a su casa esa noche ni a descansar el fin de semana como le habían prometido, porque tenía que regresar a la escuela para ir a la “actividad fuera”.

Después supo que se los llevaron a Iguala a “botear” —pedir aportaciones— y fue ahí donde los policías los atacaron. Le angustia lo de los huaraches que tenía que usar: “Ningún joven ha de haber llevado tenis a esa actividad que supuestamente los mandaron… todos llevan huaracha cruzada… yo creo que ni pudieron correr porque es imposible correr con chanclas, con huarachas”.

Gregorio, que trabaja de peón, padre del joven desaparecido Mauricio Ortega, dice que apenas ahora se enteró de que los habían mandado a Iguala y que era una actividad obligatoria para permanecer en la escuela: “De eso no sabía nada sino que estoy allá en mi pueblo y pues uno no sabe cómo hacen, qué movimiento tienen aquí. Hasta apenas me enteré que fueron a botear y ahí los agarraron”.

María afirma que al ingresar a la normal durante un mes los mandan a actividades y nadie sabe de ellos. Cuando regresan, son enviados a botear y repartir información seguido y “son los primeros en echar punta y los últimos a veces hasta de comer, porque en sí aquí les hacen feo”.

Tragedia sobre tragedia. Jóvenes que quieren salir de la pobreza y son literalmente carne de cañón política, electoral y hasta de las movilizaciones del grupo que promete liberarlos de su condición.

Eso como puerta de entrada al infierno de la descomposición institucional, del sometimiento de la política al crimen organizado, de policías fungiendo como sicarios de los cárteles y políticos cuidando sus traseros como prioridad ante la tragedia.

SACIAMORBOS

Un león puede ser un hilo para comprender más. Ya hablaremos de ello.
 

Carlos Loret de Mola
OCT 16

Del MEMO al MEMU Por Carlos Loret de Mola carlosloret@yahoo.com.mx

Del Mexico Moment al Mexico Murder. Así podría resumirse el cambio en la percepción internacional sobre nuestro país en el corto lapso transcurrido entre la aprobación de las reformas y el estallido de violencia criminal en Iguala: del “momento de México” al “asesinato mexicano”.

La noche del 26 de septiembre, cuando ocurrieron los actos de barbarie a cargo de la policía municipal igualteca —dominada por el crimen organizado y por un alcalde que era parte de sus filas— el juego cambió para el Gobierno del Presidente Peña Nieto:

Se terminó de golpe la narrativa que marcaba a esta administración, la del logro de consensos inéditos, la efectividad política y la eficacia para gobernar.

El giro fue tan repentino que al parecer en los altos mandos políticos no se dieron cuenta y pretendieron mantener el asunto en el ámbito local, como un problema del municipio de Iguala, si acaso del Gobierno de Guerrero.

Tardó diez días en entrar de lleno el Gobierno federal a la escena y lo hizo a partir de un discurso presidencial inseguro y tropezado.

Demasiado poco y demasiado tarde.

Un alcalde, su esposa que es pieza clave y un jefe de policía fugados, un gobernador dedicado a maniobras patéticas para mantener el cargo, seis personas inocentes muertas y 43 jóvenes estudiantes víctimas de desaparición forzada no iban a pasar inadvertidos para los mexicanos ni para el mundo.

El paso de los días posteriores no sólo no ayudó al Gobierno federal a enderezar las cosas sino que las empeoró: se acumularon las evidencias y testimonios de que por lo menos desde un año antes la Procuraduría General de la República tuvo información sobre las actividades delictivas del presidente municipal de Iguala, José Luis Abarca. Y el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) tenía la misma información.

Ahora queda claro que lo sabían las instituciones de seguridad, las autoridades políticas federales, el Gobierno de Guerrero, el partido que postuló tanto al gobernador como al alcalde (el PRD)… y nadie actuó. Ninguno puede evadir responsabilidad en el horror de los crímenes de Iguala.

El Gobierno de Peña Nieto enfrenta la peor crisis de sus casi dos años. Peor que Michoacán y peor que Tamaulipas. Una que seguramente lo marcará:

En la opinión pública internacional es México el lugar en donde ocurren crímenes salvajes a cargo de autoridades convertidas en criminales y que suelen operar con impunidad. Y de eso la cara visible responsable es el Presidente Peña Nieto.

México tiene un problema profundo de seguridad y de podredumbre política y nadie puede ocultarlo.

SACIAMORBOS

Apuestas: ¿cuánto tarda en llegar la protesta por Ayotzinapa al DF?, ¿cuánto tardan en sumar fuerzas los estudiantes de Guerrero con los del Politécnico?, ¿cuánto tardan en resolverse ambos problemas, dado que los grupos cada vez tienen menos incentivos para acordar con el Gobierno federal y desmovilizarse?
 

Carlos Loret de Mola
OCT 15

El sucesor de “El Chapo” Por Carlos Loret de Mola carlosloret@yahoo.com.mx

Por meses se especuló quién sería. Ya se sabe: el nuevo líder del cártel de Sinaloa es Dámaso López Serrano, según me confirman altas fuentes de inteligencia.

Le apodan “El Mini Lic”, no tiene más de 28 años de edad y es ahijado de Joaquín Guzmán Loera. Su principal credencial: está acusado de dirigir al sanguinario grupo de sicarios conocido como “Los Ántrax”.

La información difusa que existe sobre los grupos del narcotráfico y sus líderes más visibles hacía pensar que el sucesor del mando de la poderosa organización sería Ismael “El Mayo” Zambada o Juan José Esparragoza Moreno “El Azul”.

Pero desde que lo capturaron en Mazatlán en febrero de este año, “El Chapo” dijo a sus primeros interrogadores, altos funcionarios de la Marina, que su compadre “El Mayo” Zambada andaba escondido en la sierra con ganas de retirarse.

Las autoridades tenían datos de que con sus casi 70 años de edad y resentido de una operación en una pierna que no quedó bien, Zambada difícilmente sería el heredero ideal del inmenso poder de Guzmán Loera.

“El Azul” tampoco estaba ya en su mejor momento, según la misma información oficial. Y encima de todo, su hijo Juan José Esparragoza Jiménez, de unos 25 años de edad, fue detenido en Culiacán por la Marina, en agosto pasado.

Los dos líderes más cercanos a “El Chapo”, de la generación que todavía aprendió los secretos del negocio de los históricos del narco, ya no estaban en condiciones de tomar el mando.

El Gobierno federal considera ya que “El Mini Lic” es quien ha tomado el control, se supone que con la bendición de los viejos capos.

Es hijo de Dámaso López Núñez, apodado “El Licenciado”, un ex policía judicial de Badiraguato, Sinaloa, ex agente del Ministerio Público, que fue el número dos en el penal de máxima seguridad de Puente Grande, Jalisco, como director de Seguridad y Custodia. Al salir de este cargo habría dejado las condiciones propicias para que “El Chapo” se fugara de la cárcel un poco después, en enero de 2001.

En el avión que lo trasladó de Culiacán al Distrito Federal tras su recaptura este año, Guzmán Loera pronosticó que “El Licenciado” sería quien se quedaría con el cártel. Recordó que él sí se hizo muy, muy amigo suyo. Luego se volvieron compadres.

El heredero, según estas fuentes fidedignas, fue su junior, Dámaso López Serrano, uno de los jóvenes narcotraficantes que gusta de alardear en redes sociales de sus lujos y su poder, y a quien la DEA describe como “seductor y con tendencia a la sociopatía”.

Comenzó oficialmente la era de “El Mini Lic”.

SACIAMORBOS

La actuación del de Guerrero pone una nueva bandera de hasta dónde llega el poder impune de los gobernadores sin que exista contrapeso alguno capaz de hacerles pagar el costo político de sus acciones.

Que la víctima más reciente sea un estudiante alemán del Tec —a quien la policía estatal disparó dizque porque no quiso detener su vehículo en un retén— se añade para dar otra dimensión a la crisis a los ojos de la prensa extranjera. Seis muertos y 43 desaparecidos, y encima este caso. A ver si aguanta la suma.
 

Carlos Loret de Mola
OCT 14

¿Por qué AMLO evade Iguala? Por Carlos Loret de Mola carlosloret@yahoo.com.mx

Cuentan los allegados al procurador General de la República, Jesús Murillo Karam, que no se le olvida el día que lo traicionó Ángel Aguirre, actual gobernador de Guerrero.

Era el invierno 2009-2010. Relatan que estaban sentados a la mesa en el PRI Murillo, que era secretario general del partido, y los dos aspirantes al gobierno de Guerrero: Aguirre y Manuel Añorve.

Llegaban empatados en las encuestas pero sólo uno de ellos podía ser el candidato. Ante ello, Murillo sugirió que, dado que Aguirre ya había sido gobernador (interino, en relevo de Rubén Figueroa que renunció por la masacre de Aguas Blancas, donde policías dispararon y mataron a 17 indígenas desarmados), Añorve fuera el candidato.

Dicen que Aguirre aceptó enfáticamente. Que dijo que Añorve no sólo era su amigo sino su primo y que trabajaría con él estrechamente en la búsqueda de votos. Al poco tiempo, Ángel Aguirre Rivero anunció su salida del PRI para ser postulado a la gubernatura por el PRD, PT y Convergencia. Y le ganó a su pariente.

Cuatro años después, Murillo es procurador y enviado del Presidente a limpiar la casa tras la tragedia de Iguala. En esta coyuntura ha circulado mucho en redes sociales una foto de campaña en la que aparece Aguirre en fuerte, fuerte abrazo con Andrés Manuel López Obrador. En realidad, Aguirre nunca fue del total agrado de López Obrador, pero necesitaba su estructura, sus recursos, su operación política. Y ya se sabe que los políticos en tiempos de campaña olvidan ideales y se disfrazan de lo que sea. López Obrador quería (quiere) llegar a Los Pinos.

En realidad, el hombre de López Obrador en Guerrero no es Ángel Aguirre. Es alguien que le puede resultar aún más peligroso: Lázaro Mazón Alonso, ex senador y actual secretario de Salud estatal por negociación política entre Aguirre y Andrés Manuel.

Mazón es el “gallo” de López Obrador y por tanto, en Guerrero dan por hecho que será el candidato de Morena a la gubernatura.

El problema es que el presidente municipal de Iguala y su esposa, acusados de ordenar los disparos contra los estudiantes de Ayotzinapa, son gente de Mazón. Incluso en entrevista con El Universal publicada ayer, Mazón lo acepta: “Yo sí lo apoyé y mucho. Es amigo mío y no voy a negar una amistad”.

El reportaje informa que Mazón les gestionó que la Secretaría de la Defensa Nacional les donara un predio para construir el centro comercial que terminó enriqueciéndolos.

En el escándalo narcopolítico de Iguala el hombre de López Obrador en Guerrero está profundamente involucrado. Y también su aliado necesario, el gobernador. Por eso el dirigente de Morena ha sido tibio frente a la matanza, ha dejado pasar los días, se ha escurrido y sólo ha dado un par de declaraciones banqueteras y enviado un par de tuits con generalidades, cuidando no señalar a ninguno de sus aliados, como bien detectó y publicó Julio Hernández López, columnista del periódico La Jornada.

SACIAMORBOS

A ver si el aeropuerto no se le inunda como su complejo de edificios en Polanco la noche del domingo.
 

Carlos Loret de Mola
OCT 9