La bocanada y el respirito Viernes, 14 Septiembre 2012 por Guadalupe Morfín

Enorme bocanada nacional de aire fresco hubiera sido un fallo del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación que entrara de fondo a darnos luz sobre los principios constitucionales que hacen de una elección un proceso limpio, auténtico y libre, y no se hubiera guarecido en la seguridad de un formalismo jurídico chato. Cuando los principios inspiran las formas, éstas alcanzan vuelo. Lástima: se eligieron las formas. Se perdió una valiosa oportunidad de educación en democracia. Pero las y los ciudadanos de esta nación, tenemos tarea para largo en eso de edificar la gran casa pública donde se supone que somos iguales y donde se discuten o resuelven los asuntos que nos atañen: impuestos, seguridad, civilidad, reglas de convivencia, velocidad permitida para no atropellar a nadie, distintos modos de casarse, separarse y heredar, vedas de caza y pesca, zonas donde se prohíba construir para preservar la vida silvestre, horas de cerrar negocios, formas decentes de abrirlos, usos del petróleo que el país producirá gracias a cuantiosas sondas en el Golfo de México, votos, elecciones, medios, más castigos o regañadas para quienes se brinquen lo establecido y rompan así con la soñada armonía.

Cuando nos ponemos rijosos, ríspidos y reclamones en las cosas públicas (a ratos hace falta, pues no hay otra manera de hacerse oír), es muy probable que agotemos las energías destinadas a afinar las reglas y las bases para convivir en esta casa grande, y acabemos sin ver los frutos de los pasos que vamos dando, en la humildad del tiempo gerundio. Enormes dosis de buen humor hacen falta para la persistencia. Imagino que muchos queremos dejar en este mundo, amplio o estrecho, a los chamacos que nos siguen, agua, aire y alimentos de calidad, vidas vividas con dignidad y vínculos con nuestros semejantes, animales y plantas trazados con concordia. No vivimos el capítulo final de ninguna telenovela cuando termina un sexenio o la jornada electoral. Es hora de aquilatar y defender lo que tengamos de patrimonio común: leyes justas, instituciones que no se hagan guajes, funcionarios y servidores con escrúpulos y sentido común, una cultura prodigiosa, y gratos espacios seguros dónde transitar sin miedo a que la mafia de las motocicletas impunes (moda tapatía) nos arrebate la medalla de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, la credencial del IFE, la licencia de manejar, y esas muletas de nuestra memoria que son los teléfonos celulares.

Es hora de un respirito para cuidarnos; para fomentar formas de diálogo que nos apacigüen; para valorar lo logrado aunque no sea perfecto (casi nunca lo es), y apuntarnos a echar mano donde haga falta apuntalar la esperanza. No rinde vivir estirados; crispados nos enfermamos. Reírnos en un horizonte adverso, requiere de más valor que al ver películas de Cantinflas. Sacar la casta es constatar que, no siendo fácil lo que viene, se puede cantar como Mercedes Sosa ¿Quién dijo que todo está perdido?