Niños violent(os)(ados) Jueves, 13 Septiembre 2012 por Sergio René de Dios

Juanito es uno de los más de 300 mil niños que recién ingresaron a uno de los planteles de preescolar del sistema educativo jalisciense. El menor tiene tres años de edad. En los primeros días ha llorado. Quiere regresarse a su casa y no estar en la escuela. Las educadoras han intentado tranquilizarlo. Las respuestas del niño, un día y otro, han sido insultarlas con las majaderías más fuertes, rasguñarlas, morderlas y patearlas. La agresividad a tope. El déjenme en paz con furia. Cualquier intento de ponerle límites es desafiado por el niño. Y como él, se comportan miles más en los arriba de cinco mil 300 espacios educativos.

El fenómeno se repite cada ciclo escolar: niños, sobre todo varones, que agreden a sus profesoras, que no acatan reglas de disciplina, que golpean a otros, que lanzan advertencias hasta de muerte a todo mundo, que roban el lonche a otros alumnos. Niños violentos. Niños que provienen de contextos familiares violentos. De colonias o fraccionamientos violentos. Niños, y también niñas, que han sido violentados. Niños agredidos a coscorrones, con fajos, con chanclas, con palos, con alambres. Niños que sólo han recibido agresividad. Que ante un abrazo de las maestras para intentar calmarlos, se retuercen enfurecidos, buscando lastimar.

Una vez que se conoce al papá, a la mamá o a ambos, se comprende por qué son agresivos numerosos niños de preescolar. Y de primaria, y de secundaria, y de preparatoria, y de todo el sistema escolar. El niño imita a los padres. Aprende de ellos. Son su modelo. Son padres agresivos que, además, suelen no reconocer que son agresivos. Los menores apenas tienen tres, cuatro o cinco años, y dicen lo que les dicen, actúan como actúan con ellos, insultan como los insultan, patean como los patean. La violencia se esparce desde los hogares. Ahí la aprenden los chiquillos. Las educadoras, los profesores, poco pueden hacer ante no un niño sino decenas que deben atender diario. Se requiere mucho entrenamiento para saber educar en la escuela a un niño violento. Un niño al que ni los propios padres ya soportan, sin admitir que es un espejo de ellos y ellas. Un niño que una relación paternal y maternal amorosa, no conoce.

La educación preescolar es relevante en el desarrollo cognitivo, motriz, afectivo y de socialización de los niños. Por eso es lamentable que en Jalisco, como en el resto del país, sólo se admita sobre todo a niños y niñas a segundo y tercero de preescolar. Faltan planteles, carecemos de maestros, se requiere capacitar a las educadoras, apoyarlas en la enorme responsabilidad de atender a miles de niños y niñas, y entre éstos a quienes llegan ya lastimados, dañados. O que, caso contrario, no son agresivos contra otros sino contra sí mismos, arrinconados, callados, aislados. Por eso, al arrancar preescolar, felicitemos a las educadoras y directivos que ponen su mejor empeño en atender a los niños.