“En sentido amplio, la mayoría de los malos argumentos son variedades de non sequitur: conclusiones sacadas, pero que no se siguen. (...) Lo importante de los non sequitur es que lo que está en juego no es necesariamente la verdad de las principales declaraciones, sino la conexión inferencial entre ellas. Por ejemplo, si digo «Me gusta el queso, por consiguiente es martes», he incurrido en non sequitur, pues el hecho de que sea martes no se sigue del hecho de que me guste el queso. Ahora bien, puede ser cierto tanto que es martes como que me gusta el queso... [sin embargo]… se trata simplemente de que lo segundo no se sigue de lo primero.”
La anterior cita es un extracto de una de las 100 formas de detectar las falacias de los políticos, los tertulianos y los medios de comunicación a que se refiere el texto de ¿Se creen que somos tontos? de Julián Baggiani (Ed. Paidós, 2010). No obstante, a pesar de ser una entre cien, es una de las estratagemas retóricas más utilizadas por los políticos y medios. Veamos algún ejemplo: La asignación a eventos de coyuntura, —como alguna declaración de algún funcionario — a la subida o bajada de precios de divisas o de comodities. Quizá donde más notorio es cuando se pretende justificar la subida o bajada al precio del barril de petróleo arbitrariamente (aventuro una hipótesis: al ser uno de los mercados más complejos, —si no es el más—, y la relevancia de sus precios tan importante, para hacer más atractiva la nota, se le achaca una relación de causalidad que se inventa para la ocasión. equivocada. No vende simplemente decir: Sube (o baja) el petróleo de tanto a tanto.
Al curioso no le será difícil encontrar esta pseudoargumentación en las declaraciones de los políticos —fanáticos recalcitrantes del non sequitur— ni en los dichos de los comentócratas, ni principalmente en Twitter. En efecto, ya muchos han señalado la poca amabilidad que hay en dichas redes (de forma destacada entre los tuiteros mexicanos, cuya manera de mal tratarnos llama poderosamente la atención a los de otras latitudes). ¿Por qué será que los non sequitur son tan pegajosos y aplaudidos en nuestro país? No lo sé, pero el siguiente refrán podría darnos una pista:
Desde que se inventaron los pretextos, se acabaron los “indejos”.
Al curioso no le será difícil encontrar la pseudoargumentación en las declaraciones de los políticos ni en los dichos de los comentócratas