Entre déjà vus te veas Viernes, 6 Julio 2012 por Sergio Aguirre

La columna de la semana pasada concluyó así: “En todo caso, el voto es sólo un mecanismo de selección de líderes que nos pueden jugar a favor o en contra, pero la realidad es que si queremos rediseñar al país, el 1 de julio debe considerarse también como la fecha de inicio del proceso para crear el antídoto, tanto para el veneno que beberemos simbólicamente al votar (limitando a los gobernantes e impulsando en los congresos las agendas ciudadanas), como para aquel que nos hace ser tan serviles en prejuicio de la construcción política de un México democrático.”

Para muchos, el desenlace más previsible de las campañas representa un retorno al pasado. Difieren sin embargo, respecto de los años: 1912, 1958, 1968, 1983, 1988, 1997, 2006 sólo por señalar algunos. No comparto esta perspectiva. Más bien me parece que súbitamente caímos en cuenta de lo anclado que está el país a su pasado. Años y fechas hay muchos más que esos; por ejemplo bástese recordar que el sistema impositivo (no de comercio exterior) en sus fundamentos es el mismo desde principios de los ochenta. Ya son tantos los pendientes y la inconformidad que parece idóneo el momento para que de una vez por todas, la derecha y la izquierda partidistas dejen a un lado sus diferencias, se transformen y mediante mecanismos de diálogo democrático, e impulsados por la ciudadanía, logremos en este sexenio la tan anhelada transición democrática de una buena vez por todas. Obtener una especie de transición vía una oposición leal al sistema constitucional, no tanto al PRI como partido, sino a la cultura y prácticas priistas tan esparcidas y dañosas. Eso prácticamente aseguraría además, la victoria de la izquierda o la derecha en 2018.

Pero, ¿por qué ocurrió este resultado –que pudo ser peor– y parece no facilitar el proceso de construcción democrático? La enemistad, cuando siempre debió ser alianza entre la derecha y la izquierda me parece un factor fundamental, aparte de sus propias fisuras internas. De ahí que vale exigirles en estos momentos, a los partidos no afines al PRI, una firme base de entendimiento para, con templanza, generosidad, visión y en conjunto con la ciudadanía, logremos no solo superar los bloqueos conservadores, sino también los intentos retardatarios.

Ese es el mayor reto y los miembros de los partidos tienen la palabra.