Adiós, bipartidismo Jueves, 5 Julio 2012 por Sergio René de Dios

El bipartidismo en Jalisco quedó roto el domingo pasado. Si antes las fuerzas políticas mayoritarias eran el PRI y el PAN, esta vez arribó al escenario el conjunto de organizaciones que postularon a la gubernatura a Enrique Alfaro. Con una campaña que enfrentó porquería y media de ataques de priistas, panistas y del PRD, el ex alcalde obtuvo el segundo lugar con 34% de la votación, lo que ningún candidato de la izquierda había logrado en la historia jalisciense. Ese porcentaje incluyó a cientos de miles de ciudadanos hartos de los gobiernos de Acción Nacional, adversos a un posible regreso del partido tricolor y que desconfían de los dueños del perredismo local.  

Alfaro quedó en segundo lugar con un trabajo que venía de atrás y que adquiere fuerza durante su paso como alcalde por Tlajomulco de Zúñiga. El domingo pasado la mayoría de los ciudadanos de la Zona Metropolitana votaron por él y en siete distritos electorales fue el que logró más sufragios a su favor. La fuerza de su participación en los comicios le deja un gran capital político. Con el conjunto de agrupaciones que aglutinó se abre la posibilidad de convertir esas simpatías en una fuerte estructura organizativa o en un movimiento más sólido, y en una oposición crítica, propositiva y combativa.

Con Tlajomulco de nuevo en manos del movimiento que encabezó, con las cinco diputaciones locales (una de ellas de mayoría relativa), con nueve presidencias municipales que incluye la de Puerto Vallarta, el movimiento opositor que dirige Alfaro también tendrá la responsabilidad de demostrar que sabe y puede gobernar, que cumplirá sus compromisos, que es una alternativa política a favor de los marginados.

En el caso del PAN, decepcionó a la mayoría de los ciudadanos jaliscienses, que optaron por negarle sus votos. Luego de tres sexenios, Acción Nacional saldrá de la gubernatura sin recuperar ningún municipio metropolitano. Sus directivos, militantes y administraciones, tuvieron largos 18 años para cumplir los compromisos que adquirieron. No lo hicieron. El pretendido bien común, la filosofía humanista, quedó en discurso guardado en sus documentos básicos. Fueron tantos y tan graves sus yerros, que tendrán por lo menos otros tres años para autoevaluarse.

El retorno del PRI a la gubernatura luego de 18 años no es con los mejores resultados: de los ciudadanos que votaron, más del 60% lo hizo en contra del candidato del partido tricolor, Aristóteles Sandoval. Sí le ayudará al priismo que mantendrá la mayoría de las alcaldías y que en el Congreso del Estado será el mayoritario con 19 diputaciones. Pero hay numerosas razones históricas y actuales para desconfiar de un partido símbolo en México de la corrupción, el autoritarismo, la demagogia y la antidemocracia. No llegó un nuevo PRI. Arribó otro con viejas y nuevas caras, pero también con viejas y nuevas mañas. Ya no son, eso sí, los tiempos en que todo era controlado por el priismo. Tendrá numerosas voces críticas de lo que haga.