Un párrafo y que tiemble el mundo Jueves, 28 Junio 2012 por Carlos Loret de Mola

Cuando el financiero canadiense Paul Martin inventó el G20 se lo imaginó como una chimenea alrededor de la cual los 20 líderes políticos más importantes del mundo pudieran hablar relajadamente sobre el futuro de la humanidad.

Sólo que hay un asuntito: para que esos 20 líderes puedan reunirse en torno a su romántica chimenea, como sucedió en Los Cabos la semana pasada, 28 mil 800 personas deben estar acreditadas en la Cumbre.

México no quiso perder la idea de la sabrosa plática con olor a leña: el lunes 18 de junio, después de la primera sesión formal de la Cumbre del G20, el Presidente Calderón convenció a los jefes de Estado visitantes que se fueran a echar una cenita sólo ellos, a platicar “fuera del guión” que marcan las negociaciones internacionales. Cuentan que salió de maravilla. El charm de Barack Obama y la simpatía de Ángela Merkel compensaron la distancia del idioma con Hu Jintao o la precaución del novato Hollande.

A esa cena llegaron de buenas porque la primera sesión pareció por momentos una ronda de cuates que hacen coperacha, en donde uno no sabe qué es rivalidad y qué camaradería. Tenían contemplado para el día siguiente anunciar los montos de sus créditos al Fondo Monetario Internacional, pero India se adelantó y puso su cheque sobre la mesa: 10 mil millones de dólares. China, que ya había terminado en “el uso de la palabra”, pidió de nuevo el micrófono y lanzó tres mil millones más de los 40 que se esperaban; en el calor, Turquía, que no se había comprometido a un centavo, puso cinco mil; Sudáfrica sorprendió al “ponerse” con dos mil millones; hasta Colombia y Chile, que ni del G20 son, sino que acudieron como invitados de México, se aventaron uno y medio cada uno; e incluso Brasil, que cabildeó para descarrilar la idea misma de los créditos contingentes al FMI, dobló las manos y firmó sus 10 mil. Querían juntar 430 mil millones de dólares y llegaron a 456 mil.

El buen ambiente entre mandatarios estuvo precedido de negociaciones para el anecdotario: Hu Jintao, de China, perseguía en los pasillos a Obama y Merkel para convencerlos de cambiar el párrafo 16 del comunicado conjunto para que la referencia a su país no fuera la primera sino la última frase, porque no quería comprometerse tanto a mejorar consumo interno, ahorro nacional, libertad económica y seguridad social.

La alemana peleó por el párrafo 11: que no se diera por hecho que se comprometía a avanzar en una integración fiscal y bancaria europea, sino sólo que se comprometía a considerarlo, pues de otra forma sus electores le cobrarían andar rescatando con su dinero a otros países sin considerar que el gran beneficiario de la existencia y supervivencia del euro es Alemania. Estados Unidos se concentró en mitigar el párrafo 12 que lo conmina a que su situación fiscal no reviente en el año 2013.

Cada letra, cada palabra, cada inflexión puede costar miles de millones de dólares en los sensibles mercados financieros… o tumbarles el gobierno. Delicado equilibrio.

Hoy arranca la Cumbre Europea. El reto es similar.