No les creo Jueves, 28 Junio 2012 por Sergio René de Dios

Cuando el ruido ensordecedor de las campañas electorales cesó, nuevamente me queda claro: no confío en ninguno de los partidos políticos. No les creo su discurso. Cada tres años millones de ciudadanos votamos y los mismos problemas continúan o se agravan. ¿Para qué enumerarlos? El país ha padecido la partidocracia. Primero, con un partido de Estado que gobernó más de siete décadas; luego, con otro que lo imitó y superó en apenas dos sexenios. En los Congresos de la Unión y locales, legislaturas como las jaliscienses son el ejemplo claro del uso vergonzoso de los recursos públicos, con el aval de los partidos.

Tampoco confío en la mayoría de los candidatos. He visto en las campañas cómo prometieron lo que no cumplirán, gastaron de manera exorbitante e ilegal, negociaron con los poderes de facto nacionales, reprimieron a voces incómodas o disidentes, manipularon con regalitos y falsas esperanzas a las mayorías sumidas en la pobreza, mostraron sus mejores y más falsas poses, ocultaron los intereses económicos y políticos que representan, van de nuevo a servirse y no a servir, con creencias cuadradas o moralinas, con apoyos económicos que provienen de empresarios o grupos con alianzas sospechosas con grupos delictivos y un largo etcétera.

Los principales aspirantes a un puesto de elección y por lo general líderes de algún grupo en ese partido, con su consentimiento o solapamiento, desataron en esta campaña, de nuevo, una guerra puerca: denigrar al contrincante a cualquier costo, ensuciar lo más que sea posible su imagen, mentir o afirmar medias verdades para quitar votos  a los opositores, destinar millonarias cantidades para imprimir propaganda apócrifa, enlodar a la familia del contrincante o amenazarla, interponer denuncias penales sin sustento jurídico y sólo con fines propagandísticos, usar las redes sociales con equipos profesionales dispuestos a vender ofensas... Denigrar al otro es denigrarse a sí mismos.

Sólo unos cuantos de los candidatos merecen mi respeto. Los hay en los distintos partidos, habría que reconocerlo. Votaría por algunos de ellos. Sea porque los conozco personalmente o porque está cerca de ellos, en sus respectivos equipos,  gente confiable, hombres y mujeres de bien, honestos, que no hallarían ahí, acompañándolos, si fueran corruptos quienes van tras un cargo público. Sé de candidatos que han sido servidores públicos y como periodista nunca supe que fueran transas, mentirosos o mentirosas. Votaría por la persona específica.

En el país hay mucha gente honesta, limpia, comprometida, con liderazgo. Lástima que sea en diferentes espacios, como en el ámbito académico, en organizaciones sociales, en sus colonias, en sus ejidos, en sus núcleos familiares, en sus empresas, por ejemplo. Serían buenos candidatos, pero no lo serían tanto incorporándose a los partidos. El sistema político, tan enraizado, haría lo posible por absorberlos, quitarles su sentido crítico y su compromiso.

Por lo pronto, a los candidatos no hay que creerles. A los que ganen, tampoco. Tendrán que ganarse la confianza de los ciudadanos. Y eso, está por verse.