Aprendizajes de las campañas Martes, 26 Junio 2012 por Jorge O. Navarro

Terminan las campañas. ¡Por fin! Queda una sensación de fastidio que sin embargo, poco tiene de novedosa, porque cada tres años la ciudadanía resulta hastiada de la monserga de los incontables y (casi todos) poco conocidos candidatos que prometen y se comprometen, aunque las necesidades urgentes de la nación siguen siendo las mismas de hace años, aunque muchas agudizadas.

Sólo resta entonces la jornada electoral... ¿Y es todo?, ¿elegir y esperar que ahora sí, las autoridades electas cumplan? Definitivamente no. Que quede para otra meditación la cíclica decepción, porque la verdad, gane quien gane, la realidad siempre será más fuerte que la mercadotecnia electoral, y las nuevas autoridades quedarán muy chaparras junto a la gran estatura de las obligaciones que vienen.

Si el lugar común advierte que quienes desconocen su historia están condenados a repetirla, entonces debe aprenderse de las campañas que recién acaban, porque deberán reformarse.

Algunas cosas funcionaron a medias y otras tantas deberán mejorarse.

Primero y muy importante: las redes sociales y el internet. La reforma electoral del año 2007 dejó fuera de toda reglamentación lo que circula en lugares como Twitter y Facebook, además de las páginas web. El vacío legal es inexplicable porque los partidos políticos, los candidatos y sus equipos de campaña deben obligarse a transmitir información real y sustentable, y no sólo ataques anónimos a sus adversarios. La propaganda política en Internet tuvo como fin, durante todo el período de campañas, desinformar y mantener los mensajes de miedo entre los electores.

Segundo y no menos importante: los gastos de campaña.

Uno de los grandes objetivos de la reforma electoral de 2007 fue la reducción del costo de las campañas y el control sobre el despilfarro del erario público en actividades de apoyo a candidatos.

¿Qué ha pasado? El costo se ha disparado. No son nada más los casi 16 mil millones de pesos que se destinaron al IFE para este año, sino el evidente gasto que en todo país, hicieron candidatos como Enrique Peña Nieto. A eso se deben sumar las denuncias por compra de votos que se extienden por todo el país, sin que nadie sepa explicar de dónde sale tanto dinero: ¿de origen privado e ilícito, o de origen público y también ilícito?

En este espacio apenas caben dos elementos que dejan aprendizaje sobre lo que no debe haber en campañas: huecos legales para internet y despilfarro de recursos. ¿Y lo demás? Los nuevos diputados y senadores tienen el compromiso de otra reforma política... pero de a de veras.