¿Qué harán los candidatos a la presidencia y sus partidos si no ganan? Lo esperanzador sería concluir que cooperarán –principalmente desde el Congreso– para que de alguna manera u otra, salgamos de la crisis estructural que tiene al país en una crispación poco antes vista. No obstante, ni el sistema, ni la composición partidaria, ni sus líderes están preparados para ello. Así, tratando de ser realista, no veo cómo (con independencia de si gana el rojo, el amarillo o la azul) podamos salir de ese pasmo, sino por el contrario, parece que se ahondará. En efecto, casi es obvio decir que entre más pasa el tiempo sin ponernos de acuerdo, los problemas se agravan. Pero eso poco importa para los partidos. Lo importante para ellos es impedir que el otro gane por las buenas o por las malas, y en caso de perder, el obstruir el gobierno del otro como método permanente de hacer política.
¿Qué es lo que los candidatos a la presidencia han sugerido para atacar este mal? Andrés Manuel López Obrador en su delirio mesiánico lo deja todo a su liderazgo. Su discurso es muy básico: si él gana, se arregla todo. Incluso sin necesidad de modificar la estructura legal del país. Ante esta postura que va acorde con su estrategia de intimidación y confrontación aderezadas con su ya clásico tufo de extorsión (supongo que para autoafirmarse), sería previsible un ambiente por demás hostil en el Congreso, dando por resultado de entrada un estancamiento permanente. Si ganara Josefina Vázquez Mota, el estancamiento sería menos grave y menos violento. Si bien ella propone un gobierno de coalición para solucionar este problema, donde invitaría a otros partidos a cogobernar a cambio de destrabar el Congreso, la mezquindad del PRI, la ya tradicional oposición irracional del PRD (y el problema electoral ya cantado por el lopezobradorismo, de no ganar) aunados a la desidia y displicencia panista, prácticamente asegurarían un sexenio pasmado y bloqueado. En síntesis, ella pretende negociar con quienes no negocian. Por su lado, Enrique Peña Nieto apostó por obtener en esta campaña una mayoría en el Congreso para que junto con sus aliados, pudieran gobernar solos. Debo señalar que si bien esta táctica a mí siempre me pareció sólo un recurso discursivo (por poco realista), para salir del paso ante el incómodo cuestionamiento sobre él, con qué cara le solicitarían al PAN la aprobación de reformas muy parecidas o iguales a las que no solo le negó al PAN, sino a toda la ciudadanía; parece que en el PRI sí se lo tomaron muy en serio, pero es hasta ahora que incluso ellos ya no lo ven como posible. En este sentido se podrá decir que al PRI sólo le quedaría negociar al igual que al PAN, con el inconveniente para ambos que representará un Poder Legislativo poco cohesionado al preverse infestado de dinosaurios, pillos, oportunistas, mafiosos, chapulines y alguno que otro despistado que si trabajará, amén de la infame división panista representada por el incalificable Vicente Fox, el cual con razón o sin ella, se ha colocado de espontáneo como el chivo expiatorio de la posible derrota panista.
Los profetas del 132
Cuando el movimiento #YoSoy132 se declaró “anti-EPN” y se corporativizó (en su peor connotación) se “bajaron” un tercio de los estudiantes (se dice que el control ya lo asumió Morena, a través de Manuel Camacho Solís). Además, la fuga sigue y se ha catalizado por el acoso que reciben los no lopezobradoristas. Es bajo esta perspectiva que ocurrió en días pasados un intento de escisión. Bajo el nombre de #GeneraciónMX, algunos miembros disidentes de #YoSoy132 lanzaron un video (muy mal manufacturado) donde lo acusaban de lo obvio: su tendencia a la confrontación y el apoyo descarado a López Obrador. El mensaje de fondo de #GeneracionMX, a pesar de ser oportuno y razonable, quedó aplastado junto con la intentona de escisión. La reacción del lopezobradorismo duro no se hizo esperar: de amenazas de muerte y exigencia de exilio del país para abajo, fue lo que recibieron por la turba opinante en redes sociales y en la “vida real”, tal como si se tratara del abandono de una secta religiosa destructiva. Con ello, los ahora profetas del 132 –así los describen desde la “universidad” de López Obrador y se autonombran redentores de la Patria– lograron abjurar de su origen al descalificar lo genuino de dicho intento de separación. El derecho a disentir que le dio origen a #YoSoy132 ahora está prohibido. En su visión, la disidencia no fortalece, sino que debilita: confunden unidad con homogeneidad.
Lo anterior deja claro que más escisiones y/o reagrupaciones de “exiliados” y no tan mal planeadas e impulsivas vendrán. No lo impedirán ni los fanáticos que amenazan mafiosamente a la crítica.