Las inconsistencias de AMLO Martes, 24 Abril 2012 por El Informador

Por Rubén Martín

Una de las novedades de la actual contienda política es el viraje en el discurso de Andrés Manuel López Obrador, el candidato del Movimiento Progresista. Tras la operación política de los partidos de la izquierda electoral que resolvieron sin mayores divisiones visibles la elección de su candidato presidencial entre AMLO y Marcelo Ebrard Casaubón, el ex jefe de gobierno sorprendió a sus seguidores con un cambio de discurso.

López Obrador se presentó como un candidato conciliador y propuso la idea de una república amorosa como sustento de su plataforma electoral. Muchos dudan de que el cambio de discurso sea auténtico y se ve como una simple estrategia de marketing político sugerida por sus asesores para bajar las opiniones negativas que López Obrador cosechaba a raudales. En efecto, desgastado durante seis años por la combinación de sus errores, de la idea del “gobierno legítimo” y de una feroz campaña de desprestigio por parte del calderonismo, López Obrador tenía el doble reconocimiento de ser el político más popular, pero también el peor visto de todos.

Si quería ser candidato, que ya lo logró, y si quiere tener realmente oportunidad de disputar la Presidencia de la República, tenía que cambiar y moderar su discurso, según las reglas de las campañas profesionales.

Ya lo ha hecho y a juzgar por los números de las encuestas, López Obrador ha disminuido sus “negativos” como dicen los encuestadores.

Pero hay indicios para suponer que junto con la moderación del discurso hay una moderación del proyecto político. Sus seguidores más fieles creen que no, creen entender que el cambio de discurso es meramente táctico, simplemente para no espantar a ciertos sectores y sobre todo para no dar armas a sus adversarios para que ataquen a su candidato con la exitosa frase “AMLO es un peligro para México”.

Uno de estos indicios es el acercamiento con los sectores empresariales y su oferta de que, de llegar a la Presidencia, mantendría “la misma política macroeconómica actual y será respetuoso de la autonomía del Banco de México”. López Obrador ha decepcionado a una parte de los electores que promueven la legalización del aborto y la aprobación de las bodas entre personas del mismo sexo. Además, no ha sido claro en el tiempo que dejaría todavía al Ejército cumpliendo las labores de seguridad pública que le impuso Felipe Calderón.

Es decir, comienzan a manifestarse las inconsistencias del candidato presidencial. La oferta que hizo a los empresarios para mantener la actual política macroeconómica no lo distinguen ni de Josefina Vázquez Mota, ni de Enrique Peña Nieto, candidatos a quienes se da por descontado que defenderían las mismas políticas económicas, pero no del candidato de “las izquierdas”.

Parece que en la estrategia del candidato del Movimiento Progresista el celo por la prudencia se impone por sobre la claridad y la franqueza que se exige a un dirigente de un movimiento popular. Pero habría que preguntarse si por querer contentarse con ciertos sectores, López Obrador no está decepcionando a otros sectores de sus seguidores. Todo indica que eso está pasando.