Lo común Viernes, 17 Junio 2011 por Sergio Aguirre
La semana pasada describía aquí a grandes trazos, una atípica manifestación ciudadana a iniciarse ese mismo día. Convocada a través de las “redes sociales” dicha expresión finalizó felizmente su primera fase el miércoles pasado. Al momento de levantar la acampada que realizaron durante seis días frente a las instalaciones del Senado, demostrando un comportamiento cívico ejemplar y defendiéndose gallardamente de insultos por ser apóstatas (no pertenecer a ninguna secta política parece a veces hasta antimexicano), ya habían logrado colocar de nuevo la “reforma política” en la agenda nacional. Además, consiguieron acordar con algunos legisladores y fuerzas políticas el compromiso para discutir y fijar el próximo lunes ante el pleno de la comisión permanente del Congreso, un periodo extraordinario, para aprobar por lo menos cuatro temas de interés político ciudadano.
No soy ingenuo —ni creo que los manifestantes lo sean— para dar por supuesto que los políticos cumplirán por generación espontánea con lo prometido. Mi escepticismo no es gratuito; los gritos y sombrerazos que desató la solicitud del Presidente Calderón para un periodo extraordinario en términos algo parecidos a los de los manifestantes, no son un buen indicativo. Así, el conflicto que causa a los políticos la posibilidad de enfrentarse ante sus propios paradigmas, de alguna manera se pretende evitar mediante lo que los manifestantes llaman la segunda etapa: hacer del conocimiento público la importancia de las medidas, el explicar los cuatro puntos antes referidos y por supuesto, no dejar de exigirlos.
Dichos puntos, si bien no solucionan completamente los problemas de organización política nacional, abonan hacia una visión moderna de cooperación entre poderes y participación ciudadana. Los puntos son: a) Candidaturas independientes, b) Reelección de legisladores y alcaldes, c) Iniciativa ciudadana y d) Consulta popular. Entre dichos puntos, sin demeritar la importancia de los demás, la reelección municipal es fundamental. Finalmente es el orden que más afecta a los ciudadanos en su cotidianidad. Así como para los legisladores, representaría la profesionalización de los políticos, facilitaría su sanción política y en consecuencia ocurrirían políticas públicas más orientadas hacia el interés del ciudadano: a esta alturas, quien no acuse de visto el divorcio que existe entre Gobierno y sociedad, tiene un serio problema de autoengaño.
La clausura simbólica de la auditoría jalisciense ocurrida en días pasados, no representa otra cosa que el mismo problema, pero con políticos diferentes. Asimismo, el hartazgo es mostrado por la manifestación del dolor de Javier Sicilia, que si bien desde mi personal perspectiva inició difuminada (por sus excesivos objetivos) y con altos componentes de radicalismos en forma de apoyo de algunas sectas de las que antes me referí, parece ahora más entendida al mostrar su desacuerdo con esos grupúsculos fanáticos. Sin duda, valdría la pena rescatar lo común de todas estas manifestaciones. Es la hora de los ciudadanos.
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