Gobierno desmotivador Viernes, 3 Junio 2011 por Sergio Aguirre
En toda negociación es recurrente el cuestionarse: ¿Como motivar al personal? Para responder eso hay una multitud de respuestas tan variada, como libros de gerencia de personal, por lo menos. Sin embargo, algunos autores afirman que el planteamiento está mal hecho porque es demasiado ambicioso. El correcto en todo caso sería: ¿cómo no desmotivar al personal? Además del pago, se espera desde ésta perspectiva, la conducta básica consistente en no interferir o estorbar para la realización de las actividades encomendadas. En nuestro país, el hacer negocios o cualquier otra empresa de manera independiente parece estar mal visto. Las reglas del juego están diseñadas, no para fomentar el ingreso de nuevos participantes, sino para desmotivar su acceso.
¿A qué se deberá esto? Podemos observar que la misma actitud la encontramos en la política. La oposición de la clase política a las candidaturas independientes es un nítido ejemplo de esta “tradición”. Tradición que por un lado empodera a los cadeneros del poder y el dinero, y por otro, obliga a los nuevos participantes no a innovar sino a formarse resignadamente en la fila a esperar que al cadenero de turno le venga en gana permitir el acceso. La arbitrariedad que esto representa, no solo tiene un costo en el retraso del país, sino en su impulso. Es pertinente entonces preguntar ¿qué estimulo tiene un joven que recién ha terminado sus estudios y se alista para producir? ¿Hacer fila y no emprender?
Los estímulos están en los lugares equivocados: nuestras leyes procuran el conservadurismo en su peor connotación y desprecian la innovación. Esta situación agrada a los que de ella se sirven por supuesto, pero sólo a ellos en demérito de todos los demás. Sin duda el ya conocido “inmovilismo” juega en contra del innovador. De ahí la importancia de abrir el sistema político para generar reformas que hagan el piso más parejo y eliminen a los cadeneros arbitrarios. Cabe señalar que no se pretende con las candidaturas independientes y demás instrumentos de democracia participativa, la sustitución de los partidos, sino su complementación o corrección, eso es todo.
Quizá estas reformas políticas sirvan para comenzar a modificar los estímulos, ya que los generados por la arbitrariedad no son propios de una meritocracia, sistema que si bien no es perfecto como no lo es ninguno, es al que más se aspira. Lo que sí está claro es que sin ellas, nuestro país no innovará y por lo tanto no dará otra respuesta a los jóvenes que no sea un futuro peligrosamente acotado, controlado por una generación que por no querer perder un poco de poder, lo puede perder todo.
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