El pantano del secretario Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Desde que los dos eran gobernadores, Miguel Ángel Osorio Chong era un eterno acompañante de Enrique Peña Nieto en las largas reuniones nocturnas que sostenían con el operador político más importante que tuvo el presidente Felipe Calderón, Juan Camilo Mouriño. Los dos actuaban como un bloque monolítico. Sin embargo, cuando se trazó la recta final hacia la candidatura presidencial, Peña Nieto optó por su colaborador Luis Videgaray para tenerlo junto en la campaña, y a Osorio Chong lo envió al PRI para hacerse cargo de la operación electoral. Esa jugada no pasó desapercibida. Al contrario.

Durante la campaña presidencial, Peña Nieto y Videgaray ocupaban oficinas en pisos separados, pero dentro del mismo edificio en las Lomas de Chapultepec, mientras Osorio Chong tenía una oficina en el PRI, y otra donde trabajaba lejos de ellos, en la colonia Condesa. De cualquier forma, estaba claro que los dos pilares sobre los que se sostendría Peña Nieto cuando asumiera la Presidencia, eran ellos dos. Al iniciar el gobierno, hubo más diferencias. Mientras que Videgaray nombró a todos los subsecretarios en Hacienda, a Osorio Chong le impusieron el mexiquense Luis Miranda, muy cercano al Presidente, como segundo de a bordo.

Al empezar el gobierno, Videgaray no tenía en el papel la fuerza de Osorio Chong, quien por recomendación de un ex secretario de Gobernación, Santiago Creel, y contra la del ex secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, fusionó la gobernación con la seguridad. Políticos y policías, garrote y zanahoria en un mismo cargo. Osorio Chong quería una supersecretaría de Estado, y el Presidente se la concedió.

Los dos pilares del presidente Peña Nieto entraron en un pique natural. “No hay nada de eso”, dijo una vez Osorio Chong, en respuesta a las versiones periodísticas de que estaban peleados. “Tenemos una muy buena relación”. Era un asunto de medios, decían cercanos al secretario de Gobernación. Ciertamente, no había indicios palaciegos de enfrentamiento. Inclusive cuando Gobernación abrió la llave del dinero a la CNTE para tranquilizarla y les entregaba miles de millones de pesos en especie y efectivo, Hacienda no frenó el flujo. O cuando el Presidente designó a Videgaray como el responsable del Pacto por México y le encargó todas las reformas –salvo la política-, Osorio Chong no trabó ninguna negociación.

Sin embargo, los gestos y los símbolos, con los que se lee la política mexicana no favorecían a Osorio Chong. Fue muy comentado el acto en el cual el Presidente pasó de largo sin saludarlo al llegar al templete, y más aún cuando, al retirarse, se detuvo unos minutos con el gobernador de Chiapas, Manuel Velasco, sin tomar en cuenta al secretario, que estaba a un lado. En un evento posterior, Peña Nieto subió al templete donde estaba Videgaray, y se detuvo a saludarlo. “Para que no digan que no te hablo”, le dijo. Todos rieron. Y muchos consignaron los dos momentos pensando en 2018.

Videgaray, muy criticado por todos los sectores por la desaceleración económica, terminó el año premiado como el mejor secretario de Finanzas del año y, por mucho, el mejor de Latinoamérica. El Presidente recibió múltiples felicitaciones en el mundo por las reformas energética, fiscal y financiera, que Videgaray había operado. Osorio Chong terminó el año en déficit. Nunca resolvió el problema de la CNTE y los maestros disidentes se mantuvieron en rebelión e impidieron en cuatro estados la aplicación plena de la Reforma Educativa. La seguridad, que asumió bajo su cargo, se sumó a los puntos negros de la gobernanza peñista.

Al iniciar el año, el turno era para el secretario de Relaciones Exteriores, José Antonio Meade, quien organizó la reunión más concurrida de embajadores y cónsules mexicanos en el mundo, y preparó un resumen de todas las actividades en política exterior que impresionó cuando la repitió al gabinete ampliado el jueves pasado.
Videgaray salió poco, pero tuvo una entrevista que será de largo alcance de 35 minutos en Televisa, con Carlos Loret de Mola, donde entre múltiples temas le preguntó sobre la candidatura presidencial en 2018. Videgaray la salvó sin complicaciones, aunque esa pregunta no cayó en terreno árido. El contexto fue el  arranque año de Osorio Chong haciéndose notar. Si fue una acción deliberada o no, es todavía desconocido, pero su irrupción fue sonora, espectacular y desastrosa.

En una semana estaba hundido en sus propias contradicciones. Primero afirmó que los grupos de Autodefensa Civil en Michoacán no estaban vinculados con el crimen organizado, un día después que el gobernador del estado, Fausto Vallejo, había dicho lo contrario. Olvidó también que el líder de esos grupos, Juan Manuel Mireles, reconoció en el pasado nexos con el Cártel Jalisco Nueva Generación. Luego, admitió que los grupos de autodefensa civil, que utilizan armas reglamentarias del Ejército a AK-47 de los narcos, son aliados al gobierno federal porque enfrentan a Los Caballeros Templarios, y que Mireles, rn recuperación por un accidente, era protegido por las autoridades por el daño que les ha hecho a los narcos.

Las afirmaciones de Osorio Chong no desataron un escándalo en México –donde lo más inverosímil suele pasar desapercibido o soslayado por la complicidad de los políticos-, pero provocaron el asombro en el mundo, donde se registró que el gobierno pactaba con criminales para combatir criminales. Medios internacionales que influyen en gobiernos extranjeros se preguntaban cómo era posible que el responsable de la política interna admitiera pactos con delincuentes. Al finalizar la semana, Osorio Chong empezó a rectificar. “Por supuesto que están al margen de la ley”, declaró.

El secretario de Gobernación quiso borrar sus declaraciones previas, sin éxito, y pasaron desapercibidas en la prensa sabatina. Había sido más importante decir que Mireles recibía protección federal, que precisar, un poco forzado, que no era un reconocimiento a él. Afirmó que los autodefensas están al margen de la ley, pero como no dijo nada sobre desarmarlas ni que actuarán en su contra, pareció más un juego retórico. El secretario se encuentra en un pantano: si se mueve se hunde más. Pero nadie lo llevó ahí mas que él. Solo entró a chapalear y solo sigue hundiéndose. Salir rápidamente será costoso: tiene que desmentirse a sí mismo y corregir dentro de su equipo todos los yerros y equivocaciones con una estrategia que, más allá de sus estadísticas optimistas, tiene elementos objetivos de alarma: en Michoacán hay decenas de comunidades en poder territorial de delincuentes, ingobernabilidad en otras seis entidades por su contagio, y las fuerzas federales, que dependen de él, están respaldan a delincuentes, a quienes en Michoacán les regalaron territorio y los protegen. Cómo no va a estar en el peor momento de su gestión.

Osorio Chong, en este año de definiciones, no tiene tiempo para pensar en 2018. La realidad lo está aniquilando, y algo rápido y concreto tendrá que hacer para que cuando el Presidente exija resultados, no sea él quien pague todo lo que, paradójicamente, él mismo contribuyó en su desorden e ineficacia. Frente a lo que han mostrado sus colegas del gabinete, sus fallas son más notorias y serán, por lo mismo, más costosas. Esas largas noches de camaradería con el Presidente no le alcanzarán ate un jefe que exige, ante todo, resultados—que no está dando.

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Raymundo Riva Palacio
ENE 12

Un año después Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Vapuleado por meses por el manejo de la política económica que llevó a una profunda desaceleración, el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, contribuyó al desmoronamiento de la imagen del Presidente Enrique Peña Nieto, cuyos niveles de aprobación, sólo superan los de Ernesto Zedillo por la crisis financiera de 1994, y con un crecimiento de negativos de 100%. El cierre del año tendrá un crecimiento mediocre de la economía, responsabilidad directa de Videgaray, quien, sin embargo, termina encumbrado en el poder. ¿Cómo se puede dar esta paradoja?

Videgaray le dijo al Presidente que el crecimiento al finalizar su primer año de gobierno sería de 3.5%, de acuerdo con los Criterios Generales de Política Económica dados a conocer en septiembre del año pasado. En mayo, Videgaray hizo la primera corrección: se crecerá a 3.1 Ese ajuste a la baja fue resultado de la decisión de Hacienda de no soltar la economía mexicana ante la desaceleración en la economía estadounidense, recuerdan funcionarios. Para entonces ya empezaban a crujir los maderos en los sectores productivos.

La desaceleración estadounidense se arrastraba desde 2012 y mostraba su impacto en la economía mexicana, que tuvo como uno de sus resultados directos que la recaudación de impuestos en marzo, históricamente la mejor del año, fuera 12% negativo. En los sectores empresariales comenzaba a notarse el nerviosismo, que decían que la curva de aprendizaje estaba resultando demasiado larga. En agosto, Hacienda volvió a ajustar a la baja el crecimiento: 1.8%. La economía mexicana apuntaba hacia la recesión, mientras la de Estados Unidos empezaba a recuperarse.

En ese momento, la estrategia de Videgaray era un misterio. Cuando secretario de Finanzas en el Estado de México, con Peña Nieto como gobernador, Videgaray secó la economía como una estrategia electoral. ¿Estaba haciendo lo mismo para crear condiciones de desesperación que llevaran al consenso para las reformas fiscal, hacendaria y energética que venían en camino? ¿Era una crisis inducida? Bajo un esquema político, la estrategia tenía asideras. Sin embargo, de acuerdo con fuentes en la Presidencia, no fue así.

Para agosto, el Presidente ya había tenido serias discusiones con Videgaray sobre los señalamientos públicos del subejercicio, y el secretario le aseguraba que no había tal. Públicamente afirmó que se había ejercido 99.1% del gasto programado, lo que despertó sospechas y críticas. Si era así, ¿dónde estaba el dinero? ¿por qué no tenían los gobiernos la totalidad de su gasto corriente?, argumentaban dos gobernadores. ¿Por qué no han pagado a proveedores de Pemex?, decía uno de los capitanes de la industria. Más aún, había programas presidenciales de alta prioridad, como la Cruzada contra el Hambre y el de prevención en seguridad, que estaban en inanición.

Por omisión o comisión, Videgaray había deshidratado la economía. El fenómeno metereológico de los huracanes “Ingrid” y “Manuel”, provocaron tan grandes destrozos en infraestructura que se tuvo que volver a corregir el crecimiento a la baja: 1.3%. El argumento de Videgaray en privado y en público siempre fue que la reducción en las expectativas de crecimiento obedecían a “factores transitorios”. El Presidente asumió las explicaciones de su secretario pero reconoció las críticas de los sectores productivos. Los factores externos, como la economía mundial, los inesperados como los huracanes, así como la curva de aprendizaje acompañada del cambio de gobierno, dijo en un discurso, son las causas de la pobreza económica.

En el otoño, algunos sectores políticos consideraron que Videgaray había caído de la gracia presidencial, cuando en la negociación de la Reforma Política dentro del Pacto por México, el Presidente lo hizo a un lado y responsabilizó completamente de ella al secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong. Sin embargo, de acuerdo con altas fuentes del Gobierno, Videgaray no perdió realmente el acceso y la influencia con Peña Nieto. “Todas las noches se reúne el Presidente con Videgaray y Aurelio Nuño (el jefe de la Oficina) para revisar el día y analizar la estrategia”, dijo una fuente política.

El secretario de Hacienda nunca dejó de tener la confianza del Presidente. El diseño del Gobierno, del gabinete y la estrategia a seguir en el primer año, fue en buena parte resultado de su arquitectura. Pero lo más importante, en los términos de lealtad que están en la lógica de poder de Peña Nieto, Videgaray le cumplió. En los momentos más fuertes de las críticas y las presiones en contra del secretario de Hacienda que tensaron sus relaciones en Los Pinos, Videgaray mantuvo sus argumentos a partir de la eficacia y los resultados, que en Peña Nieto son un credo.

Cuando por razones políticas se tuvo que cambiar la cronología de las reformas, Videgaray operó dentro del Pacto por México el nuevo calendario. Y cuando por razones coyunturales el Presidente decidió que el presupuesto tendría que dejar para después la elevación del Impuesto al Valor Agregado y buscar un énfasis social, su secretario de Hacienda lo modificó en días y salió a defenderlo en los medios como si desde un principio esa hubiera sido la intención.

Videgaray enfrentó desde un principio a los sectores productivos más importantes y entró en conflicto con algunos de sus líderes, pero nunca rompió la comunicación y evitó que la molestia se trasladara al Presidente. En público, esos sectores han despedido el primer año de Gobierno con aplausos, pero en privado hay fuertes reclamaciones de los sectores que más los apoyaron y que dicen arrepentirse de haber apoyado a Peña Nieto a que llegara a la Presidencia. Piensan que el secretario de Hacienda les recargó la mano con impuestos, a lo que añaden su alarma por la conflictividad social sin precedente en varias regiones del país.

En el discurso presidencial, todo esto fue calculado. Peña Nieto acepta que tantas reformas en el primer año, provocarían resistencias. En Los Pinos, colaboradores del Presidente afirman que Peña Nieto quiere que lo midan por sus resultados y méritos, sin importarle los niveles de popularidad. Eso parecería ser también la doctrina de Videgaray, que navegó durante el año golpeando a todos los sectores para llevar a cabo sus propósitos.

Con los recursos que tiene el poder en México, eso se puede hacer cuando el poder no está desgastado. Pero fue apenas el primer año de Gobierno, donde el Presidente invirtió enorme capital político para sacar adelante las reformas. Por diseño, no tenía otra opción. Pero faltan cinco más, donde la celeridad con la que pierda fuerza dependerá de la velocidad con la que se vean los resultados de los cambios. A prueba estarán él y su secretario de Hacienda, principalmente, el alter ego del hombre en Los Pinos. “Videgaray, está claro, es el secretario más fuerte del gabinete”, dijo un alto funcionario federal. “Es el de mayor confianza y el de mayor influencia”.

El Presidente y Videgaray caminaron juntos todo este proceso y en el papel les resultó perfecto. Pero no todos piensan que lo dibujado en los árboles de tomas de decisiones tendrá los beneficios que afirman bañarán al país. Cómo se administran las expectativas para empatar con los tiempos que calculan empezarán a verse esos resultados, es el desafío para 2014.

Pero en los cinco años que restan para demostrar que lo que hicieron este año fue lo correcto, no se puede olvidar que la diferencia entre Peña Nieto y Videgaray es que uno ya es Presidente y el otro está entrando al umbral de alcanzar una gloria mayor o caer en la ignominia. El algo que le convendría recordar al secretario de Hacienda, quien ratificó este año lo que se describió en este espacio hace casi 16 meses: es un hombre difícil, de importantes atributos y cabeza estratégica, pero que a veces da la impresión que no le enseñaron que en la política, los amigos nunca sobran.
 

Raymundo Riva Palacio
DIC 22

La magia de López Obrador Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

En menos de una semana que ha pasado Andrés Manuel López Obrador alejado de todos, en una sala de terapia —primero intensiva, ahora intermedia— del hospital a donde llegó de emergencia y fue sometido a una intervención del corazón, la fuerza de la protesta en contra de la Reforma Energética y del Gobierno se ha apagado. Sin el imán de multitudes, la calle no vibra, ni se emociona, ni tampoco presiona. Su ausencia en la arena de la política subraya lo sublime de su capacidad de liderazgo y, al mismo tiempo, desnuda que la mayoría de quienes lo siguen, van detrás de él por su persona, no por ideología, conciencia política o intereses de grupo. Es él, López Obrador, su razón para gritar; sin él, la calle beligerante no existe.

¿Cuál es la magia de López Obrador? Líder químicamente puro, es un político que siempre habla en términos teológicos. Es el bien contra el mal, los ricos contra los pobres, lo justo ante lo injusto. Su retórica es polar, maniquea al no tener grises ni puntos medios, pero es poderosamente seductora. ¿Quién puede claudicar ante lo injusto? ¿Quién puede argumentar moralmente que los ricos aplasten a los pobres? Como caudillo que es, se maneja en la política de forma autoritaria. Pero no se necesita ser demócrata para buscar la democracia, una definición que puede aplicarse perfectamente a López Obrador, que busca afanosamente el poder para instaurar su modelo de nación.

Su visión no es hipócrita. Congruente desde que recorría las comunidades tabasqueñas por encargo del gobernador Enrique González Pedrero con recursos para su desarrollo —dinero que siempre llegó a su destino—, López Obrador veía la política social como su prioridad, y a los más necesitados, como aquellos a quienes debía alcanzar primero una nueva sociedad de bienestar. Esta es una visión del mundo que prevalecía en México en los setenta y la mitad de los ochenta, desarrollada a su máxima potencia durante el gobierno de Luis Echeverría, frente a quien paradójicamente, se encuentra en las antípodas políticas.

Aquél modelo económico de hace cuatro décadas fue sepultado por un neoliberalismo que en algunos países, como México, alcanzó niveles de capitalismo salvaje. Esa ruta económica rompió al sistema y provocó la fractura en el PRI, de donde salieron las grandes figuras que llevaron a la izquierda al poder, como Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo y el propio López Obrador. El modelo se disfrazó de Consenso de Washington y al alcanzar su tope, se comenzó a desmantelar, sin regresar a los setenta, pero que dejó en el camino sociedades más pobres y más desiguales.

Esa realidad impidió que López Obrador caducara. Irónicamente, entre más interdependientes se volvían las economías, más globalizado México y más contradicciones sociales surgían, más valor adquirían el discurso y las posiciones de López Obrador. En la más de una década de ser figura central en la política, se metió por debajo de la epidermis de miles de mexicanos y emocionó a muchos más en el mundo a quienes les dio esperanza de algo nuevo. El discurso religioso penetraba directamente en la psique mexicana, donde la fusión de la cultura con la política inyectaba el combustible a la palabra de López Obrador.

Su atracción como político lo convirtió en una pieza central en el sistema de estrellas de los medios de comunicación, pese a que ningún actor público como él sea tan déspota con medios y periodistas, tan excluyente, tan parcial en la selección de con quién habla y con quién no, y tan evasivo siempre para responder directamente las preguntas que le incomodan o lo meten en contradicciones, al mismo tiempo que mantiene el mensaje contundente de ser víctima de los medios al servicio del poder, que mantienen sobre él un “cerco informativo”.

Las trampas retóricas nunca han podido ser desmanteladas, por la misma razón que los argumentos de sus adversarios en contra de algunas de sus afirmaciones, por más ciertos que sean, no tienen impacto general en contra de López Obrador: su mensaje es sistemático, constante, reiterativo. No lo formula como discurso, sino como propaganda. En la política realista, López Obrador siempre gana, y los medios siempre pierden. Pero por lo que él significa para la gente, cuya demografía cruza todos los estratos socioeconómicos y culturales, lo hacen un actor permanente en la arena pública donde nadie puede ignorarlo o minimizarlo.

Durante más de una década, cuando él ha hablado todos escuchan. Sin importar que no tenga ningún cargo público, su palabra tiene una fuerza que pocas voces en la política mexicana poseen, y puede transitar de la beligerancia del discurso del conflicto postelectoral en 2006 de que “la mafia robó las elecciones”, a la República Amorosa con la que inició su segunda campaña presidencial en 2012. Con amor y paz arrancó ese proceso electoral donde pugnaba por anclas éticas a la función pública y que por decreto la nación se embriagara de amor para resolver problemas estructurales, sociales y económicos.

Sus asesores nunca encontraron argumentos políticos para sustentar lo que no dejaba de ser una ocurrencia chistosa. Aún así, López Obrador arrancó en un lejano tercer lugar en la contienda y se quedó a escasos tres puntos del ahora presidente Enrique Peña Nieto. ¿Cómo fue posible? Pues porque es López Obrador. Muchos artículos y libros se han escrito sobre él donde lo analizan sicológicamente. La gran mayoría son críticos, y algunos inclusive francamente ofensivos. Pero no le hacen mella. Lo único que le afecta es cuando desaparece del escenario político.

Cuando perdió la gubernatura de Tabasco ante Roberto Madrazo, se retrajo y regresó con fuerza con sus largas marchas a la Ciudad de México. Cuando perdió la elección presidencial ante Felipe Calderón en 2006, se refugió en Oaxaca, de donde regresó para contender contra Peña Nieto en la elección del año pasado. Al volver a ser derrotado se retrajo de la arena pública para volver una vez más para combatir la Reforma Energética. Este retorno se interrumpió súbitamente por su afección cardíaca, que lo ha callado.

Por primera vez, el silencio no es calculado, sino obligado por la enfermedad. Esta situación inédita lo ha mostrado en una dimensión que no se le conocía, donde la figura de López Obrador quedó dividida entre la persona y el político. El fracaso del cerco al Senado al que convocó días antes de su padecimiento, es la derrota del López Obrador político, que no puede sobreponer la causa a su personalidad. Al mismo tiempo es una victoria personal, al ver que miles no lo siguen por ideología o intereses creados, sino por él. Para un político, no son buenas noticias. Pero para un pastor de la vida pública, debe ser muy reconfortante. El problema es que su misión no es evangelizadora, sino política.

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Raymundo Riva Palacio
DIC 8

El potro de Peña Nieto Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Aún jovial, pero con mucho más canas, consistente y persistente, Enrique Peña Nieto cumple el primer año de un sueño que construyó desde sus años de secundaria y que fue labrando durante su carrera política. Lo que seguramente no estaba en esas imágenes, es cómo terminaría la primera de las seis etapas de su Presidencia: su obra maestra de gobernabilidad, el Pacto por México, en llamas, como también está incendiado Michoacán y hay turbulencia en el 70% del país. Existe desobediencia civil en varias regiones, resultado de un desorden en la seguridad pública, y una economía paralizada por la desaceleración.

Peña Nieto edificó un andamiaje artificial con el Pacto por México, un Gobierno de coalición de facto para procesar las reformas estructurales que se planteó para “transformará” al país, en el cual el PAN y el PRD pudieran tener también su tajada de poder. Ha sido un año de equilibrios donde Peña Nieto estuvo dispuesto a hacer concesiones políticas —en la Reforma Política y privilegios interminables a la CNTE—  a cambio de los votos de la oposición para sus reformas económicas, salvo en la Energética, que siempre se supo sería intransitable para la izquierda, y que hoy tiene sumida a su Presidencia en una crisis política.

Este quid pro quo alienó al sector privado y a las clases medias, que lo respaldaron para llegar a la Presidencia, y a los gobernadores priistas, motores de su victoria, al ver que para seducir a la izquierda Miguel Ángel Mancera en el Distrito Federal, y Arturo Núñez en Tabasco, salieron muy beneficiados en el presupuesto. El cuidado con la izquierda frenó también procesos judiciales en Michoacán, como castigo a los orígenes de la violencia que se vive, y protección a la procuradora del presidente Felipe Calderón, Marisela Morales —al nombrarla cónsul en Milán—, a quien se acusa de haber retorcido la ley con fines políticos y personales.

Los equilibrios han tenido costos. La imagen de Peña Nieto cayó de manera significativa, de acuerdo con la última encuesta de la empresa Demotecnia. En la evaluación de medio año, el 72% de los encuestados dijeron que el Presidente “lo estaba haciendo bien”. Seis meses después, el 22% cambió de opinión. Rodrigo de las Heras, director de la empresa, considera que esta caída obedece al desgaste natural de un Gobierno, pero también a que los detractores se manifiestan con más fuerza y que la gente aún no ve, por falta de explicación, cómo las reformas la va a beneficiar en su vida diaria.

Un reflejo de lo que sienten y piensan los mexicano fue traducido por René Delgado, uno de los analistas políticos más finos y respetados del país, quien escribió este sábado en su columna en Reforma: “Un año después, la osadía y la determinación mostradas al inicio del sexenio se ven tentadas por la desesperación y el desconcierto en el ejercicio del gobierno. La reforma de la educación no aterriza. La reforma de telecomunicaciones no se reglamenta. La reforma hacendaria afronta la adversidad económica. Y el haber aceptado atar la reforma político-electoral a la energética amenaza con producir una legislación hecha sobre las rodillas y otras sin asegurar lo que se pretende”.

Los asesores de Peña Nieto admiten que el costo de imagen es importante, pero que el Presidente no pretende gobernar por la popularidad. Los resultados, afirman, son por los que al final lo evaluarán. Su percepción entre los mexicanos tiene, en efecto, claroscuros. De acuerdo con Parametría, los mexicanos responden de manera lineal. Por ejemplo, los mexicanos censuraron el impuesto del 10% a las utilidades en la Bolsa Mexicana de Valores, pese a que más del 95% de ellos, no tienen inversiones. En el caso de la Reforma Energética, más del 60% considera que sí requiere ser transformado para impulsar el desarrollo, pero cuando en la pregunta se añade cualquier palabra que evoque “privatizar”, el apoyo cae 10%. La forma como contestan, señala Francisco Abundis, director de Parametría, es intuitiva. Las encuestas finalmente, registran percepciones, no realidades.

El artículo de Delgado es buen ejemplo de cómo se ven las cosas en función del contexto y el entorno. “La acción de gobierno no se manifiesta y sí, en cambio, la corrupción política y la actividad delincuencial —crímenes ambos contra la sociedad— atentan contra la esperanza, mientras la economía frena el crecimiento”, escribió. Días antes, el semanario británico The Economist apuntó: “En papel, el marcador es impresionante. En educación, el objetivo es mejorar la enseñanza en un país que grita por trabajadores bien calificados. Los maestros enfrentarán evaluaciones que podría hacerles perder su trabajo si fallan. La gastalona líder de su sindicato fue arrestada.

“La creación de un órgano autónomo y confiable que pueda frenar la dominancia de Telmex, el gigante de telecomunicaciones controlado por Carlos Slim…, y de Televisa…, es un intento claro para abrir el mercado de la información en una sociedad inundada con jóvenes tecnófilos. Una reforma bancaria para estimular préstamos en un país donde el crédito como proporción del Producto Nacional Bruto es casi la mitad de la media regional, está diseñada para ayudar a las pequeñas y medianas empresas”.

La percepción de desastre en México es vista de manera diferente fuera del país. “A lo largo de su primer año en la Presidencia, ha tenido cosas negativas, pero las positivas han sido mayores”, subrayó The Economist. “Si puede lograr el paquete de reformas que ha emprendido, puede transformar a México”. En el mundo, donde se mantiene una evaluación positiva de Peña Nieto, esperan que profundice y concrete las reformas. En México, hay amplios grupos de la sociedad que ven las reformas en función de su forma de pensar o intereses. Casi unánimes en la educativa, quebrados por la energética, y repartidos en la política-electoral.

Peña Nieto se mueve entre las ansiedades, angustias y frustraciones. Fuera de México, con la frialdad que da la distancia, esperan los frutos las reformas de acuerdo con el calendario anunciado. Cautelosamente optimistas, le dan el beneficio de la duda. En México, la programación para concretar los cambios prometidos, no existe. Resultados ya, porque las mañanas están muy lejos. No hay beneficio de la duda. Demotecnia lo comprueba: la calificación de Peña Nieto al primer año, es 4.9.

La batalla por las mentes para modular las percepciones, no la va ganando. A su favor es que son percepciones, que se pueden modificar a través de resultados. Pero el mundo imaginario no es el único que tiene que dominar. Los equilibrios políticos, a costa de sacrificar a quienes más lo apoyaron para llegar a la Presidencia, son los que tendrá que probar que fueron necesarios, pero benéficos en el largo plazo, para que recupere la confianza de sus viejos aliados y encuentre la de otros que no creen en él. Aquí no hay periodos de gracia ni etapas de maduración. Pasa por su capacidad para que en este clímax del primer año en donde se definirá su Presidencia, dome el potro de las resistencias a las reformas antes de que lo tumbe.

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Raymundo Riva Palacio
DIC 1

Manuel ¿quién? Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Disruptivo para las formas protocolares y los rituales de los barones de la prensa, Manuel Arroyo entró intempestivamente a la arena de los medios de comunicación en México apenas hace un año, cuando después de más de seis meses de negociaciones intensas y tensas, adquirió El Financiero, uno de los periódicos que forman parte activa de la transición democrática en México.

Arroyo lo recogió en una deriva financiera que había dejado atrás sus años de gloria, cuando en los tiempos donde publicar las cosas como sucedían generaba choques con el Gobierno, apostó por la libertad. Pero la vocación plural y crítica del periódico fundado por la familia Cárdenas, permitió que pese años de zozobra económica, el cabezal de El Financiero nunca se devaluara.

El valor de la marca, junto con el potencial que le vio en el advenimiento de una nueva era digital de los medios, sedujo a este joven que desde los 17 años se caracterizó por ser un audaz emprendedor. Por casi dos décadas había estado involucrado en la industria de la televisión y las telecomunicaciones, pero en su arquitectura no en los contenidos.

Con la adquisición del diario, pasó del bajo perfil que siempre mantuvo a ser una estrella más en el firmamento de los medios de comunicación, que intrigó a muchos de quienes habitan en ese exclusivo vecindario. Arroyo adquirió El Financiero el 15 de noviembre de 2012 y quince días después fue invitado al mensaje de toma de posesión del Presidente Enrique Peña Nieto en Palacio Nacional. Aunque exitoso por años, ser propietario de un medio de comunicación lo subió de nivel en la sociedad política.

El 1 de diciembre pasó desapercibido por prácticamente todos, pero para el 2 de septiembre pasado, cuando Peña Nieto dio su primer mensaje de Gobierno a la nación en Los Pinos, Arroyo tuvo un tratamiento diferenciado. Había pagado el derecho de piso. Una de las leyendas de la prensa, Juan Francisco Ealy Ortiz, propietario de El Universal, preguntaba en ese evento: “¿Quién es este muchacho?”.

Ese muchacho comenzó su vida productiva en 1991, como ayudante en una revista política que cerró años después. No duró mucho ahí, al encontrar que le daba más la venta de bisutería, algo que había visto hacían las secretarias en las oficinas públicas en donde repartía el semanario. Pero tampoco era lo suyo. Con un socio, puso un pequeño restaurante al que le incorporó el servicio a domicilio para potenciar las ventas. El trabajo era arduo y poco remunerativo para quien, en ese momento, entraba al fascinante mundo de la televisión a través de antenas parabólicas.

Ahí tuvo la inspiración que le cambió la vida. Aprendió el funcionamiento de las antenas y desde la recámara de la casa que sus padres tenían en el Pedregal, el barrio afluente en el Sur de la Ciudad de México, comenzó un negocio de reparación. El barrio le respondió bien por lo que se amplió a la venta de partes. Arroyo recuerda que buscó proveedores y llegó a una compañía en Texas. “Me iba un día en un camión hasta San Antonio compraba lo que necesitaba y me regresaba”, dice.

Para promocionar el negocio colocó anuncios en periódico especializados y en el local donde componían sus televisores. Una llamada para reparar una antena para “una persona muy importante” que nunca conoció, lo enfrentó a un equipo que no tenía idea de cómo restaurar. Echado para adelante, como describió años después, les dijo que la podía arreglar pero que necesitaba el plano de la antena para estudiarlo en su taller y regresar con la solución. Arroyo corrió con el ingeniero que reparaba sus televisores y le preguntó si podía hacer lo mismo con esa antena. Mientras el ingeniero arreglaba el problema, “yo miraba con ojos de experto para fingir que no sabía nada”.

Esa reparación lo llevó a Imevisión, que cuando se convirtió en TV Azteca, su nuevo dueño, Ricardo Salinas, pensó que le pagaban demasiado dinero a Arroyo por sus servicios y se los suspendieron. El joven lo demandó y le ganó en tribunales. Pero como en la política y los negocios, nada es personal. Cuando Sky compró Direct TV, TV Azteca se quedó sin respaldo de antenas, que tenían con la empresa de Rupert Murdoch, por lo que Arroyo le planteó a Salinas, en ese momento de emergencia, que él le podía dar el soporte técnico.

Para ese entonces, Arroyo ya había comprado la empresa que le proveía de partes en San Antonio, de la que se volvió primero socio con cinco millones de pesos que obtuvo de la venta de la casa en el Pedregal, para lo que tuvo que convencer a su madre que era una buena inversión. Tenía parabólicas en todo el país, y ya había comprado a sus socios todas las acciones de la compañía en Texas y estableció lo que hoy es Comtelstat.

Continuó su expansión como empresa de soluciones de alta tecnología para televisión y telecomunicaciones. A América Móvil y a Claro de Carlos Slim les instaló su red en Centroamérica y América del Sur, aunque fue Argentina la puerta de entrada en la región, donde emplea a más de dos mil 500 personas. Comtelstat controla alrededor del 65% del mercado de las antenas en México, y construyó los estudios de televisión de Milenio, de Estadio W, Efekto TV, el Canal del Congreso, TV UNAM y Fox Sports. Su empresa multinacional factura más de 500 millones de dólares anuales.

Arroyo guarda celosamente lo que le costó El Financiero y la participación de sus nuevos socios en la expansión de la empresa, pero inquieto hasta en los momentos de mayor reposo, no deja de pensar en negocios. Por ejemplo, mientras negociaba la compra de El Financiero, adquirió ESPN América Latina. Cuando pensaba en qué haría si concluía la compra del diario, ya pensaba en una alianza con Bloomberg, la empresa de información especializada de mayor crecimiento en el mundo. En marzo pasado, firmó la alianza con ese grupo, propiedad del alcalde saliente de Nueva York Michael Bloomberg.

La compra del diario fue el principio de su incursión en la generación y distribución de contenidos a través de plataformas múltiples. Casi un año ha demorado la presentación del nuevo El Financiero, pero en enero, con la presencia de Bloomberg, espera que sea anunciada toda la revolución que ha venido construyendo. “Viene un nuevo diseño del periódico que ya está listo, así como una plataforma digital y el canal de televisión El Financiero-Bloomberg”, anticipó hace unos días en una entrevista con 24 HORAS.

Pero para él, eso no bastará. ¿Apostará por la tercera cadena de televisión que se licitará el próximo año? “Es una gran oportunidad porque se abre un espacio importante en los medios de comunicación en este país”, dice. “Y si se dan las condiciones, lo valuaríamos en su momento”. No hay duda. Su biografía empresarial lo grita: buscará entrar a la liga más influyente en México, la de la televisión.

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Raymundo Riva Palacio
NOV 24

El fusil del Rector Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Político experimentado en múltiples batallas, escucharlo en un tono molesto y con un fraseo acusatorio es algo sumamente inusual. Por eso, cuando José Narro, el rector de la UNAM, reacciona con tanta fuerza retórica como lo hizo esta semana al inconformarse con la Comisión Nacional de Derechos Humanos por haber divulgado una recomendación a la universidad antes del plazo para que la respondiera, hay que escucharlo.

La CNDH envió una recomendación a la UNAM para que respondiera una queja por haber sido omisa en el caso de una joven de 16 años de quien un profesor con 44 años de carrera, abusó sexualmente en una preparatoria. El plazo para la respuesta se establecía para el 20 de noviembre, pero la CNDH dio a conocer la observación mediante un comunicado de prensa el lunes. “Así lo hacemos siempre”, dijo el Ombudsman Raúl Plascencia. “A veces nos ganan los medios y sacan de la página de internet la recomendación y la publican. Cuando no lo hacen, lo informamos nosotros. Es nuestra obligación”.

El rector no está de acuerdo. “Tenemos que pedirle a los funcionarios que sean cuidadosos, que no hagan generalizaciones y que cumplan con los plazos”, dijo un día después. “Que no nos hagan pensar que porque ya no están con nosotros o que tienen algún enojo con la institución porque no cumplieron con sus tareas, tengan alguna actitud de esa naturaleza”. A Narro no se le escapan las palabras. Siempre es cuidadoso en el fraseo, en la dirección hacia donde van, calculando réplicas y consecuencias.

Pero tampoco es un político al que le guste el Palenque. Antes de este sonoro diferendo con la CNDH, el anterior similar fue cuando se enfrentó al entonces secretario de Educación de Felipe Calderón, Alonso Lujambio, sobre los “ninis”. La cifra de 7.2 millones de personas entre 12 y 29 años que no tenían ni educación ni empleo que denunció Narro para explicar una de las causas de la inseguridad, fue rebatida por Lujambio que la ubicaba en 285 mil. Al final, el rector tuvo la razón.

Sus horas de vuelo en la política ya eran muchas. Fue parte del grupo universitario que encabezó Jorge Carpizo, a quien acompañó a la Secretaría de Gobernación en calidad de subsecretario. En 1994, cuando renunció sin decirle al ex presidente Carlos Salinas ni a nadie, en un arrebato en medio de una negociación con el EZLN para la pacificación de Chiapas y las venideras elecciones presidenciales, fue de las personas que hablaron con él, lo hicieron entrar en razón y que regresara a la Secretaría —mil 800 millones de dólares menos, eso sí, que se fugaron por su lance.

En el Gobierno de Ernesto Zedillo, su amigo Juan Ramón de la Fuente, lo llevó a la Secretaría  de Salud como subsecretario, y cuando en 1999 la UNAM vivía una —si no— la peor crisis de su historia por una larga huelga lo acompañó a hacerse cargo del problema. El rector Francisco Barnés fue destituido y De la Fuente, con su magia mediática y gran ascendencia sobre los medios, y Narro, en la operación política, resolvieron la huelga.

Discreto, Narro siempre ha sido efectivo. En el Gobierno de Calderón fue uno de los pocos políticos prominentes que mantuvo una voz independiente y crítica sobre el estado económico del país, discurso que no cambió a la llegada de gobierno de Enrique Peña Nieto. Durante la campaña, Narro se convirtió en una de las voces críticas que escuchó Peña Nieto y mantuvo la cercanía con la distancia a través de una honestidad intelectual para decir las cosas.

Cuando llegó el momento del gabinete, de manera sutil declinó el rector el ofrecimiento de Peña Nieto. En el Gobierno actual, su influencia Narro se puede apreciar con la presencia de sus cercanos ex colaboradores en la UNAM, los subsecretarios, Sergio Alcocer Martínez en Relaciones Exteriores, y Enrique Del Val en Educación, así como la de Miguel Robles, secretario general del CISEN. Dos directores de facultades, Rosaura Ruiz de Ciencias, y Fernando Castañeda, de Ciencias Políticas y Sociales, están en la lista de aspirantes al IFE.

La relación con el Gobierno es de respeto y aprecio, pero no la ha aprovechado en su reclamo a la CNDH, donde hay una vertiente política de —que llama venganza— que no ha terminado de aflorar. El Ombudsman también ha perfilado a su enemigo, la recomendación en el abogado de la UNAM, Luis Raúl González Pérez, quien, dijo Plascencia, fue omiso y engañó al rector.

Esta historia viene de hace más de 20 años.

González Pérez también forma parte del grupo político de Carpizo, con quien trabajó muy cerca y que lo llevó a la CNDH como visitador, que interrumpió sólo cuando fue nombrado quinto y último fiscal del Caso Colosio. González Pérez, buscó en 2009 la presidencia de la CNDH, que perdió ante el actual Ombudsman en dos rondas de votaciones, donde el PRI en el Senado negoció con el PAN ese cargo, a cambio del Tribunal Electoral, y lo que parecía una designación segura, se volvió sacrificio.

Cuando ahora le han preguntado a Plascencia si la recomendación a la UNAM es de para eliminar un potencial rival para cuando busque la reelección en noviembre del próximo año, lo rechaza. Sin embargo, personas que trabajaron con él en la CNDH, afirman que lo que ha hecho Plascencia no es algo inédito. Recuerdan cómo Plascencia, con el apoyo del ex director de la Facultad de Derecho, Máximo Carvajal, hoy director de Quejas en la CNDH, fueron eliminando los vestigios de Carpizo en el organismo. Son cosas que suceden en la política, aunque Plascencia asegura que no antepone nada a la observancia de los derechos humanos.

Narro, sin embargo, abrió la puerta a otra verdad cuando mencionó venganzas contra la institución. Se refería específicamente a la UNAM, que obligó a Plascencia a renunciar a su plaza en la Facultad de Derecho cuando quiso pedir un segundo año consecutivo con licencia sin goce de sueldo, y a Carvajal, a quien en 2011 le pusieron un alto cuando le impidieron seguir en la nómina como profesor de tiempo completo, cuando cobraba desde 2007 como funcionario, de tiempo completo, en la CNDH.

El viernes pasado, González Pérez ofreció durante una conferencia de prensa para responder jurídicamente las imputaciones de la CNDH, y adelantó que en unos días se revelarían más datos sobre el caso. La duda es si será sobre la recomendación, o sobre el entramado de pasiones intramuros que el rector apuntó, como un fusil listo para disparar.

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Raymundo Riva Palacio
NOV 17

La deuda de Calderón Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, acudió este viernes a una comparecencia al Senado, en donde el panista Javier Corral lo quiso arrinconar con cuestionamientos sobre la seguridad y, afirmó un pacto de silencio con la prensa para que dejaran de publicar lo que llamó “el ejecutómetro”, que fue una medición cuantitativa, sin contexto ni explicación, del número de muertos que dejaba la guerra contra el narcotráfico durante el Gobierno de Felipe Calderón. La respuesta de Osorio Chong fue devastadora, para Calderón y para el PAN.

No hay menos información, dijo Osorio Chong, pero sí menos espectáculo que el que hubo durante el calderonismo. “En muchos de esos espectáculos llevaron a que varios de esos criminales tuvieran que salir (libres) porque se afectaban sus derechos humanos”, precisó. “No creo que no sea porque no son criminales, sino porque este tipo de acciones espectaculares de ponerlos en la televisión”.

Llevarlos a la televisión como método gubernamental, antes de iniciar siquiera el proceso, violaba en efecto las garantías individuales de los presuntos delincuentes, a quien se les presentaba ante la opinión pública como personas juzgadas. Osorio Chong se refirió al reciente caso de Israel Arzate Meléndez, acusado de participar en la matanza de casi dos decenas de jóvenes en Villas de Salválcar, en Ciudad Juárez, que la semana pasada fue liberado por la Suprema Corte de Justicia porque lo torturaron. La Corte no determinó si era culpable o inocente del delito por el cual lo juzgaron, sino que en el proceso sí se violaron sus garantías. Es la gran deuda del Gobierno de Calderón, la violación al Estado de Derecho: de 103 mil personas detenidas durante su sexenio, sólo tres mil fueron sentenciadas.

En diciembre de 2009, este autor publicó en el diario madrileño El País: “La mundialmente difundida muerte de Arturo Beltrán Leyva, el jefe de narcotraficantes más violento y sanguinario que ha existido en México, tuvo un aplauso efímero. No terminaba de celebrarse que unidades de élite de la Marina lo hubieran cazado después de una intensa persecución, cuando la difusión de las fotografías de su cadáver, con los pantalones a las rodillas y tapizado con billetes ensangrentados, desató un escándalo. ‘¿Por qué se preocupan de esos detalles cuando hay cosas más importantes en qué preocuparse’, cuestionó un ciudadano en un comentario colocado en las redes sociales, sin alcanzar a comprender que el episodio es parte sustantiva de la guerra contra el narcotráfico que vive México desde hace tres años.

“Lo que (demostraban) las fotografías (era) un acto de manipulación, dentro de toda una operación de propaganda de la Marina que, al final de cuentas, le salió mal… La oficina de prensa de la Marina (había invitado) a los periodistas… a acompañarlos a donde se estaba dando el enfrentamiento (contra Beltrán Leyva), en Cuernavaca… Llegaron en un autobús en medio del tiroteo, y les permitió entrar al apartamento donde se había dado el choque final entre sus unidades y los narcotraficantes, sin importar que era una escena de crimen donde había evidencia que podía ser contaminada. Los propios marinos tomaron fotos de Beltrán Leyva abatido y las transmitieron por sus teléfonos celulares, mientras los medios registraban los momentos en que se preparaba el tapizado del cuerpo.

“La difusión de las imágenes hizo olvidar la muerte del criminal que modificó los términos de la violencia en la guerra contra el narcotráfico, y provocó que el gobierno federal se embarcara en una campaña de control de daños y deslindara a la Marina de tan grotesca iniciativa. Medios de prensa citaron a fuentes militares subrayando que todo había sido deliberado, dentro de una operación de propaganda ubicada en una nueva faceta de esa guerra, que pareciera confirmar toda la movilización de periodistas que hicieron para mostrar su acción en Cuernavaca. Buscaron los símbolos, tan obscenos como los que emplean los propios narcotraficantes en sus ejecuciones. La escenografía en Cuernavaca no fue, sin embargo, algo inusual. Todo lo contrario. (Era) parte de una larga guerra de propaganda en la que se encuentran embarcados el gobierno federal y los cárteles de la droga.

“Los narcotraficantes comenzaron a grabar en vídeo las ejecuciones de sus enemigos y difundirlas. Las puestas de escena tenían similitudes a las ejecuciones que realiza Al Qaeda en Afganistán y Pakistán por cuanto a su representación escénica. Quienes comenzaron a realizar ese tipo de grabaciones fueron, paradójicamente, los sicarios de Beltrán Leyva. La práctica se socializó entre los criminales y se amplió la crudeza de lo documentado. Otro cártel, La Familia Michoacana, grabó a 11 policías federales que estaban tras su pista luego de ser descubiertos y capturados. Los muestran golpeados, torturados y finalmente ejecutados, sin dejar de incluir en su pequeño filme casero la violación de una agente.

“El gobierno federal no se quedó atrás. Los asesores de imagen del presidente Felipe Calderón decidieron realizar su propia contraofensiva propagandística. Inmediatamente después de cada detención de presuntos narcotraficantes, difundían spots en radio y televisión mostrándolos como criminales y ensalzando la tarea de la policía y los militares. Los spots, vistos desde un punto de vista jurídico, violan la ley. En el Derecho mexicano todos son inocentes hasta que se demuestre su culpabilidad, pero en los spots, antes de que se iniciara el juicio, la Presidencia de la República ya había decidido que eran criminales. Se puede decir que equivalen a juicios sumarios donde el fallo se daba por decreto”.

El presidente Calderón y sus asesores, nunca detuvieron esa propaganda. La habían iniciado desde los primeros días de la administración cuando descubrieron que le daba puntos de aprobación entre los mexicanos. Calderón había encontrado en la exposición de criminales, su legitimidad. Golpes fuertes y contundentes, en una sociedad permeada aún por una cultura autoritaria, marcaron una línea de acción, que en un principio, inclusive, fue más grave: en los spots que difundieron el primer año de gobierno, incorporaban información de averiguaciones previas, lo que es un delito penal.

Corrigieron esa violación flagrante a la ley, pero no cuidaron jamás las garantías individuales al presentarlos ante la televisión e inclusive facilitar entrevistas con la prensa. Lo que promovían como una demostración de que se estaban haciendo las cosas, hoy se ha convertido en un bumerán para toda la administración de Calderón. En el momento en que los abogados de los criminales que fueron expuestos ante los medios en aquella estrategia de fuegos y centellas para demostrar la contundencia de la fuerza contra la delincuencia organizada empiecen a utilizar los spots en radio y televisión que produjo el gobierno contra sus clientes, y las entrevistas a las que fueron obligados horas después de haber sido capturados —generalmente antes de rendir declaración ministerial—, empezarán a salir de las cárceles por la violación a sus garantías individuales. En ese momento, la denuncia de Osorio Chong a Calderón, podría convertirse en un proceso penal contra los responsables de aquella estrategia que partió el alma mexicana.

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Raymundo Riva Palacio
NOV 10

Un líder con cara de niño Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

En medio del choque por el control del PAN, la fuerza del líder nacional del partido, Gustavo Madero, le dio el músculo para imponer al grupo del senador Ernesto Cordero a uno de los suyos en la presidencia del Congreso. Sería por sólo seis meses —decisión salomónica—, pero el periodo abarcaría la parte crítica de las reformas políticas y económicas que le permitieran a Madero negociar, presionar e incluso chantajear al Presidente Enrique Peña Nieto, para consolidar su posición. El problema que se vio durante la dura negociación panista en agosto, era a quién quería Madero: Ricardo Anaya.

Queretano de 34 años, Anaya causó muchas sonrisas cuando asumió la presidencia en San Lázaro. Académicamente era un nerd —licenciado, maestro y doctor a su edad, con mención honorífica en todos su grados y un promedio excepcional de 9.97— que, además, tiene una cara de niño. En un partido donde el promedio de edad es de 52 años y con largos años de fogueo, ¿cómo alguien tan joven podía dirigir una cámara donde cohabitaban algunas de las figuras con más experiencia legislativa de todos los partidos? ¿Cómo conciliar intereses y presiones de los partidos cuando las reformas que venían los iban a enfrentar y partir por la mitad? ¿Quién era ese político que se veía frágil, sin personalidad ni experiencia?

En su pugna interna, Madero lo había preferirlo a él frente a un político fogueado, aunque en el bando azul contrario, como José González Morfín. ¿Estaba tan débil el líder del partido que se quedó sin cuadros? “Nos fuimos con la finta”, reconoce ahora uno de los asesores principales de una de las figuras más reconocidas dentro del Congreso. “Nos ha sorprendido al no ser el ingenuo e incapaz que pensábamos solamente al verlo”. Una diputada priista, que ha vivido de cerca de varios de los hombres del poder, recuerda que el primer día de Anaya en el Congreso, el primero de septiembre, le temblaba un poco la voz y se le veía nervioso. “Pero le duró muy poco”, dijo. “Al día siguiente ya no mostraba ninguna duda”.

La cara de niño de Anaya escondió, sin estar oculto, el palmarés de un político en ascendencia. Cuando llegó el momento de que el PAN propusiera a su candidato para presidir el Congreso, el grupo de Cordero propuso a González Morfín, que venía del Senado donde había trabajado junto con el líder del PRI, Manlio Fabio Beltrones, y había presidido esa cámara con distinción. Los diputados cercanos a Cordero querían impedir la llegada de Anaya no sólo por la disputa inmediata en San Lázaro, sino porque también estaban definiendo las cartas para la futura candidatura al Gobierno de Querétaro, donde el corderista Francisco Domínguez, actualmente en el Senado, es su apuesta.

Anaya no puede ocultar que tiene Querétaro en su horizonte. Es un político pragmático que ha dado muestras de oficio para entender cómo moverse dentro de su partido. Cuando Francisco Garrido Patrón ganó la gubernatura de su Estado, se convirtió en su secretario particular, lo que no le impidió que en la campaña por la precandidatura presidencial en 2006, jugar abiertamente por Santiago Creel. Al resultar Felipe Calderón, rápidamente volvió a ajustar su hoja de ruta al poder, y entró a cuidarse las heridas como diputado local y coordinador de la bancada, hasta que en 2011 logró logro que lo nombraran subsecretario de Turismo con la ayuda de sus nuevos aliados en el calderonismo.

La fuente de ese respaldo la encontró en 2010, cuando hizo campaña a favor del entonces secretario particular de Calderón, Roberto Gil, cuando compitió contra Madero por la presidencia del PAN. La red de protección que traía Anaya en Los Pinos y desde Querétaro, le permitió entrar como diputado plurinominal en la actual legislatura. Pero Anaya no era sólo lo que se veía desde el Distrito Federal.

En Querétaro coordinó la campaña de Manuel González Valle para la gubernatura, que finalmente perdió en 2009 ante el priista José Calzada. Pero en el proceso afianzó su poder dentro del PAN estatal, donde colocó a su dirigente José Báez. La red política que tejió en Querétaro le permitió construir puentes y barreras para hacerlo indispensable en el contexto de la política nacional, mediante la utilización de formas heterodoxas, recuerdan sus críticos dentro del partido.

En Querétaro lo acusaron de utilizar recursos del partido para beneficios personales, aunque lo que se le ha documentado es el uso de dinero pero no para beneficiarse él, sino para candidatos del PAN. El más notorio fue la multa al partido por haberse excedido 6.2 millones de pesos en la campaña electoral de González Valle, que él coordinó, y el descubrimiento —sin consecuencias— de donadores a la campaña que resultaron falsos. No mucho más, ciertamente.

El pasado de Anaya y sus vaivenes pragmáticos fueron superados cuando, durante la actual legislatura, respaldó al coordinador del PAN en el Congreso, Luis Alberto Villarreal, quien en el momento de la definición sobre la nueva presidencia en San Lázaro, junto con Jorge Villalobos, el vicecoordinador de los panistas y operador Madero en San Lázaro, lo prepararon para el nuevo cargo. Durante el receso, lo enviaron como vicecoordinador a la Comisión Permanente donde mostró ante legisladores de otros partidos que su presencia juvenil sólo era cosmética.

La manera como actuó, deliberó y negoció durante el receso eliminó los posibles bloqueos que pudiera encontrar de los otros partidos para presidir el Congreso, al volver invisible su presencia física. De acuerdo con varios diputados, no se equivocaron. Anaya, agregaron, resultó un político que aprende rápido y con talento. Pero además, ha dejado ver una proclividad a buscar siempre los consensos.

En el actual debate encendido por la Reforma Hacendaria y Fiscal, dentro de la Cámara de Diputados se procesaron los dos paquetes sin batallas campales. En el Senado, se vive la guerra. No son sólo la manera como trabajan los grupos parlamentarios, sino cómo se coordinan los trabajos desde la presidencia de las cámaras. Sus colegas de la oposición reconocen su esfuerzo al no polarización la relación interna y mantenerse imparcial en sus decisiones. Son puntos para Anaya, indiscutiblemente, y para su futuro en 2015.

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Raymundo Riva Palacio
NOV 3

Fox, el filósofo del espionaje Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Tiene razón Vicente Fox. Todos los gobiernos espían. Unos para salvaguardar sus intereses nacionales y otros para chantajear a adversarios políticos. Muchos porque entienden al espionaje como un subproducto de la inteligencia que recolecta información para tomar decisiones, y los menos, aunque no entiendan nada su función estratégica. Hay quienes lo hacen con eficiencia, y quienes son torpes y atrabancados. Fox se encuentra en la segunda categoría en cada uno de estos estadios. No comprendió nada cuando fue presidente; no entiende nada ahora.

Hace unos días declaró al periódico digital Qué.es de España: “Todos los gobiernos espían y tienen aparatos de inteligencia. ¡Yo no sé cuál es el descubrimiento! Antes se decía que nos espiaban desde Marte, o desde Venus… nos espían todos los días, a ti, a mí o a cualquier ciudadano”. Espionaje cibernético o cósmico es lo de menos. “Yo siempre he sabido que me espían, aunque nunca lo haya denunciado. Sé que me espiaron cuando fui candidato y cuando fui presidente. Sé que hay instituciones en el Gobierno mexicano legítimas que están averiguando información e investigando a medio mundo”, añadió.

¿Y hasta dónde tienen derecho?, le preguntaron. “Tienen el derecho y no lo tienen”, cantinfleo el ex presidente. “¿Hasta dónde tienes tú el derecho de estar chismeando sobre tu prima o los amigos de tu esposa?”. Fox en su máxima expresión, desnudado en lo que siempre fue, un presidente producto de la circunstancia. No ha dejado de hablar de asuntos internos desde que dejó Los Pinos en 2006, ni de comportarse como un pintoresco ciudadano desinformado e ignorante de los entramados del poder.

Lo paradójico es que él fue el centro del poder durante seis años y trasluce todo el tiempo una ignorancia extrema. Para él, la razón por la que Estados Unidos espía en el mundo es porque viven en la paranoia —no lo dice así— de que todo el mundo está contra ellos. Quisiera que recuperaran su liderazgo de bonhomía —que significa bondad y candidez—, para “buscar cosas buenas para los demás”. Para él, el poder y un gobierno que lo ejerce, se maneja sobre criterios morales y actos de fe.

La pregunta no es de dónde sacó tales conceptos sobre el poder y la administración pública, sino qué fue lo que hizo, con esa racionalidad, durante su gobierno. En materia de inteligencia, que es el tema por el que regresó una vez más esta semana a los hacedores de noticias, se puede afirmar, un desastre. Designó al frente del Cisen, el servicio de inteligencia civil a Eduardo Medina Mora, directamente del sector público, quien comenzó el desmantelamiento del organismo.

Decenas de agentes fueron despedidos. Tres mil de ellos, dijeron en su momento fuente del Cisen; 300, respondió Medina Mora. El Gobierno foxista le recortó presupuesto, con lo cual se retrasó tecnológicamente, en el momento de mayor desarrollo en el mundo tras los atentados terroristas en Estados Unidos en 2001, tantos años que aún no es posible cuantificarlos. Cuando llegó el nuevo Gobierno de Calderón, el director del Cisen, Guillermo Valdés encontró una agencia desmantelada, a la cual no se le había dado mantenimiento y mejoramiento durante seis años.

Por presiones de Fox, cuando el EPR detonó petardos en algunos cajeros a principio de su Gobierno, presionó a las áreas de seguridad por resultados y obligó al Cisen a reventar una casa de seguridad de la guerrilla para que el entonces presidente pudiera decir que estaba trabajando. La solución inmediata provocó un desastre del que aún se paga. De esa casa, vigilada por el Cisen durante una década, obtuvieron toda la red de vínculos del movimiento armado. Era la casa donde vivían los jefes del EPR en el Sur de la Ciudad de México. Cuando la dieron a conocer, desaparecieron los jefes guerrilleros hasta que, antes de terminar el sexenio, lincharon a tres agentes de la Policía Federal —dos de ellos murieron—, que estaban tratando de restablecer las líneas de inteligencia echadas a perder por Fox. Nunca más, desde entonces, pudieron restablecer el control que tenía el gobierno sobre el EPR.

El descuido en los aparatos de inteligencia provocó que el Gobierno de Fox nunca se enterara de la fuga que preparaba Joaquín “El Chapo” Guzmán, que se escapó de una prisión de máxima seguridad en Guadalajara el mismo día que el entonces subsecretario de Seguridad Pública, responsable de cárceles, Jorge Tello Peón, visitaba el reclusorio. En dos ocasiones que tuvieron cercado a Guzmán, uno de los jefes del Cártel de Sinaloa —hoy Pacífico—, su entonces consejero de Seguridad Nacional, Adolfo Aguilar Zínser, lo declaró a la prensa y frustró toda posibilidad, por indiscreto, de recapturarlo.

El ex presidente nunca corrigió las fallas en el aparato de seguridad. Toleró, en cambio, que el Cisen se manejara políticamente, al permitir que instalara un centro de espionaje atrás de la Lotería Nacional, con escuchas hacia el Senado y todos los medios de comunicación en esa zona del centro de la Ciudad de México. Espionaje político el que se hacía, no para salvaguardar los intereses del Estado Mexicano. En el juego de espías para denostar a políticos, se paralizó cuando se entrometieron en la vida privada de su aliada Elba Esther Gordillo, durante un conflicto fratricida en el PRI, pese a que las grabaciones ilegalmente obtenidas de sus teléfonos, involucraban a algunos miembros de su gabinete.

Los informes de inteligencia sobre el involucramiento de los hijos de su segunda esposa, Marta Sahagún, que esbozaban la posibilidad de que estuvieran involucrados en actos de corrupción —algunos se comprobaron años después—, fueron ocultados. Los memorandos sobre políticos, como su sucesor Felipe Calderón, el entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, y uno de los líderes del PRI, Manlio Fabio Beltrones, estaban llenos de imprecisiones y mentiras.

No fue el sexenio de Fox un periodo que alguien quiera recordar en términos de inteligencia. Cuando le preguntaron en la entrevista cuáles podrían ser las razones del espionaje de Estados Unidos en función del porqué él se expresaba de una manera tan abierta, como lo hacía, respondió que era por la confianza que tenía en sí mismo. “Si no quiero que los demás se enteren, yo no debo tener secretos”, dijo. “Ningún Gobierno debería tenerlos”.

En alguien que no fuera Fox, esa declaración de un ex presidente sería inverosímil o, cuando menos, escandalosa. En su caso no. Sí tuvo secretos y los escondió. Eran los de índole personal. En los asuntos de Estado, en cuyo contexto se dio la entrevista con el medio español, si se enteró, no entendió. Si no se enteró, tampoco le importó. Qué tanto supo, es algo que nunca sabremos. ¿Cómo lo procesó? Ya lo vimos. Fox, es un nuevo filósofo del espionaje.

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Raymundo Riva Palacio
OCT 27

El regreso de Josefina Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

osefina Vázquez Mota llegó a la candidatura presidencial del PAN en 2012 de forma arrolladora. La apoyaban casi tres veces más militantes que a Santiago Creel —el hombre del establishment—, y cuatro veces más que a Ernesto Cordero —el candidato extraoficial—. En su corta vida política, sobrevivió a Marta Sahagún, que no pudo dominarla pese a ser la presidenta adjunta de su esposo Vicente Fox, y a Elba Esther Gordillo, a quien enfrentó abiertamente cuando fue secretaria de Educación. Renació de entre las cenizas cuando el equipo compacto del presidente Felipe Calderón, encabezado por Juan Camilo Mouriño la demolió, y tuvo la fuerza interna para levantarse y llegar a la campaña presidencial envuelta en altas expectativas.

Vázquez Mota, la gladiadora, era una opción entre dos maquinarias electorales. La del grupo mexiquense de Enrique Peña Nieto, y la de la izquierda y las fuerzas antisistémicas de Andrés Manuel López Obrador. Pero nada funcionó desde el principio. Un spot elaborado por Pedro Torres —cuyas empresas trabajaban en paralelo para Peña Nieto—, la aniquiló. Aparecía en un salón de clases con paredes oscuras y poca iluminación, con un suéter azul que la hacía ver pequeña. Proyectaba ternura, pero cero liderazgo y fuerza de mando.

Lo agresivo de su equipo en los spots contra Peña Nieto, que le quitaron rápidamente positivos y le rompió el teflón que lo había protegido por años como gobernador del Estado de México —donde ninguna crítica le quitaba puntos de popularidad y respaldo—, no los pudo capitalizar. Desórdenes logísticos en su campaña, sin mensajes claros ni la voz para transmitirlos, iniciaban el naufragio. Quiso victimarse en un principio y su equipo filtró a la prensa una grabación supuestamente realizada por el secretario de Seguridad Pública y la vocera presidencial que demostraba que la espiaban.

Tiros de escopeta. En la Ley del Talión panista, le mandaron decir que si insistía en la mentira —no existió el espionaje que denunciaron los suyos—, se daría a conocer la petición de ella al entonces secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, de grabaciones sobre Peña Nieto para utilizarlas en la campaña. Dejó de hablar del tema. De cualquier forma, ya se había visto en las encuestas que la victimización no le había dado puntos frente a sus adversarios. De hecho, nada le daba puntos para subir en las preferencias electorales.

La derrota de Vázquez Mota en la elección presidencial no sorprendió a nadie. Quienes la vieron el domingo de la debacle, la observaron muy deprimida. Vázquez Mota confirmó su estado de ánimo poco después de la jornada electoral, cuando junto con su familia se fue dos meses al Norte del Reino Unido y desapareció de la escena pública. Cuando regresó se ocultó. La primera ocasión que se atrevió realmente a salir del ostracismo fue el 1 de diciembre, invitada distinguida al mensaje de toma de posesión del presidente Peña Nieto en Palacio Nacional. Llegó cuando muchos ya estaban sentados, y causó sensación. Políticos de todos los partidos se pararon a saludarla; los empresarios también. Ella correspondía con una sonrisa. Sólo Gordillo la ignoró. Y fue recíproco.  

Poco a poco fue apareciendo en actos proselitistas de su partido y a recuperar las ganas de hacer política. Dejó entrever que quería volver a ser candidata presidencial en 2018, que despertó comentarios irónicos. Entonces inició pláticas con el senador Ernesto Cordero sobre la posibilidad de apoyarlo en la contienda por la presidencia del PAN frente a Gustavo Madero. Las pláticas iban por buen camino, de acuerdo con personas que supieron de su desarrollo, pero un domingo Cordero la plantó y con ello, se acabó la posibilidad de cualquier respaldo.

Vázquez Mota, sin embargo, no buscó a Madero. Se encontró en cambio con un grupo de ex gobernadores y un ex dirigente nacional del partido, Luis Felipe Bravo Mena, que estaban desplazados. Previamente a que la reclutaran, los ex gobernadores quisieron jugar un papel de mediadores entre los trenes de Madero y Cordero que habían chocado. Pero como dijo un líder panista, “nadie les hizo caso” porque “no representan a nadie”.

Los dos bloques políticos que buscan la presidencia del PAN son asimétricos, pero en efecto sólo hay dos. Madero tiene actualmente la mayor parte del respaldo, mientras Cordero encabeza el ala radical. La polarización del partido es lo que unió a los ex gobernadores y a Bravo Mena en torno a Vázquez Mota, a quien utilizan como herramienta para que empiecen a ser oídos. Estuvieron mucho tiempo fuera de los espacios de toma de decisiones, y se les ven ganar de regresar. Solos, lo vieron recientemente, no podían.

El regreso de Vázquez Mota esta semana comenzó con una comida con los ex gobernadores y Bravo Mena, que difundió ella misma en su cuenta de twitter. Fue en la víspera que publicaran un desplegado en la prensa sobre los puntos básicos de su plataforma política: no a las reformas energéticas y fiscal en los términos como las planteó el Gobierno; sí a una oposición crítica constructiva. Es decir, ni colaboracionista como describen a Madero, ni confrontacional, como ven a Cordero. Es una apuesta intermedia para conquistar el ánimo de los panistas y conseguir que lleven a Vázquez Mota a la presidencia del PAN.

La ex candidata presidencial entiende que no será un asunto de voluntarismo, sino de persuasión. En buena medida por eso no ha dicho abiertamente que se lanzará por la presidencia del partido. “Lo tengo que evaluar”, dijo a la prensa, “aún no está decidido”. No podría hacerlo.

Haber salido esta semana movió el metabolismo en el PAN y verán ella y los políticos que la acompañan si por las reacciones ven posibilidades reales de buscar el partido. Falta poco. Si Vázquez Mota anuncia que va por el partido, significará que encontraron ese espacio. Si no lo hace, querrá decir que una aventura así estaría encadenada al fracaso, algo que no puede permitirse. No puede volver a equivocarse, sobretodo si su corazón aún late por el 2018.

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Raymundo Riva Palacio
OCT 20