La desgracia de los compadres Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Bastaron seis años para que Andrés Granier Melo, uno de los políticos más populares y queridos que había dado la cantera de Tabasco, cayera en desgracia. Nada fue casual. Manejó el Gobierno de Tabasco con sus compadres, se entregó al ex presidente Felipe Calderón y abandonó la cuna priista donde nació un cuarto de siglo atrás. Se distanció de su partido y lo ignoró. Se peleó con él por la sucesión de la gubernatura —que perdió el PRI el año pasado— y abandonó sus reuniones y la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto. Fue el único gobernador tricolor que no participó en el cierre de Peña Nieto en el Estadio Azteca. Hoy, parece casi natural, empieza a pagar lo que construyó.

Tras pasar 33 horas en la PGR para responder las acusaciones federales de corrupción durante su Gobierno en Tabasco, Granier Melo llegó al hospital este viernes de emergencia para tratarse la hipertensión que a finales de diciembre lo tuvo al borde de la tumba. Entró libre y saldrá vigilado por la ley. El Gobierno de Tabasco obtuvo una orden de arraigo para que enfrente acusaciones estatales por peculado y desfalco. El ex gobernador se ha dicho inocente de todos los cargos que le imputan ante la opinión pública, y ahora tendrá que probar su dicho ante el juez.

Granier Melo se encontraba en Miami, una ciudad a nivel del mar, por recomendaciones médicas, según explicó, y regresó sorpresivamente a la Ciudad de México esta semana para dar la cara ante las detenciones de varios de sus más cercanos colaboradores por presunta corrupción y lavado de dinero, para “limpiar su nombre”. Su decisión causó extrañeza, porque ante la falta de credibilidad del sistema judicial mexicano, quienes tienen posibilidades de afrontar a la ley desde el extranjero, escogen ese camino. La decisión de regresar para declarar en forma voluntaria, porque hasta ese momento no había acusaciones formales en su contra, no fue interpretada por quienes lo conocen como un acto de valentía, sino como un gesto de cobardía. Pero al mismo tiempo, como él justificó ante la prensa, por la preocupación sobre sus hijas, que están viviendo en Villahermosa.

Personas que lo conocen no dudaron que sus hijas sean una de las grandes motivaciones de su regreso, al ser una familia muy unida, que fue siempre muy querida en Tabasco —hasta hace pocos años—, y que nunca se vio involucrada en ningún tipo de escándalo. Esta es la segunda razón por la cual, quienes lo conocen, se explican su regreso. “Le tiene pánico al escándalo”, dijo una de ellas. “No iba a soportar que lo detuvieran en Estados Unidos y regresara en calidad de preso”.

Granier Melo viene de una familia tabasqueña donde la madre, a quien llamaban cariñosamente “Uca”, era siempre recordada con cariño por los tabasqueños pese a que tenía décadas de muerta. Pertenecía a una clase social con abolengo, en particular por la parte de los Melo, de donde habían heredado él y sus tres hermanos una fortuna. Su matrimonio con Tere Calles elevó su riqueza. La señora Calles había heredado varios millones de pesos —algunos calculan en 20— por la venta que hizo su padre del periódico Presente. Sociedad chica, esa clase estaba vinculada entre sí por compadrazgos, negocios y política.

Ingeniero químico, Granier Melo comenzó a ganarse el aprecio de la gente desde su laboratorio en el Centro de Villahermosa, donde su negocio era sacar y analizar la sangre de la comunidad. Sus amigos eran antiguos y todos, como él, participaban en las actividades que movían a Tabasco. Amílcar Salazar, su amigo de toda la vida y que de ser humilde ingresó a la clase más alta de la mano de su esposa, que durante su sexenio fue el verdadero poder tras el poder, formaba parte del grupo más cercano al ex gobernador, en donde sobresalía Humberto Mayans, actualmente senador, y José Pineda, tío de José Saiz Pineda, el ex tesorero de Granier Melo por donde se empezó a desmadejar la acusación de corrupción en su Gobierno.

Pero las relaciones se desdoblaban. Mariana, una sus hijas, es ahijada del actual gobernador Arturo Núñez, y Paulina, su otra hija, está casada con el hijo de un hombre muy cercano al ex gobernador Roberto Madrazo. La amiga de toda la vida de la esposa de Granier Melo, Elena Celorio, se potenció como desarrolladora inmobiliaria y a través de ella, compadre del ex gobernador, recomendó a su yerno, Adalberto Vázquez, como secretario de Administración de Salud, en donde explotó el escándalo, hace ya casi un año, de un desfalco al erario por más de mil millones de pesos.

Vázquez era el principal promotor de su jefe, el secretario de Salud, Luis Felipe Graham, para ser candidato a gobernador. No era la primera opción de Granier Melo, pero en quien soñaba como sucesor, Mayans, no podría hacerlo porque el estatuto del PRI, al haberse ido un tiempo al PRD, se lo impedía. Graham no fue candidato porque las encuestas no lo favorecían, y en el PRI tuvieron miedo que si él era ungido, los sindicatos de la Secretaría de Salud tabasqueña dieran a conocer el expediente sobre desvíos en medicinas en 2009. Al final, ese escándalo dio comienzo a la pesadilla judicial de Granier Melo, quien no atajó en su momento lo que se volvería su cáncer.

El problema de las medicinas fue resuelto por Graham y Vázquez con restauración del dinero mediante la suspensión de 19 programas de salud y recorte de presupuesto a los hospitales en 2011. Por esa razón, el sucesor de Graham, Carlos M. Alcudia, es acusado por el Gobierno de Tabasco de encubrimiento, y el ex tesorero Saiz Pineda, quien autorizó el movimiento, tiene un presunto delito más por el cual defenderse.
 

Raymundo Riva Palacio
JUN 16

Un político solitario Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

La semana comenzó para Miguel Ángel Mancera en medio de un huracán que lo revolcaba con fuerza, sin control ni destino. Ocho días habían pasado desde que 12 jóvenes —se afirmaba— habían desaparecido de un bar a plena luz del día, a un costado del centro de reclutamiento de la Policía Federal, y a media calle de Paseo de la Reforma, donde miles de personas participaban en el paseo dominical en bicicleta. Mancera era víctima de la velocidad con la que circulaban los encabezados, como el de un periódico que dijo que se trataba de un “comando armado” que había “levantado” a los jóvenes, otro que aseguraba que no había funcionado ninguna de las cámaras en la ciudad para saber qué había sucedido, y uno más que mostraba videos que indicaban lo contrario.

Nada de ello podía confirmarse en ese momento, pero la percepción y el rumor lo arrollaban. La falta de pruebas en la prensa que diera sustento a sus gritonas informaciones no levantaban dudas sobre su veracidad, ni la contradicción entre los propios periódicos, despertaban sospechas sobre lo que podría ser la verdad. En las redes sociales aparecieron cuentas de la nada, que comenzaron a pedir su renuncia, y surgieron boots —robots cibernéticos— para hacer viral la exigencia.

Mancera parecía vulnerable y en una espiral incorregible. Superados por la velocidad con la que circulan informaciones, rumores y especulaciones que se mezclaron entre las redes sociales y los medios convencionales, fusión que dio carta de veracidad a cualquier especie, los colaboradores del jefe de Gobierno del Distrito Federal se escondían, como el secretario de Gobierno, Héctor Serrano, que tuvo que ser arrastrado por su jefe días después de la golpiza mediática en su contra para que diera la cara como jefe político del gabinete, o el secretario de Seguridad Pública, Jesús Rodríguez Almeida, que se fue a Nueva York a una gira de trabajo. El procurador Rodolfo Ríos, sin vehemencia para desmentir las falsedades publicadas y bajo presión para desentrañar el caso, estaba rebasado, y desde el Gobierno capitalino, personas ajenas a la investigación entregaban videos falsos a los medios.

El escenario era el mejor de los mundos para quienes desean que Mancera se descarrile. Los gatilleros de la izquierda más radical que navegan en las redes disparando a quienes representan una amenaza, continuaron su función de zapa contra el Gobierno capitalino. En los salones parlamentarios tampoco salieron defensores del jefe de Gobierno, menos aún en el PRD, que lo ven con recelo porque se maneja como un gobernante ciudadano, aunque identificado con el programa de izquierda para la ciudad y el país. El entorno de inseguridad que lo abrumaba, tenía ramificaciones indivisiblemente políticas.

Mancera no se ha afiliado al PRD porque, de acuerdo con las encuestas realizadas tras su elección como jefe de Gobierno, la victoria se la dieron no los perredistas, sino aquellos votantes que no son militantes e incluso tampoco simpatizantes del partido, a quienes les gustó y convenció. Gobierna con el PRD porque es el factor de gobernabilidad. Bajo esta ecuación Mancera tiene una sólida colaboración con el Gobierno de Enrique Peña Nieto que, a cambio, ha agradecido el no enfrentar un clima de tensión en la capital con apoyos presupuestales, algunos de los cuales, como en materia de agua, que ni siquiera estaban programados para este año.

La relación de Mancera con Peña Nieto produce mucho escozor en amplios núcleos perredistas. Sectores dogmáticos y tradicionalistas, consideran que la ausencia de una voz beligerante y de oposición sistemática, ha desdibujado el papel que tenía el jefe de Gobierno del Distrito Federal desde 1997, cuando llegó el PRD al poder, como contrapeso del Presidente. Ven también que el decoloramiento que achacan a la actitud de Mancera, abre las posibilidades al PRI para recuperar la capital federal. Los análisis y diagnósticos no son universales, y si bien ese planteamiento es perfectamente viable en una situación de conflicto, no está claro si en las condiciones actuales mantiene su vigencia.

La beligerancia como método no le sirvió a Andrés Manuel López Obrador para ser presidente en las dos ocasiones que lo buscó. Le faltaron los votos de aquellos no militantes ni simpatizantes del partido a quienes al final del camino, les causó temor. Su voz fuerte en materia social, sí ayudó a modular los programas del Gobierno federal y a tener que acudir en apoyo de los sectores que el candidato de la izquierda quería beneficiar. Es decir, si López Obrador no tuvo el poder, sí tuvo la influencia.

Marcelo Ebrard, quien empezó a gobernar la ciudad en el contexto de la polarización tras la elección de 2006, no pudo actuar como Mancera, y públicamente mantuvo una voz contestataria con el presidente Felipe Calderón. En privado era otra cosa. Se reunieron varias veces y mantuvieron una comunicación política fluida. Mancera, que asumió el poder en condiciones totalmente distintas, no necesitó el manejo sibilino de Ebrard, sino transparentar la política. La manera como lo ha hecho incomoda a personas como Ebrard, que quedó atrapado en la contradicción sociopolítica en 2006 y desapareció. Pero en el bando rival, les preocupa Mancera. “La política no era su campo, pero aprende rápido”, dijo un alto funcionario del Gobierno de Peña Nieto. “Es un adversario de cuidado al que hay que estar observando todo el tiempo”.

Una de las formas de manejar a Mancera, sugirió hace tiempo un colaborador de Peña Nieto, es que la inseguridad se cuele a la Ciudad de México. El secuestro de los jóvenes, vinculado al asesinato de un pandillero una semana antes, contribuyen a la construcción de esa idea. Mancera afirma que no hay inseguridad y que lo sucedido, son casos aislados. Pero no basta. El jefe de Gobierno lo vivió de manera dolorosa.

Tras el arranque de perros en la semana y la debilidad de su gabinete, incapaz de reaccionar con la velocidad que requerían y salir a servir como amortiguadores ante la opinión pública, Mancera tuvo que tomar la iniciativa y recorrer cuanto noticiero de televisión y radio le dio tiempo, y hablar con cuanta prensa pudo para transmitir el mensaje que sus colaboradores no habían dado. La presión sobre el procurador dio resultado y este viernes pudo cerrar el primer círculo sobre los desaparecidos: ya sabían cuándo y cómo entraron, y cuándo y cómo los secuestraron.

Los resultados ayudaron a la despresurización pero no terminan el problema para Mancera. No se trata de la seguridad, que es parte muy importante del componente pero no lo es todo. Se trata de cómo opera y reacciona su gabinete, primera línea de apoyo que tiene, y que lo tiene abandonado. Mancera tiene un problema de fondo en la arquitectura de su administración, que quedó evidenciado en esta primera gran crisis que tiene. La sacó adelante por él, pero un Gobierno no es unipersonal sino de equipo. La experiencia de esta semana debe obligarlo a reflexionar que sucedió para evitar otra semana similar a esta, donde apareció como un político muy solitario en el Palacio del Ayuntamiento.

rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Twitter: @rivapa
 

Raymundo Riva Palacio
JUN 9

El mandarín de Peña Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Luis Miranda es tan cercano a Enrique Peña Nieto, que es la única persona con la que el Presidente se anima a tomar un whiskey. La relación es tan íntima, que el primer Año Nuevo como inquilino en Los Pinos, la pasó con él. De no haber estado restringido por el estatuto del PRI que exigía que para el cargo a gobernante necesitaba haber tenido un puesto de elección popular antes, habría sido el candidato al Gobierno en el Estado de México. Desde las sombras, Miranda es el hombre de todas las confianzas políticas de Peña Nieto, y uno de los mexiquenses más influyentes.

Amigo de la infancia del Presidente, Luis Miranda se convirtió en el operador político florentino de Peña Nieto cuando fue gobernador del Estado de México. Era quien resolvía los asuntos delicados —como la forma como se fue administrando la crisis de la niña Paulette Gerbara, que apareció muerta al pie de su cama después de 15 días de que no la encontraban los investigadores mexiquenses—, o quien llevaba la relación con lo más alto de la clase política nacional —como el enlace con el ex presidente Carlos Salinas—. Miranda fue uno de los jóvenes funcionarios mexiquenses que integraron el llamado grupo de los Golden Boys, que rodeaba al gobernador Arturo Montiel, y que comandaba su secretario particular, Miguel Sámano. Miranda era entonces subdirector de Asuntos Jurídicos, debajo de otras figuras emergentes que después se apagaron, como Carlos Rello, coordinador de la campaña de Montiel y secretario de Economía, y Carlos Iriarte, que fue secretario de Desarrollo Social y actualmente alcalde de Huixquilucan.

De ese grupo, que se enfrentó en su momento al secretario de Gobierno de Montiel, Manuel Cadena, que los responsabilizó soterradamente del espionaje político mexiquense a principio de la década para sacudirse los ojos que lo culpaban a ellos, sólo Miranda escaló proporcionalmente con Peña Nieto, que lo hizo secretario de Gobierno durante su sexenio. Durante la precampaña para el Gobierno estatal, Miranda operó para eliminar a Isidro Pastor de la presidencia del PAN mexiquense y eliminar a quien estaba bloqueando a Peña Nieto para obtener la candidatura, donde derrotó al último contrincante enfrente, Alfonso Navarrete Prida, actualmente secretario del Trabajo.

Altamente confiable, emotiva y políticamente, Peña Nieto no pudo hacerlo candidato a sucederlo, pero lo colocó de manera permanente como una cuña debajo de su amigo el ex gobernador de Hidalgo, Miguel Ángel Osorio Chong.

De muy bajo perfil, Miranda tiene el oficio de los mandarines, que mueven la mano sin que se vea, mientras transfiere culpas y responsabilidades a otros. Peña Nieto lo nombró vicecoordinador político y de seguridad en el equipo de transición debajo de Osorio Chong, cuando el hidalguense se ocupaba más de aspectos de seguridad y Miranda tejía las redes políticas. En la Secretaría de Gobernación, Peña Nieto lo impuso como subsecretario del ramo, y le encargó la parte más volátil de los escasos cinco meses de gobierno, al responsabilizarlo directamente de la negociación política con el magisterio para respaldar la Reforma Educativa que trabajaron el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, y el jefe de la Oficina de la Presidencia, Aurelio Nuño.

Miranda es una pinza importante del grupo mexiquense enfrentado con el hidalguense, que son las dos regiones que predominan en el gabinete peñista, aunque con marcada predominancia del Estado de México. Osorio Chong tiene el acceso, pero no necesariamente el poder —o todo el poder. ¿Dónde está ese poder? Videgaray y Nuño lo tienen. También Miranda, a quien nadie fuera de los ojos más entrenados lo voltea a ver. Pero desde el Estado de México, fue un factor de equilibrio y poder detrás de Peña Nieto, y es considerado como el número uno en la fila para relevar al secretario de Gobernación, si se llegara a necesita.

Hábil e inteligente, Miranda no tiene todas las cartas consigo. Sus críticos gustan recordarle su papel como el responsable de interponer las denuncias penales contra los comuneros de San Salvador Atenco que se rebelaron en contra de la construcción de un nuevo aeropuerto internacional en la Ciudad de México en sus terrenos, luego de querer pagar un precio ínfimo —sostienen— por el metro cuadrado, que fue lo que detonó el conflicto que terminó con el proyecto.  También se le adjudica un mediocre manejo económico cuando fue secretario de Administración de Montiel, y propiciar una muy baja calificación crediticia del Estado.

Miranda ha sido blanco de ataques políticos, como cuando lo acusaron en la prensa de querer cambiar la orientación de la investigación en el Caso Paulette, o poseer decenas de propiedades a través de prestanombres. Ninguna de las imputaciones que se le han hecho a través de los años ha sido respaldada por documentación, pero circulan intermitentemente en perjuicio de su honorabilidad.

Hasta ahora, eso no ha sido relevante en su carrera ascendente, aunque nunca como ahora estuvo en la antesala del corazón político del país, ni había tenido rivales tan fuertes y cercanos a Peña Nieto, como algunos prominentes miembros del grupo hidalguense. Miranda, como lo ha probado sobradamente en el pasado, sabe operar sigilosamente desde las sombras, aguantar con paciencia oriental y, en algunos casos, hacerse a un lado para que pasen los demás. Después de todo, el Gobierno de Peña Nieto apenas está en sus primeros pasos. No hay prisa, y menos aún para el amigo y mandarín del Presidente.

rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Twitter: @rivapa
 

Raymundo Riva Palacio
JUN 2

El hereje del Presidente Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Todos los días, a escasos 50 metros de las oficinas del Presidente Enrique Peña Nieto en Los Pinos, se ve en mangas de camisa y a través de los muros de vidrio a Aurelio Nuño, jefe de la Oficina de la Presidencia. Sale muy poco de sus oficinas, donde se encuentra el panel de control del Gobierno mexicano. Todas las noches recibe un reporte de los secretarios de Estado sobre lo que hicieron ellos y sus subsecretarios durante el día, que transmite a Peña Nieto quien hace tiene un pie en la micro administración de su equipo. Desde esa oficina, todas las semanas se piden actualizaciones de los compromisos presidenciales en Power Point, como muestra de la generación digital en el poder.

Uno de los más jóvenes jefes de Oficina presidencial que ha habido —cumplió 35 años en diciembre—, es también uno de los más sofisticados que han pasado en la era de los políticos tecnócratas en el Gobierno desde 1985. Fuera de las estructuras de poder pocos lo conocen, pero entre sus interlocutores, reconocen que cada vez más, el Presidente le delega mayor responsabilidad. “Está metido en todo”, dice uno de los líderes de la oposición. “Y supongo que no es por metiche, sino por instrucción presidencial”.

Nuño no pertenece a la clase política mexiquense que satura la administración de Peña Nieto. Incluso, tampoco tiene una carrera asociada a ella. La suya comenzó en 2009, cuando acababa de terminar la maestría en la Universidad de Oxford, y entró a trabajar al Grupo Parlamentario del PRI en el Senado. De ahí saltó a la coordinación de asesores del presidente de la Comisión de Presupuesto en la Cámara de Diputados, Luis Videgaray, de cuya mano entró a la fraternidad mexiquense en la recta final del asalto al poder.

No ha sido un ascenso basado en amistades —a Videgaray nunca le habla de tú, sino de usted—, ni porque físicamente llena el estereotipo de esta generación en el poder. Ha sido el trabajo de un funcionario bien pulido en un campo que, para México, es totalmente innovador, el de la antropología política, que estudia los diferentes tipos de gobierno en función de cómo se estructuran en la sociedad civil.

Nuño comprende, como lo escribió en un artículo en la revista Alteridades de la Universidad Autónoma Metropolitana en 2005, que no existe una relación causal directa y unidireccional entre cultura y entendimiento, como es la línea de pensamiento dominante entre los politólogos. Además, entiende que las formas de participación política y el comportamiento de sus actores, están más relacionados con el tipo de estructuras de poder; es decir, con el tipo y la cantidad de controles que se tengan sobre el ambiente y no tanto con su cultura.

Llevada esta teoría al terreno de la praxis política, se podría argumentar que este enfoque fue el que empleó en la negociación de la Reforma Educativa con el representante de la maestra Elba Esther Gordillo, su yerno Fernando González, quien alegaba que la evaluación del maestro debía ser el fin, no el principio de la reforma. Cuando Peña Nieto presentó ese punto en la toma de posesión, fue uno de los momentos de mayor ovación de su joven Gobierno. Y por lo mismo, cuando la maestra fue encarcelada, no fue la cultura del caudillismo la que imperó, sino la relación del sindicato con las estructuras de poder —su sobrevivencia— y los controles sobre el ambiente —la posibilidad de extender las acusaciones penales, como un incentivo para alinearse—.

La llegada de Nuño a ese pensamiento no fue natural. En el inicio de su carrera de Ciencias Políticas y Administración Pública en la Universidad Iberoamericana, estaba animado por autores de corrientes distintas. Leía a Juan Linz, el gran teórico del autoritarismo, y a Robert Dahl, cuyo libro seminal Poliarquía, habla sobre un gobierno integrado por muchos gobiernos, característico de las democracias liberales actuales. Pero en una de las muchas pláticas sobre su pasión, Roberto Varela, fundador de la Universidad Autónoma Metropolitana y maestro de decenas de antropólogos, con quien tenía una relación familiar muy estrecha, lo sacudió. Le hizo ver lo obsoleto de su pensamiento y lo introdujo a Richard Newbold Adams, profesor emérito de la Universidad de Texas en Austin, teórico del poder social.

“El problema de los politólogos es que se dedican a estudiar estructuras de poder y no han sido capaces de desarrollar una teoría que explique qué es el poder”, le dijo Varela. “Sin una estructura clara y precisa sobre el poder, los análisis institucionales y de diseños constitucionales se reducen a argumentos ingeniosos y aparentemente lógicos que se pueden acomodar con facilidad al gusto del autor”.

Para Nuño, esa plática dominical en un restaurante del Sur de la Ciudad de México, significó un antes y un después. Lo empujó a ser un lector meticuloso y obsesivo de Adams, en cuyo ciclo regresó a la obra de Varela. Pero fue su “Expansión de Sistemas y Relaciones de Poder”, lo que haría la diferencia para siempre. “’El Flaco’ —como lo apoda cariñosamente—, logró convertirme en un hereje de la ciencia política”, escribió en Alteridades.

Al terminar la licenciatura, se fue a Oxford, donde obtuvo el grado de maestría en Ciencias Sociales Latinoamericanas en el St. Anthony’s College, la más cosmopolita de las siete escuelas de graduados de esa universidad, donde su tutor fue Alan Knight, el historiador británico que escribió el mejor libro, quizás, que jamás se haya publicado sobre la Revolución Mexicana.

La influencia de los autores que ha leído se pueden apreciar en el trabajo que hace para el Presidente Peña Nieto, al lograr sus objetivos mediante el control de los procesos energéticos que les interesan, parafraseando a Adams. Es lo que han hecho, por ejemplo, en el Pacto por México, donde el control de procesos y negociación con las élites de los partidos, permitieron establecer un ente de poder paralelo y meta constitucional para sacar las reformas que necesita Peña Nieto para cambiar el metabolismo a México.

Nuño está directamente involucrado en ese entramado. Pero no todo funciona de acuerdo con la teoría, y hay momentos donde el factor humano, que es una variable inestable, lo ha sacudido. No importa que tan inteligente sea —como se le reconoce— o preparado esté, la política requiere más que eso. Los demonios se salieron del clóset, como lo vieron cuando el Pacto estuvo a punto de desmoronarse. Otros en camino, tienen que ver con los compromisos adquiridos por el Presidente, que no hay manera de cumplir porque no hay dinero. No se hicieron las corridas financieras correctas y no hay presupuesto que aguante.

Los tiempos difíciles para Nuño ya llegaron, mucho antes de lo que hubiera querido, pero a tiempo para probar a todos que tiene la estructura y el talento para salir victorioso de esta prueba que, de otra forma, también puede acabarlo.

rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Twitter: @rivapa
 

Raymundo Riva Palacio
MAY 26

La apuesta de Peña Nieto Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

GUADALAJARA, JALISCO (19/MAY/2013).- Después de más de tres semanas de tumbos y empaparlo una crítica que lo había dejado seco durante cuatro meses, el Presidente Enrique Peña Nieto recuperó esta semana la iniciativa. Autorizó una operación política y policial para recuperar Michoacán, que había perdido la mitad de su territorio ante maestros, guerrilla y narcotráfico, ordenó un plan de estímulos al comercio para frenar la carestía de los productos de la canasta básica, y comenzó a sacudirse los lastres políticos, con el cese del procurador federal del Consumidor, Humberto Benítez Treviño, ante la pérdida de legitimad por un abuso de autoridad de sus subalternos. Entre tanto ruido no se apreció el golpe de timón que le dio a un navío que hacía agua.

Peña Nieto había ido navegando sobre mares tranquilos, libres de tempestades, cuando la revelación de que funcionarios de la Secretaría de Desarrollo Social planeaban con funcionarios de Veracruz el desvío de fondos públicos para fines electorales, le encontró un punto débil, la falta aún de empaque para administrar a bote pronto una crisis. No reaccionó bien ante el escándalo desatado cuando en Chiapas, el 20 de abril, dijo: “No te preocupes (Rosario Robles), hay que aguantar porque han empezado las críticas. Han empezado las descalificaciones de aquellos a quienes ocupa y preocupa la política y las elecciones. Pero nosotros, en este Gobierno, tenemos claro un objetivo claro que es acabar con el hambre”.

En 44 palabras, Peña Nieto crucificó a su secretaria de Desarrollo Social. El líder del PAN, Gustavo Madero, quien hizo la denuncia, le replicó al Presidente que no era una crítica sino una denuncia. La exhibición política y semántica que hizo Madero del Presidente fue acompañada con el retiro temporal del PAN del Pacto por México, en el cual lo acompañó el PRD. El nuevo Gobierno tuvo no sólo su primera crisis política, sino que amenazó con vaciar de discurso y contenido al Presidente Peña Nieto, y puso en riesgo la olla donde se cocinan las reformas estructurales que prometió y sobre las cuales el mundo lo colmó de elogios.

La reacción políticamente correcta en Zinacatán era un discurso enérgico donde le pedía a la secretaria que investigara y sancionara a los responsables. Hizo lo contrario. La solapó en un arranque de cariño personal pero de insensibilidad política. Robles, de cualquier forma, hizo lo que debía y cesó a los funcionarios en Veracruz, pero no pudo quitarse el puñal que el Presidente, sin darse cuenta, le clavó en la espalda. Para salvar al Pacto, Peña Nieto y los secretarios de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y de Hacienda, Luis Videgaray, persuadieron a Madero y al líder del PRD, Jesús Zambrano para sentarse nuevamente en la mesa, con la promesa de blindar aún más los procesos electorales.

Peña Nieto había perdido el teflón. Robles recibió una paliza mediática generalizada que aguantó estoicamente, tras la orden de la Presidencia que se callara y, ahora sí, aguantara. Días después, la hija de Benítez Treviño y altos funcionarios de Profeco, incurrieron en un abuso de autoridad, con lo cual la prensa, con una ferocidad inusitada para el tipo de arbitrariedad, le dispararon con el calibre más alto al procurador Benítez Treviño. Los dos funcionarios son muy cercanos al Presidente, por lo que la pregunta de si en realidad la crítica era para ellos o para Peña Nieto, tomó carta de identidad en la opinión pública. El Presidente tuvo un mes, más propio de quinto año de Gobierno que de 180 días de administración. Se evaporó el impacto de la captura de la maestra Elba Esther Gordillo, porque los maestros disidentes le incendiaron Guerrero y Michoacán y le pararon la Reforma Educativa. El de la visita del presidente de EU, Barack Obama, con discursos muy laudatorios de Peña Nieto, fue efímero ante la guerra de cárteles en Michoacán.

El empujón contra el Presidente fue la economía. Todos los indicadores industriales se cayeron, mientras que los precios de la canasta básica se incrementaron hasta en un 400 por ciento. El crecimiento en el primer trimestre fue de uno por ciento, a la vez que el peso sobrevaluado golpeó a las exportaciones y dañó aún más a las manufacturas. Las tres crisis se venían conformando en una tormenta perfecta: la política, la social y la económica. El avanzar simultáneamente iba a provocar, si no el colapso del Gobierno, una derrota muy prematura ante la descomposición acelerada por un discurso fallido.

Pero esta semana, Peña Nieto sacó la cabeza. Aceptó la condición del PRD para incorporar a los maestros disidentes a la mesa del Pacto por México, y al PAN le entregó una concesión política un poco absurda pero exigida: cumplir la ley, como está escrita en la ley. Es decir, comprometerse a cumplir con lo que ya es ley. ¿Pero qué importa la galimatías si con ello se salva el Pacto por México y con ello la Presidencia de Peña Nieto? En el fondo esto es lo que se puso en juego.

El Gobierno de Peña Nieto no tiene más ruta de navegación que lo que se acordó con el Pacto, que es un instrumento donde se deciden cuáles son las reformas que vienen y se envían a las cámaras pre-aprobadas. Sin el Pacto perdía el rumbo el Presidente y su Gobierno se desdibujaría. Sólo tiene un año real para hacer las reformas de fondo que prometió, y sobre las cuales quiere reconstruir económica y políticamente el país. Sin él sería un Presidente más que prometió y no cumplió. ¿Cuánto le ha costado mantener vivo el Pacto por México? No se sabe aún, pero si tiene éxito, toda la crítica actual pasará como un pie de página en la Historia, y los costos que hoy pagó, se convertirán en los beneficios que sueña cambiarán el rumbo del país.
 

Raymundo Riva Palacio
MAY 19

Renacimiento Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Dueño del momento, Gustavo Madero se apoderó del dramatismo escenográfico. Nadie esperaba ningún sobresalto en el relanzamiento del Pacto por México, que entró en crisis luego que Madero denunció el uso de recursos públicos con fines electorales en Veracruz. Todo parecía superado, pero en la ceremonia de la reactivación del pacto, con la firma de acuerdos que blindan los programas sociales, Madero mostró que las heridas en la oposición son muy profundas.

Cuando le llegó el turno de hablar, inesperadamente sacó la fotografía de una plaza de toros en Coahuila tapizada de camisas rojas. Acusó un acto proselitista encabezado por el gobernador Rubén Moreira, donde se probaba una vez más, decía, la injerencia de los gobiernos priistas en campañas electorales. “Esta realidad se ha anidado en nuestro sistema político desde hace 100 años”, dijo Madero ante el sorprendido testigo de honor, el Presidente Enrique Peña Nieto. “Esta realidad se ha convertido en cultura política basada en prácticas clientelares, autoritarias y corruptas que forman parte del paisaje nacional”.

Madero está en la cima del liderazgo al frente del PAN y a la cabeza de los millones —contados en votos en contra de Peña Nieto en la elección presidencial—, a quienes no les gusta el PRI en el poder. Paradójicamente, Madero quien estaba anulado dentro del PAN por su participación decidida en el Pacto, y al que sólo el oxígeno boca a boca que le inyectó el Gobierno de Peña Nieto, evitaba su colapso, renació con una fuerza que nunca tuvo, sobre el PRI y el Presidente.

Madero está en su mejor momento. Haber negociado en secreto con el equipo de transición de Peña Nieto la agenda de Gobierno del Presidente entrante durante tres meses, le costó capital político cuando se supo lo que había hecho a espaldas del PAN. El entonces presidente Felipe Calderón le cerró la puerta cuando en vísperas del relevo de poder fue a contarle los detalles del todavía desconocido Pacto por México. Los calderonistas lo consideraron un entreguista y la debilidad que le produjo el alud de críticas, le quitó fuerza interna en el partido. “Nadie le hace caso”, dijo uno de los estrategas del PAN antes de que estallara el escándalo en Veracruz. “Ni siquiera puede colocar candidatos”.

El dirigente del partido estaba neutralizado. Los grupos del PAN se disputaban el liderazgo, y en el choque de facciones, la única que derrotada de antemano era la de él. Bocabajeado, el pacto era lo único que lo sostenía ante la imposibilidad de todos los panistas de repudiarlo, por el costo político que les significaría. De repente, un neopanista que se encontraba en el bando de Calderón y su esposa Margarita Zavala, aliado con el senador Ernesto Cordero, le cambió la vida. Miguel Ángel Yunes, el dolor de cabeza para el PRI en Veracruz, recibió de una regidora priista en busca de venganza contra el secretario de Finanzas, le dio videos y grabaciones de reuniones de él con representantes de la Secretaría de Desarrollo Social donde hablaban de utilizar programas sociales con fines electorales. Madero y Yunes denunciaron el hecho que le arrebató la iniciativa política a Peña Nieto.

El líder del PAN ratificó su marca de caballo que gana siempre viniendo de atrás. Formado como político tras una vida empresarial en Chihuahua, el nieto de Evaristo, hermano de Francisco I. Madero, pertenece a un grupo de panistas pragmáticos que siempre estuvo enfrentado a los doctrinarios del PAN, en donde se encontraba Calderón. A contracorriente coordinó a los senadores del PAN en la anterior legislatura, y se lanzó por la presidencia del partido.

Calderón prefería a su secretario particular Roberto Gil, pero optó por no incidir entre los panistas hasta que, en vísperas de la votación, al ver que Madero tenía grandes posibilidades de la victoria, buscó descarrillarlo. Demasiado tarde. Madero ya había hecho alianza con la extrema derecha del PAN y derrotó al candidato de Calderón, quien solía maltratarlo y hablar con él sólo lo indispensable. Madero ayudó a Josefina Vázquez Mota a ganar la candidatura presidencial, pero fue marginado de la campaña, por lo que los pésimos resultados que tuvo su partido el año pasado, no se los pudieron adjudicar.

En el contexto de crisis en el PAN y ausencias de liderazgos claros, inició la negociación con el equipo de Peña Nieto, que lo apuntalaron para que, aun en forma artificial, se mantuviera como un líder funcional. Los calderonistas no querían el pacto y le dijeron una semana antes de que se anunciara, que se saliera. Madero no lo hizo, y el quid pro quo le funcionó. Primero le inyectó vida. Luego, con el escándalo en Veracruz, todo el PAN se tuvo que formar atrás de él. Su puesta en escena este martes con la fotografía de Moreira y el PRI, le dio más fuerza y elevó el costo de la negociación para el gobierno.

¿Qué busca Madero? Con 14 elecciones locales a menos de tres meses, Baja California, el único Estado donde se juega la gubernatura, es la más importante. Ahí fue donde hace un cuarto de siglo el PAN ganó su primera silla estatal, resultado de las llamadas concertacesiones, y no ha perdido desde entonces. El fantasma de aquél episodio revolotea nuevamente. “Si se quiere evitar una nueva concertacesión, Fernando Castro Trenti tiene que aplastar al PAN”, dijo un estratega priista. Castro Trenti piensa que menos de cinco puntos pueden poner en riesgo su eventual victoria.

¿Será el pago mayor que puede dar Peña Nieto a Madero por mantener al partido en el Pacto? Para el Presidente, Baja California es un costo menor al beneficio de sus reformas. Para el líder del PAN, es una nueva prueba para su sobrevivencia. Si pierde Baja California, se hundirá. Si gana, se queda con el partido. Ahí está la nueva frontera para ver si el renacimiento de esta semana fue efímero o le ayudará en su retiro y su legado.

rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Twitter: @rivapa
 

Raymundo Riva Palacio
MAY 12

El nuevo cisne Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

La vida de Eugenio Imaz cambió en menos de una década por la puerta por donde menos se imaginaba. Rubio y bien parecido, fue un actor frustrado que acarició el cine como co-protagonista de “La India María” en el filme de 1983 El Coyote Emplumado. Enamorado de las cámaras, no pudo en el cine pero entró a trabajar a Imevisión, la antigua televisora del Gobierno, donde tampoco figuró. Emigró a Hidalgo a buscar suerte, y la encontró. Tras un tiempo como conductor de noticias en radio y televisión, el gobernador Jesús Murillo Karam lo hizo su ahijado político, lo nombró director general de comunicación social, y lo empujó a una carrera política.

Imaz no trabajó con el siguiente gobernador Manuel Ángel Núñez Soto, y estuvo casi todo el sexenio en Canadá. Regresó al final de esa administración, y se vinculó a una joven promesa en la política local que, cuando llegó al poder, lo hizo su colaborador. Ese gobernador era Miguel Ángel Osorio Chong, a quien su gran amigo el Presidente Enrique Peña Nieto lo nombró responsable de la política interna. De su mano, Imaz se convirtió, invisible ante los ojos de todos, en uno de los hombres más poderosos en el nuevo Gobierno.

El nombre de Imaz no ha salido a la luz en estos días, pero no deja de estar en las noticias. Es él a quien Osorio Chong, se refiere como el responsable de centralizar la colaboración de Estados Unidos en inteligencia y contra el crimen, y quien con el cambio de diseño institucional, encabeza la revolución más profunda en el trato con las agencias de ese país que se tenga memoria. La puerta de Imaz tendrá que ser tocada por más de 12 agencias de inteligencia de Estados Unidos antes de entrar a México, lo que modifica radicalmente la vieja política gubernamental de enlaces directos con sus contrapartes.

Este ajuste tiene iracundo a Washington, a cuyas agencias le abrió la puerta el gobierno de Felipe Calderón como nunca antes nadie en México hizo, y convirtió a su gabinete de seguridad en un ente altamente dependiente de inteligencia y recursos tecnológicos, en cuyo camino, varias dependencias federales pasaron a ser subordinadas de un mando extranjero. Con su llegada al cisne, como le llaman internamente al Cisen, y la nueva forma de trabajar con Estados Unidos para salvaguardar la seguridad nacional, Imaz se convertirá en el hombre mejor informado de este país.

Pero no necesitaba una nueva asignación para comenzar a serlo, y no perdió el tiempo cuando lo nombraron director del Cisen. Aprovechó la confusión y el desconocimiento tecnológico en las áreas de la seguridad pública federal, y mandó camiones de mudanza al búnker que ocupaba la extinta Secretaría de Seguridad Pública para recoger todos los sistemas de comunicación e intercepción telefónica que tenían, un equipo de tecnología de punta que estaba inutilizado desde la llegada del nuevo Gobierno. Imaz logró, con las manos en la cintura, lo que en una de las más enconadas luchas del sexenio anterior, no logró el ex jefe del Cisen, Guillermo Valdés: que la tecnología para espiar, pasara del órgano que combate al crimen al que cuida de la seguridad nacional, donde una de las carreteras que atraviesa es la política.

Los resultados fueron inmediatos. El más notorio, la detección del atentado en contra de los hermanos Ricardo y David Monreal, parlamentarios de la izquierda, que estuvieron a punto de morir de no haber sido por el Cisen que descubrió el complot. El último, la operación donde se detuvo a Inés Coronel, el tercer y último suegro de Joaquín “El Chapo” Guzmán, de quien era uno de sus colaboradores financieros más cercanos. Lo que antes hacía Seguridad Pública, ahora lo hace el Cisen, donde Imaz, en esta semana de turbulencia en la relación con Estados Unidos por las críticas al cambio de estrategia del Gobierno de México en contra del crimen organizado, surgió como el hombre que será la ventanilla única para las agencias de inteligencia de ese país que quieran operar en territorio mexicano.

Eugenio Imaz es nieto de un gran filósofo español refugiado, de donde toma su primer nombre, e hijo de un matemático, Carlos Imaz, de donde toma el nombre de pila su hermano, fundador del Consejo Estudiantil Universitario y del PRD, esposo de Claudia Sheimbaum, una de las políticas más cercanas al líder de la izquierda social, Andrés Manuel López Obrador. Hasta recientemente estuvo casado con la hermana de Rodolfo Chavero, uno de los principales panistas en Hidalgo. Pero nunca fue del PRD, como su familia, ni el canto azul lo sedujo. Desde que inició su carrera política fue priista, por lo que es considerado “la oveja negra de la familia”.

Murillo Karam lo hizo secretario de Desarrollo Económico, y tras su estadía en Canadá, a fines del gobierno de Núñez Soto se hizo cargo de la Fundación Colosio en Hidalgo. Ahí comenzó a forjar su relación con Osorio Chong, quien lo nombró jefe de asesores y más tarde secretario de Planeación y Desarrollo Regional, donde la compra del polígono en Tula para la prometida Refinería del Bicentenario, lo llevó a ser un hombre de todas las confianzas del gobernador.

Desde su cargo en esa secretaría construyó discretamente un brazo de recolección de información estratégica para la toma de decisiones, y cuando terminó Osorio Chong el Gobierno, lo acompañó a la campaña presidencial de Peña Nieto, donde fue uno de los responsables de buscar financiamiento. Cuando se decidieron los cargos en el gabinete, el secretario de Gobernación lo llevó al Cisen, una dependencia que encontró, de acuerdo con fuentes gubernamentales, destrozada.

Los gobiernos panistas la desmantelaron. Primero Eduardo Medina Mora, en el Gobierno de Vicente Fox, redujo significativamente la capacidad de inteligencia humana con despidos masivos. Después Valdés, con su nulo conocimiento en la materia. García Luna contribuyó cuando se llevó un grupo de expertos de alto nivel a la Agencia Federal de Investigaciones y a la Policía Federal, y nuevamente Medina Mora ahondó el desmantelamiento al llevarse a más de ellos a la PGR en el Gobierno de Calderón. Fox no le inyectó recursos, y con Calderón, Valdés perdió las batallas presupuestales en el gabinete de seguridad. Imaz, afirman las fuentes, empezó la reconstrucción de la inteligencia humana con agentes que fueron despedidos, y se ha estado allegando de los insumos tecnológicos.

Imaz es un hombre afable, aunque a veces es intolerante en discusiones. Es uno de los dos grandes operadores de Osorio Chong en el gobierno peñista –el otro es Cuauhtémoc Ochoa, subsecretario de Fomento de Semarnat–, pero mantiene su excelente amistad con Murillo Karam, actualmente procurador. Eficiente en Hidalgo, hasta ahora ha probado poder con la nueva tarea encomendada, de alta secrecía y confidencialidad, que entra en una contradicción caprichosa al ser propietario en Hidalgo, de un periódico, El Reloj, que deja asomar la vena mediática que lo marcó en los orígenes de su vida profesional.
 

Raymundo Riva Palacio
MAY 5

Herminio Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Herminio Blanco existía hasta hace pocos meses sólo en la memoria de unos cuantos. Pero desde el 8 enero, cuando anunció que buscaría la dirección general de la Organización Mundial de Comercio (OMC), su nombre se convirtió en una referencia nacional. Blanco, quien a veces parece taciturno, quiere ahora que lo conozcan todos. En menos de cuatro meses dio 105 entrevistas a medios mexicanos y extranjeros y siete conferencias de prensa –quizás más de las que dio como secretario de Estado en los noventa–, publicadas en 13 idiomas, como parte de una campaña de promoción que ha apoyado el Gobierno como ninguna otra que se recuerde.

Blanco es la carta por la que se han volcado todos los recursos políticos y diplomáticos mexicanos. El Presidente Enrique Peña Nieto hizo cabildeo personal con algunas naciones, como China, y lo ha llevado a varias giras en respaldo a su candidatura, como en esta semana a Haití. El canciller José Antonio Meade ha hecho lo mismo con sus colegas y comisionó a una embajadora, la ex subsecretaria para asuntos multilaterales, Lourdes Aranda, para que dirigiera la campaña en el mundo.

Desde enero, Blanco ha visitado 34 países en cuatro continentes y hablado, entre otros,  con 11 jefes de Estado, cuatro viceministros, 58 ministros y 75 jefes de asuntos comerciales y económicos, en una campaña intensa que juega, a la vez, como la primera prueba de influencia del Gobierno de Enrique Peña Nieto en el mundo. El rival de Blanco es el embajador de Brasil –país adversario diplomático histórico de México–, ante la OMC, Roberto Azevedo.

Blanco llevaba más de una década alejado del servicio público, cuya carrera fue caracterizada por un bajo perfil político, refractario ante los medios de comunicación. Perteneció a la generación de técnicos que desde mediados de los ochenta se apoderó del poder en México y que durante dos sexenios consecutivos mantuvo la presidencia. No hay duda que fue uno de los arquitectos más eficaces en la construcción de una economía que tenía prisa por conectarse al mundo y que hoy, con su palmarés como mejor carta de presentación, busca coronar su vida profesional en esa organización.

La vida de Blanco estuvo diseñada hasta mediados de los ochenta, para caminar en la academia. Egresado del ITAM, como toda la clase gobernante desde entonces, se doctoró en Economía en la Universidad de Chicago y se convirtió en uno de los econometristas más reconocidos en México. Dos años después de salir de Chicago, llegó a la Universidad de Rice en Houston como profesor asistente. Al no obtener el tenure –un contrato permanente– tras cinco años en Texas regresó a México a dar clases en su alma mater. Ahí, como todo el primer gabinete económico e ideológicamente neoliberal en México, fue reclutado para trabajar en el Gobierno de Carlos Salinas.

Blanco era en ese gobierno un miembro natural del equipo salinista. Los diferentes eran aquellos que provenían de otras escuelas de pensamiento. Un secretario de Estado en esa época, a quien las políticas económicas instrumentadas por el gobierno salinista afectaron su esfera de influencia, criticaba la falta de “universo” de muchos de los tecnócratas en el gabinete, y en particular Blanco, cuyo mundo, decía, “era Houston”. Pero el universo, para ese equipo, era de ellos.

Durante su campaña presidencial, Salinas nunca habló del libre comercio como uno de los ejes del desarrollo. Cambió radicalmente cuando muy temprano en su Gobierno asistió al Foro Económico Mundial en Davos y vio que la atención de los inversionistas del mundo la tenía Europa, tras la caída del muro de Berlín, por lo que planteó en secreto a Estados Unidos un acuerdo de libre comercio. Salinas responsabilizó de la negociación al secretario de Comercio, Jaime Serra Puche, y este hizo a Blanco, su subsecretario, jefe del equipo. El Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá entró en vigor el último año del Gobierno salinista, donde el trabajo de Blanco hizo que el siguiente presidente, Ernesto Zedillo, lo nombrara secretario de Comercio.

Blanco negoció otros 32 tratados de libre comercio, que llevó a México a ser el país con más acuerdos de esa naturaleza en su momento, que adelantaron la tendencia de pactos que después dominara al mundo. El TLC injertó a México al sistema productivo al de Estados Unidos, lo que le permitió encadenarse a una maquinaria de desarrollo y reducir inestabilidades en su política económica, pero el costo fue la claudicación de una política industrial que estimulara la producción interna y balanceara al país.

Pero para alcanzar la dirección general de la OMC, las críticas sobre políticas domésticas son secundarias. De hecho, puede jugar a favor de él y en contra de Azevedo en la decisión final. Si bien en ambos casos se reconoce la capacidad técnica a los dos candidatos –aunque al brasileño se le considera “junior” ante la experiencia del mexicano–, otro gran activo de Blanco no es él sino el país. Durante los últimos 30 años, mientras México se abrió al mundo, Brasil mantuvo un férreo proteccionismo. Sin embargo, como alertó un diplomático, existe una línea de pensamiento en la OMC donde piensan que Azevedo podría ser crucial para impulsar desde dentro un cambio en Brasil, como si fuera la cuña del mismo palo.

El juego está abierto. Lo que en un principio parecía subir a una montaña muy empinada, pese a que México siempre pensó que la candidatura de Blanco era buena dada su experiencia y biografía, en la actualidad las posibilidades de victoria se han elevado significativamente. Estas elecciones tienen que ver con la matemática; es decir, con los votos. Hasta hace unas semanas Brasil, que ha tenido una diplomacia significativamente más activa que la mexicana, parecía tener el número suficiente de adherentes. Pero una división en África, le dio un gran impulso a Blanco.

Brasil ha tenido una diplomacia permanente con África, donde tiene embajada en casi todas sus capitales –contra siete de México–, pero el trabajo de cabildeo de Blanco ha sido quirúrgico. De los países visitados por él, 10 son africanos, pero no en el cono Sur, donde la presencia brasileña es abrumadora, sino en el corazón verde del centro del continente, y en el Magreb. En América del Sur, el respaldo es de Chile y Perú, así como de Centroamérica, sin mucha esperanza del Caribe. Norteamérica preferirá a su socio, y Europa y Asia se dividirán. O al menos, así se creen las tendencias.

La votación final se espera a finales de mayo, cuando la OMC pasará a ser dirigida por primera vez por un latinoamericano, y tendrá como objetivo principal reactivar la ronda de negociaciones de Doha para liberalizar el comercio, muerta hace años. Blanco y México siempre fueron promotores de esa apertura; Brasil no. Pero no es un asunto de principios, ni siquiera incluso, al final del camino, de biografías y propuestas. Es de votos y diplomacia. Blanco no juega solo en esto, sino va de la mano del Gobierno de Peña Nieto, donde la victoria o la derrota tendrá que ser compartida.

rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Twitter: @rivapa
 

Raymundo Riva Palacio
ABR 28

El fiscal en entredicho Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Cuando el presidente Felipe Calderón designó a Marisela Morales como su tercera procuradora en el sexenio en la primavera de 2011, parecía el sueño de los panistas para el año electoral que se venía. Había sido funcional al Ejecutivo, y por sus antecedentes, existía la posibilidad de que, dado el momento y la necesidad, torciera la ley en beneficio de objetivos políticos. “Denme el beneficio de la duda”, replicó a este espacio cuando se le  criticó. “Nunca lo he hecho y nunca lo voy a hacer”.

El 19 de abril de ese año se publicó en la columna Estrictamente Personal: “Morales es la metáfora de la burócrata que por disciplinada y gris llega a la cúspide de su carrera. Fue revivida por el entonces procurador Eduardo Medina Mora, que la nombró jefa de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), tras descubrir que sus mandos trabajaban para el narcotráfico. En una paradoja que marcó su destino, estaba tan excluida y arrumbada en la última fila de la SIEDO que no fue contaminada por la corrupción imperante.

“Entró al cargo empapada de miedo. No quería aparecer en conferencias de prensa y en las primeras en las que participó pedía que no le tomaran fotografías de la cara. Entró en la tormenta de la ‘Operación Limpieza’… Lo que sí le encargaron fue el llamado Michoacanazo, la acción en que se detuvo a una treintena de políticos michoacanos por su presunta vinculación con los cárteles de la droga. Prácticamente todos los detenidos se encuentran en libertad, en parte porque no se integraron al expediente todas las pruebas de que disponían las autoridades. La jefa de la SIEDO no hizo bien su trabajo, debido a lo cual una operación judicial de gran envergadura se convirtió en un asunto meramente político. Jurídicamente, se puede argumentar que fue un fiasco. No importó en su designación. La forma como se ha prestado a la politización de casos jurídicos parece ser hoy una virtud.

“El caso más famoso fue el desafuero contra el entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, cuando lo acusaron de haber violado la suspensión de un amparo en el predio El Encino. El caso, paradigmático en el gobierno de Vicente Fox, lo construyó el procurador Rafael Macedo de la Concha, quien responsabilizó de ello a Morales, que era la coordinadora general de Investigaciones de la PGR… En vísperas de que se girara orden de aprehensión en contra de él, Fox fue persuadido del error político que estaba cometiendo —por una falta administrativa menor que alcanzaba fianza— y reculó.

“El desafuero de López Obrador causó el despido de Macedo de la Concha y el retiro temporal de la PGR de Morales, quien ya había abusado antes de su poder. En 2005 se le abrió una investigación por falsificación de pruebas y delitos contra la administración de justicia, por haber acusado a Benjamín Sánchez Magallán, ex coordinador de la Unidad Especializada en Delincuencia Organizada —antecesora de la SIEDO—, de sustracción de documentos del caso del crimen del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo.  Morales lo acusó en 2003 de desaparecer la declaración del nuncio papal Jerónimo Prigione, por lo que lo arrestaron. Sánchez Magallán se amparó y la denunció por las irregularidades en su consignación”.

Cuando con esos antecedentes se le señaló de ser funcional a los intereses del Ejecutivo, ella protestó. Se le dio en aquél momento el beneficio de la duda y que, como se había escrito, cambiara la idea de que “por años ha chapaleado en el lodo, como soldado incondicional del Presidente en turno, a costa de la ley que está obligada a procurar”. Tres años después, con el PAN fuera del poder, las cosas se le volvieron a voltear. Esta semana, el tramo de la “Operación Limpieza” que le tocó realizar, se derrumbó y aquellos a quienes metió en la cárcel como parte de una purga de funcionarios contra el narcotráfico, la acusan hoy de falsificación de pruebas.

No son nuevas las imputaciones y ella misma, a lo largo de este tiempo, las fue negando. Contaba, en cambio, todo el trabajo que hacía. Desde que como jefa de la SIEDO viajó múltiples veces para hablar con “Jennifer”, el testigo protegido de la DEA y pieza central en la “Operación Limpieza”, y posteriormente como procuradora a Texas, para entregar información a jueces federales sobre ex gobernadores priistas en Tamaulipas. Como el caso del Michoacanazo, que inició Medina Mora y profundizó ella le costó la gubernatura al PRD –no la ganó el PAN porque el gobernador Leonel Godoy movió la maquinaria de la izquierda a favor del PRI en el último mes de campaña-, en Tamaulipas le costó dos puntos al PRI en la campaña presidencial y un desprestigio que afectó la imagen del candidato Enrique Peña Nieto.

Morales había regresado a la PGR con Medina Mora por recomendación del secretario de la Defensa, general Guillermo Galván, y se convirtió en su gente de confianza durante la “Operación Limpieza”. Cuando Medina Mora renunció por no querer usar la justicia para fines políticos contra el PRI, como sí hizo contra el PRD, propuso a Morales en la terna, pero el Presidente se inclinó por Arturo Chávez, que tuvo un paso efímero por la PGR porque no aceptó mezclar la ley con la política.

Llegó el turno de Morales, quien siempre tenía en la punta de la boca una frase que repetía como si fuera la descripción de su vida: “Cuando te toca, aunque te quites; cuando no te toca, aunque te pongas”. ¿O no es así?, afirmó una vez ante su interlocutor como si fuera pregunta. No había, en efecto, mejor frase que se le aplicara, en todos los sentidos. Ese destino que tuvo en algún momento, ha girado caprichosamente ahora en busca de otro destino, muy ominoso, que la persigue.

rrivapalacio@ejecentral.com.mx

twitter: @rivapa
 

Raymundo Riva Palacio
ABR 20

Echeverría en blanco y negro Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Santiago 126, en San Jerónimo al sur de la Ciudad de México, es una dirección que no dice nada a muchos. La puerta de madera es discreta y con el ancho para sólo un vehículo. Al cruzarla se abre un gran jardín que creció en una hondonada. En el fondo se encuentra una casa, no inmensa, nada espectacular. Es donde Luis Echeverría ha vivido por casi medio siglo y que habla en silencio de su personalidad. Los muebles son mexicanos y alrededor de lo que era la mesa familiar, sólo hay equipales. La vajilla es de Talavera y los cuadros que saturan las paredes son Riveras, Orozcos y Tamayos. Hay libros apilados por todas partes y fotografías de la historia gloriosa del presidente de México que soñó en el Tercer Mundo.

Echeverría tiene 91 años y la historia no lo deja en paz. Pero no por las razones que ambicionó algún día. Esta semana WikiLeaks difundió alrededor de un millón de cables diplomáticos, incluidos miles de documentos del periodo de Henry Kissinger como secretario de Estado de Richard Nixon y Gerald Ford, en los cuales hay decenas que tienen que ver con el ex presidente, y que en la visión crítica de quienes los redactaron, se muestran los blancos y negros de un político que no polariza, sino que enciende la ira en su contra. Los cables, particularmente aquellos firmados por el embajador de Estados Unidos en México durante los setenta, Joseph John Jova, son tan críticos que parecen, si el referente es el nacionalista, un elogio.

Político de formación burocrática, Echeverría fue una persona cuya cara no mostraba sentimientos. Frío por dentro y por fuera, fue funcional como secretario de Gobernación durante la administración de Gustavo Díaz Ordaz, un colaborador al que no le temblaba la mano para actuar, como cuando a los pocos meses de su sexenio, tras haber heredado el movimiento médico, ordenó su represión con grupos de choque de burócratas, la toma de tres de los grandes hospitales en paro con médicos militares, secuestros de enfermeras, despido de doctores y el encarcelamiento de sus líderes.

El sistema era rígido y en 1968, como parte del levantamiento juvenil contra un mundo construido sobre las ruinas de la Segunda Guerra Mundial, estalló en México y en otras ocho naciones, la rebelión estudiantil. Creció por la represión policial y la negativa del Gobierno a abrirse políticamente. La conclusión el 2 de octubre de 1968 fue una matanza en Tlatelolco, que ha sido ampliamente documentada a diferencia de la lucha en el gabinete donde Echeverría respaldó la mano dura Díaz Ordaz, contra la postura conciliadora del secretario de la presidencia y viejo amigo del presidente, Emilio Martínez Manatou. Sin pruebas suficientes para demostrar la hipótesis, se ha planteado que ese conflicto definió también la candidatura en 1969, que le permitió a Echeverría ser presidente en 1970.

Los cables de WikiLeaks no hablan de Echeverría como secretario de Gobernación, ni su papel como un activo de la CIA —como definían a personas en posiciones de poder que servían a intereses de Estados Unidos—, como lo denunció el ex agente Philip Agee en un demoledor libro sobre latinoamericanos al servicio de la compañía en 1975. Dos años después, el reportero Bob Woodward publicó en The Washington Post que por sus servicios, Echeverría había estado en la nómina de la CIA. Pese a ello, reflejó Jova en sus cables, veía con escepticismo a Echeverría, quien al llegar a la presidencia se volvió un cruzado de los países del Tercer Mundo.

Echeverría tomó ese rumbo socialdemócrata, aunque era un rabioso anticomunista. Perverso y vengativo, puso una trampa a Alfonso Martínez Domínguez, muy cercano a Díaz Ordaz y que cuando fue presidente del PRI, opinó en contra de Echeverría para que fuera el candidato presidencial. Una vez en el poder, Echeverría lo nombró regente de la Ciudad de México, y en 1971, una manifestación estudiantil para recordar el 2 de octubre, fue reprimida con trabajadores del Metro y grupos de choque integrados por policías y militares, provocó su caída. Martínez Domínguez no sabía de esos grupos, ni tampoco lo que se había preparado para esa tarde del 10 de junio en las calles de la Ciudad de México.

La experiencia de 1968 llevó a Echeverría a co-optar algunos de los intelectuales que simpatizaron con el movimiento o que habían coqueteado años antes con movimientos armados. Sedujo a escritores como Carlos Fuentes y Fernando Benítez, e incorporó al Gobierno a políticos como Cuauhtémoc Cárdenas y Víctor Flores Olea. El Jueves de Corpus, como se le conoció a la represión de 1971, resultó también en el surgimiento de las guerrillas, al concluir varias decenas de mexicanos que no había ninguna otra forma de enfrentar al poder. Los años de la Guerra Sucia iniciaron.

Su Gobierno estuvo lleno de paradojas. En concordancia con las políticas de Estados Unidos, expulsó a más de 50 diplomáticos soviéticos, que habían hecho de México una de las oficinas de la KGB más importantes del mundo, y denunció a Corea del Norte por entrenar guerrilleros mexicanos. Pero, al mismo tiempo, cuando el presidente Nixon lo amenazó con tomar represalias si votaba por la incorporación de China a las Naciones Unidas, dio instrucciones a la cancillería de cabildear a favor de la entrada de Beijing al sistema de naciones internacional. Las amenazas nunca se cumplieron.

Echeverría fue el único presidente que tuvo una política de apertura hacia África y que exploró Asia. Fue un latinoamericanista que respaldó siempre a Salvador Allende y cuando le dieron el golpe de Estado, le abrió la puerta a toda la clase política chilena que encontró en México un santuario. En 1975, en contraposición a la Doctrina Estrada de no intervencionismo y autodeterminación de los pueblos, se enfrentó públicamente al dictador español Francisco Franco ordenó la muerte de cinco miembros del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota con el salvaje garrote vil.

Pero no fueron esas gestas internacionalistas por las que se le recuerde, sino por su política interna. Le tocó enfrentar el shock petrolero que cambió todo, cuando los precios se dispararon y el mundo entró en crisis. Una política económica populista de poco control del gasto lo condujo a una crisis en los últimos meses de su Gobierno que acabó con el “milagro mexicano” del desarrollo estabilizador, y en agosto de 1976, 20 años de estabilidad del peso se colapsó: el tipo de cambio se fue en horas de 12.50 pesos por dólar, a 22. La incertidumbre generó temores de un golpe de Estado e inclusive, en alguna medida instigados por la Embajada de Estados Unidos —aunque Jova dice que eran rumores externos—, circularon versiones que asesinaría al presidente electo, su amigo de juventud, José López Portillo.

Todavía hoy se recuerda con odio su política económica. Otros sienten lo mismo pero por diferentes razones. Perseguido por el Gobierno de Vicente Fox por su participación en la matanza de Tlatelolco, fue el primer funcionario citado a declarar. En ese 2002, arrancó un proceso judicial en su contra que cuatro años después terminó con su arresto, que por razones de salud cumplió con arraigo domiciliario. Nuevas batallas penales lo tuvieron en vilo hasta marzo de 2009, cuando un juez federal decretó su libertad absoluta y lo exoneró de la matanza de Tlatelolco.

Echeverría se encuentra muy delicado de salud, y sólo lo que le queda de su fuerza física lo mantiene atado a una vida que hoy sólo le tiene malas noticias y un recuerdo negro sobre su persona que siempre, como él mismo, se ha negado a morir.

rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Twitter: @rivapa
 

Raymundo Riva Palacio
ABR 14