Un consejo práctico: pensar positivo Por Guillermo Dellamary delamar@yahoo.com

Hay personas de que se suben al vagón del negativismo,  y no se bajan, es una realidad indiscutible.

Todos tenemos la opción de pensar positivo o lo contrario. Ante los hechos de la vida te puedes poner del lado de los optimistas o de los pesimistas. Ya es cuestión de cada quien.

Pues resulta que para desarrollar una mente sana es mucho mejor alternativa pensar positivo que amarrarse a la necedad de ver los oscuros y tenebrosos mundos de lo negativo.

Se hicieron varios experimentos con futbolistas de alto rendimiento que por lesiones no podían jugar. Se eligió como grupo control a los jugadores que se rehabilitaban sin ninguna instrucción o motivación, en cambio al grupo experimental se le puso programa motivacional,  principalmente basado en el pensamiento positivo e inmediato de su pronta recuperación. El tipo de lesiones era un tanto variada, pero las más comunes entre los futbolistas. La conclusión fue sorprendente, los jugadores que pensaron positivo y se encontraron motivados para hacer bien su rehabilitación, se recuperan mucho más rápido y mejor que el otro grupo.

La actitud ante la vida, la fuerza de un pensamiento positivo llevan a vivir mejor y con más salud, contrario a lo que muchos piensan de que las cosas como vienen y salen de la espontánea realidad cotidiana, así está bien.

Lo práctico es lo que sí puedes hacer y realizar de una manera clara y dedicada. Así qué el punto central es no dejar que las ideas negativas invadan tu mente y la intoxiquen.

Pero no es tan fácil, como muchos dirían, y tienen razón, no es algo que suceda con el simple propósito. Por lo tanto, se requiere acudir a un paso indispensable que es la lucha. El esfuerzo constante y decidido por ganar la batalla a todas las tendencias destructivas de nuestra mente. Y además debemos saber que es un combate que siempre tendremos que lidiar. No hay escapatoria. Es un enfrentamiento cotidiano entre las ideas positivas frente a las negativas, y ciertamente tienen que ganar las primeras y de eso tú te tienes que asegurar.

Una persona higiénicamente sana es la que se esfuerza, lucha y vence a muchas de sus propias ideas negativas.
 

Guillermo Dellamary
JUN 16

Cómo cuidar tu salud Por Guillermo Dellamary delamar@yahoo.com

Es una de las más importantes propuestas de todos los tiempos. Ya desde un inicio de la civilización, la preocupación por curar las enfermedades y más aún, el cómo prevenirlas, ha sido uno de los temas centrales de la cultura de los pueblos.

Se ha llegado a muchas conclusiones y teorías, y desde luego la medicina ha sido la receptora de ellas.

Sin embargo hoy en día hemos llegado a sugerencias muy interesantes que nos ponen a pensar sobre la forma de vida que tenemos.

Uno de los aspectos esenciales, que sigue vigente, es el de guardar equilibrio y balance entre lo que comemos, lo que hacemos y la manera de relacionarnos con los demás. Amén de que todo esto integrado, forma nuestro estilo de vida y personalidad.

Al alimentarnos correctamente y con base en un cuidado especial por nuestro sistema inmunológico, el hormonal y el nervioso, nos dedicamos a vivir centrados en la prevención de las  enfermedades. Nuestro aparato digestivo y el cardiovascular, con el ejercicio nos darán un balance de vida que nos fortalece vivir bien nutridos y con bajo nivel de tensión y estrés.

La higiene mental, en pocas palabras, también está vinculada a la higiene corporal, y desde luego ligada a la pulcritud entre lo que comemos y bebemos.

En la medida en que seamos conscientes y bien informados de lo que ingerimos y de la manera en que cuidamos de nuestro cuerpo, nuestra salud se mantiene equilibrada.

Por eso es tan importante que dediquemos el tiempo y los recursos necesarios para comer lo adecuado, hacerlo en santa paz y dormir lo necesario para recuperar nuestras energías pérdidas.

Si además conjugamos una nutrición correcta de nuestra mente, con alimentos sabios y positivos, al igual que la de nuestro cuerpo, entonces estamos trabajando para prevenir nuestras enfermedades y en su caso sabernos recuperar pronto de nuestras afecciones.

Si cuidamos lo que entra en nuestra boca y lo que sale de ella estamos aprendiendo a mantener una salud equilibrada y sana.
 

Guillermo Dellamary
JUN 2

Identificar a las personas tóxicas Por Guillermo Dellamary delamar@yahoo.com

Vaya que hay tantas y por todos lados que no parece ser muy difícil hacerlo, sin embargo, vale la pena subrayar algunas características que los distinguen.

Antes que nada debes identificar que para ti sí lo es, aunque para otras personas sean lo máximo. Y lo que hace una persona tóxica en tu vida es sacar lo más negativo de ti. Sí exactamente, son los que más cosas malas te hacen hacer o decir, y lo más importante es que no sabes ni porque lo hiciste o dijiste, pero sucedió. E identificas que es producto de una persona que estando cerca de ti, por lo que también te dice o hace, reaccionas de un modo inadecuado.

Es extraño, pero a muchos nos pasa que te sientes muy bien con cierto tipo de personas y con otras de plano te sientes muy mal.

Bueno pues esa es una manera de comenzar, identifica a los que para ti son tóxicos; no saldrán muchas cosas buenas de relacionarse con una persona así.

El otro tipo de personas tóxicas son las que hablan mal de ti, te hacen sentir menos, te critican y desde luego te agreden u ofenden. Y lo peor del caso es que suelen ser hipócritas y cínicos. Te dan una cara y te clavan la puñalada por la espalda  cuando te descuidas.

Sí, son altamente tóxicas. Se necesita uno alejar de ellos  y tener mucho cuidado de mantenerlos a una distancia en que su veneno no alcance a dañarnos.

Muchas veces no sabemos quiénes son, y pueden andar rondando cerca y dispuestos a lanzarnos su maldad. Pero una forma muy sencilla de detectarlos es cuando cometes un error, incluso los puedes hacer intencional, y verás como de inmediato saltan a la palestra para corregirte y sentir que te tienen atrapado para darte lecciones y pisotear tu ego, dignidad o hasta humillarte.

Te sugerimos que los descubras pronto y no los dejes estar cerca de ti, realmente son dañinos en tu vida.

La higiene mental, obliga a quitar a la gente tóxica más cercana.
 

Guillermo Dellamary
MAY 26

Estilo de vida Por Guillermo Dellamary delamar@yahoo.com

GUADALAJARA, JALISCO (19/MAY/2013).- Una buena higiene mental exige que seamos capaces de revisar nuestro estilo de vida, el problema es que en general vivimos con estrés y prisa. Para ciertos autores, eso es un modelo neurótico. Principalmente porque no se alcanza a disfrutar de lo que se tiene por ir en busca de lo que se desea.

En realidad no aceptamos lo que somos y poseemos porque nos esforzamos mucho por conseguir lo que creemos que necesitamos. Particularmente en una sociedad que usa la mercadotecnia para generarnos necesidades que no requerimos.

Hay que preguntarse y observar lo que hacemos diariamente, desde nuestros hábitos de limpieza, hasta el orden en que hacemos nuestros alimentos y descanso. Tan sólo con mirar las horas que dedicamos al transporte o en ocasiones a perder el tiempo, es más que suficiente para darnos cuenta de que estamos viviendo de una forma muy particular.

Lo que hacemos a nuestro modo y lo repetimos con regularidad, se convierte en el estilo de vida.

Es como nuestro sello particular, casi como una especie de identidad o huella dactilar.

Marca la pauta de cómo nos gusta hacer las cosas y en qué manera resolvemos los problemas cotidianos.

Una persona sana hace las cosas establemente y en el tiempo correcto, no come ansias, ni se precipita. Procura tener la calma para hacer las cosas lo mejor posible y no salta en cólera cuando las cosas no le salgan bien. Procura estar en un estado de ánimo positivo y no se deja arrastrar por los malos pensamientos ni las personas negativas. Hace lo que puede y lo suele realizar de buena gana.

Un estilo de vida con clase, personalidad y sin echarle la culpa a los demás y mucho menos imitando y plagiando modos de ser que no brotan de sí mismo.

La gente sana hace de su propia forma de ser una identidad de la que se siente orgulloso y no necesita ni vanagloriarse, ni mucho menos la tiene que presumir.

Vale la pena revisar tu estilo de vida y ajustarle lo necesario para que sea una forma limpia y sana de vivir.
 

Guillermo Dellamary
MAY 19

Mejorar las costumbres Por Guillermo Dellamary delamar@yahoo.com

Para limpiar nuestra mente tenemos que comenzar por identificar qué es lo que la ensucia. Y ciertamente, lo más inmediato son nuestros pensamientos negativos, porque esa basura la producimos nosotros mismos con los pensamientos y las reafirmamos en las conversaciones con los demás. También estar o acercarnos a gente que gusta vivir con la vida llena de cosas que oscurecen nuestra mente. Y claro, son las que consideramos como gente tóxica, y desde luego hay que alejarnos de ellas.

Sin embargo, muchas malas costumbres comienzan en el plano físico, desde el cuidado y limpieza que le damos a nuestro cuerpo, hasta el aseo y mantenimiento de nuestros hogares. Bueno, desde la cama en la que dormimos, su orientación y ventilación, suelen ser determinantes para un sueño realmente reparador.

Así que sí deseamos tener una mejor higiene mental, tenemos que revisar las costumbres y tradiciones que tenemos en nuestra vida diaria. Es un hecho que las recibimos desde la infancia y las aprendemos sin mucha vigilancia, que dar por hecho de que así son. Pero en verdad es indispensable que las identifiques y hagas algo por no dejarlas tal y como te las enseñaron. Hay gente que aprendió a comer demás, a no masticar bien o a descuidar el balance de su alimentación. De igual forma, duerme con las mismas sábanas sucias durante muchas semanas, el baño lo deja asqueroso y no lava su ropa con frecuencia.

El orden le tiene sin cuidado y además disfruta amontonar papeles y objetos en lugares que sólo sirven para acumular más y más polvo. Y claro,  pasan meses y su tiradero sigue igual.

Una buena higiene mental comienza por tomar conciencia de los hábitos que se tienen y de la manera en que vivimos. Esas costumbres adquiridas, que las damos por buenas, las debemos de cuestionar y tratar de empeñarnos para construir unas mejores y más efectivas y saludables.

Si logramos hacerlo en el mundo de las pertenencias físicas y corporales, entonces seremos capaces de hacerlo también en la mente.  

Por eso es importante empezar por mejorar nuestras costumbres.

Identifícalas y cámbialas.
 

Guillermo Dellamary
MAY 12

Lo limpio y lo sucio Por Guillermo Dellamary delamar@yahoo.com

En la forma en que vivimos se echa de ver qué clase de hábitos de higiene tenemos, por eso hay quien es ordenado o lo contrario, al igual hay quien cuida sus cosas o no le importa lo que les pase.

Lo aprendemos en casa, lo que vivimos desde la infancia influye de forma muy fuerte en nuestros hábitos de higiene de los años siguientes. Es una especie de genética cultural que nos lleva a repetir patrones vividos en nuestra historia. Desde nuestros ancestros remotos.

Hay quien incluso se ha atrevido a afirmar que se heredan los defectos y las conductas de los que nos antecedieron,  aunque nunca los hubiéramos conocido.

Hay defectos de familia y hay familias con muchos defectos que nos enseñan a lo largo de la infancia y que nos influirán en la vida adulta, sin que nos percatemos de su poder para determinar nuestros hábitos.

Hacer las cosas con una buena higiene o en su caso echar a perder nuestras relaciones humanas por nuestras tonterías, es debido a que no somos capaces de tomar conciencia de lo que hacemos. Simplemente porque tendemos a estar ciegos a ver la propia sombra.

Es decir, aquello que existe en nosotros y que influye en las decisiones de la vida diaria, pero que no las tomamos en cuenta, pero que sí las ven los demás.

Cargamos en nuestra sombra, con lo malo de cada uno, con nuestra historia de fallas, defectos y debilidades, pero que no encontramos la manera de hacerles caso y las seguimos repitiendo sin poderlas frenar.

Lo limpio es nuestra luz, lo sucio es nuestra sombra. En el encanto de la conciencia respiramos lo que queremos y olvidamos lo que nos estorba. Es más, lo queremos expulsar y negar hasta el franco rechazo. Sin embargo, allí siguen deslizándose y apareciendo en forma de actos torpes y tontos, pero contundentes y destructivos.

Una buena higiene mental nos convoca a ver la sombra, a erradicar nuestra ceguera y aceptar que sólo trabajando en sí mismos podemos abrirnos el horizonte de la verdad y alejarnos del autoengaño.
 

Guillermo Dellamary
MAY 5

Los buenos hábitos Por Guillermo Dellamary delamar@yahoo.com

Hacer bien nuestras actividades en la vida diaria, nos lleva a estar sanos, creativos, productivos y socialmente estables.

En cambio, los malos hábitos, nos conducen a repetir lo que nos hace daño, divide, ensucia, corrompe y causa rupturas e inestabilidad en nuestras relaciones humanas.

Una de las mas importantes preocupaciones de los buenos educadores, es precisamente enseñar buenos hábitos, lo que implica que se tenga costumbre de hacer las acciones que llevan al orden, a la obediencia, a la limpieza, a dormir correctamente, a respetar, a comer sanamente y en fin a muchos de los valores que consideramos fundamentales para la vida diaria. Como la puntualidad, la honestidad, el ahorro y el trabajo.

Y claro que nos pone en guardia cuando vemos que una persona tiende a repetir, incluso compulsivamente, dormir mal, comer de mas, tener desorden en sus cosas personales, carecer de limpieza, ser impuntual, deber dinero, malgastar y en fin vicios que todos conocemos, como el alcoholismo, las adicciones y desde luego una vida plagada de reacciones neuróticas.

Sin necesidad de caer en el extremo, es importante enfatizar que la higiene mental es parte de los buenos hábitos que debemos de cultivar con especial esmero.

SE trata de que los padres y maestros insistan en dejar una huella muy profunda y clara en lo valioso y trascendente que es vivir acorde a las cosas que valen la pena y que nos motivan a ser mejores personas. Por ejemplo es mucho mas valioso ser constante, que lo contrario o positivo en vez de negativo.

La educación no debe de reducirse a vigilar sólo las conductas que conllevan a que los buenos hábitos sean visibles, sino que mas bien trata de inducir a que la misma persona este consciente y comprometida a que los haga suyos y los cultiven con particular cuidado y atención.

Por ello mismo, ayudar a que una persona tenga confianza en si misma, a que desarrollo un visión autocrítica y que a su vez tenga los medios para poder corregir sus errores sin necesidad que los demás se los estén señalando o tal vez hasta controlando por medio del premio y el castigo.

Toda Higiene mental incluye tener buenos hábitos en la mayor cantidad posible.
 

Guillermo Dellamary
ABR 21

Higiene mental Por Guillermo Dellamary delamar@yahoo.com

En una sociedad con graves problemas y una franca tendencia a las disfunciones, y sobre todo a la corrupción y al egoísmo, se requiere de una urgente limpieza y prevención de la suciedad que nos invade.

Hay tanta contaminación en el medio ambiente, mucha basura, toxicidad, enfermedad y miseria que tenemos que comenzar por quitarnos las telarañas y parásitos de la cabeza.

El estrés, la falta de control, la codicia, la envidia, las rivalidades, la agresión y la violencia son manifestaciones de un mundo emocional sin pies ni cabeza, nadando al garete de los caprichos y los apetitos desmedidos y hedonistas.

Marchamos a pasos agigantados hacia un mundo sin tolerancia, paciencia y sensibilidad por el sufrimiento ajeno. La marginación y la miserable vida de tanta gente, víctima de nuestros sistemas políticos y económicos, se consume en el hambre, las enfermedades y todo tipo de carencias, sin la mirada caritativa de los demás.

No podemos quedarnos con los brazos cruzados mirando el deterioro al que nos conduce la frialdad y la frivolidad mezquina.

Tenemos que despertar nuestra conciencia, es como amanecer un día y darse cuenta de que vivimos en un cochinero, mugre por todos lados y rodeados de pestilencia y putrefacción.

Ya es hora de tomar el balde, el cepillo, el jabón y el cloro, para limpiar el chiquero en el que vivimos.

Eso sí, en vez de querer empezar a limpiar la casa del vecino, empecemos por la propia, y dejemos que cada quien haga lo suyo.

Pero como no se trata de barrer y trapear, ni de pulir y sacudir de polvo de los muebles, sino de erradicar la basura que no nos deja ver lo bueno, los valores y los bienes que tenemos.

El lugar donde debemos de empezar es en nuestra propia mente, en la cabeza. Es ahí, en donde debemos de distinguir entre la verdad y la mentira, entre el amor y el odio, entre el bien y el mal. Iniciemos nuestra campaña por una higiene mental. Este espacio lo dedicaremos a un esfuerzo por darle método y orden a nuestro propósito de limpiar nuestras mentes.
 

Guillermo Dellamary
ABR 14

Tilichentos Por Guillermo Dellamary delamar@yahoo.com

La caravana de familiares marcha rumbo al balneario, cada uno lleva un bolso, un paquete con alimentos y colgado en el hombro un maletín con sus cosas personales.

Desfilan con bultos de todo tipo detrás de la hielera, que suele ser el líder indiscutible de la marcha hacia un día de esparcimiento.

A le gente le gusta sentarse a comer, a beber y a charlar debajo de un frondoso árbol y si de plano no hay nada Natural, carga con sombrillas, sabanas viejas y lo que sea para cubrirse de los rayos del sol.

El chiste es pasársela a gusto, disfrutando de la familia y de un merecido descanso.

Es increíble el grado de tilichentos que somos los mexicanos, con sus decorosas excepciones, desde luego. Las camionetas y cualquier cajuela de un auto es poco espacio para todo lo que se necesita cargar para sólo pasar un día de campo. Bueno, hay familias que dedican hasta una hora o más para cargar todo en el vehículo, para que quepa todo, y otro tanto para bajar las cosas, con el consabido esfuerzo de la familia para acarrear las cosas hasta su destino final.

Ahora se han agregado las carriolas de los bebés, que resultan enormes y estorbosas, pero hay que llevarlas a donde sea porque son casi indispensables.

Quisiera conocer alguna familia que viaje ligero de equipaje, que se conforme con sólo llevar lo necesario y no ande cargando tantas cosas. Especialmente de comida, pues olla y todo tipo de trastes van acompañados de la chatarra de botana que todos consumimos.

Las mesas y las sillas, son un lugar para poner las cosas, antes de que lleguen los comensales ya están ocupadas por toallas, bolsas y todo cuanto se ha traído de casa. El suelo, no es el lugar adecuado para dejarlas.

No cabe duda de que somos un pueblo de comelones, de antojitos y de bebedores principalmente de chelas y refrescos.

En los días de asueto se puede ver con que gusto y determinación cómo salen las caravanas de familiares y parientes a gozar de la vida llena de todo tipo de tiliches. Pero eso sí, con la alegría de pasar un bonito día

Guillermo Dellamary
MAR 31

Racimo de uvas Por Guillermo Dellamary delamar@yahoo.com

Los vividores del sistema crecen como parásitos entorno al presupuesto, saben carcomer del baúl del tesoro del pueblo. Han encontrado en su pereza una manera de vivir a costa de los demás.

Tienen garras, pico de águila y mirada de áspid, caminan erguidos pero bien podrían ser de cuatro patas. A veces comen como roedores y en otras se nutren como viles chacales.

En la fauna humana también existe la especie carroñera, y los corruptos pueden llevar en sus hombros semejante etiqueta.

Son nómadas, y andan en busca de huesos; en donde quiera que se encuentren son capaces de escarbar en un cementerio para no quedarse con las manos vacías.

Lo que obtienen de su sagaz experiencia lo llevan a casa, sin ningún sentimiento de culpa, y con dinero sucio dan de comer a sus hijos y visten su hogar.

Los corruptos no están satisfechos con lo que tienen, se regodean en la codicia y sacuden la ética de sus zapatos para dejar el brillo de su astucia y falsedad.

Pícaros caballeros de lente oscuro y de mirada perdida en su infame tarea. Visten trajes de lujo en un corazón manchado.

Son como racimos de uva, porque crecen juntos, tienen la misma forma y saben igual. Son camaradas y compadres, afiliados al mismo partido y aficionados al mismo equipo. Entre ellos se ablandan la conciencia, para cometer sus fechorías con alegre cinismo y justifican su accionar sin freno  alguno.

Una estirpe de viejo abolengo, difícil de erradicar. Es más fácil que se incorporen a la alta sociedad, que sean extirpados de la red social.

Hemos de aprender a convivir con ellos, tanto como lo hacemos con la contaminación y toda la gama de insectos rastreros que circulan en nuestras cocinas y sótanos.

Feliz adaptación.
 

Guillermo Dellamary
MAR 24