- Adiós, neverías Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

En efecto: los vecinos del Parque Morelos externaron abiertamente su rechazo, primero, a la compra de construcciones por parte del Ayuntamiento al efecto de construir ahí la Villa Panamericana para los Juegos de 2011 en Guadalajara, y más tarde a la construcción del complejo de edificios de departamentos que posteriormente serían (“Según San Lucas”) la punta de lanza para el pretendido “repoblamiento” del Centro Histórico de Guadalajara.

La compra-venta de las construcciones se consumó porque, puesto que se trataba de un capricho, la demanda del Ayuntamiento tuvo como consecuencia el encarecimiento de las mismas y un beneficio económico para los antiguos propietarios. Pero si el proyecto de construir ahí la Villa Panamericana se frustró, no fue porque se compartieran los argumentos de los vecinos ni porque apareciera una mejor opción (recuérdese lo que sucedió, al final de la película, en la zona de “El Bajío”…), sino por un capricho del presidente de la ODEPA, Mario Vázquez Raña.

-II-

La zona, ya de por sí venida a menos por el éxodo masivo de los antiguos pobladores del Centro, está ahora a expensas de un sueño: la cacareada “Ciudad Creativa Digital”: algo que nadie sabe a ciencia cierta en qué consiste, ni, mucho menos, para cuándo será realidad o qué beneficios tangibles traerá para la ciudad en lo general y para sus habitantes en lo particular.

Ahora se plantea la posibilidad de que algunas de las casas deshabitadas, deterioradas, ruinosas, subutilizadas en el mejor de los casos (algunas bodegas, las tradicionales neverías de la calle Juan Manuel…) se transformen, merced a la varita mágica de los desarrolladores inmobiliarios y a la bendición de la autoridad municipal que supuestamente está en vías de autorizar los nuevos “planes parciales de desarrollo”, en edificios de departamentos, de hasta 12 niveles.

-III-

La zona ya tiene graves problemas de contaminación, degradación por el hacinamiento del comercio, insuficientes vialidades, vetusta e insuficiente infraestructura hidrosanitaria, falta de seguridad y de servicios (áreas recreativas, escuelas, estacionamientos…), etcétera.

Atraer más gente al Centro de la ciudad, de sopetón, sin tomar medidas para acrecentar sus atractivos, sólo servirá para aportar nuevas pruebas de que si la gente huyó de los antiguos barrios fue porque éstos se volvieron inhabitables, y para condenar a los moradores de las futuras “pajareras” (“¡Viva a plenitud, como en El Sauz o Loma Dorada, pero en el Centro!”) a sacrificar su calidad de vida… cuando no, de plano, a malvivir.
 

Jaime García Elías
JUN 19

- Gildardo Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

Gildardo Gómez Verónica se llevó a la tumba (murió el jueves pasado) una satisfacción y una pena. Aquélla, la de haber vivido en congruencia con sus principios. Ésta, la de que los gobernantes emanados de las filas del Partido Acción Nacional traicionaron su mística y le fallaron al pueblo. Cuando la sociedad les sirvió en charola de plata la oportunidad de hacer lo que sí acertó a hacer él —es decir, a llevar a la gestión pública el afán de moralizarla, para estar en concordancia con sus “Principios de Doctrina”—, la dilapidaron en forma miserable.

-II-

Gildardo fue un ave que cruzó el pantano de la política sin que se mancillara su plumaje. Estudiante modelo (alcanzó la suprema distinción de ser “Brigadier general” en el Instituto de Ciencias), abogado, catedrático, político (diputado y senador) y funcionario público (en la Secretaría de Educación Jalisco), Gómez Verónica no ocultó su desencanto cuando el PAN sufrió una derrota aplastante en las elecciones de julio pasado. Admitió que se trataba de una legítima reacción ciudadana; de la consecuencia lógica de los gestos de soberbia, los casos de deshonestidad y los errores de todo tipo cometidos por los panistas que no sólo no aprendieron a gobernar cuando pudieron hacerlo, sino copiaron, en forma por demás burda, los errores que tanto criticaban, cuando eran oposición, a los priistas… Deploró su pesar porque el PAN, cuando llegó al gobierno, se llenó de “oportunistas” que se enrolaron atraídos por la oportunidad de ganar dinero fácil, y no por la ocasión de trabajar a favor de la bandera por excelencia de los fundadores del partido: el bien común. Se quejó de que el idealismo plasmado en la ideología de Acción Nacional se hubiera sacrificado en aras de un pragmatismo de la peor especie. Expresó su esperanza de que la debacle en las urnas hiciera el efecto de depurar al PAN (de que “se vaya tanta rata”, llegó a decir). Planteó el buen deseo de que el albiazul capitalizara la dolorosa experiencia, para no culpar de la derrota a “factores externos”, sino al cáncer de la corrupción que gradualmente lo hizo su presa… y, en resumidas cuentas, a su propia incapacidad para mantener la fidelidad a su ideología y para seguir siendo lo que fue como crítico sistemático e implacable de todos los gobiernos que vio pasar desde las trincheras de la oposición: “El partido de la gente honorable”.

-III-

Colofón: descanse en paz.
 

Jaime García Elías
JUN 10

- “Museos” Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

En tiempos de bonanza, se compra sin freno ni medida; en tiempos de crisis, se vende lo que se tiene: las joyas de la abuela, si es preciso… y hasta a la abuela, si se descuida.

-II-

Caso concreto: como siente que ya le llega la lumbre a los aparejos, porque el pago y el servicio de la deuda pública compromete un porcentaje significativo de sus ingresos, el Ayuntamiento de Guadalajara ya anunció las consabidas “medidas de austeridad”… y hasta prácticas relacionadas con la llamada “economía de guerra”. Se trataría de poner a la venta, en palabras del alcalde Ramiro Hernández García, “todo lo que no se usa”: desde automóviles hasta inmuebles, pasando por equipo de oficina.

El caso de las construcciones es paradigmático. Habló el alcalde de “los muchos inmuebles del ayuntamiento” en diversos puntos de la ciudad. “Muchos”, dijo, pero no puntualizó cuántos son… o cuántos, para él, son muchos. Tampoco dio detalles acerca del uso que se les da.

En el Centro, por ejemplo, a varias de las administraciones pasadas —priístas y panistas— les dio la ventolera de adquirir edificios vetustos. Cuando dejaron de ser aptos para ganarse la vida; cuando ni siquiera un valor sentimental tuvieron para los herederos de sus propietarios originales; cuando se vieron prácticamente condenados a la ruina, porque nadie se interesaba en adquirir casonas desprovistas de verdadera utilidad, aparecía, para enmendar el entuerto, la versión local del inefable “Chapulín Colorado”: el municipio.

Con dinero de las arcas públicas, pues, se compraron esos inmuebles, y con un criterio estrictamente conservacionista se les asignó un destino: “museos” como los “de la Ciudad”, “de las Culturas Populares”, “del Periodismo y las Artes Gráficas” o “de Ciudades Hermanas”; “museos” que ordinariamente no justifican su existencia; museos que son encomendados a patronatos o mecenazgos que los mantienen, muy precariamente, con vida; “museos” que operan, permanentemente, con números rojos; “museos”, en fin —y eso es lo peor…— en que no se paran ni las moscas.

-III-

Condenados a vivir (es decir, “a malvivir”), por una legislación obsoleta, muchos de esos inmuebles —convertidos, “por decreto de la Autoridad”, en almacenes o escaparates de chácharas, tiliches y cachivaches que ni vale la pena conservar y casi a nadie le interesa que se conserven—, implican, en suma, gastos de administración y mantenimiento que no se justifican… como no sea para que sigan siendo refugios, dormitorios y criaderos de burócratas ociosos e improductivos.
 

Jaime García Elías
JUN 7

- “Modelo” Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

“Dime de lo que presumes —reza el adagio—… y te diré de lo que careces”.

Guadalajara (o, mejor dicho, sus habitantes), por ejemplo, ha hecho, en el curso de la historia, ostentación de la etiqueta de “Ciudad Amable” que alguien le colgó… cuando la característica distintiva de sus habitantes era, precisamente, la amabilidad. Se ha jactado —otro ejemplo— del título de “La Ciudad de las Rosas”, porque éstas abundaban en los espacios públicos (parques, jardines, camellones…), debido, en parte, a las peculiaridades de su clima, pero principalmente al esmero que los tapatíos tenían —aunque ni Ripley lo crea— en cuidarlas como si fueran propias, y en respetarlas como las personas decentes hacen con las cosas ajenas. Etcétera.

-II-

Está visto, empero, que unos tiempos traen otros: hay —afirma otro refrán— los de tirar cohetes… pero luego vienen los de recoger varas.

Así, la “Ciudad Limpia” que antaño fue Guadalajara —reflejo, también, del afán de sus lugareños por el aseo llevado al extremo de la pulcritud—, degeneró, por misteriosas razones, en la ciudad sucia, grafiteada por doquier y alevosamente vandalizada que es en la actualidad. El galardón internacional “La Escoba de Plata” que se le otorgó el año pasado en España, fue interpretada como una pifia morrocotuda de los organizadores… o como un acto de corrupción. (Vaya: casi tanto como si se instituyera el “Premio Tomás Moro” para reconocer a los gobiernos que se significaran por su honradez irreprochable… y se lo otorgaran a México, o a cualquier estados o municipio de su geografía, a sabiendas de que la marca de la casa ha sido —y como dicen que dijo Don Teofilito: “Seguirá siendo”— el desaseo escandaloso en el manejo de las finanzas públicas).

-III-

Lo mismo puede decirse de la aseveración de algún prójimo (“De cuyo nombre…”, etcétera) de que el sistema de disposición final de la basura en el municipio de Mazamitla (reciclado de metales, vidrio y cartón, y transformación de residuos orgánicos en composta) convierte a Jalisco en “modelo” en la materia.

(En todo caso, lo justo sería decir que autoridades y vecinos de Mazamitla están haciendo méritos para que, a la voz de “mal haya el que no sigue, para bien o para mal, el ejemplo de sus padres”, Jalisco los desconozca como hijos suyos… o los declare repugnantes “ovejas blancas”, en un aprisco en que —salvo prueba en contrario— sólo hay negras).
 

Jaime García Elías
JUN 6

- Desgarriate Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

Todos los oficios, desde que el mundo es mundo, han merecido elogios; desde la bendición bíblica —que no maldición— implícita en el genérico “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”, hasta la popular quinteta anónima: “Oficio noble y bizarro, / de las artes el primero, / pues que en la industria del barro / Dios fue el primer alfarero, / y el hombre el primer cacharro”.

-II-

Sirva el párrafo anterior de preámbulo para encomiar una bella —aunque no lujosa— edición del actual Ayuntamiento de Guadalajara, antologada por un equipo encabezado por Margarita Martín del Campo Híjar: “Oficios de los tapatíos en la Guadalajara de antaño”. Ilustrado con documentos facsimilares y espléndidas fotografías de la época, el documento se refiere a la ciudad de hace un siglo, que bosqueja, en la Introducción del mismo, el actual alcalde, Ramiro Hernández García: “…era una ciudad que recién había alcanzado los cien mil habitantes; en el Centro se construyeron edificios de tres o cuatro pisos —varios de los cuales, valga la acotación, le siguen dando el sello de nobleza y buen gusto, típicamente premodernos, de que se preciaban los lugareños— (…); por el horizonte poniente de la ciudad aparecieron casas con arquitectura afrancesada, ocupadas por los ricos: viejos y nuevos…”.

El texto se centra en varios de los oficios que estaban meticulosamente reglamentados y controlados por las autoridades de entonces: aguadores, aseadores de calzado, mandaderos, boticarios, cargadores, lecheros, panaderos, luchadores y boxeadores… y hasta pordioseros. Estos últimos debían someterse a un “Reglamento para la Tolerancia de la Mendicidad”, y portar la “Licencia para Mendigar” (debidamente foliada) correspondiente, con retrato y media filiación al canto. Los limosneros tenían que declarar, bajo protesta de decir verdad, “ser pobres de solemnidad”, y someterse a una extensa serie de restricciones: “No podrán estacionarse (…) en aceras de mucho tráfico, debiendo hacerlo sólo en las puertas y atrios de los templos (…), etc., pero sin estorbar el tránsito de las personas”. Además, se advertía que “El mendigo que sea sorprendido en estado de embriaguez, les (sic) será recogida la licencia, sin perjuicio del castigo correspondiente”.

-III-

Belleza de documento. Retrato de costumbres, personas y tiempos idos… (Y, por supuesto, excelente pretexto para buscar un eslabón perdido en la historia de Guadalajara: en qué momento se perdió aquel orden que la caracterizaba, y comenzó el soberano desgarriate que parece ser, hoy en día, la marca de la casa).
 

Jaime García Elías
JUN 5

- Tibieza Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

Decía don Edmundo Siegler, desde la cima de su sabiduría, que “Nada más se necesita un tonto con iniciativa para hacerles la vida imposible a miles de ciudadanos”. Y si en vez de tonto (o “además de…”) es prepotente, con mayor razón. Y si en vez de ser uno son 52, ni se diga.

-II-

Caso concreto: ayer, 52 trabajadores del Ayuntamiento, sindicalizados, adscritos al Patronato del Bosque de Los Colomos, llegaron al término de su emplazamiento, en demanda de un incremento a sus salarios y prestaciones. Hasta ahí, todo en orden… Sin embargo, ante “la cerrazón” –desde su muy respetable perspectiva– de los patrones, del diálogo decidieron saltar a las medidas de presión. Porque consideraron que el paro, contemplado por la Ley Federal del Trabajo como el siguiente paso, era insuficiente, decidieron realizar una manifestación en la vía pública; al efecto de llamar la atención de los demás ciudadanos, resolvieron cerrar dos carriles de circulación de la Avenida Patria, cercanos a su fuente de trabajo, en plena primera “hora pico” del día… La consecuencia fue un colapso vial kilométrico que se prolongó durante algunas horas.

Antes de que se llegara al acuerdo y a la consiguiente disolución de la  manifestación, la máxima autoridad en el municipio decidió que el asunto no era de su incumbencia directa, sino de un conflicto entre Patronato y trabajadores… aunque apuntó que, a la vista de la afectación que estaban resintiendo varios miles de automovilistas, “no descartaba la posibilidad de hacer uso de la fuerza pública”.

Se supone que las manifestaciones forman parte de las garantías individuales, tuteladas por los artículos 8o. y 9o. de la Constitución, referentes a los derechos de petición y de reunión. Empero, en el momento en que dichas manifestaciones alteran el orden público, afectan directamente los derechos de terceros y pueden interpretarse como métodos orientados a forzar la decisión de las autoridades a favor de la causa que motiva la protesta, cualquiera diría que se está en el caso preciso para el que tanto leyes como reglamentos municipales contemplan, en beneficio de los derechos de los más, el empleo de la fuerza pública en contra de quien se empeña en despreciarlos… y aun en demostrar que puede hacerlo impunemente.

-III-

Tal vez no venga al caso, pero hay “autoridades” que dan la sensación de encomendarse todas las mañanas a San Poncio Pilatos (aunque aún no haya sido canonizado), patrono de timoratos, tibios y pusilánimes.
 

Jaime García Elías
JUN 4

- “Chuchín” Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

Cuando la Constitución negaba la calidad de ciudadanos a los sacerdotes, él la reivindicó a su manera. Acudió a empadronarse. Cuando le preguntaron por su oficio o profesión, esta fue su respuesta: “Sacerdote”. Le recordaron que la ley excluía del derecho de votar y ser votados a los ministros de culto religioso”. “Pues yo no soy ministro de ningún culto religioso —replicó él—; yo soy profesor de la Universidad de Guadalajara”. (Lo cual, además, era —y sigue siendo— cierto). Años después, cuando las reformas al artículo 130 restituyeron los derechos políticos a los clérigos, él ya era un ilustre veterano en esos menesteres.

Cuando se editó su libro (“La Historia según Chuchín”), con amenos ensayos sobre historia —es doctor en esa disciplina— escritos con singular frescura, él, en la presentación del texto agradeció —obvio— a editores, asistentes y potenciales lectores. Sólo externó un reproche: “Una vez en mi vida que tuve una copa de coñac en la mano, me tomaron una foto… y esa fue la que publicaron en la contraportada”. Una voz, estentórea y anónima, brotó de la asamblea:

—¡Hipócrita…!

Corolario: carcajada general.

-II-

Los dos últimos viernes, “Chuchín” (alias el padre Jesús Gómez Fregoso) ha publicado en Milenio sendos artículos alusivos al feliz octogésimo aniversario de su nacimiento. En ambos rebosa la satisfacción de haber llegado a la feliz ancianidad, de haber cumplido todas las metas que se trazó en la vida, de haber sembrado generosamente afectos y de haberlos cosechado en profusión, y de tener un plan de vida que se sintetiza en 12 palabras: “Hacer el bien que pueda y gozar la vida más que nunca” (espléndida paráfrasis, por lo demás, del mandato evangélico que él predica —magistralmente— con el ejemplo: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”).

-III-

El único nubarrón pardo en la vida de “Chuchín” (Dios, en su infinita misericordia, tuvo a bien anticiparle la porción de Purgatorio que le correspondía por los pecadillos veniales —asociados a la gula, tal vez— que haya cometido) está vinculado a la prostitución que, en nombre de la modernidad, se hizo del sacrosanto —para él…— nombre de las “Chivas”.

Nihil obstat, empero, para poner a los parabienes por su octogésimo cumpleaños (y a la gratitud por su amistad), la síntesis de los buenos deseos para el resto de su vida, con una palabra que quizá le resulte familiar:

—¡Salud, Padre Chuchín…!
 

Jaime García Elías
JUN 3

- “El Poeta…” Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

Paréntesis amable (es la intención) a los temas cotidianos del pequeño mundo en que nos tocó vivir…

-II-

Anoche se hizo un homenaje, en el Museo de la Ciudad, a “El Poeta de El Santuario”, a diez años de su muerte… Podría decirse que Don Jesús Ibarra Paredes usurpó un título que correspondería, en estricta justicia, a Don Agustín Yáñez; (aunque algunas biografías asientan su nacimiento en Yahualica, de donde era su familia, una placa, en una casona sita en Manuel Acuña y Pedro Loza, consigna que, en realidad, ahí nació Yáñez: en el tradicional barrio de El Santuario).

Don Jesús nació en un lugar que no está en el mapa: el Rancho Popotes, municipio de Mezcala. Los vientos de la vida lo llevaron a Tepatitlán; más tarde lo trajeron a Tlaquepaque y posteriormente al barrio del que se volvió un personaje. Su afición por hacer versos surgió al tiempo que se ganaba la vida en una tienda (ya desaparecida), vecina al Palacio de Gobierno, cuyo nombre aún hace suspirar a los más ancianos de la comarca: “El Famoso 33”.

En un curso de literatura, en el Instituto Cultural Cabañas, Don Jesús presentó un texto: “Anoche tuve un romance / con la mujer ajena; / contarlo no me dio pena / pues era tan celosa que enamorarme no valió la pena”.

—¿Eso es poesía? —preguntó Don Jesús a la maestra.

—No te hagas —le contestó ésta—: eso es adulterio.

La vocación de Don Jesús por llevarse de piquete de ombligo con las musas (o con Maribel Guardia, si se la ponían a modo para ensayar unos pasos de baile, en plena Plaza de la Liberación, trepando a la tarima en que ella cantaba) se mantuvo incólume: tanto como su afición a los toros y su devoción por las “Chivas”. (La vida, por cierto, le ahorró el suplicio de tener que regresar en bicicleta desde su nuevo estadio —que no conoció— hasta El Santuario, arrastrando el oprobio de sus recientes descalabros).

-III-

Si en una casa de San Miguel Allende se consigna que “Aquí vivió Margarito Ledesma” —celebridad local, cima del humorismo involuntario—, ¿sería demasiado pedir que el Ayuntamiento de Guadalajara, recordando que una ciudad sin memoria es una ciudad sin alma, patrocinara una modesta cerámica con la leyenda “Aquí vivió Don Jesús Ibarra Paredes, ‘El Poeta de El Santuario’”, y la colocara en la que fue su casa…?
 

Jaime García Elías
MAY 31

- Prioridades Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

¿El Mundo al Revés…? Usted dirá, lector amable.

-II-

Es noticia —se supone— cualquier declaración pomposa, grandilocuente, pletórica de buenas intenciones, acerca de proyectos (y, ocasionalmente, de la correspondiente erogación de fondos públicos) relacionados con el tema de la salud. Por ejemplo, las reiterativas campañas orientadas a promover la actividad física y a combatir el sedentarismo: medidas preventivas —se insiste—, animadas por el afán de reducir la incidencia de enfermedades como la hipertensión y la diabetes, entre muchas otras. O los esfuerzos encaminados a reducir el tabaquismo, una vez que se ha demostrado que, a diferencia de lo que sucede con el alcohol o el café, por ejemplo, en el consumo de tabaco no hay dosis que, mientras sean moderadas, pudieran resultar recomendables.

No es noticia, en cambio, puesto que la difusión del hecho tuvo dimensiones insignificantes, la denuncia que hizo en el Ayuntamiento de Guadalajara una de las fracciones edilicias de oposición (Movimiento Ciudadano, para ser exactos) acerca de las precarias condiciones en que operan los Servicios Médicos Municipales: la escasez de insumos; la insuficiencia de personal; la falta de medicamentos; la lamentable frecuencia con que aparecen, redactadas con plumón sobre burdas cartulinas, pegados con esparadrapos en los vidrios, “avisos al público” en que se notifica, verbigracia, que “No hay Rayos X hasta nuevo aviso” (Mural, 30/05/2013, Comunidad, p. 3).

Tampoco son noticia las pretendidas justificaciones de los responsables del área: “Es falta de planeación, pues los encargados de las unidades (las cruces verdes) piden el medicamento hasta que se acaba”. Ni lo es el pretexto supremo: es que “se necesitan 42 millones de pesos para equipar todas las unidades de salud”.

-III-

Si se trata, como dicen los funcionarios, de “recursos con los que no se cuenta”, ¿será muy difícil llevar el asunto al pleno del Ayuntamiento, solicitar un replanteamiento de las prioridades sociales, entender que a los Servicios Médicos Municipales acuden lo mismo quienes confrontan una emergencia (que puede ir desde un piquete de araña hasta un infarto), que quienes, de plano, no tienen dinero para acudir a un médico particular…?

¿Será tan difícil recordar que todos los gobiernos, en sus campañas, ponen la salud de los habitantes como una de sus prioridades… o actuar en congruencia con la máxima de que “Nadie tiene derecho a lo superfluo mientras alguien carezca de lo estricto…”?

Si es así, avisen… para que alguien se los explique con palitos y bolitas.

Jaime García Elías
MAY 30

- “Hay que comer…” Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

A veces da la sensación de que se enciende una luz al final del túnel: cuando se anuncia que se tomarán medidas orientadas a que la Universidad de Guadalajara abra más vacantes para las escuelas preparatorias, primero, y más espacios para las licenciaturas, después. Se supone que se trata de una buena noticia, a partir de la idea generalizada de que el progreso del individuo y sus perspectivas de desarrollo profesional están íntimamente vinculados con la preparación académica que tenga: “Tanto sabes, tanto vales”…

-II-

Más tarde, empero, llegan los desencantos. Las estadísticas, según las cuales señalan que más de 60% de los jóvenes que tienen una carrera universitaria no la ejerce, porque no hay la correlación que debiera entre la universidad, entendida como formadora de profesionistas, y el ámbito laboral real, son desmoralizantes. ¿Qué caso tiene dedicar varios años de la vida al estudio y orientar el esfuerzo económico de la familia a la “preparación” de los jóvenes, si la mayoría está condenada a no ejercer la carrera para la que se tituló…? Algunas, como las genéricamente denominadas “tradicionales” —abogacía, ingeniería, arquitectura, medicina…—, están saturadas. Otras, como las relacionadas con las de humanidades y las ciencias sociales, igualmente están saturadas, amén de desprestigiadas porque a ellas corresponden, en la escala salarial, los niveles más bajos.

No es un desdoro para ellos, pero hay centenares de taxistas, taqueros y vendedores en los tianguis —oficios, dicho sea de paso, la mar de respetables—, que tienen en la pared de su cuarto, en calidad de constancia de los ensueños juveniles, cuando no de mero objeto ornamental, el título universitario que tantos afanes familiares y tantos desvelos propios costó obtener.

-III-

Un estudio de la propia Universidad de Guadalajara, a partir de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (Milenio, 28/05/2013, p. 23), subraya la paradoja de que seis de cada diez “profesionales” titulados emigran, llegados al ámbito laboral, hacia los oficios —y malogran, en consecuencia, la inversión de fondos públicos que se hizo en ellos… y el tiempo que hicieron ellos mismos— por una razón elemental: hay que comer. Prueba fehaciente, pues, de que el adagio señalado (“Tanto sabes, tanto vales”), al igual que la añeja obsesión de las generaciones pretéritas, de “dar escuela” a los hijos para que tengan mejores perspectivas en la vida —en el aspecto económico, se entiende—, se quedan en el terreno de los buenos deseos.

Jaime García Elías
MAY 29