A mis amigos que me leen en internet, por medio de esta colaboración quiero darles a conocer un lugar remoto y pintoresco que se encuentra en un alto valle quemado por el sol a una altura de 3 mil 660 metros sobre el nivel del mar; entre una agreste cordillera dentada y encerrado en un escenario montañoso. Por el lugar donde se encuentra es un valle tranquilo y apacible.
Todos los domingos, el lugar arriba señalado atrae a los indígenas que viven entre las nubes y que recurren cada semana puntualmente, donde además de saludarse y convivir, pueden vender y comprar lana de alpaca y vicuña, pieles de llama y guanacos, los tintes vegetales para teñir telas, mates burilados, mantas y los tejidos que se hicieron chuyos (gorros) guantes, chompas y compones (suéteres d e hombre y mujer) así como productos para el sustento diario, el aromático café, papas, hojas de coca, trigo, frutas, aguacates, naranjas y papayos y el maíz que también se comercia, siendo tan intenso el movimiento monetario que se origina que obliga a los bancos de la población a abrir los domingos.
La calle que alberga a tan singular mercado que en el lugar le llaman feria, es la llamada calle Real vía principal de la pintoresca población y en ella a derecha e izquierda más las callejuelas aledañas, se compra y se vende, pero a diferencia d e otros mercados pueblerinos, este que nos ocupa parece la zona del silencio, en el, a pesar de lo concurrido, no se escuchan gritos proponiendo la variada mercancía o barullo alguno pues los indígenas vendimiadores, como hábito ancestral, no pregonan nunca la mercancía, casi no profieren algún sonido ni palabra, estoicamente sentados y en total silencio esperan a los clientes, poco se puede regatear pero asombrosamente siempre venden y usted siempre compra al ver lo variado y barato de la mercancía que se expende.
Para la persona que es observadora y tiene interés en conocer costumbres y modos de vida diferentes, esta feria o mercado es doblemente atractivo, pues además d e la mercancía poco común es un centro de observación del vestuario multicolor indígena, se convierte en estratégico lugar para conocer las costumbres de los hombres andícolas que viven por encima de las nubes, algunos son pobladores de caseríos que están a cinco mil metros de altura y se concentran en dicho lugar por ser día de mercado.
Para quitarles la curiosidad amables lectores les diré que el mercado o feria antes descrito se encuentra en la población de Huancayo, ciudad de la región Nadina en el valle del mismo nombre de Perú y que por estar encerrado en las alturas ofrece a quien lo visita paisajes de ensueño y esplendida belleza como Jauja y Ocopa, y solo espera que algún día, por propia cuenta quieran ir a constatar lo que aquí se ha dicho.
Como un atractivo más para llegar a Huancayo tiene que trasladarse en el ferrocarril que llega más alto en el mundo (el ferrocarril central de Perú) y el cual atraviesa la cordillera de los Andes a cinco mil metros de altura y en ese lugar.
Ni canto, ni ruido
Ni eco perdido
Del mundo dormido
Perturban la paz
Pues
Apenas se siente
Cruzar el ambiente
La briza fugaz.
Poemas de: Manuel M. Flores poeta mexicano nacido en 1840 y muerto en 1885.