* “Carambola hecha” Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

Para zancadillas a la lógica, basta y sobra, por ahora, con la que le puso el Atlético, ayer, al orgulloso Real Madrid (que buscaba ese título como premio de consolación al cabo de una campaña más generosa en tempestades innecesarias que en galardones), en la Final de la Copa del Rey en España.

Aquí, lo más probable es que hayamos quedado vacunados contra sobresaltos tan espectaculares como serían la victoria del Monterrey sobre el América, hoy, o la goleada (4-0, mínimo) del Santos Laguna al Cruz Azul, el domingo, que se necesitarían para evitar la Final que parece “carambola hecha” para el Torneo de Clausura.

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El América, que va en caballo de hacienda tras el empate a dos goles del miércoles en el feudo de la Pandilla, era “fija” para la Final del certamen. Una cosa es que el “Piojo” Herrera –su técnico– no sea el más idóneo para las relaciones públicas (porque tiene el probable defecto de decir lo que piensa… y no la discutible cualidad de pensar lo que dice), y otra muy diferente que no esté cumpliendo como orientador táctico del equipo y como motivador del grupo.

Los resultados están a la vista: el segundo lugar en la temporada regular, la regularidad en la marcha del equipo, la contundencia de sus números, el desempeño sobresaliente de varias individualidades, el título de goleo de Benítez, la presencia sistemática de varios jugadores en la Selección Nacional, hablan de un grupo consciente de que vestir la camiseta crema implica la exigencia irrenunciable de pelear los títulos.

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En la otra esquina, todas las dudas que ha habido con respecto a la personalidad de los jugadores para entender que hay equipos en que lo importante no es competir, sino ganar, y que el plumaje del Cruz Azul es de esos, comenzaron a disiparse a raíz de la conquista de la desairada Copa MX.

Precisamente porque se entendió que una lagartija de esas no es pieza para un cazador de polendas, Memo Vázquez y sus jugadores entendieron el compromiso de ir por una pieza de caza mayor.

Al margen de los pecados mortales que cometió el cuadro bajo del Santos Laguna, el jueves, tanto el empaque futbolístico como la actitud demostrada por los “Cementeros”, justifican con creces la claridad del triunfo y justifican su casi segura presencia como protagonistas de la Final en puerta.
 

Jaime García Elías
MAY 18

* Pachanga Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

Hay aspectos en que el futbol mexicano puede preciarse –modestia aparte– de su seriedad y profesionalismo. En otros, en cambio, es, en toda la extensión de la palabra, un soberano desgarriate…

Por ejemplo, en los ascensos y descensos.

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Se pretende que los reglamentos establecen el posible ascenso a la Primera División como una motivación. Llegar al máximo nivel en el futbol casero implica, para los dirigentes, progresar: llegar al escaparate más importante; tener acceso a las promociones más trascendentales, a los patrocinios y pagos de publicidad y derechos de transmisión más cuantiosos. Para los jugadores, lo mismo: salvo casos excepcionales –por ejemplo, lo que ganaba Cuauhtémoc Blanco cuando Irapuato o Dorados se dieron el lujo de tenerlo en sus elencos, más como imán de taquilla que por su peso específico en el aspecto futbolístico–, media un abismo entre los salarios de la Liga de Ascenso y la Primera División; (acá se parte el pastel; allá se recogen las migajas que se caen de la mesa).

Por contrapartida: puesto que caer al circuito inferior implica un descenso de categoría y un quebranto económico significativo, se infiere que eludir el descenso –como acaba de suceder con el Atlas– es un premio al esfuerzo, y descender –como le sucedió al Querétaro– es un castigo, menos por una sucesión de eventuales infortunios deportivos, que por una larga serie de torpezas y errores administrativos.

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En esas condiciones, sorprende la bulla que se hace a la Final por el ascenso, con la perspectiva de que Neza o La Piedad alcancen, como premio a los aciertos de los dirigentes y a los afanes de los jugadores, la plaza que dejó vacante el Querétaro, pero trascienden varias maniobras que ya se cocinan:

1.- Que si “sube” La Piedad, el equipo se irá a Irapuato.

2.- Que si el Neza “asciende”, se venderá la franquicia y se mudará a Querétaro.

3.- Que si el Neza falla en el intento, Querétaro seguiría siendo plaza de Primera División –a despecho del reciente “descenso” de los “Gallos Blancos”–, mediante el cómodo expediente de comprar la franquicia de los “Jaguares” de Chiapas y transplantarlos (cambiándoles el nombre, desde luego) a “La Corregidora”.

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Colofón: si alguien sabe la diferencia que hay entre los ascensos y descensos en el futbol mexicano, y el papel sanitario, avise, por favor.
 

Jaime García Elías
MAY 17

* “Colados” Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

Es poco probable que Tijuana vaya mucho más allá del punto al que llegó la noche del martes…

El antecedente de que la gran mayoría de los partidos en que se han enfrentado equipos mexicanos y brasileños, dentro de la Copa Libertadores de América (el torneo de clubes más prestigioso del Continente), se han resuelto a favor de los sudamericanos, consigna una tendencia que no puede ser obra de la casualidad ni consecuencia caprichosa del azar.

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La coincidencia de una pifia tan grosera como la de Bruno Cardozo, arquero del Palmeiras, y un remate tan perfecto como el de Fernando Arce, mediocampista de los “Xolos”, con los cuales se escribió la parte medular del 2-1 con que pasó a la historia el partido en cuestión, fue un episodio excepcional. Nadie, como no sea por llevarle la contra a la lógica, se atrevería a pronosticar que esa historia de quebranto a los pronósticos vaya a reeditarse en los partidos que el aún campeón del futbol mexicano va a disputar, en la siguiente fase del certamen, con el Atlético de Minas Gerais.

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Podrá decirse que el Palmeiras dista mucho de ser una constelación de estrellas como solían ser los equipos brasileños que realizaban campañas descollantes en competencias internacionales, y muy particularmente en la Copa Libertadores. Nada que ver, por ejemplo, con el Sao Paulo o en Internacional de Porto Alegre, que en años recientes hicieron escala intermedia en victorias sobre equipos mexicanos, para llegar a la cima del certamen continental.

Sin embargo, aun en el caso de que las previsiones se consumen y los “Xolos” muerdan el polvo ante el actual equipo de Ronaldinho, su desempeño del martes fue encomiable. Fue una actuación en que los recursos futbolísticos, los argumentos técnicos de los jugadores y, sobre todo, la personalidad y la falta de complejos del pelotón dirigido por Antonio Mohamed, merecieron la nota sobresaliente.

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Cuando se abrió –de manera un tanto chapucera: también eso hay que reconocerlo– la puerta para que participaran en la Copa Libertadores, a los equipos mexicanos se les veía con desdén el en Cono Sur del Continente: como “colados”; como intrusos…

Al paso del tiempo, sin perjuicio de que las jerarquías se mantengan –sería pretencioso decir lo contrario–, queda claro que esa competencia ha aportado de manera significativa a la madurez y al prestigio del futbol mexicano.
 

Jaime García Elías
MAY 16

* Boy Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

Terminó su ciclo. Y aunque la cereza en el helado -el penoso sainete que protagonizó al término del partido del domingo pasado ante el Santos Laguna en el Jalisco- fue, más bien, todo lo contrario, Tomás Boy hizo méritos sobrados para inscribirse en el Cuadro de Honor del Atlas…

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En efecto: así como se habla de "La Academia" de Eduardo Valdatti, que tocó la gloria con las manos al alcanzar el solitario título de Liga conseguido hace 62 años, o de "Los Niños Catedráticos" de Javier Novello, o de "Los Amigos del Balón" del "Pistache" Alfredo Torres, o del equipo que llegó, con Ricardo La Volpe en el banquillo, a una Final por primera vez en casi medio siglo, algún día se hablará del equipo que encomendó a Tomás Boy la consigna muy específica de eludir el descenso… y llegó hasta la "Liguilla".
"El Atlas de Tomás Boy" se ganó, sin duda, un lugar en la historia.

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El mutis de Tomás le garantiza una cuota de inmortalidad. Haberse quedado habría implicado contraer un compromiso excesivamente complicado. Mejorar la muestra de lo hecho en el Torneo de Clausura que está en vías de epilogarse, se antoja punto menos que imposible… Por una parte, es muy probable que haya bajas en el plantel. Por la otra, a la vista de los antecedentes del equipo y de la coyuntura de que el club está próximo a experimentar un relevo en la presidencia, parece difícil que pudieran contratarse los refuerzos con cuya presencia en las alineaciones fueran lógicos los resultados que se consiguieron en los últimos meses de manera sorpresiva.

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Boy dice que se tomará unos meses de reposo… Hace bien. Así no se expone a exigencias desorbitadas. Así puede tener la certeza de que, cuando quiera regresar, habrá ofertas atractivas para que lo haga: hizo méritos para ello, considerando que el orden táctico que tuvo el equipo durante el Torneo de Clausura -después, por cierto, de un nada promisorio desempeño en el de Apertura-, pero principalmente la motivación, el carácter, el espíritu de lucha que mostró el equipo, tienen que adjudicarse, en gran medida, al conocimiento del deporte y al don de mando del que fuera su comandante en jefe.

El problema, en todo caso, es para los dirigentes y para el Atlas en pleno: ¡Tomás les dejó la vara muy alta…!

Jaime García Elías
MAY 15

* Curtidos Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

La noche del domingo, a la salida del Estadio Jalisco, tras la derrota (3-1) ante Santos Laguna con que se desvaneció la ilusión de que el Atlas pudiera redondear una campaña de ensueño con el título que se le ha negado desde hace 62 años y felices días –lo de “felices” es un decir–, algunos devotos de la causa rojinegra se fueron al Monumento de los Niños Héroes…

–¿A qué? –se preguntarán los recién llegados.

–¡A festejar! –se apresurarán a informarles los más furibundos atlistas.

–¿A festejar qué, si perdieron? –insistirán los primeros…

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Bueno… Para cualquiera, ajeno a la peculiar idiosincrasia rojinegra, es difícil entender el proceso.

Para el común de los aficionados al futbol, sólo los triunfos se festejan… Es inexplicable, entonces, que tras la frustración de perder un partido que se estaba ganando, y de que se volviera humo el boleto para las semifinales que se tuvo en la mano durante once minutos, haya la disposición de ánimo necesaria para pasar con rapidez el trago amargo, para dar un par de lengüetazos a las heridas en el alma, para perdonar de corazón los errores de Pinto (la mano que le ganó la expulsión), Erpen y Ayala… y salir a festejar la suma de buenos resultados y la cosecha de magníficos recuerdos sumados durante la temporada regular.

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Románticos, quijotescos, dignos émulos de Don Quijote –contrafigura de Sancho Panza, encarnación del pragmatismo–, los seguidores del Atlas acompañaron a la distancia el desahogo de Tomás Boy cuando quería masticarle los hígados a algún prójimo, porque se necesita tener atole en las venas para que no duelan las derrotas. Pero cuando los jugadores del Santos Laguna y los propios rojinegros lo contuvieron, extinguieron el arrebato pasional y dieron paso a la razón, todo quedó claro: caer ante un rival que fue notoriamente superior en los dos partidos de la liguilla, y caer con los atenuantes ya señalados –los errores individuales–, en el cierre (absolutamente imprevisto) de una campaña planeada para evitar el descenso como la prioridad número uno, no es causa de desdoro ni motivo para que nadie se duela ni avergonzado, ni frustrado…

Dolido, tal vez sí. Pero vivir esa experiencia cada año, desde hace 62, algún beneficio tiene… Después de todo, no sólo el cuero: también el alma se curte.
 

Jaime García Elías
MAY 14

* Villano Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

Miguel Pinto, héroe tantas veces, fue esta vez el villano. Anoche, desde que saltó a la cancha para la sesión de calistenia, hasta que salió expulsado cuando el partido era joven y aún estaba vigente el tópico de que “la moneda estaba en el aire”, los rojinegros de corazón lo aclamaron con fervor: clara señal de que el juicio por su aportación a la causa se hace en nombre de tantas batallas que se ganaron con él como baluarte, y no de una que se perdió, aunque a causa de ella se perdiera también la guerra, con él como chivo expiatorio.

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La pifia de Pinto, al tocar el balón con la mano fuera del área —lo que le valió la tarjeta roja— fue circunstancial…

Aunque quizás el hecho fue determinante, porque si ganar un partido como el de anoche, con 11 contra 11, es difícil, ganarlo con un hombre menos se antoja la clásica “misión imposible”, la expulsión del portero fue el pretexto fácil para endosarle a alguien la derrota, y, con ella, la muerte de la esperanza de una campaña más espectacular de lo que fue esta para el Atlas. (Ni punto de comparación, por ejemplo, con la trascendencia que tuvo, el sábado, el autogol de Jiménez con que la fortuna arrebató el boleto para Semifinales a los Tigres y lo puso, envuelto para regalo, al Monterrey).

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En el balance de la serie, por lo sucedido el jueves en Torreón y anoche en el Jalisco, ninguna duda quedó de que Santos Laguna hizo méritos para seguir con vida. Independientemente de la intensidad con que el Atlas comenzó el partido y de la emotividad que le puso su gol tempranero, al paso del tiempo fue notorio que los “Guerreros” tenían más y mejores argumentos futbolísticos para llevarse el gato al agua. Queda en anécdota, también, que si en el partido de ida malograron media docena de claras oportunidades para ganar con amplitud, anoche, aunque en menor medida, hicieron otro tanto.

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A reserva de ponderar los méritos del Atlas en la campaña –muchos más que los yerros que lo bajaron, anoche, de la nube en que andaba– y los atenuantes en la derrota, por demás dolorosa, los cuatro semifinalistas que los próximos días disputarán los boletos para la Final están ahí, sin el menor margen para la duda, por méritos propios.
 

Jaime García Elías
MAY 13

* Héroe… y villano Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

Los partidos de futbol, ciertamente, se juegan en los medios… pero se ganan (o se pierden) en la cancha.

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La mejor prueba de que los partidos se juegan en los medios está, más que en el análisis, en las especulaciones que se derivan, por ejemplo, del duelo que Santos Laguna y Atlas disputaron la tarde del jueves en Torreón…

El análisis de los observadores, en general, se centró en los muchos aciertos de Miguel Pinto en defensa del marco rojinegro, y en los muchísimos escandalosos desaciertos de Darwin Quintero. Con entera justicia se dijo que el arquero chileno fue el héroe, y que el atacante colombiano se ganó a pulso el sambenito de villano de la película. Faltó subrayar, si acaso, que lo primero nada tuvo de sensacional: desde que llegó al Atlas, el balance de las de cal de Pinto con respecto a las de arena, ha sido claramente favorable a las primeras. Pocos goles en contra pueden atribuirse a pecados mortales de Miguel. De contados partidos podría decirse que se perdieron a causa de sus pifias. Muchas batallas, en cambio, se han ganado por obra y gracia de los lances sobresalientes del andino: un portero poco espectacular si se quiere, demasiado sobrio incluso… pero eficiente como el que más.

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Las especulaciones de los observadores, empero, dan un salto en el vacío, sin red protectora abajo…

A partir de la premisa de que en el partido de ida no hubo ganador,  se salta a la conclusión de que las perspectivas son favorables para el Atlas en el partido de vuelta, por el hecho de jugar en casa. Y aunque es absolutamente cierto que los rojinegros fueron ganadores contumaces, como locales, durante la etapa regular del torneo que ahora mismo está en la etapa de las definiciones, se soslaya que uno de los equipos que demostraron que el Atlas es muy respetable en el Estadio Jalisco, pero no invencible, es, precisamente, el Santos Laguna, que lo derrotó (2-1) en la undécima jornada.

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Por lo demás, es de elemental justicia elogiar en el desempeño del Atlas, la tarde del jueves, dos cosas: una, su falta de complejos; otra –puesto que empató un partido que pudo haber perdido por goleada–… la suerte que lo acompañó.

(Indicio, quizás, de que a Dios, por estos días, le está dando por ser rojinegro).
 

Jaime García Elías
MAY 11

* Fortuna Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

Cualquiera diría que el 0-0 del Atlas, anoche, como visitante del Santos Laguna, puede interpretarse como empate con sabor a victoria.

Sin embargo…

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Aunque es cierto que la historia aún está por escribirse, también es cierto que el partido de anoche no constituye ninguna invitación al optimismo para los devotos de la causa rojinegra, ni mucho menos.

Ya se sabe que en el jueguito de la pelota gallega no cuentan las aproximaciones. Las aproximaciones, en cambio, cuando la moneda sigue en el aire —como es el caso— representan indicios de la diferencia entre los dos equipos.

En el caso, las dos desviadas de Pinto a otros tantos disparos de Quintero, en los primeros minutos; las defensas cuerpo a cuerpo del mismo arquero rojinegro en los fusilamientos del propio Quintero y Rentería, todas ellas en la etapa inicial, y, sobre todo, las tres fallas adicionales, escandalosas, de Quintero, más las adicionales de Gómez y Estrada, en el segundo, a cambio del pase de oro de Vuoso malogrado por Millar y del cabezazo de Brizuela que pegó en el travesaño, ambos en el primer tiempo, dejan constancia de la diferencia entre los argumentos futbolísticos de los dos equipos.

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Podría decirse que Santos Laguna ya tuvo su oportunidad de inclinar la balanza de su lado, porque anoche tuvo la ventaja de ser local. Empero, si se recuerda que una de las pocas derrotas del Atlas en la temporada regular se registró en la jornada 11, con el Santos Laguna como adversario (1-2), se llegará a la conclusión de que las circunstancias de local no necesariamente serán determinantes: ni el llamado “jugador número 12” gravita de manera significativa a favor de los rojinegros en el Jalisco… ni los “Guerreros” se acomplejan o son presa del pánico escénico cuando se desempeñan como visitantes.

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Por lo demás, aunque Pinto volvió a ser la figura de su equipo, y a demostrar que es, si no “una garantía”, como suele decirse, sí, ciertamente, un baluarte en la defensa del zaguán atlista, tanto en el partido de anoche como en el que se perdió el sábado pasado ante el León, aparecieron señales preocupantes…

Tantas oportunidades de gol para el adversario —¡y tan claras, sobre todo!— invitan a recordar los varios partidos en que la derrota acechó, aunque prevaleció la victoria, sólo porque la fortuna fue propicia para los rojinegros.

Jaime García Elías
MAY 10

* “Patito Feo” Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

Por elementales razones de “pedigrée”, resulta comprensible que se vea al Atlas —a la par con los “Pumas”— como “el caballo negro” de la Liguilla…

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Se diría que, puesto que tuvo la posibilidad de terminar la fase clasificatoria del Torneo de Clausura como líder de la clasificación general, habría que concederle más posibilidades de ser campeón que las que de hecho se le conceden.

Se diría, también, que puesto que sólo la derrota ante el León, el sábado, en la última jornada de la etapa clasificatoria, opacó un tanto el protagonismo que llegó a tener, lo justo sería colgar sus perspectivas de lo que hizo bien a lo largo de casi toda la ruta, y no de lo que hizo mal en la última jornada.

Recuérdese que el Atlas empezó la competencia con la consigna de evitar el descenso; que paso a paso fue llenando planas, haciendo la tarea, y que en la misma medida en que fue logrando triunfos, sumando puntos, se convirtió en la versión futbolera de “El Patito Feo”, porque terminó convertido en uno de los cisnes más llamativos y garbosos del estanque, o de “Equipo Cenicienta”, porque comenzó como la sirvienta de la casa y podría terminar como la reina de la fiesta.

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Al Atlas, sin embargo, lo condena a entrar a la Liguilla, si no en calidad de “extra”, sí en la de “actor de reparto”, pero no de estelar, su propia historia…

Ni la naturaleza ni la historia, al decir de los entendidos, dan saltos. Equipo de relleno en la mayor parte de los campeonatos, con tres descensos a la Segunda División (“y los correspondientes títulos en las campañas de retorno”, dirán sus incondicionales) en su historial, y con apenas una Final protagonizada en sus ocasionales participaciones en Liguillas, el Atlas, por su misma inconsistencia, no ha conseguido ganar plaza de “equipo grande” en el futbol mexicano.

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Por lo demás, ya en una circunstancia como la de participar en el verdadero campeonato, se sobreentiende que los rivales —Santos Laguna esta noche… y los que vengan después, si los rojinegros logran superar la aduana inicial— no subestimarán sus fortalezas, como eventualmente sucedió en algunos partidos de la temporada regular en que, con el Atlas en la cancha, se vieron burlados los pronósticos. (O sea que los supuestos patos acabaron tirándole a las supuestas escopetas).
 

Jaime García Elías
MAY 9

* Parejitos Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

La lógica diría que los equipos que terminaron mejor colocados en la tabla general de posiciones, al cabo de las 17 fechas de la etapa clasificatoria del certamen que ahora mismo llega a “La Hora de la Verdad”, deben ser señalados como grandes favoritos para conseguir el título…

La historia, empero, aporta la enmienda: sin que sea una regla que al primero de la clasificación se le niega sistemáticamente el título —ni sea cierto, por ende, que existe “la maldición del líder” de que se habla con demasiada ligereza—, las posibilidades de los protagonistas de la “Liguilla” son muy parecidas para todos.

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Mientras los devotos de los campeonatos que se disputan en otras latitudes ponderan las virtudes de equipos “de clase mundial” (Barcelona, Real Madrid, Bayern Munich, Manchester United, Chelsea, Inter, Milan, Juventus, Ajax, por mencionar a los clubes europeos que más simpatizantes tienen en el resto del planeta), desdeñan por sistema lo que el país produce y ofrece a los aficionados  de casa.

Seguramente el futbol mexicano está muy lejos de ser el mejor del mundo. Sin embargo, la experiencia demuestra que la fórmula de los torneos cortos, que se aplica desde hace muchos años, y de la “Liguilla” como culminación de una fase preliminar en que juegan todos contra todos, es efectiva en lo comercial… e irreprochable en lo deportivo.

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Lo primero salta a la vista, semana a semana, en las taquillas y en las gradas. Las entradas fluctúan entre lo regular y lo decididamente bueno. Si el producto no cumpliera con determinados parámetros, la regla serían las entradas miserables, como de velorio de pobre.

En el aspecto deportivo, salvo el criterio proteccionista que se sigue utilizando para dirimir el capítulo del descenso, en el sistema de competencia se han hecho los ajustes necesarios para asegurarse la participación entusiasta y decidida de los aficionados.

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Si los campeonatos, en México, no son mejores, es por la inconsistencia de la materia prima y por los manejos erráticos de las directivas de ciertos equipos, incapaces de adquirir la regularidad —y, por ende, el protagonismo— que sus seguidores quisieran; no porque el sistema de competencia tenga más defectos que virtudes.

El sistema que definía al campeón del torneo largo “a la antigüita” —por puntos— duró, en números redondos, un cuarto de siglo. El de los torneos con “Liguilla” lleva más de 40 años de aplicación sistemática… Por algo será.
 

Jaime García Elías
MAY 8