La revolución blanda Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Desde que Lucio Cabañas se fue a la sierra hace 47 años para tomar las armas y romper por esa vía la miseria y la marginación, Guerrero ha vivido una convulsión permanente que hoy, sus herederos, ven como el principio de ese cambio para convertirlo en una región autónoma gobernada por comunidades indígenas.

Es una apuesta alta, utópica en términos federales, improbable y casi se podría decir que imposible. No lo ven así los arquitectos de esa meta, que ante el agotamiento del pretexto de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, escalaron sus demandas. Ya no de justicia, sino políticas, en el prolegómeno de un invierno de mayor confrontación, violencia y provocación.

Ya no es la lucha armada que escogió por impotencia Cabañas, el maestro rural formado en Ayotzinapa.

Hoy, sus discípulos optaron por una revolución blanda, para retomar el concepto del afamado profesor de la Universidad de Harvard, Joseph Nye, quien escribió en 1990 un libro fundamental, "Bound to Lead", sobre el cambio en la naturaleza de las relaciones internacionales de Estados Unidos, en el que describe cómo cambió su expansión mediante el poderío militar por un poder blando, que sin el uso de las armas incide, influencia y controla los intereses de otras naciones mediante ideología y cultura, como brazo extendido de la diplomacia.

Se puede argumentar que en Guerrero, los grupos armados —cuyo núcleo es el EPR—, su frente de masas —organizaciones civiles, sociales y de derechos humanos, junto con colectivos de abogados y productivos—, y el eje multiplicador de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación —la CETEG es parte de la disidencia que tiene en la Sección 22 en Oaxaca su motor rebelde—, están desarrollando con éxito esta estrategia.

Toman casetas y la Autopista del Sol, con lo que al estrangular el turismo en Acapulco, voltean a los empresarios contra el Gobierno federal y hacen que las cancillerías del mundo exijan a Los Pinos seguridad para sus ciudadanos. Incendian objetivos estratégicos para que las cámaras de televisión registren las llamas en el Palacio de Gobierno y el Congreso de Guerrero, y saquean y destrozan tiendas y propiedades de empresas multinacionales, para que el gran capital reclame. Como nadie los detiene, la incubación de la idea de un estado hobbsiano, ingobernable, avanza aceleradamente en el mundo.

En el exterior están los resortes de la presión internacional, con las cancillerías pidiendo la aplicación de la ley, y las organizaciones no gubernamentales que financian, reclamando al Estado mexicano que la aplique sin reprimir. Es la lucha del débil contra el fuerte, donde el débil es el bueno y el fuerte, sin legitimidad. Las imágenes son de paralización, pese a que los poderes, aunque a tropezones, siguen funcionando sin interrupción. La revolución blanda en Guerrero gana terreno. Este martes se pudo apreciar la sintonía de los discursos entre grupos que, bajo la misma causa legítima de justicia por el crimen contra los normalistas, dibujan para dónde van.

En el Senado, los padres de las víctimas de Ayotzinapa, en voz de uno de los papás, Felipe de la Cruz —el más radical y beligerante de todos—, y del abogado Vidulfo Rosales —cercano al ERPI—, afirmaron que no hay condiciones en Guerrero para que se celebren elecciones el próximo año.
¿Qué tiene que ver la justicia en Ayotzinapa con un proceso electoral dentro de casi seis meses?

En Chilpancingo, la CETEG aseguró que deben desaparecer los poderes en Guerrero, donde además, no hay condiciones para las elecciones. Hoy sí hay, de acuerdo con el consejero presidente del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova, pero los grupos antisistémicos trabajan aceleradamente para construir la destrucción.

Mientras en el Senado descalificaban a los representantes federales y los rechazaban como interlocutores, en Chilpancingo los maestros disidentes secuestraron a dirigentes de los partidos de izquierda y a funcionarios electorales locales, a quienes humillaron e hicieron desfilar con pancartas de “Fuera Peña” y “en el PRD somos ratas”. La sesión del consejo electoral de Guerrero fue interrumpida con violencia, y como los órganos electorales estaban “clausurados”, dijeron, no habría elecciones hasta que no aparecieran los 42 normalistas cuyo paradero y destino aún se desconoce oficialmente.

La causa legítima de Ayotzinapa es como el combustible restante de la revolución blanda. Necesitan presionar al Gobierno federal y a las instituciones con impedir las elecciones, como la siguiente fase de la estratagema.

En este momento todos los grupos antisistémicos están unidos en la misma lógica de trastocar el orden legal y administrativo en Guerrero. Pero el objetivo es distinto —aunque pueden convivir—. Por un lado, los grupos armados, como se escribió en este espacio el 14 de noviembre, buscan crear un corredor indígena que cruce Chiapas, Guerrero y Oaxaca, que sea un ente autónomo de la Federación. Por el otro, la disidencia magisterial pretende la abrogación de la Reforma Educativa y que sea ella la que  mantenga en esos mismos estados —a los que se uniría Michoacán— la rectoría educativa, con recursos y prebendas del gobierno federal.

Impedir que haya elecciones, como lo plantean públicamente ahora, es sólo un paso más en la estrategia.

Para el Gobierno federal nada de esto es un secreto, pero no han mostrado capacidad y reflejos para impedir que la revolución blanda les vaya arrebatando, día por día, Guerrero.

Llevan 76 días consecutivos de derrotas.

Raymundo Riva Palacio
DIC 11

Ayotzinapa: la tormenta del Príncipe Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

En el equipo íntimo del Presidente Enrique Peña Nieto piensan que la crisis social, política y económica por la que atraviesan es una tormenta perfecta, que no deja de ser tormenta y que, por lo tanto, pasará. Aurelio Nuño, jefe de la Oficina de la Presidencia, confirmó al diario El País esa lógica y aseguró que la opinión pública no les modificará el rumbo escogido. “Vamos a tener paciencia en este ciclo nuevo de reformas”, dijo. “No vamos a ceder aunque la plaza pública pida sangre y espectáculo, ni a saciar el gusto de los articulistas. Serán las instituciones las que nos saquen de la crisis, no las bravuconadas”.

Habló el Príncipe que le susurra al oído al Presidente y que es el arquitecto de su aislamiento. Pero la plaza pública no pide sangre ni espectáculo, como descalifica; exige que el Gobierno gobierne y que asuma sus responsabilidades, a las que claudicó durante casi dos semanas tras la desaparición de los  normalistas de Ayotzinapa porque el diagnóstico que presentaron al Presidente era equivocado. Por la boca de Nuño se anticipan las acciones del Presidente. No habrá cambios, está claro. “La segunda agenda del sexenio es acelerar las reformas de la primera agenda”, promete.

Beligerancia discursiva desestructurada de los hechos. La realidad es que están en marcha las contrarreformas. La educativa, donde la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación quiere que se le cree un estado de excepción en Oaxaca, Guerrero y Chiapas donde se abrogue la Reforma Constitucional. La financiera, donde los empresarios, a los que desdeñaron y maltrataron durante el primer tercio del sexenio, los han doblado, y se prepara una reducción de impuestos. Las energéticas y de telecomunicaciones, envueltas en conflictos de interés —que no reconocen en la Presidencia— donde el compadrazgo ha sido recurrente entre los ganadores de las licitaciones, ya bajaron el costo para los inversionistas, que harán el favor de salvarlas del desastre.

En el fondo sí hay cambio. Inclusive en las libertades conquistadas, porque lo que no les gusta es que se señalen sus inconsistencias. Nuño garantizó en El País que no habría represión, pero esta viene en camino. Cuando menos dos periodistas críticos de las políticas del Gobierno están siendo hostigados. Fotografías de los hijos en sobres anónimos llegan como amenaza explícita. Investigaciones federales para buscar elementos de desacreditación personal, han sido ordenadas. Vigilancia con empresas de seguridad privadas, son un recordatorio de que los ojos están puestos sobre los que piensan diferente. Es una regresión en las garantías individuales.

Altos funcionarios federales aseguran que no es una política de Gobierno. Si es así, ¿hay grupos ultras dentro del Gobierno que actúan de manera libre para conculcar las libertades? Así parece. Desde el 1 de diciembre de 2012, la Policía Federal utilizó halcones para enfrentar a los grupos radicales que protestaban contra Peña Nieto, cuyas acciones quedaron registradas en YouTube. También existen testimonios videograbados de su empleo en las últimas manifestaciones en la Ciudad de México. Provocadores hay en todos lados, y ninguna de las partes en conflicto tiene el patrimonio sobre la violencia inducida.

Las palabras de Nuño sugieren que en Los Pinos siguen sin darse cuenta de que no se han dado cuenta. Lo que detonó Ayotzinapa no es una tormenta perfecta, es un proceso que no desaparecerá. Como botones de muestra: la Comisión de Estado que iba a proponer el Presidente, encabezada por el rector de la UNAM, José Narro, fue saboteada cuando entraron policías del Distrito Federal a Ciudad Universitaria y se produjo un zafarrancho; y el conflicto en el Politécnico se detonó cuando los grupos radicales se lanzaron a la movilización y al paro por una reforma propuesta por su ex directora, Xoloxóchitl Bustamante, que había sido aprobada por el consejero presidencial.

Ayotzinapa fue un mero pretexto. El Presidente dijo hace unas semanas que México enfrentaba intentos de desestabilización, lo que contradice la tesis de la tormenta perfecta. La desestabilización tiene como objetivo su renuncia. Hay grupos violentos para quienes su salida forma parte de su agenda de largo plazo, pero también hay resistencias, como admitió Nuño, “de grupos económicos, mejor organizados, contrarios a la competencia”. El mensaje es al jefe del Grupo Carso, Carlos Slim, a quienes no pocos dentro del Gobierno peñista señalan como el autor de la inestabilidad. Sus análisis, sin embargo, requieren  mayor profundidad.

El proceso que se vive sintetizó la indignación nacional en Ayotzinapa, pero no es producto sólo del crimen de los normalistas. Hay mucho más atrás que no se ha resuelto. Un informe del Instituto de Estudios para la Transición Democrática difundido en noviembre, “México: las ruinas del futuro”, aporta claves para el humor imperante: “Los cuerpos policíacos, el Ejército, los partidos políticos, las procuradurías de justicia, los aparatos de inteligencia, los gobiernos locales y federal, tienen una grave e inocultable responsabilidad, y su actuación, por omisión o comisión, configuran un fracaso mayúsculo del Estado Mexicano”.

El Príncipe tendría que escuchar a la calle y a quienes piensan distinto a la burbuja presidencial. No es el coro fácil de la gradería que les pide seriedad y responsabilidad, inclusión y visión. Las instituciones, como están, no sacarán a México de la crisis en la que se encuentra. Como dice el presidente, están débiles y hay que fortalecerlas. Mucho menos aún, las bravuconadas del Príncipe, de las que tanto se queja.

Raymundo Riva Palacio
DIC 10

Ayotzinapa: Cinco políticos, responsables Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

La confirmación que parte de los restos encontrados en el basurero de Cocula pertenecen a Alexander Mora Venancio, uno de los 43 normalistas de Ayotzinapa que fueron secuestrados y asesinados por las policías municipales y la banda criminal “Guerreros Unidos” la noche del 26 de septiembre, obliga a que la justicia plena para encontrar a todos los culpables del asesinato masivo toque a la clase política. Está en la cárcel parte de los presuntos responsables criminales y la PGR va tras el resto. Siguen impunes, empero, aquellos que por omisión o comisión crearon las condiciones para este episodio calificado como “barbarie”. Estos no son clandestinos, ni están prófugos. Son cinco políticos, para empezar, miembros de las tres corrientes que controlan al PRD.

A lo largo de casi 70 días, las autoridades le han dado la vuelta a entrar a ajustar cuentas legales con ellos. Lo que han hecho es un encubrimiento y otorgar blindaje al gobernador con licencia, Ángel Eladio Aguirre, y a los líderes del PRD, quienes apoyaron, encumbraron y protegieron al ex alcalde de Iguala, José Luis Abarca, que convirtió a las instituciones en Iguala en parte orgánica del crimen organizado, de la mano de su esposa, María de los Ángeles Pineda Villa, miembro de una familia donde cuando menos 15 de sus familiares, dirigían una banda que operaba en Tierra Caliente, Guerrero y Morelos, dedicados al narcotráfico, secuestro y extorsión.

La imagen pública de la izquierda reformista, la aliada del Gobierno en el Pacto por México, resultó lastimada por su respaldo a Abarca, pero al mismo tiempo se mantiene impune ante cualquier otra comisión de delitos. El Presidente prometió que irían al fondo para esclarecer la barbarie de Ayotzinapa, y el procurador Jesús Murillo Karam, afirmó el domingo que la investigación seguirá abierta, “tope donde tope”. Parece un juego de palabras, porque jurídicamente está cerrada la investigación. Si se mantiene abierta es para capturar al resto de los responsables materiales y, por supuesto, saber quiénes son los políticos que allanaron el camino para el crimen en Iguala.

Estos responsables políticos, tienen que rendir cuentas claras. Pero hay que ser cuidadosos. No por ser responsables del poder de Abarca, automáticamente son culpables de asesinato. Son cosas diferentes que deben dilucidarse. Se debe comenzar por investigarlos formalmente. El gobernador con licencia Aguirre es por donde habría que empezar y que deje ser visitante frecuente, como él mismo afirma, del despacho del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y de Murillo Karam. ¿Por qué Aguirre?

Por dos razones. La penal, porque sí se le puede imputar el crimen por omisión en sus responsabilidades, que él evade con la justificación que dio aviso de lo que sucedía. La política, porque fue quien encabezó en 2012 la mesa donde cinco miembros del PRD decidieron las candidaturas en Guerrero. No sólo fue la de Abarca en Iguala, sino de la de otros siete presidentes municipales que hoy son investigados por la PGR por su presunta vinculación con los “Guerreros Unidos”, “Los Rojos” y Los Caballeros Templarios. En esa mesa estaba Sebastián de la Rosa, el principal protector de Abarca, miembro de “Los Chuchos” y estrechamente relacionado con el ex líder del partido, Guadalupe Acosta Naranjo.

Asimismo el ex senador y primer secretario de Desarrollo Social de Aguirre, David Jiménez Rumbo, también participó en esa mesa. Jiménez Rumbo, líder del PRD en Guerrero, afirmó en una entrevista que “Los Chuchos” lo tienen vetado porque se opuso a la candidatura de Abarca. Sin embargo participó en la aprobación de las candidaturas, como representante de Alternativa Democrática Nacional, que dirige Héctor Bautista, actual secretario general del PRD, y nunca expresó antes del crimen, haber disentido por Abarca.

Otro participante de las decisiones fue Víctor Aguirre, sobrino del gobernador con licencia, como representante de Izquierda Democrática Nacional, que dirigen René Bejarano y su esposa, la senadora Dolores Padierna, quienes lo destaparon en marzo como su candidato al Gobierno de Guerrero. El quinto en la mesa fue Jesús Evodio Velázquez Aguirre, secretario general del PRD en el Estado, y líder de la corriente Nueva Mayoría, filial de “Los Chuchos”, quienes lo quieren como candidato a la alcaldía de Acapulco. En enero fue destapado en un evento donde la figura central fue el fundador de la corriente, Jesús Ortega.

La mesa de los cinco fue avalada por el entonces líder nacional del PRD, Jesús Zambrano, quien ha buscado deslindarse de Abarca, al igual que el resto de los cinco que lo eligieron candidato. Sus jefes políticos, “Los Chuchos”, Bejarano y Bautista, hablan del tema como si no fueran culpables del encumbramiento del ex alcalde, pese a los antecedentes criminales de la familia de su esposa. Y salvo Aguirre, ninguno de ellos ha sido llamado a declarar en la PGR.

Apoyo político no es ser culpable del crimen, pero todos ellos tienen que aclarar porqué si eran públicas las relaciones criminales del matrimonio Abarca-Pineda Villa, lo respaldaron. Dentro de las cúpulas del PRD aseguran que como pago, Abarca les daba dinero, lo que de confirmarse, supondría que el gobernador y las corrientes que controlan al PRD, recibieron recursos del crimen organizado. Esto deberá ser trabajo del Ministerio Público Federal. Lo único claro por ahora, en su caso, es que Abarca era uno de los suyos, no sólo hasta el 26 de septiembre, sino inclusive después de haber sido la pieza central del crimen en Ayotzinapa.

 

Raymundo Riva Palacio
DIC 8

Peña Nieto y el último “boy scout” Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Los pecados se pagan, pero algunos, sangran ininterrumpidamente. Esto es exactamente lo que le está pasando al Presidente Enrique Peña Nieto, el equipo que importó del Estado de México al Gobierno federal, inopinadamente le está perforando el corazón. Dos momentos lo están definiendo en el mundo y lo hunden: el acercamiento con China y la construcción de una nueva clase empresarial formada por sus amigos. Sin la visión global de lo que estaba en juego, Peña Nieto se fue a la guerra contra las potencias industriales sin ver que, en el campo de la geoestrategia, los débiles son desechables .

En el último mes, Peña Nieto ha sido mutilado por la prensa internacional, que encontró sin dificultad que casos tan disímbolos como la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa y las licitaciones de obra pública tienen como vasos comunicantes la corrupción y la impunidad.

Los conflictos de interés y sus extrañas relaciones con China aceleraron el interés del mundo por exhibir a su Gobierno, y la falta de cultura global le impidió ver lo obvio: si México depende del aparato productivo de Estados Unidos, que está enfrentado económicamente con China, acercarse tanto a Beijing iba a tener consecuencias. Pero al mismo tiempo, si se acerca a Beijing y luego lo humilla, se coloca a la orilla del precipicio. ¿Resultado? Los adversarios se unieron contra Peña Nieto.

El momento que vive tiene su origen a finales del año pasado, cuando el equipo mexiquense de Peña Nieto le entregó información confidencial al empresario consentido del ex gobernador del Estado de México y del actual Gobierno federal, Juan Armando Hinojosa, sobre la licitación del tren rápido Ciudad de México-Querétaro, una obra de 60 mil millones de pesos.

Las 17 empresas que iban a entrar al concurso, entre las que se encontraban gigantes canadienses, alemanes y japoneses, se retiraron del concurso por la imposibilidad de desarrollar el proyecto en el plazo que oficialmente establecía la convocatoria. Hinojosa, otros socios mexicanos –incluido Olegario Vázquez Raña, quien ya está celebrando que le van a dar las dos nuevas cadenas de televisión-, y China Railways, se quedaron con el negocio.

El secretario de Comunicaciones y Transportes, el mexiquense Gerardo Ruiz Esparza, defendió vehementemente en el Senado la transparencia y legalidad de la licitación, pero pocas horas después lo mandaron a la televisión a declarar que el Presidente había decidido revocarla por falta de transparencia.

Ni él renunció por la descalificación, ni explicó nunca –hasta ahora no lo ha hecho nadie-, por qué el Presidente reaccionó con susto en el último momento y en una decisión autoritaria –él no puede, aunque quiera, revocar nada sin arroparse en una disposición legal-, canceló todo. ¿Acaso hubo amenazas de países industriales de denunciarlo en un panel internacional por corrupción? Es un misterio, porqué en menos de 180 minutos se cambió una decisión tomada hace 13 meses.

Una vez más, los 'boy scouts' en Los Pinos siguieron hundiéndose en problemas creados por sus decisiones. Pero ahora con las dos partes. En una secuencia mediática, el periódico South China Morning Post publicó el miércoles que en el primer pago en compensación por la revocación de la licitación del tren rápido Ciudad de México-Querétaro, el Gobierno mexicano entregó 16 millones de dólares a la empresa China Railways, y el jueves, The Wall Street Journal presentó un reportaje sobre Juan Armando Hinojosa, el empresario amigo del Presidente, que armó el consorcio ganador de la licitación frustrada sobre todos los contratos con los que ha sido beneficiado.

Bueno, casi todos: no aparece su flotilla aérea contratada por el Gobierno federal, como antes lo fue en el Estado de México. Peña Nieto, en todo caso, aparece mal parado con los gigantes en conflicto, las potencias industriales y los chinos.

Lo paradójico, que revela su falta de visión geoestratégica, es que el tema con los chinos era un problema anticipado. En el último año, las únicas inversiones importantes en México que han sido canceladas, son chinas. Uno fue el Proyecto Dorado en Cabo Pulmo, Baja California Sur, donde las ONG hicieron cruzada por el daño ambiental –que no había realmente-, y se canceló la inversión de tres mil 600 millones de dólares. El otro, tirado también por ONG alegando lo mismo, fue el de Dragon Mart en Cancún, con una inversión de 200 millones de dólares.

México es para los americanos –la Doctrina Monroe sigue vigente-, y la plataforma comercial que representa es para las potencias industriales que enfrentan a China. Beijing reaccionó al exhibir al Gobierno mexicano en el periódico más importante de Hong Kong –Ruiz Esparza negó la información, y anticipó que volverán a licitar.

Quien quedó atrapado entre las dos fuerzas es el Presidente Peña Nieto, aunque no producto de la circunstancia, sino de las condiciones que se han venido construyendo en su Gobierno. Querían crear una nueva clase empresarial, como la hizo Miguel Alemán en la industrialización de México, o Carlos Salinas en el inicio de la globalización, y cometieron el error que la quisieron edificar con sus amigos y excluyendo a todos los que no eran cercanos.

Toluca no es México, se escribió en este espacio en dos ocasiones durante estos dos años. Pues como se ve, no han aprendido. En el mundo real, siguen siendo 'boy scouts'.

Raymundo Riva Palacio
DIC 5

Bienvenido a la realidad Presidente Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Dos años le duró al Presidente Enrique Peña Nieto su Camelot, el reino fantástico y mítico del Rey Arturo que este jueves en Palacio Nacional, tras presentar su decálogo de medidas económicas, desarrollo y seguridad que buscan enderezar el rumbo del país, mostró que en realidad había una nación rota y corrupta, llena de desigualdades vergonzosas y agravios que no había querido ver. O de qué otra forma se podría explicar que si la nación estaba tan descompuesta en sus entrañas, ¿por qué tardó tanto en presentar una ruta para la reconstrucción nacional? Si el país estaba tan fracturado y fragmentado, ¿cómo fue posible que no se diera cuenta? Dos años perdidos por él y su Gobierno, que nunca creyeron que el país que les entregaban estaba en convulsión.

Los prejuicios contra el Gobierno de Felipe Calderón y el análisis ligero sobre la descomposición institucional, llevaron a Peña Nieto y sus principales asesores a expresar con la soberbia del que no sabe, que la solución para el futuro del país estaba en la construcción de acuerdos parlamentarios, que llevaron al Pacto por México, y para sosegar a la Patria y meterla en la lógica propagandística de transformar a México, minimizaron la lucha contra el crimen organizado emprendida por Calderón y dejaron de combatirlo. Qué equivocados estaban.

La tragedia de Ayotzinapa, como néctar de la putrefacción, expuso la degradación nacional que ignoraron Peña Nieto y el cerrado grupo que toma las decisiones en su Gobierno. Pero aún, después de presentar su decálogo para reconstruir el andamiaje institucional que dejó que colapsara, no termina de entender perfectamente de lo que se trata. Ayotzinapa, dijo, “es un ejemplo de que somos una sociedad que se une y se solidariza en momentos de dificultad”. Si el crimen contra seis personas la noche del 26 de septiembre en Iguala, y la desaparición de 43 normalistas que cayeron en manos de policías vinculados orgánicamente a delincuentes, galvanizó a la sociedad mexicana y la unió, no fue en torno al Presidente y a su Gobierno, sino precisamente en contra de él y sus políticas.

Sigue el Presidente sin ver plenamente el entorno que lo rodea, al dejar en manos de otros decisiones que terminan por afectarlo. El evento donde dibujó un modelo de paz y justicia fue en el Palacio Nacional, cuya puerta central fue quemada por unos vándalos cuyo acto quedó impune. Para poderlo realizar sin nadie manchara el acto, las fuerzas federales secuestraron el Zócalo de los ciudadanos. ¿Vallas y retenes militares en las calles de la ciudad para un mensaje por la paz?

Dentro del Palacio Nacional, las medidas de seguridad fueron extraordinarias. Miembros del Estado Mayor Presidencial en los pasillos y entre los invitados, lo que nunca había sucedido, y en cada paso de Peña Nieto, inclusive para el saludo al más selecto grupo de presentes, los gobernadores, un edecán militar le cuidaba la espalda. Si tanta desconfianza tenían de sus invitados, la elite nacional, ¿para qué los invita? Miedo fue lo que transmitió el Presidente. Miedo para enfrentar el miedo. ¿Qué mensaje es ese?

El Presidente, como muchas otras veces, seguramente tampoco se dio cuenta que los redactores del discurso se tomaron la libertad de recoger de un discurso reciente del presidente Barack Obama, el momento de mayor humildad presidencial. Obama, tras perder su partido las elecciones intermedias, le dijo a la nación que votó contra los demócratas: “Los oigo”. Peña Nieto, en la explicación de la racional de su propuesta, dijo haber escuchado lo que decían los mexicanos en las redes sociales, y los columnistas y articulistas en la prensa, de que Ayotzinapa es un caso que nunca puede volver a ocurrir. La creatividad de los redactores tuvo como fuente de inspiración la Casa Blanca.

No mucho más original tuvo el decálogo presentado, que recogió buenas propuestas que nunca cuajaron o que los propios priistas, cuestionaran en su momento. Por ejemplo, la cédula (clave) de identidad nacional, que la propuso el ex presidente Vicente Fox, o iniciativas como la Policía Única que desarrolló el ex presidente Calderón, de quien también tomaron los operativos especiales en cuatro de los tres estados donde empezó la guerra contra el narcotráfico en 2005, y el desarrollo de bases de datos con la más alta tecnología.

Al PAN le arrebató su reciente propuesta de un sistema nacional anticorrupción, y del presupuesto retomó las obras de infraestructura. La obligación de la Función Pública para transparentar contratos y proveedores ya existe, y leyes expeditas para la justicia cotidiana, es lo que buscan los juicios orales. Otros son obligados en el caso de Ayotzinapa, como la reparación integral a los familiares de las víctimas. Y los menos son fundamentales, como el tratamiento especial a Chiapas, Guerrero y Oaxaca, la cuenca del descontento, para un mejor desarrollo, o la iniciativa para una ley contra la infiltración del crimen organizado en los municipios.

Dos años después, lo que hubo fue una recapitulación programática. Finalmente acepto el Presidente que el México del futuro no es sólo la promesa de las reformas a largo plazo, sino la realidad cotidiana que, de no atenderse, jamás permitirá el futuro prometido. El Presidente entró a la realidad mexicana por la vía más dolorosa, pero hay que agradecerle que ya dio el primer paso. Esto es un avance monumental.

Raymundo Riva Palacio
NOV 28

¿Por qué estamos tan enojados? Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

En dos meses ha habido una explosión de emociones. Se aprecia en las calles y en las redes sociales, en el comportamiento cotidiano de los mexicanos y en los patrones de conducta que han ido escalando su beligerancia. Hay una molestia profunda, combinada con frustración, amargura y de muchas formas, rencor. Las clases medias están incendiadas, los ilustrados despliegan una retórica de odio, el grito se enfoca en el Presidente Enrique Peña Nieto, que es acusado —sin razón alguna— de asesinar a 43 normalistas de Ayotzinapa, y le exigen cuentas o, como reivindicación ante la nación, que renuncie. El grito “¡Fuera Peña!” es parte del paisaje en las redes sociales, que han moldeado y presionado a la crítica en los medios convencionales para desmembrarlo con sevicia.

¿Qué es lo que nos está pasando? ¿Por qué estamos tan enojados? ¿Qué tantos agravios se han acumulado durante cuánto tiempo para que el crimen abominable de Iguala transformara a México en un Krakatoa post-industrial? Nada había movido tanto las emociones mexicanas como la desaparición de los normalistas, 43 recordatorios grabados sobre la piel mexicana de que algo se nos extravió en el camino. Las manifestaciones por ellos han sido un crisol de grupos interesados y miles de personas espontáneamente sumadas a la protesta, facilitada por las nuevas tecnologías que permiten convocatorias masivas instantáneas, con los énfasis y acentos que se deseen. Pero sin importar cuál es el detonante social, político o emocional que los moviliza, ahí están, en las calles, confrontando al  Presidente, como emblema, se podría alegar, del Estado Mexicano.

¿De qué protestan? De lo que sea. Contra la impunidad y la corrupción, por la inseguridad y la economía, por la insatisfacción y decepción de sus líderes que no les resuelven sus problemas. También porque no hay alumbrado y las calles están llenas de baches, porque la vida debe transitar entre mordidas y corruptelas, y porque las vacaciones se convirtieron en una decisión sobre salir o no ante la posibilidad de que las carreteras estén tomadas por quien quiera hacerlo. Porque las calles son del que más grite, y porque se ha perdido la certidumbre. ¡Qué difícil es ser ciudadano en México!, lo que equivale a decir que a todos nos cuesta respirar y nos estamos asfixiando. Vivimos en el mundo de los incentivos cruzados o invertidos, y nos indignamos impotentes.

Las encuestas reducen la inconformidad a la inseguridad y la economía, insuficiente para entender lo que está pasando en esta sociedad que grita por la destrucción de sus sueños rotos. Ni inseguridad ni depresión económica como en muchas otras partes del país había en Baja California Sur cuando los vientos de “Odile” desnudaron la furia y el resentimiento contra todo lo que representaba al status quo, y a quienes veían como tenedores de la riqueza. Parecía que la lucha de clases encontró en los balnearios más caros de México su Palacio de Invierno.

¿Baja California Sur fue el antecedente de Iguala?¿Fueron Los Cabos el primer síntoma de la enfermedad mexicana? No hay todavía ningún estudio sobre el humor social que deconstruya la sociedad, y que explique cómo una mujer divorciada con tres hijos, que no lee periódicos, que pocas veces oye noticias en radio y en ocasiones ve televisión, que se enteró de la desaparición de los normalistas cuatro días después de suceder, descubrió que los secuestradores eran policías una semana más tarde, y hasta después, por lo grotesco del tema, se enteró del ex alcalde de Iguala y de su esposa, se cargó de furia contra el Gobierno, y luego contra Peña Nieto, y terminara vestida de negro, caminando sola y gritando con muchos en las calles el 20 de noviembre.

Veinticuatro días antes de la noche trágica en Iguala, aquí se escribió que lo único que estaba fuera del control de Peña Nieto y podía alterar la buena marcha de sus planes, era el humor social de los mexicanos. Desde junio, la empresa Nodos reflejaba el malestar con el Gobierno. La comunicación se encontraba en su nivel más bajo de atención y credibilidad, lo que significaba que los mensajes del Gobierno, no fueron escuchados, y a aquellos que sí lo fueron, no les creyeron. Las reformas no impactaron en la población en general y lo que el Gobierno celebra, dijo Nodos, no representaba beneficio claro para los ciudadanos.

“La falta de conexión entre el discurso presidencial y la vida cotidiana de los mexicanos, generó una caída en los liderazgos y una carencia de expectativas. En cambio, los demonios del pasado regresaron”, se apuntó. “Hambre y malestar social son una mala combinación para cualquier gobernante. Y cuando esas expresiones se encuentran mayoritariamente en zonas urbanas, el fenómeno se vuelve explosivo”. Aquellos eran los momentos de euforia, pero tan frágiles eran, que en una noche todo cambió.

Peña Nieto es el pararrayos de lo que parece una larga cadena de agravios que en Iguala salieron del subconsciente. Redescubrimos al villano que no exorcizó los lastres del pasado. En menos de dos meses, materializando en él lo que no podemos explicarnos o identificar en qué momento se evaporaron nuestros sueños, estamos tan enojados con el Presidente que lo usamos como chivo expiatorio. No es inocente del todo. Su Gobierno es excluyente y es más pública la corrupción. Pero del problema de la crisis de todo y de todos, no es el autor intelectual. Es bastante más complejo que ello, aunque no tenemos ninguna respuesta que explique porqué esta es una sociedad impregnada de rencor.

Raymundo Riva Palacio
NOV 27

El quiebre de las elites (II) Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Parafraseando al historiador Gastón García Cantú sobre lo que Anenecuilco en Morelos significó para la Historia de México, Ayotzinapa es una herida por donde sangra el país. La desaparición forzada de 43 jóvenes galvanizó agravios y protestas en el país, pero la expresión de descontento más grave, porque de sus decisiones y el nivel de confrontación que asuma contra el Gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto se verán consecuencias para el país, es la que se vive con la elite empresarial. No la inició ese crimen, pero la crisis hizo pública la batalla entre esos sectores.

El Presidente dijo hace unos días que hay grupos interesados en desestabilizar a su Gobierno. No los identificó, pero no se referiría en esos términos a la guerrilla que opera en el Sur del país, o a la disidencia magisterial, que son dos grupos plenamente identificados y que no representan riesgo de ruptura nacional por sí solos. Tampoco puede pensar en los anarquistas, que no dejan de ser grupos sectarios y sin apoyo masivo. ¿A quién entonces se refirió el Presidente? A los únicos que, como históricamente se ha probado, si sus apoyos cambian de lado, a quien abandonan hunden.

Son algunos grupos empresariales, afirman en algunas oficinas en Los Pinos. El coordinador del Partido Verde en la Cámara de Diputados, Arturo Escobar, dijo el viernes en una entrevista de radio que quieren desestabilizar al Gobierno, aunque hasta dentro de unos meses, anticipó, revelará sus nombres. Los peñistas no entienden cómo pudo crecer el conflicto sin una mano económica poderosa que meciera la cuna. Sin autocrítica alguna, ven al enemigo afuera, sin reflexionar cuánto de la reforma fiscal y la entrega irregular de obra pública a grupos cercanos al Presidente, que incurrió en conflictos de interés y corrupción, fueron los multiplicadores de la ingobernabilidad por la oposición abierta al Gobierno.

El 3 de septiembre pasado se publicó en este espacio: “El Presidente… tiene que saber que la ola que habla de corrupción en su Gobierno crece cada semana… La percepción que hay una sed insaciable en su administración por el dinero fácil y sucio, es la mayor en más de medio siglo… Comisiones de 25% para entrega de obras públicas y viviendas…; mal uso de fondos públicos para casos de emergencia… Grupos beneficiados en licitaciones… Presiones a inversionistas para que escojan como compañeros de aventuras empresariales a los amigos y a los cercanos”.

Coincidió esta creciente molestia empresarial con la publicidad en medios de la película "La Dictadura Perfecta", producida por Televisa con el apoyo del EFICINE, el Estímulo Fiscal de Inversión en la Producción y Distribución Cinematográfica Nacional, por 20 millones de pesos. Dirigida por el cineasta Luis Estrada, se convirtió en una de las películas más taquilleras. La película parece un "sketch", y aunque llena de lugares comunes, al ser bien presentados en el guión y los parlamentos, causan risa.

Pero si uno piensa en los efectos de la inopinada propaganda subliminal, la idea incubada es poderosa: una empresa televisora pone y quita presidentes, les administra sus crisis y cuando sus clientes se convierten en lastre para sus intereses económicos, los desecha. Los personajes de carne y hueso detrás de la parodia son el vicepresidente de Televisa encargado de las relaciones políticas, Bernardo Gómez, y Sergio Meyer –que interpreta supuestamente a Peña Nieto–, yerno de Jaime Camil, quien cayó de la gracia presidencial desde que buscó interceder por Oceanografía y recientemente frustrado competidor en la licitación del tren rápido México-Querétaro.

"La Dictadura Perfecta" motivó una amplia repulsión a los usos y costumbres de la política mexicana, sintetizados en la figura del Presidente, quien siguió recibiendo golpes. El más certero, por su alcance y repercusión, fue la revelación de las majestuosas propiedades de su esposa, obtenidas mediante la gestión inmobiliaria de su amigo, empresario y financiero de la campaña presidencial en 2012, Juan Armando Hinojosa quien, por cierto, había ganado la licitación del tren rápido. En Los Pinos, las mentes fáciles y lineales, están convencidas de que todo está tramado por las élites contra el Presidente.

Pero la revelación sobre el conjunto de casas de la señora Angélica Rivera, que tanto los incendió y desubicó, difundida en Aristegui Noticias y Proceso, fue resultado de una investigación de seis meses de un equipo de periodistas con el apoyo de la plataforma de periodismo latinoamericano CONNECTAS y el Centro Internacional para Periodistas en Washington. No responde a conspiración alguna; la señora, con el aval de su esposo, mostró parte de las casas hace meses en la revista Hola, antes de que abriera Los Pinos para mostrar su glamour ante las cámaras de Marie Claire.

La Presidencia vive los costos de sus errores, por sus abusos y arrogancias. ¿Hay razones para pensar que las élites empresariales actúan con perversidad contra el Presidente? La pregunta se contesta con otra pregunta: ¿por qué se tienen que soportar la soberbia, los conflictos de interés y la corrupción? Las élites se quebraron como reacción a las acciones de la cúpula en el poder, y su ruptura se inscribe, cierto, en el frenesí de la agitación nacional. Pero buscar en ellas al enemigo es un despropósito, y la ratificación de que después de 60 días de crisis por la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, aún no termina de comprender lo que, con sus acciones y omisiones, ha hecho en esta administración.

Twitter: @rivapa

Raymundo Riva Palacio
NOV 26

El quiebre de las elites (I) Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

A la crisis política, social y económica detonada por la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa en Iguala, se le han sumado al Gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto otras crisis de segunda generación: la pérdida de confianza y legitimidad nacional, el colapso de su imagen en el mundo, incertidumbre jurídica por la corrupción, dudas de los inversionistas extranjeros ante las ausencias del Estado de Derecho y, quizás lo más importante, el quiebre del consenso entre las elites mexicanas. Se puede argumentar que el problema que enfrenta Peña Nieto no tiene comparación alguna con ningún momento en la Historia de México en tiempos de paz.

La última vez que se fracturaron las elites mexicanas fue en 1982, cuando el presidente José López Portillo nacionalizó la banca como una fuga hacia delante de la crisis económica, que encontró aliados entre los empobrecidos mexicanos y agraviados con las clases de mayores ingresos, y transitó los últimos 120 días de su Gobierno en medio de rumores de golpe de Estado. Este nuevo quiebre es muy distinto. López Portillo no se quedó solo al embestir a la elite empresarial, capaz de desestabilizar un país, como muchos de ellos lo hicieron al sacar su dinero y profundizar la crisis, pero Peña Nieto si parece estar solo ante ellos. En los dos últimos meses se ha visto una creciente oposición nacional enfocada en él, de todos los frentes. La pregunta que tendría que hacerse para entender el todo de lo que pasa es ¿por qué están tan enojados los mexicanos con él?

La elite empresarial, es público, está muy agraviada con el Presidente Peña Nieto, que se le ha enfrentado abiertamente y exigido cambios en la política económica y en la estrategia de seguridad. Es muy contrastante con lo que sucedió con la mayoría de sus antecesores. Crisis política, social y económica tuvo Ernesto Zedillo en 1995 y 1996. En grado diferente las tuvieron Carlos Salinas en 1994, y Felipe Calderón de 2007 a 2009. La económica acompañó a Miguel de la Madrid durante casi todo el sexenio, y Gustavo Díaz Ordaz resistió una crisis política y social en 1968. Luis Echeverría y López Portillo chocaron contra los líderes empresariales al afectar sus intereses y vivieron la desestabilización. Lo que fue muy distinto entre ellos y Peña Nieto, es el contexto nacional.

Hoy el sistema es democrático —aunque inmaduro—, pero no autoritario. La libertad de expresión cruza por los medios de comunicación convencionales y encuentra su paraíso en las redes sociales, cuyo anonimato puede ser tan grande como la imposibilidad de controlarlas. Las plataformas tecnológicas y la globalización crean arenas públicas multidimensionales y, no hay que olvidar porque es un dato muy relevante, está en el primer tercio de su administración. Toda reforma de fondo genera resistencias, escribió en sus memorias el ex primer ministro inglés, Tony Blair, una máxima que ha recogido Peña Nieto en algunos discursos. Pero las reformas exigen negociación y bálsamo, no confrontación y agravios permanentes.

La elite empresarial siempre estuvo, por razones de conveniencia mutua, muy cercana al poder. Durante el Gobierno de Salinas, eran invitados regulares a platicar con el Presidente. En el de Zedillo, si él no podía atenderlos, su secretario particular Liébano Sáenz, que era un secretario de Gobernación sin portafolio, nunca dejó de recibirlos —como a todo otro grupo político que pedía cita en Los Pinos—. En el de Vicente Fox y de Calderón rebasaron sus límites, y mutaron de ser grupos de poder en poder en sí mismo. Un cercano colaborador de Peña Nieto dijo hace algún tiempo: “Aquí venían (a Los Pinos) no a negociar o a cabildear, sino a redactar las iniciativas de ley. Le ponían hasta los puntos y las comas”. La receta fue modificar radicalmente las reglas del juego, y la medicina fue alejarlos del poder, por haber hecho mal uso de él, según el diagnóstico.

El primer cambio lo vieron en el trato del secretario de Hacienda, Luis Videgaray. Se encerró en su trabajo y se convirtió en una muralla infranqueable para ellos. Varios empresarios, entre ellos entre los más importantes del país, se quejan de lo difícil que es acceder a él. Muy difícilmente tiene tiempo para atender los asuntos directamente relacionados con su trabajo, porque el Presidente le encarga una variedad de asuntos que le consumen buena parte de su actividad diaria. En quien recae la otra parte de la interlocución de las elites es con el jefe de la Oficina de la Presidencia, Aurelio Nuño, quien chocó con ellos desde un principio.

En una de sus primeras reuniones con los capitanes de la industria en Los Pinos, donde se quejaron que no eran escuchados, les dijo que sí los escuchaban, pero que las reglas del juego eran diferentes. Serían tratados como un grupo de interés, como tantos otros, y no como parte del Gobierno. Co-gobierno con los empresarios no habría, les dejó ver. ¿Qué recibieron a cambio? Reiteración en la práctica del poco acceso al Presidente, una reforma hacendaria impositiva para ese grupo, que contribuyó a la desaceleración económica actual, y licitaciones a modo para empresarios mexiquenses amigos de Peña Nieto. Nepotismo y corrupción, podría resumirse. Algo tenía que pasar, y sucedió.
 

Raymundo Riva Palacio
NOV 25

El Presidente está enojado Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Desde hace varias semanas el Presidente Enrique Peña Nieto perdió dirección. Iguala le rompió su mapa de navegación y, en las condiciones actuales de ilegitimidad que enfrenta a nivel nacional e internacional, incluso hasta en riesgo pone el proyecto de Nación que construyó con los partidos políticos dentro del Pacto por México. Desde que regresó de su viaje por Asia hace 10 días, cambió el tono del discurso y no ha dejado de verse enojado. Nada es más peligroso para él, para su Gobierno y para el país, que la molestia lo empape porque no pueda restaurar el orden, la seguridad y la estabilidad. Pero tomar decisiones con el ánimo incendiado es lo peor que puede sucederle a él, y abre el camino para que la crisis se profundice y arrastre a todos.

El viernes pasado hubo una demostración a puertas cerradas de que el Presidente ya no está viendo quién la hizo sino quién se la paga. En una de las muy raras ocasiones que ha convocado al gabinete en pleno, reunió al mediodía en Los Pinos a todas las secretarias y secretarios de Estado para hacerles una reprimenda que en sus términos y especificaciones, nadie en su equipo lo recuerda. Pero tan notorio como el espíritu beligerante y fulminante de su actitud, fue que dijera quiénes de todos los ahí presentes, no eran responsables de lo que está pasando.

Peña Nieto dijo al gabinete que lo que sucedía en el país no era responsabilidad, menos culpa aún, del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, o del secretario de Hacienda, Luis Videgaray. En una frase, los descartó del sonoro regaño que estaba haciendo. Es decir, dejó ver claramente su postura y creencia, que lo que sucedía no era resultado de ingobernabilidad o de que las cosas en materia de gobernación, seguridad y desaceleración económica fueran factores de inquietud y molestia nacional, sino de la falta de apoyo por parte del resto del gabinete que lo ha dejado solo.

El Presidente se quejó de que ninguno de los presentes, salvo casos específicos, salieran a dar la cara por él. Por ejemplo, en el momento de mayor intensidad, de acuerdo con una versión de la reunión, dijo que durante las marchas de protesta del 20 de noviembre, vio desfilar contingentes del sector campesino. Sin mencionar su nombre directamente, cuestionó al secretario de Agricultura, Enrique Martínez, por no haber operado políticamente para desactivarlos. Para qué necesitaba un responsable de agricultura, sugirió, si él tenía que hacer su trabajo.

Peña Nieto olvidó en el enojo que los sectores campesinos no responden homogéneamente al Gobierno o al PRI, sino que hay numerosas organizaciones cuyos intereses y lealtades están en la oposición o, en el contexto actual del conflicto iniciado en Guerrero, están vinculadas a la guerrilla. No sabe, porque seguramente no se lo han dicho, de la inconformidad en el gabinete que podrían contribuir con experiencias y operación, porque han sido totalmente marginados y aislados de todo tipo de acción por la Oficina de la Presidencia, que encabeza Aurelio Nuño.

La furia del Presidente no tiene sentido porque el deterioro acelerado de las condiciones de gobernabilidad en el país y el creciente clima de inestabilidad en varias regiones, están directamente vinculadas al proceso de toma de decisiones que él escogió y aprobó, que lo tiene encapsulado por un pequeño grupo de colaboradores en los que confía ciegamente son quienes deslindó de responsabilidades. Peña Nieto vive una endogamia presidencial donde, por lo que planteó al gabinete, no se ha dado cuenta que no se ha dado cuenta. Ni siquiera, por lo que deja traslucir con sus actitudes, ha escuchado lo que han estado declarando sus propios secretarios de Estado.

¿Por qué el secretario de la Defensa, general Salvador Cienfuegos, hizo público que la decisión de cancelar el desfile del 20 de noviembre no había sido suya? ¿Por qué responsabilizó implícitamente a los políticos de ello, y deslindó a los militares? ¿No acaso el general Cienfuegos le estaba diciendo algo importante al Presidente? O cuando el secretario Videgaray declaró en Washington que los sucesos en Guerrero ponían en riesgo las inversiones, ¿de qué pensaría el Presidente estaba hablando si no de ingobernabilidad?

No quiere ver el Presidente que el diseño de toma de decisiones en Los Pinos, no una persona en particular, es responsable directo —y por ende culpable— de que las cosas no le estén saliendo. O quizás no pueda ver lo que pasa en el entorno porque la cápsula en la que ha estado hace dos años lo ha hecho ver una realidad mexicana que es falsa.

Si se enoja por frustración, por impotencia, o porque siente que las cosas no salen porque su gabinete es el que le está fallando y no el diseño para la toma de decisiones, el terreno en el que se está metiendo es el de la paranoia, donde entre más se encierre más yerros va a cometer. Si esto continúa como hasta ahora, la furia contra el gabinete contaminará su estado de ánimo general y todas las acciones para restaurar la paz nacional. Pero esto será imposible si no enfría la cabeza, se serena, y acepta que puede haber gente capaz de ayudarle afuera de la Presidencia tripartita en la que tanto confía.

Raymundo Riva Palacio
NOV 24

Propuesta contra el miedo Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

El miedo se ha metido en el cuerpo mexicano. Desde hace unos días circularon por WhatsApp mensajes idénticos pero con voces diferentes, que advertían sobre los riesgos para sus hijos el día de las marchas del 20 de noviembre y urgían a no enviar a sus hijos a las escuelas. Las madres hicieron viral el mensaje y en varias escuelas se suspendieran clases o se recortaran los horarios. Fue una estrategia de contrainformación para construir una realidad a través de verosimilitudes, que encontró carta de autenticidad con el anuncio de la cancelación del desfile del 20 de noviembre.

El miedo genera incertidumbre y desasosiego. También lleva a la sensación que el Gobierno está rebasado y es incapaz de dar seguridad a los ciudadanos. Alegar que el miedo no tiene razón de ser y que la violencia responde a intereses políticos que quieren desestabilizar al gobierno, no tiene mucho sentido. La guerra por las mentes, a través de las imágenes y los mensajes, la está perdiendo el Gobierno federal porque ningún discurso, o la presencia permanente del Presidente Enrique Peña Nieto en televisión, puede con la construcción de violencia en el imaginario colectivo.

Las verosimilitudes se derrumban con verdades, pero la certidumbre se alcanza mediante acciones concretas que la fortalezcan. Un plan de acción, con táctica y estrategia, tiene que desarrollarse para que la nación, indignada por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, empiece a serenarse, y las angustias y frustraciones que vive la sociedad mexicana, sintetizadas en la brutal violación de derechos humanos en Iguala, dejen de contaminarse por la violencia de las últimas semanas.

Se tiene que sellar el territorio en donde la violencia forma parte de una estrategia de insurrección. La violencia real está focalizada, pero la percepción es que afecta a todo el país. La violencia es un plan de acción de grupos anti sistémicos en la cuenca del descontento que componen Guerrero, Oaxaca, Michoacán y Chiapas. La falta de un plan de contención claro provocó que la violencia en Guerrero se extendiera a Oaxaca y Michoacán, tocara las puertas de la Ciudad de México y empezara a afectar también a Chiapas.

En esa cuenca, los enemigos del Gobierno están claros. Son la Coordinadora de maestros y la guerrilla. Con los movimientos armados, no hay forma de pactar. La guerrilla le tiene declarada la guerra al Estado mexicano, aunque en estos momentos no han utilizado las armas para profundizar la desestabilización. La lucha contra esos grupos es la propaganda y la comunicación política, donde el Gobierno federal, que va perdiendo esa batalla, tiene que encontrar los caminos para aislarlos.

La guerrilla no tiene posibilidades de avanzar si carece de un frente de masas político que opera en la legalidad y el respaldo de fuerzas políticas. Una de las fuerzas políticas que en este momento los está respaldando por convenir a sus intereses es el líder de Morena, Andrés Manuel López Obrador. ¿Cómo neutralizar ese apoyo? La respuesta la dio esta semana el gobernador de Morelos, Graco Ramírez: exigirle que se deslinde de ellos. Lo mismo se puede hacer con las organizaciones sociales en Guerrero que responden a los intereses de la guerrilla, que no dejarán de hacerlo, pero se les elevarán los costos políticos.

La Coordinadora de maestros, la fuerza disidente del sindicato, es la que articula la violencia callejera en la cuenca del descontento. Los líderes de la disidencia magisterial, algunos conectados con la guerrilla en el sur del país, han hecho acciones de propaganda armada —la quema del Palacio de Gobierno, del Congreso en Chilpancingo, y la toma de propiedad de multinacionales—, para fortalecer su demanda: la abrogación de la Reforma Educativa. Hasta ahora el Gobierno les ha dicho que es irreversible, lo que permite suponer que la insurrección seguirá. ¿Qué se puede hacer?

Una estrategia puede ser similar a como se enfrenta un incendio descontrolado en un bosque. No se busca apagarlo, sino que no se extienda. En ese caso se tumban árboles y se limpia el material inflamable alrededor de él. Guerrero puede aislarse de Oaxaca y Michoacán, donde están sus vasos comunicantes, y dejar que la agitación se consuma en el estado y se vaya apagando por falta de oxígeno. Esto equivaldría, desgraciadamente, a que el conflicto se mantenga por algún tiempo más en Guerrero, pero al controlar sus fronteras, se evitaría que crezca de la retroalimentación nacional.

Las imágenes de violencia es lo que anima a otros grupos a sumarse contra un Gobierno que ven debilitado. Si la violencia se aísla en Guerrero, los incentivos de los grupos que quieren cobrar sus agravios escondidos en esa irrupción, bajarán ante el riesgo de que sus verdaderos motivos queden expuestos. La disminución de la violencia por el acotamiento en Guerrero ayudará a la sociedad a reducir sus miedos, y disminuirá los efectos de la contrainformación desestabilizadora.

Sin embargo, esta propuesta para contener la violencia que reduzca el miedo, no tendrá éxito en la medida en que el Gobierno federal no explique con verdades jurídicas qué sucedió con los 43 normalistas de Ayotzinapa. Esa es la causa legítima detrás de la que se escudan quienes buscan descarrilar al Gobierno, y mientras se mantenga viva, las estrategias y las tácticas tendrán un alcance limitado. Pero tiene que empezarse a hacer algo con rumbo y objetivos claros. Y Guerrero es por donde comienza el camino.

Raymundo Riva Palacio
NOV 21