El fin de la prohibición Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

La realidad alcanzó al presidente Enrique Peña Nieto muy lejos de México y de Michoacán. En su primer día pleno de actividades, Klaus Schwab, presidente del Foro Económico Mundial, que cada año celebra en Davos su reunión anual con los líderes políticos y empresariales, lo cuestionó al término de su discurso esta semana en ese destino turístico suizo: “Pese a todas las buena nuevas que está compartiendo con nosotros sobre el proceso de reforma, México enfrenta aún noticias negativas en la prensa relacionadas con la seguridad”.

Peña Nieto no tuvo más remedio que encarar de manera abierta el tema que por diseño había cancelado de su discurso desde el arranque de su Presidencia: la seguridad. “No puedo ignorar un tema que ha sido señalado y que ha afectado a México en los años recientes, que es el tema de la inseguridad y que, por cierto, no es único de México”, respondió. A partir de ese inicio, elaboró una articulada y amplia respuesta. Imposible una improvisación. Demasiada precisión conceptual, exacta puntualización sobre los ejes que se trabaja, palabras fluidas y sin errores. Peña Nieto, estaba preparado para afrontar finalmente esa parte de la realidad mexicana.
Desde el inicio del sexenio había un marcado interés en su equipo por marcar una clara diferencia con su antecesor Felipe Calderón, particularmente en el tema que más había lastimado a la última Presidencia panista: la seguridad. Por eso, de un día para otro, literalmente, cambió el discurso y el método.

Como estrategia de gobierno, se estableció una coordinación dentro del gabinete, que por obvio que parezca había sido imposible en la administración de Calderón, donde su equipo estaba confrontado y sin comunicación. Como estrategia de seguridad, se adoptó la doctrina de un asesor del comisionado de Seguridad Pública, Manuel Mondragón, de que para reducir la violencia había que dejar de combatir a los cárteles de la droga. En busca del cambio de tono desaparecieron las palabras que dichas por el gobierno generaban ansiedad y temor —como guerra y narcotráfico—, dejaron de presentar a la prensa a presuntos criminales, cancelaron sus entrevistas, eliminaron del lenguaje oficial los apodos y la identificación por nombre de las bandas criminales.

El Presidente nunca hablaría de estos temas e, incluso, jamás le pasarían ningún informe, recorte de prensa o tarjeta alguna que se refiriera al tema, para evitar que tuviera la tentación de mencionarlo.

El discurso de la seguridad entraba en un proceso de higienización basado en la lógica —traslada a política pública—, que si no se combatía a las bandas criminales, se reduciría el número de muertos. Como fue claro en las primeras semanas del gobierno peñista, la doctrina se rompió por la falacia del argumento. Sólo de noviembre de 2012 a diciembre de 2012, entre Calderón y Peña Nieto, los delitos se incrementaron en 129%.
Probaban los criminales al nuevo gobierno. Ante el repliegue de las fuerzas federales y la no confrontación de las bandas criminales, la puerta se volvió a abrir a la delincuencia organizada. La prensa terminó pronto su luna de miel con el nuevo gobierno y empezó a reportar el repunte de los cárteles.

El diseño presidencial seguía rígido: Peña Nieto no hablaría de la seguridad. Pero el resto del gobierno veía que su modelo inicial se colapsaba. Tuvieron que empezar a mostrar presuntos criminales para contrarrestar las críticas de que no hacían nada contra ellos. Odiaban la numeralia de la criminalidad, y tuvieron que empezar a dar cifras de detenidos. La resistencia a no utilizar apodos para identificar a detenidos se rompió recientemente en Michoacán, cuando regresaron a lo que se hacía antes. Y en la contradicción más grande de su forma de proceder, el gobierno estableció un número específico  de líderes criminales como objetivos estratégicos, al igual que lo había hecho el predecesor. Es decir, la definición de victoria táctica que empleó Calderón, es idéntica a la de Peña Nieto.

Michoacán terminó de sacudir al Presidente. El arranque del año liquidó la estrategia y el diseño original. La prensa extranjera se tapizó de informaciones sobre las autodefensas, que llamó milicias y paramilitares, subrayando que contaban con el respaldo del Gobierno Federal. Ante la percepción creciente que México era un país sin leyes, la Presidencia cambió la fórmula. Peña Nieto tendría que hablar sobre el tema prohibido en Los Pinos. Rumbo a Davos, en la escala técnica en Canadá, se refirió a Michoacán y a las autodefensas durante una charla con la prensa que lo acompañaba, y en Suiza habló tres veces del tema. Pero a diferencia de sus colaboradores, que se enredaron en sus declaraciones y contradicciones, Peña Nieto estableció líneas claras sin dar margen a confusión.

Las autodefensas no estaban dentro de la ley, dijo. Para aquellas que legítimamente se habían levantado en armas para proteger su vida y la de sus familias, las invitaba a sumarse a la policía. Había una debilidad institucional en Michoacán y policías que trabajaban para criminales, que había que restaurar, reconoció. Peña Nieto, en su primera gran irrupción en la arena pública con el tema, vistió datos viejos de nuevos.

Cuando aseguró que el número de homicidios vinculados con la delincuencia organizada iba en descenso desde 2011, se refería a lo que difundió el gobierno de Calderón: en abril de 2011 se alcanzó el tope de homicidios, y a partir de ahí vendría una reducción gradual. Peña Nieto dijo que la disminución en su administración es de 30%, sin aclarar que esto se debe a un cambio en la metodología: en el gobierno pasado las víctimas se contabilizaban individualmente; en este, se contabilizan las averiguaciones previas, por lo que si en una de ellas hay más de dos víctimas, cuenta únicamente por una.

Catorce meses después de haber iniciado su Presidencia, su mensaje de transformar a México se topó con la realidad de la única ancla que no puede incorporar en él, y que ya no puede esconder. No es una derrota para Peña Nieto el que haya quitado la barrera del silencio al fenómeno de la inseguridad, sino es un reconocimiento de una realidad que tercamente se habían negado su gobierno a reconocer. Es un paso positivo. Para poder enfrentar un problema incrustado y podrido durante lustros, quizás generaciones, lo primero que hay que hacer es admitir que existe para actuar en consecuencia. Aceptar no significa que se tendrá éxito. Lo dijo Peña Nieto en Davos, corrigiendo también el triunfalismo de algunos de sus colaboradores: van avanzando, pero falta mucho por hacer.

Raymundo Riva Palacio
ENE 26

Regreso sin Gloria Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Después de haber sido alcalde de Morelia en cuatro ocasiones y ganado la elección de gobernador en Michoacán, el bastión simbólico del PRD, se podría entender que Fausto Vallejo estuviera determinado a regresar al poder después sobrevivir una enfermedad renal. Pero su tozudez —pidió reiteradamente licencias por seis meses— y le salió caro a él y a los michoacanos. Se aferró a un cargo que por salud se le había ido entre las manos y luego, para cubrir el deterioro personal y del estado, quiso ocultar con mentiras que Michoacán vivía en paz, sin necesidad de traqueotomía.

Hoy Fausto Vallejo es un gobernador que no gobierna, y el poder del que no se quiso desprender por razones aún no claras, ha destruido lo que durante años de brillante carrera política de partido forjó: el respeto. La crisis de seguridad en Michoacán desnudó la ingobernabilidad que creyó esconder, y su tardío reconocimiento que sólo no podía enfrentar a los cárteles de la droga y a los grupos civiles armados, lo arrolló y lo despojó de todo, salvo la responsabilidad formal.

Este miércoles, el Gobierno Federal nombró un comisionado para la Seguridad y el Desarrollo Integral, con poderes plenipotenciarios. “Es un gobernador de facto”, dijo el presidente del PRD, Jesús Zambrano. La prensa no dudó en señalar que Vallejo estaría sometido a la decisión del comisionado, Alfredo Castillo. “No soy un pelele ni un títere, ni una persona que sus valores le permitan entregar la soberanía del estado”, respondió molesto a las preguntas de los periodistas que cuestionaron su función en el contexto actual.

Poca vida tuvo su enjundia. La mañana del viernes le habían peguntado los periodistas si cambiaría a su procurador y secretario de Seguridad Pública, que habían sido evaluados por Castillo un día antes. “No —respondió—, son buenos funcionarios”. Por la tarde se comió sus palabras durante una conferencia de prensa donde anunció que serían sustituidos. El federalismo estaba hecho trizas en Michoacán y él, por varias razones, podrá cargar con la principal responsabilidad de esa desgracia democrática, por la forma cómo construyó y administró su gobierno.

El 22 de noviembre pasado, este reportero escribió una columna “Michoacán, peor imposible”, donde se narraba: “… Vallejo ganó la elección en noviembre de 2011 y de acuerdo con políticos expertos en los temas michoacanos, desperdició la oportunidad para reconstruir su estado al establecer una alianza con el ex gobernador Leonel Godoy, quien dejó una deuda de 38 mil millones de pesos —la más grande de los estados—, y un déficit de 10 mil millones. (Godoy) Heredó de su antecesor Lázaro Cárdenas Batel un estado infectado de cárteles de la droga, y lo dejó convertido en un campo de batalla, que llevó a los michoacanos a vivir el momento más angustiante de su historia.

“El artífice de ese acuerdo fue Jesús Reyna, a quien nombró secretario de gobierno, por medio de uno de los hermanos de Godoy, con quien creció y estudió. La alianza, dijeron los políticos, abrió frentes con la senadora Luisa María Calderón, que perdió la gubernatura ante Vallejo pese a los recursos que inyectó el gobierno de su hermano el ex presidente Felipe Calderón… El equilibrio con esa alianza, que era muy frágil, se alteró cuando Vallejo pidió licencia en mayo (de 2013) para atender una enfermedad renal.

“De acuerdo con los políticos que entienden de Michoacán, al asumir Reyna el cargo como interino, sintió la presión de esa alianza mediante imputaciones de corrupción, y comenzó el deslinde de su anterior jefe. Reyna hizo cambios en las áreas de seguridad y justicia y económicas del gabinete, que tocó los intereses económicos del gobernador, algunos de los cuales relacionados con su hijo Rodrigo. “Los conflictos políticos internos se acentuaron. Reyna se acercó al secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong, para trabajar en la gobernabilidad, un esfuerzo que se interrumpió por el deseo de Vallejo de regresar a la gubernatura tras su asombrosa recuperación de las operaciones. El retorno de Vallejo al poder en octubre (de 2013) provocó la molestia de Reyna, quien aparentemente tenía el compromiso de que sería ratificado como gobernador, y se fue durante varios días para, dijo, tomar unos días de descanso. Las presiones de la Secretaría de Gobernación para que regresara y ayudara a limpiar las cañerías en el estado, lo llevaron de vuelta —a regañadientes—, a la secretaría de gobierno estatal. La situación desde que regresó Vallejo empeoró en Michoacán, con pérdidas reales de territorio en manos de grupos paramilitares”.

En ese momento, funcionarios federales externaron la posibilidad de que con ese tándem se pudiera mantener una ruta hacia la estabilidad. Coincidió en tiempos, sin embargo, con un reforzamiento militar de los grupos de autodefensa que iniciaron una táctica ofensiva: ya no sólo defenderían sus comunidades; irían al rescate de otras. Ningún civil en el gobierno pareció entender lo que estaba sucediendo en Michoacán. Vallejo, en la cerrazón de quien se perdió en la bruma sociopolítica del conflicto, menos. Pero ante sus declaraciones sistemáticas de que no sucedía nada grave en el estado y que todo se reducía a conflictos focalizados, la Secretaría de Gobernación también estaba cruzada.

En la inmovilidad política de ambos, la realidad los alcanzó. En los últimos días, Vallejo decidió hacer a trompicones lo que negó por meses: solicitar la ayuda federal para restaurar el orden en Michoacán. Pero en el camino, entró en una lucha de declaraciones contradictorias con Osorio Chong. Políticos cercanos al secretario de Gobernación no entendían lo que estaba haciendo Vallejo. Funcionarios en Gobernación adjudicaban una alta responsabilidad del deterioro michoacano al gobernador.

En su entrevista con la prensa el viernes por la mañana durante una visita a Uruapan, Vallejo urgió a sus críticos ponerse a trabajar y dejar a un lado las especulaciones. Directo, les mandó decir: “Al principio decían que no nos hacían caso y ahora, que se ve la atención del gobierno (federal), dicen que me quieren sacar”.

Una vez más, el gobernador mintió públicamente. Tan le hicieron caso que cuando fue a la Secretaría de Gobernación a comunicarles que regresaría a la gubernatura, Osorio Chong le pidió no hacerlo para mantener a Reyna, con quien estaban trabajando en el campo público y con las cañerías de la entreverada cañería Michoacana, la estabilidad. Vallejo, alegando correctamente que la ley estaba de su lado, se impuso a Osorio Chong, quien no utilizó ningún recurso del Estado para canjear las ambiciones personales por la pacificación de Michoacán.

¿Por qué regresó? Nadie puede dar, con solidez, una respuesta. Lo que provocó fue el desmantelamiento del poco andamiaje que se había construido y un cambio de dirección en las tácticas y estrategias militares que corrían paralelamente al poder civil, en Michoacán. Pero en algo tiene razón Vallejo. Hoy le hacen más caso que nunca, por eso lo hicieron a un lado, lo mantienen como carátula legal de una solución extraordinaria en el estado, como un gobernador que ya murió políticamente aunque no quiera darse cuenta.
 

Raymundo Riva Palacio
ENE 19

Gabinete en tres tiempos Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

¿Cambios en el Gabinete? Por ahora, como un ajuste general, no. Relevos en las próximas semanas en alguna Secretaría de Estado o una paraestatal son probables, pero no como diseño, sino porque el tiempo de gracia que les dio el Presidente Enrique Peña Nieto, se les está agotando.

El jueves pasado, cuando en varios medios circulaban desde temprano listas de los nuevos secretarios para esa noche, el Presidente reiteró su confianza en Los Pinos al gabinete ampliado.

Les dio tareas, giró instrucciones, e indirectamente esbozó que su gabinete será de tres tiempos.

Para un Presidente que gobierna por libreto, muy similar al método que estableció como gobernador en el Estado de México, un gabinete de tres tiempos sí difiere a lo que hizo en su anterior cargo, donde mostró que no es dado a cambiar fácilmente de gabinete.

Como gobernador en el Estado de México sustituyó a Mireille Rocatti como secretaria de Medio Ambiente, muy pronto en el sexenio porque demostró ser incompetente; al almirante Wilfrido Robledo, secretario de Seguridad Pública, lo relevó para paliar el costo político por el uso de la fuerza contra comuneros en San Salvador Atenco; y al procurador Alberto Bazbaz, lo cambió por el manejo del caso de la desaparición y muerte de la niña Paulette. El resto de los ajustes fueron en función de sus intereses políticos, preparando la elección de su sustituto.

No será así en esta ocasión. En su reunión de fin de año con los reporteros asignados a la cobertura de la Presidencia, le preguntaron a sobre los cambios en el gabinete. Peña Nieto dijo que sólo si alguno estuviera cansado lo sustituiría.

Jugó con los periodistas. Peña Nieto no es Vicente Fox, a quien sus secretarios le renunciaban cuando querían, ni Felipe Calderón, que prefirió administrar las pugnas en su gabinete que resolverlas. La disciplina del gabinete peñista refleja un sentido de autoridad presidencial distinto.

A él no le renunciará nadie por sentirse cansado o porque se enoja con las decisiones presidenciales, como le sucedió a Fox. Se irán en el momento que él decida. Hace unos días, ante una broma a uno de los secretarios más exitosos de porqué no exigía más días de vacaciones, respondió: “Que tal si me las dan permanentemente”. No será su caso, pero sí el de algunos colegas. Colaboradores del Presidente dan por descontado que serán tres los relevos que habrá en el gabinete.

El primer tiempo, de acuerdo con los funcionarios, durará máximo un año y medio, y se dará con aquellos miembros del gabinete ampliado que, o efectivamente están cansados —el Presidente tiene una idea clara de quiénes son—, o que estuvieron lejos de las expectativas.Se ubica en esta lista a tres, por ahora.

El segundo tiempo, dicen, concluirá en 2014, donde algunos de los secretarios más desgastados por las reformas, podrán ser sustituidos. El tercer tiempo está vinculado directamente a preparar la sucesión presidencial.

Los colaboradores del Presidente sólo ven a un secretario en estos momentos, incluido en la lista del segundo tiempo. La lista del tercer tiempo, por ahora, sólo se podría plantear a nivel de hipótesis, porque dependerá de varios factores, como su eficiencia en el cargo que ocupan, los resultados tras la aplicación de las reformas, qué tipo de candidato presidencial vería el PRI luego de ver qué tipo de mandato le dan a Peña Nieto en las elecciones intermedias del próximo año, y cuáles serían los posibles contendientes.

En este mapa de navegación existen las externalidades, aquello que estaba fuera de lo previsto y que requiere ajustes excepcionales ante situaciones excepcionales.

Las externalidades no forman parte de los tres tiempos del gabinete, por lo que sus tiempos corren en forma paralela. Cómo evalúa el Presidente estas situaciones es un misterio para la opinión pública. En el Estado de México ajustó cuando se convirtieron en un problema para él, como en el caso del almirante Robledo o de Bazbaz, pero en Los Pinos ha mostrado una mayor tolerancia ante las fallas en su equipo.

Actualmente, aunque los mayores errores se han dado por cuenta de algunos de los funcionarios más cercanos a él, no figuran dentro de ningún escenario de relevos en los dos primeros tiempos del gabinete.

Para ellos ha habido gracia total, porque en el diseño de un gabinete de tres tiempos, su momento de moverse está previsto hasta la preparación de 2018. Las externalidades, sin embargo, alteran cualquier mapa de navegación. Sobretodo si no se atienden para poder garantizar con cambios fuera de programa, que el diseño trazado pueda mantener sus objetivos.

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Raymundo Riva Palacio
ENE 13

El pantano del secretario Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Desde que los dos eran gobernadores, Miguel Ángel Osorio Chong era un eterno acompañante de Enrique Peña Nieto en las largas reuniones nocturnas que sostenían con el operador político más importante que tuvo el presidente Felipe Calderón, Juan Camilo Mouriño. Los dos actuaban como un bloque monolítico. Sin embargo, cuando se trazó la recta final hacia la candidatura presidencial, Peña Nieto optó por su colaborador Luis Videgaray para tenerlo junto en la campaña, y a Osorio Chong lo envió al PRI para hacerse cargo de la operación electoral. Esa jugada no pasó desapercibida. Al contrario.

Durante la campaña presidencial, Peña Nieto y Videgaray ocupaban oficinas en pisos separados, pero dentro del mismo edificio en las Lomas de Chapultepec, mientras Osorio Chong tenía una oficina en el PRI, y otra donde trabajaba lejos de ellos, en la colonia Condesa. De cualquier forma, estaba claro que los dos pilares sobre los que se sostendría Peña Nieto cuando asumiera la Presidencia, eran ellos dos. Al iniciar el gobierno, hubo más diferencias. Mientras que Videgaray nombró a todos los subsecretarios en Hacienda, a Osorio Chong le impusieron el mexiquense Luis Miranda, muy cercano al Presidente, como segundo de a bordo.

Al empezar el gobierno, Videgaray no tenía en el papel la fuerza de Osorio Chong, quien por recomendación de un ex secretario de Gobernación, Santiago Creel, y contra la del ex secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, fusionó la gobernación con la seguridad. Políticos y policías, garrote y zanahoria en un mismo cargo. Osorio Chong quería una supersecretaría de Estado, y el Presidente se la concedió.

Los dos pilares del presidente Peña Nieto entraron en un pique natural. “No hay nada de eso”, dijo una vez Osorio Chong, en respuesta a las versiones periodísticas de que estaban peleados. “Tenemos una muy buena relación”. Era un asunto de medios, decían cercanos al secretario de Gobernación. Ciertamente, no había indicios palaciegos de enfrentamiento. Inclusive cuando Gobernación abrió la llave del dinero a la CNTE para tranquilizarla y les entregaba miles de millones de pesos en especie y efectivo, Hacienda no frenó el flujo. O cuando el Presidente designó a Videgaray como el responsable del Pacto por México y le encargó todas las reformas –salvo la política-, Osorio Chong no trabó ninguna negociación.

Sin embargo, los gestos y los símbolos, con los que se lee la política mexicana no favorecían a Osorio Chong. Fue muy comentado el acto en el cual el Presidente pasó de largo sin saludarlo al llegar al templete, y más aún cuando, al retirarse, se detuvo unos minutos con el gobernador de Chiapas, Manuel Velasco, sin tomar en cuenta al secretario, que estaba a un lado. En un evento posterior, Peña Nieto subió al templete donde estaba Videgaray, y se detuvo a saludarlo. “Para que no digan que no te hablo”, le dijo. Todos rieron. Y muchos consignaron los dos momentos pensando en 2018.

Videgaray, muy criticado por todos los sectores por la desaceleración económica, terminó el año premiado como el mejor secretario de Finanzas del año y, por mucho, el mejor de Latinoamérica. El Presidente recibió múltiples felicitaciones en el mundo por las reformas energética, fiscal y financiera, que Videgaray había operado. Osorio Chong terminó el año en déficit. Nunca resolvió el problema de la CNTE y los maestros disidentes se mantuvieron en rebelión e impidieron en cuatro estados la aplicación plena de la Reforma Educativa. La seguridad, que asumió bajo su cargo, se sumó a los puntos negros de la gobernanza peñista.

Al iniciar el año, el turno era para el secretario de Relaciones Exteriores, José Antonio Meade, quien organizó la reunión más concurrida de embajadores y cónsules mexicanos en el mundo, y preparó un resumen de todas las actividades en política exterior que impresionó cuando la repitió al gabinete ampliado el jueves pasado.
Videgaray salió poco, pero tuvo una entrevista que será de largo alcance de 35 minutos en Televisa, con Carlos Loret de Mola, donde entre múltiples temas le preguntó sobre la candidatura presidencial en 2018. Videgaray la salvó sin complicaciones, aunque esa pregunta no cayó en terreno árido. El contexto fue el  arranque año de Osorio Chong haciéndose notar. Si fue una acción deliberada o no, es todavía desconocido, pero su irrupción fue sonora, espectacular y desastrosa.

En una semana estaba hundido en sus propias contradicciones. Primero afirmó que los grupos de Autodefensa Civil en Michoacán no estaban vinculados con el crimen organizado, un día después que el gobernador del estado, Fausto Vallejo, había dicho lo contrario. Olvidó también que el líder de esos grupos, Juan Manuel Mireles, reconoció en el pasado nexos con el Cártel Jalisco Nueva Generación. Luego, admitió que los grupos de autodefensa civil, que utilizan armas reglamentarias del Ejército a AK-47 de los narcos, son aliados al gobierno federal porque enfrentan a Los Caballeros Templarios, y que Mireles, rn recuperación por un accidente, era protegido por las autoridades por el daño que les ha hecho a los narcos.

Las afirmaciones de Osorio Chong no desataron un escándalo en México –donde lo más inverosímil suele pasar desapercibido o soslayado por la complicidad de los políticos-, pero provocaron el asombro en el mundo, donde se registró que el gobierno pactaba con criminales para combatir criminales. Medios internacionales que influyen en gobiernos extranjeros se preguntaban cómo era posible que el responsable de la política interna admitiera pactos con delincuentes. Al finalizar la semana, Osorio Chong empezó a rectificar. “Por supuesto que están al margen de la ley”, declaró.

El secretario de Gobernación quiso borrar sus declaraciones previas, sin éxito, y pasaron desapercibidas en la prensa sabatina. Había sido más importante decir que Mireles recibía protección federal, que precisar, un poco forzado, que no era un reconocimiento a él. Afirmó que los autodefensas están al margen de la ley, pero como no dijo nada sobre desarmarlas ni que actuarán en su contra, pareció más un juego retórico. El secretario se encuentra en un pantano: si se mueve se hunde más. Pero nadie lo llevó ahí mas que él. Solo entró a chapalear y solo sigue hundiéndose. Salir rápidamente será costoso: tiene que desmentirse a sí mismo y corregir dentro de su equipo todos los yerros y equivocaciones con una estrategia que, más allá de sus estadísticas optimistas, tiene elementos objetivos de alarma: en Michoacán hay decenas de comunidades en poder territorial de delincuentes, ingobernabilidad en otras seis entidades por su contagio, y las fuerzas federales, que dependen de él, están respaldan a delincuentes, a quienes en Michoacán les regalaron territorio y los protegen. Cómo no va a estar en el peor momento de su gestión.

Osorio Chong, en este año de definiciones, no tiene tiempo para pensar en 2018. La realidad lo está aniquilando, y algo rápido y concreto tendrá que hacer para que cuando el Presidente exija resultados, no sea él quien pague todo lo que, paradójicamente, él mismo contribuyó en su desorden e ineficacia. Frente a lo que han mostrado sus colegas del gabinete, sus fallas son más notorias y serán, por lo mismo, más costosas. Esas largas noches de camaradería con el Presidente no le alcanzarán ate un jefe que exige, ante todo, resultados—que no está dando.

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Raymundo Riva Palacio
ENE 12

Guerra sucia en Michoacán Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, hizo una declaración cuya dimensión y trascendencia quizás ni él ni su jefe, el Presidente Enrique Peña Nieto —al no descalificarla—, se han dado cuenta. Al aceptar que el Gobierno federal mantiene un diálogo con los grupos de autodefensa civil en Michoacán y afirmar que protege a uno de sus líderes porque combate a Los Caballeros Templarios, Osorio Chong, reconoce que el Gobierno claudicó a su responsabilidad primaria de proveer seguridad a todos los ciudadanos, y que está dispuesto a asociarse con delincuentes, para combatir a delincuentes.

Bajo la premisa de que el fin justifica los medios, el secretario de Gobernación confirma que la ley en México es discrecional.

Inverosímil declaración. Los grupos de autodefensa civil en Michoacán han usurpado la función gubernamental de proveer seguridad en comunidades de al menos 44 municipios, y en varias cabeceras los alcaldes no pueden realizar la función para la cual fueron electos. Esos grupos han interrumpido la legalidad institucional. Los grupos de autodefensa civil están armados con fusiles M-16 y R-15, reglamentarios del Ejército, o AK-47, conocidos como “cuernos de chivo” que utilizan los cárteles de las drogas, como se puede apreciar en imágenes y fotografías de prensa.

Al hacerlo, violan el Artículo 17 Constitucional que establece que “ninguna persona podrá hacerse justicia por sí misma, ni ejercer violencia para reclamar su derecho”, y la Ley de Armas de Fuego y Explosivos que prohíbe la portación de pertrechos militares.

Osorio Chong soslaya la realidad de que están violando la ley desde hace más de un año, pues el fenómeno de estos grupos paramilitares floreció al arrancar la administración del Presidente Peña Nieto. Pero no la desconoce, cuando señala que están en diálogos con los paramilitares para que depongan las armas.

Simplemente se doblega el secretario, al decir públicamente que conversa con grupos armados al margen de la ley para que de manera voluntaria le den permiso al Gobierno que haga el trabajo que constitucionalmente está obligado a cumplir.

Lo grave no para ahí. Osorio Chong dice tener razones concretas por las cuales ni utiliza la fuerza del Estado para someter a una insurgencia disfrazada de policía civil, ni actúa en contra de sus líderes, como es el caso con el jefe de los grupos de autodefensa de Tepalcaltepec, José Manuel Mireles, mostrado en fotografías con armas reglamentarias del Ejército Mexicano –que exige una investigación de oficio por parte de la PGR—: son sus aliados tácticos en el combate a Los Caballeros Templarios.

La díada planteada por el secretario de Gobernación —delincuentes buenos, los paramilitares; delincuentes malos, los narcotraficantes—, es el prólogo de la catástrofe política en la gobernación mexicana. La posición de Osorio Chong exhibe la utilización de los servicios de los grupos de autodefensa civil para hacer una limpia de Los Caballeros Templarios.

Dejaron atrás el uso de comandos extra legales como la Brigada Blanca, creada por el Gobierno en los años sesenta para combatir y aniquilar a las guerrillas mexicanas, para utilizar ahora de manera abierta, a paramilitares michoacanos.

Los excesos que cometió la Brigada Blanca, compuesta de policías y soldados, produjeron los años negros de la guerra sucia, que mantiene abiertas heridas muy profundas.

Lo que hoy dibuja el secretario de Gobernación es una nueva guerra sucia, con la participación indirecta de las fuerzas de seguridad. ¿A quién se le ocurrió semejante despropósito?

A mediados de diciembre se registró en este mismo espacio (La colombianización de Michoacán) la aparición de narcomantas en ocho municipios de Tierra Caliente, donde acusaban al general de Policía colombiano, Óscar Naranjo, asesor del Presidente Peña Nieto en materia de seguridad, de ser el responsable de la creación de esos grupos. Naranjo no respondió nada, pero el contexto en el cual surgieron los paramilitares michoacanos se dio durante la presencia como jefe de la XXI Zona Militar, con sede en Morelia, del general Juan Ernesto Antonio Bernal Reyes —que ya fue trasladado a otra zona—, quien desde los años noventa ha sido el experto del Ejército en movimientos armados.

Existen videos y fotografías donde las tropas a su mando respaldaban y protegían a los grupos de autodefensa civil.

Las declaraciones de Osorio Chong explican el porqué de la protección institucional a esos grupos. Lo que probablemente no han calculado en Los Pinos es que lo que afirmó el secretario es un manifiesto oficial de un pacto con delincuentes, que provocará un daño profundo a la credibilidad del Gobierno. Su posición no puede pasar desapercibida por el Presidente. Urge que la descalifique, la corrija y subraye, hoy más que nunca, que su compromiso con la legalidad es cierto, y que sepulte el aventurismo político, a donde lo llevó el secretario de Gobernación.

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Raymundo Riva Palacio
ENE 10

El año de los ajustes Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Un año de cimentación fue lo que se planteó, como diseño en el primer sexto de su  gobierno, el Presidente Enrique Peña Nieto. El segundo será en el cual deben verse los primeros resultados de las reformas que le dieron las cámaras el año pasado.

Si el primer año fue el de las reformas; el segundo, será el de los ajustes, pues para efectos prácticos, la Presidencia peñista arranca en 2014 con la sola incógnita si el camino que escogió, es que lo lleve a su destino.

Al cierre del año, como al comenzar 2013, el Momento Mexicano volvió a emerger como una ventana de oportunidad para su gobierno y para los inversionistas.

El primer obstáculo de romper el estancamiento político para lograr acuerdos que se movieran al Congreso, fue superado. Pero no es lo mismo tener una eficaz agenda legislativa que una eficiente administración.

Hay inquietud sobre si será capaz de instrumentar las reformas y, entonces, si darán los resultados prometidos. Colocar las ruedas a las reformas es una cosa; hacer que se muevan es otra.

En el primer sexto de la administración peñista, los acuerdos dentro del Pacto por México permitieron a una élite imponerse en forma avasalladora sobre los demás.

Lo hizo Peña Nieto con el PAN al sacar con el PRD una reforma fiscal que tocó a sus aliados y las clientelas electorales de 2012, y después pasó sobre la izquierda, al darle al PAN una reforma energética que llevó a los dirigentes perredistas, que habían estado muy cómodos en la cama del Pacto, a retirarse del acuerdo.

El PRI fue accesorio en la toma de decisiones durante prácticamente todo este camino; sirvió, con eficiencia, como generador de votos.

Un nuevo desafío viene ahora, al tener que enfrentar el Gobierno a los grupos de interés.

Con los primeros ante quienes se dobló el año pasado fueron los gigantes de las telecomunicaciones, que bloquearon la aprobación de las leyes secundarias, cuya votación se mandó para esta primavera al no haber consenso sobre la palabra “dominancia”, metáfora en la cual se encuentra el fondo de la discordia.

De cómo se defina “dominancia” dependerá cuánto tendrán que desinvertir los gigantes para permitir la competencia que busca la reforma peñista y que no se quede en un sueño, como ha quedado en el Sur del país la Reforma Educativa, donde otro grupo de interés, la Coordinadora Nacional de maestros, ha mantenido en jaque al Gobierno. Aunque su protesta en la Ciudad de México ha perdido fuerza, en Oaxaca, Chiapas y Guerrero, consiguieron que las primeras ruedas de esa reforma, no giren.

La interminable insurrección política de los maestros es el principal factor por el que surgen dudas sobre la capacidad de Peña Nieto para que funcionen las  reformas estructurales.

Si la educativa que contaba con el apoyo nacional, está frenada, ¿qué pasará con la energética, que dividió al país? Legalmente no tiene mayores problemas, pero hoy, como cuando se propuso, el problema es la calle y la contaminación con fenómenos sociales que mientras la Presidencia diseñaba la transformación en modelos econométricos y presentaciones en Power Point, nacían y crecían.

Ahí están Los Caballeros Templarios y los grupos paramilitares en dos estados, que controlan territorios, gobiernan en comunidades y tienen de rodillas al Gobierno federal.

Cuando planteó Peña Nieto que el primer año sería de reformas y el segundo de ajustes, ¿a qué se refería?

Su mapa de navegación da algunas luces, pero no permite ver con claridad lo que viene en este segundo año.

¿Acaso están en camino los ajustes en el gabinete? ¿Se le soltarán las manos al secretario de Educación, o pensarán en Los Pinos que es mejor relevarlo? ¿Cumplió su ciclo el de Energía y necesitan un financiero que vigile y administre la reforma, o Hacienda cumplirá ese papel? ¿La efervescencia social requiere de un chivo expiatorio para rescatar a uno de los dos pilares del gabinete peñista que se le congestionó el manejo de la política interna con la seguridad?

Pero para que hubiera cambios en el gabinete, tendría que reconocerse que hubo fracasos. Es cierto que hay secretarios que son desechables, pero para que los ajustes sean duraderos tendrán que amarrarse en otro lado.

Hacer política más allá de la legislativa resistente a chantajes, un manejo económico eficiente, y recuperar la gobernabilidad en los territorios perdidos no son alternativas,
sino obligación.

En este nuevo arranque no habrá luna de miel. Está cargado de altísimas expectativas y resentimientos de aquellos a los que afectó en 2013.

Las dos emociones se juntarán a finales de 2014 para evaluar lo que hizo y determinar sobre los resultados, si lo colman de honores o se convierte en una decepción vestida de oropel.

Raymundo Riva Palacio
ENE 6

Recuerdos del ‘94 Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Tras 20 años, la historia del alzamiento zapatista en Chiapas es una épica. Hoy, algunos de los protagonistas tuercen los hechos en su beneficio, y leyendas vivas como el “subcomandante Marcos”, aún no responden —la realidad es que nadie se lo ha preguntado— las inconsistencias en su personificación guerrillera. La historia completa, después de dos décadas, no puede ganarle a la propaganda, el romanticismo y la ingenuidad, para analizar un movimiento manejado por chilangos que tuvo, como su mayor éxito histórico, concientizar a la nación sobre la pobreza y marginación indígena, aunque sin la fuerza para cambiar el estado de cosas.

El EZLN, escribió el escritor Carlos Fuentes, fue la primera guerrilla posmoderna, al no utilizar la fuerza de las armas para buscar el cambio, sino las palabras. Nació de las condiciones que creó el neoliberalismo, cuando en el Gobierno de Carlos Salinas desapareció instituciones que amortiguaban costos en los grupos más marginados y eliminó los precios de garantía del café. De hecho, si la dirigencia del EZLN era defeña, algunos de los más importantes comandantes indígenas habían sido líderes cafetaleros en Chiapas.

El EZLN pudo levantarse porque el ex presidente Salinas, lo permitió. El entonces jefe de la Zona Militar en Chiapas, el general Miguel Ángel Godínez, advirtió en mayo de 1993 a la Secretaría de la Defensa de la existencia de un grupo armado, y en septiembre urgió al precandidato presidencial Luis Donaldo Colosio, a quien le dio fotografías y propaganda guerrillera, para que hablara con Salinas sobre el grupo armado. Nadie le hizo caso. Salinas no quería que nada empañara el voto en el Capitolio —en septiembre de 1993—, del Tratado de Libre Comercio.

Marcos, a su vez, no era el jefe del EZLN. Era el vocero que cuando inició el levantamiento sucedió lo que cuando Edén Pastora, se convirtió en el Comandante Cero del Frente Sandinista, o Lech Walesa, en líder de Solidaridad: su personalidad conectó con la gente instantáneamente y lo utilizaron mediáticamente. Su voz penetró las conciencias se le permitieron todo tipo de licencias.

Por ejemplo, que en su uniforme de combate cargara con pertrechos inútiles en la lucha armada por la que él hablaba, o sobre todo, que a los 11 días de haberse iniciado el alzamiento, aceptara sentarse a negociar con el enviado presidencial, Manuel Camacho.

Esta es la mayor inconsistencia de Marcos y el EZLN. Ningún grupo armado que invierte una década en adoctrinamiento, logística, seguridad y financiamiento, antes de iniciar acciones militares, negocia con un Gobierno al que le declaró la guerra a las dos semanas.

El EZLN, como decía Fuentes, no era una guerrilla convencional. Se puede alegar incluso, que no entraría, en la fase que inició el 1 de enero de 1994, en la tipología de un movimiento armado.

Su Comandancia General no estaba en Chiapas; el grupo pensante del EZLN se encontraba en la Ciudad de México, varios de ellos dentro de la UAM Iztapalapa. Marcos, como Rafael Sebastián Guillén, su nombre real, daba clases en la UAM Xochimilco.

Cuando se alzó el EZLN, Salinas pidió opciones. El secretario de Gobernación, el chiapaneco Patrocinio González Garrido, ofreció acabar en menos de tres días el conflicto, pero con un saldo estimado de 300 muertos.

Camacho, aún molesto por no haber sido candidato presidencial, se ofreció como mediador. Tardó 11 días en persuadir a Salinas, que si le daba la fuerza como interlocutor único y respondía sólo a él, podía abrir la negociación con el EZLN, neutralizar las posibilidades de más actos violentos —el Procup, precursor del EPR, ya había puesto tres bombas en la Ciudad de México, aunque sólo se informó de una—, y administrar el movimiento hasta pasadas las elecciones presidenciales.

Las negociaciones fueron un show mediático, exigido por Marcos y alentado por Camacho. No se resolvió nada para los indígenas, pero sí para los objetivos de Salinas.

El Subcomandante siempre les fue funcional. En unos cuantos meses se convirtió en un objetivo fácil para el Ejército, e incluso hubo dos momentos, cuando uno de sus soldados tenía en la mira en su cabeza y otra cuando lo pudieron capturar sin problemas en San Cristóbal de las Casas, que la instrucción fue no hacerle nada y dejarlo en paz.

Para efectos prácticos, el EZLN transitó guerrilla a una especie de ONG con pasamontañas, inserto en la lógica del movimiento globalifóbico, del que Marcos es uno de sus héroes. Apoyos y financiamientos llegaron de Europa para respaldar la causa indígena sobre la cual hoy el país sigue partido.

En la prensa se ve hoy la polarización entre quienes afirman que los indígenas en Chiapas están peor que hace 20 años, y quienes iluminan el desarrollo en las comunidades zapatistas. La realidad debe ubicarse en algún punto intermedio.

Lo único totalmente comprobable es que los indígenas, como hace dos décadas, siguen siendo rentables.
 

Raymundo Riva Palacio
ENE 3

La pobreza de los ricos Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

LONDRES.- Es innecesario rascar en Brixton, cerca de Londres, o en el Distrito 18 y en los barrios del banlieue parisino, para ver la pobreza emerger en las calles. En la zona de Covent Garden o Saint Michel, es tan lastimosamente cristalina como en los cinturones de miseria en Atenas, o en los barrios madrileños como Lavapiés. La crisis financiera que azotó a Europa en los últimos cinco años arrastró a todo un continente consigo. En un inquietante reporte que difundió la Cruz Roja hace unos días, marca las tendencias de una catástrofe económica de la mano de un declive en la vida diaria, con un incremento de 12% de posibilidad de conflictos sociales.

Parece ficción el panorama que enfrenta Europa, llevada a esta situación por la crisis de Lehman Brothers en septiembre de 2008, el cuarto banco más grande de Estados Unidos al declararse en bancarrota, culminando seis meses de erosión de la estabilidad financiera global, que como describió Alan Greenspan, quien presidía la Reserva Federal en esos momentos, “los inversionistas cambiaron de la euforia al pavor, los mercados profundamente líquidos se secaron en una noche, y se contrajo la actividad económica del mundo”.

Pero la realidad europea no es una pesadilla pasajera. La Cruz Roja identificó consecuencias secundarias como resultado del incremento de la pobreza, el desempleo y la reducción en servicios sociales. En España y Grecia, los hijos adultos regresaron a vivir a la casa de sus padres porque no les alcanza para mantenerse. En Francia, 75% de quienes piden comida a la institución o se forman en las filas para que les den sopa, dicen que tampoco pueden pagar la renta. Aun en Alemania, el país más fuerte en Europa, 5.5 millones de alemanes dejaron de pertenecer a la clase media para ingresar a las filas de la pobreza.

Las políticas de los países para estabilizar sus economías han golpeado a las mayorías con la promesa que, a largo plazo, serán las beneficiadas. Medidas draconianas condujeron a que en el tercer cuatrimestre de 2012 hubiera 11 millones de personas que no tenían empleo garantizado, 1.3 millones más que el año previo, y 5.2 millones por encima de los desempleados en 2008, según la Cruz Roja. Actualmente hay 120 millones de europeos —de casi 740 millones— que no tienen trabajo o están en riesgo de llegar a la pobreza total, con lo que se abren las posibilidades del descontento social.

Llegar a este punto tiene como su mejor catalizador el hambre. Según la Cruz Roja, el total de europeos que depende de su distribución de comida en 22 países investigados creció 75% entre 2009 y 2012. Y aun entre quienes tienen trabajo, de acuerdo con un informe de Eurostat de 2011, 8.9% de ellos vive debajo de la línea de pobreza. “No sólo hay más gente que cae en pobreza, sino que los pobres se vuelven más pobres y el sentir es que la brecha entre los que más tienen y los pobres, está creciendo”, señaló la Cruz Roja.

Todavía no se dan actos violentos en contra de quienes más tienen, y por ahora son inmigrantes quienes han pagado la factura. Además del repunte en racismo, varias naciones están endureciendo sus políticas migratorias. Pero la desesperación rompe cualquier barrera. El 10% por ciento de la población rusa se compone actualmente por migrantes de Asia Central y del sur del Cáucaso. En Suecia, 35 mil migrantes trabajan sin documentos. Cientos de personas de países afectados por conflictos o hambruna, como Bangladesh, Pakistán, Sudán, o el África subsahariana, buscan en Europa una oportunidad, mientras duermen en las calles sin medios para mantenerse a sí mismos, que añade tensiones en todos los países.

“Vemos una desesperación silenciosa que se extiende entre los europeos, resultando en depresión, resignación y pérdida de esperanza sobre su futuro”, reportó la Cruz Roja. Lo que no ve es una salida, ante las medidas de austeridad para retomar el curso, que contribuyeron a una mayor pobreza, a elevar el desempleo y hacer que las tensiones se estiran cada vez más, sin saberse cuándo se romperá la liga. Esa es la gran pregunta para 2014, el año que consideran los analistas será el momento para la recuperación de Europa. La medicina que le han dado a los europeos, sugieren, fue la correcta. Pero afirmar si la medicina afectó más al paciente de lo que lo compuso, pocos se atreven a aventurar, salvo la Cruz Roja que ve el porvenir europeo, generosamente hablando, negro.
 

Raymundo Riva Palacio
ENE 2

Lo que escondieron a Peña Nieto Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Si alguien piensa que el Presidente Enrique Peña Nieto vive en una burbuja, su visita de cuatro días a Turquía, puede darles la razón. Peña Nieto estuvo cuatro días en esta nación, la misma semana en la que se desencadenó la mayor revuelta política interna que haya enfrentado el primer ministro Rece Taype Erogan en más de una década en el poder, al abrirse una masiva investigación por corrupción que tocó a su élite del poder. No despegaba aún el mandatario mexicano de Ankara, cuando 54 personas cercanos a Erdogan fueron detenidos, incluidos los hijos de dos de sus ministros.

¿Qué sucedía cuando el Presidente Peña Nieto hablaba con Erdogan, se reunía con grupos empresariales, firmaba convenios comerciales y realizada una visita turística a Éfeso, donde están los vestigios de lo que fuera la gran metrópoli cosmopolita, comercial y multicultural del Siglo I? La Policía preparaba las órdenes de captura de las 49 personas, de las cuales 33 fueron dejadas en libertad el sábado, incluido el alcalde de uno de los distritos de Estambul y un magnate constructor, hijo de otro ministro del gobierno turco.

Menos de un día después de que el Presidente tomara el avión de regreso en Ankara, la capital turca entraba en ebullición. Un total de 16 personas, entre las que se encontraba el gerente general del banco estatal Halkbank, fueron acusadas formalmente el sábado de corrupción; los hijos de los ministros del Interior —el equivalente al secretario de Gobernación— y de Economía, fueron señalados en la investigación de recibir sobornos o de ser facilitadores de entregarlos a funcionarios del gobierno, de acuerdo con la agencia de noticias privada Dogan.

Erdogan reaccionó inmediatamente el domingo y removió a 70 jefes policiales, incluido el poderoso jefe de seguridad en Estambul, aparentemente en represalia por haber realizado la investigación a espaldas de los más altos funcionarios del Gobierno, mientras miles marcharon en esta capital gritando que “en todos lados hay corrupción”. El primer ministro dijo que había “grupos internacionales” en una “alianza oscura” que querían derrocar su gobierno. No identificó a nadie, trabajo que hicieron los periódicos pro-gubernamentales, que acusaron al embajador de Estados Unidos, Francis Richarccione de ser la mano que movió la cuna turca.

El Presidente Peña Nieto tenía pensado realizar una visita a Turquía desde otoño, a fin de construir un bloque de países emergentes con economías de punta, pero por razones de la negociación de la reforma financiera primero, y después por los ciclones “Ingrid” y “Manuel”, se pospuso. La cancillería trabajó para que la visita se reprogramara este mismo año, sobre todo porque en marzo hay elecciones generales en este país y no querían que se contaminara con ese proceso. Pero la visita se contaminó con el ante proceso y, peor aún, explotó durante la visita de Estado.

Pésimo cálculo e información llevó al Presidente a Turquía, o definitivamente era imposible posponer una vez más el viaje. En todo caso, la visita fue en un momento muy desafortunado que, sin embargo, se habría podido prever una crisis en ciernes para neutralizar daños. Hace varias semanas se habían tensado las relaciones de Turquía con Estados Unidos, porque el gobierno de Barack Obama presionó al Halkbank a frenar sus negocios con Irán —le compraba hidrocarburos con liras turcas convertibles a oro—. Las fricciones no eran nuevas y se sumaron a las crecientes críticas de Fethullah Gulen, antiguo aliado de Erdogan y hoy, desde Estados Unidos donde vive, su principal enemigo.

El Gobierno mexicano no parece haber tomado eso en cuenta. Pero la crisis desatada en Turquía mientras Peña Nieto la visitaba, muestra que soslayar esa variable fue un error. La purga de jefes policiales obedece, de acuerdo con la prensa, a la influencia que tiene Gulen sobre ellos. El lunes pasado las acciones de las empresas que están vinculadas a su movimiento se desplomaron, mientras que en otra señal de la tensión, Turkish Airlines, con la que Aeroméxico recientemente firmó un convenio para establecer una ruta directa entre Ankara y la Ciudad de México, retiró la distribución de periódicos gulenistas. El endurecimiento político del gobierno de Erdogan se intensificó mientras el escándalo de la corrupción entre la élite gobernante sigue creciendo y tiene ramificaciones internacionales y comerciales.

La visita de Estado a Turquía fue la 18 del año, que concluyó el Presidente Peña Nieto de manera muy activa. Pero no necesariamente muy eficiente, al estar bajo fuego el gobierno con el cual firmó acuerdos y de alguna manera, ante los ojos de muchos, legitimó en el peor momento de su gestión. Las fotografías con implicados políticamente en actos de corrupción acompañadas por aquellas que son más bien propias de un turista, no dejan bien parado al Presidente mexicano ante una comunidad internacional que está presionando a Erdogan, y que a nivel interno reflejó vulnerabilidad.

¿Cuál es la secuela de la visita del primer Mandatario mexicano en funciones a Turquía? Qué importa, porque no importa nada. En este contexto, volver a cambiar la visita era un grito o, en el peor de los casos, dejar claro en Los Pinos lo que estaba por venir. De esa forma, habrían evitado un momento bochornoso para el Presidente Peña Nieto en aquellos países donde la geopolítica sí existe.
 

Raymundo Riva Palacio
DIC 26

Línea de fuego Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Pese a estar desde hace años ante los ojos de todos, nada fue tan obvio hasta recientemente, cuando durante las negociaciones presupuestales se desató una batalla pública por el impuesto a los refrescos. La industria de las bebidas lanzó una intensa campaña para evitar que se votara un incremento de un peso por litro, que fue enfrentada en la trinchera por organizaciones no gubernamentales que habían sido financiadas por Filantropías Bloomberg, la fundación de Michael Bloomberg, el multimillonario ex alcalde de Nueva York.

La fundación de Bloomberg admite que ha donado 10 millones de dólares a grupos en general cuyas metas son elevar los impuestos a las bebidas azucaradas, y entre las organizaciones que fueron señaladas en la prensa como beneficiarias de sus apoyos estaban el Instituto Nacional de Salud Pública, el Poder del Consumidor y la empresa de cabildeo Polithink, que fueron muy proactivos para impulsar ese impuesto que, finalmente, fue aprobado en la Cámara de Diputados.

Financiar organizaciones no gubernamentales se ha convertido en un vehiculo para influir políticas públicas. George Soros, el multimillonario estadounidense de origen húngaro que aportó recursos a grupos en varios países para alentar los cambios democráticos, ha llevado a su fundación Open Society a promover la legalización de la mariguana en América Latina.

Soros financia la Comisión sobre Política de Drogas, cuyas cabezas son los ex presidentes latinoamericanos Ernesto Zedillo, Fernando Henrique Cardoso de Brasil y César Gaviria de Colombia, quienes, desde que propusieron hace un par de años la legalización de la mariguana como estrategia alternativa frente al problema del narcotráfico, detonaron una discusión continental sobre cómo lidiar con el fenómeno.

Pocos repararon en que los ex presidentes se movían con el dinero de Soros, pero el presidente de Uruguay, José Mújica, le pidió que le financiara la campaña para la legalización de la mariguana en su país. Soros patrocinó anuncios en la televisión uruguaya y pagó 60% de la campaña, conducida por Regulación Responsable, una coalición de organizaciones, que finalmente lograron su objetivo.

A través de su fundación, Soros invierte 3.4 millones de dólares en América Latina para la legalización de la mariguana. En Estados Unidos financia la Drug Policy Alliance (Alianza para la Política de Drogas), que estuvo detrás de la legalización de la mariguana en los estados de Colorado y Washington, y asesoró a Mújica.

Soros, como Bloomberg, han buscado modular políticas públicas desde hace varios años, mediante financiamiento a grupos locales, una tendencia que ha sido imitada en México. Mexicanos Primero es un ejemplo. Fundada hace ocho años y encabezada por ex directores de la Fundación Televisa, ha sido puntal en la lucha por una educación de calidad, que siempre pasó por la destitución de la dirigente magisterial, Elba Esther Gordillo.

Mexicanos Primero financió la película De panzazo, donde exhibían a la ex líder y mostraban las deficiencias de la educación como consecuencia, era el alegato, del control sindical. Mexicanos Primero no se asume como autor intelectual del arresto de la maestra este año, pero sí de que varias de sus propuestas se incluyeron en la reforma educativa. Otro ejemplo es el Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco), que abiertamente señala como uno de sus objetivos la generación de políticas públicas para fortalecer la competencia.

El Imco produce informes sobre competitividad en los tres niveles de gobierno y está en permanente contacto con los legisladores. Más transparente que Mexicanos Primero, mantiene público su financiamiento del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios —entre sus consejeros hay varios capitanes de la industria, como Valentín Díez Morodo, Juan Beckman, Daniel Servitje Montull y José Luis Barraza—, la Fundación Hewlett, la Embajada del Reino Unido y la Agencia para el Desarrollo, que depende del Departamento de Estado.

¿Qué tanto cuesta financiar ese tipo de organización? Probablemente mucho menos que pagar campañas de diputados y senadores para obtener un apoyo efímero. Las dos organizaciones hacen las veces de los think tanks estadounidenses que modulan políticas públicas, como la liberal Brookings Institution, o las conservadoras Hudson Institute y The Heritage Foundation.

Las experiencias internacionales han sido muy positivas para que, con fondos relativamente bajos, se modifiquen políticas públicas a través de la influencia adquirida por las organizaciones que financian. No pueden considerarse intermediarios porque no son correas de transmisión, pero son parte interesada en una problemática donde defienden, inopinada o deliberadamente, los puntos de vista de quienes los financian, y tienen como ellos, agenda y objetivos similares.

Raymundo Riva Palacio
DIC 23