La paradoja panista Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

El PAN, el partido más antiguo del país, se encuentra en la paradoja de una identidad que luce perdida, tras ser manoseada y definida en función de intereses particulares en contextos específicos. Partido doctrinario de ideología clara, se fue desdibujando ante el empuje de los llamados “bárbaros del Norte”, que de la mano del aguerrido Manuel Clouthier, el ex dirigente patronal y candidato presidencial en 1988, fue ganando terreno con un discurso alejado de la retórica sibilina de las 14 familias que lo controlaban, y un empuje temerario que concluyó cuando Vicente Fox obtuvo la candidatura presidencial. Aunque Fox acabó con 70 años de reinado del PRI, no pasó mucho tiempo para que decepcionara y entrara en nueva crisis.

Al desgaste que significaba administrar el poder, aceleró la erosión el vacío ideológico que caracterizaba a los “bárbaros del Norte”. El pragmatismo que los envolvía trazó la ruta de Clouthier, el arquetipo de un político anti-establecimiento, a Fox, quien en su pugna contra el presidente Felipe Calderón, apoyó decididamente a Enrique Peña Nieto desde la campaña presidencial. Hijo de esa corriente es Francisco Barrio, ex gobernador de Chihuahua, cuyo pupilo Gustavo Madero, líder del PAN, se encuentra hoy en el centro de una polémica con el cesado coordinador de los senadores Ernesto Cordero, delfín de Calderón, que es miembro de una de las familias que usufructuaban el partido.

Por la relación que mantiene con el Gobierno de Peña Nieto y su participación en el Pacto por México, Cordero lo acusa de querer convertir al PAN en un partido satélite a costa de sacrificar a quienes como él —y los calderonistas—, son una oposición crítica.

Madero afirma que su respaldo al Gobierno es porque las reformas del Pacto benefician a los mexicanos. Ninguno ha reducido el conflicto a un choque entre maderistas y calderonistas, pero Cordero, quien más luces ha dado al fondo del conflicto, sostiene que en el fondo se enfrentan dos visiones de partido.

Lo paradójico es que ambas partes, en su tiempo y espacio, jugaron los roles invertidos y se acusaron mutuamente de lo mismo, acomodarse con el PRI.

Clouthier era intransigente con los priistas, pero su muerte en 1989 eliminó un punto de fricción con la dirigencia del PAN en aquel momento, que se movía bajo la orientación de Carlos Castillo Peraza y Diego Fernández de Cevallos, quienes inauguraron con el entonces presidente Carlos Salinas, la era de las “concertacesiones”, donde accedió el PAN a gubernaturas por primera vez en su historia. Castillo Peraza fue el mentor de Calderón, uno de los encubiertos críticos de Madero.

El hartazgo del PRI y la cohabitación de la dirigencia panista permitieron a los “bárbaros del Norte” el asalto al poder en los 80 y 90. El neopanismo se instaló en Los Pinos, pero no pudo mantener el poder más de seis años. Calderón se quedó con la candidatura y llevó al viejo PAN a la Presidencia.

Los papeles se empezaron a invertir en el epílogo del gobierno de Calderón, y durante la novel Presidencia de Peña Nieto se transmutaron por completo.

Hoy, duros en el pasado como el senador Javier Corral, se han vuelto piezas funcionales al peñismo, como lo fueron con el salinismo Castillo Peraza y Fernández de Cevallos, mientras que colaboracionistas en el pasado, como el senador Javier Lozano, son dogmáticos de oposición en la relación con el Gobierno priista, como lo fue Clouthier.

Todo este pasado zigzagueante desnuda al PAN, que muestra en la línea de tiempo un oportunismo, que en ocasiones raya de hipócrita. Cambiar de bando y estrategia en función de sus intereses coyunturales lo tiene en un terreno nada digno ni honroso. No lo ven así los panistas, inmersos en su crisis. Pero si lograran verlo a distancia, advertirían una gran oportunidad para crecer. Quizás, hasta para convertirse en un partido político verdadero que sepa ser oposición congruente y útil, y que cuando esté en el Gobierno sepa ser Gobierno.

Esto no se ve en el horizonte, y menos aún si la forma de litigar sus conflictos internos, sea en la arena de los medios, donde la división cada vez será más ancha.

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Raymundo Riva Palacio
MAY 22

Chapoteadero Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

El nombre de César Nava, secretario particular del entonces presidente Felipe Calderón, líder nacional del PAN, diputado y uno de sus miembros más distinguidos de los últimos tiempos, está totalmente embarrado por la acusación en una corte federal en Nueva York como presunto conspirador en un multimillonario fraude a Pemex.

Hace no mucho, su nombre también apareció como gestor del empresario vinculado al PAN, José Susumo Azano, el principal proveedor de equipos de intercepción telefónica para la Secretaría de la Defensa durante el sexenio pasado, en un litigio con la empresa estadounidense de electricidad Sempra. Nada se le ha probado —al menos todavía—, pero la percepción de que anda en malos pasos se está convirtiendo en la metáfora de la parte oscura del gobierno de Calderón: la corrupción.

El nombre de Nava está asociado directamente al del ex presidente, en cuyo gobierno se denunciaron de manera regular actos de corrupción que no terminaron en acciones legales. “No nos dio tiempo para combatir toda la corrupción”, declaró hace algún tiempo el senador Salvador Vega Casillas, quien fue secretario de la Función Pública, y que estaba involucrado en un conflicto de interés, pues su esposa Gladys López Blanco, ex subprocuradora de Verificación y Vigilancia de la Profeco, había sido acusada de participar en una red de extorsión a gasolineros, y de la que fue exonerada en diciembre de 2011, por la ex procuradora envuelta también hoy en escándalos, Marisela Morales.

Existen demasiados indicios de corrupción en el gobierno de Calderón que no han tenido respuestas legalmente satisfactorias.

Lo más relevante pueden ser el caso actual de Pemex o el de la Estela de Luz, el monumento que quiso dejar como legado el ex presidente del Bicentenario de la Independencia, y donde su operadora política y ex jefa de Oficina en Los Pinos, Patricia Flores, está señalada como responsable de manejos irregulares en su construcción que, paradójicamente, involucra en una parte a Pemex y a la Secretaría de la Defensa Nacional, que sufragaron algunos de sus costos.

Otro tema de alto impacto es el de los casinos, una herida abierta del panismo por el involucramiento de políticos con los diferentes grupos de casineros que les financiaron campañas electorales, y que de acuerdo con panistas con conocimiento de primera mano en el tema, tienen hilos que conectan con algunas de las más altas oficinas de la presidencia anterior.

Estos son los casos más notables del chapoteadero panista, pero no serán los únicos que causarán revuelo.

La PGR está investigando actualmente a Luz María Servín Sotres, ex directora de Delegaciones del Instituto Nacional de Migración, y a varios de sus colaboradores, para determinar su responsabilidad en el otorgamiento de un estatus laboral a inmigrantes traficados a México por la delincuencia organizada.

En Pemex, hay una suspensión de pagos de obras ante la sospecha de la Secretaría de Hacienda que algunas de ellas, realizadas en la parte final del gobierno anterior, no existen.

Paralelamente, en la Secretaría de Educación Pública están revisando todo el proyecto de Enciclomedia y de la compra de computadoras por parte del ex subsecretario Fernando González, yerno de la maestra Elba Esther Gordillo, de quien se sospecha es el propietario de la empresa que vendió el equipo.

En Fonatur se investiga la gestión de Miguel Gómez Mont, quien fue cesado por un exabrupto durante el Mundial de Futbol en Sudáfrica, por la compra de una enorme extensión de terreno para un desarrollo turístico en Sinaloa, que nunca se hizo, a costos por encima del mercado.

En la Lotería Nacional encontraron un patrón de sorteos que aparentemente fueron arreglados, por lo que están determinando quiénes fueron los autores de las trampas y quiénes los beneficiados.

Son muchos los altos funcionarios del actual gobierno que comentan haber encontrado irregularidades en las dependencias a las cuales llegaron, aunque no necesariamente en estos momentos, pueden determinar si hay una explicación administrativa o si se trata de actos de corrupción.

Lo que cada vez es más claro es que el presidente de “las manos limpias”, como se autodefinió Calderón, difícilmente podrá presumir que cumplió con lo que prometió a la Nación.
 

Raymundo Riva Palacio
MAY 20

La apuesta de Peña Nieto Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

GUADALAJARA, JALISCO (19/MAY/2013).- Después de más de tres semanas de tumbos y empaparlo una crítica que lo había dejado seco durante cuatro meses, el Presidente Enrique Peña Nieto recuperó esta semana la iniciativa. Autorizó una operación política y policial para recuperar Michoacán, que había perdido la mitad de su territorio ante maestros, guerrilla y narcotráfico, ordenó un plan de estímulos al comercio para frenar la carestía de los productos de la canasta básica, y comenzó a sacudirse los lastres políticos, con el cese del procurador federal del Consumidor, Humberto Benítez Treviño, ante la pérdida de legitimad por un abuso de autoridad de sus subalternos. Entre tanto ruido no se apreció el golpe de timón que le dio a un navío que hacía agua.

Peña Nieto había ido navegando sobre mares tranquilos, libres de tempestades, cuando la revelación de que funcionarios de la Secretaría de Desarrollo Social planeaban con funcionarios de Veracruz el desvío de fondos públicos para fines electorales, le encontró un punto débil, la falta aún de empaque para administrar a bote pronto una crisis. No reaccionó bien ante el escándalo desatado cuando en Chiapas, el 20 de abril, dijo: “No te preocupes (Rosario Robles), hay que aguantar porque han empezado las críticas. Han empezado las descalificaciones de aquellos a quienes ocupa y preocupa la política y las elecciones. Pero nosotros, en este Gobierno, tenemos claro un objetivo claro que es acabar con el hambre”.

En 44 palabras, Peña Nieto crucificó a su secretaria de Desarrollo Social. El líder del PAN, Gustavo Madero, quien hizo la denuncia, le replicó al Presidente que no era una crítica sino una denuncia. La exhibición política y semántica que hizo Madero del Presidente fue acompañada con el retiro temporal del PAN del Pacto por México, en el cual lo acompañó el PRD. El nuevo Gobierno tuvo no sólo su primera crisis política, sino que amenazó con vaciar de discurso y contenido al Presidente Peña Nieto, y puso en riesgo la olla donde se cocinan las reformas estructurales que prometió y sobre las cuales el mundo lo colmó de elogios.

La reacción políticamente correcta en Zinacatán era un discurso enérgico donde le pedía a la secretaria que investigara y sancionara a los responsables. Hizo lo contrario. La solapó en un arranque de cariño personal pero de insensibilidad política. Robles, de cualquier forma, hizo lo que debía y cesó a los funcionarios en Veracruz, pero no pudo quitarse el puñal que el Presidente, sin darse cuenta, le clavó en la espalda. Para salvar al Pacto, Peña Nieto y los secretarios de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y de Hacienda, Luis Videgaray, persuadieron a Madero y al líder del PRD, Jesús Zambrano para sentarse nuevamente en la mesa, con la promesa de blindar aún más los procesos electorales.

Peña Nieto había perdido el teflón. Robles recibió una paliza mediática generalizada que aguantó estoicamente, tras la orden de la Presidencia que se callara y, ahora sí, aguantara. Días después, la hija de Benítez Treviño y altos funcionarios de Profeco, incurrieron en un abuso de autoridad, con lo cual la prensa, con una ferocidad inusitada para el tipo de arbitrariedad, le dispararon con el calibre más alto al procurador Benítez Treviño. Los dos funcionarios son muy cercanos al Presidente, por lo que la pregunta de si en realidad la crítica era para ellos o para Peña Nieto, tomó carta de identidad en la opinión pública. El Presidente tuvo un mes, más propio de quinto año de Gobierno que de 180 días de administración. Se evaporó el impacto de la captura de la maestra Elba Esther Gordillo, porque los maestros disidentes le incendiaron Guerrero y Michoacán y le pararon la Reforma Educativa. El de la visita del presidente de EU, Barack Obama, con discursos muy laudatorios de Peña Nieto, fue efímero ante la guerra de cárteles en Michoacán.

El empujón contra el Presidente fue la economía. Todos los indicadores industriales se cayeron, mientras que los precios de la canasta básica se incrementaron hasta en un 400 por ciento. El crecimiento en el primer trimestre fue de uno por ciento, a la vez que el peso sobrevaluado golpeó a las exportaciones y dañó aún más a las manufacturas. Las tres crisis se venían conformando en una tormenta perfecta: la política, la social y la económica. El avanzar simultáneamente iba a provocar, si no el colapso del Gobierno, una derrota muy prematura ante la descomposición acelerada por un discurso fallido.

Pero esta semana, Peña Nieto sacó la cabeza. Aceptó la condición del PRD para incorporar a los maestros disidentes a la mesa del Pacto por México, y al PAN le entregó una concesión política un poco absurda pero exigida: cumplir la ley, como está escrita en la ley. Es decir, comprometerse a cumplir con lo que ya es ley. ¿Pero qué importa la galimatías si con ello se salva el Pacto por México y con ello la Presidencia de Peña Nieto? En el fondo esto es lo que se puso en juego.

El Gobierno de Peña Nieto no tiene más ruta de navegación que lo que se acordó con el Pacto, que es un instrumento donde se deciden cuáles son las reformas que vienen y se envían a las cámaras pre-aprobadas. Sin el Pacto perdía el rumbo el Presidente y su Gobierno se desdibujaría. Sólo tiene un año real para hacer las reformas de fondo que prometió, y sobre las cuales quiere reconstruir económica y políticamente el país. Sin él sería un Presidente más que prometió y no cumplió. ¿Cuánto le ha costado mantener vivo el Pacto por México? No se sabe aún, pero si tiene éxito, toda la crítica actual pasará como un pie de página en la Historia, y los costos que hoy pagó, se convertirán en los beneficios que sueña cambiarán el rumbo del país.
 

Raymundo Riva Palacio
MAY 19

Toluca no es México Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Inflación, carestía, ausencia de obra pública, presupuestos incompletos, pérdida de productividad, desempleo, disminución del gasto público y un crecimiento mediocre que aumenta la tensión social, la ira y la inconformidad. Paisaje actual de México, minimizado por Luis Videgaray.

Para el secretario de Hacienda no hay de qué preocuparse, pues todo está dentro de la normalidad. Su diseño, después de todo, es el que está prevaleciendo en la estrategia del Gobierno de Enrique Peña Nieto.

Videgaray está haciendo en la tesorería nacional lo mismo que hizo durante los dos primeros años como responsable de la tesorería del Estado de México en el Gobierno local de Peña Nieto, cuando deshidrató la economía para que todos se apretaran el cinturón y, medio año antes de las elecciones federales intermedias, abrió la llave del presupuesto para que en la bonanza, los electores se olvidaran de los malos momentos y votaran por el PRI. La receta fue exitosa, y la repite el doctor ahora, aunque no está claro si el paciente aguantará.

El caso más claro de cómo está secando a gobiernos estatales, es no entregarles los presupuestos, con lo cual ha coadyuvado a la protesta magisterial que tiene frenada la reforma educativa, porque aún a los maestros que no están en rebeldía, sus salarios tardan en llegar.

El menos visible tiene que ver con los compromisos del Presidente Peña Nieto de este año, donde las cuentas no salen y es posible que tengan que reprogramar las entregas. La Cruzada contra el Hambre es el paradigmático. Los técnicos del Presidente no hicieron las corridas financieras adecuadas y lo están metiendo en problemas para cumplir lo ofrecido. Pero no quieren ver el elefante en la sala.

El mediocre crecimiento de 1% durante el primer trimestre, tampoco es un dato negativo para Videgaray, que lo ve natural.

Cómo se esperaría mejor comportamiento de la economía, si México lleva 30 años estancada, aclara. Cómo crecer y elevar la calidad de vida del mexicano, si no hay productividad, afirma.

Pero ya viene y, por cierto, que nadie se preocupe que existan 16 mil millones de dólares en capitales golondrinos, porque obedece a que los países industriales no terminan de salir de sus crisis y hacer ajustes, por lo que el dinero en las bolsas siguen encontrando en naciones emergentes como México, mejor rendimientos.

El doctor Videgaray lo ve bajo el tamiz técnico. En el mundo real, como el de la mayoría de los 117 millones de mexicanos, la inflación se elevó 4.65% por el aumento en las gasolinas y en los productos agropecuarios. El transporte público, en el cual se desplaza la mayoría de los trabajadores, se incrementa mensualmente 6.24%, una tasa superior al mejor aumento de la mejor negociación salarial. Sectores como en el de la construcción, el referente de los indicadores macroeconómicos, el despido de obreros va en aumento. El superpeso no ayuda. Un peso sobrevaluado como el actual perjudica las exportaciones, a la industria maquiladora —gran pilar de la economía mexicana—, y al empleo.

El gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, ha venido alertando desde hace semanas sobre el mal comportamiento de la economía, sugiriendo que podría modificar la tasa de interés.

Si esto sucede, se puede congelar la reciente reforma del crédito, pues el dinero se volverá a poner caro para quien solicite un préstamo. Además, también podría suceder que el flujo de capitales golondrino, ante la baja de utilidad frente a otros mercados, vuele de una manera tan veloz como llegaron en los 12 últimos meses, y golpe en el tipo de cambio en forma brusca y distorsione los precios en la economía.

La economía mexicana, tan profundamente globalizada, depende de factores exógenos que no se pueden controlar desde la Secretaría de Hacienda.

El Banco de México puede ayudar a prevenir y tomar medidas que eviten descalabros, pero hay otras acciones donde no puede hacer nada.

Tal es el caso de la deshidratación económica que lleva a cabo Videgaray, quien parece olvidar que Toluca no es la Ciudad de México, ni las finanzas estatales son iguales a las nacionales, ni los problemas locales tienen el mismo comportamiento que los nacionales. De eso, aprenderá rápido.
 

Raymundo Riva Palacio
MAY 16

Las pataletas de la DEA Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

En los 40 años de operaciones secretas en México, este es el mejor momento para darle un golpe a la arrogancia y las actividades delictivas de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos, conocida por su acrónimo DEA.

El Gobierno mexicano ya cerró la puerta a la intromisión galopante que tuvieron en la administración de Felipe Calderón, con el respaldo del presidente Barack Obama, que dijo a su colega Enrique Peña Nieto que apoyaría cualquier decisión que tomara, porque la seguridad en México, subrayó, corresponde decidirla a los mexicanos.

La DEA debe estar revolcándose de la rabia, según se puede colegir por la información que filtró a los medios de Estados Unidos tras el encuentro presidencial de la semana antepasada.

Es tiempo no sólo de pararlos y controlarlos.

Durante varios sexenios pretendieron dirigir la lucha contra las drogas en México, pero fueron frenados en seco.

Exigieron que se les permitiera portar armas, pero no se les autorizó.

El acotamiento legal no impidió que enviaran agentes encubiertos para penetrar a los cárteles de la droga, y uno de ellos, Enrique Camarena Salazar, les dio sentido a su misión. Al “Kiki” Camarena, como lo llamaban sus compañeros, lo mandaron matar los jefes del extinto cártel de Guadalajara, Miguel Ángel Félix Gallardo, Rafael Caro Quintero y Ernesto Fonseca en febrero de 1985, menos de tres meses después de se descubriera el rancho “El Búfalo”, en Chihuahua, donde se decomisó el mayor volumen de mariguana en la historia del narcotráfico.

Su asesinato dio origen a la “Operación Leyenda”, la mayor investigación que haya montado jamás la DEA, que apoyada años después por un fallo de la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos que le permitía a la justicia de esa nación la extraterritorialidad, secuestraron en México en 1990 al doctor Humberto Álvarez Macháin, quien afirmaban mantuvo con vida a Camarena mientras lo torturaban.

Detrás de esa cacería desatada en México se ocultó que el agente de la DEA, de acuerdo con funcionarios mexicanos de la época, en realidad era un doble agente, que al ser descubierto por los jefes del cártel, lo mandaron a asesinar por traición.

La “Operación Leyenda”, sin embargo, fue lo que necesitaba la DEA para imponerse a otras agencias de inteligencia que operaban en México, en poder, influencia y presupuesto.

No le importó cruzar la línea y mentir para obtener beneficios, como la acusación contra Manuel Bartlett, secretario de Gobernación cuando el asesinato de Camarena, fincada en un testigo protegido, Víctor  Lorenzo Harrison, quien después de dos años de acusaciones contra funcionarios mexicanos, aceptó en una Corte de Los Ángeles que había mentido.

El fiasco no inhibió a la DEA, que volvió a utilizar testigos protegidos.

Con uno de ellos incubó la idea que el hermano mayor del ex presidente Carlos Salinas, estaba involucrado con el narcotráfico. Ese testigo, ex capitán de la Marina, fue rechazado por la DEA por la magnitud de mentiras —aunque la agencia nunca lo desautorizó—, ofreció contar su dicho a periodistas a cambio de 500 mil pesos. Varios lo rechazaron por no fiable, aunque finalmente logró que uno de los periódicos importantes de México le creyera.

La historia de las arbitrariedades de la DEA y del cruce permanente de la línea entre lo legal y lo ilegal —su vinculación en México con algunos cárteles, o en Colombia con el de Cali—, no fue motivo de alerta cuando la PGR, en el Gobierno de Calderón, le abrió la puerta para que utilizaran armas, participaran en operaciones y, gradualmente, ganaran sus agentes prioridad para entrevistar a detenidos antes del ministerio público federal.

La ex procuradora Marisela Morales deportó a cuantos criminales querían, a cambio de que les dieran acceso a información como la de “Jennifer”, el testigo protegido de la DEA más famoso en la historia del narcotráfico en México, y razón del desmoronamiento de una parte importante de la lucha contra las drogas en el Gobierno pasado.

Si hay responsabilidades que los mexicanos tendrán que enfrentar, la DEA no es inocente. En muchos sentidos es la gran culpable del desastre que vive la procuración de justicia mexicana, por lo que no debería quedar impune.
 

Raymundo Riva Palacio
MAY 13

Renacimiento Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Dueño del momento, Gustavo Madero se apoderó del dramatismo escenográfico. Nadie esperaba ningún sobresalto en el relanzamiento del Pacto por México, que entró en crisis luego que Madero denunció el uso de recursos públicos con fines electorales en Veracruz. Todo parecía superado, pero en la ceremonia de la reactivación del pacto, con la firma de acuerdos que blindan los programas sociales, Madero mostró que las heridas en la oposición son muy profundas.

Cuando le llegó el turno de hablar, inesperadamente sacó la fotografía de una plaza de toros en Coahuila tapizada de camisas rojas. Acusó un acto proselitista encabezado por el gobernador Rubén Moreira, donde se probaba una vez más, decía, la injerencia de los gobiernos priistas en campañas electorales. “Esta realidad se ha anidado en nuestro sistema político desde hace 100 años”, dijo Madero ante el sorprendido testigo de honor, el Presidente Enrique Peña Nieto. “Esta realidad se ha convertido en cultura política basada en prácticas clientelares, autoritarias y corruptas que forman parte del paisaje nacional”.

Madero está en la cima del liderazgo al frente del PAN y a la cabeza de los millones —contados en votos en contra de Peña Nieto en la elección presidencial—, a quienes no les gusta el PRI en el poder. Paradójicamente, Madero quien estaba anulado dentro del PAN por su participación decidida en el Pacto, y al que sólo el oxígeno boca a boca que le inyectó el Gobierno de Peña Nieto, evitaba su colapso, renació con una fuerza que nunca tuvo, sobre el PRI y el Presidente.

Madero está en su mejor momento. Haber negociado en secreto con el equipo de transición de Peña Nieto la agenda de Gobierno del Presidente entrante durante tres meses, le costó capital político cuando se supo lo que había hecho a espaldas del PAN. El entonces presidente Felipe Calderón le cerró la puerta cuando en vísperas del relevo de poder fue a contarle los detalles del todavía desconocido Pacto por México. Los calderonistas lo consideraron un entreguista y la debilidad que le produjo el alud de críticas, le quitó fuerza interna en el partido. “Nadie le hace caso”, dijo uno de los estrategas del PAN antes de que estallara el escándalo en Veracruz. “Ni siquiera puede colocar candidatos”.

El dirigente del partido estaba neutralizado. Los grupos del PAN se disputaban el liderazgo, y en el choque de facciones, la única que derrotada de antemano era la de él. Bocabajeado, el pacto era lo único que lo sostenía ante la imposibilidad de todos los panistas de repudiarlo, por el costo político que les significaría. De repente, un neopanista que se encontraba en el bando de Calderón y su esposa Margarita Zavala, aliado con el senador Ernesto Cordero, le cambió la vida. Miguel Ángel Yunes, el dolor de cabeza para el PRI en Veracruz, recibió de una regidora priista en busca de venganza contra el secretario de Finanzas, le dio videos y grabaciones de reuniones de él con representantes de la Secretaría de Desarrollo Social donde hablaban de utilizar programas sociales con fines electorales. Madero y Yunes denunciaron el hecho que le arrebató la iniciativa política a Peña Nieto.

El líder del PAN ratificó su marca de caballo que gana siempre viniendo de atrás. Formado como político tras una vida empresarial en Chihuahua, el nieto de Evaristo, hermano de Francisco I. Madero, pertenece a un grupo de panistas pragmáticos que siempre estuvo enfrentado a los doctrinarios del PAN, en donde se encontraba Calderón. A contracorriente coordinó a los senadores del PAN en la anterior legislatura, y se lanzó por la presidencia del partido.

Calderón prefería a su secretario particular Roberto Gil, pero optó por no incidir entre los panistas hasta que, en vísperas de la votación, al ver que Madero tenía grandes posibilidades de la victoria, buscó descarrillarlo. Demasiado tarde. Madero ya había hecho alianza con la extrema derecha del PAN y derrotó al candidato de Calderón, quien solía maltratarlo y hablar con él sólo lo indispensable. Madero ayudó a Josefina Vázquez Mota a ganar la candidatura presidencial, pero fue marginado de la campaña, por lo que los pésimos resultados que tuvo su partido el año pasado, no se los pudieron adjudicar.

En el contexto de crisis en el PAN y ausencias de liderazgos claros, inició la negociación con el equipo de Peña Nieto, que lo apuntalaron para que, aun en forma artificial, se mantuviera como un líder funcional. Los calderonistas no querían el pacto y le dijeron una semana antes de que se anunciara, que se saliera. Madero no lo hizo, y el quid pro quo le funcionó. Primero le inyectó vida. Luego, con el escándalo en Veracruz, todo el PAN se tuvo que formar atrás de él. Su puesta en escena este martes con la fotografía de Moreira y el PRI, le dio más fuerza y elevó el costo de la negociación para el gobierno.

¿Qué busca Madero? Con 14 elecciones locales a menos de tres meses, Baja California, el único Estado donde se juega la gubernatura, es la más importante. Ahí fue donde hace un cuarto de siglo el PAN ganó su primera silla estatal, resultado de las llamadas concertacesiones, y no ha perdido desde entonces. El fantasma de aquél episodio revolotea nuevamente. “Si se quiere evitar una nueva concertacesión, Fernando Castro Trenti tiene que aplastar al PAN”, dijo un estratega priista. Castro Trenti piensa que menos de cinco puntos pueden poner en riesgo su eventual victoria.

¿Será el pago mayor que puede dar Peña Nieto a Madero por mantener al partido en el Pacto? Para el Presidente, Baja California es un costo menor al beneficio de sus reformas. Para el líder del PAN, es una nueva prueba para su sobrevivencia. Si pierde Baja California, se hundirá. Si gana, se queda con el partido. Ahí está la nueva frontera para ver si el renacimiento de esta semana fue efímero o le ayudará en su retiro y su legado.

rrivapalacio@ejecentral.com.mx

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Raymundo Riva Palacio
MAY 12

El nuevo cisne Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

La vida de Eugenio Imaz cambió en menos de una década por la puerta por donde menos se imaginaba. Rubio y bien parecido, fue un actor frustrado que acarició el cine como co-protagonista de “La India María” en el filme de 1983 El Coyote Emplumado. Enamorado de las cámaras, no pudo en el cine pero entró a trabajar a Imevisión, la antigua televisora del Gobierno, donde tampoco figuró. Emigró a Hidalgo a buscar suerte, y la encontró. Tras un tiempo como conductor de noticias en radio y televisión, el gobernador Jesús Murillo Karam lo hizo su ahijado político, lo nombró director general de comunicación social, y lo empujó a una carrera política.

Imaz no trabajó con el siguiente gobernador Manuel Ángel Núñez Soto, y estuvo casi todo el sexenio en Canadá. Regresó al final de esa administración, y se vinculó a una joven promesa en la política local que, cuando llegó al poder, lo hizo su colaborador. Ese gobernador era Miguel Ángel Osorio Chong, a quien su gran amigo el Presidente Enrique Peña Nieto lo nombró responsable de la política interna. De su mano, Imaz se convirtió, invisible ante los ojos de todos, en uno de los hombres más poderosos en el nuevo Gobierno.

El nombre de Imaz no ha salido a la luz en estos días, pero no deja de estar en las noticias. Es él a quien Osorio Chong, se refiere como el responsable de centralizar la colaboración de Estados Unidos en inteligencia y contra el crimen, y quien con el cambio de diseño institucional, encabeza la revolución más profunda en el trato con las agencias de ese país que se tenga memoria. La puerta de Imaz tendrá que ser tocada por más de 12 agencias de inteligencia de Estados Unidos antes de entrar a México, lo que modifica radicalmente la vieja política gubernamental de enlaces directos con sus contrapartes.

Este ajuste tiene iracundo a Washington, a cuyas agencias le abrió la puerta el gobierno de Felipe Calderón como nunca antes nadie en México hizo, y convirtió a su gabinete de seguridad en un ente altamente dependiente de inteligencia y recursos tecnológicos, en cuyo camino, varias dependencias federales pasaron a ser subordinadas de un mando extranjero. Con su llegada al cisne, como le llaman internamente al Cisen, y la nueva forma de trabajar con Estados Unidos para salvaguardar la seguridad nacional, Imaz se convertirá en el hombre mejor informado de este país.

Pero no necesitaba una nueva asignación para comenzar a serlo, y no perdió el tiempo cuando lo nombraron director del Cisen. Aprovechó la confusión y el desconocimiento tecnológico en las áreas de la seguridad pública federal, y mandó camiones de mudanza al búnker que ocupaba la extinta Secretaría de Seguridad Pública para recoger todos los sistemas de comunicación e intercepción telefónica que tenían, un equipo de tecnología de punta que estaba inutilizado desde la llegada del nuevo Gobierno. Imaz logró, con las manos en la cintura, lo que en una de las más enconadas luchas del sexenio anterior, no logró el ex jefe del Cisen, Guillermo Valdés: que la tecnología para espiar, pasara del órgano que combate al crimen al que cuida de la seguridad nacional, donde una de las carreteras que atraviesa es la política.

Los resultados fueron inmediatos. El más notorio, la detección del atentado en contra de los hermanos Ricardo y David Monreal, parlamentarios de la izquierda, que estuvieron a punto de morir de no haber sido por el Cisen que descubrió el complot. El último, la operación donde se detuvo a Inés Coronel, el tercer y último suegro de Joaquín “El Chapo” Guzmán, de quien era uno de sus colaboradores financieros más cercanos. Lo que antes hacía Seguridad Pública, ahora lo hace el Cisen, donde Imaz, en esta semana de turbulencia en la relación con Estados Unidos por las críticas al cambio de estrategia del Gobierno de México en contra del crimen organizado, surgió como el hombre que será la ventanilla única para las agencias de inteligencia de ese país que quieran operar en territorio mexicano.

Eugenio Imaz es nieto de un gran filósofo español refugiado, de donde toma su primer nombre, e hijo de un matemático, Carlos Imaz, de donde toma el nombre de pila su hermano, fundador del Consejo Estudiantil Universitario y del PRD, esposo de Claudia Sheimbaum, una de las políticas más cercanas al líder de la izquierda social, Andrés Manuel López Obrador. Hasta recientemente estuvo casado con la hermana de Rodolfo Chavero, uno de los principales panistas en Hidalgo. Pero nunca fue del PRD, como su familia, ni el canto azul lo sedujo. Desde que inició su carrera política fue priista, por lo que es considerado “la oveja negra de la familia”.

Murillo Karam lo hizo secretario de Desarrollo Económico, y tras su estadía en Canadá, a fines del gobierno de Núñez Soto se hizo cargo de la Fundación Colosio en Hidalgo. Ahí comenzó a forjar su relación con Osorio Chong, quien lo nombró jefe de asesores y más tarde secretario de Planeación y Desarrollo Regional, donde la compra del polígono en Tula para la prometida Refinería del Bicentenario, lo llevó a ser un hombre de todas las confianzas del gobernador.

Desde su cargo en esa secretaría construyó discretamente un brazo de recolección de información estratégica para la toma de decisiones, y cuando terminó Osorio Chong el Gobierno, lo acompañó a la campaña presidencial de Peña Nieto, donde fue uno de los responsables de buscar financiamiento. Cuando se decidieron los cargos en el gabinete, el secretario de Gobernación lo llevó al Cisen, una dependencia que encontró, de acuerdo con fuentes gubernamentales, destrozada.

Los gobiernos panistas la desmantelaron. Primero Eduardo Medina Mora, en el Gobierno de Vicente Fox, redujo significativamente la capacidad de inteligencia humana con despidos masivos. Después Valdés, con su nulo conocimiento en la materia. García Luna contribuyó cuando se llevó un grupo de expertos de alto nivel a la Agencia Federal de Investigaciones y a la Policía Federal, y nuevamente Medina Mora ahondó el desmantelamiento al llevarse a más de ellos a la PGR en el Gobierno de Calderón. Fox no le inyectó recursos, y con Calderón, Valdés perdió las batallas presupuestales en el gabinete de seguridad. Imaz, afirman las fuentes, empezó la reconstrucción de la inteligencia humana con agentes que fueron despedidos, y se ha estado allegando de los insumos tecnológicos.

Imaz es un hombre afable, aunque a veces es intolerante en discusiones. Es uno de los dos grandes operadores de Osorio Chong en el gobierno peñista –el otro es Cuauhtémoc Ochoa, subsecretario de Fomento de Semarnat–, pero mantiene su excelente amistad con Murillo Karam, actualmente procurador. Eficiente en Hidalgo, hasta ahora ha probado poder con la nueva tarea encomendada, de alta secrecía y confidencialidad, que entra en una contradicción caprichosa al ser propietario en Hidalgo, de un periódico, El Reloj, que deja asomar la vena mediática que lo marcó en los orígenes de su vida profesional.
 

Raymundo Riva Palacio
MAY 5

El problema de la estrategia Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

¿Alguien, con el mínimo sentido de soberanía, puede estar en contra de la decisión del Presidente Enrique Peña Nieto de recortar las actividades tácticas y de inteligencia que el Gobierno de Felipe Calderón autorizó a Estados Unidos en territorio mexicano? Nadie, por supuesto, pero el Gobierno estadounidense, como hace cada vez que quiere presionar a su vecino, abrió información confidencial a su prensa para ratificar desde el anonimato su molestia porque se les cortaron privilegios sin precedente, aprovechando la carencia del gobierno peñista de una estrategia clara de combate al crimen organizado.

No enfrentar a los criminales permitió que renaciera La Familia Michoacana, que invadiera al Estado de México y organizara sus grupos de autodefensa civil, y que la guerra entre cárteles de la droga mantuviera en vilo la Frontera Norte de Tamaulipas, la Comarca Lagunera y regresara a San Luis Potosí. La ausencia de una política de contención criminal permitió a Estados Unidos presionar a los mexicanos. No parece interesarle que la instrumenten, sino que “entiendan” que Washington, no México, es quien controla la estrategia, tiene los insumos de inteligencia y dicta las órdenes de qué hacer, cómo, cuándo y contra quién.

Una estrategia de contención criminal es lo que requiere el Gobierno mexicano para encarar a los estadounidenses, que no dejan de sangrar por la herida. Después de todo, el nivel de colaboración del Gobierno de Calderón llegó a niveles de subordinación y sumisión ante Washington. El concepto de “guerra” contra el narcotráfico provino de la DEA en una reunión secreta que tuvo el jefe de la agencia en México en 2006 con el ex Presidente en Cuernavaca. El manejo de centros de inteligencia en Monterrey y la ciudad de México fue autorizado a petición de la ex canciller Hillary Clinton. Los permisos para que drones —no artillados— de Estados Unidos volaran sobre territorio mexicano en tareas de inteligencia, salieron de Los Pinos.

Todo este nivel de colaboración no sólo era sin precedente, sino que en el pasado fue motivo de enfrentamiento. En este mismo espacio se publicó en su momento cómo el operativo donde murió Arturo Beltrán Leyva, en Cuernavaca, en diciembre de 2009, fue hecho por comandos de la Marina entrenados por la CIA y la DEA, quienes recibían las instrucciones del mando en inglés.

En este mismo espacio se publicó también que algunas de las unidades de élite incorporaban a miembros que no hablaban el español mexicano y que tenían como símbolo tatuajes más similares a los que algunos cuerpos de seguridad privados tenían en Afganistán e Iraq. Igualmente se publicó cómo la PGR había autorizado que agentes de la DEA participaran en interrogatorios que evolucionó a ser ellos quienes hablaban con los detenidos antes que los ministerios públicos federales.

El Gobierno de Calderón autorizó a portar armas y a dirigir operaciones tácticas dentro de territorio mexicano, con lo que cambió toda una doctrina mexicana contra la intervención estadounidense. De esa manera se construyeron bases de entrenamiento en Querétaro y otras localidades, manejadas por la CIA, la DEA y con uso de contratistas privados. México siempre se negó a persecuciones “en caliente”, como se llama a las “cacerías” en tiempo real, que penetraban el territorio mexicano, hasta que el ex presidente las autorizó. Siempre, también, se impidió que las campañas contra el narcotráfico se diseñaran en Washington, a lo que se accedió en la administración calderonista hasta permitir a Estados Unidos decidir con qué rama del Gobierno trabajaban en México y a quién vetaban.

La entrega, si no total porque dentro del Gobierno mexicano hubo resistencias, sí fue inmensa, avalada por toda una clase política que no cuestionó el sometimiento. México se convirtió en una especie de Iraq o Afganistán, donde sus gobiernos títeres reciben instrucciones de Washington. No les ha gustado que este gobierno cambie las reglas de juego, pero para que el Presidente Peña Nieto gane también el consenso nacional, debe explicar claramente que tiene una política de disuasión criminal que no es retórica, y evitar en paralelo la descripción del Gobierno de Barack Obama, que afirma que a su Gobierno sólo le interesa lo “cosmético”.
 

Raymundo Riva Palacio
MAY 3

Herminio Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Herminio Blanco existía hasta hace pocos meses sólo en la memoria de unos cuantos. Pero desde el 8 enero, cuando anunció que buscaría la dirección general de la Organización Mundial de Comercio (OMC), su nombre se convirtió en una referencia nacional. Blanco, quien a veces parece taciturno, quiere ahora que lo conozcan todos. En menos de cuatro meses dio 105 entrevistas a medios mexicanos y extranjeros y siete conferencias de prensa –quizás más de las que dio como secretario de Estado en los noventa–, publicadas en 13 idiomas, como parte de una campaña de promoción que ha apoyado el Gobierno como ninguna otra que se recuerde.

Blanco es la carta por la que se han volcado todos los recursos políticos y diplomáticos mexicanos. El Presidente Enrique Peña Nieto hizo cabildeo personal con algunas naciones, como China, y lo ha llevado a varias giras en respaldo a su candidatura, como en esta semana a Haití. El canciller José Antonio Meade ha hecho lo mismo con sus colegas y comisionó a una embajadora, la ex subsecretaria para asuntos multilaterales, Lourdes Aranda, para que dirigiera la campaña en el mundo.

Desde enero, Blanco ha visitado 34 países en cuatro continentes y hablado, entre otros,  con 11 jefes de Estado, cuatro viceministros, 58 ministros y 75 jefes de asuntos comerciales y económicos, en una campaña intensa que juega, a la vez, como la primera prueba de influencia del Gobierno de Enrique Peña Nieto en el mundo. El rival de Blanco es el embajador de Brasil –país adversario diplomático histórico de México–, ante la OMC, Roberto Azevedo.

Blanco llevaba más de una década alejado del servicio público, cuya carrera fue caracterizada por un bajo perfil político, refractario ante los medios de comunicación. Perteneció a la generación de técnicos que desde mediados de los ochenta se apoderó del poder en México y que durante dos sexenios consecutivos mantuvo la presidencia. No hay duda que fue uno de los arquitectos más eficaces en la construcción de una economía que tenía prisa por conectarse al mundo y que hoy, con su palmarés como mejor carta de presentación, busca coronar su vida profesional en esa organización.

La vida de Blanco estuvo diseñada hasta mediados de los ochenta, para caminar en la academia. Egresado del ITAM, como toda la clase gobernante desde entonces, se doctoró en Economía en la Universidad de Chicago y se convirtió en uno de los econometristas más reconocidos en México. Dos años después de salir de Chicago, llegó a la Universidad de Rice en Houston como profesor asistente. Al no obtener el tenure –un contrato permanente– tras cinco años en Texas regresó a México a dar clases en su alma mater. Ahí, como todo el primer gabinete económico e ideológicamente neoliberal en México, fue reclutado para trabajar en el Gobierno de Carlos Salinas.

Blanco era en ese gobierno un miembro natural del equipo salinista. Los diferentes eran aquellos que provenían de otras escuelas de pensamiento. Un secretario de Estado en esa época, a quien las políticas económicas instrumentadas por el gobierno salinista afectaron su esfera de influencia, criticaba la falta de “universo” de muchos de los tecnócratas en el gabinete, y en particular Blanco, cuyo mundo, decía, “era Houston”. Pero el universo, para ese equipo, era de ellos.

Durante su campaña presidencial, Salinas nunca habló del libre comercio como uno de los ejes del desarrollo. Cambió radicalmente cuando muy temprano en su Gobierno asistió al Foro Económico Mundial en Davos y vio que la atención de los inversionistas del mundo la tenía Europa, tras la caída del muro de Berlín, por lo que planteó en secreto a Estados Unidos un acuerdo de libre comercio. Salinas responsabilizó de la negociación al secretario de Comercio, Jaime Serra Puche, y este hizo a Blanco, su subsecretario, jefe del equipo. El Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá entró en vigor el último año del Gobierno salinista, donde el trabajo de Blanco hizo que el siguiente presidente, Ernesto Zedillo, lo nombrara secretario de Comercio.

Blanco negoció otros 32 tratados de libre comercio, que llevó a México a ser el país con más acuerdos de esa naturaleza en su momento, que adelantaron la tendencia de pactos que después dominara al mundo. El TLC injertó a México al sistema productivo al de Estados Unidos, lo que le permitió encadenarse a una maquinaria de desarrollo y reducir inestabilidades en su política económica, pero el costo fue la claudicación de una política industrial que estimulara la producción interna y balanceara al país.

Pero para alcanzar la dirección general de la OMC, las críticas sobre políticas domésticas son secundarias. De hecho, puede jugar a favor de él y en contra de Azevedo en la decisión final. Si bien en ambos casos se reconoce la capacidad técnica a los dos candidatos –aunque al brasileño se le considera “junior” ante la experiencia del mexicano–, otro gran activo de Blanco no es él sino el país. Durante los últimos 30 años, mientras México se abrió al mundo, Brasil mantuvo un férreo proteccionismo. Sin embargo, como alertó un diplomático, existe una línea de pensamiento en la OMC donde piensan que Azevedo podría ser crucial para impulsar desde dentro un cambio en Brasil, como si fuera la cuña del mismo palo.

El juego está abierto. Lo que en un principio parecía subir a una montaña muy empinada, pese a que México siempre pensó que la candidatura de Blanco era buena dada su experiencia y biografía, en la actualidad las posibilidades de victoria se han elevado significativamente. Estas elecciones tienen que ver con la matemática; es decir, con los votos. Hasta hace unas semanas Brasil, que ha tenido una diplomacia significativamente más activa que la mexicana, parecía tener el número suficiente de adherentes. Pero una división en África, le dio un gran impulso a Blanco.

Brasil ha tenido una diplomacia permanente con África, donde tiene embajada en casi todas sus capitales –contra siete de México–, pero el trabajo de cabildeo de Blanco ha sido quirúrgico. De los países visitados por él, 10 son africanos, pero no en el cono Sur, donde la presencia brasileña es abrumadora, sino en el corazón verde del centro del continente, y en el Magreb. En América del Sur, el respaldo es de Chile y Perú, así como de Centroamérica, sin mucha esperanza del Caribe. Norteamérica preferirá a su socio, y Europa y Asia se dividirán. O al menos, así se creen las tendencias.

La votación final se espera a finales de mayo, cuando la OMC pasará a ser dirigida por primera vez por un latinoamericano, y tendrá como objetivo principal reactivar la ronda de negociaciones de Doha para liberalizar el comercio, muerta hace años. Blanco y México siempre fueron promotores de esa apertura; Brasil no. Pero no es un asunto de principios, ni siquiera incluso, al final del camino, de biografías y propuestas. Es de votos y diplomacia. Blanco no juega solo en esto, sino va de la mano del Gobierno de Peña Nieto, donde la victoria o la derrota tendrá que ser compartida.

rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Twitter: @rivapa
 

Raymundo Riva Palacio
ABR 28

El diseño se mordió la cola Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

El Gobierno de Enrique Peña Nieto está diseñado bajo un esquema de centralización dogmática. Por ejemplo, salvo el caso de Luis Videgaray, secretario de Hacienda, a ningún otro miembro del gabinete, ni siquiera a su amigo el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, le permitió nombrar a sus subsecretarios. Desde el inicio de la administración, los secretarios de Estado tienen que enviar a Los Pinos diariamente por la noche un informe de lo que hicieron ellos y sus subalternos, y sistemáticamente tienen que informar sobre los avances de su gestión. El control es totalmente vertical.

Bajo un modelo semiautoritario, el Gobierno busca ser eficiente y controlar por completo  la comunicación política —que va más allá de la comunicación social—, que incluye la imagen institucional, discurso, el formato de escenarios —hasta ahora homogéneo—, y la calendarización de eventos. En ese sentido ha sido ejemplar, y hasta hace unos días, esa estrategia sólo se había roto cuando se trastocó para atender la explosión en Pemex. Aquello fue un factor inesperado, pero la semana pasada, al aparecer los videos donde funcionarios de la delegación de Desarrollo Social en Veracruz y del Gobierno estatal planeaban el uso de programas sociales con fines electorales, el Gobierno peñista se descuadró por completo.

El Presidente tensó la relación política con la oposición por un discurso desafortunado donde respaldó a la secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles, y desató la primera crisis política del sexenio al poner en riesgo el Pacto por México. Fue la paradoja del diseño de Gobierno presidencial, la que lo atrapó. Robles no pudo cargar con toda la responsabilidad en ese escándalo porque salvo a su coordinador de asesores y a su oficial mayor, a nadie más pudo nombrar en Sedesol. Todas fueron imposiciones.

El subsecretario responsable de las delegaciones en el país es Ernesto Nemer, quien fue secretario de Desarrollo Social y líder del Congreso en el Estado de México, cuando Peña Nieto era gobernador. Pero los delegados federales, como el de Veracruz, tampoco los nombró Nemer, sino Osorio Chong, en negociaciones bilaterales con los gobernadores o con las fuerzas políticas del PRI en cada Estado. Y quien avaló al final la propuesta del secretario, fue el Presidente.

La verticalidad del Gobierno peñista funciona a la perfección cuando el entorno se encuentra estable, y bajo condiciones de normalidad es una maquinaria política muy aceitada. Pero en la política, el factor humano es una variable inestable y en cualquier momento se puede descomponer. Veracruz es el ejemplo. En unos cuantos días contaminó la política económica y alteró los planes del anuncio de la reforma financiera, ante lo cual las deficiencias conceptuales en el diseño de operación gubernamental y sus consecuencias, los llevaron, como no se había visto, a improvisaciones.

Videgaray, posiblemente nervioso por la suspensión del anuncio de la reforma financiera, ignoró a la Presidencia y machucó a Osorio Chong al informar en las redes sociales antes que sus jefes —uno nominal y otro en el gabinete—, que se pospondría el evento donde anunciaría la reforma,  sin importar violentar el diseño de tutela autoritaria de Los Pinos. Ante el desplome de la idea construida por meses que los priistas sí sabían hacer política y eran eficientes, que el Gobierno perdiera su eje fue lo menos importante.

¿El sentimiento de culpa sobre la metralla política que recibió Robles llevó al Presidente a darle el espaldarazo que detonó la crisis? No es tan claro como sí lo es, con los nuevos datos disponibles, que la responsabilidad de Robles es parcial, a diferencia de la de Osorio Chong, quien fiel a la arquitectura presidencial para tener bajo yugo al Gobierno, determinó con método de micro administración el esquema de delegados. La crisis política y el cisma en el Pacto por México terminaron de romper la luna de miel de Peña Nieto con la sociedad política, y mostró las deficiencias de esa ingeniería, en lo que podría describirse como el momento cuando el diseño se mordió la cola.
 

Raymundo Riva Palacio
ABR 26