* Decepción Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

Como partido, el de anoche en el Estadio Azul fue decepcionante: algo muy parecido a la antítesis de cómo debiera ser un encuentro correspondiente a la instancia decisiva de un campeonato.

Como resultado, el triunfo del Cruz Azul sobre el América fue… un accidente del futbol.

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En un partido aislado, es posible, aunque no lo más frecuente, que suceda como anoche: que gane el equipo más avaro; que pierda el más generoso.

El futbol es así: aunque se pretende que se cumpla la regla de que gane el mejor, ocasionalmente sucede que gana el equipo que se limita a tener la fortuna de encontrarse con un gol, por acierto propio, por desacierto del adversario… o hasta por una pifia del árbitro que a la postre resulta determinante. Y ocurre, por contrapartida, que pierde el equipo que da la sensación de tener más ambición, por una parte, y más argumentos futbolísticos, por la otra, para aspirar al triunfo.

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Después de su solitario golecito, el Cruz Azul, anoche, se olvidó de jugar. Se limitó a especular. Entendió que no en vano el nombre escrito con caracteres más vistosos en la marquesina de la Final era el de Cristian Benítez. Sobre él enfocó todos sus afanes. Lo rodeó de mastines y centró sus afanes en procurar que no tuviera balones a modo en la zona de remate. Por otra parte, puso el marcador sobre las espaldas de su portero…

Los dos objetivos le funcionaron: ni el rey del gol en las tres últimas temporadas tuvo oportunidad de hacer de las suyas, y Corona, las varias veces que fue exigido, demostró por qué se le considera, hoy por hoy, el mejor portero de México.

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Ahora bien: una cosa es ganar un partido aislado, como el de anoche, y otra muy diferente ganar una Final, que comprende 180 y no 90 minutos solamente.

En la medida en que el resultado de anoche debió ser una frustración para el América, es probable que en el proceso de digestión del mismo se haga el balance de los lances fortuitos en que se negó el gol en el partido de ida, y de lo que dejó de hacerse…

Lo cual, al menos en teoría, permite señalar que aunque el desenlace de la primera batalla ya no tiene vuelta de hoja, la historia de la guerra aún está por escribirse.
 

Jaime García Elías
MAY 24

- “Veinte años…” Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

“Sentir —dice el tango— que es un soplo la vida; que veinte años no es nada…”. Y el adagio, por el estilo: “No es lo mismo ‘Los Tres Mosqueteros’ que ‘Veinte Años Después’”, porque una cosa es lo que Portos, Athos, Aramís y D’Artagnán tuvieron, y otra lo que les queda, a lo sumo, en la memoria.

-II-

Lo que se decía, hace un mes, de las explosiones en el Sector Reforma de Guadalajara, puede decirse, con mínimas variantes, con respecto al asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo: repulsiva, si así quiere verse, o estéticamente aceptable, si se prefiere, pero donde había una herida que supuraba y punzaba, hay, ya, una cicatriz. Empecinarse en removerlas, en ambos casos, es —diría el poeta— “vano afán, empeño estéril…”.

Desaparecidos de la escena pública los más empecinados impulsores de la hipótesis del “crimen de estado”, los ecos de sus voces resuenan cada vez más débiles y más distantes. El tiempo (“supremo juez”, lo llamaba Paul Dukas) ha puesto en su sitio lo mismo esa teoría que la del martirio, según la cual Posadas fue asesinado por odio a la fe. Como concluyó la Comisión Interdisciplinaria que se integró para ahondar en el expediente, y como lo consignó en un libro monseñor Luis Reynoso Cervantes —representante de la Conferencia del Episcopado Mexicano en esa Comisión y aval de la seriedad con que ésta actuó—, no había elementos plausibles para reabrir el caso. De los copartícipes en la balacera de hace 20 años en el estacionamiento del Aeropuerto de Guadalajara, varios fueron procesados y sentenciados. Otros ya murieron (por señal, trágicamente). Tanto sus declaraciones ministeriales como la confesión ante el entonces delegado apostólico, Girolamo Prigione, concordaban: los sicarios no tenían la intención de asesinar al prelado, ni motivos para hacerlo. Los “testimonios” a favor del complot, en fin, se desplomaron por ser sicológicamente endebles y jurídicamente insostenibles.

-III-

Sería ilusorio pretender que hubiera unanimidad en el consenso con respecto a un caso tan sonado como el que hoy se limita a ser efeméride. En algo, sin embargo, es probable que se coincida: en que, cada vez menos contaminada con interferencias generadas por el odio o por intereses viles, la memoria del cardenal Posadas —que, casi seguramente, estará en consonancia con aquello de “Perdónalos, Señor, porque no supieron lo que hacían…”—, está más cerca del descanso eterno, hoy, que hace veinte años.

Así sea.

Jaime García Elías
MAY 24

* Un “volado” Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

Varios de los jugadores que esta noche disputarán los primeros 90 de los 180 (o más) que durará la Final, aún no habían nacido la vez anterior que América y Cruz Azul fueron protagonistas de los duelos decisivos de un campeonato en México.

Han transcurrido 24 años desde entonces. “Águilas” y “Cementeros” han mantenido su jerarquía como animadores sobresalientes de la Liga… aunque ninguno se haya consolidado como ganador contumaz de títulos.

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Precisamente porque las campañas precedentes habían sido de altibajos y porque la falta de títulos ha sido motivo de “carrilla” de los aficionados —especialmente para el Cruz Azul, incapaz, hasta ahora, de reverdecer los laureles que se marchitan en sus vitrinas desde hace más de 15 años—, la actual ha sido la de su reivindicación.

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Claro: podrá decirse que la plena reivindicación, en todo caso, será de uno solo; que la gloria, cuando de futbol se trata, sólo alcanza para uno; que el campeón se llevará a casa todas las canicas; que para su adversario no representará ningún motivo especial de satisfacción resignarse con el rol de finalista… (Decía Jacques Anquetil, antigua gloria del ciclismo mundial, que lo más detestable en el deporte era el segundo lugar… “porque el segundo lugar —afirmaba— es el campeón de los mediocres”).

Objetivamente, sin embargo, como no se dé el poco probable caso de que el que resulte campeón aplaste de manera escandalosa e inmisericorde al adversario, habrá que reconocer que los actores de los duelos decisivos del Torneo de Clausura realizaron una estupenda campaña; que ni al América lo hace gran favorito el hecho de haber terminado segundo en la clasificación general, ni al Cruz Azul lo degrada a un segundo plano el haber obtenido una calificación más baja, ni el haber llegado a la instancia definitiva por obra y gracia de un sistema de competencia que a algunos les sigue pareciendo criticable, “reñido con la justicia deportiva”… pero que a los aficionados les ha parecido atractivo —como lo demuestran la reventa y los tumultos recientes en las taquillas—, y a los dirigentes les ha funcionado.

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Los ingredientes parecen ser adecuados para que haya espectáculo, y para que del vencedor pueda decirse que es un digno campeón.

En cuanto a señalar un favorito, se antoja que aquí estamos con en los “volados”: ¡ni a cuál irle…!

Jaime García Elías
MAY 23

* “Otra cosita” Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

Hay que decirlo con todas sus letras: pretender que los criterios deportivos, en el más puro sentido del concepto, prevalezcan sobre los económicos, en el terreno del futbol profesional, es ilusorio.

Lo mismo en el futbol que en todos los órdenes de la vida, las cosas no siempre son como deberían ser: son como pueden ser. Punto… De ahí que a nada conduce desgarrarse las vestiduras ni cubrirse la cabeza de ceniza porque pasen las cosas que pasaron y se tomen los acuerdos que se tomaron el lunes, en la “Junta de Dueños” de equipos de Primera División.

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En la teoría, los ascensos y descensos de categoría corresponden al tradicional esquema de premios y castigos. En la práctica, se comprende que los dirigentes del futbol mexicano en pleno hagan la faramalla de que cumplen con el capítulo del descenso, poniendo a llorar a moco tendido a los aficionados que presenciaron el partido de la última jornada de la etapa clasificatoria del Torneo de Clausura, ante el San Luis… pero tomen medidas, a continuación, para burlar las consecuencias deportivas de ese resultado, considerando las bondades de la plaza, la injusticia de endosar a los aficionados la penitencia por los pecados de los dirigentes, y la torpeza de sacrificar las utilidades económicas que generan las entradas al estadio.

Si la plaza ha demostrado ser rentable, se comprende que se trate de conservarla. Y se comprende que si Jaguares y San Luis, se la pasan en terapia intensiva, en el aspecto económico, lo más saludable, financieramente hablando, es pronunciarse por su liquidación… O que si el “ascenso” de La Piedad fue un accidente del deporte, porque ni plaza ni dirigentes ni plantel dan la talla para alternar con los elencos de la Primera División, se busque la manera de evitar que la consecuencia de un resultado deportivo supeditado a imponderables —como las series de penaltis del sábado…—, sea que los ganadores se hayan sacado, literalmente, la rifa del tigre.

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El futbol, como deporte, tiene su lógica; el azar forma parte de ella. El futbol, como industria, tiene, a su vez, una lógica vinculada con la viabilidad financiera.

Cualquier equipo puede ganar un partido… pero no necesariamente tiene la talla exigible para alternar en una Liga en que se necesita —como “para bailar la bamba”— “una poca de gracia… y otra cosita”.
 

Jaime García Elías
MAY 22

– Demasiadas manos Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

Dicen los entendidos en asuntos culinarios que “La calidad del atole es inversamente proporcional al número de manos que meten la cuchara en la olla durante el proceso de preparación”.

-II-

Aplicado al tema de la “consulta ciudadana” que se realizó durante dos semanas, al efecto de bosquejar el modelo de transporte público que los usuarios —reales o potenciales— del mismo quisieran tener a su disposición, podría decirse que el experimento, por lo que hace a la cantidad de los participantes, fue —en teoría— exitoso: le tomaron la palabra a la autoridad cerca de 19 mil personas: una muestra significativa, se diría, de las personas que ordinariamente se desplazan en camión; la inmensa mayoría (casi 18 mil) lo hicieron vía internet; cerca de 16 mil respondieron la encuesta que se les planteó; dos mil más presentaron sus propias propuestas.

Lo que sigue continuará en el ámbito del gabinete: la “sistematización” de toda la información que ahí se obtuvo. Cualquiera puede prever el resultado de ese ejercicio: la justa demanda, la necesidad social, el anhelo colectivo de un servicio digno, decoroso, eficiente, razonablemente cómodo y razonablemente económico. (En una palabra, la antítesis exacta de lo que se tiene actualmente).

Lo bueno de la consulta consiste en que se sabe exactamente —o casi— lo que quiere el cliente; lo malo, que la misma genera expectativas desorbitadas. La consulta deriva en un boceto de lo deseable… pero no necesariamente en lo posible. Pasar de los sueños guajiros de los usuarios, de los discursos almibarados y de las fáciles promesas de los funcionarios públicos al terreno de la realidad, no es, como pudiera creerse, cuestión de “enchílame otra”. Si los responsables de buscar soluciones viables al de la movilidad —uno de los más notorios “pecados capitales” de la mancha urbana— decidieron colocar a la “consulta popular” como punto de partida, podría pensarse que lo hicieron así… precisamente porque carecen de ideas claras, de conocimiento de causa, de personal ducho en las ciencias y disciplinas que deben manejarse para tal efecto.

-III-

Por eso —y aquí volvemos al principio de estos apuntes— el temor de que al cabo de esta historia haya, como tantas veces, frustración y desencanto; de que se repita el triste, anticlimático (además de habitual) desenlace de la fabulilla de “El Parto de los Montes”: “Después de tanto ruido… sólo viento”.

De que, en síntesis, el atole salga insípido y aguado…

Jaime García Elías
MAY 22

* ¡Qué tiempos…! Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

Mucha agua ha pasado bajo el puente, ciertamente, desde la última vez que sucedió lo que acaba de verse: que en una lista de seleccionados nacionales como la que acaba de darse a conocer, de cara a los próximos compromisos internacionales del futbol mexicano, no se incluya, ni para remedio, a un solo jugador de los equipos tapatíos.

*

Tiempos hubo, Señor Don Simón, en que la Selección Mexicana era, de hecho, el Guadalajara reforzado. Eran los tiempos, obviamente, del “Campeonísimo”. Años dorados en que el “Tigre” Sepúlveda, el “Jamaicón” Villegas, Panchito Flores, Isidoro Díaz, Chava Reyes y Héctor Hernández eran titulares indiscutibles del equipo nacional, y el “Tubo” Gómez, Sabás Ponce y la “Pina” Arellano eran, por lo menos, suplentes en ese elenco.

Los otros equipos, en menor medida, también tenían contribuciones significativas para el “Tri”: Del Muro, el “Gallo” Jáuregui y el “Pistache” Torres en una generación del Atlas; el “Gato” Vargas, el “Campeón” Hernández y Magdaleno Mercado en la siguiente tanda; Felipe Ruvalcaba y el “Halcón” Peña desde sus tiempos en el Oro, eran asimismo presencias habituales en la Selección.

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Claro: se dirá que ninguno de esos jugadores tuvo la trascendencia de los varios jugadores mexicanos que posteriormente han llegado a jugar y juegan actualmente en equipos europeos; o que el futbol mexicano, en ese tiempo, no había alcanzado el nivel de competencia que en los años recientes ha conseguido…

Puede que sí. Como también podría decirse que tanto el Guadalajara como el Atlas actuales tienen material humano de Selección Nacional: Bravo, por el repunte que tuvo en la última campaña; Fabián, si las lesiones le dan un receso; Márquez Lugo y Sabah, en cuanto se reconcilien con el gol, en el entendido de que los centro delanteros son así: de rachas.

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Por lo demás, ni puede decirse que la omisión de representantes del Guadalajara o del Atlas actuales sea consecuencia de una deliberada intención de discriminar a los jugadores de esos equipos… ni soslayarse que la mediocre campaña de los rojiblancos en el Torneo de Clausura que está por concluir –aunque en años recientes, y aun sin conseguir títulos,  volvieron a ser base de la Selección Nacional– cancelaba la posibilidad de convocar al “Tri” a cualquiera de sus integrantes.

“¿A título de qué…?; ¿con qué merecimientos…?”, podrían preguntarse los observadores.

Y, sin ninguna duda, tendrían razón.

Jaime García Elías
MAY 21

- ¿Petatazo? Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

Vecinos, los menos, y visitantes, los más, del Parque Metropolitano, pusieron, el domingo, el grito en el cielo: llegaron las autoridades, y, sin decir “¡agua va!”, colocaron sendas infracciones por 800 pesos (susceptibles del 50% de descuento si se pagan dentro de los siguientes cinco días) en todos los automóviles que estaban estacionados en lugar prohibido.

—¡Es una injusticia, un atropello, una arbitrariedad! —fue el clamor generalizado.

-II-

Como dicen que dijo Jack el Descuartizador: “Vámonos por partes…”.

Primer punto: estacionar automóviles en los camellones, sobre la banqueta o en la acera con franja amarilla, está tácitamente prohibido. No se requiere, por tanto, colocar señalamientos adicionales, expresos, en ese sentido.

Segundo: que la “h.” autoridad ordinariamente haya sido omisa para hacer cumplir esa restricción no significa que la ley haya sido abolida o derogada, o que la omisión sistemática la vuelva inoperante. Que la misma autoridad decida actuar donde no acostumbraba hacerlo significa que hizo bien, excepcionalmente, lo que ordinariamente hacía mal.

Tercero: si la injusticia es, por definición, una acción contraria a la justicia, y si la justicia —un concepto, una entelequia, una abstracción—, a su vez, se materializa en la ley, la aplicación puntual y estricta de la ley puede ser lo que se quiera y mande, excepto un atropello, una arbitrariedad, un acto de prepotencia… o, precisamente, una injusticia.

En esas condiciones, que a los infractores, ocasionales o contumaces, se les sancione por infringir la ley es, por parte de la autoridad, un acto irreprochable. Es su obligación. A eso se comprometen, esencialmente, los funcionarios públicos cuando asumen sus cargos: a “cumplir y hacer cumplir las leyes”. (“Y si no —agregan, muy orondos—, que la sociedad me lo demande”).

-III-

Conclusión: las multas que se levantaron el domingo, a inmediaciones del Parque Metropolitano, son justas, porque las aplicó la autoridad, y son legítimas, porque lo hicieron, a todas luces, en aplicación puntual y estricta de la ley.

La duda, en todo caso, estriba en si lo que fue excepcional será, en lo sucesivo, lo habitual —como debería de ser—… o si el episodio se consigna como una más (la enésima, para ser exactos) de las “llamaradas de petate” a las que son tan afectos quienes de vez en cuando, para efectos mediáticos, para cubrir las apariencias —o, como dicen los rancheros, para taparle el ojo al macho—, hacen como si de veras gobernaran.
 

Jaime García Elías
MAY 21

* Estaba escrito… Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

La del Torneo de Apertura fue una Final heterodoxa, sorpresiva: ni Tijuana ni León, sus protagonistas, habían sido incluidos por los expertos en la lista de los aspirantes. La del Torneo de Clausura será una Final lógica, ortodoxa: la disputarán dos equipos señalados a priori, por su historial y por el material humano de que están hechos como serios aspirantes.

Aquella había sido una Final provinciana. Esta será una Final capitalina…

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El desenlace de los duelos decisivos de la Semifinal era previsible: si el América había sacado el empate (2-2) de la cancha del Monterrey, era de esperarse que en el partido de vuelta, en casa, ratificara su superioridad sobre un adversario que alcanzó el boleto para la “Liguilla” con las uñas, literalmente. En el otro duelo, si el Cruz Azul había ganado, como visitante, por 3-0, se antojaba cuestión de mero trámite que consiguiera el resultado que le hacía falta para complementar la faena.

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Al margen de circunstancias como los yerros defensivos de los “Guerreros” que facilitaron el primer gol de los “Cementeros”, y de las desatenciones que se pagaron con las expulsiones de Quintero y Baloy –sin los cuales en la cancha la empresa de revertir el resultado era, al pie de la letra, “misión imposible”–, los dos finalistas llegan a la cita decisiva sin que haya un claro favorito.

Se trata, en ambos casos, de equipos que tienen deudas pendientes con sus aficionados, porque llevan varias temporadas con resultados mediocres: indignos de su historial, frustrantes para sus devotos. Se trata, por otra parte, de dos planteles respetables. Uno y otro tienen, además, jugadores descollantes en el medio: Benítez en el América, Giménez en el Cruz Azul, tienen un peso específico significativo. Además, no son los únicos: desde Muñoz y Corona, los guardametas, hasta los habituales suplentes (Mina con los cremas, el “Chuletita” Orozco con los “Cementeros”), pasando por la alineación íntegra, está claro que no hay puntos débiles en ninguna de las escuadras.

Por lo que hace a los técnicos, aunque el temperamento efervescente del “Piojo” Herrera contrasta con el de Memo Vázquez, menos estridente, más reposado, ambos han armado equipos cuyos alcances están a tono con la calidad de las individualidades, y ambos demostrado el don de mando que se necesita para llegar a un paso de la cima, con razonables perspectivas de redondear su obra.
 

Jaime García Elías
MAY 20

- La otra cara Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

¿Nos sabrán algo, o lo dijeron “al tanteo”…?

-II-

Pocas veces sucede algo en México, que se convierta en noticia a nivel internacional. Y, por desgracia, cuando eso sucede, no siempre es para mayor gloria del país y para el correspondiente prestigio de sus habitantes. Al contrario…

De un buen tiempo a esta parte, México ha llamado la atención por hechos de violencia. Variantes, se diría, del “México Bárbaro” de los movimientos sociales (la lucha independentista, los años de Las Intervenciones, la Revolución Mexicana, la Guerra Cristera…) que degeneraban en hecatombes. Los episodios actuales, ya se sabe, se relacionan con fenómenos tan lamentables como el narcotráfico y la delincuencia organizada: balaceras, decapitaciones, “ajusticiamientos” en masa; indicios de que en este país sigue siendo cierto que “la vida no vale nada”. Adicionalmente, la impunidad, hija o de la incompetencia de las autoridades policiacas para hacer efectivos los anuncios cotidianos de supuestos “golpes mortales” a los modernos delincuentes, o del contubernio con ellos… o de las dos cosas.

Así, sucesos un tanto anecdóticos, como el cese, la semana pasada, del Procurador Federal del Consumidor, Humberto Benítez Treviño, por los alcances que alcanzó en la prensa y en las redes sociales la rabieta de su hija porque en un restaurante no le asignaron la mesa que quería, han generado comentarios acerca de la imagen del país y de sus habitantes. The New York Times, por ejemplo, señala que “los privilegios de los políticos en México, han sido siempre denunciados por los ciudadanos”, y “el asunto de la prepotente actuación de la hija del funcionario priísta (Benítez), obligó al Gobierno a destituirlo”. Los Angeles Times asienta que, en el mismo caso, “la discusión se centró en el abuso de las élites poderosas que han surgido del PRI”. (Se soslaya, si acaso, que el paso del PAN por los más altos estamentos gubernamentales no se significó precisamente por su congruencia con el discurso de moralizar el servicio público). The Washington Post, en fin, consigna que “la gente que trata de usar la riqueza, el poder o conexiones políticas para recibir un tratamiento especial —el clásico ‘influyentismo’— es una queja de muchos años en México”.

-III-

Son los bocetos de un retrato en que así como alude a las bellezas naturales, los vestigios de las culturas prehispánicas y la hospitalidad de su gente, también pone el acento, cuando viene al caso, en las lacras morales de la raza.
 

Jaime García Elías
MAY 20

* “Carambola hecha” Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

Para zancadillas a la lógica, basta y sobra, por ahora, con la que le puso el Atlético, ayer, al orgulloso Real Madrid (que buscaba ese título como premio de consolación al cabo de una campaña más generosa en tempestades innecesarias que en galardones), en la Final de la Copa del Rey en España.

Aquí, lo más probable es que hayamos quedado vacunados contra sobresaltos tan espectaculares como serían la victoria del Monterrey sobre el América, hoy, o la goleada (4-0, mínimo) del Santos Laguna al Cruz Azul, el domingo, que se necesitarían para evitar la Final que parece “carambola hecha” para el Torneo de Clausura.

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El América, que va en caballo de hacienda tras el empate a dos goles del miércoles en el feudo de la Pandilla, era “fija” para la Final del certamen. Una cosa es que el “Piojo” Herrera –su técnico– no sea el más idóneo para las relaciones públicas (porque tiene el probable defecto de decir lo que piensa… y no la discutible cualidad de pensar lo que dice), y otra muy diferente que no esté cumpliendo como orientador táctico del equipo y como motivador del grupo.

Los resultados están a la vista: el segundo lugar en la temporada regular, la regularidad en la marcha del equipo, la contundencia de sus números, el desempeño sobresaliente de varias individualidades, el título de goleo de Benítez, la presencia sistemática de varios jugadores en la Selección Nacional, hablan de un grupo consciente de que vestir la camiseta crema implica la exigencia irrenunciable de pelear los títulos.

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En la otra esquina, todas las dudas que ha habido con respecto a la personalidad de los jugadores para entender que hay equipos en que lo importante no es competir, sino ganar, y que el plumaje del Cruz Azul es de esos, comenzaron a disiparse a raíz de la conquista de la desairada Copa MX.

Precisamente porque se entendió que una lagartija de esas no es pieza para un cazador de polendas, Memo Vázquez y sus jugadores entendieron el compromiso de ir por una pieza de caza mayor.

Al margen de los pecados mortales que cometió el cuadro bajo del Santos Laguna, el jueves, tanto el empaque futbolístico como la actitud demostrada por los “Cementeros”, justifican con creces la claridad del triunfo y justifican su casi segura presencia como protagonistas de la Final en puerta.
 

Jaime García Elías
MAY 18