Como partido, el de anoche en el Estadio Azul fue decepcionante: algo muy parecido a la antítesis de cómo debiera ser un encuentro correspondiente a la instancia decisiva de un campeonato.
Como resultado, el triunfo del Cruz Azul sobre el América fue… un accidente del futbol.
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En un partido aislado, es posible, aunque no lo más frecuente, que suceda como anoche: que gane el equipo más avaro; que pierda el más generoso.
El futbol es así: aunque se pretende que se cumpla la regla de que gane el mejor, ocasionalmente sucede que gana el equipo que se limita a tener la fortuna de encontrarse con un gol, por acierto propio, por desacierto del adversario… o hasta por una pifia del árbitro que a la postre resulta determinante. Y ocurre, por contrapartida, que pierde el equipo que da la sensación de tener más ambición, por una parte, y más argumentos futbolísticos, por la otra, para aspirar al triunfo.
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Después de su solitario golecito, el Cruz Azul, anoche, se olvidó de jugar. Se limitó a especular. Entendió que no en vano el nombre escrito con caracteres más vistosos en la marquesina de la Final era el de Cristian Benítez. Sobre él enfocó todos sus afanes. Lo rodeó de mastines y centró sus afanes en procurar que no tuviera balones a modo en la zona de remate. Por otra parte, puso el marcador sobre las espaldas de su portero…
Los dos objetivos le funcionaron: ni el rey del gol en las tres últimas temporadas tuvo oportunidad de hacer de las suyas, y Corona, las varias veces que fue exigido, demostró por qué se le considera, hoy por hoy, el mejor portero de México.
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Ahora bien: una cosa es ganar un partido aislado, como el de anoche, y otra muy diferente ganar una Final, que comprende 180 y no 90 minutos solamente.
En la medida en que el resultado de anoche debió ser una frustración para el América, es probable que en el proceso de digestión del mismo se haga el balance de los lances fortuitos en que se negó el gol en el partido de ida, y de lo que dejó de hacerse…
Lo cual, al menos en teoría, permite señalar que aunque el desenlace de la primera batalla ya no tiene vuelta de hoja, la historia de la guerra aún está por escribirse.