Por Ana María Salazar
Al ver las imágenes de la situación en Michoacán donde pobladores imploran que el Gobierno rescate a su pueblo sitiado por el crimen organizado, normalistas reteniendo pipas de Pemex y camiones con productos alimenticios, además de secuestrar a seis funcionarios públicos, puede darse lugar a un debate sobre si lo que está pasando es un problema que amenaza a la seguridad nacional.
En dos semanas se va a cumplir cuatro años del llamado “Michoacanazo”, que arrojó la detención de 35 funcionarios y ex funcionarios en Michoacán. Todos liberados por inconsistencias en las investigaciones.
Ni hablar de los problemas que se están suscitando con la creación de policías comunitarias. De hecho, esta semana el reconocido general colombiano y asesor de la Presidencia, Óscar Naranjo, advirtió en un foro sobre justicia y seguridad que “un Estado que no asegura el monopolio de la aplicación de la justicia y no asegura el monopolio legítimo de su fuerza, es un Estado que da origen a ‘paraestados’”.
¿Que debe de hacer ahora el Presidente Enrique Peña Nieto?
Hay que recordar que fue en el estado de Michoacán donde hace seis años el Presidente Felipe Calderón inicio su agresiva estrategia en contra el crimen organizado y como podemos ver, los problemas ahora son aún más intensos.
Como dice Sun Tzu en “El Arte de la Guerra”: “Nunca es beneficioso para un país que una operación militar se prolongue por mucho tiempo”. Los problemas que pueden llegar a afectar la integridad o la calidad de vida de los ciudadanos, y que no se resuelven en el ámbito político o en el de seguridad pública, necesariamente pasan al ámbito de seguridad nacional.
Sin embargo, cuando un problema cae en el ámbito de la seguridad nacional, quiere decir que el Estado y la sociedad fracasaron en sus políticas e intentos anteriores de resolverlo, y por ende entonces las soluciones contemplarán medidas excepcionales.
Esto también conlleva un alto costo para la sociedad y para el Estado, especialmente para una democracia como México.
Que el problema se comience a resolver en el terreno de lo excepcional, significa que el Estado está dispuesto a utilizar los mecanismos llamados excepcionales, como el uso de las Fuerzas Armadas, el toque de queda, la intervención de las comunicaciones, la invasión a la privacidad de las personas, la expulsión de ciertos ciudadanos, la declaración de guerra con otro país o con los grupos armados, medidas que, en busca de una solución efectiva, absorben cuantiosos recursos económicos que, en otras circunstancias, podrían utilizarse en la educación o la salud, por citar dos de las necesidades más importantes.
A esta problemática podemos asociar una frase de Sun Tzu: “La victoria completa se produce cuando el Ejército no lucha, la ciudad no es asediada, la destrucción no se prolonga por mucho tiempo y en cada caso el enemigo es vencido por el empleo de la estrategia”.
La discusión de los temas de seguridad nacional debería abarcar medidas preventivas encaminadas a prevenir posibles conflictos, es decir, encaminarse a prevenir futuras amenazas.
La pregunta fundamental que tiene que hacerse el Estado es ¿cuánto se necesita invertir en una estrategia de seguridad nacional?
Debe reconocerse que debido a la profundidad y seriedad que han alcanzado los distintos problemas que aquejan a nuestra sociedad, su solución generará un costo, así que deben de identificarse prioridades a corto y largo plazo; que el pueblo acepte la existencia de una amenaza y el costo de enfrentarla.
Uno de los factores que destaca Sun Tzu para la evaluación de un conflicto es la doctrina, entendiéndose como aquello que hace que un pueblo esté en armonía con su gobernante, de modo que le siga a donde sea, sin temer por sus vidas o correr cualquier peligro.
La solución de los problemas en el ámbito de seguridad nacional debe entenderse como una situación excepcional y no como la forma común de intervención. Incluir un problema en la estrategia de seguridad nacional de un país genera costos para la sociedad porque implica que el Estado disponga de recursos y esfuerzos extraordinarios, que dejarán de estar disponibles para otras áreas importantes para el país.
¿Qué va hacer el Gobierno federal? Están en una encrucijada porque su prioridad ha sido distanciarse de la estrategia de Calderón.
Entonces, ¿qué propone el ejecutivo como solución?, ¿será que la realidad ya los alcanzó?, ¿ya los rebasó?, ¿quién gobierna en Michoacán? Nadie.
En este momento hay un interino en espera de que se defina la salud del gobernador Fausto Vallejo quien será sometido a una intervención quirúrgica.
Y lo peor es que tiene el Gobierno federal simple y llanamente tiene abandonado la población.
Tal vez es hora que la sociedad civil, de la poca que queda en Michoacán, haga un llamado a las Naciones Unidas para que envíen a los cascos azules. Alguien tiene que llenar los vacíos de poder.
Los dejo con este comentario de Sun Tzu el autor del “Arte de la Guerra”. “Si no puedes ser fuerte, pero tampoco sabes ser débil, eso resultará en tu derrota”.