¡Olé los toreros machos…! Por Francisco Baruqui francisco@baruqui.com

MADRID, España.- En el devenir de un ferial deslucido por el desapacible tiempo frío y los resultados, con poco digno de destacar luego de una faena importante de Perera con la única oreja cortada, en la tarde menos propicia por la climatología cuando a los ángeles y querubines se les pasó la mano con los diuréticos, —vaya diluvio y granizo que del arcano cayó—, por fin, en fin y al fin, una corrida que por toros y toreros dejó buen sabor de boca.

Toros de Fermín Bohórquez con presentación de lujo, con ejemplares muy en el tipo del encaste Murube con negros pelajes, finos de cabos, largos de rabos, bien armados con belleza en sus láminas, imponente trapío, con la seriedad y la relevancia que el cuajo dan, y con la importancia que cobró todo lo que ante de ellos lograron los de la terna que luchando contra de los elementos, triunfaron cortando una oreja cada uno de ellos, haciendo que el empapón valiese la pena.

Corrida, pues, bonita de hechuras en la que destacaron los corridos en tercero, cuarto, de Carmen Segovia y quinto, manejables y con nobleza que brindaron condiciones para triunfar, cumpliendo en el castigo y llegando a la muleta claros y con cierto son.

Fue el paisano Diego Silveti quien enfundado en vestido verde aguamarina y oro salido de la aguja, cuando granizaba y se inundaba la plaza, habiendo quitado por delantales, brindando al cónclave se plantó en el centro del platillo para aguantar en dos péndulos que arrancaron la ovación al apreciar la afición la actitud determinante del joven mexicano, quien con estoicismo, aguantando los impactos del agua embolada en hielo en la cara y empapándose como buzo, aprovechó las nobles embestidas del astado buscando la distancia y afinando la colocación, ajustándose de largo primero y en corto después, en series de toreo por abajo con ayudados con la diestra y al natural con la de cobrar, rematando con oportunidad con de pecho y desplantes, para cerrar con bernadinas ajustadas que se le jalearon cuando la visión de las escenas se nublaba por la cantidad de agua que caía.

Pinchando en el primer envite, sepultó la hoja en el segundo en sitio despenando al ejemplar, y un público que reconocía su actitud y entrega pidió la oreja que le tuvo que ser traída del desolladero toda vez que el presidente tardó en concederla cuando las mulillas habían arrastrado al burel.

Con el sexto, el hueso del encierro, muy poco pudo hacer que no fuera mostrarse voluntarioso retirándose, sí, con un trofeo en el esportón que confío, espero y deseo le signifique utilidad en el tiempo por venir.

Por su parte, el galo Juan Bautista con el mejor del sexteto, un toro de triunfo grande con el que dejó ver su buen momento de expresión con una técnica bien asimilada y procedimientos que le permitieron lucir en una tarde inclemente en series con la derecha y naturales con buen temple rematados con sendos de pecho que se le corearon.

Tuvo su faena ritmo y medida cobrando estocada entera en sitio que bastó cortando la oreja dejando una muy buena impresión.

Con el que abrió plaza anduvo en torero pero sin redondear cuando el moro se le fue quedando corto en un trasteo prolongado terminando breve con el acero.

A Juan del Alamo le empecé a ver de novillero apreciando condiciones para llegar a sobresalir en la tan hermosa cuanto difícil profesión. De matador ya, afinando sus formas y acrecentando sus recursos con un valor cabal que le ha caracterizado, se picó con Silveti en quites ejecutando el mexicano gaoneras ceñidas, sin enmendar un ápice llevándose las palmas y del Alamo instrumentando mandiles en menor nivel.

Sin mayor cosa en el segundo, con el quinto ya, un Bohórquez que se abría a los toques y metía el morro claro y con cadencia, le realizó una faena lucida por abajo pisando con determinación y firmeza, en franca actitud de ir pa álante, continuando con bernadinas embarrándose al burel que cuando le pidió la muerte, yéndose tras de la espada haciendo la cruz, pasándose y sepultando el acero todo, ganarse merecidamente el apéndice.  Así…

Así una corrida con éxito de los tres alternantes y un encierro que colaborando se dio para el triunfo….

Ya veremos a los demás mexicanos que comparecerán en la plaza más exigente e importante del planeta taurino.

¡Suerte de la buena, pues..!

Correo electrónico: francisco@baruqui.com 

Francisco Baruqui
MAY 20

La palabra de honor… Por Francisco Baruqui francisco@baruqui.com

Muchas décadas atrás, se significaba en el mundo del toro una frase que se le atribuía a una gran ganadero, Don Antonio Llaguno, con la que justificaba a veces el juego de sus toros cuando la suerte no le había acompañado, sentenciando que…  Que “los toros no tienen palabra de honor…”

Y también casi 40 años en el ayer, a criadores becerreros y despuntadores que envíaban novillos por toros y becerros por novillos  mutilados fraudulentamente de sus astas, en varios de mis escritos les señalé que, efectivamente, sí. los toros no tenían palabra pero…  Pero que los ganaderos DEBERÍAN de tenerla para dar toros íntegros, como en esencia y fondo debe de ser para la grandeza auténtica del toreo.  Y así…

Así, en mi largo, muy largo, larguísimo peregrinar viendo toros en la mayoría de las plazas del mundo, debo decir que hasta el hoy, no he conocido, no conozco y creo que nunca conoceré a un ganadero que busque el fracaso y no el triunfo con los ejemplares de su crianza.

Begoña y Mimiahuapam, hierros y divisas ambas del Lic. Don Alberto Bailleres, vinieron al coso tapatío —propiedad también del destacado empresario— con una corrida de extraordinaria presentación, conformada por astados serios, imponentes, muy bien armados con astifinas defensas, con edad y romana proporcional a su fenotipo, luciendo variedad de pintas, como el sardo, los castaños y cárdenos, con cuajo, con hondura, hermosos de lámina dando lujo verdadero al mérito y la relevancia indiscutible de los diestros que se pondrían frente de ellos.

Estupendo ejemplo de cómo debe traerse una corrida de toros, aquí sí, con toda la barba a una plaza de la categoría y el rango de la guadalajarense.  Desde aquí le toco mis palmas ganadero….

Hasta ahí debía cumplir el criador con la palabra de honor al presentar lo que presentó…

Que luego las condiciones de lidia que ofrecieron no resultaron propicias para triunfos de los espadas, pues ahí sí que les falló la palabra a los bureles que justo es mencionar que el comportamiento que tuvieron —de toros en todo su concepto real— dieron un interés especial por la fuerza que derivó en emotividad, algo tan ausente en el común de la cabaña brava.  Toros que exigieron el carnet de los toreros, correosos, duros de patas, con brío aunque con mansedumbre que en varios terminó en genio, faltos de clase, regateando, midiendo, saliendo sueltos del castigo, tirando a la querencia de toriles y tablas, como doblando contrario al viaje natural en las muletas demandando entrega, valor y capacidad a los artistas, pero transmitiendo lo que obligó al aficionado —que no al espectador— a valorar lo que lograron cada uno de los alternantes.

Así el desarrollo de los siete, que hubo obsequio de sobrero, comprendiendo la afición que disfruta del arte y no tan solo concurre para “divertirse”, una tarde con tenor de importancia.

Qué manera de entenderse con el público de Alejandro Talavante.  Toreo de entrega, cabal, de valor y exposición, haciendo gala de un sitio de privilegio que le permite mandar como pocos imponiéndose, haciéndose de sus toros sacando el toreo por abajo al natural y en ayudados templando y sin quitar la zarga de la cara, ligar las series que fuerte se le jalearon.

Talavante tiene el don de la improvisación.  En los planteamientos de sus faenas cabe todo clavando las zapatillas y girando sin reponer más que lo mínimo, pulsando el ritmo, aunque a veces cayendo en pasarse en su labor, a lo que si se añade que anda perdido con los aceros, sobrados viajes quedándose en la cara, sin pasarse para pinchar en demasía.  A corregir Alejandro que lo tan bien ganado toreando se pierde con la suprema.  Cortó la oreja del séptimo que cerró plaza.

Y vaya actitud que tiene Arturo Saldívar…  Sale a por todas jugándosela de verdad, sin concesión alguna y sí en cambio exponiendo como exponer deben los que quieren llegar a figuras.  Determinado, sin enmendar, yendo pa álante siempre, fincó su labor en la mano diestra sin acoplarse con la de cobrar, pero hilvanando series con aguante, embraguetado, mandando y ligando y rematando con sendos de pecho que le valieron las palmas y una oreja del tercero cobrando entera trasera tendida que bastó.

Al sexto lo saludó con larga cambiada de hinojos pasándoselo muy cerca en tablas, pero la mansedumbre le impidió lucir pese a su voluntad, poniéndose pesado con la espada en cuatro pinchazos y un golpe de descabello recibiendo un aviso del palco.

Buen camino lleva el chaval…

Pechando con lo menos propicio, Pablo Sánchez lidió a dos toros de peligro dado el genio que sacaron, midiendo y mirando al torero que se mantuvo con determinación y valor pero…  Pero imposible lograr la faena de éxito, aunque sí mostrando su buen oficio y condiciones para que en cuanto un toro le meta el morro pueda lucir a su sensibilidad y expresión.  Muy mal matando hasta de cinco viajes al segundo, y despenando de un golletazo al quinto.  A verle pues con mejor suerte…

Y vaya dos pares que puso Alejandro Prado en éste astado, andándole con torería, midiendo y templando en el viaje, para en la reunión, dejárselo llegar a las chorreras de la blusa sacando el par y clavando en todo alto llevándose el batir de aplausos merecidos, desmonterándose para saludar.

Y bueno que el domingo próximo se ofrezca una corrida extraordinaria con toros de Real de Saltillo, para tres diestros jóvenes con grandes posibilidades como son el colombiano Ricardo Rivera, auténtico triunfador de ésta plaza, alternando con Fabián Barba y Oliver Godoy.  Que la suerte acompañe…  Se verá y se dirá…

Correo electrónico: francisco@baruqui.com

Francisco Baruqui
FEB 25

Dejaron ir cuatro toros… tarde de mediocridad Por Francisco Baruqui francisco@baruqui.com

Tarde brillante y diáfana, con entrada de un tercio para presenciar el desperdicio de cuatro toros de Teófilo Gómez que traían las orejas prendidas con alfileres y que sus matadores acusaron las limitaciones para ser proyectados ha sitiales destacables del toreo.

Ejemplares bien presentados, con romana y proporcionales cuernas de los que destacaron cuatro: segundo, tercero, quinto y sexto, habiendo tres, porque hubo “regalito”, que contrastaron con las lidias destacables del resto del encierro. Astados que tuvieron clase, recorrido, son, abriéndose mucho a los engaños, metiendo el morro, haciendo el avión y brindando condiciones sobradamente propicias para triunfos a mencionar. Con la fuerza justa, apenas si se les hizo sangre, llegando al último tercio con pastueñas embestidas rebosándose al entregarse en las faenas de muleta. El segundo, un cárdeno precioso, bajito, bien cortado y de hermosa lámina, era auténticamente de rabo, así como los otros que he mencionado que, insisto, resultaban para alcanzar triunfos sonoros.

Un éxito para el ganadero que vio pasar el desperdicio de sus toros sin corresponderle al esfuerzo, la dedicación y la afición que representa el criar uno de los ejemplares más hermosos de la CREACIÓN.

Juan José Padilla, el jerezano valiente, cabal, entregado y honesto, sale tarde a tarde a darlo todo; pechó con el lote menos propicio, primero un toro reservón, que medía regateando embestidas y acusando descastamiento estuvo en lo mejor con las banderillas, alternando con Adame para, con la zarga, prácticamente una faena de aliño, sin mayor cosa, terminando de pinchazo y estocada tres cuartos con un golpe de descabello, pitos para el toro.

Con el cuarto, luego de saludarlo con largas cambiadas de hinojos, se dio a verónicas para con la flámula desarrollar una faena con más espectacularidad, que fondo en la expresión más pura del corte tremendista, que al rematar con entera en el rincón le permitió ganar una oreja del burel.

De Joselito Adame con un bombón de triunfo para consagración tocó su techo con una faena que adoleciendo de falta de ritmo, aunque a momentos con pases templados que se le jalearon, tuvo un descenso al ser descubierto por el estupendo ejemplar y el público medirlo en las medida de sus posibilidades al estar francamente vulgar con un toreo de accesorios que, para colmo de males, despenando con un sartenazo pulmonero en los bajos, verdaderamente de cárcel siendo despedido entre pitos e indiferencia. Una pena que no se haya reconocido la extraordinaria condición de este precioso toro.

Con el quinto intentando estar en mejor tenor, con voluntad, con deseo, con…, con…, pero… desaprovechando la claridad en el embestir del de Teófilo que metía la cabeza que era un contento, terminando una labor de más a mucho menos con estocada entera traserilla y tendenciosa recibiendo un aviso, más seis golpes con la corta de descabellar… ¡uff…!, ¡uff…! y… otro ¡uff…!

De Diego Silveti, reconfirmo que toda la voluntad, los deseos y el permanente dialogo verbal con toro, público y público y toro, no responde a lo realizado en la cara de los astados.

El tercero tenía un lado izquierdo de portento, pues transmitía dada la emotividad en su acometer, sin conseguir estructurar una faena a nivel quedando a la postre por debajo de las condiciones de su enemigo.

Con el sexto, en el mismo tenor, acusando una deficiente colocación situándose fuera de cacho, tocando mucho con la punta de la muleta al pitón contrario y ahogando al burel; la gente respondiendo poco. Terminó de entera desviada y dos golpes de descabello, para…

Para con el de obsequio, del mismo hiero y divisa, llevarse al lancearlo un arropón quedándose paralizado en la cara del toro, cuando lo que debió de hacer era rodar, y ser rematado llevándose una voltereta que le valió sacar rota la taleguilla por el muslo derecho, por fortuna sin herida que lamentar. Chicuelinas al paso para llevar a varas, y en su labor muleteril verse con altibajos, sin concretar, con el sobrado movimiento de pies que manifiesta al reponer terreno antes de terminar el anterior pase. Cinco pinchazos y aviso fue el colofón de esta tarde que… pues… le diré… ¡uff!… ¡uff! y el último ¡iuff!

Francisco@baruqui.com
 

Francisco Baruqui
FEB 18

Pozolada tapatía; la vulgaridad campeó… Por Francisco Baruqui francisco@baruqui.com

El arcano azulado en luminosa tarde para un festejo que, por la inclusión de caballero y monturas, motiva a otro público que no es precisamente el tradicional de las corridas de toros. De ahí la pingüe entrada de bien pasados los tres cuartos con una pléyade de espectadores que, —y bien que lo vale— disfrutan del toreo equino con un estupendo equitador como Pablo Hermoso de Mendoza y su cuadra torera que, insisto y repito, tiene tirón para una diletante concurrencia que con sus números recibe las delicias que les hace regocijarse con solaz esparcimiento.

El ruedo como campo chihuahuense en sequía, que vaya polvaredón por el pésimo riego con el que se victimiza a los de barreras que acabamos merengados cuando hay función con caballos.  La autoridad sumisa dando “facilidades” a cabalgante y cabalgaduras…  ¡Bah..!

Corrida bien presentada de Los Encinos, destacando un dije, primero de a pie, que era de preciosa lámina, fino de estampa, muy bien recortado, acusando todos buena crianza en la seriedad de su presencia, otros más cornicortos aunque todos, sí, astifinos y sacando condiciones de bondad dado el buen son, la claridad, la nobleza, el buen estilo y la fijeza por cuanto a cualidades pero…  Pero, ¡ayy..!  con el defecto de falta de brío, poco fuelle, fuerzas justas, —algunos doblando los remos y otro desplomándose—, rayando, por la falta de fortaleza, en cierta sosería, pero muy manejables todos.

Conozco de la afición grande que tiene el ganadero Eduardo Martínez Urquidi, y sé que con escrupulosa acuciocidad atenderá para buscar la solución.  Que la logre y…

Y, así, entre polvareda y regada con rudimentaria manguera de placita talanquera, Fermín Spínola acusó voluntad pero sin lucimiento dada la debilidad del fino moro al que estoqueó de entera perdiendo el engaño para palmitas.

Con el quinto, buen ejemplar en verdad, sin entusiasmar de capa, cogió los palitroques clavando muy desigual a toro pasado, y solo el tercero, un cuarteo girando, le valió ovación, para con la muleta, aprovechando las monacales embestidas del encino, darse en toreo por abajo con la diestra y al natural, recurriendo a embarrarse, a cabeza pasada refugiándose abrazado en los cuartos traseros del burel, para una serie volantinesca, bisutería pura de vulgar expresión para el villamelonaje en pleno que tras de entera caída, premiara con orejita que terminó dándosela a un peón para dar la vuelta al ruedo.

Tenía deseos por ver al queretano Octavio García “El Payo” tras de su exitosa actuación en la México.  Más espigado, se aprecia que está ahora sí metido más de lleno en su profesión, luciendo principesco terno negro muy recamado en oro, con el capote lució lanceando a la verónica con cadencia, bajas las manos y jugando los brazos rematando con recorte para cartel escuchando palmas.

Con la zarga una faena al tan bondadoso como sosón con ayudados por abajo con la diestra principalmente que se le corearon, intercalando cambiados por la espalda que impactan por la improvisación, pasándose el engaño a la zurda en una labor larga, sin sostener ritmo en su obra, con algunos muletazos trompicados para luego de pinchar, cobrando entera en sitio que bastó, un apéndice auricular entre manifiesta división que le hizo terminar la vuelta sin la oreja de marras en la mano.

Con el que cerró plaza, sin acoplamiento mayor aunque con momentos aislados con molinetes violentos demasiado rápidos y algunos muletazos que se le jalearon pero sin rebozarse sintiéndose, al reponer entre un pase, trastabilleó cayendo en la cara siendo cogido peligrosamente sacando solo por fortuna, el punto de la taleguilla roto en el muslo derecho.  Se salvó,  que pudo ser de cornada seria.

Por cuanto a la atracción del rejoneo, Hermoso lució su magnífica monta en toreras cabalgaduras que, por cierto, no ví que anunciara sus nombres, ante dos toros muy colaboradores que provocaban el ¡uyy y el ayy..! cuando seguían a jinete y equino que cabalgando en lateral daban espectacularidad al momento, sobre todo cuando sin estar sobradamente templado, conté hasta seis alcances con las astas mochadas, clavando rejon a una mano al quiebro; tres cortos y un par a dos manos, el número fuerte llevando al caballo con las riendas prendidas a su calzona.

Al primero despenó de hoja trasera para silencio, y al quinto de rejonazo pulmonero que provocó derrame de vacío para…  Sí, acertó Usted amigo aficionado, orejita tranquera, que con las otras fueron para pozolada tapatía en una tarde en la que la vulgaridad, no se dude, campeó…

Correo electrónico: francisco@baruqui.com
 

Francisco Baruqui
FEB 11

Mataron como pudieron; Talavante a gran nivel… Por Francisco Baruqui francisco@baruqui.com

Qué pena de día; primaveral, azulado el cielo sin una sola nube y Eolo desaparecido, con una entrada sobrepasada la media por un público que ilusionado acudió al coso por el cartel de toreros que era interesante.

Interesante, sí, con todo y la ausencia forzosa de El Juli por accidente automovilístico, y acertadamente suplido por Alejandro Talavante quien a la postre brindó lo mejor de la tarde, dejando constancia de cómo ha entrado en el gusto de la afición mexicana que se ha encantado con él.

Tardanza para anunciar toros, saliendo al fin una corrida parchada con dos hierros, Marrón con los tres primeros y San Isidro con los restantes.  A excepción del que abrió festejo, un anovillado para festival, los demás tuvieron presentación digna para plaza de primera, y más para Guadalajara que por acá no hay chupadera de dedos.  Toros con crianza, estampa, astifinos y con romana que daban importancia a la tarde solo que…

Solo que pusieron de manifiesto falta de casta y una debilidad desesperante por la flojedad de patas, lo que desencantó las ilusiones de los concurrentes.  Bureles para ser racionados en el castigo haciéndoseles apenas sangre para descongestionar.  ¡Y vaya puyazo de premiación con el que lució ése estupendo picador de lujo que es David Vázquez..!  Horcajado en su montura citó, lanzando la vara ya casi de pie y chorreando el palo hundiendo la puya en todo lo alto dejando al cornudo asentado.  Desde aquí mis palmas, señor varilarguero…  

A destacar uno de Marrón, el segundo, mansurrón dúctil que acometía lento y con bondad, y un sexto isidril que tuvo claridad y son.  ¿Los demás..?  Los demás pá l gato y…

“El Pana” se despidió…  Puro en boca y con sarape saltillense a guisa de capote de paseo, arrancó en el paseíllo clavando puntas y arrastrando arena…  A su estilo.

Una verónica y la “espantá” clavándose al callejón, para posteriormente pinceladas aisladas, muy aisladas, aisladísimas de su personal expresión con aires del toreo de antaño en algunos muletazos por alto a dos manos y por abajo con sobrado pico y dejando luz en el pase, sin alcanzar llegar a la catarsis, — aunque hizo el intento sin logro —, con arrojo de muleta, encaramiento al público y pasos de esclavo arrastrando grilletes, haciendo a instantes las delicias con su folclórico citar girando las plantas armoniosamente e intercalando “pasitos tun-tun” que animan al cónclave villamelón.

Regaló un séptimo del santo Isidro, con voluntad pero…  Perdido con las espadas por lo menos escuchó “Las Golondrinas” en su despedida.

Y tocando aislamientos, Morante de la Puebla no tuvo su tarde.  En su primero esbozó la expresión de su inconmensurable arte en naturales templados con el regusto de su toreo, — ése era el lado del marronero —, dejando aroma del torerazo que es, pero sin rebozarse con el mansurrón noble que debía mantener de pie por la flojedad.  Dos pinchazos y media desprendida para salir a los medios a recibir la ovación.  Se le quiere y admira, empero…

Empero con el quinto, un descastado que desarrolló sentido midiendo mucho al torero y mirándole los tobillos sin un solo pase para lucir, un auténtico regalito, José Antonio se lo quitó como pudo con un espadazo en los blandos recibiendo sonora música de viento.  A esperarle pues…

Y debo decir que Alejandro Talavante, al que vi en su despedida como novillero en Madrid y fui al siguiente día a verle su alternativa, es de los toreros hispanos que mejor ha encajado en el gusto de la afición mexicana.  ¿Por qué..?

Porque a más de un valor cabal, sin falsas posturas de efectos baratos, cuenta con el don divino del temple; de ése cogerle el ritmo al toro mexicano que más que embestir con enjundia camina lento y con son, mandando mucho sobre de él, clavadas las zapatillas en la arena, planteando las faenas con trazo, estructurándolas y haciendo el toreo largo, cadencioso, reponiendo lo mínimo, con armonía y hondura.

Con el tercero, un inválido de desesperación para nada pudo lucir despenándolo de entera trasera tendenciosa para silencio.

Mas, saldría el sexto con el que aplicó su expresión artística en toreo por abajo al natural con la izquierda y ayudados con la diestra muy reunido, aguantando, embraguetado, girando tan solo y empleando la elasticidad de sus muñecas y el quiebre de cintura, armando una faena variada, intercalando la arrucina y cambiados de mano que fuerte se le jalearon.

Sabe Alejandro impactar y darle calor a su obra conectando estupendamente con los tendidos en largos y estentóreos ¡ooleeés..!  Remates ceñidos vaciando el testuz a la hombrera contraria, — como debe ser para que sea el de pecho y no de costadillo cuando sin vaciar sale el toro en línea recta —, y cuando tenía las orejas ganadas a ley….  ¡Anda!, a pinchar, dejando muestra de que no las trae todas consigo con los estoques.  Muy merecida vuelta al ruedo y la certeza de que Guadalajara ha disfrutado con él, como creo que él ha disfrutado en Guadalajara.  A verle de nuevo, que sí….

Y tarde, pues, en la que los tres alternantes confirmaron mi apreciación cuando con las espadas se falla…  Que hay toreros que entran a matar y…  Y otros, a ver si matan…

Francisco Baruqui
FEB 4

El arte de regalar… Por Francisco Baruqui francisco@baruqui.com

Ni qué dudar; grato es en estas fechas expresar sentimientos enmarcados en la manifestación tradicional de los regalos.

Y sí, cuando el ánimo entusiasta se desborda con el afán de agradar obsequiando a seres queridos con lo que sabemos que puede gustarles o que tal vez necesitan, con el motivo justificado de hacerles sentir que se piensa en ellos y pudiendo se les halaga, solo que…

Solo que, no hay duda, se debe tener el buen gusto, el sentido de oportunidad, el magnífico talante y la inmejorable de las intenciones para seleccionar lo que se obsequia.

Vamos, que si se va a regalar se compre lo que sabemos que agradará, tomando en cuenta lo que puede gustar al obsequiado, que cosa bien distinta resulta el regalar lo que se nos ha regalado no resultando de nuestro gusto ni de nuestra utilidad; algo que guardado y sacado “para cumplir”, no es otra cosa que el clásico “roperazo” del que se echa mano para cubrir el expediente y salir lo mejor librado.

No, regalar, pues, tiene lo suyo, así…

Así, traigo a mi memoria a tres hijos, lejos del hogar paterno, triunfadores, prósperos e independientes, que después de varios años de ausencia, se reunieron hablando de sus distantes años de infancia y juventud, y coincidiendo en la añoranza por lo retirados que habían estado de su madre. Revivieron remembranzas y anécdotas, pero principalmente del apoyo que de ella recibieron y las bendiciones y oraciones que siempre les envió.

Al calor fraternal, decidieron competir entre los tres para enviarle el mejor regalo de año nuevo a la mujer que les diera la vida, en compensación de todo lo que de ella habían recibido.

El primero le compró una gran mansión…

El segundo la obsequió con el auto más lujoso con chofer incluido…

Y el tercero, a sabiendas de que lo que más le agradaba a su mamá era la lectura de La Biblia, pero que por su avanzada edad y falta de vista estaba ya impedida de leerla, le envió un loro de verde plumaje, adiestrado por 12 monjes franciscanos durante 20 años para recitar el santo libro en su totalidad, contribuyendo al monasterio con dos millones de dólares, pero…

Pero, valía la pena, escribiéndole a su progenitora:  —“Mamacita, solo tiene que nombrar el capítulo que quiera, y el loro lo recitará…” –

Pasados días, la madre envió una carta de agradecimiento a cada uno de sus retoños.

Al primero: — “Hugo, la casa es tan grande…  Y yo solo vivo en un solo cuarto y pues, para limpiarla…  Pero, gracias, está muy linda…”—.

Al segundo: — “Paco, ya estoy demasiado vieja para viajar, me quedo en casa todo el tiempo, nunca uso el coche; te mando de regreso al chofer, pero debo decirte que el auto está muy bonito…”—.

Y al tercero: — “Queridísimo Luis, fuiste el único de mis hijos que tuvo sentido común de saber lo que le gusta a tu madre… ¡¡¡EL POLLO ESTABA DELICIOSO!!!—.

Y…  PENSÁNDOLO BIEN.

Y…  PENSÁNDOLO BIEN, deseándoles a mis pacientes lectores lo mejor de lo mejor en el año que comenzará, vale la ocasión para reflexionar, meditar y determinar antes de obsequiar, que el regalar…

Que el regalar es un arte…
 

Francisco Baruqui
DIC 31

Un aliento a la ignorancia… Por Francisco Baruqui francisco@baruqui.com

Lo he escrito; a la entrada de presidentes priistas era característico que dieran un golpe de mando tan espectacular como fuerte, sobre algún personaje político con mucha cola que pisarle y repulsivo a la ciudadanía, para cimentando poder, asentar de una vez por todas quien manda.

Se gana respeto y se infunde esperanza de que las cosas, por fin, vayan a hacerse bien.

La llegada de Enrique Peña Nieto, tan discutida como discutible, trae esperanza de cambio, con todo y que la historia política de México sigue impregnada del partido tricolor tras dos sexenios panistas que, con matices, se caracterizaron por la franca repulsa al Estado priista, como también por sus carencias de aptitudes, o manifiesta ineptitud —como verse se quiera—, para construir viablemente alternativas.  Faltó oficio político, añadido a la disminución de independencia de la clase política a manos de intereses y poderes privados.

Al parecer, Peña Nieto trae buen grupo, estructura, proyectos y perspectivas, —aunado a sus buenas intenciones—, de afrontar retos, muy graves algunos, para remediar el freno del  país.

El primero, por demás urgente, la reforma educativa porque…

Porque, se veía venir.  A minutos de que la Cámara de Diputados aprobara la reforma constitucional de la educación, la bravería mezquina y barriobajera de la dirigente Elba Esther Gordillo, lanzó la amenazante advertencia de que el magisterio no acatará ley que vaya en contra de los trabajadores de su gremio.

En una posición de tipo personal, la tan lamentable líder con demagogia desafiante se desgañitó: “¡Aquí estoy yo, si hay algún delito o algo qué cuestionarme, aquí estoy yo; y si soy la que estorba, hagan de mí lo que quieran, —PURO DRAMATISMO POPULACHERO—, pero contra los maestros no, definitivamente no!”

El nivel de miseria de capacitación que hay entre maistros, — que MAESTROS son otra cosa —, refiere a la urgencia inminente de superar la preparación para que la enseñanza se eleve y redunde en la proyección de nuevas generaciones con altura y competitividad.

Desafortunadamente el sindicato es manejado de una manera por demás ruin.  Descomunales presupuestos que acaban en el dispendio y la corrupción con afán de poder político, con nóminas de fantasmas que más que enseñar, forman el lacayaje de la maistra de marras, generosa repartidora de plazas a serviles inútiles solapando la mediocridad y la podredumbre que en su agrupación campea.

Cobran los que no trabajan pero…  Pero a su servicio personal están.

Se compensa con vehículos carísimos al rastrerismo que tiene victimado al gremio en el que hay, no se dude, gente honesta, capaz, con sentido patriota para enseñar y justificar su labor, ganándose su sueldo con honradez y, fundamental, con deseos fehacientes de superación.

No…  no es fácil la solución por el enquistamiento de lacras corruptas que han estancado a México.

Tampoco de la noche a la mañana se solucionara la problemática dado que primero es menester CAPACITAR a los que enseñen, que es a lo que se opone el zanganismo que los manipula.

Y…  PENSÁNDOLO BIEN.

Y…  PENSÁNDOLO BIEN, Peña Nieto, con Chuayffet y su experiencia, deben terminar con esto, que de no hacerlo, todo continuará siendo UN ALIENTO A LA IGNORANCIA…
 

Francisco Baruqui
DIC 24

Fiasco Xajeño, por encima los toreros Por Francisco Baruqui francisco@baruqui.com

Frescor y bonito el azulado cielo, calma la tarde, sin viento y bajón en la entrada que habrá sido de unas tres mil almas que esperanzadas concurrieron al cierre de la parte primera de la temporada, cuando la segunda se dará allá por febrero del venidero año.

El cartel tenía lo suyo, porque era la despedida de un TORERO, — así con mayúsculas –, Antonio Barrera, español hecho en tierras mexicanas que supo hacerse del respeto y reconocimiento de la afición nacional, fincando su cuartel en la tierra tapatía, en la que supo de gloria y dolor, que vaya duro le pegaron los toros, haciéndose, sin amilanarse, de un nombre y consolidándose en tierras ibéricas ya figurando en carteles importantes dentro de los ciclos de mayor relevancia en las ferias hispanas y en muchas otras de centro y sur América.

Acompañándolo en la terna fueron  dos toreros mexicanos en plena etapa de proyección como lo son Arturo Macías y Octavio García “El Payo”, que en Guadalajara ha encontrado aficionados que nos esperanzamos con él dadas las faenas que en otras tardes brindó, pero lástima…

Lástima en verdad que la corrida de Xajay haya resultado un ensordecedor petardo tirando por la borda las entusiastas ilusiones de toreros y afición, al conformar una escalera de reses que adolecieron, tres carentes de trapío e importancia, con primero, quinto y sexto con mejor lámina, astifinos todos como debe ser para el coso guadalajarense, pero acusando una desesperante mansedumbre y falta de fondo; un descastamiento y varios la fuerza justa, dos saliendo de los engaños doblando los remos, que reculaban rascando, reservones, midiendo, desclasados, vacíos que de no haber contado con la disposición y la entrega absoluta de los toreros, bueno…

Sexteto antipático para ponerse enfrente por su palpable falta de estilo bueno, varios mirones y obligando mucho a los de a pie para imponerse y domeñarlos pero sin prestarse para el lucimiento y con ello para el éxito.

Con el que abrió plaza, Antonio Barrera justificó su trayectoria de ser un señor matador de toros, que en ése plan, de auténtico profesional estuvo, aplicando su bien asimilada técnica y recursos fincados en la buena escuela de tauromaquia que tuvo de aprendizaje con la experiencia dura de cornadas y percances, saludando al negro de gran alzada y gran cuajo con larga cambiada de hinojos, para de pie ya, abrir el compás en sendas verónicas cadenciosas, acompañando y templando, cerrando el capote en media para cartel.  La primera ovación…

Con la muleta, entendiendo las condiciones del xajeño, se plantó en sitio sin concesión alguna pisando los terrenos del moro, para plantearle una faena importante, de exposición, con trazo y estructura, hilvanando pases por abajo con la diestra y al natural aguantando mucho a un toro que como cualidad tuvo la fijeza, intercalando toreo circular para continuar con dosantinas y cerrar con manoletinas que le valieron el fuerte batir de las palmas.  Tuvo su obra la cualidad de la medida, que cuando el burel le pidió la muerte, Antonio lo cuadró e igualó, — apreciaba en su mirada la determinación con la que se iría tras de la espada –, y volcándose por sobre del morrillo, toreando mucho en el embroque y haciendo la cruz templando en celo con el engaño, como si de un remate de pecho se tratase, entró a matar rifándosela de verdad, en corto y muy por derecho ganándose las dos orejas del toro y dando la vuelta entre aclamación.  Buen comienzo tenía la tarde pero…

Pero fue todo…

Con el cuarto, una res mansa que espiaba mucho, indefinida con la que la confianza era lo último de lo que podía esperarse, luego de brindarlo al Lic. Alfredo Sahagún, directivo de la empresa que tanto le apoyó en su carrera, — es de noble y bien nacido el que es agradecido –, Barrera muy en profesional, intentó lucir pero…  Pero, labor imposible, para luego de intentar torearlo por bajo sin lograrlo, desarrollarle una faena con toreo de poder, de pitón a pitón con notoria maestría, para despenarlo y escuchar las nostálgicas notas musicales mexicanas de “Las Golondrinas”, dando la vuelta emotiva al ruedo devolviendo prendas y bebiendo de botas de vino, entre los cariñosos aplausos de la afición de Guadalajara, su plaza, que le recordará siempre con afectuoso respeto, saliendo al fin del festejo a hombros por la puerta de cuadrillas.

La mejor de las suertes Antonio Barrera, un hombre serio y cabal, de convicción, devoción, casta y vocación torera, que por su firmeza y carácter demostrado ante las adversidades y los triunfos, supo marcar una carrera ejemplar, viviendo por y para el toro, digna de ser seguida por todos aquellos que pretendan ser toreros, como muestra de determinación y orgullo profesional que, seguro estoy, le valdrán para el futuro promisorio que deseo, confío y espero tenga en su vida que seguirá en el mundo de tauro, pero fuera ya de las sedas y el metal del vestido de torero, aunque torero seguirá siendo pá los restos.

La mejor de las suertes, amigo…  La suerte mejor, TORERO……

Por lo demás…

Por lo demás, solo destacar el valor del bravo aquicalitense que es Arturo Macías, que vió como su primero se despitorró tirando un cuerno al encontronazo con el estribo del picador, saliendo un sobrero descastado, soso y por demás deslucido al que intentó de todo sin conseguir nada, que nada tampoco había para conseguir, pasaportándolo de estocada tres cuartos desviada, entera tendida, pinchazo y dos avisos para algunos pitos.

Con el quinto salió a por todas destacando con la capa en un quite por saltilleras, creación de mi siempre bien recordado maestro y amigo DON FERMÍN ESPINOSA “ARMILLITA”, rematando con revolera escuchando la ovación, para con la zarga iniciar su faena con derechazos de rodillas toda vez que el de Xajay no le embistió de largo para cambiarlo por la espalda, para continuar con molinetes y cayendo en el grave defecto de emplearse en trasteos largos, muy largos, larguísimos, perdiendo la proporción de la medida, aunque sobrado de empeño y tesón, con ayudados por abajo con la diestra y naturales pero sin el ritmo por la falta de casta del burel sin fondo que regateaba la acometida.  Y al igual que en el segundo, perfilándose fuera de cacho, saliéndose desde antes de la arrancada, a pinchar  y con dos golpes con la corta de descabellar, recibiendo de nueva vez dos avisos, retirándose sin éxito, como seguro estoy que era por lo que venía, a triunfar.

Y deseos había por ver al “Payo” tras su lucida tarde en la México, que hace abrigar nuevas esperanzas de que se trata de un torero recuperable, y aquí en Guadalajara, un coso que le reconoce y quiere, la suerte le pintó bastos con dos bovinos, primero un novillote impresentable, sin brío ni fuerza, intrascendente por donde mirarse se quiera, el rubio torero estuvo determinado muy por encima de la res, pero sin lograr entusiasmar consiguiendo lo mejor con una estocada entera haciendo muy toreramente la suerte, y descabello al segundo golpe para salir a saludar.

Con el que cerró festejo, otro que reculaba pidiendo la yunta, nada más que voluntad, mucha voluntad y…  Y desencanto, mucho desencanto.

Con todo a Octavio García hay que seguirle viendo, que ha demostrado sus posibilidades pero con ganado mejor, que lo que saltó al ruedo tapatío…..  Un fiasco…  Auténtico fiasco.

Correo electrónico: francisco@baruqui.com

Francisco Baruqui
NOV 26

Triunfó la terna, buenos Xalpeños… Por Francisco Baruqui francisco@baruqui.com

Un tercio de plaza respondió a la invitación de una tarde agradable, clara de cielo claro y cómoda de temperatura, con un cartel atractivo, variado y prometedor, al conjuntarse tres jóvenes espadas que salen a por todas con expresión, valor y personalidad, enfrentándose a una corrida de Santa María de Xalpa, bien armada, con sangre hispana de Parladé del encaste de Juan Pedro Domecq.

Y bien…  Bien que la gente la pasó porque se vieron cosas por demás interesantes y vistosas en los tres alternantes, con un encierro que bien se prestó para lucir.

He escrito repetidas veces que el trapío y la imponencia del toro radica en la importancia de su cabeza, el desarrollo de sus astas, la integridad de sus pitones brillando lo astifino en las puntas intactas conocidas como “diamante” o “veneno”.  Empero…

Empero los taurinos nos fijamos mucho en los cuartos traseros del burel, qué tanto están cubiertos los riñones, si están marcados los músculos, porque es precisamente ahí en donde está el poder, el brío y el fuelle, vamos la fuerza que puede manifestarse en la pujanza.

Los xalpeños variopintos, que hubo diferentes tonalidades de pelaje desde el mulato, el chorreao en verdugo atigradón y jaboneros, claro y sucios, todos muy bien armados de cuerna, pero…  Pero escurridos de cuartos, y algunos anovillados de tipo, que manifestaron justeza de fuerza, muy medida, aunque dúctiles, fáciles, con movilidad y desplazamiento, abriéndose a los toques de los engaños con monacal bondad, ofreciendo juegos en el buen estilo y clase que gustan a los toreros, cumpliendo en varas haciéndoseles sangre lo justo dado que, insisto y repito, medidos de fortaleza se les dio para descongestionar.

La tercia anduvo a gusto pues los astados se dejaron meter mano, destacando por sobre los seis el corrido en el lugar de honor, el quinto del que se dice que “no hay malo”, un jabonero que a más lució boyantía que propinó un tumbo al piquero, acudiendo al primer cite y arrancándose de un lado al otro del ruedo.  Toro merecedor de vuelta al que incomprensiblemente no se le otorgó honor alguno.  Menos mal que Saldívar sacó al ganadero Benigno Pérez Lizaur a dar la vuelta con él.

Ejemplares con lidias de menos a más, sacando buena casta, clase y estilo, nobleza, fijeza y son, con  los que disfrutaron los de la terna terminando al final triunfando.

Alejandro Talavante viene por sitio, y lo consigue con su personal expresión artística cimentada en la quietud, el mando, la templanza y la creatividad en la cara del toro, que le hace improvisar llegándole mucho al tendido.

Sin más con la capa, en la muleta basó la clave de su éxito al cortar una oreja al que abrió plaza, noble y fijo, con recorrido y son, al que toreó largo y circular en series de ayudados con la diestra, al natural con la izquierda y sendos cambiados de mano girando en dosantinas que se le aclamaron, para cerrar con ceñidas bernadinas estoqueando de entera al primer viaje y golpe de descabello ganándose el primer trofeo.

Con el cuarto en tenor similar sin encontrar respuesta mayor del anovillado morito, pero poniendo tesón y empeño terminando de estocada trasera y desviada para salir, ante los aplausos, a saludar al tercio.  Bien que cae Talavante que en todo momento manifiesta sus deseos por agradar y, lo importante, que lo consigue.

Arturo Saldívar va en ascenso…  Destaco de él su actitud, su valor, su entrega y el carácter para no dejarse pisar la sombra sabiendo dar la pelea.

Ayer realizó dos faenas dentro de un mismo corte, planteando y desarrollando con la diestra y la zurda en toreo por abajo en labor larga, de un sin fin de pases intercalando también dosantinas y bernadinas, faltándole más asentamiento y reposo, un tanto cuanto violento, “chicoteando” la muleta en el pase, cobrando entera tendenciosamente caída cortando una oreja entre franca división.

Con el soberbio quinto, un toro de clase excepcional y un estilo soñado para bordar el toreo, el de Teocaltiche se dio a su expresión templando más, — hay que ver cómo metía humillando la cabeza el jabonero xalpeño que hacía “el avión” –, para relajarse más que en su primero, desde el inicio en cambiado por la espalda en el centro del platillo, y seguir con series por abajo que fuerte se le corearon, sepultando la hoja en media tendida ganándose otro apéndice y dando la vuelta, repito, con el criador.

Toreros con la determinación y la entrega que tiene Saldívar son los que faltan en el hoy taurino.

Y uno así precisamente, al que vengo viendo su carrera realizada en España desde novel es, sin duda alguna, Sergio Flores.

El espigado chaval con buena planta y empaque, como novillero fue triunfador indiscutible en las duras temporadas españolas y ante públicos que le miraron, primero con exigencia, y al responder, con simpatía haciéndolo reconocidamente de los preferidos.

Ante el tercero, sin acoplamiento digno con el capotillo, al comenzar la faena con un intento de “imposible” cambiando y girando, sufrió una voltereta que lo aturdió tan solo sin consecuencia mayor, para irse dando en una faena con trazo y estructura, acariciando más que sometiendo en naturales estéticos, mandones, rítmicos y templados en clara expresión de su torería, siguiendo con la diestra en similar tenor pinchando en el primer envite cuando al arrancar se le descuadró el moro, cobrando en el segundo entera en la yema para ovación mas…

Mas, lo grande vendría en el que cerró plaza…

Toreo de reposo, de aguante, muy reunido, embraguetado, acompañando, mandando y templando como ordenan los cánones, Sergio fue engarzando los muletazos con las dos manos y por ambos lados rematados con largos pases de pecho, en una expresión de gusto por lo que hace, que vaya que lo siente e, importantísimo, lo hace sentir al público que le batía las palmas por una faena que tuvo ritmo, mucha cadencia y un corte de elegancia natural que sale del sentimiento expresivo de éste joven artista del que, lo aseguro, mucho hay qué esperar.

Volcándose por sobre del morrillo pero quedándose un pelín en la cara sin dejando la mano del engaño casi inmóvil sin pasarse en el embroque, de ahí que la estocada le haya resultado de media tendida, atinadamente sacó el acero para que doblase el xalpeño ganándose una merecida oreja que le da cartel y, de Guadalajara que es plaza de primera…

A verle pronto de nuevo que, no lo dude, amigo aficionado lector, cayó enteramente de pie…

Francisco Baruqui
NOV 19

Lujo, grandeza y drama… Por Francisco Baruqui francisco@baruqui.com

Cuando se presenta la fiesta con toda la integridad, con todo el autenticismo, con toda realeza, la esencia y el fondo de la expresión  incomparable de crear arte frente al peligro, cobra el especial y singular relieve con dos condiciones que dan fundamento que son el lujo y la grandeza y…

Y cuando en esa creación interviene la parte que cobra el riesgo al hacer el toro presa al torero llegando la cornada, ése fondo y ésa esencia dan la realidad del misterio que enmarca la incertidumbre de qué es lo que puede pasar.

Tarde espléndida, azulada, clara, sin brizna de viento y una entrada muy destacable de tres cuartos de aforo, con un público que sabe paladear lo que vale disfrutando del arte inconmensurable de un artista de excepción como lo es José Antonio Morante, venido de la tierra andaluza de la Puebla, que es el exponente non de la artística creación que embruja al aficionado haciéndole batir las palmas puesto de pie.

Escribo de grandeza también al conformar, para un mano a mano que para muchos no tenía razón toda vez que no hay una rivalidad existente entre los alternantes, una corrida lujosa con toros de diferentes hierros y divisas, que denotaron selección por los criadores, al enviar astados serios, bien armados, astifinos todos, con la imponencia y la importancia, la romana adecuada, para un festejo de polendas en plaza de primera categoría.

Se corrieron ejemplares de Campo Real dos, —claros pero tan justitos de casta como de fuerzas—, de Xajay —astado muy fijo, con son y repetitivo que estuvo por encima de su matador—, de Teófilo Gómez —auténtico toro bravo de magníficas hechuras, de gran fijeza, clase y nobleza, empleándose, rebozándose, con viaje y ritmo, destacable cadencia, merecedor de arrastre lento tras de una muerte espectacular en el centro mismo del ruedo con la espada dentro—, de Los Encinos —mansurrón con bobaliconería—, de Barralva —muy en tipo de su encaste español de Atanasio, imponentemente emotivo, ¡cómo atacó en el caballo..! creciéndose, yendo a más enrazado, con brío y muy demandante que se impuso con mucha seriedad—, y un sobrero de regalo de Bernaldo de Quirós, con tanto cuajo y volumen como mansedumbre, doblando contrario, barbeando tablas, que si se hubiesen abierto habría tomado camino a la ganadería.

Todos, insisto y repito, con la presentación de lujo para un lujoso coso que es el de Guadalajara…

Yo defino el toreo de Morante como el de mayor expresividad, cimentado en un cabal valor, y en la proyección estética excepcional, en la que el movimiento cadencioso, rítmico, armonioso del juego de brazos, bajas las manos, abierto el compás, cargando la suerte como cargarse se debe, encelando, mandando, templando con el capote de seda, da al lance fundamental que es la verónica, el derroche de inspiración que impacta para el corear los ¡Oooleeés..! de estruendo, hilvanando hasta seis y siete lances, cerrando con la media del más puro corte belmontino.  Y la chicuelina…

La chicuelina sedeña, con el leve giro embarrándose de toro en los costados, parando el tiempo llegando a la explosión del remate cumbre con el volcán de aplausos para el artista.

Su muleta es de prodigio, porque para torear con el ritmo con el que lo hace Morante, es menester entender la condición del toro para ponerse en el sitio muy de frente provocando la embestida, cruzándose al pitón contrario y, clavadas las zapatillas, encajados los riñones, pulsando el acometer, con mando y temple, mucho temple, romper al morito con sus muñecas elásticas y el quiebro leve de cintura, muy reunido, acompañando, embraguetado, sintiendo al astado y sintiéndose él en la concepción de su arte, hilvanando series de muletazos ayudados por abajo con la derecha y naturales con la izquierda, deletreando los tiempos, marcando la mínima reposición para quedar colocado para el siguiente, rematando con auténticos de pecho, vaciando, pasándose los pitones por la chorrera de la blusa para sacarlos por la hombrera contraria.

Toreo de aroma, ése que huele a tomillo y a romero, que provoca sentir mariposas en el estómago poniéndonos de pie para el estruendo de la ovación.  ¡Cuánto lujo..!  ¡Cuánta grandeza..!  ¡Cuánta torería..!  ¡Cuánta expresión..!  Empero…

Empero, gran contraste de cómo torea a cómo mata.  No atiende mucho el igualar y cuadrar a la res, ni poner la cabeza a nivel cuando está descolgado para, irse desde perfilarse saliéndose del camino del embroque, pinchar repetidas veces perdiendo las orejas, —solo cortó una al tercero—, que bien merecidas las tenía toreando como toreó…

Válgame escribir esto, que Morante…  Que Morante es el toreo…

Por cuanto a Diego Silveti, hay que verle como un valor de posibilidades, en la etapa de un bisoño matador de toros que está en la búsqueda de su expresión, pletórico de determinación y valentía, de entrega, deseos y tesón.

Con el xajeño de gran fijeza que fuerte empujó en la puya quedando bien picado, Diego se dio en una faena de más a menos con momentos destacables sí, pero sin la cadencia que merecía el son del burel, faltando más asentamiento y no caer en el toreo distanciado con la derecha y la zurda, terminando con “sanjuaneras”, —en evocación del siempre bien recordado amigo que fue el Berrendito Luis Procuna—, para fallar con el acero pinchando y recibiendo silencio.

Con el de Los Encinos, —soberbiamente corrido a una mano como ya no se ve por ése magnífico subalterno que es Fermín Quiróz llevándolo de un tercio contrario al otro burladero sin dar un solo capotazo—, evocó al Maestro “Armillita” con un quite por “saltilleras” que se le coreó, iniciando con pases estatuarios por alto barriendo los lomos, en un trasteo poco trascendente dada la lidia bobalicona de la mansa res, terminando de pinchazo y entera.

Con el espectacular de Barralva, —mi enhorabuena al ganadero Don Luis Álvarez Bilbao, por estar, con su encaste español, devolviendo la emoción tan perdida—, Silveti se dio con determinación ante un toro muy demandante, de lidia por demás interesante. Se llevó tremenda voltereta para terminar de pinchazo y estocada de efectos.

Con el de obsequio, el hondo como manso toro de Bernaldo de Quirós, empeño, mucho empeño puso Diego buscando lucir a como diese lugar intentando sacar agua de una roca.  Empitonado espeluznantemente y colgado en dos ocasiones, se llevó una cornada en la pantorrilla y un palizón de órdago que espero, confío y deseo no tenga mayor repercusión.

Diego empieza y mucho hay por recorrer, cosa será de enmendar errores y tirar pa álante.

Correo electrónico: francisco@baruqui.com

Francisco Baruqui
NOV 12