A la ciudad le queda mucho por crecer. Los optimistas dicen que llegaremos a 6.5 millones de habitantes; los pesimistas dicen que serán ocho millones, aunque en este caso los pesimistas dicen que ellos son los optimistas, pues una ciudad mayor tiene más mercado, más oportunidades para todos y más vida. Cómo sea, lo cierto es que el horizonte de crecimiento de la ciudad tiene ya límite, ahora sí que, como diría Sabina (ca´quién sus clásicos) por fin el fin, y eso permite planearla de una mejor manera (aunque luego nadie les hace caso).
El gran problema que enfrentará Guadalajara será la baja densidad. El riesgo de que siga engordando es enorme, pues los valles del Sur y el Poniente hacen muy atractivo que se siga desarrollando vivienda horizontal, incorporando más y más hectáreas a la de por sí desparramada mancha urbana. El Macro Libramiento, que traerá grandes beneficios para descargar el tráfico pesado de la zona conurbada, corre el riesgo de convertirse en un nuevo cinturón más laxo. Equivale efectivamente cambiar de talla de pantalón, con los mismos efectos para la ciudad que para los humanos: para qué hacer dietas si hay ropa más grande; para qué crecimiento vertical si hay tierras por conquistar.
En este contexto, la decisión de los gobiernos de Tlajomulco y del Estado de Jalisco de proteger la Sierra del Madroño (cabecera norte del cerro de Chapala que comprende los cerros de Chupinaya y Los Sabinos) y de Cerro Viejo es por demás plausible, pues es una forma de ponerle límites a la ciudad o al menos de asegurar que, con la apertura del Macro Libramiento, las desarrolladoras de vivienda no se devoren los cerros como lo han hecho con las puntas que están ya dentro de la zona conurbada: el Cerro del Cuatro, el Cerro de Santa María y el Cerro del Tesoro.
Cerro Viejo es la tercera punta del Estado, sólo después del Nevado y el Volcán de Colima, y es una verdadera fábrica de agua; el Viejo es responsable directo y casi único de la existencia de la laguna de Cajititlán, un cuerpo de agua terriblemente amenazado por la mancha urbana. El Madroño, por su parte, es un elemento fundamental de la llamada cuenca propia del lago de Chapala amenazada por la urbanización de la ribera donde los municipios de Chapala y Jocotepec han cambiado de manera por demás irresponsable los usos de suelo y las cotas de urbanización.