Estilo de vida Por Guillermo Dellamary delamar@yahoo.com

GUADALAJARA, JALISCO (19/MAY/2013).- Una buena higiene mental exige que seamos capaces de revisar nuestro estilo de vida, el problema es que en general vivimos con estrés y prisa. Para ciertos autores, eso es un modelo neurótico. Principalmente porque no se alcanza a disfrutar de lo que se tiene por ir en busca de lo que se desea.

En realidad no aceptamos lo que somos y poseemos porque nos esforzamos mucho por conseguir lo que creemos que necesitamos. Particularmente en una sociedad que usa la mercadotecnia para generarnos necesidades que no requerimos.

Hay que preguntarse y observar lo que hacemos diariamente, desde nuestros hábitos de limpieza, hasta el orden en que hacemos nuestros alimentos y descanso. Tan sólo con mirar las horas que dedicamos al transporte o en ocasiones a perder el tiempo, es más que suficiente para darnos cuenta de que estamos viviendo de una forma muy particular.

Lo que hacemos a nuestro modo y lo repetimos con regularidad, se convierte en el estilo de vida.

Es como nuestro sello particular, casi como una especie de identidad o huella dactilar.

Marca la pauta de cómo nos gusta hacer las cosas y en qué manera resolvemos los problemas cotidianos.

Una persona sana hace las cosas establemente y en el tiempo correcto, no come ansias, ni se precipita. Procura tener la calma para hacer las cosas lo mejor posible y no salta en cólera cuando las cosas no le salgan bien. Procura estar en un estado de ánimo positivo y no se deja arrastrar por los malos pensamientos ni las personas negativas. Hace lo que puede y lo suele realizar de buena gana.

Un estilo de vida con clase, personalidad y sin echarle la culpa a los demás y mucho menos imitando y plagiando modos de ser que no brotan de sí mismo.

La gente sana hace de su propia forma de ser una identidad de la que se siente orgulloso y no necesita ni vanagloriarse, ni mucho menos la tiene que presumir.

Vale la pena revisar tu estilo de vida y ajustarle lo necesario para que sea una forma limpia y sana de vivir.
 

Guillermo Dellamary
MAY 19

Las personas tóxicas Por Guillermo Dellamary delamar@yahoo.com

Actualmente estamos atentos a la contaminación ambiental, a los momentos críticos de una contingencia ambiental, a los incendios destructivos, a los ríos, lagos y mares llenos de basura de todo tipo. Vaya que es muy importante mantener sano nuestro medio ambiente y procurar una salud en el entorno en que vivimos.

Sin embargo, no cuidamos el entorno humano en el que nos desenvolvemos, las personas tóxicas, venenosas, altamente contaminantes, las que traen mucha basura y una mente sucia, las dejamos que se paseen, campantemente, frente a nuestros ojos y peor aún, las dejamos entrar en nuestras vidas sin reproche ni censura alguna. Bueno hasta les abrimos las puertas de nuestro corazón y las dejamos entrar a nuestros hogares con una sonrisa en la boca.

A mí no me gustaría que me consideraran una persona tóxica, aunque de seguro lo soy para alguien, pero de que existimos muchos seres así es un hecho.

Para identificar el perfil de semejante calaña de seres humanos, tenemos que hacer referencia a lo que es tóxico. Dicen algunos diccionarios que es simplemente algo venenoso, se entiende que es algo que nos hace daño, se refiere a la salud corporal, pues incluso pueden llegar a ser mortales.

Una persona tóxica comienza a serlo cuando quiere abusar de ti, a utilizarte, a manipularte, a levantarte falsos, a calumniarte, a hablar de ti mal a tus espaldas, a deberte, a regañarte si no tiene la autoridad para hacerlo, a ofenderte y en fin a todo aquello que acaba por hacerte sentir mal.

Bajo una lupa así, pues en algún momento de nuestras vidas nos convertimos en alguien tóxico para los demás. Y como tal debemos de asumir el papel de reconocerlo y sobre todo, de dejar de serlo.

En nuestras familias, incluyendo a nuestros padres, debemos de ponerles la distancia adecuada para no dejar que su veneno nos afecte, tanto como lo hacemos con los alacranes, las arañas y las serpientes. Es precisamente de boca de gente muy cercana, que salen las peores críticas, devaluaciones, juicios, descréditos, calificativos y toda la sarta de ofensas que nos pueden dañar nuestra autoestima y dignidad.

Qué decir del mundo entre hermanos, que rodeado de la ya de por sí agravante de la envidia, la rivalidad y los celos, se suelen distorsionar las cosas de tal manera que las opiniones de uno a otro son tan venenosas y destructivas, que es mejor ni siquiera escuchar, aunque en el fondo puedan tener algo de razón.

No es menos importante alejarnos del trabajo de la gente negativa, pesimista, criticona, derrotista, mediocre, abogada del diablo, rencorosa, metiche y todo cuanto acaba por ser tóxico.

No se sienta mal de poner distancia a la gente así. Con respeto, cortesía y amabilidad, pero es indispensable una campaña que rece así “cuidado con la gente tóxica, su veneno no mata, pero acaba con tu tranquilidad y alegría”.

Ten a la mano un medidor de toxicidad, te será muy útil a tiempo después… Lo lamentarás.
 

Guillermo Dellamary
MAY 16

Mejorar las costumbres Por Guillermo Dellamary delamar@yahoo.com

Para limpiar nuestra mente tenemos que comenzar por identificar qué es lo que la ensucia. Y ciertamente, lo más inmediato son nuestros pensamientos negativos, porque esa basura la producimos nosotros mismos con los pensamientos y las reafirmamos en las conversaciones con los demás. También estar o acercarnos a gente que gusta vivir con la vida llena de cosas que oscurecen nuestra mente. Y claro, son las que consideramos como gente tóxica, y desde luego hay que alejarnos de ellas.

Sin embargo, muchas malas costumbres comienzan en el plano físico, desde el cuidado y limpieza que le damos a nuestro cuerpo, hasta el aseo y mantenimiento de nuestros hogares. Bueno, desde la cama en la que dormimos, su orientación y ventilación, suelen ser determinantes para un sueño realmente reparador.

Así que sí deseamos tener una mejor higiene mental, tenemos que revisar las costumbres y tradiciones que tenemos en nuestra vida diaria. Es un hecho que las recibimos desde la infancia y las aprendemos sin mucha vigilancia, que dar por hecho de que así son. Pero en verdad es indispensable que las identifiques y hagas algo por no dejarlas tal y como te las enseñaron. Hay gente que aprendió a comer demás, a no masticar bien o a descuidar el balance de su alimentación. De igual forma, duerme con las mismas sábanas sucias durante muchas semanas, el baño lo deja asqueroso y no lava su ropa con frecuencia.

El orden le tiene sin cuidado y además disfruta amontonar papeles y objetos en lugares que sólo sirven para acumular más y más polvo. Y claro,  pasan meses y su tiradero sigue igual.

Una buena higiene mental comienza por tomar conciencia de los hábitos que se tienen y de la manera en que vivimos. Esas costumbres adquiridas, que las damos por buenas, las debemos de cuestionar y tratar de empeñarnos para construir unas mejores y más efectivas y saludables.

Si logramos hacerlo en el mundo de las pertenencias físicas y corporales, entonces seremos capaces de hacerlo también en la mente.  

Por eso es importante empezar por mejorar nuestras costumbres.

Identifícalas y cámbialas.
 

Guillermo Dellamary
MAY 12

Quiérelas, no las trates de entender Por Guillermo Dellamary delamar@yahoo.com

Crece la ignorancia y confusión de cómo somos los hombres y viceversa. La falta de comprensión y entendimiento de la manera de ser del sexo opuesto pide a gritos que se nos aclaren muchos puntos, que nos hacen desatinar y volvernos locos.

Para empezar, se puede querer a alguien que ni entiendes y no sabes lo que realmente piensa o puede llegar a hacer, por ser impredecible. La respuesta es sí. Francamente, en la juventud, qué tanto podemos saber del sexo opuesto y, sin embargo, caemos profundamente enamorados y dispuestos al matrimonio sin ni siquiera saber algo de las misteriosas profundidades del verdadero mundo del otro.

El enamoramiento nos impide ver lo extraños y raros que somos, uno y otro sexo, las formas y actitudes tan distintas que tenemos ante la vida. El cómo planteamos los problemas y les damos solución también pueden ser diametralmente diferentes. Y sin embargo nos sentimos llenos de amor y dispuestos a firmar lo que sea y prometernos fidelidad para toda la vida, sin tener conocimiento del mundo en el que nos estamos metiendo.

Hoy la guerra no es entre naciones, razas o culturas, sino que se ha desatado una lucha, a veces sin cuartel, entre ambos sexos, incluyendo las batallas con los que viven otras alternativas.

Lo que se supone es atracción, aventura, amistad, apoyo, solidaridad y mutuo crecimiento, se ha convertido en oportunidad para desatar a las fieras que llevamos dentro, junto con los fantasmas y monstruos que nos acompañan.

La mirada desorientada, confundida, desconcertada y desilusionada es el común denominador de muchas personas que no saben lo que le pasa a su pareja, al sexo opuesto, y de plano renuncian a intentar sacar el archivo de tolerancia y paciencia, para poder lidiar con semejantes seres tan distantes, desconocidos e incomprendidos.

Por eso, no intentes más: sólo quiérelos, ámalos, hazles el bien y punto. Cualquier paso extra es posible que te orille al barranco de las frustraciones y la impotencia.

Las mujeres tienen que dejar de tener expectativas de cómo debe de comportarse un hombre y dejarlo ser tal y como es. Basta de tener ideas de lo que se debe o no hacer. Si lo quieren, que sea así de simple, como es. Tener que controlar, vigilar, desconfiar, chantajear y someter al marido es una tarea inútil y desgastante. Acaba por alejar a los hombres de su corazón.

Y los hombres, dejar de insistir en que te debe atender y convertirse en una fiel amiga que te aguante todo lo que se te ocurre y antoje. Hay que también dejarla ser tal y como le gusta.

Por eso se tiene que revivir el valor del respeto y usarlo tenazmente, hasta convencernos de que es la mejor salida al grave problema de los conflictos y agresiones entre los nacidos en Marte contra las nacidas en Venus.

Queremos La Paz, la bendita tranquilidad de dejar de pelearnos hombres y mujeres. Busquemos la equidad, la justicia, la igualdad y la sana convivencia sin las armas en la punta de la lengua.

Guillermo Dellamary
MAY 9

Lo limpio y lo sucio Por Guillermo Dellamary delamar@yahoo.com

En la forma en que vivimos se echa de ver qué clase de hábitos de higiene tenemos, por eso hay quien es ordenado o lo contrario, al igual hay quien cuida sus cosas o no le importa lo que les pase.

Lo aprendemos en casa, lo que vivimos desde la infancia influye de forma muy fuerte en nuestros hábitos de higiene de los años siguientes. Es una especie de genética cultural que nos lleva a repetir patrones vividos en nuestra historia. Desde nuestros ancestros remotos.

Hay quien incluso se ha atrevido a afirmar que se heredan los defectos y las conductas de los que nos antecedieron,  aunque nunca los hubiéramos conocido.

Hay defectos de familia y hay familias con muchos defectos que nos enseñan a lo largo de la infancia y que nos influirán en la vida adulta, sin que nos percatemos de su poder para determinar nuestros hábitos.

Hacer las cosas con una buena higiene o en su caso echar a perder nuestras relaciones humanas por nuestras tonterías, es debido a que no somos capaces de tomar conciencia de lo que hacemos. Simplemente porque tendemos a estar ciegos a ver la propia sombra.

Es decir, aquello que existe en nosotros y que influye en las decisiones de la vida diaria, pero que no las tomamos en cuenta, pero que sí las ven los demás.

Cargamos en nuestra sombra, con lo malo de cada uno, con nuestra historia de fallas, defectos y debilidades, pero que no encontramos la manera de hacerles caso y las seguimos repitiendo sin poderlas frenar.

Lo limpio es nuestra luz, lo sucio es nuestra sombra. En el encanto de la conciencia respiramos lo que queremos y olvidamos lo que nos estorba. Es más, lo queremos expulsar y negar hasta el franco rechazo. Sin embargo, allí siguen deslizándose y apareciendo en forma de actos torpes y tontos, pero contundentes y destructivos.

Una buena higiene mental nos convoca a ver la sombra, a erradicar nuestra ceguera y aceptar que sólo trabajando en sí mismos podemos abrirnos el horizonte de la verdad y alejarnos del autoengaño.
 

Guillermo Dellamary
MAY 5

Nosotros los nobles Por Guillermo Dellamary delamar@yahoo.com

Oportuno momento para invitar a la sociedad a reflexionar sobre el delicado tema de aprender a trabajar o, en su caso, de enseñar a los hijos a ganarse el dinero y no a sólo gastarlo.

Esta película ha motivado a muchas personas a recomendarla y sobre todo a un análisis más a fondo de lo lamentable que resulta educar en el dispendio, el clasismo y la improductividad.

Es una parodia y radiografía de muchas familias acomodadas que viven con exceso y rodeadas de personal a su servicio, desde nanas, guardaespaldas y jardineros, hasta lambiscones y oportunistas.

Tener mucho dinero y vivir con lujos no es garantía de que los hijos estén bien educados. Es más, existe la tendencia a que se rodeen de soñadores, fantasiosos y gente superficial y fiestera llena de vicios.

El padre, al darse cuenta de la realidad dispendiosa y desordenada de sus hijos, decide montar un teatro de embargo y pérdida de su riqueza para obligar a sus hijos a que tengan que trabajar y vivir en una casa abandonada en un barrio popular.

Si bien logra que sus hijos aprendan a ganarse la vida y valoren lo que tienen, adquiriendo más sencillez y humildad al aceptar gente de bajo nivel social, y aprenderlos a querer y respetar. Nos trasmite que se logra a base de engaños y simulaciones, lo cual también es parte de una falsa cultura  de muchas familias de clase alta. La honestidad y la rectitud no son precisamente valores bien cultivados.

Mientras sus hijos trabajan arduamente, engañados por el padre, él se quedaba en casa disfrutando de comilonas con langosta, servida por sus empleados.

Una sociedad de teatralidades, engaños, chantajes, apariencias y corrupción del poder rodea a las familias “nobles” y aleja a los hijos de los verdaderos valores que tienen que aprender, como son el trabajo, el respeto y la honestidad, en un ambiente que promueve muchas cosas contrarias.

Finalmente hay que afrontar la verdad y decirles a los hijos que todo fue simulado, con tal de convertirlos en gente provechosa. Sustentando que el fin justifica los medios. Pero que al fin y al cabo hay que revelar lo que se ha hecho y asumir las consecuencias

Nos llamó la atención, entre otras muchas cosas interesantes de la película, el que se mostrara, con descaro, que en el restaurante se le escupiera a los platillos de la gente que se mostraba inconforme y quejosa. ¿Será habitual esta práctica entre los meseros y la cocina? De ser cierto, hay que poner atención a semejante atropello a la higiene. Todo parece ser parte del desnudar muchas de nuestras ocultas formas de ser, muy a la mexicana.

Lo importante es que ya el cine mexicano muestra interés en tocar puntos delicados de nuestra moral, particularmente de la educación a los hijos y del deplorable modelo en el que viven muchas familias acomodadas.

Hay que tomarlas en cuenta y enseñar a trabajar y a valorar lo que se tiene.
 

Guillermo Dellamary
MAY 2

Lo sano cura lo enfermo Por Guillermo Dellamary delamar@yahoo.com

Es ampliamente conocida la frase de que los bienes son para aliviar los males. Aunque por lo regular se hace referencia a los bienes materiales.

Pero es aplicable también para lo que nos sucede emocionalmente. Resulta que muchas gentes suprimen su lado sano, amable, positivo, creativo y en fin el encantador, por darle mayor espacio a todo cuanto nos atrapa en las miserias y calamidades de la vida.

Es fácil que dividamos las cosas en buenas y malas, en positivas y negativas, en fuertes y débiles, pero al fin y al cabo las vivimos en forma integral. Por momentos vemos solo lo bueno y en otras lo malo. En ocasiones nos comportamos positivamente y por momentos en forma negativa. Parece que estamos partidos a la mitad y perdemos la unidad, que a la postre es lo que nos da fortaleza.

En la medida en que logramos tomar conciencia de que tenemos la opción de elegir, entre estar de un modo u otro, damos unos pasos gigantescos en nuestra capacidad de vivir en forma mucho más sana y armoniosa nuestras vidas.

Necesitamos encontrar las fórmulas de vida, si es que existen, para superar el estrés, el agobio y la angustian que carcomen a tanta gente y deterioran la calidad de vida.

Si una persona alcanza a ver su lado positivo y sano y desde esa zona lucha contra sus propios defectos y debilidades, entonces se augura una superación más pronta y efectiva de muchos de los problemas que conllevan a tantas crisis y depresiones.

Se ha demostrado en diversos experimentos que un atleta en recuperación de una lesión, si lo hace con una mentalidad positiva, logra salir mucho más rápido que el que lo hace con actitudes pesimistas y negativas.

La lección es muy importante, si le decimos a la gente cosas negativas y nosotros mismos las aceptamos y además también nos auto flagelamos, es muy posible que tengamos muchas más dificultades para superar nuestros problemas.

En cambio, si señalamos lo bueno de los demás y nosotros también hacemos lo mismo, al decirnos las cosas más positivas, seguramente tendremos mucha más fuerza para superar nuestros momentos difíciles.

Queda claro que hay que decirle lo bueno a nuestra gente cercana, más que fijarse en sus errores y fallas, hay que señalar lo bueno, lo sano, las cualidades y todo cuanto nos hace sentir bien.

Pues ya vimos que lo contrario, en vez de ayudarnos en nuestro esfuerzo por recuperarnos, nos va a hundir más.

Por eso lo sano cura lo enfermo, nuestras fortalezas, las debilidades, nuestras virtudes los vicios y lo inteligente, nuestras estupideces.

Hagamos un esfuerzo por salir con la frente en alto y no dejar que seamos nosotros mismos los encargados de flagelarnos y torturarnos con una visión negativa y pesimista de la vida, a creer que la gente no nos quiere y a bombardearnos con todos nuestros defectos.

Muchas personas viven asustados por su soledad, temor al abandono y con el agobio de que lo van a dejar de querer.

Así no se puede vivir.
 

Guillermo Dellamary
ABR 25

Los buenos hábitos Por Guillermo Dellamary delamar@yahoo.com

Hacer bien nuestras actividades en la vida diaria, nos lleva a estar sanos, creativos, productivos y socialmente estables.

En cambio, los malos hábitos, nos conducen a repetir lo que nos hace daño, divide, ensucia, corrompe y causa rupturas e inestabilidad en nuestras relaciones humanas.

Una de las mas importantes preocupaciones de los buenos educadores, es precisamente enseñar buenos hábitos, lo que implica que se tenga costumbre de hacer las acciones que llevan al orden, a la obediencia, a la limpieza, a dormir correctamente, a respetar, a comer sanamente y en fin a muchos de los valores que consideramos fundamentales para la vida diaria. Como la puntualidad, la honestidad, el ahorro y el trabajo.

Y claro que nos pone en guardia cuando vemos que una persona tiende a repetir, incluso compulsivamente, dormir mal, comer de mas, tener desorden en sus cosas personales, carecer de limpieza, ser impuntual, deber dinero, malgastar y en fin vicios que todos conocemos, como el alcoholismo, las adicciones y desde luego una vida plagada de reacciones neuróticas.

Sin necesidad de caer en el extremo, es importante enfatizar que la higiene mental es parte de los buenos hábitos que debemos de cultivar con especial esmero.

SE trata de que los padres y maestros insistan en dejar una huella muy profunda y clara en lo valioso y trascendente que es vivir acorde a las cosas que valen la pena y que nos motivan a ser mejores personas. Por ejemplo es mucho mas valioso ser constante, que lo contrario o positivo en vez de negativo.

La educación no debe de reducirse a vigilar sólo las conductas que conllevan a que los buenos hábitos sean visibles, sino que mas bien trata de inducir a que la misma persona este consciente y comprometida a que los haga suyos y los cultiven con particular cuidado y atención.

Por ello mismo, ayudar a que una persona tenga confianza en si misma, a que desarrollo un visión autocrítica y que a su vez tenga los medios para poder corregir sus errores sin necesidad que los demás se los estén señalando o tal vez hasta controlando por medio del premio y el castigo.

Toda Higiene mental incluye tener buenos hábitos en la mayor cantidad posible.
 

Guillermo Dellamary
ABR 21

El pobre y el rico Por Guillermo Dellamary delamar@yahoo.com

Cuentan que a un pobre, aunque le den mucho dinero, no sabrá qué hacer con él más que gastarlo. En cambio, el rico ha aprendido a ganarlo y a multiplicarlo, y aunque por circunstancias de la vida tenga una caída, pronto se va a recuperar.

La pregunta es: ¿qué pasa?

Algunos especialistas afirman que se trata de los patrones culturales de la familia en la que se ha crecido. Otros que es cuestión de habilidades y destrezas. Algunos lo consideran como parte de los buenos o malos hábitos laborales que se tengan. Y finalmente hay quienes se lo atribuyen a la educación, particularmente a saber ahorrar y encontrar las oportunidades para poder prosperar.

Al final de las suposiciones, nos queda claro que hay pobres y ricos y que los primeros, si no aprenden a ser ricos, se van a quedar como tales aunque trabajen mucho. Y es cierto que el que nace rico también debe de tener la capacidad de saberse comportar como tal.

Muchos hijos de personas ricas se comportan como pobres, porque aprenden de sus papás sólo la parte de gastar y no de cómo ganarse el dinero. Lo que provoca que aunque tengan mucho, llegará el momento en que se quedarán sin nada, porque viven dejando abierta la llave del agua del dinero y no supieron cómo llenar el tanque.

Al igual que los pobres, aprenden a gastar, a ganar poco y a descuidar lo que tienen, y por ello difícilmente saben ahorrar e invertir, porque le tienen miedo al riesgo.

He visto muchas y dramáticas trayectorias de gente muy capaz y llena de estudios que no supo prosperar económicamente. Y la razón es que esa materia no estaba incluida en sus estudios. Es un idioma que no aprendió a usar.

Además se ha comprobado que el manejo del dinero se aprende fundamentalmente en el hogar, por medio de lo que los padres muestran en la manera en que se ganan el dinero y la forma en que se lo gastan.

Se ha descubierto que el concepto que tiene la familia sobre el dinero influye mucho en la posibilidad de obtenerlo o incluso a llegarlo a considerar como una cosa banal y sucia.

Los adultos deudores y malos para pagar causan daño en la mente de sus hijos, al igual que los tacaños. He visto madres restringirle cosas indispensables  para la escuela de sus hijos, pero sí comprarse accesorios caros. Al igual que los compradores compulsivos de cosas en oferta y baratas. En vez de expresar una cultura del ahorro, resulta una forma de expresar que se prefiere vivir con objetos de baja calidad, en vez de aspirar a las de mejor.

Necesitamos ser más positivos y asumir la responsabilidad de educar e informar a nuestros hijos de la buena cultura del manejo del dinero, el ahorro, las inversiones, el comercio y los negocios, pero principalmente enseñarles a trabajar, a ganarse el dinero honesta y disciplinadamente.

Cualquiera gasta; pocos saben ser ricos.
 

Guillermo Dellamary
ABR 18

Higiene mental Por Guillermo Dellamary delamar@yahoo.com

En una sociedad con graves problemas y una franca tendencia a las disfunciones, y sobre todo a la corrupción y al egoísmo, se requiere de una urgente limpieza y prevención de la suciedad que nos invade.

Hay tanta contaminación en el medio ambiente, mucha basura, toxicidad, enfermedad y miseria que tenemos que comenzar por quitarnos las telarañas y parásitos de la cabeza.

El estrés, la falta de control, la codicia, la envidia, las rivalidades, la agresión y la violencia son manifestaciones de un mundo emocional sin pies ni cabeza, nadando al garete de los caprichos y los apetitos desmedidos y hedonistas.

Marchamos a pasos agigantados hacia un mundo sin tolerancia, paciencia y sensibilidad por el sufrimiento ajeno. La marginación y la miserable vida de tanta gente, víctima de nuestros sistemas políticos y económicos, se consume en el hambre, las enfermedades y todo tipo de carencias, sin la mirada caritativa de los demás.

No podemos quedarnos con los brazos cruzados mirando el deterioro al que nos conduce la frialdad y la frivolidad mezquina.

Tenemos que despertar nuestra conciencia, es como amanecer un día y darse cuenta de que vivimos en un cochinero, mugre por todos lados y rodeados de pestilencia y putrefacción.

Ya es hora de tomar el balde, el cepillo, el jabón y el cloro, para limpiar el chiquero en el que vivimos.

Eso sí, en vez de querer empezar a limpiar la casa del vecino, empecemos por la propia, y dejemos que cada quien haga lo suyo.

Pero como no se trata de barrer y trapear, ni de pulir y sacudir de polvo de los muebles, sino de erradicar la basura que no nos deja ver lo bueno, los valores y los bienes que tenemos.

El lugar donde debemos de empezar es en nuestra propia mente, en la cabeza. Es ahí, en donde debemos de distinguir entre la verdad y la mentira, entre el amor y el odio, entre el bien y el mal. Iniciemos nuestra campaña por una higiene mental. Este espacio lo dedicaremos a un esfuerzo por darle método y orden a nuestro propósito de limpiar nuestras mentes.
 

Guillermo Dellamary
ABR 14