GUADALAJARA, JALISCO (19/MAY/2013).- Una buena higiene mental exige que seamos capaces de revisar nuestro estilo de vida, el problema es que en general vivimos con estrés y prisa. Para ciertos autores, eso es un modelo neurótico. Principalmente porque no se alcanza a disfrutar de lo que se tiene por ir en busca de lo que se desea.
En realidad no aceptamos lo que somos y poseemos porque nos esforzamos mucho por conseguir lo que creemos que necesitamos. Particularmente en una sociedad que usa la mercadotecnia para generarnos necesidades que no requerimos.
Hay que preguntarse y observar lo que hacemos diariamente, desde nuestros hábitos de limpieza, hasta el orden en que hacemos nuestros alimentos y descanso. Tan sólo con mirar las horas que dedicamos al transporte o en ocasiones a perder el tiempo, es más que suficiente para darnos cuenta de que estamos viviendo de una forma muy particular.
Lo que hacemos a nuestro modo y lo repetimos con regularidad, se convierte en el estilo de vida.
Es como nuestro sello particular, casi como una especie de identidad o huella dactilar.
Marca la pauta de cómo nos gusta hacer las cosas y en qué manera resolvemos los problemas cotidianos.
Una persona sana hace las cosas establemente y en el tiempo correcto, no come ansias, ni se precipita. Procura tener la calma para hacer las cosas lo mejor posible y no salta en cólera cuando las cosas no le salgan bien. Procura estar en un estado de ánimo positivo y no se deja arrastrar por los malos pensamientos ni las personas negativas. Hace lo que puede y lo suele realizar de buena gana.
Un estilo de vida con clase, personalidad y sin echarle la culpa a los demás y mucho menos imitando y plagiando modos de ser que no brotan de sí mismo.
La gente sana hace de su propia forma de ser una identidad de la que se siente orgulloso y no necesita ni vanagloriarse, ni mucho menos la tiene que presumir.
Vale la pena revisar tu estilo de vida y ajustarle lo necesario para que sea una forma limpia y sana de vivir.