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Carlos Cortés
SEP 13 2017
Vamos al cine

Por Carlos Cortés sicpm@informador.com.mx

Diana de Gales

Leyenda y realidad forjan la historia de una dama inolvidable que tras veinte años es atraída por la cinematografía con singular atractivo para quienes, jóvenes y adultos, permanece en la memoria sobre hechos e hipótesis.

Diana Frances Spencer, originaria de Inglaterra, subió al trono al contraer matrimonio con Carlos de Gales, a la edad de veinte años, con quien procreó dos hijos y murió trágicamente ya divorciada a la edad de treinta y seis en un túnel de París, Francia. Sus restos mortuorios residen en la tumba de la original de la familia, a donde concurren millares de admiradores.

Su reconocimiento de Dama piadosa, atractiva e inteligente, le han convertido en ídolo, con estímulos mediáticos en el mundo. Como todo hecho magnificado por la violencia, y en este caso tratándose de una celebridad, adquieren notoriedad y múltiple discusión en los que prevalecen teorías de toda índole, a las que ahora el Cine renueva con actualidad sin marginar morbo en el espectador.

El director Oliver Hirschbiegel realiza la adaptación del libro: Diana, su último amor, de Kate Snell con la interpretación de Naomi Watts y el cardiólogo Hasnat Khan que es Naveen Adews con quien vive súbita relación discreta, posterior a su divorcio con el Príncipe Carlos.

Vida monárquica, drama e íntimos sentimientos femeninos, dan curso a la expresión sentimental de tintes románticos que acentúan la personalidad del personaje en su realidad, incluyendo vivencias en la Casa Real y su rigidez legendaria, a la que asoma la pantalla con toque igualmente respetuoso y discreto de agradable experiencia.

El personaje de Diana es fascinante y lo comprueba el interés que despierta en el ser humano sus vivencias y audacia cuando logra emanciparse del relumbrón de la Corte, en este caso británica, precedida de tradición, historias y avatares de múltiple índole.

Dios nos guarde de la discordia.

Carlos Cortés

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